
Dos viejos amigos se
asocian para escoltar un cargamento de oro desde las minas de Alta Sierra
hasta un banco. Uno de ellos (Joel McCrea) es un hombre honrado que sólo
se propone hacer bien su trabajo; el otro (Randolph Scott), en cambio, carece
de escrúpulos y proyecta robar la valiosa mercancía. "Duelo
en alta sierra", es un western a caballo entre las postrimerías del
clásico y los comienzos del crepuscular cuya autoría se debe un director Sam
Peckinpah que supo despedir a los años dorados del western con dos
autenticas joyas , esta y la mítica "Grupo salvaje (1969)".
Interpretada magistralmente por dos cowboys de la serie B, que aquí realizan la
mejor actuación de sus vidas y guarda, bajo sus aparentes rasgos de clasicismo,
buena parte de las inquietudes y pulsiones temáticas y narrativas del
realizador de "The Wild Bunch". Una hora y media le basta
y le sobra a Peckinpah para dar una clase magistral de cómo se hace cine. Se
cuenta que Peckinpah se enamoró del libreto de N. B. Stone Jr. en cuanto
lo leyó por primera vez y movió cielo y tierra para realizarlo. Pero Peckinpah
no se conformaba solamente con llevar a cabo el proyecto a partir de un guión
ajeno. La autoría de este hombre era innegable y la influencia que ejercía en
los libretos que le llegaban era muy poderosa. Peckinpah cambió diálogos,
adaptó secuencias a su universo y tornó el final en algo completamente
distinto. Por cambiar hasta le cambió el título. Y el resultado es inmejorable.
Como decía antes, en una hora y media son innumerables los giros que da el
film. Pasa de todo, y todo es resuelto con maestría. Todos los personajes tienen su momento, todos
influyen de una forma u otra en el devenir de la trama y, sobre todo, todos y
cada uno de ellos están definidos a la perfección con apenas unos
apuntes. Son esos pequeños detalles los que los definen, esas acciones
aparentemente sin importancia que terminan por decirnos mucho más de lo que
hablan. Y eso que, en cuanto a los diálogos, esta película es perfecta.
Perfecta por su economía de palabras y por sus frases lapidarias, excelentes
todas y cada una de ellas en cuanto a ese reflejo decadente que está patente
desde el principio (ese McCrea caminando entre nuevos automóviles).

Y es "Duelo
en la
Alta Sierra", por encima
de todo, una película de amistad. Como todas las de Peckinpah. De amistad y
enemistad, de amistad fiel y amistad traicionada. En eso influye también la
excelente química, de esos dos mitos llamados Randolph Scott y Joel
McCrea. El primero infravalorado actor que regaló innumerables y magníficos
westerns junto a Budd Boetticher. El segundo, el genial protagonista de
la inolvidable "Wichita (1955)" de Jacques Tourneur.
Juntos, puro lirismo. Steve Judd (Mcrea) conserva el aliento de la
integridad y la honestidad como coda de vida, mientras que Gill Westrum (Scott)
ha abdicado a esos valores superiores y aboga por el pragmatismo y el
materialismo como forma de supervivencia; entre los dos –y las decisiones
que pretenden adoptar- hay claros conatos de conflicto fraguándose durante
buena parte del metraje, pero el filme deja claro que, por encima de las
diferencias, aún rigen los códigos de la vieja amistad que los dos viejos
colegas se dispensan. Todos los diálogos de esta película, y sobre
todo la mayoría de las secuencias se refieren a la vejez, y al paso del tiempo
en el oeste que veremos a través de los ojos de dos viejos vaqueros que
intentaran sobrevivir en unos tiempos que no les pertenecen. Peckinpah muestra
un gran paralelismo entre los dos protagonistas, y los actores que los
interpretan. Dos actores que su vida ha estado dedicada mayoritariamente al
western, que aquí realizan su último western. Toda la película transita por
vastos y hermosos espacios agrestes, retratados con talento por el operador
Lucien Ballard. Como magnífico director del género, Peckinpah extrae del
paisaje buena parte de la fuerza de sus secuencias de acción, escenificando con
precisión los asedios y combates que se dan cita entre rocas, montículos,
arbustos y malezas Esa importancia de la fisicidad, que aquí canaliza lo
trepidante igual que en otras ocasiones abraza lo lírico. Triste,
violenta, opresiva, áspera y sentimental. Es una película de Peckinpah
en toda regla, una obra imperecedera de un escultor de lo imposible. Un
artesano de los westerns, un hombre que vivió y murió con la misma pasión a la
hora de hacer películas. Para el recuerdo tenemos ese melancólico final, en el
que a pesar de todo lo ocurrido, todo cobra sentido y nos deja con un amago de
sonrisa con amenaza de convertirse en la mueca más triste
posible. Estupenda película para amantes de los grandes westerns, o
simplemente para amantes del cine con mayúsculas.

