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Lee Chandler (Casey Affleck) es un hombre de unos cuarenta años que trabaja realizando tareas de mantenimiento en una serie de edificios de Boston. Así, le vemos arreglando duchas, sanitarios, tuberías atascadas, sacando la basura o vaciando de nieve las entradas de las casas. Lee es un hombre taciturno, atormentado y silencioso; un hombre de pocas palabras y mantiene una relación distante y hasta hostil con los clientes, hecho que produce hasta alguna que otra queja de alguna clienta insatisfecha a su jefe. Lee, por las noches ahoga sus penas en alcohol en el bar de turno y no vacila en descargar su amargura con quien sea menester y meterse en peleas con o sin motivo. A juzgar por su comportamiento, sabemos que a Lee le ocurre o le ha ocurrido algo grave en el pasado o quizás, en un presente reciente. Lee es un tipo misterioso que sin duda alberga un pasado oscuro.

Los Chandler, son una familia de clase obrera afincada en Massachusetts. Tras recibir una llamada telefónica comunicándole el fallecimiento repentino de Joe (Kyle Chandler), el hermano mayor de Lee, y por voluntad de éste, pasa a conviertirse en el tutor legal de su sobrino de dieciséis años (Lucas Hedges). Este acontecimiento trágico hará que Lee deba trasladarse y enfrentarse a un pasado trágico que desconocemos y que le llevó a separarse de su esposa Randi (Michelle Williams) y de la ciudad en la que nació y creció. En el trayecto de Boston a Manchester, y a través de flashbacks, Lee rememora su vida anterior en su ciudad, mostrando una vida feliz en la pequeña localidad costera; las salidas al mar en su barca, compartidas con su sobrino.

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La llegada de Lee a su ciudad natal y de la actitud para con él que muestran algunos de sus miembros, sigue siendo un misterio para el espectador. Lee deberá organizar el funeral de su hermano y cumplir sus últimas voluntades. Tío y sobrino llevan tiempo sin relacionarse, por lo que el encuentro no será cálido entre los dos, porque a ninguno de los dos le apetece acatar el mandato del fallecido. Lee quiere llevárselo a su casa de Boston, Patrick, lógicamente no quiere abandonar su barrio ni sus amigos y emprender una nueva vida lejos de casa.

Manchester frente al mar es un brutal retrato sobre el dolor y la pérdida, pero sobre todo, lo es de la culpa. Algunos filósofos relacionaban la culpa con la imperfección humana. En el sentido teológico, la culpa es la transgresión voluntaria de la ley de Dios, ya sea con el pensamiento, con la obra o con la omisión. En sentido civil, es la falta o delito que provoca un perjuicio o daño a alguien; toda culpa exige reparación o perdón, de otra manera obstaculiza el comportamiento y la vivencia y hace que la vida sea bastante insoportable. De ahí la actitud de Lee, muerto en vida, porque para él, su acción y omisión, no existe redención posible.

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El sentimiento de culpa baja la autoestima y desarrolla odio a uno mismo. Este odio se proyecta en forma de violencia hacia los otros y Lee lo proyecta cada noche en el escenario del bar, testigo de su desesperación y amargura. El remordimiento, por ser un sentimiento ligado inherentemente a nuestras propias responsabilidades, provoca un estado tal de la conciencia que, al margen del dolor interior que produce, a consecuencia del amor a la persona dañada, deriva en la necesidad de compensar el caos o el daño, y si no se puede, uno tiene que cumplir con la pena y penitencia; cargar con ella. La culpa es una dimensión ética, porque yo no cumplí mi deber. Ser responsable es responder por el daño ocasionado, ser culpable es ser la causa de ese daño. Y hay cosas en la vida que son difíciles de superar. El dolor que nos causa la pérdida de un ser querido es una de ellas.

Kenneth Lonegan, autor también del sólido guión, nos va dosificando poco a poco los elementos de la historia, los va cocinando a fuego lento, mientras asistimos sin pestañear y encogidos a una dimensión desgarradora del dolor del protagonista, a través de sus planos, de una parte, fríos como la nieve de Boston; de otra, serenos y tranquilos como el mar de la ciudad frente al mar. Las localizaciones de esos planos toman vital importancia ¿Y qué vemos en ellos? la soledad del pescador, el silencio del océano y el vacío, como el estado emocional de Lee. De tanto en tanto, el guión se impregna de gotas de humor negro en alguna situación, aunque no para suavizar la narración, ya que las mismas no mejoran el ánimo.

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Pérdida y culpa van de la mano de Lee y sin soltarlo, hasta desembocar en la rabia. Y Casey Afleck materializa impecablemente su estado tortuoso y sin tregua, a través de un trabajo de absoluta contención y miradas que pasea durante toda la cinta. La aparición de MIchels Williams, breve, pero contundente, ayuda a agravar más, si cabe, su estado y nos ayuda a comprender.

Manchester frente al mar es un film pequeño, emotivo y seco a la vez, a la par que brutalmente desgarrador y, a mi juicio, una de las mejores películas del año.

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Frase para recordar: "Mi corazón estaba roto. Siempre va a estar roto. Pero sé que el tuyo también lo está".

Título original: Manchester by the Sea.

Director: Kenneth Lonergan.

Intérpretes: Casey Affleck, Michelle Williams, Kyle Chandler, Lucas Hedges, Tate Donovan,Erica McDermott, Matthew Broderick, Gretchen Mol.

Trailer:


B.S.O.:


Reseña escrita por Marilyn Rodríguez

MANCHESTER FRENTE AL MAR (2017) El drama familiar de Casey Affleck.

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Lee Chandler (Casey Affleck) es un hombre de unos cuarenta años que trabaja realizando tareas de mantenimiento en una serie de edificios de Boston. Así, le vemos arreglando duchas, sanitarios, tuberías atascadas, sacando la basura o vaciando de nieve las entradas de las casas. Lee es un hombre taciturno, atormentado y silencioso; un hombre de pocas palabras y mantiene una relación distante y hasta hostil con los clientes, hecho que produce hasta alguna que otra queja de alguna clienta insatisfecha a su jefe. Lee, por las noches ahoga sus penas en alcohol en el bar de turno y no vacila en descargar su amargura con quien sea menester y meterse en peleas con o sin motivo. A juzgar por su comportamiento, sabemos que a Lee le ocurre o le ha ocurrido algo grave en el pasado o quizás, en un presente reciente. Lee es un tipo misterioso que sin duda alberga un pasado oscuro.

Los Chandler, son una familia de clase obrera afincada en Massachusetts. Tras recibir una llamada telefónica comunicándole el fallecimiento repentino de Joe (Kyle Chandler), el hermano mayor de Lee, y por voluntad de éste, pasa a conviertirse en el tutor legal de su sobrino de dieciséis años (Lucas Hedges). Este acontecimiento trágico hará que Lee deba trasladarse y enfrentarse a un pasado trágico que desconocemos y que le llevó a separarse de su esposa Randi (Michelle Williams) y de la ciudad en la que nació y creció. En el trayecto de Boston a Manchester, y a través de flashbacks, Lee rememora su vida anterior en su ciudad, mostrando una vida feliz en la pequeña localidad costera; las salidas al mar en su barca, compartidas con su sobrino.

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La llegada de Lee a su ciudad natal y de la actitud para con él que muestran algunos de sus miembros, sigue siendo un misterio para el espectador. Lee deberá organizar el funeral de su hermano y cumplir sus últimas voluntades. Tío y sobrino llevan tiempo sin relacionarse, por lo que el encuentro no será cálido entre los dos, porque a ninguno de los dos le apetece acatar el mandato del fallecido. Lee quiere llevárselo a su casa de Boston, Patrick, lógicamente no quiere abandonar su barrio ni sus amigos y emprender una nueva vida lejos de casa.

Manchester frente al mar es un brutal retrato sobre el dolor y la pérdida, pero sobre todo, lo es de la culpa. Algunos filósofos relacionaban la culpa con la imperfección humana. En el sentido teológico, la culpa es la transgresión voluntaria de la ley de Dios, ya sea con el pensamiento, con la obra o con la omisión. En sentido civil, es la falta o delito que provoca un perjuicio o daño a alguien; toda culpa exige reparación o perdón, de otra manera obstaculiza el comportamiento y la vivencia y hace que la vida sea bastante insoportable. De ahí la actitud de Lee, muerto en vida, porque para él, su acción y omisión, no existe redención posible.

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El sentimiento de culpa baja la autoestima y desarrolla odio a uno mismo. Este odio se proyecta en forma de violencia hacia los otros y Lee lo proyecta cada noche en el escenario del bar, testigo de su desesperación y amargura. El remordimiento, por ser un sentimiento ligado inherentemente a nuestras propias responsabilidades, provoca un estado tal de la conciencia que, al margen del dolor interior que produce, a consecuencia del amor a la persona dañada, deriva en la necesidad de compensar el caos o el daño, y si no se puede, uno tiene que cumplir con la pena y penitencia; cargar con ella. La culpa es una dimensión ética, porque yo no cumplí mi deber. Ser responsable es responder por el daño ocasionado, ser culpable es ser la causa de ese daño. Y hay cosas en la vida que son difíciles de superar. El dolor que nos causa la pérdida de un ser querido es una de ellas.

Kenneth Lonegan, autor también del sólido guión, nos va dosificando poco a poco los elementos de la historia, los va cocinando a fuego lento, mientras asistimos sin pestañear y encogidos a una dimensión desgarradora del dolor del protagonista, a través de sus planos, de una parte, fríos como la nieve de Boston; de otra, serenos y tranquilos como el mar de la ciudad frente al mar. Las localizaciones de esos planos toman vital importancia ¿Y qué vemos en ellos? la soledad del pescador, el silencio del océano y el vacío, como el estado emocional de Lee. De tanto en tanto, el guión se impregna de gotas de humor negro en alguna situación, aunque no para suavizar la narración, ya que las mismas no mejoran el ánimo.

manchester-frente-al-mar

Pérdida y culpa van de la mano de Lee y sin soltarlo, hasta desembocar en la rabia. Y Casey Afleck materializa impecablemente su estado tortuoso y sin tregua, a través de un trabajo de absoluta contención y miradas que pasea durante toda la cinta. La aparición de MIchels Williams, breve, pero contundente, ayuda a agravar más, si cabe, su estado y nos ayuda a comprender.

Manchester frente al mar es un film pequeño, emotivo y seco a la vez, a la par que brutalmente desgarrador y, a mi juicio, una de las mejores películas del año.

manchester-frente-al-mar

Frase para recordar: "Mi corazón estaba roto. Siempre va a estar roto. Pero sé que el tuyo también lo está".

Título original: Manchester by the Sea.

Director: Kenneth Lonergan.

Intérpretes: Casey Affleck, Michelle Williams, Kyle Chandler, Lucas Hedges, Tate Donovan,Erica McDermott, Matthew Broderick, Gretchen Mol.

