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Con el spaguetti-western surgiría de nuevo el gusto por ver cine del Oeste, un género ya gastado a principios de la década de los 60 y donde el público había perdido el interés por ver filmes de este tipo, ya que sus películas tendían a repetir hasta la saciedad historias donde el pistolero "bueno" se enfrentaba al pistolero "malo" de turno, siempre resaltando en demasía la bondad frente la maldad de cada uno de sus personajes. Con el spaguetti-western se aplica un radical lavado de cara sobre este género cinematográfico, ofreciéndonos un Oeste más salvaje y violento del que nos tenía acostumbrados hasta el momento, presentándonos héroes (bueno, mejor dicho antihéroes) menos bondadosos en cuanto a ayudar al prójimo y más egoístas en el plano de conseguir sus objetivos. Los villanos son pistoleros rudos al que no les tiembla el pulso a la hora de apretar el gatillo de sus revólveres. Un cambio de imagen que chocaba con la suavizada e inocente acción de los western procedentes del territorio norteamericano que habían gustado mucho en su momento pero que en los años 60 parecían demasiados ingenuos en cuestión de su tratamiento.

el bueno, el feo y el malo

Hubieron realizadores como Sergio Corbucci ("Django (1966)"), Ducci Tessari ("Una pistola para Ringo (1965)") o Enzo G. Castellari ("Mátalos y vuelve (1968)") pero fue Sergio Leone con la "Trilogía del dólar" y "Hasta que llegó su hora (1968)" quien encumbraría la popularidad de este subgénero cinematográfico. La mítica trilogía se iniciaría con "Un puñado de dólares (1964)", un film de modesto presupuesto que lanzaría a la fama a un joven Clint Eastwood que había estado acomodado durante siete años en una seria televisiva titulada "Rawhide". No fue la primera incursión de Eastwood en la gran pantalla ya que había tenido anteriormente sus pinitos cinematográficos en películas como "La venganza del monstruo (1955)", "Tarántula (1955)" o "La escuadrilla Lafayette (1958)", todas éstas ejerciendo una breve aparición que ni si quieran le acreditaban su participación.

el bueno, el feo y el malo

La particularidad del personaje de Eastwood, que continuaría en el resto de la trilogía, es que es un pistolero con la ausencia de un nombre que le identificara. Además de poseer un rostro inexpresivo, llevar una barba de varios días, usar poncho donde esconder su revolver y por tener una excesiva afición al consumo de tabaco (una afición que se trasladaría a la vida real ya que se comenta que Leone le obligaba a fumar de verdad para dar mayor realismo a su personaje). Tras "Por un puñado de dólares" la trilogía proseguiría con "La muerte tenía un precio (1965)", mi favorita de las tres películas, para finalmente terminar con la monumental "El bueno, el feo y el malo", un film que a diferencia del primero contaría con un enorme presupuesto (más de un millón de dólares y donde Eastwood se llevaría para su bolsillo la más que respetable cantidad de 250.000 dólares).

el bueno, el feo y el malo

"El bueno, el feo y el malo", película en la que me centro en esta ocasión, fue escrita por el propio Leone en colaboración con Luciano Vicenzoni, también conocido como "el médico de los guiones", un guionista donde escribió durante su trayectoria profesional para más de 60 películas italianas. La película nos situaría en La Guerra de Secesión donde un pistolero de pocas palabras con el apodo de "El Rubio" (El bueno) y su compañero Tuco (El feo), un buscado bandido donde ambos utilizan su condición para sacar partido de ella (Rubio captura a Tuco, cobra su recompensa y en el momento de su ejecución lo salva para posteriormente repartirse entre los dos la preciada recompensa) y un peligroso pistolero a sueldo llamado "Sentencia" (El malo) luchan por conseguir un tesoro compuesto por monedas de oro pertenecientes al ejercito confederado y donde yace escondido en la tumba de un cementerio.


el bueno, el feo y el malo

Escenas de primeros planos y largos silencios, centrados en las miradas, la mayor parte de ellas de desafío, adornadas de paisajes áridos y polvorientos dominarían el metraje extenso de la película (2 horas y media). Escenas, todas ellas, realizadas meticulosamente por Sergio Leone y acompañadas por la mítica música del maestro Ennio Morricone, un elemento imprescindible en el cine de Leone, caracterizada en esta obra por la mezcla de dramáticas melodías y el uso de estridentes voces y sonidos de silbidos. Uno de los detalles de la composición musical de Morricone en el film es que esta dividida de diferentes partituras, aplicadas según el personaje que hace aparición en la escena (para el personaje de Eastwood el sonido de una flauta, para el de Tuco el uso de voces y para Sentencia la utilización de una ocarina). En el panel interpretativo acompañando a Clint Eastwood nos encontraríamos con Eli Wallach (genial actor visto en clásicos del western norteamericano como son "Los siete magníficos (1960)" y "La conquista del Oeste (1962)") representando a Tuco, un personaje que aporta los momentos cómicos del film y a pesar de su condición de bandido sabe ganarnos por el carisma y simpatía que transmite.

el bueno, el feo y el malo


Para el papel de el malo, el de Sentencia, Leone escogería a Lee Van Cleef, actor que ya había tenido en sus filas en "La muerte tenía un precio" y del que siempre tuvo predilección después de verlo de villano en "Sólo ante el peligro (1952)" y "El hombre que mató a Liberty Valance (1962)". Gracias a Leone, Lee Van Cleef recuperaría importancia en la meca del cine convertiéndose en un actor clave en el spaguetti western. "El bueno, el feo y el malo", al igual que el resto de la trilogía, fue un gran escaparate para España ya que la mayor parte de los filmes fue rodada en tierras españolas. El desierto de Tabernas (situado en Almeria), también conocido por formar parte de los decorados de "Lawrence de Arabia (1962)", "Cleopatra (1963)" y recientemente en "Exodus" de Ridley Scott, fue fundamental en la acción de la película.

el bueno, el feo y el malo

Completando los decorados de "El bueno, el feo y el malo" habría que mencionar, La Sierra de Demanda y el río Arlanza, situados en la provincia de Burgos. Entre sus escenas más recordadas, el duelo a tres bandas entre Eastwood, Wallach y Lee Van Cleef, una secuencia homenajeada por Quentin Tarantino en "Reservoir dogs (1992)". Otros de los momentos para el recuerdo, la explosión del puente de Langston, secuencia donde el puente fue construido por ingenieros del ejercito español y que tuvo como anécdota su explosión sin haberse grabado por ninguna cámara. Un malentendido entre el capitán encargado de volar el puente y Sergio Leone fue el causante, por lo que se tuvo, muy a su pesar, construir de nuevo el puente para el escena.

Frases para recordar:

"Duermo tranquilo porque mi peor enemigo vela por mí".

"El mundo se divide en dos, Tuco. Los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tengo yo así que ya puedes coger la pala".

"En donde nacimos, para no morir de hambre había que elegir ser cura o bandido".


el bueno, el feo y el malo
el bueno, el feo y el malo













Título original: ll buono, il brutto, il cattivo.

Director: Sergio Leone.

Interpretes: Clint EastwoodLee Van CleefEli WallachAldo GiuffrèMario BregaRada Rassimov.

Trailer:


Escena:


B.S.O.:



Información complementaria:

Reseña escrita por Jesús Fariña 

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EL BUENO, EL FEO Y EL MALO (1966). Capítulo final de la trilogía del dólar.

Con el spaguetti-western surgiría de nuevo el gusto por ver cine del Oeste, un género ya gastado a principios de la década de los 60 y donde el público había perdido el interés por ver filmes de este tipo, ya que sus películas tendían a repetir hasta la saciedad historias donde el pistolero "bueno" se enfrentaba al pistolero "malo" de turno, siempre resaltando en demasía la bondad frente la maldad de cada uno de sus personajes. Con el spaguetti-western se aplica un radical lavado de cara sobre este género cinematográfico, ofreciéndonos un Oeste más salvaje y violento del que nos tenía acostumbrados hasta el momento, presentándonos héroes (bueno, mejor dicho antihéroes) menos bondadosos en cuanto a ayudar al prójimo y más egoístas en el plano de conseguir sus objetivos. Los villanos son pistoleros rudos al que no les tiembla el pulso a la hora de apretar el gatillo de sus revólveres. Un cambio de imagen que chocaba con la suavizada e inocente acción de los western procedentes del territorio norteamericano que habían gustado mucho en su momento pero que en los años 60 parecían demasiados ingenuos en cuestión de su tratamiento.

el bueno, el feo y el malo

Hubieron realizadores como Sergio Corbucci ("Django (1966)"), Ducci Tessari ("Una pistola para Ringo (1965)") o Enzo G. Castellari ("Mátalos y vuelve (1968)") pero fue Sergio Leone con la "Trilogía del dólar" y "Hasta que llegó su hora (1968)" quien encumbraría la popularidad de este subgénero cinematográfico. La mítica trilogía se iniciaría con "Un puñado de dólares (1964)", un film de modesto presupuesto que lanzaría a la fama a un joven Clint Eastwood que había estado acomodado durante siete años en una seria televisiva titulada "Rawhide". No fue la primera incursión de Eastwood en la gran pantalla ya que había tenido anteriormente sus pinitos cinematográficos en películas como "La venganza del monstruo (1955)", "Tarántula (1955)" o "La escuadrilla Lafayette (1958)", todas éstas ejerciendo una breve aparición que ni si quieran le acreditaban su participación.

el bueno, el feo y el malo

La particularidad del personaje de Eastwood, que continuaría en el resto de la trilogía, es que es un pistolero con la ausencia de un nombre que le identificara. Además de poseer un rostro inexpresivo, llevar una barba de varios días, usar poncho donde esconder su revolver y por tener una excesiva afición al consumo de tabaco (una afición que se trasladaría a la vida real ya que se comenta que Leone le obligaba a fumar de verdad para dar mayor realismo a su personaje). Tras "Por un puñado de dólares" la trilogía proseguiría con "La muerte tenía un precio (1965)", mi favorita de las tres películas, para finalmente terminar con la monumental "El bueno, el feo y el malo", un film que a diferencia del primero contaría con un enorme presupuesto (más de un millón de dólares y donde Eastwood se llevaría para su bolsillo la más que respetable cantidad de 250.000 dólares).

el bueno, el feo y el malo

"El bueno, el feo y el malo", película en la que me centro en esta ocasión, fue escrita por el propio Leone en colaboración con Luciano Vicenzoni, también conocido como "el médico de los guiones", un guionista donde escribió durante su trayectoria profesional para más de 60 películas italianas. La película nos situaría en La Guerra de Secesión donde un pistolero de pocas palabras con el apodo de "El Rubio" (El bueno) y su compañero Tuco (El feo), un buscado bandido donde ambos utilizan su condición para sacar partido de ella (Rubio captura a Tuco, cobra su recompensa y en el momento de su ejecución lo salva para posteriormente repartirse entre los dos la preciada recompensa) y un peligroso pistolero a sueldo llamado "Sentencia" (El malo) luchan por conseguir un tesoro compuesto por monedas de oro pertenecientes al ejercito confederado y donde yace escondido en la tumba de un cementerio.


el bueno, el feo y el malo

Escenas de primeros planos y largos silencios, centrados en las miradas, la mayor parte de ellas de desafío, adornadas de paisajes áridos y polvorientos dominarían el metraje extenso de la película (2 horas y media). Escenas, todas ellas, realizadas meticulosamente por Sergio Leone y acompañadas por la mítica música del maestro Ennio Morricone, un elemento imprescindible en el cine de Leone, caracterizada en esta obra por la mezcla de dramáticas melodías y el uso de estridentes voces y sonidos de silbidos. Uno de los detalles de la composición musical de Morricone en el film es que esta dividida de diferentes partituras, aplicadas según el personaje que hace aparición en la escena (para el personaje de Eastwood el sonido de una flauta, para el de Tuco el uso de voces y para Sentencia la utilización de una ocarina). En el panel interpretativo acompañando a Clint Eastwood nos encontraríamos con Eli Wallach (genial actor visto en clásicos del western norteamericano como son "Los siete magníficos (1960)" y "La conquista del Oeste (1962)") representando a Tuco, un personaje que aporta los momentos cómicos del film y a pesar de su condición de bandido sabe ganarnos por el carisma y simpatía que transmite.

el bueno, el feo y el malo


Para el papel de el malo, el de Sentencia, Leone escogería a Lee Van Cleef, actor que ya había tenido en sus filas en "La muerte tenía un precio" y del que siempre tuvo predilección después de verlo de villano en "Sólo ante el peligro (1952)" y "El hombre que mató a Liberty Valance (1962)". Gracias a Leone, Lee Van Cleef recuperaría importancia en la meca del cine convertiéndose en un actor clave en el spaguetti western. "El bueno, el feo y el malo", al igual que el resto de la trilogía, fue un gran escaparate para España ya que la mayor parte de los filmes fue rodada en tierras españolas. El desierto de Tabernas (situado en Almeria), también conocido por formar parte de los decorados de "Lawrence de Arabia (1962)", "Cleopatra (1963)" y recientemente en "Exodus" de Ridley Scott, fue fundamental en la acción de la película.

el bueno, el feo y el malo

Completando los decorados de "El bueno, el feo y el malo" habría que mencionar, La Sierra de Demanda y el río Arlanza, situados en la provincia de Burgos. Entre sus escenas más recordadas, el duelo a tres bandas entre Eastwood, Wallach y Lee Van Cleef, una secuencia homenajeada por Quentin Tarantino en "Reservoir dogs (1992)". Otros de los momentos para el recuerdo, la explosión del puente de Langston, secuencia donde el puente fue construido por ingenieros del ejercito español y que tuvo como anécdota su explosión sin haberse grabado por ninguna cámara. Un malentendido entre el capitán encargado de volar el puente y Sergio Leone fue el causante, por lo que se tuvo, muy a su pesar, construir de nuevo el puente para el escena.

Frases para recordar:

"Duermo tranquilo porque mi peor enemigo vela por mí".

"El mundo se divide en dos, Tuco. Los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tengo yo así que ya puedes coger la pala".

"En donde nacimos, para no morir de hambre había que elegir ser cura o bandido".


el bueno, el feo y el malo
el bueno, el feo y el malo













Título original: ll buono, il brutto, il cattivo.

Director: Sergio Leone.

Interpretes: Clint EastwoodLee Van CleefEli WallachAldo GiuffrèMario BregaRada Rassimov.

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Escena:


B.S.O.:



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Reseña escrita por Jesús Fariña 

Sígueme por: 

Nos encontramos en el París de la Belle Epoque de 1900, durante la III República francesa , cuando se celebró además la gran exposición de París, época en la cual la Alta Burguesía se desenvuelve en medio de lujosas fiestas y una más bien aceptada socialmente promiscuidad, de la cual ya la entonces prensa del corazón se hacía de oro con sus exagerados reportajes sobre los amoríos y rupturas de los grandes magnates y empresarios, llenando los chismes de sociedad. París, 1900. Honoré Lachaille (Maurice Chevalier), un maduro solterón y gran conquistador es el narrador y uno de los protagonistas de la historia. Nos cuenta el cambio de niña a mujer de una joven colegiala llamada Gigi (Leslie Caron), quien vive con su madre(una cantante de Ópera frustrada) y con su abuela, Madame Álvarez (Hermione Gingold), que quiere introducir a su nieta en los ambientes de esa alocada burguesía para ser la nueva amante de un joven millonario y bastante mujeriego, llamado Gastón (Louis Jourdan), el sobrino de Honoré, quien nos introduce en la historia. Se da la circunstancia de que Gastón es un amigo de la familia quien pasa ratos bastante más gratos con la joven Gigí y "Mamita", como él llama a la abuela, jugando a las cartas, que en esos ambientes burgueses llenos de amoríos, rupturas y suicidios por amor, que le tienen al hombre ya aburrido.

gigi

Gastón ve a Gigí como la niña que aún es. Tía Alice (Isabel Jeans), hermana de su abuela una mujer de alto nivel social pero bastante libertina, como era habitual en la burguesía francesa de hace más de un siglo, decide ponerse manos a la obra, cual Pigmalión con Galatea y formar a su sobrina nieta para convertirla en la nueva consorte del millonario Gastón. Con lo que no cuentan todos es que Gigi tiene un espíritu rebelde y a la vez puro que está por encima de ese materialismo y sobre todo detesta esa falsa moral de la apariencia en la que le quiere introducir su tía Alice. Gastón, por su parte también se va dando cuente de que no tiene sentido alguno la vida que lleva y de que siente algo verdaderamente importante por Gigi, que ya no es tan niña. Se puede decir que Vincente Minnelli, Lesie Caron, Alan Jay Lerner y Arthut Freed volvieron de nuevo a la ciudad del amour, París, después de habernos regalado una joya del musical como es "Un americano en París (1951)" para adaptar como musical la novela corta, romántica, de la escritora francesa Colette, escrita en 1944. Hay que decir que se convierte en musical en esta adaptación al cine, corriendo las letras y melodías a cargo de los ya entonces muy prestigiosos Alan Jay Lerner y Frederick Loewe, quienes estaban arrasando en taquilla con su producción "My Fair Lady"- la que yo considero su “joya de la corona- en Broadway. 

gigi

Fueron los elegidos para convertir la novela de collette en el que iba a ser uno de los musicales más taquilleros de la historia de la metro, hasta el punto de que las telefonistas de los famosos estudios llegaban a atender el teléfono diciendo M-Gigi-M. Previamente tuvo un enorme éxito en Broadway, no como musical, con Audrey Hepburn encarnando a la protagonista. Alan Jay Lerner quería para el papel a la propia Audrey, habida cuenta de la enorme química que, además, demostró tener con Maurice Chevalier en la inolvidable "Arianne" (love in the afternoon), realizada un año antes por Billy Wilder, pero Arthur Freed no estaba convencido y quiso apostar sobre seguro con Leslie Caron, con quien ya trabajó en "Un americano en París". Paradójicamente, Leslie Caron, tuvo la desgracia de ver como su voz fue doblada en las canciones por la cantante Betty Wand. Su interpretación como la jovencita colegiala de 17 años, a pesar de que ella ya tenía 27, resultó sin embargo bastante convincente y Caron sale bastante bien parada del envite. Resulta realmente deliciosa. 

gigi

La joven actriz francesa y excelente bailarina, debutó- al ser descubierta por Gene Kelly- en "Un americano en París (1951)", después triunfaría con la deliciosa película musical "Lilí (1953)", de Charles Walters, que junto a Mel Ferrer tuvo un enorme éxito, encarnando a una pobre huerfanita de la que se enamora perdidamente un atormentado veterano de guerra ahora convertido en ventrílocuo y que expresa sus sentimientos por ella a través de sus marionetas. Después vendrían éxitos como "Las zapatillas rojas (1955)" y "Papá piernas largas (1955)". Fuera del género musical nos regaló buenos trabajos en "Operación Whisky (1964)" y "¿Arde París? (1966)" entre otras. Para el papel de Honoré, a quien Lerner otorgó un protagonismo inexistente en la novela de Colette, se contrató al ya entonces veterano, gran actor de Music-Hall y cine y teatro Maurice Chevalier, que se mueve como pez en el agua a lo largo de la cinta, hecho por el cual mucha parte de la Crítica que considera esta película una obra menor del género, acusan a la misma de ser un mero vehículo para el lucimiento personal de Chevalier, pero nada más lejos de la realidad, desde mi punto de vista. 

gigi

Su personaje, siendo un hombre muy adinerado pero de carácter bastante liberal y conquistador, llega al público despertando la simpatía hacia él. Con esa manera de cantar, de hacer esos soliloquios y hasta se permite el lujo de bailar recordando sus años del music-hall, en el precioso número "I’m glad I’m not Young anymore", resultó realmente inolvidable. La Academia ese mismo año, le otorgó un Óscar especial por toda su carrera. En el comienzo canta "Thank Heavens for Little Girls" para hacernos ver a Gigi como la hermosa mujer en la que está a punto de convertirse. Otra escena memorable es cuando se encuentra con Madame Álvarez, quien fue el gran amor de su juventud curiosamente, en la playa cuando está pasando unos días junto a su nieta y Gastón, y cantan recordando su romance la inolvidable "I remembered it well", en la que vemos que Honoré lo recuerda todo distorsionado, siendo ella quien sí se acuerda realmente de todos los detalles de cuando se conocieron., y con el maravilloso atardecer sumamente rojizo presentado por Minnelli, quien demostró su gran pasión por la intensidad de la colorimetría en sus películas, siendo en ésta donde más impone ese personalísimo sello suyo. Maurice Chevalier debutó en los cafés parisinos. Fue herido en la Primera guerra mundial y hecho prisionero por los alemanes. 

gigi

En 1928 comenzó su carrera en Hollywood. Nos regaló una maravillosa interpretación en "La viuda alegre (1934)" de Ernst Lubitsch. Alternó su carrera en su Francia natal con otros títulos como "Ma Pomme". Hay que destacar éxitos como la ya mencionada "Ariane (1957)", "Can-Can (1960)", "Fanny (1960)" (película de Joshua Logan en la que volvió a trabajar junto a Leslie Caron) o "Los hijos del Capitán Grant (1962)" entre otras. Su socarronería y su burla de las convenciones sociales como el matrimonio, que considera aburrido, hacen de su personaje el clásico granuja entrañable. Para el papel de Gastón se contó con Louis Jourdan, la tercera estrella protagonista, también francés. El reparto está realmente bien escogido. Gastón tiene un soliloquio realmente emotivo en el que canta como se da cuenta de que aquella niña con la que jugaba y a la que iba a ver ya se ha convertido en toda una mujer y que está perdidamente enamorado de ella, siendo el tema principal de la película. Jourdan debutó en el cine en una producción francesa, junto a Charles Boyer cuya realización fue interrumpida por el estallido de la Segunda guerra mundial, en 1939, y nunca volvió a retomarse. 

gigi

Formó parte del reparto de "El proceso Paradine (1947)" de Alfred Hitchkock, pero su primer gran éxito le llegaría en 1954 con la inolvidable película de Jean Negulesco "Creemos en el amor". Tuvo el siguiente gran éxito con el clásico de Charles Vidor de 1956 "El Cisne", entrando en el triángulo amoroso junto a Grace Kelly y Alec Guinness en el que interpretó al profesor de una joven candidata a casarse con un príncipe heredero. Tras hacer "Gigi", volvió a coincidir con Chevalier y junto a Frank Sinatra en la divertida "Can-Can". Nos mostró su registro de villano como el malvado Kamal Khan en la película de la saga Bond "Octopussy (1983)". Como secundarias de lujo tenemos a Hermione Gingold e Isabel Jeans como Madame Álvarez (apellido que tomó de un amante español), y Tía Alice, respectivamente. Como Liane, una de las conquistas de Gastón tenemos a la bella actriz de origen húngaro Eva Gabor. El personaje de la abuela de Gigi se va transformando a lo largo de la trama pues se da cuenta de que lo que quiere es que su nieta sea feliz y no acabe como su alocada hermana, quien es una mujer demasiado "práctica" y superficial y para quien la libertina vida burguesa de la época es lo más adecuado para su sobrina nieta. 

gigi

Vincente Minnelli ("El padre de la novia (1950)", "Cautivos del mal (1952)", "Brigadoon (1954)", "Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1962)") compone, con su excelente dirección un cuadro semi impresionista- en la línea de "Un americano en París"- que bien recuerda a los de Monet, o Van Gogh, con esa colorimetría tan fuerte en sus tonos rojizos, como bien se puede comprobar en la casa de Gigi, donde tiene lugar uno de esos momentos apoteósicos del género musical cuando ella, su abuela y Gastón interpretan la inolvidable canción "The night they invented the Champagne", que nos recuerda a "Good Morning" de "Cantando bajo la lluvia (1952)" y a "The rain in Spain" de "My Fair Lady (1964)", con ese estallido de euforia de los protagonistas en el que se marcan hasta un baile, en éste caso Gastón junto a la abuela de Gigi. Para el diseño de vestuario, que lógicamente nos recuerda a "My Fair Lady" se contó con Cecil Beaton, con quien se contó tras su enorme éxito en la producción teatral de dicho musical, y que repetiría en la adaptación de Cukor. Tiene bastantes puntos en común con "My Fair Lady" y no sólo porque estén Lerner y Loewe en el guión y la música, así como André Previn, y Cecil Beaton, sino porque en parte es una especie de adaptación de "Pigmalión" el argumento de la película también. 

gigi

El director filmó, con la excelente colaboración del director de fotografía Harry Stradling jr y en el espectacular formato CinemaScope- en exteriores, como la torre Eiffel y recreó soberbiamente el famoso restaurante Maxim’s donde tienen lugar esos cotilleos sobre los amoríos de tan adinerados personajes. La obertura musical de "Gigi", que es preciosa, y tiene la grandiosidad de las de "West Side Story (1961)" (con aquel cambio de colores) y "My Fair Lady (1964)" (con esas flores del comienzo), está acompañada por dibujos originales del dibujante francés Sem, muy conocido en la época en la que se desarrolla el argumento por sus ilustraciones en revistas y periódicos franceses. La película obtuvo nada más y nada menos que 9 Óscars, convirtiéndose en el musical más premiado en aquel momento, récord que superaría "West Side Story (1961)" tres años después, incluyendo los relativos a la mejor película y al mejor director a parte de varios apartados técnicos. Una brillante comedia musical con un trasfondo realmente lleno de valores y del espíritu rebelde y puro del personaje principal, con ese rechazo al materialismo, las joyas y demás lujos burgueses y ese “guardar las apariencias”, ese mundo de tanta falsedad que rechaza Gigi, que se niega a convertirse en una cortesana, en una amante más del hombre del que está realmente enamorada, ella aspira realmente a otra cosa. 