Frases
para recordar:
"En
algún lugar del camino, olvidaste que eras mi amigo".
"La
época de las vacas gordas ha pasado, y los días de los hombres de negocios han
llegado”.
Título original:
Ride the high country.
Director: Sam Peckinpah.
Intérpretes: Randolph Scott, Joel
McCrea, Mariette Hartley, Ron Starr, Edgar Buchanan, R.G.
Armstrong, Jenie Jackson, James Drury, L.Q. Jones.
Reseña
escrita por Ramón Abello Miñano
Información complementaria:

Dos viejos amigos se
asocian para escoltar un cargamento de oro desde las minas de Alta Sierra
hasta un banco. Uno de ellos (Joel McCrea) es un hombre honrado que sólo
se propone hacer bien su trabajo; el otro (Randolph Scott), en cambio, carece
de escrúpulos y proyecta robar la valiosa mercancía. "Duelo
en alta sierra", es un western a caballo entre las postrimerías del
clásico y los comienzos del crepuscular cuya autoría se debe un director Sam
Peckinpah que supo despedir a los años dorados del western con dos
autenticas joyas , esta y la mítica "Grupo salvaje (1969)".
Interpretada magistralmente por dos cowboys de la serie B, que aquí realizan la
mejor actuación de sus vidas y guarda, bajo sus aparentes rasgos de clasicismo,
buena parte de las inquietudes y pulsiones temáticas y narrativas del
realizador de "The Wild Bunch". Una hora y media le basta
y le sobra a Peckinpah para dar una clase magistral de cómo se hace cine. Se
cuenta que Peckinpah se enamoró del libreto de N. B. Stone Jr. en cuanto
lo leyó por primera vez y movió cielo y tierra para realizarlo. Pero Peckinpah
no se conformaba solamente con llevar a cabo el proyecto a partir de un guión
ajeno. La autoría de este hombre era innegable y la influencia que ejercía en
los libretos que le llegaban era muy poderosa. Peckinpah cambió diálogos,
adaptó secuencias a su universo y tornó el final en algo completamente
distinto. Por cambiar hasta le cambió el título. Y el resultado es inmejorable.
Como decía antes, en una hora y media son innumerables los giros que da el
film. Pasa de todo, y todo es resuelto con maestría. Todos los personajes tienen su momento, todos
influyen de una forma u otra en el devenir de la trama y, sobre todo, todos y
cada uno de ellos están definidos a la perfección con apenas unos
apuntes. Son esos pequeños detalles los que los definen, esas acciones
aparentemente sin importancia que terminan por decirnos mucho más de lo que
hablan. Y eso que, en cuanto a los diálogos, esta película es perfecta.
Perfecta por su economía de palabras y por sus frases lapidarias, excelentes
todas y cada una de ellas en cuanto a ese reflejo decadente que está patente
desde el principio (ese McCrea caminando entre nuevos automóviles).

Y es "Duelo
en la
Alta Sierra", por encima
de todo, una película de amistad. Como todas las de Peckinpah. De amistad y
enemistad, de amistad fiel y amistad traicionada. En eso influye también la
excelente química, de esos dos mitos llamados Randolph Scott y Joel
McCrea. El primero infravalorado actor que regaló innumerables y magníficos
westerns junto a Budd Boetticher. El segundo, el genial protagonista de
la inolvidable "Wichita (1955)" de Jacques Tourneur.
Juntos, puro lirismo. Steve Judd (Mcrea) conserva el aliento de la
integridad y la honestidad como coda de vida, mientras que Gill Westrum (Scott)
ha abdicado a esos valores superiores y aboga por el pragmatismo y el
materialismo como forma de supervivencia; entre los dos –y las decisiones
que pretenden adoptar- hay claros conatos de conflicto fraguándose durante
buena parte del metraje, pero el filme deja claro que, por encima de las
diferencias, aún rigen los códigos de la vieja amistad que los dos viejos
colegas se dispensan. Todos los diálogos de esta película, y sobre
todo la mayoría de las secuencias se refieren a la vejez, y al paso del tiempo
en el oeste que veremos a través de los ojos de dos viejos vaqueros que
intentaran sobrevivir en unos tiempos que no les pertenecen. Peckinpah muestra
un gran paralelismo entre los dos protagonistas, y los actores que los
interpretan. Dos actores que su vida ha estado dedicada mayoritariamente al
western, que aquí realizan su último western. Toda la película transita por
vastos y hermosos espacios agrestes, retratados con talento por el operador
Lucien Ballard. Como magnífico director del género, Peckinpah extrae del
paisaje buena parte de la fuerza de sus secuencias de acción, escenificando con
precisión los asedios y combates que se dan cita entre rocas, montículos,
arbustos y malezas Esa importancia de la fisicidad, que aquí canaliza lo
trepidante igual que en otras ocasiones abraza lo lírico. Triste,
violenta, opresiva, áspera y sentimental. Es una película de Peckinpah
en toda regla, una obra imperecedera de un escultor de lo imposible. Un
artesano de los westerns, un hombre que vivió y murió con la misma pasión a la
hora de hacer películas. Para el recuerdo tenemos ese melancólico final, en el
que a pesar de todo lo ocurrido, todo cobra sentido y nos deja con un amago de
sonrisa con amenaza de convertirse en la mueca más triste
posible. Estupenda película para amantes de los grandes westerns, o
simplemente para amantes del cine con mayúsculas.

Frases
para recordar:
"En
algún lugar del camino, olvidaste que eras mi amigo".
"La
época de las vacas gordas ha pasado, y los días de los hombres de negocios han
llegado”.
Título original:
Ride the high country.
Director: Sam Peckinpah.
Intérpretes: Randolph Scott, Joel
McCrea, Mariette Hartley, Ron Starr, Edgar Buchanan, R.G.
Armstrong, Jenie Jackson, James Drury, L.Q. Jones.
Reseña
escrita por Ramón Abello Miñano
Información complementaria: