BUENOS DÍAS, TRISTEZA (1958). Placer y remordimientos.

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Françoise Sagan, una escritora precoz procedente de una burguesía acomodada francesa, describe su modelo de vida dedicado al culto del placer y a la ociosidad de los casinos y las fiestas galantes cuyos excesos fueron mostrados con sagaz ironía por la propia autora.

En el verano de 1954, apareció editado su primer trabajo: "Bonjour, tristesse", escrita el año anterior cuando Sagan tenía apenas 18 años. La publicación del libro se vio rodeada de una gran polémica a causa de la escabrosa temática que abordaba y de la juvenil edad de la escritora. Esta controversia despertó el interés del cineasta norteamericano Otto Preminger, quien había ya dirigido películas de contenido controvertido.

Preminger, realizó "Bonjour tristesse" utilizando el nuevo formato de Cinemascope combinándolo con el ya establecido Technicolor. Preminger comienza y termina la película con Cécile filmada en blanco y negro en París con una en voz en off que habla de su aislamiento y tristeza. El director profundiza y analiza con valentía un tipo de moral subyacente de la época. Las acciones de los personajes no sólo son juzgadas por sus consecuencias sino también por el ojo de la cámara. Se trata de un estudio sobre la vida disipada de una clase social y sus consecuencias por la carencia de ética, reflexionando además sobre el conflicto entre la búsqueda del placer y los remordimientos que de ella pueden desprenderse por la vía de una conducta moral irresponsable.

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A pesar de la brillante dirección de Preminger, el guión adaptado para la pantalla por Arthur Laurents fue criticado por su simpleza en los diálogos frente a la contundencia del libro donde el doloroso contraste entre el placer y el remordimiento de la joven es mucho más intenso.

La escena inicial en blanco y negro de un baile en un club nocturno donde interpretan la canción "Bonjour tristesse" y David Niven baila alegremente con su bella hija, Jean Seberg (Cécile) sorprende por el la habilidad con la que el director es capaz de trasladarnos desde la frivolidad de la fiesta nocturna hacia el interior atormentado de una joven melancólica.

Utilizando la técnica del flash-back y la voz en off, las imágenes del presente en B&N y de la deliciosa música francesa se convierten en un brillante technicolor donde se nos relata con gran agudeza la naturaleza de las caprichosas emociones de una joven criada por un apuesto y mujeriego padre, David Niven, incapaz de envejecer y de asumir su papel de padre. La madre de Cécile murió cuando era pequeña y su padre la ha criado como una compañera de juegos. Entre ellos existe una gran complicidad y cariño. Forman una pareja muy especial, intensa, sin secretos, apenas sin mostrar un espacio individual que separe al uno del otro.

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El director utiliza el marco expansivo de CinemaScope para la puesta en escena de unas maravillosas vacaciones ya pasadas en la Rivera Francesa, alternando así imágenes del presente melancólico y apesadumbrado con unos recuerdos en color que la atormentan. La idea de que las composiciones, movimientos de cámara y la fotografía en blanco y negro que se transforma en imágenes en color se pueden utilizar para la resolución dramática de una historia es el método al que el director recurre en este film. Nada nos hace suponer, que la gran aventura de unas vacaciones idílicas en una pequeña casita de la preciosa costa francesa se convertirán en un entramado de intensas emociones donde el temor a perder el cariño de su padre, los celos, el cinismo y el egoísmo afloran en la perfecta relación padre e hija cuando aparece la tercera figura en escena.

Una espectacular Deborah Kerr (Ann), amiga de su madre y conocida desde hace años por ellos, pasa a ser una rival inesperada en el desarrollo emocional de una adolescente caprichosa y acostumbrada al lujo, la diversión y la buena vida. Las actuaciones del trío protagonista son excelentes y parecen transmitir más que los propios diálogos algo descafeinados en su adaptación cinematográfica. Deborah Kerr está espléndida, con una belleza serena y madura. David Niven proporciona aquí una actuación tan superficial como su personaje y Jean Seberg despliega una belleza singular absolutamente convincente en su rol de la adolescente protagonista de la historia.

La puesta en escena y las localizaciones son increíblemente hermosas así como también el diseño de vestuario. Perfectamente acompañadas por la exquisita fotografía de Georges Périnal y la música de Georges Auric, convierten un profundo melodrama en una pieza de gran belleza visual.

Un melodrama algo olvidado, pero que no defrauda en absoluto.


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"A ese sentimiento desconocido cuyo tedio, cuya dulzura me obsesionan, dudo en darle el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza. Es un sentimiento tan total, tan egoísta, que casi me produce vergüenza, cuando la tristeza siempre me ha parecido honrosa. No la conocía, tan sólo el tedio, el pesar, más raramente el remordimiento. Hoy, algo me envuelve como una seda, inquietante y dulce, separándome de los demás."
(Párrafo primero de la novela Bonjour, tristesse, de Françoise Sagan)

Título original: Bonjour tristesse.

Director: Otto Preminger.

Intérpretes: Jean Seberg, David Niven, Deborah Kerr, Geoffrey Horne, Mylène Demongeot,Juliette Greco, Martita Hunt.

Escena:


Reseña escrita por Bárbara Valera Bestard


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