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Tras una dramática colisión con otro automóvil, James Ballard entabla una relación fetichista con otra víctima del choque y se une al grupo de Vaughan, un iluminado que desea provocar el Accidente Perfecto.
Cronenberg el enfermo. Cronenberg el chirriante. Cronenberg el chulo. Busca retos a su altura. Dejémonos de adaptaciones facilonas. Enviemos lo "políticamente correcto" a tomar por saco. Hay material explosivo disponible. Hay un libro de Ballard que el propio autor define como "pornografía". Es lo suficientemente malsano y obsesivo como para no aprovecharlo. Dale gas.
David Cronenberg ya había zigzagueado a alta velocidad y con relativo acierto por los recovecos de otra adaptación imposible 5 años antes cuando se enfrentó a The naked luch (El almuerzo desnudo) de William S. Burroughs. Engorilado por la experiencia, sustituye las alucinaciones por las obsesiones y por una vez cambia la viscosidad orgánica que le es tan querida por el acero, el yeso y la fibra de vidrio. Nada de drogas esta vez. El chute de Adrenalina y el sexo serán todo lo que vamos a necesitar. Dale más gas.
Da igual que la morbosidad e intensidad del libro sea practicamente inalcanzable. La intentona vale la pena. Convierte a James Spader en el primer "héroe Ballardiano" y utiliza a saco su ambigüedad. Rescata a Holly Hunter de comedias de medio pelo. Descubre la belleza espectral de Deborah Kara Unger. Hazlos retorcerse en acoplamientos imposibles entre muletas, clavos e implantes ortopédicos mientras aguardan la Revelación de un Nuevo Orden en el que las trayectorias de colisión, la intensidad de los cromados y los filos de parabrisas estrellados componen, en palabras de Vaughan "la fertilización del ser humano a través de las colisiones automovilísticas".
Dale más gas y suelta el volante. La mitad de los espectadores ya han abandonado la sala con los oídos taladrados por la implacable partitura de Howard Shore. La otra mitad nos regodeamos en la lucidez del que sabe cuidar de sus cicatrices y reconocer a sus semejantes aunque sea a través de un espejo astillado y entre vendajes.
"Después de ser bombardeado sin piedad por tantos slogans acerca de la seguridad en carretera es casi un alivio haber tenido un accidente".
Un parto adecuadamente accidentado y alejado de la comodidad autobiográfica de "El imperio del sol" y de la deslumbrante perfección de "High Rise" que no obstante, El Festival de Cannes recompensó con el Premio Especial del Jurado por su "valentía y atrevimiento". Nada menos.
Director: David Cronenberg.
Intérpretes: James Spader, Holly Hunter, Elias Koteas, Deborah Kara Unger, Rosanna Arquette, Peter MacNeill, Yolande Julian.
Tras una dramática colisión con otro automóvil, James Ballard entabla una relación fetichista con otra víctima del choque y se une al grupo de Vaughan, un iluminado que desea provocar el Accidente Perfecto.
Cronenberg el enfermo. Cronenberg el chirriante. Cronenberg el chulo. Busca retos a su altura. Dejémonos de adaptaciones facilonas. Enviemos lo "políticamente correcto" a tomar por saco. Hay material explosivo disponible. Hay un libro de Ballard que el propio autor define como "pornografía". Es lo suficientemente malsano y obsesivo como para no aprovecharlo. Dale gas.
David Cronenberg ya había zigzagueado a alta velocidad y con relativo acierto por los recovecos de otra adaptación imposible 5 años antes cuando se enfrentó a The naked luch (El almuerzo desnudo) de William S. Burroughs. Engorilado por la experiencia, sustituye las alucinaciones por las obsesiones y por una vez cambia la viscosidad orgánica que le es tan querida por el acero, el yeso y la fibra de vidrio. Nada de drogas esta vez. El chute de Adrenalina y el sexo serán todo lo que vamos a necesitar. Dale más gas.