Trailer:


B.S.O.:


Reseña escrita por Marilyn Rodríguez


ready-player-one
Vivimos en un tiempo en la que el Cine de los 80's es continuamente homenajeado, recordado, remakeado y plagiado. Spielberg ha recogido el material del libro escrito por Ernest Cline para volver con "Ready Player One" a un tiempo en el que fue encumbrado como ídolo del séptimo arte, dirigiendo films tales como "Tiburón", "Encuentros en la tercera fase", "E.T" e "Indiana Jones", entre otros muchos, además de producir a directores como Joe Dante "Gremlins" y Robert Zemeckis "Regreso al Futuro" , en una época dorada que difícilmente será superada. Spielberg utilizando el sistema de captura de movimiento que ya utilizó en "Tintín" y "Mi amigo el gigante", toma el testigo de su amigo Robert Zemeckis, que hace no tantos años innovó con "Beowulf", "Polar Express" y "Cuento de Navidad", no teniendo el éxito esperado, pero dejando claro que tal tecnología es una perfecta herramienta para plasmar a la perfección la imaginería de su poderío narrativo, poderío que queda patente en "Ready Player One". "Regreso al futuro", "Gremlins", "Los Goonies", "Superman", "Excalibur", "Robocop", "Pesadilla en Elm Street", "Alien", incluso "El muñeco diabólico", el Batman ochentero y el de la serie de t.v de los 60's, "El coche fantástico", "El superhéroe americano", "Mortal Kombat", las criaturas de Ray Harryhausen y muchísimos más hitos de Cine, Televisión, cómic y Videojuegos caben en una película que de algún modo hace lo mismo que hizo Wes Craven con "Scream", pero aquí jugando con los 80´s y 90's. Spielberg a base de persecuciones, batallas, peleas, explosiones y mucha, mucha espectacularidad nos lleva a un mundo infográfico, en el que un videojuego es la única válvula de escape para un ser humano que ha perdido la esencia de la realidad, debido a que la población mundial vive enganchada a lo virtual, sabiendo que en cuanto te desconectas vuelves al aburrimiento, el desastre y la miseria del mundo futuro. 

ready-player-one

Un ritmo frenético estupendamente rodado sin perder de vista los homenajes continuos, hacen de "Ready Player One" una vuelta a la niñez, remarcando que el cine palomitero de entonces tenía tanta capacidad de entretenimiento para hacer soñar y divertirse, que fue y debería ser una fuente de inspiración para el cine que se hace hoy, y que lamentablemente no se hace. Los momentos que hacen referencia a la película de su amigo íntimo "Stanley Kubrick" con "El Resplandor", llegan a conmover y promover una satisfacción indescriptiblemente satisfactoria para todo aficionado al séptimo arte. La última película de Spielberg le devuelve a la maravilla, al olimpo del entertainment sin alcanzar lo que fue, pero acercándole mediante el recuerdo al espectáculo que él junto a otros cineastas conviertieron los 80's y el principio de los 90's en algo inolvidable. La Música, la Televisión, los Videojuegos, la Novela gráfica y sobretodo el Cine de aquella época hace que "Ready Player One" sea una disfrutable y entusiasta forma de ver que los niños y adolescentes de aquella época mediante la ficción, hicieron mejor la realidad de aquellos maravillosos años.

ready-player-one

Director: Steven Spielberg.

Intérpretes: Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelsohn, Mark Rylance, Simon PeggT.J. Miller, Hannah John-Kamen, Win Morisaki, Philip Zhao.

Trailer:



B.S.O.:


Reseña escrita por Cristóbal Jiménez

READY PLAYER ONE (2018). El viaje nostálgico de Steven Spielberg.


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Vivimos en un tiempo en la que el Cine de los 80's es continuamente homenajeado, recordado, remakeado y plagiado. Spielberg ha recogido el material del libro escrito por Ernest Cline para volver con "Ready Player One" a un tiempo en el que fue encumbrado como ídolo del séptimo arte, dirigiendo films tales como "Tiburón", "Encuentros en la tercera fase", "E.T" e "Indiana Jones", entre otros muchos, además de producir a directores como Joe Dante "Gremlins" y Robert Zemeckis "Regreso al Futuro" , en una época dorada que difícilmente será superada. Spielberg utilizando el sistema de captura de movimiento que ya utilizó en "Tintín" y "Mi amigo el gigante", toma el testigo de su amigo Robert Zemeckis, que hace no tantos años innovó con "Beowulf", "Polar Express" y "Cuento de Navidad", no teniendo el éxito esperado, pero dejando claro que tal tecnología es una perfecta herramienta para plasmar a la perfección la imaginería de su poderío narrativo, poderío que queda patente en "Ready Player One". "Regreso al futuro", "Gremlins", "Los Goonies", "Superman", "Excalibur", "Robocop", "Pesadilla en Elm Street", "Alien", incluso "El muñeco diabólico", el Batman ochentero y el de la serie de t.v de los 60's, "El coche fantástico", "El superhéroe americano", "Mortal Kombat", las criaturas de Ray Harryhausen y muchísimos más hitos de Cine, Televisión, cómic y Videojuegos caben en una película que de algún modo hace lo mismo que hizo Wes Craven con "Scream", pero aquí jugando con los 80´s y 90's. Spielberg a base de persecuciones, batallas, peleas, explosiones y mucha, mucha espectacularidad nos lleva a un mundo infográfico, en el que un videojuego es la única válvula de escape para un ser humano que ha perdido la esencia de la realidad, debido a que la población mundial vive enganchada a lo virtual, sabiendo que en cuanto te desconectas vuelves al aburrimiento, el desastre y la miseria del mundo futuro. 

ready-player-one

Un ritmo frenético estupendamente rodado sin perder de vista los homenajes continuos, hacen de "Ready Player One" una vuelta a la niñez, remarcando que el cine palomitero de entonces tenía tanta capacidad de entretenimiento para hacer soñar y divertirse, que fue y debería ser una fuente de inspiración para el cine que se hace hoy, y que lamentablemente no se hace. Los momentos que hacen referencia a la película de su amigo íntimo "Stanley Kubrick" con "El Resplandor", llegan a conmover y promover una satisfacción indescriptiblemente satisfactoria para todo aficionado al séptimo arte. La última película de Spielberg le devuelve a la maravilla, al olimpo del entertainment sin alcanzar lo que fue, pero acercándole mediante el recuerdo al espectáculo que él junto a otros cineastas conviertieron los 80's y el principio de los 90's en algo inolvidable. La Música, la Televisión, los Videojuegos, la Novela gráfica y sobretodo el Cine de aquella época hace que "Ready Player One" sea una disfrutable y entusiasta forma de ver que los niños y adolescentes de aquella época mediante la ficción, hicieron mejor la realidad de aquellos maravillosos años.

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Director: Steven Spielberg.

Intérpretes: Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelsohn, Mark Rylance, Simon PeggT.J. Miller, Hannah John-Kamen, Win Morisaki, Philip Zhao.

Trailer:



B.S.O.:


Reseña escrita por Cristóbal Jiménez

viviendo-el-pasado
Única película dirigida por el actor Martin Gabel, habitual secundario en films tan populares como Marnie, la ladrona (Marnie, Alfred Hitchcock, 1964) o Primera plana (The Front Page, Billy Wilder, 1974), y un caso muy parecido al de Charles Laughton con La noche del cazador (The night of the hunter, 1955) por varios motivos: en ambos casos se trata de una ópera prima resuelta con maestría pero sin contar las respectivas carreras de sus realizadores con continuidad en el tiempo debido al mal funcionamiento en taquilla. Al igual que en el mítico film de Laughton, aunque nos encontremos ante un drama, la atmósfera fantástica se apodera del relato mediante un uso de luces y sombras casi expresionista, en este caso gracias a la sugerente fotografía en blanco y negro de Hal Mohr.

Basada en la novela corta de Henry James "Los papeles de Aspern" (The Aspern Papers, 1889), la película de Martin Gabel supone un precedente de The Innocents (Jack Clayton, 1961), no solo por la base literaria de una obra de Henry James en ambos films, sino por el protagonismo de una lóbrega mansión que ejerce un extaño magnetismo en sus moradores, tal y como le sucedía al personaje de Deborah Kerr en la magnífica película de Clayton.


viviendo-el-pasado

Un joven editor, Lewis Venable (Robert Cummings), viaja de Nueva York a Venecia al enterarse gracias a Charles Russell (John Archer), un poeta en decadencia, de que Juliana Bordereau (Agnes Moorehead), la amada del famoso poeta Jeffrey Ashton, sigue aún con vida aunque cuenta con ciento cinco años y se encuentra en un delicado estado de salud. Lewis es un amante de la literatura antigua y el motivo de su viaje no es otro que encontrar las cartas que el poeta escribió a Juliana en su juventud, ya que gracias a ello puede obtener un sonado éxito editorial. Para no levantar sospechas, solicita hospedarse en la mansión de Juliana bajo un nombre falso y el pretexto de encontrar un sitio tranquilo donde poder terminar su próxima novela. A pesar de no contar con el visto bueno de Tina Bordereau (Susan Hayward), la apática sobrina de Juliana, y de tener que pagar un alto precio por los meses de hospedaje (además de un intento de soborno por parte de Charles), Lewis acepta el trato, guiado por el interés en las cartas y haciendo caso omiso a los consejos del párroco del lugar, el Padre Rinaldo (Eduardo Ciannelli), quien le advierte de que su presencia en la casa puede alterar "el universo propio" que han creado tía y sobrina.


Tan evocadora premisa parte de una historia real, ya que la novela "Los papeles de Aspern" de Henry James recoge una anécdota que llegó a oídos del autor: en 1887 James había conocido en Florencia a la condesa Gamba, último romance de Lord Byron, que conservaba unas cartas de amor del poeta. James mostró interés por conocer el contenido de estas cartas, pero la condesa se negó a permitirle leerlas. Aproximadamente por la misma época tuvo noticias de la historia de un bostoniano llamado Silsbee, apasionado admirador del poeta romántico Percy B. Shelley, que se hospedó en casa de la anciana Claire Clairmont, también amante de Byron, con la esperanza de apoderarse de cartas de Shelley y de Byron.


viviendo-el-pasado

Todo ese oscuro mundo del Romanticismo inglés está perfectamente retratado en Viviendo el pasado, donde destaca el carácter gótico de su escenografía; la inmensa mansión de las Bordereau, de amplias estancias, interminables escaleras y pasillos repletos de telarañas que los hábiles movimientos de cámara nos muestran en todo momento, mediante un exacto seguimiento de los personajes al ambular de una habitación a otra; la confusión entre pasado y presente, que escenifican la anciana Juliana y la joven Tina, que tal y como asevera Lewis Venable en un momento de la película: "Debe de haber varias generaciones entre ustedes, es un caso muy extraño para ser tía y sobrina".


Se trata de una producción de Walter Wanger (1) para Universal, muy en la línea de otros films fantásticos de los años cuarenta como El fantasma y la señora Muir (The Ghost and Mrs. Muir, Joseph L. Mankiewicz, 1947) o Jennie (Portrait of Jennie, William Dieterle,1948), y por supuesto muy cercana en espíritu al ciclo de Serie B de Jacques Tourneur y Val Lewton para la RKO, pero por desgracia mucho más desconocida y olvidada (2), aún teniendo una calidad similar a todos los magníficos films antes citados. Destaca el trabajo de maquillaje para "envejecer" a Agnes Moorehead en su rol de Juliana Bordereau, creando un enigmático personaje que la cámara apenas nos muestra con claridad, casi siempre mediante travellings laterales , muy pocos primeros planos, pero sin embargo con un destacado trabajo de modulación de su voz por parte de la actriz. La música, muy envolvente, firmada por Daniele Amfitheatrof conecta con el protagonista y su fascinación por el pasado, al declarar el joven editor cuando escucha a Tina tocando el piano a lo lejos: "Parecía música sacada de otro siglo".


viviendo-el-pasado

Narrada en flashback por Lewis Venable mediante una elegante evocación literaria, por medio de una romántica escenografía y los movimientos de cámara; el film se abre con un suntuoso travelling por la biblioteca del editor hasta detenerse en un hueco entre la bibliografía de Jeffrey Ashton, de algún modo incompleta hasta que se logren editar sus cartas de amor. La fascinación por la literatura del poeta y todo lo que tenga que ver con su vida, está en el centro de las acciones de Venable; desde sus conversaciones y transacciones monetarias con la anciana Juliana, hasta su enamoramiento con Tina, quien no deja de ser un trasunto de Juliana durante su juventud. Dos historias de amor en distintos espacios temporales: con final feliz la que se desarrolla en el presente, y con final trágico y misterioso la que nos descubre ese oscuro pasado que parece no haber abandonado nunca la mansión, incluído el jardín, donde no crece la hierba por algún extraño fenómeno. Aunque no estemos del todo ante una película sobre casas encantadas, el palacio de las Bordereau se convierte en absoluto protagonista, con un delicado gusto por la decoración escenográfica que no anda muy lejos del Max Ophüls de Carta de una desconocida (Letter from an Unknown Woman, 1948), otro clásico del cine de los años cuarenta. 


viviendo-el-pasado

Título original: The Lost Moment.

Director: Martin Gabel.

Intérpretes: Robert Cummings, Susan Hayward, Agnes Moorehead, Joan Lorring,Eduardo Ciannelli, John Archer, Frank Puglia, Minerva Urecal, William Edmunds.


Trailer:



Reseña escrita por Francisco Javier Arco Pérez

(1) Los escasos pero magníficos decorados, así como la modesta recreación de Venecia y sus canales, nos sugieren que, aunque distribuido por Universal, este film de Walter Wanger Pictures se trate de una producción de división B, tan en boga por aquellos años. Walter Wanger fue productor en títulos importantes como La Diligencia de John Ford (Stagecoach, 1939), Perversidad de Fritz Lang (Scarlet Street, 1945), La invasión de los ladrones de cuerpos de Don Siegel (Invasion of the Body Snatchers, 1956) o Cleopatra (Joseph L. Mankiewicz, 1963), entre muchos otros.

(2) Concretamente en España se ha podido ver en la 2 de TVE y como casi siempre, la revista Dirigido se ha encargado de recordarla en varias ocasiones, concretamente en el número 279 con un artículo firmado por Jose María Latorre y en el número 404 con el especial "Rare Cult Movies", con un artículo firmado por Juan Carlos Vizcaíno Martínez.

VIVIENDO EL PASADO (1947) La primera y única película de Martin Gabel.

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Única película dirigida por el actor Martin Gabel, habitual secundario en films tan populares como Marnie, la ladrona (Marnie, Alfred Hitchcock, 1964) o Primera plana (The Front Page, Billy Wilder, 1974), y un caso muy parecido al de Charles Laughton con La noche del cazador (The night of the hunter, 1955) por varios motivos: en ambos casos se trata de una ópera prima resuelta con maestría pero sin contar las respectivas carreras de sus realizadores con continuidad en el tiempo debido al mal funcionamiento en taquilla. Al igual que en el mítico film de Laughton, aunque nos encontremos ante un drama, la atmósfera fantástica se apodera del relato mediante un uso de luces y sombras casi expresionista, en este caso gracias a la sugerente fotografía en blanco y negro de Hal Mohr.

Basada en la novela corta de Henry James "Los papeles de Aspern" (The Aspern Papers, 1889), la película de Martin Gabel supone un precedente de The Innocents (Jack Clayton, 1961), no solo por la base literaria de una obra de Henry James en ambos films, sino por el protagonismo de una lóbrega mansión que ejerce un extaño magnetismo en sus moradores, tal y como le sucedía al personaje de Deborah Kerr en la magnífica película de Clayton.


viviendo-el-pasado

Un joven editor, Lewis Venable (Robert Cummings), viaja de Nueva York a Venecia al enterarse gracias a Charles Russell (John Archer), un poeta en decadencia, de que Juliana Bordereau (Agnes Moorehead), la amada del famoso poeta Jeffrey Ashton, sigue aún con vida aunque cuenta con ciento cinco años y se encuentra en un delicado estado de salud. Lewis es un amante de la literatura antigua y el motivo de su viaje no es otro que encontrar las cartas que el poeta escribió a Juliana en su juventud, ya que gracias a ello puede obtener un sonado éxito editorial. Para no levantar sospechas, solicita hospedarse en la mansión de Juliana bajo un nombre falso y el pretexto de encontrar un sitio tranquilo donde poder terminar su próxima novela. A pesar de no contar con el visto bueno de Tina Bordereau (Susan Hayward), la apática sobrina de Juliana, y de tener que pagar un alto precio por los meses de hospedaje (además de un intento de soborno por parte de Charles), Lewis acepta el trato, guiado por el interés en las cartas y haciendo caso omiso a los consejos del párroco del lugar, el Padre Rinaldo (Eduardo Ciannelli), quien le advierte de que su presencia en la casa puede alterar "el universo propio" que han creado tía y sobrina.


Tan evocadora premisa parte de una historia real, ya que la novela "Los papeles de Aspern" de Henry James recoge una anécdota que llegó a oídos del autor: en 1887 James había conocido en Florencia a la condesa Gamba, último romance de Lord Byron, que conservaba unas cartas de amor del poeta. James mostró interés por conocer el contenido de estas cartas, pero la condesa se negó a permitirle leerlas. Aproximadamente por la misma época tuvo noticias de la historia de un bostoniano llamado Silsbee, apasionado admirador del poeta romántico Percy B. Shelley, que se hospedó en casa de la anciana Claire Clairmont, también amante de Byron, con la esperanza de apoderarse de cartas de Shelley y de Byron.


viviendo-el-pasado

Todo ese oscuro mundo del Romanticismo inglés está perfectamente retratado en Viviendo el pasado, donde destaca el carácter gótico de su escenografía; la inmensa mansión de las Bordereau, de amplias estancias, interminables escaleras y pasillos repletos de telarañas que los hábiles movimientos de cámara nos muestran en todo momento, mediante un exacto seguimiento de los personajes al ambular de una habitación a otra; la confusión entre pasado y presente, que escenifican la anciana Juliana y la joven Tina, que tal y como asevera Lewis Venable en un momento de la película: "Debe de haber varias generaciones entre ustedes, es un caso muy extraño para ser tía y sobrina".


Se trata de una producción de Walter Wanger (1) para Universal, muy en la línea de otros films fantásticos de los años cuarenta como El fantasma y la señora Muir (The Ghost and Mrs. Muir, Joseph L. Mankiewicz, 1947) o Jennie (Portrait of Jennie, William Dieterle,1948), y por supuesto muy cercana en espíritu al ciclo de Serie B de Jacques Tourneur y Val Lewton para la RKO, pero por desgracia mucho más desconocida y olvidada (2), aún teniendo una calidad similar a todos los magníficos films antes citados. Destaca el trabajo de maquillaje para "envejecer" a Agnes Moorehead en su rol de Juliana Bordereau, creando un enigmático personaje que la cámara apenas nos muestra con claridad, casi siempre mediante travellings laterales , muy pocos primeros planos, pero sin embargo con un destacado trabajo de modulación de su voz por parte de la actriz. La música, muy envolvente, firmada por Daniele Amfitheatrof conecta con el protagonista y su fascinación por el pasado, al declarar el joven editor cuando escucha a Tina tocando el piano a lo lejos: "Parecía música sacada de otro siglo".


viviendo-el-pasado

Narrada en flashback por Lewis Venable mediante una elegante evocación literaria, por medio de una romántica escenografía y los movimientos de cámara; el film se abre con un suntuoso travelling por la biblioteca del editor hasta detenerse en un hueco entre la bibliografía de Jeffrey Ashton, de algún modo incompleta hasta que se logren editar sus cartas de amor. La fascinación por la literatura del poeta y todo lo que tenga que ver con su vida, está en el centro de las acciones de Venable; desde sus conversaciones y transacciones monetarias con la anciana Juliana, hasta su enamoramiento con Tina, quien no deja de ser un trasunto de Juliana durante su juventud. Dos historias de amor en distintos espacios temporales: con final feliz la que se desarrolla en el presente, y con final trágico y misterioso la que nos descubre ese oscuro pasado que parece no haber abandonado nunca la mansión, incluído el jardín, donde no crece la hierba por algún extraño fenómeno. Aunque no estemos del todo ante una película sobre casas encantadas, el palacio de las Bordereau se convierte en absoluto protagonista, con un delicado gusto por la decoración escenográfica que no anda muy lejos del Max Ophüls de Carta de una desconocida (Letter from an Unknown Woman, 1948), otro clásico del cine de los años cuarenta. 


viviendo-el-pasado

Título original: The Lost Moment.

Director: Martin Gabel.

Intérpretes: Robert Cummings, Susan Hayward, Agnes Moorehead, Joan Lorring,Eduardo Ciannelli, John Archer, Frank Puglia, Minerva Urecal, William Edmunds.


Trailer:



Reseña escrita por Francisco Javier Arco Pérez

(1) Los escasos pero magníficos decorados, así como la modesta recreación de Venecia y sus canales, nos sugieren que, aunque distribuido por Universal, este film de Walter Wanger Pictures se trate de una producción de división B, tan en boga por aquellos años. Walter Wanger fue productor en títulos importantes como La Diligencia de John Ford (Stagecoach, 1939), Perversidad de Fritz Lang (Scarlet Street, 1945), La invasión de los ladrones de cuerpos de Don Siegel (Invasion of the Body Snatchers, 1956) o Cleopatra (Joseph L. Mankiewicz, 1963), entre muchos otros.

(2) Concretamente en España se ha podido ver en la 2 de TVE y como casi siempre, la revista Dirigido se ha encargado de recordarla en varias ocasiones, concretamente en el número 279 con un artículo firmado por Jose María Latorre y en el número 404 con el especial "Rare Cult Movies", con un artículo firmado por Juan Carlos Vizcaíno Martínez.


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Varios son los motivos que me llevan a hablar de "Una historia de venganza". El guión del español Javier Gullón para una película de Hollywood, la producción de Darren Aronofsky ("El luchador", "Cisne negro"), la producción también de Arnold Schwarzenegger con su productora "Oak Pictures" y claro, la interpretación del coloso de Austria en la que es su primera incursión en un film basado en hechos reales. Lo cierto es que Schwarzenegger hace tiempo que dejó de ser el que fue, pero demuestra una vez más que es capaz de reinventarse, y si en su momento hizo reír al espectador después de haberlo entusiasmado con sus películas de acción en los 80's y 90's, ahora en la primera década del nuevo milenio, su esfuerzo se agradece al introducirse en un registro dramático que se inició con "Maggie (2015)", sorprendiendo a la crítica con su dura y demoledora interpretación. En "Una historia de venganza" (Aftermath), Arnold sigue en su afán de despejar las dudas sobre su registro dramático ofreciendo de nuevo un desgarrador personaje que pierde a su familia en un accidente aéreo. 


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Lo doloroso para Roman Melnik (Schwarzenegger), además de haber perdido a su esposa y a su hija embarazada, es que nadie en ningún momento le pide disculpas, ni los responsables del control áereo, ni la compañía de vuelos, ni tan siquiera los abogados que le ofrecen de una manera totalmente insultante ser cliente premium de la compañía junto a una cuantiosa suma de dinero. No, lo que Melnik quiere son disculpas, pedir perdón mirando la foto de su familia, un perdón sincero, mostrando un mínimo de respeto ante tan lacerante tragedia. El desasosiego, la soledad y la ira provocarán que dos personas, uno víctima y otro responsable (Scott Mc Nairy), crucen sus caminos para un desastroso final para los ambos. El desconocido para mí Elliott Lester, no da de sí en su película todo lo que yo hubiera esperado con los atractivos alicientes de Schwarzenegger, Aronofsky y el libreto de un guionista español, lástima porque la película se coloca a la altura de las dudosas bondades de un telefilme de sobremesa debido posiblemente a Lester. Arnold de nuevo reivindica con su curtida y venerable presencia un lugar para ser remarcado como un buen actor, un hombre devastado por la pérdida y que no encuentra su lugar en el mundo si no es buscando y hallando al culpable de su drama, con la idea de colocarse delante de él y exigirle las tan ansiadas disculpas del personaje de Mc Nairy, alguien que pasa su particular infierno al ser responsable de tantas vidas humanas. 

una-historia-de-venganza

En otro tiempo un fan de Schwarzenegger hubiera desdeado disparos, frases lapidarias, acción y diversión a raudales, a estas alturas, uno consciente del paso del tiempo, agradece un rol atípico en un actor que ya es consciente de su avanzada edad, dejando de lado su rigidez para dar paso al melodrama, al llanto, al dolor, en unos hechos inspirados en los desgraciados acontecimientos ocurridos en 2002 en los que el verdadero Melnik se presentó como voluntario en la ayuda del accidente, aún no siéndole permitido al ser familiar de las víctimas. Una película que deja claro que la venganza es un sentimiento que provoca un demoledor dolor, tanto el que la causa como el que la padece, y que el único camino para seguir con una vida digna y respetable es el perdón, ya que si nos dejamos llevar por la "vendetta", seremos objeto de una enfermedad contagiosa y virulenta, cuyo único remedio es la compasión.

una-historia-de-venganza

Título original: Aftermath.

Director: Elliott Lester.

Intérpretes: Arnold Schwarzenegger, Scoot McNairy, Maggie Grace, Kevin Zegers,Hannah Ware, Glenn Morshower, Mariana Klaveno, Mo McRae, Theresa Cook,Debra Herzog.


Trailer:


Reseña escrita por Cristóbal Jiménez

UNA HISTORIA DE VENGANZA (2017). El drama familiar de Schwarzenegger.


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Varios son los motivos que me llevan a hablar de "Una historia de venganza". El guión del español Javier Gullón para una película de Hollywood, la producción de Darren Aronofsky ("El luchador", "Cisne negro"), la producción también de Arnold Schwarzenegger con su productora "Oak Pictures" y claro, la interpretación del coloso de Austria en la que es su primera incursión en un film basado en hechos reales. Lo cierto es que Schwarzenegger hace tiempo que dejó de ser el que fue, pero demuestra una vez más que es capaz de reinventarse, y si en su momento hizo reír al espectador después de haberlo entusiasmado con sus películas de acción en los 80's y 90's, ahora en la primera década del nuevo milenio, su esfuerzo se agradece al introducirse en un registro dramático que se inició con "Maggie (2015)", sorprendiendo a la crítica con su dura y demoledora interpretación. En "Una historia de venganza" (Aftermath), Arnold sigue en su afán de despejar las dudas sobre su registro dramático ofreciendo de nuevo un desgarrador personaje que pierde a su familia en un accidente aéreo. 


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Lo doloroso para Roman Melnik (Schwarzenegger), además de haber perdido a su esposa y a su hija embarazada, es que nadie en ningún momento le pide disculpas, ni los responsables del control áereo, ni la compañía de vuelos, ni tan siquiera los abogados que le ofrecen de una manera totalmente insultante ser cliente premium de la compañía junto a una cuantiosa suma de dinero. No, lo que Melnik quiere son disculpas, pedir perdón mirando la foto de su familia, un perdón sincero, mostrando un mínimo de respeto ante tan lacerante tragedia. El desasosiego, la soledad y la ira provocarán que dos personas, uno víctima y otro responsable (Scott Mc Nairy), crucen sus caminos para un desastroso final para los ambos. El desconocido para mí Elliott Lester, no da de sí en su película todo lo que yo hubiera esperado con los atractivos alicientes de Schwarzenegger, Aronofsky y el libreto de un guionista español, lástima porque la película se coloca a la altura de las dudosas bondades de un telefilme de sobremesa debido posiblemente a Lester. Arnold de nuevo reivindica con su curtida y venerable presencia un lugar para ser remarcado como un buen actor, un hombre devastado por la pérdida y que no encuentra su lugar en el mundo si no es buscando y hallando al culpable de su drama, con la idea de colocarse delante de él y exigirle las tan ansiadas disculpas del personaje de Mc Nairy, alguien que pasa su particular infierno al ser responsable de tantas vidas humanas. 

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En otro tiempo un fan de Schwarzenegger hubiera desdeado disparos, frases lapidarias, acción y diversión a raudales, a estas alturas, uno consciente del paso del tiempo, agradece un rol atípico en un actor que ya es consciente de su avanzada edad, dejando de lado su rigidez para dar paso al melodrama, al llanto, al dolor, en unos hechos inspirados en los desgraciados acontecimientos ocurridos en 2002 en los que el verdadero Melnik se presentó como voluntario en la ayuda del accidente, aún no siéndole permitido al ser familiar de las víctimas. Una película que deja claro que la venganza es un sentimiento que provoca un demoledor dolor, tanto el que la causa como el que la padece, y que el único camino para seguir con una vida digna y respetable es el perdón, ya que si nos dejamos llevar por la "vendetta", seremos objeto de una enfermedad contagiosa y virulenta, cuyo único remedio es la compasión.

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Título original: Aftermath.

Director: Elliott Lester.

Intérpretes: Arnold Schwarzenegger, Scoot McNairy, Maggie Grace, Kevin Zegers,Hannah Ware, Glenn Morshower, Mariana Klaveno, Mo McRae, Theresa Cook,Debra Herzog.


Trailer:


Reseña escrita por Cristóbal Jiménez

la-cortina-de-humo
Basada en la novela titulada "American Hero" de Larry Beinhart, la película muestra en clave de comedia el cinismo de la política exterior norteamericana. Aunque basada en una novela, se elaboró en un momento muy oportuno ya que su estreno coincidió con el punto más caliente del Caso Lewinsky y una nueva intervención de Estados Unidos en el golfo Pérsico.

Se trata de un relato que nos cuenta cómo el presidente de los Estados Unidos envuelto en un escándalo sexual con una jovencita dos semanas antes de las elecciones, ha perdido toda su credibilidad ante la audiencia y está a punto de perder las elecciones. Debido a esta grave situación su comité de asesores se reúne en secreto, capitaneados por un asesor especialista en situaciones de crisis que ha sido requerido por el Presidente en persona. Robert de Niro encarna el papel de este gestor político en la sombra, astuto, de inteligencia rápida y sin escrúpulos que no repara en los medios para conseguir su objetivo: Que el Presidente recupere la confianza de sus votantes. De Niro representa a un personaje que en mundo anglosajón se denomina "spin doctor" cuya tarea será la de dirigir al equipo de consejeros del presidente para cubrir el asunto:¿Cómo?: Tapando un escándalo con otro mayor aún.


la-cortina-de-humo

"¿Para qué se emprenden las guerras?", le pregunta Conrad, el asesor del presidente, a un agente de la CIA. “Para asegurar su estilo de vida”, le contesta éste.

El termino "cortina de humo" tiene origen militar y hace referencia a la táctica que consiste en crear humo para impedir que el enemigo pueda ver los propios movimientos. Por extensión, cortina de humo es:" todo aquello que sirve para evitar que la gente vea lo importante"

Con ayuda de un productor de Hollywood (Dustin Hoffman) crearán una guerra ficticia contra Albania para tratar de distraer el foco de atención.

En la década de los noventa y tras haber sido televisada por primera vez una guerra en directo, los medios de comunicación audiovisuales y las grandes cadenas de telecomunicaciones se convirtieron en los grandes aliados de los lobbies político/económicos. Hay que tener en cuenta que este film y el relato que nos cuenta fue previo al dominio de Internet y las redes sociales. Aún así, por compleja y enrevesada que nos parezca la trama, los sucesos históricos vividos nos ha ido convenciendo de que la realidad puede superar a la ficción.

Las estrategias conocidas para manipular a la gente mediante el concepto de "cortina de humo" son varias según Chomsky: Mantener un diluvio de informaciones insignificantes; Dedicar tiempo a cultivar temas sin relevancia; Mantener a la gente ocupada en temas intrascendentes; Dar explicaciones falaces, humo y espejos, que tergiversan la realidad, crean culpables ficticios, solo se fijan en una parte del problema (la que conviene) y no aclaran, sino que confunden más a los que escuchan; Resucitar viejos espectros en el momento adecuado ;Y, en general, mantener a la gente en la ignorancia, incapaz de distinguir lo que es veraz de lo que no lo es. Así, no harán preguntas incómodas ni se cuestionarán ciertas cosas.


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Pero no sólo Las cortinas de humo sirven para manipular la opinión de la mayoría. También el peso abrumador de lo que opine la mayoría y la aceptación del individuo dentro del grupo nos hacen acoplarnos a los mandatos sociales.

Es lo que Noëlle-Neumann en 1995 vino a denominar como "La Teoría de la Espiral del Silencio". En ella Neumann nos explica cómo la opinión pública queda totalmente a merced de la información suministrada por los medios de comunicación. Esa opinión pública viene a convertirse en la opinión dominante y cualquier minoría quedará sujeta a ésta, sin otra opción que dejarse arrastrar por la misma. Cuando las opiniones del individuo no coinciden con la dominante, éste se auto-silencia por miedo a quedar aislado. Como dice Neumann, la opinión pública "obliga al silencio o a evitar que se sostenga la contradicción".

La novela de Larry Beinhart fue adaptada por David Mamet y Hilary Henkin que supieron darle una gran intensidad y ritmo a los diálogos de los protagonistas, unos excelentes Dustin Hoffman y Robert DeNiro que realizan un gran duelo actoral. Barry Levinson abordaba este incisivo relato un año después de su éxito con el film "Sleepers".


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Levinson utiliza tomas largas que siguen a los protagonistas, mueve la cámara tan rápido como circulan la ideas por las cabezas de los protagonistas para intensificar el ritmo trepidante de toda una cascada de acontecimientos. Una cámara inquieta que produce desasosiego en el espectador y un montaje muy dinámico donde destacan los primeros planos de sus protagonistas, verdaderos directores de un Circo de tres pistas donde cualquier desastre puede suceder en cualquier momento. Pese a la densidad del guion, la película no se torna aburrida en ningún momento, ya que los planes se van modificando conforme nuevos desastres van apareciendo en la historia.

Otro detalle significativo de la historia es la capacidad del relato para mezclar fantasía y realidad, para implicar a las películas y los grandes productores de Hollywood como paradigma de falsedades que pueden inventarse y venderse como creíbles en pantalla. Maravillosas escenas de estudio, de cine dentro del cine, donde podemos conocer cómo cualquier fotograma puede ser alterado al gusto de su realizador.

Una película muy entretenida, con una densa trama, grandes interpretaciones, mucha ironía y humor para revelar hechos tan graves como la manipulación mediática mediante la ficción y el lenguaje cinematográfico.

La fotografía corre a cargo de Robert Richardson, colaborador de directores como Oliver Stone y Martin Scorsese. La banda sonora está escrita e interpretada por el guitarrista y cantante del grupo Dire Straits, el escocés Mark Knopfler.

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Título original: Wag the Dog.

Director: Barry Levinson.


Intérpretes: Dustin Hoffman, Robert De Niro, Anne Heche, Woody Harrelson, William H. MacyDenis Leary.
Trailer:




B.S.O.:



Reseña escrita por Bárbara Valera Bestard

LA CORTINA DE HUMO (1997). Montando un conflicto militar.

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Basada en la novela titulada "American Hero" de Larry Beinhart, la película muestra en clave de comedia el cinismo de la política exterior norteamericana. Aunque basada en una novela, se elaboró en un momento muy oportuno ya que su estreno coincidió con el punto más caliente del Caso Lewinsky y una nueva intervención de Estados Unidos en el golfo Pérsico.

Se trata de un relato que nos cuenta cómo el presidente de los Estados Unidos envuelto en un escándalo sexual con una jovencita dos semanas antes de las elecciones, ha perdido toda su credibilidad ante la audiencia y está a punto de perder las elecciones. Debido a esta grave situación su comité de asesores se reúne en secreto, capitaneados por un asesor especialista en situaciones de crisis que ha sido requerido por el Presidente en persona. Robert de Niro encarna el papel de este gestor político en la sombra, astuto, de inteligencia rápida y sin escrúpulos que no repara en los medios para conseguir su objetivo: Que el Presidente recupere la confianza de sus votantes. De Niro representa a un personaje que en mundo anglosajón se denomina "spin doctor" cuya tarea será la de dirigir al equipo de consejeros del presidente para cubrir el asunto:¿Cómo?: Tapando un escándalo con otro mayor aún.


la-cortina-de-humo

"¿Para qué se emprenden las guerras?", le pregunta Conrad, el asesor del presidente, a un agente de la CIA. “Para asegurar su estilo de vida”, le contesta éste.

El termino "cortina de humo" tiene origen militar y hace referencia a la táctica que consiste en crear humo para impedir que el enemigo pueda ver los propios movimientos. Por extensión, cortina de humo es:" todo aquello que sirve para evitar que la gente vea lo importante"

Con ayuda de un productor de Hollywood (Dustin Hoffman) crearán una guerra ficticia contra Albania para tratar de distraer el foco de atención.

En la década de los noventa y tras haber sido televisada por primera vez una guerra en directo, los medios de comunicación audiovisuales y las grandes cadenas de telecomunicaciones se convirtieron en los grandes aliados de los lobbies político/económicos. Hay que tener en cuenta que este film y el relato que nos cuenta fue previo al dominio de Internet y las redes sociales. Aún así, por compleja y enrevesada que nos parezca la trama, los sucesos históricos vividos nos ha ido convenciendo de que la realidad puede superar a la ficción.

Las estrategias conocidas para manipular a la gente mediante el concepto de "cortina de humo" son varias según Chomsky: Mantener un diluvio de informaciones insignificantes; Dedicar tiempo a cultivar temas sin relevancia; Mantener a la gente ocupada en temas intrascendentes; Dar explicaciones falaces, humo y espejos, que tergiversan la realidad, crean culpables ficticios, solo se fijan en una parte del problema (la que conviene) y no aclaran, sino que confunden más a los que escuchan; Resucitar viejos espectros en el momento adecuado ;Y, en general, mantener a la gente en la ignorancia, incapaz de distinguir lo que es veraz de lo que no lo es. Así, no harán preguntas incómodas ni se cuestionarán ciertas cosas.


la-cortina-de-humo

Pero no sólo Las cortinas de humo sirven para manipular la opinión de la mayoría. También el peso abrumador de lo que opine la mayoría y la aceptación del individuo dentro del grupo nos hacen acoplarnos a los mandatos sociales.

Es lo que Noëlle-Neumann en 1995 vino a denominar como "La Teoría de la Espiral del Silencio". En ella Neumann nos explica cómo la opinión pública queda totalmente a merced de la información suministrada por los medios de comunicación. Esa opinión pública viene a convertirse en la opinión dominante y cualquier minoría quedará sujeta a ésta, sin otra opción que dejarse arrastrar por la misma. Cuando las opiniones del individuo no coinciden con la dominante, éste se auto-silencia por miedo a quedar aislado. Como dice Neumann, la opinión pública "obliga al silencio o a evitar que se sostenga la contradicción".

La novela de Larry Beinhart fue adaptada por David Mamet y Hilary Henkin que supieron darle una gran intensidad y ritmo a los diálogos de los protagonistas, unos excelentes Dustin Hoffman y Robert DeNiro que realizan un gran duelo actoral. Barry Levinson abordaba este incisivo relato un año después de su éxito con el film "Sleepers".


la-cortina-de-humo


Levinson utiliza tomas largas que siguen a los protagonistas, mueve la cámara tan rápido como circulan la ideas por las cabezas de los protagonistas para intensificar el ritmo trepidante de toda una cascada de acontecimientos. Una cámara inquieta que produce desasosiego en el espectador y un montaje muy dinámico donde destacan los primeros planos de sus protagonistas, verdaderos directores de un Circo de tres pistas donde cualquier desastre puede suceder en cualquier momento. Pese a la densidad del guion, la película no se torna aburrida en ningún momento, ya que los planes se van modificando conforme nuevos desastres van apareciendo en la historia.

Otro detalle significativo de la historia es la capacidad del relato para mezclar fantasía y realidad, para implicar a las películas y los grandes productores de Hollywood como paradigma de falsedades que pueden inventarse y venderse como creíbles en pantalla. Maravillosas escenas de estudio, de cine dentro del cine, donde podemos conocer cómo cualquier fotograma puede ser alterado al gusto de su realizador.

Una película muy entretenida, con una densa trama, grandes interpretaciones, mucha ironía y humor para revelar hechos tan graves como la manipulación mediática mediante la ficción y el lenguaje cinematográfico.

La fotografía corre a cargo de Robert Richardson, colaborador de directores como Oliver Stone y Martin Scorsese. La banda sonora está escrita e interpretada por el guitarrista y cantante del grupo Dire Straits, el escocés Mark Knopfler.

la-cortina-de-humo

Título original: Wag the Dog.

Director: Barry Levinson.


Intérpretes: Dustin Hoffman, Robert De Niro, Anne Heche, Woody Harrelson, William H. MacyDenis Leary.
Trailer:




B.S.O.:



Reseña escrita por Bárbara Valera Bestard


Joaquín Luis Romero Hernández Marchent (Madrid, 26 de agosto de 1921 – ibídem, 17 de agosto de 2012) nace en el seno de una familia dedicada al cine: su padre, Joaquín Romero Marchent Gómez ejerció de crítico cinematográfico y director de la revista "Radiocinema" (1938 - 1963), además de productor en títulos como Cielo negro (Manuel Mur Oti, 1951). Sus hermanos, Carlos Romero Marchent y Rafael Romero Marchent se dedicaron a la interpretación, en algunas ocasiones estuvieron dentro del reparto de las películas de Joaquín, pero fue Rafael quien recogió el testigo pasándose a la dirección, primero como ayudante de su hermano y luego asumiendo la realización de sus propias películas; algunas de ellas con gran popularidad dentro del denominado spaghetti western, tales como Garringo (1969) o Manos torpes (1970). Por último, su hermana Ana María Romero Marchent, ejerció de montadora en films como el ya citado Garringo, así como de profesora de la materia en la Escuela Oficial de Cinematografía (EOC).

Con tales precedentes, sorprende que Joaquín en un principio quisiera dedicarse al fútbol, una de sus grandes pasiones, que llegó a convertirse en profesión al fichar por un equipo gallego de segunda división. Una lesión de menisco le impidió seguir jugando y gracias a los contactos de su padre se introduce en el cine, primero como meritorio y después como segundo y primer ayudante de dirección a las órdenes de directores como Luis Lucia o Francisco Rovira Beleta.

Toda esta información, se puede consultar en un magnífico libro de Carlos Aguilar: "Joaquín Romero Marchent, la firmeza del profesional" (Diputación de Almería, 1999), posiblemente el estudio más completo que existe sobre el director español, ya que está basado en una entrevista de Aguilar a Romero Marchent, y sus declaraciones arrojan la luz suficiente para el acercamiento adecuado a su figura. En vista del interés del libro y de que actualmente se encuentra descatalogado, lo usaré como fuente principal para el recuerdo a este excepcional cineasta, y en más de una ocasión sus propias palabras servirán para ilustrar de manera inmejorable sus distintas etapas, de las cuales me centraré solo en sus westerns; por cantidad y calidad principalmente, así como para reivindicar a Romero Marchent como un pionero del género en España y en Europa, tal y como veremos a continuación.


Tras debutar en la dirección con un policíaco, Juzgado Permanente (1953) y acometer justo después una nueva versión de Sor Angélica (1954), un drama muy popular de los años treinta, a Romero Marchent le encargan la realización de dos películas que se rodarán simultáneamente para aprovechar decorados, actores y gastos en general: El Coyote y La justicia del Coyote (1955). Se trata de una producción de Eduardo Manzanos, figura imprescindible dentro del cine de género popular europeo de los años sesenta y setenta, en coproducción con México (oficiosa, según cuenta Carlos Aguilar en el libro, es decir, no declarada) y adaptando uno de los personajes más conocidos de la literatura pulp española; "El Coyote" de José Mallorquí. Se puede considerar a este díptico, y sin murcho margen de error, como el primer western rodado en España, ya que aunque existen ejemplos anteriores (1), se tratan en realidad de parodias o segmentos al estilo de la simpática secuencia onírica que aparece en ¡Bienvenido, Mr. Marshall! (Luis García Berlanga; 1953), mediante un sueño del personaje de José Isbert. Por otra parte, el personaje creado por Mallorquí, aunque tiene reminiscencias de "El Zorro" de Johnston McCulley, recrea una especie de Oeste español, ya que la acción transcurre en California durante el virreinato de Nueva España (1535-1821). El ingrediente hispánico que añade Mallorquí, unido a su amplio conocimiento del Oeste americano fue una de las claves del éxito de sus novelas en España, y no sería descabellado afirmar que el novelista primero, y Romero Marchent después como director de cine, son los verdaderos pioneros del género en nuestro país.

Aunque El Coyote y La justicia del Coyote no deja de ser un intento de explotar el filón mexicano de héroes enmascarados de la época, con el protagonismo del muy popular por entonces Abel Salazar (más aún con la posterior El vampiro de Fernando Méndez; 1957), no carece del todo de interés, en gran parte por la realización de Romero Marchent, que suple con imaginación las carencias de presupuesto. Jesús Franco, otro director importante dentro del cine de género español, participa como guionista y no será la última vez que colabore con Marchent en dicho cometido.


Inmediatamente después de esta etapa, se ve obligado a trabajar en el género español por excelencia: la comedia, realizando películas de carácter casi neorrealista tan importantes como Fulano y Mengano (1956), y no sería hasta 1962 cuando emprende el rodaje de un nuevo western, La venganza del Zorro, en lo que viene a ser una renovación del díptico sobre "El Coyote" pero en color y con más medios de producción, manteniendo parte del equipo (el productor Eduardo Manzanos, José Mallorquí y Jesús Franco en el guión). Curiosamente de este personaje también surgiría un díptico, ya que Alberto Grimaldi, mítico productor italiano que algunos años más tarde alcanzaría el éxito con Sergio Leone primero, Federico Fellini o Bernardo Bertolucci después, compró los derechos para su explotación mundial y animado por los beneficios obtenidos impulsó el segundo título con "El Zorro" como protagonista: Cabalgando hacia la muerte (1962), de nuevo con Marchent y Mallorquí en la dirección y el guión respectivamente. Al igual que los Coyotes, el díptico sobre "El Zorro" no deja de ser un western solo en parte, ya que son películas populares de acción, cuya finalidad es la de ser explotadas como seriales, pero sin lugar a dudas constituyen el inicio de una nueva industria en España: para el rodaje de Cabalgando hacia la muerte, Grimaldi y Manzanos deciden construir un poblado del Oeste, concretamente en Hoyo de Manzanares, primera construcción de estas características en el país, con el importante impacto que generó en el devenir del eurowestern o spaghetti western.


También sería producido por Grimaldi y Manzanos su siguiente western, Tres hombres buenos (1963), adaptando José Mallorquí su propia novela del mismo título, con el poblado de Hoyo de Manzanares ya a pleno rendimiento y por primera vez afrontando el género de manera clásica, sin influencias culturales externas. Fernando Sancho y Aldo Sambrell, futuras estrellas del western europeo, aparecen por primera vez en un reparto del género, del cual también forman parte Paul Piaget y Robert Hundar (pseudónimo de Claudio Undari), dos de los actores que más han trabajado con Romero Marchent y que repetirán en sus siguientes películas.


A estas alturas, por si fuera poco haber contribuido a la creación del western español, e impulsar la construcción del primer poblado del oeste en el país, para su siguiente película, El sabor de la venganza (1963), primera obra maestra de su filmografía dentro del género, hay que añadir otro logro pionero a la carrera de Marchent: el descubrimiento de Almería como localización clave para el futuro devenir del eurowestern. El propio director se lo cuenta así a Carlos Aguilar:

"Antes de El sabor de la venganza solo se había rodado un western en Almería, Tierra Brutal (1962), dirigido por un inglés, Michael Carreras. El director de fotografía, Alfredo Fraile, era muy amigo mío y coincidimos en el estudio donde veían la proyección. Entré con él en la sala, con interés ya que se trataba de un género que estaba tocando yo, y me quedé alucinado con aquellos paisajes. Le pregunté a Fraile dónde estaba rodado aquello y él me contestó que en Almería. Como puedes imaginarte, me faltó tiempo para decirle a Grimaldi que sabía de un sitio ideal en España para rodar nuestros siguientes westerns. En Almería contacté con un taxista maravilloso, Diego, que me enseñó la provincia de cabo a rabo. Fue uno de los individuos más importantes de la historia del cine en Almería, era capaz de meterse con el coche en los sitios más demenciales para enseñarte la localización más insólita. Después de mis películas, este hombre disparó su cotización y ganó mucho dinero trabajando para toda la gente que fue a rodar durante la época dorada de Almeria, empezando por Sergio Leone, por supuesto."


El paisaje almeriense en El sabor de la venganza se convierte en un elemento dramático de primer orden en manos de Romero Marchent, con un nivel técnico muy notable ya dentro del género: una planificación exquisita, un uso envidiable de la profundidad de campo y una fotografía en color prodigiosa de Rafael Pacheco. La música del italiano Riz Ortolani completa la función de manera inmejorable. En el reparto; Richard Harrison, Gloria Milland, Claudio Undari y Fernando Sancho inaugurando su clásico papel de mexicano, tantas y tantas veces repetido en multitud de spaghettis westerns. Se trata de la primera película producida a medias entre Alberto Grimaldi y el propio director, mediante la recién creada Centauro Films. Por primera vez Marchent también es el responsable del guión junto a su hermano Rafael, con una historia de venganza, muy habitual en el género, pero que resuelve a su manera mediante una particular ética de la violencia; ya que conviene recordar que el propio director madrileño se ha visto siempre más cercano al estilo de John Ford o Anthony Mann que al del posterior y más violento spaguetti western surgido a partir de 1964 con Por un puñado de dólares de Sergio Leone.


Llegados a este punto, y sin ánimo de polemizar, ya que tanto el estilo del director madrileño, como el del italiano, me parecen magníficos cada uno a su manera, no estaría mal recordar que Marchent fue decisivo en el advenimiento del enorme éxito que obtendría Leone con Por un puñado de dólares primero, e incluso después con La muerte tenía un precio (1965). A este respecto, las siguientes declaraciones de Marchent así lo atestiguan:

"Hubo que hacerlo todo, partir de cero. Los caballos salían corriendo a derecha o izquierda del encuadre cuando oían "acción", los "especialistas" se daban de morros con el suelo seis o siete veces antes de caer sobre el jinete, nadie sabía desenfundar. Tuvimos que hacerlo todo, hasta la última cartuchera. Cuando llegaron los italianos para hacer los westerns, empezando por Sergio Leone, se encontraron con toda la base profesional e industrial que establecí yo. Es más, Leone rodó Por un puñado de dólares, al noventa por ciento en el poblado de Hoyo de Manzanares y sus alrededores. Y lo hizo con las cosas que nosotros fabricamos para nuestros westerns, con nuestros decoradores, con nuestros "especialistas". Su productor, Alberto Grimaldi, empezó produciendo mis westerns y pudo emprender La muerte tenía un precio gracias al dinero, mucho dinero, que ganó con todos ellos."

Uno de esos westerns de Romero Marchent con los que obtuvo grandes beneficios en todo el mundo Grimaldi, fue el inmediatamente posterior a El sabor de la venganza, Antes llega la muerte (1964). Se trata de la segunda obra maestra de su director en el género, toda una superproducción para la época en el cine español: en total, doce semanas de rodaje, alternando localizaciones en Madrid, Almería y Picos de Europa. En Madrid, cerca de Colmenar Viejo se construyó un fuerte que costó más de tres millones de pesetas. Según Marchent:

"...que era el presupuesto completo de muchas películas españolas de la época. Para que luego digan que mis westerns eran películas menores. Precisamente se hacían en coproducción porque en el cine español no había manera de abordarlos. Por ser demasiado caros, que es justo lo contrario de menores."


El argumento de Antes llega la muerte está basado en una historia real, sobre la muerte de la madre de Joaquín, y repiten Rafael Pacheco y Riz Ortolani, en el cometido fotográfico y musical respectivamente, manteniendo el alto nivel ya alcanzado en El sabor de la venganza. En el reparto nos encontramos con sus habituales Paul Piaget, Claudio Undari, Fernando Sancho, Gloria Milland y la incorporación de Jesús Puente en un rol protagonista. Para el público español, lógicamente Jesús Puente es bastante más conocido a día de hoy por otros cometidos televisivos, mucho más cercanos para el gran público. Como anécdota, Romero Marchent lo deja bastante claro, de esta manera:

"...me parece indignante el tipo de crítica breve que se hace ahora en los periódicos, de cara a las películas que emiten en televisión. Se nota claramente que no han visto casi ninguna de las películas que emiten, se expresan con ironía y hasta desprecio. Recuerdo una vez que se pasó por televisión Antes llega la muerte y la crítica, corta e ignorante, finalizaba diciendo: "Mala, y encima con Jesús Puente". Lo que aquel imbécil claramente ignoraba es que cuando yo hice la película, Jesús Puente era un completo desconocido. Por que no era precisamente el Jesús Puente de los concursos amorosos de la tele, de ahí que se le pudiera escoger para el reparto de un western."


Acto seguido, comienza aquí una etapa algo más floja por parte del director, pero aún dentro del western, con Aventuras del oeste (1965), La muerte cumple condena (1966) y Fedra West (1968). La primera, aún contando con un nivel de producción muy similar a El sabor de la venganza y Antes llega la muerte resulta bastante más fallida, como fallido fue el intento de contratar al legendario y polémico actor alemán Klaus Kinski para el film. Hay una anécdota muy particular sobre ello, que no puedo dejar de recordar mediante estas declaraciones que aparecen, de nuevo, en el libro de Carlos Aguilar sobre su figura:

"Yo no sabía absolutamente nada de él, ni le había visto en ninguna película. Pero me habían comentado que en Alemania daba que hablar por que cuando estaba haciendo un monólogo en el teatro le había partido la cara a un espectador. A mí no me hacía gracia que me trajeran a un tipo así de irascible, pero bueno. El caso es que ya llegó al aeropuerto en plan fanfarrón, y el intérprete me advirtió de lo antipático que era, apenas llegaron a Hoyo de Manzanares. De entrada, insistió en maquillarse él solo. Y lo hizo, pero tirando por el suelo y por los aires todas las cosas de las maquilladoras. Cuando por fin salió maquillado y caracterizado de bandido, dijo que su expresividad era tan especial que exigía un sombrero especial, y no el que habíamos dispuesto para él. Me armé de paciencia, y pedí a las mujeres de vestuario que le mostraran los sombreros que quedaban por adjudicar. Se fue probando los sombreros, uno detrás de otro y tirándolos al suelo. A mí ya me tenía hasta los cojones, y entonces le quitó el sombrero a otro actor diciendo que ese era el que le gustaba. Yo, al borde del disparadero, le dije que ese no podía usarlo, por que tenía raccord. Él respondió que ni raccord ni nada, que él era una estrella y que yo repitiera los planos que ya había hecho con ese actor, poniéndole otro sombrero. Justo ahí fue cuando estallé y le solté cuatro puñetazos que le dejaron medio inconsciente en el suelo. A continuación hice que le devolvieran al aeropuerto. Siendo yo el director y coproductor de la película, un cretino de tal calibre no podía trabajar conmigo. Yo no consiento chulerías ni a Klaus Kinski ni a nadie."

Este carácter colérico de Romero Marchent ha sido muy comentado dentro del cine español, como se puede comprobar en el incidente con Klaus Kinski, aunque a buen seguro también le marcó para siempre, y sin remedio, cuando dirigió sus iras contra Alberto Grimaldi y el spaguetti western en general:
"Un socio de Grimaldi, Salvatore Alabiso, me dijo que por su cuenta había contratado a un par de actores para papeles importantes. Yo le dije que él no era quien para decidir actores, que para eso estaba el director. Estábamos en Roma, en la oficina de Grimaldi, por lo cual me planté en su despacho, le expuse mi indignación y rompí mi contrato en sus narices. Además le dije que estaba hasta los cojones del spaguetti western y de las películas que él hacía con Leone, Corbucci, Sollima y todos los demás italianos. Además, el éxito de Leone había endiosado a Grimaldi en exceso. Se había cambiado a una oficina gigantesca, toda de marmol y lujosísima hasta la locura, hacía películas con Fellini y Bertolucci, se traía a Marlon Brando de Hollywood, se había convertido en el productor más importante e internacional del cine italiano, y lo sabía muy bien."


La última colaboración entre Grimaldi y Marchent se produjo en La muerte cumple condena, un western que si bien no se encuentra entre lo mejor de lo filmado por el madrileño, es bastante superior a Aventuras del oeste y como curiosidad, cuenta con Sergio Donati como guionista, uno de los artífices del argumento de la exitosa La muerte tenía un precio. Caso parecido es el de Fedra West, un encargo del productor José Frade a Romero Marchent, que adapta la tragedia de Eurípides al Oeste, algo que ya habían hecho anteriormente, pero en otros géneros: Manuel Mur Oti en Fedra (1956) y Jules Dassin en Phaedra (1962), pero que en su traslación al western gana en sugerencia; en especial por esa relación casi incestuosa entre los personajes interpretados por Norma Bengell y Simón Andreu.


Hubo que esperar a 1972 para asistir a su tercera obra maestra dentro del género, que también sería su último western para la gran pantalla: Condenados a vivir, que propone una ruptura total con el clasicismo de sus anteriores títulos del Oeste y apuesta por ese estilo violento que Sam Peckinpah había popularizado por esos años. Aunque en principio el tratamiento del film es la antítesis de lo anteriormente realizado por Marchent; el protagonismo del habitual Claudio Undari y los impresionantes parajes naturales nevados de los Picos de Europa (perfectamente retratados en la fotografía de Luis Cuadrado) nos remiten al uso del paisaje como un personaje más, algo que el madrileño siempre había explotado muy bien. Una película sangrienta, que por momentos se acerca al thriller o al terror, con un guión muy bien hilvanado por Santiago Moncada y Romero Marchent, y con la presencia de una joven Emma Cohen como única presencia femenina entre un grupo de condenados a muerte guiados por su padre (Undari) a través de la nieve. Posiblemente la película guarde algún parecido con El gran silencio (Il grande silenzio, SergioCorbucci; 1968), aunque posee identidad propia y lo que sí es más que probable es que Quentin Tarantino se inspirase en ella para llevar a cabo Los odiosos ocho (The Hateful Eight; 2015).


Con todo, Joaquín Romero Marchent volvería al género aunque fuera de manera tangencial, ya que participó en la dirección, creación, producción y coordinación general de Curro Jimenéz, la serie de Televisión Española que arrasó desde 1976 a 1978. Su experiencia en el cine del Oeste, a buen seguro le sirvió para encarar las peripecias serranas del bandolero andaluz, en lo que no deja de ser un western más o menos encubierto.


En definitiva, Joaquín Romero Marchent supone un personaje imprescindible dentro del cine español, pero como ocurre demasiado a menudo con otros profesionales que se tuvieron que dedicar al cine de género en España (Jesús Franco y Eugenio Martín por ejemplo), debían trabajar bajo circunstancias que no eran las más adecuadas, tal y como se lo explica el propio director a Carlos Aguilar:

"...había que rodar acción y aventuras, ya que Censura no te dejaba hacer otra cosa..."

Precisamente del director granadino Eugenio Martín, veo apropiado recuperar unas declaraciones que ilustran a la perfección lo que suponía trabajar en la industria cinematográfica española de los sesenta y setenta:

"Particularmente, me agobiaba la gran responsabilidad de mantener a mi familia. Hay que considerar que haciendo una película como director, ganaba para vivir un año. Pero como para preparar la siguiente podías tardar otro, o rodabas dos películas al año o ganabas menos que un albañil, por muy director de cine que fueras." (2)

Sirvan las palabras de Eugenio Martín como epílogo inmejorable para este recorrido por la vida y obra de Joaquín Romero Marchent, ya que, no por casualidad, el director granadino firmó otro gran clásico del western español como es El precio de un hombre (1966).



(1) Para más información, ver el artículo de Carlos Aguilar "Entre Zorros y Coyotes: la extraña raíz del western hispano-italiano de los años 60" http://www.cervantesvirtual.com/obra/entre-zorros-y-coyotes-la-extrana-raiz-del-western-hispanoitaliano-de-los-anos-60--0/
(2) Extraído de "Eugenio Martín, un autor para todos los géneros", Carlos Aguilar y Anita Haas (Retroback y Séptimo Vicio, 2008)



Reseña escrita por Francisco Javier Arco Pérez

JOAQUÍN ROMERO MARCHENT: PIONERO DEL WESTERN EUROPEO.


Joaquín Luis Romero Hernández Marchent (Madrid, 26 de agosto de 1921 – ibídem, 17 de agosto de 2012) nace en el seno de una familia dedicada al cine: su padre, Joaquín Romero Marchent Gómez ejerció de crítico cinematográfico y director de la revista "Radiocinema" (1938 - 1963), además de productor en títulos como Cielo negro (Manuel Mur Oti, 1951). Sus hermanos, Carlos Romero Marchent y Rafael Romero Marchent se dedicaron a la interpretación, en algunas ocasiones estuvieron dentro del reparto de las películas de Joaquín, pero fue Rafael quien recogió el testigo pasándose a la dirección, primero como ayudante de su hermano y luego asumiendo la realización de sus propias películas; algunas de ellas con gran popularidad dentro del denominado spaghetti western, tales como Garringo (1969) o Manos torpes (1970). Por último, su hermana Ana María Romero Marchent, ejerció de montadora en films como el ya citado Garringo, así como de profesora de la materia en la Escuela Oficial de Cinematografía (EOC).

Con tales precedentes, sorprende que Joaquín en un principio quisiera dedicarse al fútbol, una de sus grandes pasiones, que llegó a convertirse en profesión al fichar por un equipo gallego de segunda división. Una lesión de menisco le impidió seguir jugando y gracias a los contactos de su padre se introduce en el cine, primero como meritorio y después como segundo y primer ayudante de dirección a las órdenes de directores como Luis Lucia o Francisco Rovira Beleta.

Toda esta información, se puede consultar en un magnífico libro de Carlos Aguilar: "Joaquín Romero Marchent, la firmeza del profesional" (Diputación de Almería, 1999), posiblemente el estudio más completo que existe sobre el director español, ya que está basado en una entrevista de Aguilar a Romero Marchent, y sus declaraciones arrojan la luz suficiente para el acercamiento adecuado a su figura. En vista del interés del libro y de que actualmente se encuentra descatalogado, lo usaré como fuente principal para el recuerdo a este excepcional cineasta, y en más de una ocasión sus propias palabras servirán para ilustrar de manera inmejorable sus distintas etapas, de las cuales me centraré solo en sus westerns; por cantidad y calidad principalmente, así como para reivindicar a Romero Marchent como un pionero del género en España y en Europa, tal y como veremos a continuación.


Tras debutar en la dirección con un policíaco, Juzgado Permanente (1953) y acometer justo después una nueva versión de Sor Angélica (1954), un drama muy popular de los años treinta, a Romero Marchent le encargan la realización de dos películas que se rodarán simultáneamente para aprovechar decorados, actores y gastos en general: El Coyote y La justicia del Coyote (1955). Se trata de una producción de Eduardo Manzanos, figura imprescindible dentro del cine de género popular europeo de los años sesenta y setenta, en coproducción con México (oficiosa, según cuenta Carlos Aguilar en el libro, es decir, no declarada) y adaptando uno de los personajes más conocidos de la literatura pulp española; "El Coyote" de José Mallorquí. Se puede considerar a este díptico, y sin murcho margen de error, como el primer western rodado en España, ya que aunque existen ejemplos anteriores (1), se tratan en realidad de parodias o segmentos al estilo de la simpática secuencia onírica que aparece en ¡Bienvenido, Mr. Marshall! (Luis García Berlanga; 1953), mediante un sueño del personaje de José Isbert. Por otra parte, el personaje creado por Mallorquí, aunque tiene reminiscencias de "El Zorro" de Johnston McCulley, recrea una especie de Oeste español, ya que la acción transcurre en California durante el virreinato de Nueva España (1535-1821). El ingrediente hispánico que añade Mallorquí, unido a su amplio conocimiento del Oeste americano fue una de las claves del éxito de sus novelas en España, y no sería descabellado afirmar que el novelista primero, y Romero Marchent después como director de cine, son los verdaderos pioneros del género en nuestro país.

Aunque El Coyote y La justicia del Coyote no deja de ser un intento de explotar el filón mexicano de héroes enmascarados de la época, con el protagonismo del muy popular por entonces Abel Salazar (más aún con la posterior El vampiro de Fernando Méndez; 1957), no carece del todo de interés, en gran parte por la realización de Romero Marchent, que suple con imaginación las carencias de presupuesto. Jesús Franco, otro director importante dentro del cine de género español, participa como guionista y no será la última vez que colabore con Marchent en dicho cometido.


Inmediatamente después de esta etapa, se ve obligado a trabajar en el género español por excelencia: la comedia, realizando películas de carácter casi neorrealista tan importantes como Fulano y Mengano (1956), y no sería hasta 1962 cuando emprende el rodaje de un nuevo western, La venganza del Zorro, en lo que viene a ser una renovación del díptico sobre "El Coyote" pero en color y con más medios de producción, manteniendo parte del equipo (el productor Eduardo Manzanos, José Mallorquí y Jesús Franco en el guión). Curiosamente de este personaje también surgiría un díptico, ya que Alberto Grimaldi, mítico productor italiano que algunos años más tarde alcanzaría el éxito con Sergio Leone primero, Federico Fellini o Bernardo Bertolucci después, compró los derechos para su explotación mundial y animado por los beneficios obtenidos impulsó el segundo título con "El Zorro" como protagonista: Cabalgando hacia la muerte (1962), de nuevo con Marchent y Mallorquí en la dirección y el guión respectivamente. Al igual que los Coyotes, el díptico sobre "El Zorro" no deja de ser un western solo en parte, ya que son películas populares de acción, cuya finalidad es la de ser explotadas como seriales, pero sin lugar a dudas constituyen el inicio de una nueva industria en España: para el rodaje de Cabalgando hacia la muerte, Grimaldi y Manzanos deciden construir un poblado del Oeste, concretamente en Hoyo de Manzanares, primera construcción de estas características en el país, con el importante impacto que generó en el devenir del eurowestern o spaghetti western.


También sería producido por Grimaldi y Manzanos su siguiente western, Tres hombres buenos (1963), adaptando José Mallorquí su propia novela del mismo título, con el poblado de Hoyo de Manzanares ya a pleno rendimiento y por primera vez afrontando el género de manera clásica, sin influencias culturales externas. Fernando Sancho y Aldo Sambrell, futuras estrellas del western europeo, aparecen por primera vez en un reparto del género, del cual también forman parte Paul Piaget y Robert Hundar (pseudónimo de Claudio Undari), dos de los actores que más han trabajado con Romero Marchent y que repetirán en sus siguientes películas.


A estas alturas, por si fuera poco haber contribuido a la creación del western español, e impulsar la construcción del primer poblado del oeste en el país, para su siguiente película, El sabor de la venganza (1963), primera obra maestra de su filmografía dentro del género, hay que añadir otro logro pionero a la carrera de Marchent: el descubrimiento de Almería como localización clave para el futuro devenir del eurowestern. El propio director se lo cuenta así a Carlos Aguilar:

"Antes de El sabor de la venganza solo se había rodado un western en Almería, Tierra Brutal (1962), dirigido por un inglés, Michael Carreras. El director de fotografía, Alfredo Fraile, era muy amigo mío y coincidimos en el estudio donde veían la proyección. Entré con él en la sala, con interés ya que se trataba de un género que estaba tocando yo, y me quedé alucinado con aquellos paisajes. Le pregunté a Fraile dónde estaba rodado aquello y él me contestó que en Almería. Como puedes imaginarte, me faltó tiempo para decirle a Grimaldi que sabía de un sitio ideal en España para rodar nuestros siguientes westerns. En Almería contacté con un taxista maravilloso, Diego, que me enseñó la provincia de cabo a rabo. Fue uno de los individuos más importantes de la historia del cine en Almería, era capaz de meterse con el coche en los sitios más demenciales para enseñarte la localización más insólita. Después de mis películas, este hombre disparó su cotización y ganó mucho dinero trabajando para toda la gente que fue a rodar durante la época dorada de Almeria, empezando por Sergio Leone, por supuesto."


El paisaje almeriense en El sabor de la venganza se convierte en un elemento dramático de primer orden en manos de Romero Marchent, con un nivel técnico muy notable ya dentro del género: una planificación exquisita, un uso envidiable de la profundidad de campo y una fotografía en color prodigiosa de Rafael Pacheco. La música del italiano Riz Ortolani completa la función de manera inmejorable. En el reparto; Richard Harrison, Gloria Milland, Claudio Undari y Fernando Sancho inaugurando su clásico papel de mexicano, tantas y tantas veces repetido en multitud de spaghettis westerns. Se trata de la primera película producida a medias entre Alberto Grimaldi y el propio director, mediante la recién creada Centauro Films. Por primera vez Marchent también es el responsable del guión junto a su hermano Rafael, con una historia de venganza, muy habitual en el género, pero que resuelve a su manera mediante una particular ética de la violencia; ya que conviene recordar que el propio director madrileño se ha visto siempre más cercano al estilo de John Ford o Anthony Mann que al del posterior y más violento spaguetti western surgido a partir de 1964 con Por un puñado de dólares de Sergio Leone.


Llegados a este punto, y sin ánimo de polemizar, ya que tanto el estilo del director madrileño, como el del italiano, me parecen magníficos cada uno a su manera, no estaría mal recordar que Marchent fue decisivo en el advenimiento del enorme éxito que obtendría Leone con Por un puñado de dólares primero, e incluso después con La muerte tenía un precio (1965). A este respecto, las siguientes declaraciones de Marchent así lo atestiguan:

"Hubo que hacerlo todo, partir de cero. Los caballos salían corriendo a derecha o izquierda del encuadre cuando oían "acción", los "especialistas" se daban de morros con el suelo seis o siete veces antes de caer sobre el jinete, nadie sabía desenfundar. Tuvimos que hacerlo todo, hasta la última cartuchera. Cuando llegaron los italianos para hacer los westerns, empezando por Sergio Leone, se encontraron con toda la base profesional e industrial que establecí yo. Es más, Leone rodó Por un puñado de dólares, al noventa por ciento en el poblado de Hoyo de Manzanares y sus alrededores. Y lo hizo con las cosas que nosotros fabricamos para nuestros westerns, con nuestros decoradores, con nuestros "especialistas". Su productor, Alberto Grimaldi, empezó produciendo mis westerns y pudo emprender La muerte tenía un precio gracias al dinero, mucho dinero, que ganó con todos ellos."

Uno de esos westerns de Romero Marchent con los que obtuvo grandes beneficios en todo el mundo Grimaldi, fue el inmediatamente posterior a El sabor de la venganza, Antes llega la muerte (1964). Se trata de la segunda obra maestra de su director en el género, toda una superproducción para la época en el cine español: en total, doce semanas de rodaje, alternando localizaciones en Madrid, Almería y Picos de Europa. En Madrid, cerca de Colmenar Viejo se construyó un fuerte que costó más de tres millones de pesetas. Según Marchent:

"...que era el presupuesto completo de muchas películas españolas de la época. Para que luego digan que mis westerns eran películas menores. Precisamente se hacían en coproducción porque en el cine español no había manera de abordarlos. Por ser demasiado caros, que es justo lo contrario de menores."


El argumento de Antes llega la muerte está basado en una historia real, sobre la muerte de la madre de Joaquín, y repiten Rafael Pacheco y Riz Ortolani, en el cometido fotográfico y musical respectivamente, manteniendo el alto nivel ya alcanzado en El sabor de la venganza. En el reparto nos encontramos con sus habituales Paul Piaget, Claudio Undari, Fernando Sancho, Gloria Milland y la incorporación de Jesús Puente en un rol protagonista. Para el público español, lógicamente Jesús Puente es bastante más conocido a día de hoy por otros cometidos televisivos, mucho más cercanos para el gran público. Como anécdota, Romero Marchent lo deja bastante claro, de esta manera:

"...me parece indignante el tipo de crítica breve que se hace ahora en los periódicos, de cara a las películas que emiten en televisión. Se nota claramente que no han visto casi ninguna de las películas que emiten, se expresan con ironía y hasta desprecio. Recuerdo una vez que se pasó por televisión Antes llega la muerte y la crítica, corta e ignorante, finalizaba diciendo: "Mala, y encima con Jesús Puente". Lo que aquel imbécil claramente ignoraba es que cuando yo hice la película, Jesús Puente era un completo desconocido. Por que no era precisamente el Jesús Puente de los concursos amorosos de la tele, de ahí que se le pudiera escoger para el reparto de un western."


Acto seguido, comienza aquí una etapa algo más floja por parte del director, pero aún dentro del western, con Aventuras del oeste (1965), La muerte cumple condena (1966) y Fedra West (1968). La primera, aún contando con un nivel de producción muy similar a El sabor de la venganza y Antes llega la muerte resulta bastante más fallida, como fallido fue el intento de contratar al legendario y polémico actor alemán Klaus Kinski para el film. Hay una anécdota muy particular sobre ello, que no puedo dejar de recordar mediante estas declaraciones que aparecen, de nuevo, en el libro de Carlos Aguilar sobre su figura:

"Yo no sabía absolutamente nada de él, ni le había visto en ninguna película. Pero me habían comentado que en Alemania daba que hablar por que cuando estaba haciendo un monólogo en el teatro le había partido la cara a un espectador. A mí no me hacía gracia que me trajeran a un tipo así de irascible, pero bueno. El caso es que ya llegó al aeropuerto en plan fanfarrón, y el intérprete me advirtió de lo antipático que era, apenas llegaron a Hoyo de Manzanares. De entrada, insistió en maquillarse él solo. Y lo hizo, pero tirando por el suelo y por los aires todas las cosas de las maquilladoras. Cuando por fin salió maquillado y caracterizado de bandido, dijo que su expresividad era tan especial que exigía un sombrero especial, y no el que habíamos dispuesto para él. Me armé de paciencia, y pedí a las mujeres de vestuario que le mostraran los sombreros que quedaban por adjudicar. Se fue probando los sombreros, uno detrás de otro y tirándolos al suelo. A mí ya me tenía hasta los cojones, y entonces le quitó el sombrero a otro actor diciendo que ese era el que le gustaba. Yo, al borde del disparadero, le dije que ese no podía usarlo, por que tenía raccord. Él respondió que ni raccord ni nada, que él era una estrella y que yo repitiera los planos que ya había hecho con ese actor, poniéndole otro sombrero. Justo ahí fue cuando estallé y le solté cuatro puñetazos que le dejaron medio inconsciente en el suelo. A continuación hice que le devolvieran al aeropuerto. Siendo yo el director y coproductor de la película, un cretino de tal calibre no podía trabajar conmigo. Yo no consiento chulerías ni a Klaus Kinski ni a nadie."

Este carácter colérico de Romero Marchent ha sido muy comentado dentro del cine español, como se puede comprobar en el incidente con Klaus Kinski, aunque a buen seguro también le marcó para siempre, y sin remedio, cuando dirigió sus iras contra Alberto Grimaldi y el spaguetti western en general:
"Un socio de Grimaldi, Salvatore Alabiso, me dijo que por su cuenta había contratado a un par de actores para papeles importantes. Yo le dije que él no era quien para decidir actores, que para eso estaba el director. Estábamos en Roma, en la oficina de Grimaldi, por lo cual me planté en su despacho, le expuse mi indignación y rompí mi contrato en sus narices. Además le dije que estaba hasta los cojones del spaguetti western y de las películas que él hacía con Leone, Corbucci, Sollima y todos los demás italianos. Además, el éxito de Leone había endiosado a Grimaldi en exceso. Se había cambiado a una oficina gigantesca, toda de marmol y lujosísima hasta la locura, hacía películas con Fellini y Bertolucci, se traía a Marlon Brando de Hollywood, se había convertido en el productor más importante e internacional del cine italiano, y lo sabía muy bien."


La última colaboración entre Grimaldi y Marchent se produjo en La muerte cumple condena, un western que si bien no se encuentra entre lo mejor de lo filmado por el madrileño, es bastante superior a Aventuras del oeste y como curiosidad, cuenta con Sergio Donati como guionista, uno de los artífices del argumento de la exitosa La muerte tenía un precio. Caso parecido es el de Fedra West, un encargo del productor José Frade a Romero Marchent, que adapta la tragedia de Eurípides al Oeste, algo que ya habían hecho anteriormente, pero en otros géneros: Manuel Mur Oti en Fedra (1956) y Jules Dassin en Phaedra (1962), pero que en su traslación al western gana en sugerencia; en especial por esa relación casi incestuosa entre los personajes interpretados por Norma Bengell y Simón Andreu.


Hubo que esperar a 1972 para asistir a su tercera obra maestra dentro del género, que también sería su último western para la gran pantalla: Condenados a vivir, que propone una ruptura total con el clasicismo de sus anteriores títulos del Oeste y apuesta por ese estilo violento que Sam Peckinpah había popularizado por esos años. Aunque en principio el tratamiento del film es la antítesis de lo anteriormente realizado por Marchent; el protagonismo del habitual Claudio Undari y los impresionantes parajes naturales nevados de los Picos de Europa (perfectamente retratados en la fotografía de Luis Cuadrado) nos remiten al uso del paisaje como un personaje más, algo que el madrileño siempre había explotado muy bien. Una película sangrienta, que por momentos se acerca al thriller o al terror, con un guión muy bien hilvanado por Santiago Moncada y Romero Marchent, y con la presencia de una joven Emma Cohen como única presencia femenina entre un grupo de condenados a muerte guiados por su padre (Undari) a través de la nieve. Posiblemente la película guarde algún parecido con El gran silencio (Il grande silenzio, SergioCorbucci; 1968), aunque posee identidad propia y lo que sí es más que probable es que Quentin Tarantino se inspirase en ella para llevar a cabo Los odiosos ocho (The Hateful Eight; 2015).


Con todo, Joaquín Romero Marchent volvería al género aunque fuera de manera tangencial, ya que participó en la dirección, creación, producción y coordinación general de Curro Jimenéz, la serie de Televisión Española que arrasó desde 1976 a 1978. Su experiencia en el cine del Oeste, a buen seguro le sirvió para encarar las peripecias serranas del bandolero andaluz, en lo que no deja de ser un western más o menos encubierto.


En definitiva, Joaquín Romero Marchent supone un personaje imprescindible dentro del cine español, pero como ocurre demasiado a menudo con otros profesionales que se tuvieron que dedicar al cine de género en España (Jesús Franco y Eugenio Martín por ejemplo), debían trabajar bajo circunstancias que no eran las más adecuadas, tal y como se lo explica el propio director a Carlos Aguilar:

"...había que rodar acción y aventuras, ya que Censura no te dejaba hacer otra cosa..."

Precisamente del director granadino Eugenio Martín, veo apropiado recuperar unas declaraciones que ilustran a la perfección lo que suponía trabajar en la industria cinematográfica española de los sesenta y setenta:

"Particularmente, me agobiaba la gran responsabilidad de mantener a mi familia. Hay que considerar que haciendo una película como director, ganaba para vivir un año. Pero como para preparar la siguiente podías tardar otro, o rodabas dos películas al año o ganabas menos que un albañil, por muy director de cine que fueras." (2)

Sirvan las palabras de Eugenio Martín como epílogo inmejorable para este recorrido por la vida y obra de Joaquín Romero Marchent, ya que, no por casualidad, el director granadino firmó otro gran clásico del western español como es El precio de un hombre (1966).



(1) Para más información, ver el artículo de Carlos Aguilar "Entre Zorros y Coyotes: la extraña raíz del western hispano-italiano de los años 60" http://www.cervantesvirtual.com/obra/entre-zorros-y-coyotes-la-extrana-raiz-del-western-hispanoitaliano-de-los-anos-60--0/
(2) Extraído de "Eugenio Martín, un autor para todos los géneros", Carlos Aguilar y Anita Haas (Retroback y Séptimo Vicio, 2008)



Reseña escrita por Francisco Javier Arco Pérez

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