Da igual que la morbosidad e intensidad del libro sea practicamente inalcanzable. La intentona vale la pena. Convierte a James Spader en el primer "héroe Ballardiano" y utiliza a saco su ambigüedad. Rescata a Holly Hunter de comedias de medio pelo. Descubre la belleza espectral de Deborah Kara Unger. Hazlos retorcerse en acoplamientos imposibles entre muletas, clavos e implantes ortopédicos mientras aguardan la Revelación de un Nuevo Orden en el que las trayectorias de colisión, la intensidad de los cromados y los filos de parabrisas estrellados componen, en palabras de Vaughan "la fertilización del ser humano a través de las colisiones automovilísticas".
Dale más gas y suelta el volante. La mitad de los espectadores ya han abandonado la sala con los oídos taladrados por la implacable partitura de Howard Shore. La otra mitad nos regodeamos en la lucidez del que sabe cuidar de sus cicatrices y reconocer a sus semejantes aunque sea a través de un espejo astillado y entre vendajes.
"Después de ser bombardeado sin piedad por tantos slogans acerca de la seguridad en carretera es casi un alivio haber tenido un accidente".
Un parto adecuadamente accidentado y alejado de la comodidad autobiográfica de "El imperio del sol" y de la deslumbrante perfección de "High Rise" que no obstante, El Festival de Cannes recompensó con el Premio Especial del Jurado por su "valentía y atrevimiento". Nada menos.
Director: David Cronenberg.
Intérpretes: James Spader, Holly Hunter, Elias Koteas, Deborah Kara Unger, Rosanna Arquette, Peter MacNeill, Yolande Julian.
Ríos de tinta se han escrito
sobre "Batman v. Superman: Dawn of Justice" y el enfrentamiento de los
dos titanes, la semilla que plantará las bases del DC Extended Universe.
Y Zack Snyder como maestro de ceremonias y máximo responsable de tamaño
empeño por parte de Warner/DC cómics. No comparto la opinión casi
generalizada de que su anterior trabajo con Superman, "El hombre de acero (2013)", fue magnífico. La mayor parte de sus aciertos se los atribuyo
principalmente a Nolan, que recordemos estuvo involucrado en el proyecto. Si bien
tiene un inicio brillante, la forma de narrar el origen del personaje y el
descubrimiento de sus poderes me pareció torpe (con Kripton sacado directamente
de Avatar, un descubrimiento de los poderes y su herencia alien atropellado, y
la ridícula muerte del padre terrestre de Clark), al igual que el tramo final y
la batalla contra Zod me resultó insulsa, sin emoción, sin alma.
Por lo que representa a este film
había muchas expectativas hacia lo que sería "Batman v. Superman: El Amanecer de
la Justicia" y, por suerte, en opinión del que escribe esta reseña, ha salido
airoso. El film está bellísimamente rodado, en parte por la fotografía de
Larry Fong y Snyder sabe como mover la cámara para transmitir lo que persigue.
Son muchos los momentos en los que consigue tomas potentes e intensas.
Imprescindible la escena con las entrevistas en televisión, los créditos
iniciales, o el combate entre los dos titanes, rodado con una crudeza no vista
en un blockbuster de este tamaño.
En el guión Goyer y Chris Terrio
demuestran conocer su oficio. Una trama compleja, inspirada claramente en
"Batman: El regreso del Sr. de la Noche" de Frank Miller, que es la
brújula sobre la que pivota la construcción del guión, lleno de preguntas
filosóficas potentes, que, también es cierto, en algún caso no se exploran como
debería. Se tendría haber suprimido alguna que otra subtrama para hacer más
ligera la narración pero en general nos encontramos con un guión sólido y bien
construido.
Centrada al cien por cien en los
personajes, tenemos a un Batman harto de la vida, y a un Superman que está gran
parte del metraje en un segundo plano siendo superado por las circunstancias
pero que cuando debe brillar protagoniza algunos de los momentos más emotivos
de la cinta. Me ha resultado muy interesante el desarrollo del
personaje de Superman, no así de Clark Kent (curioso), que mejora lo planteado
por Miller en el citado referente gráfico, al asumir en todo momento su
condición de alien mesiánico, y que se convierte en casi un proscrito, al
negarse a ser manipulado y controlado, al servicio de una nación (gran
diferencia que lo aparta del tratamiento de Miller). ¿Debe existir un Diós
todopoderoso en el planeta que no rinda cuenta de sus actos y que en el futuro
pueda convertirse en una amenaza?. Esa es la clave del film y el motivo de que
Batman acabe enfrentado al Hombre de Acero. La relación entre ambos se basa
puramente en la desconfianza, y la resolución del conflicto, si bien podría
mejorarse, no me ha parecido ridícula como se apunta por algunos críticos,
considerándola coherente con la psique del murciélago y lo que le anima a salir
cada noche a combatir a los criminales.
Se manejan con acierto los cameos
de la Liga de la Justicia y se plantan las bases para la adaptación del
supergrupo de forma orgánica, alejada de algún otro desastre del género. Hay un par de momentos que
apuntan a tramas conocidas del universo DC de los cómics (la Omega en el sueño
de Wayne y la capacidad de Flash de viajar en el tiempo es una gran pista) que,
de realizarse, pueden ser espectaculares. Con más incógnitas que respuestas que
se resolverán en futuros films (por ej, que sea Wayne el que tenga las
visiones, ¿quizás por su capacidad de análisis y la característica detectivesca
y obsesiva del personaje?), lógico en un film que pretende sentar las bases del
DC Extended Universe, pero que no afectan en nada al desarrollo de la trama
principal.
El mayor defecto del proyecto es
en mi opinión el montaje (por momentos malo) que no distribuye el tiempo de
forma equilibrada entre las diferentes subtramas que quiere desarrollar. La
primera mitad del film se ve algo lastrada por ese déficit, con escenas
extremadamente cortas que van saltando de una a otra sin motivo aparente; un
tramo donde se nota especialmente la tijera, y en el que resulta un tanto
complejo seguir y entender lo que nos cuentan, sobre todo para los no versados
en el cómic. No obstante, parece que se solventará con la edición extendida. Es
el principal problema de una película que ha querido abarcar demasiado.
En cambio, uno de sus puntos
fuertes es su aspecto actoral: Ben Affleck es Batman. Independientemente de lo
que suceda en determinados momentos en la acción, su actitud como Bruce Wayne y
la forma de expresar la rabia del personaje le convierten en un gran caballero
oscuro. Por otro lado, el Superman de Henry Cavill tiene pocos momentos para
brillar, y esa circunstancia unida a los escasos registros del actor (que
diferencia en ese aspecto con Reeve, para el que escribe esta reseña el mejor
Clark Kent/ Superman cinematográfico hasta la fecha), dificultan una traslación
brillante del personaje a la pantalla, a pesar de lo bien desarrollado que está
en la narración. No obstante, Calvin, musculos a parte, aprueba raspado,
incluso cuando el guión no ayuda a trasladar la visión más clásica del
personaje.
Jeremy Irons (un buen Alfred,
irónico y asumiendo también el rol de Fox en el cómic, que aporta las mayores
notas de humor de la película), Laurence Fishburne, Amy Adams, Kevin Costner…el
reparto de secundarios es de lujo. El que no me convence ni por
asomo es Jesse Eisenberg como Lex Luthor, además de no parecerse en nada a
ninguna de las interpretaciones del personaje en el cómic, su actuación
histriónica le acerca más al Joker. Es un actor con talento, pero no me parece
que como villano vaya a quedar para el recuerdo. En ese sentido Zod fue mejor
adversario.
La acción es magnífica. Snyder la
supedita a la narración y, cuando se plasma en pantalla, tenemos una
coreografía perfectamente planificada, cada golpe importa, cada movimiento
aporta y transmite la crudeza y brutalidad que vemos en pantalla. El combate entre Superman y
Batman, si bien con algún problema de ritmo, es el mayor ejemplo de eso, es
corto pero duro, notamos de verdad la motivación para el combate de ambos
contendientes, y aunque la de Superman sea un poco tramposa, condicionada por
la coacción de Luthor, ya se nos transmite durante todo el film lo que piensa
el Hombre de Acero sobre Batman y su rol como justiciero (juez, jurado y
verdugo).
Contra Doomsday Wonder Woman está
totalmente desatada, y es que han trasladado a la perfección a la Reina de las
Amazonas. Gal Gadot convence y aumenta la expectación (y confianza) para su
película individual. Y como Diana irradia belleza y sensualidad en cada una de
sus apariciones.
La banda sonora es magnífica como
era de esperar. Hans Zimmer, que ha sabido evolucionar respecto a sus trabajos
para el Caballero Oscuro de Nolan, reutiliza algunos de los temas que compuso
para su anterior colaboración con Zack Snyder, "El Hombre de Acero",
y junto a Junkie XL lo lleva hacia otro nivel. He podido escucharla al completo
y no tiene desperdicio.
"Batman v Superman: El Amanecer
de la Justicia" no se merece para nada la recepción crítica que está teniendo.
Es una cinta arriesgada y diferente, pero con una calidad que queda algo
lastrada por un montaje deficiente, seguramente debido a la necesidad
autoimpuesta de asentar las bases para futuras películas, y de abrir varias
subtramas que desarrollar en futuros films. En todo lo demás se convierte en
un gran comienzo para el DC Extended Universe para el que esto suscribe.
Título original: Batman v. Superman: Dawn of Justice.
Director: Zack Snyder.
Intérpretes: Ben
Affleck, Henry
Cavill, Amy
Adams, Jesse
Eisenberg, Gal
Gadot, Diane
Lane, Laurence
Fishburne, Jeremy
Irons, Holly
Hunter.
Ríos de tinta se han escrito
sobre "Batman v. Superman: Dawn of Justice" y el enfrentamiento de los
dos titanes, la semilla que plantará las bases del DC Extended Universe.
Y Zack Snyder como maestro de ceremonias y máximo responsable de tamaño
empeño por parte de Warner/DC cómics. No comparto la opinión casi
generalizada de que su anterior trabajo con Superman, "El hombre de acero (2013)", fue magnífico. La mayor parte de sus aciertos se los atribuyo
principalmente a Nolan, que recordemos estuvo involucrado en el proyecto. Si bien
tiene un inicio brillante, la forma de narrar el origen del personaje y el
descubrimiento de sus poderes me pareció torpe (con Kripton sacado directamente
de Avatar, un descubrimiento de los poderes y su herencia alien atropellado, y
la ridícula muerte del padre terrestre de Clark), al igual que el tramo final y
la batalla contra Zod me resultó insulsa, sin emoción, sin alma.
Por lo que representa a este film
había muchas expectativas hacia lo que sería "Batman v. Superman: El Amanecer de
la Justicia" y, por suerte, en opinión del que escribe esta reseña, ha salido
airoso. El film está bellísimamente rodado, en parte por la fotografía de
Larry Fong y Snyder sabe como mover la cámara para transmitir lo que persigue.
Son muchos los momentos en los que consigue tomas potentes e intensas.
Imprescindible la escena con las entrevistas en televisión, los créditos
iniciales, o el combate entre los dos titanes, rodado con una crudeza no vista
en un blockbuster de este tamaño.
En el guión Goyer y Chris Terrio
demuestran conocer su oficio. Una trama compleja, inspirada claramente en
"Batman: El regreso del Sr. de la Noche" de Frank Miller, que es la
brújula sobre la que pivota la construcción del guión, lleno de preguntas
filosóficas potentes, que, también es cierto, en algún caso no se exploran como
debería. Se tendría haber suprimido alguna que otra subtrama para hacer más
ligera la narración pero en general nos encontramos con un guión sólido y bien
construido.
Centrada al cien por cien en los
personajes, tenemos a un Batman harto de la vida, y a un Superman que está gran
parte del metraje en un segundo plano siendo superado por las circunstancias
pero que cuando debe brillar protagoniza algunos de los momentos más emotivos
de la cinta. Me ha resultado muy interesante el desarrollo del
personaje de Superman, no así de Clark Kent (curioso), que mejora lo planteado
por Miller en el citado referente gráfico, al asumir en todo momento su
condición de alien mesiánico, y que se convierte en casi un proscrito, al
negarse a ser manipulado y controlado, al servicio de una nación (gran
diferencia que lo aparta del tratamiento de Miller). ¿Debe existir un Diós
todopoderoso en el planeta que no rinda cuenta de sus actos y que en el futuro
pueda convertirse en una amenaza?. Esa es la clave del film y el motivo de que
Batman acabe enfrentado al Hombre de Acero. La relación entre ambos se basa
puramente en la desconfianza, y la resolución del conflicto, si bien podría
mejorarse, no me ha parecido ridícula como se apunta por algunos críticos,
considerándola coherente con la psique del murciélago y lo que le anima a salir
cada noche a combatir a los criminales.
Se manejan con acierto los cameos
de la Liga de la Justicia y se plantan las bases para la adaptación del
supergrupo de forma orgánica, alejada de algún otro desastre del género. Hay un par de momentos que
apuntan a tramas conocidas del universo DC de los cómics (la Omega en el sueño
de Wayne y la capacidad de Flash de viajar en el tiempo es una gran pista) que,
de realizarse, pueden ser espectaculares. Con más incógnitas que respuestas que
se resolverán en futuros films (por ej, que sea Wayne el que tenga las
visiones, ¿quizás por su capacidad de análisis y la característica detectivesca
y obsesiva del personaje?), lógico en un film que pretende sentar las bases del
DC Extended Universe, pero que no afectan en nada al desarrollo de la trama
principal.
El mayor defecto del proyecto es
en mi opinión el montaje (por momentos malo) que no distribuye el tiempo de
forma equilibrada entre las diferentes subtramas que quiere desarrollar. La
primera mitad del film se ve algo lastrada por ese déficit, con escenas
extremadamente cortas que van saltando de una a otra sin motivo aparente; un
tramo donde se nota especialmente la tijera, y en el que resulta un tanto
complejo seguir y entender lo que nos cuentan, sobre todo para los no versados
en el cómic. No obstante, parece que se solventará con la edición extendida. Es
el principal problema de una película que ha querido abarcar demasiado.
En cambio, uno de sus puntos
fuertes es su aspecto actoral: Ben Affleck es Batman. Independientemente de lo
que suceda en determinados momentos en la acción, su actitud como Bruce Wayne y
la forma de expresar la rabia del personaje le convierten en un gran caballero
oscuro. Por otro lado, el Superman de Henry Cavill tiene pocos momentos para
brillar, y esa circunstancia unida a los escasos registros del actor (que
diferencia en ese aspecto con Reeve, para el que escribe esta reseña el mejor
Clark Kent/ Superman cinematográfico hasta la fecha), dificultan una traslación
brillante del personaje a la pantalla, a pesar de lo bien desarrollado que está
en la narración. No obstante, Calvin, musculos a parte, aprueba raspado,
incluso cuando el guión no ayuda a trasladar la visión más clásica del
personaje.
Jeremy Irons (un buen Alfred,
irónico y asumiendo también el rol de Fox en el cómic, que aporta las mayores
notas de humor de la película), Laurence Fishburne, Amy Adams, Kevin Costner…el
reparto de secundarios es de lujo. El que no me convence ni por
asomo es Jesse Eisenberg como Lex Luthor, además de no parecerse en nada a
ninguna de las interpretaciones del personaje en el cómic, su actuación
histriónica le acerca más al Joker. Es un actor con talento, pero no me parece
que como villano vaya a quedar para el recuerdo. En ese sentido Zod fue mejor
adversario.
La acción es magnífica. Snyder la
supedita a la narración y, cuando se plasma en pantalla, tenemos una
coreografía perfectamente planificada, cada golpe importa, cada movimiento
aporta y transmite la crudeza y brutalidad que vemos en pantalla. El combate entre Superman y
Batman, si bien con algún problema de ritmo, es el mayor ejemplo de eso, es
corto pero duro, notamos de verdad la motivación para el combate de ambos
contendientes, y aunque la de Superman sea un poco tramposa, condicionada por
la coacción de Luthor, ya se nos transmite durante todo el film lo que piensa
el Hombre de Acero sobre Batman y su rol como justiciero (juez, jurado y
verdugo).
Contra Doomsday Wonder Woman está
totalmente desatada, y es que han trasladado a la perfección a la Reina de las
Amazonas. Gal Gadot convence y aumenta la expectación (y confianza) para su
película individual. Y como Diana irradia belleza y sensualidad en cada una de
sus apariciones.
La banda sonora es magnífica como
era de esperar. Hans Zimmer, que ha sabido evolucionar respecto a sus trabajos
para el Caballero Oscuro de Nolan, reutiliza algunos de los temas que compuso
para su anterior colaboración con Zack Snyder, "El Hombre de Acero",
y junto a Junkie XL lo lleva hacia otro nivel. He podido escucharla al completo
y no tiene desperdicio.
"Batman v Superman: El Amanecer
de la Justicia" no se merece para nada la recepción crítica que está teniendo.
Es una cinta arriesgada y diferente, pero con una calidad que queda algo
lastrada por un montaje deficiente, seguramente debido a la necesidad
autoimpuesta de asentar las bases para futuras películas, y de abrir varias
subtramas que desarrollar en futuros films. En todo lo demás se convierte en
un gran comienzo para el DC Extended Universe para el que esto suscribe.
Título original: Batman v. Superman: Dawn of Justice.
Director: Zack Snyder.
Intérpretes: Ben
Affleck, Henry
Cavill, Amy
Adams, Jesse
Eisenberg, Gal
Gadot, Diane
Lane, Laurence
Fishburne, Jeremy
Irons, Holly
Hunter.
Ambientada en el año 1851, el
relato comienza con la voz en off de una niña. Sin embargo, esa voz que oímos
sólo existe en la mente de Ada, (Holly Hunter) una viuda de mediana edad que
quedó muda a los seis años. Se ha valido de la música, de su forma de tocar su
piano como principal medio de expresión. Para comunicarse con los que la rodean
cuenta con su pequeña hija Flora (Anna Paquin) y un cuadernillo para escribir
que cuelga de su cuello. Un matrimonio concertado la obliga a abandonar su
Escocia natal para viajar hacia Nueva Zelanda, donde la espera un marido
granjero, un colono bien educado y piadoso, Stewart (Sam Neill) el cual no teme
a la discapacidad de Ada, pero carece de la sensibilidad necesaria para
apreciar su música y lo que para ella representa. Su sufrimiento comienza en el
mismo momento del desembarco en el nuevo continente, cuando su abundante
equipaje no puede ser trasladado desde la playa hasta la granja por ningún
medio de transporte y son los propios aborígenes los encargados de dicha tarea.
Stewart obliga a Ada a abandonar el piano en la misma playa por ser una carga
demasiado difícil y pesada. El vecino y amigo de su marido George (Harvey
Keitel) será el único que intente ayudar a Ada para que pueda volver junto a su
piano, iniciándose entre ambos una relación especialmente intensa e inesperada.
Esta exitosa película de la directora Jane Campion suele ser comentada por la
deliciosa banda sonora original de Michael Nyman, que consiguió ser un éxito
por sí misma, y por las colosales actuaciones de cuatro actores en estado de
gracia, incluyendo el debut infantil de Anna Paquin.
Sin embargo, la fotografía
de Stuart Dryburgh es tan digna de mención como las actuaciones, la historia o
la propia música. La colaboración Stuart Dryburgh /Jane Campion resultó
definitiva en la elaboración de la película. Stuart Dryburgh tuvo la
inspiración de utilizar diferentes tipos de filtros e iluminaciones de baja
intensidad en los exteriores naturales, dándole a la cinta ese distintivo color "azul submarino",
congruente con el estado anímico de Ada. Algunos de sus amplios encuadres en la
inmensidad de la playa resultaron de lo
más conmovedores. Al igual que los planos con grúa en el difícil bosque cuando
Ada resulta mal herida. Unos dificilísimos travellings acompañan y siguen a Ada en su
particular calvario. Stuart Dryburgh, de origen neozelandés, consiguió su
primer éxito con este film, con una nominación por su trabajo. Una vez
conseguida la fama, se mudó a Hollywood donde ha participado en gran cantidad
de películas, entre ellas destacan "El velo pintado (2007)", "Retrato de una
dama (1996)", "La Isla
de Nim (2008)". Otras cintas son más comerciales como "El diario de Briget
Jones (2001)". Además de cine, sigue trabajando para TV, destacando su participación
junto a Martin Scorsese, en la serie de la HBO: "Boardwalk Empire". La fotografía de
Dryburgh hace que podamos sentir el clima húmedo en nuestros propios huesos, la
dificultad de andar por el barro, la extraña belleza de la selva y sus
habitantes, la soledad de un piano abandonado en una enorme playa, hasta
focalizar en el rostro de la protagonista el despertar de una naturaleza
dormida.
Una cuidada fotografía capaz de destacar un rostro, las miradas, los
gestos, siempre con la luz precisa, sin necesidad de diálogos para contar un
relato cobra una gran importancia. Son las bellísimas imágenes perfectamente
acompañadas por la música las que nos recuerdan que, en ocasiones, no hacen
falta palabras para comunicarse. El otro gran puntal sobre el que se articula
la película son las excelentes actuaciones de sus protagonistas. El duelo
interpretativo que es capaz de mantener Holly Hunter ya sea con el esposo
reprimido por las normas sociales y religiosas o con su aliado y vecino George,
son excelentes. En el rostro de Holly Hunter podemos contemplar todo tipo de
expresiones, desde la desolación y la tristeza por sentirse lejos de su piano,
hasta su transformación en una mujer plena, gracias al contacto con la
naturaleza salvaje, con los aborígenes y con su vecino George que representa
esa parte más instintiva de la naturaleza humana, menos cultivada pero más
honesta. George, hombre rudo, que vive con los aborígenes, al margen de las
normas de la Comunidad
de colonos, pese a no estar aparentemente tan capacitado como Stewart debido a
su nivel cultural, será el único capaz de hacer que Ada se desprenda de la
coraza que la oprime.
Él es el único dotado de sensibilidad natural para
apreciar donde reside la verdadera alma de Ada. Todos estos elementos fueron
perfectamente orquestados por la fortaleza y gran sensibilidad de su directora
Jane Campion que supo acercarnos a las aventuras e infortunios de una sencilla
mujer consumida por los convencionalismos de su época, completamente sordos y
ciegos a sus poderosos encantos y a su rica vida interior. Jane Campion es una
de las directoras de cine neozelandesas más conocidas en el mundo, aunque la
mayor parte de su trabajo lo ha realizado fuera de su país, principalmente en
Australia (donde reside) y los Estados Unidos. Es una de las cuatro mujeres que
han sido nominadas al Óscar como directoras de cine. El reconocimiento
internacional le llegó con esta película en 1993. Ganó la Palma de Oro en el Festival
de Cannes de 1993, el premio al mejor director del Australian Film Institute y
el Óscar al mejor guion original en 1994. Fue la segunda directora nominada al
Óscar a la mejor dirección en la historia de la Academia y la primera y
única en haber ganado la Palma
de Oro de Cannes.
Director: Jane Campion.
Intérpretes: Holly
Hunter, Anna
Paquin, Harvey
Keitel, Sam
Neill, Kerry
Walker, Genevieve
Lemon.
Ambientada en el año 1851, el
relato comienza con la voz en off de una niña. Sin embargo, esa voz que oímos
sólo existe en la mente de Ada, (Holly Hunter) una viuda de mediana edad que
quedó muda a los seis años. Se ha valido de la música, de su forma de tocar su
piano como principal medio de expresión. Para comunicarse con los que la rodean
cuenta con su pequeña hija Flora (Anna Paquin) y un cuadernillo para escribir
que cuelga de su cuello. Un matrimonio concertado la obliga a abandonar su
Escocia natal para viajar hacia Nueva Zelanda, donde la espera un marido
granjero, un colono bien educado y piadoso, Stewart (Sam Neill) el cual no teme
a la discapacidad de Ada, pero carece de la sensibilidad necesaria para
apreciar su música y lo que para ella representa. Su sufrimiento comienza en el
mismo momento del desembarco en el nuevo continente, cuando su abundante
equipaje no puede ser trasladado desde la playa hasta la granja por ningún
medio de transporte y son los propios aborígenes los encargados de dicha tarea.
Stewart obliga a Ada a abandonar el piano en la misma playa por ser una carga
demasiado difícil y pesada. El vecino y amigo de su marido George (Harvey
Keitel) será el único que intente ayudar a Ada para que pueda volver junto a su
piano, iniciándose entre ambos una relación especialmente intensa e inesperada.
Esta exitosa película de la directora Jane Campion suele ser comentada por la
deliciosa banda sonora original de Michael Nyman, que consiguió ser un éxito
por sí misma, y por las colosales actuaciones de cuatro actores en estado de
gracia, incluyendo el debut infantil de Anna Paquin.
Sin embargo, la fotografía
de Stuart Dryburgh es tan digna de mención como las actuaciones, la historia o
la propia música. La colaboración Stuart Dryburgh /Jane Campion resultó
definitiva en la elaboración de la película. Stuart Dryburgh tuvo la
inspiración de utilizar diferentes tipos de filtros e iluminaciones de baja
intensidad en los exteriores naturales, dándole a la cinta ese distintivo color "azul submarino",
congruente con el estado anímico de Ada. Algunos de sus amplios encuadres en la
inmensidad de la playa resultaron de lo
más conmovedores. Al igual que los planos con grúa en el difícil bosque cuando
Ada resulta mal herida. Unos dificilísimos travellings acompañan y siguen a Ada en su
particular calvario. Stuart Dryburgh, de origen neozelandés, consiguió su
primer éxito con este film, con una nominación por su trabajo. Una vez
conseguida la fama, se mudó a Hollywood donde ha participado en gran cantidad
de películas, entre ellas destacan "El velo pintado (2007)", "Retrato de una
dama (1996)", "La Isla
de Nim (2008)". Otras cintas son más comerciales como "El diario de Briget
Jones (2001)". Además de cine, sigue trabajando para TV, destacando su participación
junto a Martin Scorsese, en la serie de la HBO: "Boardwalk Empire". La fotografía de
Dryburgh hace que podamos sentir el clima húmedo en nuestros propios huesos, la
dificultad de andar por el barro, la extraña belleza de la selva y sus
habitantes, la soledad de un piano abandonado en una enorme playa, hasta
focalizar en el rostro de la protagonista el despertar de una naturaleza
dormida.
Una cuidada fotografía capaz de destacar un rostro, las miradas, los
gestos, siempre con la luz precisa, sin necesidad de diálogos para contar un
relato cobra una gran importancia. Son las bellísimas imágenes perfectamente
acompañadas por la música las que nos recuerdan que, en ocasiones, no hacen
falta palabras para comunicarse. El otro gran puntal sobre el que se articula
la película son las excelentes actuaciones de sus protagonistas. El duelo
interpretativo que es capaz de mantener Holly Hunter ya sea con el esposo
reprimido por las normas sociales y religiosas o con su aliado y vecino George,
son excelentes. En el rostro de Holly Hunter podemos contemplar todo tipo de
expresiones, desde la desolación y la tristeza por sentirse lejos de su piano,
hasta su transformación en una mujer plena, gracias al contacto con la
naturaleza salvaje, con los aborígenes y con su vecino George que representa
esa parte más instintiva de la naturaleza humana, menos cultivada pero más
honesta. George, hombre rudo, que vive con los aborígenes, al margen de las
normas de la Comunidad
de colonos, pese a no estar aparentemente tan capacitado como Stewart debido a
su nivel cultural, será el único capaz de hacer que Ada se desprenda de la
coraza que la oprime.
Él es el único dotado de sensibilidad natural para
apreciar donde reside la verdadera alma de Ada. Todos estos elementos fueron
perfectamente orquestados por la fortaleza y gran sensibilidad de su directora
Jane Campion que supo acercarnos a las aventuras e infortunios de una sencilla
mujer consumida por los convencionalismos de su época, completamente sordos y
ciegos a sus poderosos encantos y a su rica vida interior. Jane Campion es una
de las directoras de cine neozelandesas más conocidas en el mundo, aunque la
mayor parte de su trabajo lo ha realizado fuera de su país, principalmente en
Australia (donde reside) y los Estados Unidos. Es una de las cuatro mujeres que
han sido nominadas al Óscar como directoras de cine. El reconocimiento
internacional le llegó con esta película en 1993. Ganó la Palma de Oro en el Festival
de Cannes de 1993, el premio al mejor director del Australian Film Institute y
el Óscar al mejor guion original en 1994. Fue la segunda directora nominada al
Óscar a la mejor dirección en la historia de la Academia y la primera y
única en haber ganado la Palma
de Oro de Cannes.
Director: Jane Campion.
Intérpretes: Holly
Hunter, Anna
Paquin, Harvey
Keitel, Sam
Neill, Kerry
Walker, Genevieve
Lemon.