Frase para recordar: "Créame, Mamita, me divierto más con esta traviesa mocosa, como usted la llama, que con cualquier persona en París".


gigi

Director: Vincente Minnelli.

Intérpretes: Leslie CaronMaurice ChevalierLouis JourdanHermione GingoldJacques Bergerac.


Trailer:



Escena:



B.S.O.:



Información complementaria:

Reseña escrita por Alfonso Torres Gallego 

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GIGI (1958). El musical de Leslie Caron.

Nos encontramos en el París de la Belle Epoque de 1900, durante la III República francesa , cuando se celebró además la gran exposición de París, época en la cual la Alta Burguesía se desenvuelve en medio de lujosas fiestas y una más bien aceptada socialmente promiscuidad, de la cual ya la entonces prensa del corazón se hacía de oro con sus exagerados reportajes sobre los amoríos y rupturas de los grandes magnates y empresarios, llenando los chismes de sociedad. París, 1900. Honoré Lachaille (Maurice Chevalier), un maduro solterón y gran conquistador es el narrador y uno de los protagonistas de la historia. Nos cuenta el cambio de niña a mujer de una joven colegiala llamada Gigi (Leslie Caron), quien vive con su madre(una cantante de Ópera frustrada) y con su abuela, Madame Álvarez (Hermione Gingold), que quiere introducir a su nieta en los ambientes de esa alocada burguesía para ser la nueva amante de un joven millonario y bastante mujeriego, llamado Gastón (Louis Jourdan), el sobrino de Honoré, quien nos introduce en la historia. Se da la circunstancia de que Gastón es un amigo de la familia quien pasa ratos bastante más gratos con la joven Gigí y "Mamita", como él llama a la abuela, jugando a las cartas, que en esos ambientes burgueses llenos de amoríos, rupturas y suicidios por amor, que le tienen al hombre ya aburrido.

gigi

Gastón ve a Gigí como la niña que aún es. Tía Alice (Isabel Jeans), hermana de su abuela una mujer de alto nivel social pero bastante libertina, como era habitual en la burguesía francesa de hace más de un siglo, decide ponerse manos a la obra, cual Pigmalión con Galatea y formar a su sobrina nieta para convertirla en la nueva consorte del millonario Gastón. Con lo que no cuentan todos es que Gigi tiene un espíritu rebelde y a la vez puro que está por encima de ese materialismo y sobre todo detesta esa falsa moral de la apariencia en la que le quiere introducir su tía Alice. Gastón, por su parte también se va dando cuente de que no tiene sentido alguno la vida que lleva y de que siente algo verdaderamente importante por Gigi, que ya no es tan niña. Se puede decir que Vincente Minnelli, Lesie Caron, Alan Jay Lerner y Arthut Freed volvieron de nuevo a la ciudad del amour, París, después de habernos regalado una joya del musical como es "Un americano en París (1951)" para adaptar como musical la novela corta, romántica, de la escritora francesa Colette, escrita en 1944. Hay que decir que se convierte en musical en esta adaptación al cine, corriendo las letras y melodías a cargo de los ya entonces muy prestigiosos Alan Jay Lerner y Frederick Loewe, quienes estaban arrasando en taquilla con su producción "My Fair Lady"- la que yo considero su “joya de la corona- en Broadway. 

gigi

Fueron los elegidos para convertir la novela de collette en el que iba a ser uno de los musicales más taquilleros de la historia de la metro, hasta el punto de que las telefonistas de los famosos estudios llegaban a atender el teléfono diciendo M-Gigi-M. Previamente tuvo un enorme éxito en Broadway, no como musical, con Audrey Hepburn encarnando a la protagonista. Alan Jay Lerner quería para el papel a la propia Audrey, habida cuenta de la enorme química que, además, demostró tener con Maurice Chevalier en la inolvidable "Arianne" (love in the afternoon), realizada un año antes por Billy Wilder, pero Arthur Freed no estaba convencido y quiso apostar sobre seguro con Leslie Caron, con quien ya trabajó en "Un americano en París". Paradójicamente, Leslie Caron, tuvo la desgracia de ver como su voz fue doblada en las canciones por la cantante Betty Wand. Su interpretación como la jovencita colegiala de 17 años, a pesar de que ella ya tenía 27, resultó sin embargo bastante convincente y Caron sale bastante bien parada del envite. Resulta realmente deliciosa. 

gigi

La joven actriz francesa y excelente bailarina, debutó- al ser descubierta por Gene Kelly- en "Un americano en París (1951)", después triunfaría con la deliciosa película musical "Lilí (1953)", de Charles Walters, que junto a Mel Ferrer tuvo un enorme éxito, encarnando a una pobre huerfanita de la que se enamora perdidamente un atormentado veterano de guerra ahora convertido en ventrílocuo y que expresa sus sentimientos por ella a través de sus marionetas. Después vendrían éxitos como "Las zapatillas rojas (1955)" y "Papá piernas largas (1955)". Fuera del género musical nos regaló buenos trabajos en "Operación Whisky (1964)" y "¿Arde París? (1966)" entre otras. Para el papel de Honoré, a quien Lerner otorgó un protagonismo inexistente en la novela de Colette, se contrató al ya entonces veterano, gran actor de Music-Hall y cine y teatro Maurice Chevalier, que se mueve como pez en el agua a lo largo de la cinta, hecho por el cual mucha parte de la Crítica que considera esta película una obra menor del género, acusan a la misma de ser un mero vehículo para el lucimiento personal de Chevalier, pero nada más lejos de la realidad, desde mi punto de vista. 

gigi

Su personaje, siendo un hombre muy adinerado pero de carácter bastante liberal y conquistador, llega al público despertando la simpatía hacia él. Con esa manera de cantar, de hacer esos soliloquios y hasta se permite el lujo de bailar recordando sus años del music-hall, en el precioso número "I’m glad I’m not Young anymore", resultó realmente inolvidable. La Academia ese mismo año, le otorgó un Óscar especial por toda su carrera. En el comienzo canta "Thank Heavens for Little Girls" para hacernos ver a Gigi como la hermosa mujer en la que está a punto de convertirse. Otra escena memorable es cuando se encuentra con Madame Álvarez, quien fue el gran amor de su juventud curiosamente, en la playa cuando está pasando unos días junto a su nieta y Gastón, y cantan recordando su romance la inolvidable "I remembered it well", en la que vemos que Honoré lo recuerda todo distorsionado, siendo ella quien sí se acuerda realmente de todos los detalles de cuando se conocieron., y con el maravilloso atardecer sumamente rojizo presentado por Minnelli, quien demostró su gran pasión por la intensidad de la colorimetría en sus películas, siendo en ésta donde más impone ese personalísimo sello suyo. Maurice Chevalier debutó en los cafés parisinos. Fue herido en la Primera guerra mundial y hecho prisionero por los alemanes. 

gigi

En 1928 comenzó su carrera en Hollywood. Nos regaló una maravillosa interpretación en "La viuda alegre (1934)" de Ernst Lubitsch. Alternó su carrera en su Francia natal con otros títulos como "Ma Pomme". Hay que destacar éxitos como la ya mencionada "Ariane (1957)", "Can-Can (1960)", "Fanny (1960)" (película de Joshua Logan en la que volvió a trabajar junto a Leslie Caron) o "Los hijos del Capitán Grant (1962)" entre otras. Su socarronería y su burla de las convenciones sociales como el matrimonio, que considera aburrido, hacen de su personaje el clásico granuja entrañable. Para el papel de Gastón se contó con Louis Jourdan, la tercera estrella protagonista, también francés. El reparto está realmente bien escogido. Gastón tiene un soliloquio realmente emotivo en el que canta como se da cuenta de que aquella niña con la que jugaba y a la que iba a ver ya se ha convertido en toda una mujer y que está perdidamente enamorado de ella, siendo el tema principal de la película. Jourdan debutó en el cine en una producción francesa, junto a Charles Boyer cuya realización fue interrumpida por el estallido de la Segunda guerra mundial, en 1939, y nunca volvió a retomarse. 

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Formó parte del reparto de "El proceso Paradine (1947)" de Alfred Hitchkock, pero su primer gran éxito le llegaría en 1954 con la inolvidable película de Jean Negulesco "Creemos en el amor". Tuvo el siguiente gran éxito con el clásico de Charles Vidor de 1956 "El Cisne", entrando en el triángulo amoroso junto a Grace Kelly y Alec Guinness en el que interpretó al profesor de una joven candidata a casarse con un príncipe heredero. Tras hacer "Gigi", volvió a coincidir con Chevalier y junto a Frank Sinatra en la divertida "Can-Can". Nos mostró su registro de villano como el malvado Kamal Khan en la película de la saga Bond "Octopussy (1983)". Como secundarias de lujo tenemos a Hermione Gingold e Isabel Jeans como Madame Álvarez (apellido que tomó de un amante español), y Tía Alice, respectivamente. Como Liane, una de las conquistas de Gastón tenemos a la bella actriz de origen húngaro Eva Gabor. El personaje de la abuela de Gigi se va transformando a lo largo de la trama pues se da cuenta de que lo que quiere es que su nieta sea feliz y no acabe como su alocada hermana, quien es una mujer demasiado "práctica" y superficial y para quien la libertina vida burguesa de la época es lo más adecuado para su sobrina nieta. 

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Vincente Minnelli ("El padre de la novia (1950)", "Cautivos del mal (1952)", "Brigadoon (1954)", "Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1962)") compone, con su excelente dirección un cuadro semi impresionista- en la línea de "Un americano en París"- que bien recuerda a los de Monet, o Van Gogh, con esa colorimetría tan fuerte en sus tonos rojizos, como bien se puede comprobar en la casa de Gigi, donde tiene lugar uno de esos momentos apoteósicos del género musical cuando ella, su abuela y Gastón interpretan la inolvidable canción "The night they invented the Champagne", que nos recuerda a "Good Morning" de "Cantando bajo la lluvia (1952)" y a "The rain in Spain" de "My Fair Lady (1964)", con ese estallido de euforia de los protagonistas en el que se marcan hasta un baile, en éste caso Gastón junto a la abuela de Gigi. Para el diseño de vestuario, que lógicamente nos recuerda a "My Fair Lady" se contó con Cecil Beaton, con quien se contó tras su enorme éxito en la producción teatral de dicho musical, y que repetiría en la adaptación de Cukor. Tiene bastantes puntos en común con "My Fair Lady" y no sólo porque estén Lerner y Loewe en el guión y la música, así como André Previn, y Cecil Beaton, sino porque en parte es una especie de adaptación de "Pigmalión" el argumento de la película también. 

gigi

El director filmó, con la excelente colaboración del director de fotografía Harry Stradling jr y en el espectacular formato CinemaScope- en exteriores, como la torre Eiffel y recreó soberbiamente el famoso restaurante Maxim’s donde tienen lugar esos cotilleos sobre los amoríos de tan adinerados personajes. La obertura musical de "Gigi", que es preciosa, y tiene la grandiosidad de las de "West Side Story (1961)" (con aquel cambio de colores) y "My Fair Lady (1964)" (con esas flores del comienzo), está acompañada por dibujos originales del dibujante francés Sem, muy conocido en la época en la que se desarrolla el argumento por sus ilustraciones en revistas y periódicos franceses. La película obtuvo nada más y nada menos que 9 Óscars, convirtiéndose en el musical más premiado en aquel momento, récord que superaría "West Side Story (1961)" tres años después, incluyendo los relativos a la mejor película y al mejor director a parte de varios apartados técnicos. Una brillante comedia musical con un trasfondo realmente lleno de valores y del espíritu rebelde y puro del personaje principal, con ese rechazo al materialismo, las joyas y demás lujos burgueses y ese “guardar las apariencias”, ese mundo de tanta falsedad que rechaza Gigi, que se niega a convertirse en una cortesana, en una amante más del hombre del que está realmente enamorada, ella aspira realmente a otra cosa. 

Frase para recordar: "Créame, Mamita, me divierto más con esta traviesa mocosa, como usted la llama, que con cualquier persona en París".


gigi

Director: Vincente Minnelli.

Intérpretes: Leslie CaronMaurice ChevalierLouis JourdanHermione GingoldJacques Bergerac.


Trailer:



Escena:



B.S.O.:



Información complementaria:

Reseña escrita por Alfonso Torres Gallego 

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Hay pocos remakes en la historia del cine que igualen o superen a la obra original, entre ellos podríamos nombrar "El precio del poder (1983)", "La cosa (1982)", "La invasión de los ultracuerpos (1978)", o el título que centro en esta reseña, "El cabo del miedo". La película en cuestión estaría inspirada en la obra de J. Lee Thompson "El cabo del terror" del año 1962, cuyo argumento fue escrito por James R. Webb basándose en la novela "Los verdugos" de John D. MacDonald. En ella nos narraba la pesadilla que vive un abogado (Sam Bowden) después de salir a la calle un criminal (Max Cady) que por su culpa estuvo encerrado catorce años entre rejas. Para esta nueva versión el encargado de dirigirla sería el siempre correcto Martin Scorsese que contaría para el reparto con su actor fetiche por aquella época, Robert De Niro (actor actualmente relevado por Leonardo DiCaprio en sus nuevos proyectos cinematográficos). Robert De Niro se pondría en la piel del ex convicto Max Cady, un personaje que en la obra de J. Lee Thompson fue interpretado por Robert Mitchum, un actor encumbrado en papeles de villano gracias a sus inolvidables interpretaciones como Max Cady en la mencionada película o como Harry Powell en "La noche del cazador (1955)" de Charles Laughton.

el cabo del miedo

Para esta nueva versión se modificaría la personalidad del personaje de Cady incrementándole su actitud cínica y sádica, al igual que la del abogado (interpretado por Nick Nolte y por Gregory Peck en la del año 62) que no iba a tener una conducta tan ejemplar como en el film predecesor. Si en la obra original Sam Browden era una persona íntegra tanto en su faceta profesional como personal, al mismo tiempo que contaba con una familia idílica, en la de Scorsese cambia radicalmente la cosa, ya que nos presenta a este personaje cargado de irregularidades morales y porque no decirlo, con cierto lado oscuro (o sea más acorde a la vida real), y es que el realizador nos lo describe como un abogado que ha ocultado las pruebas que podrían haber dado la libertad de Cady y su vez como una persona con problemas en su matrimonio, que engaña a su esposa con su compañera de abogacía (Lori Davis).

el cabo del miedo

Por cierto, Lori Davis un personaje interpretado por Illeana Douglas (actriz que debutaría en el cine a la mano de Scorsese con un breve papel en "Uno de los nuestros (1990)") y que a la postre iba a ser una de las víctimas de Cady en uno de sus ataques de brutalidad e ira. Para el personaje de Max Cady, Robert de Niro iba a deleitarnos con una de sus grandes transformaciones cinematográficas, éste aparecería en el film con un cuerpo esculpido con definidos músculos y adornados con tatuajes (se comenta que eran tatuajes reales para evitar que se borraran en las secuencias que aparece en el mar), destacando uno en la espalda con una cruz gigante donde cuelgan las balanzas de la justicia y la verdad. Su personaje también se caracterizaría por llevar una vestimenta bastante hortera y por su enorme afición a fumar puros (genial la escena que se ríe a carcajadas en la sala del cine mientras la inunda con el humo del puro que se esta fumando).

el cabo del miedo

Sin dudas un espeluznante y a la vez fascinante personaje realizado por De Niro que le llevaría a obtener una nominación en los Óscar en aquel año (lo ganaría Anthony Hopkins por su papel de Hannibal Lecter en "Los silencios de los corderos (1991)", otros de los míticos villanos surgidos en la historia del séptimo arte) y a ser recordado como una de las magnas interpretaciones del actor junto a Scorsese, a la altura de Travis Bickle de "Taxi driver (1976)" o el de Jack La Motta en la pugilística "Toro salvaje (1980)". Entre sus escenas más destacables, Cady seduciendo a la hija de Browden haciéndose pasar por su profesor de arte dramático o la brutal paliza que le da éste a unos matones contratados por el abogado. Por el otro lado destacaría, en este caso de manera negativa, la escena final del barco, en mi opinión excesiva, con los tópicos del cine de "slasher", poniendo al villano en cuestión como una persona sobrehumana y casi invencible. Un pequeño lunar en esta interesante obra que bajaría la nota en el conjunto final de la película.

el cabo del miedo

En el apartado musical, el film volvería a contar con la maravillosa partitura de Bernard Herrmann que intensificaría los momentos de más tensión de la película. Otros de los guiños que podemos ver en relación con su obra predecesora, es que en "El cabo del miedo" se volvería a contar con la presencia de los dos protagonistas principales de la película original, Robert Mitchum y Gregory Peck, el primero ejerciendo del teniente de policía Elgart y el segundo como el abogado defensor de Cady, Lee Heller. Detalle interesante que nos brinda el film con el rol de éste último ya que cambia la interpretación del bueno de Gregory Peck con su papel de abogado que perjudica a Cady en la obra original con la de abogado defensor en la obra de Scorsese. Tampoco quiero olvidarme del actor Martin Balsam (eterno secundario en películas como "Doce hombres sin piedad (1957)", "Psicosis (1960)", "Desayuno con diamantes (1961)") que también repite en los dos films, en una como el teniente de policía Mark Dutton y en la otra en el rol de juez.

el cabo del miedo

En la obra de Scorsese se pueden apreciar detalles del cine del maestro Hitchcock, como son el atosigamiento permanente del villano a su víctima como la latente culpabilidad de dicha víctima haciéndole más frágil ante la presencia de su atacante. Como dato anecdótico Hitchcock iba a ser el encargado de ser el director de la primera versión antes de que fuese J. Lee Thompson, seguro que el maestro del suspense hubiera hecho una sobresaliente obra. Hago mención los títulos de créditos iniciales de la película a cargo del mítico Saul Bass, figura importante en el diseño artístico tanto en carteles como en las intro de los films dentro de la historia del cine. Fue participe en los trabajos de directores de la talla de Otto Preminguer, Stanley Kubrick, Alfred Hitchcock o el propio Martin Scorsese, donde intervino en 4 ocasiones, "Uno de los nuestros (1990)", "La edad de la inocencia (1993)", "Casino (1995)" y la mencionada "El cabo del miedo".

Frase para recordar: "Yo no soy ningún tarado, valgo más que vosotros 3 juntos, sé más que vosotros, he leído más que vosotros, pienso más que vosotros, sé más filosofía que vosotros y puedo más que vosotros".


el cabo del miedo


Título original: Cape fear.

Director: Martin Scorsese.

Intérpretes: Robert de Niro, Nick Nolte, Jessica Lange, Juliette Lewis, Illeana Douglas, Robert Mitchum, Gregory Peck.

Trailer:


Escena:


B.S.O.:



Información complementaria:

Reseña escrita por Jesús Fariña 

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EL CABO DEL MIEDO (1991). Robert De Niro en la piel del sádico Max Cady.

Hay pocos remakes en la historia del cine que igualen o superen a la obra original, entre ellos podríamos nombrar "El precio del poder (1983)", "La cosa (1982)", "La invasión de los ultracuerpos (1978)", o el título que centro en esta reseña, "El cabo del miedo". La película en cuestión estaría inspirada en la obra de J. Lee Thompson "El cabo del terror" del año 1962, cuyo argumento fue escrito por James R. Webb basándose en la novela "Los verdugos" de John D. MacDonald. En ella nos narraba la pesadilla que vive un abogado (Sam Bowden) después de salir a la calle un criminal (Max Cady) que por su culpa estuvo encerrado catorce años entre rejas. Para esta nueva versión el encargado de dirigirla sería el siempre correcto Martin Scorsese que contaría para el reparto con su actor fetiche por aquella época, Robert De Niro (actor actualmente relevado por Leonardo DiCaprio en sus nuevos proyectos cinematográficos). Robert De Niro se pondría en la piel del ex convicto Max Cady, un personaje que en la obra de J. Lee Thompson fue interpretado por Robert Mitchum, un actor encumbrado en papeles de villano gracias a sus inolvidables interpretaciones como Max Cady en la mencionada película o como Harry Powell en "La noche del cazador (1955)" de Charles Laughton.

el cabo del miedo

Para esta nueva versión se modificaría la personalidad del personaje de Cady incrementándole su actitud cínica y sádica, al igual que la del abogado (interpretado por Nick Nolte y por Gregory Peck en la del año 62) que no iba a tener una conducta tan ejemplar como en el film predecesor. Si en la obra original Sam Browden era una persona íntegra tanto en su faceta profesional como personal, al mismo tiempo que contaba con una familia idílica, en la de Scorsese cambia radicalmente la cosa, ya que nos presenta a este personaje cargado de irregularidades morales y porque no decirlo, con cierto lado oscuro (o sea más acorde a la vida real), y es que el realizador nos lo describe como un abogado que ha ocultado las pruebas que podrían haber dado la libertad de Cady y su vez como una persona con problemas en su matrimonio, que engaña a su esposa con su compañera de abogacía (Lori Davis).

el cabo del miedo

Por cierto, Lori Davis un personaje interpretado por Illeana Douglas (actriz que debutaría en el cine a la mano de Scorsese con un breve papel en "Uno de los nuestros (1990)") y que a la postre iba a ser una de las víctimas de Cady en uno de sus ataques de brutalidad e ira. Para el personaje de Max Cady, Robert de Niro iba a deleitarnos con una de sus grandes transformaciones cinematográficas, éste aparecería en el film con un cuerpo esculpido con definidos músculos y adornados con tatuajes (se comenta que eran tatuajes reales para evitar que se borraran en las secuencias que aparece en el mar), destacando uno en la espalda con una cruz gigante donde cuelgan las balanzas de la justicia y la verdad. Su personaje también se caracterizaría por llevar una vestimenta bastante hortera y por su enorme afición a fumar puros (genial la escena que se ríe a carcajadas en la sala del cine mientras la inunda con el humo del puro que se esta fumando).

el cabo del miedo

Sin dudas un espeluznante y a la vez fascinante personaje realizado por De Niro que le llevaría a obtener una nominación en los Óscar en aquel año (lo ganaría Anthony Hopkins por su papel de Hannibal Lecter en "Los silencios de los corderos (1991)", otros de los míticos villanos surgidos en la historia del séptimo arte) y a ser recordado como una de las magnas interpretaciones del actor junto a Scorsese, a la altura de Travis Bickle de "Taxi driver (1976)" o el de Jack La Motta en la pugilística "Toro salvaje (1980)". Entre sus escenas más destacables, Cady seduciendo a la hija de Browden haciéndose pasar por su profesor de arte dramático o la brutal paliza que le da éste a unos matones contratados por el abogado. Por el otro lado destacaría, en este caso de manera negativa, la escena final del barco, en mi opinión excesiva, con los tópicos del cine de "slasher", poniendo al villano en cuestión como una persona sobrehumana y casi invencible. Un pequeño lunar en esta interesante obra que bajaría la nota en el conjunto final de la película.

el cabo del miedo

En el apartado musical, el film volvería a contar con la maravillosa partitura de Bernard Herrmann que intensificaría los momentos de más tensión de la película. Otros de los guiños que podemos ver en relación con su obra predecesora, es que en "El cabo del miedo" se volvería a contar con la presencia de los dos protagonistas principales de la película original, Robert Mitchum y Gregory Peck, el primero ejerciendo del teniente de policía Elgart y el segundo como el abogado defensor de Cady, Lee Heller. Detalle interesante que nos brinda el film con el rol de éste último ya que cambia la interpretación del bueno de Gregory Peck con su papel de abogado que perjudica a Cady en la obra original con la de abogado defensor en la obra de Scorsese. Tampoco quiero olvidarme del actor Martin Balsam (eterno secundario en películas como "Doce hombres sin piedad (1957)", "Psicosis (1960)", "Desayuno con diamantes (1961)") que también repite en los dos films, en una como el teniente de policía Mark Dutton y en la otra en el rol de juez.

el cabo del miedo

En la obra de Scorsese se pueden apreciar detalles del cine del maestro Hitchcock, como son el atosigamiento permanente del villano a su víctima como la latente culpabilidad de dicha víctima haciéndole más frágil ante la presencia de su atacante. Como dato anecdótico Hitchcock iba a ser el encargado de ser el director de la primera versión antes de que fuese J. Lee Thompson, seguro que el maestro del suspense hubiera hecho una sobresaliente obra. Hago mención los títulos de créditos iniciales de la película a cargo del mítico Saul Bass, figura importante en el diseño artístico tanto en carteles como en las intro de los films dentro de la historia del cine. Fue participe en los trabajos de directores de la talla de Otto Preminguer, Stanley Kubrick, Alfred Hitchcock o el propio Martin Scorsese, donde intervino en 4 ocasiones, "Uno de los nuestros (1990)", "La edad de la inocencia (1993)", "Casino (1995)" y la mencionada "El cabo del miedo".

Frase para recordar: "Yo no soy ningún tarado, valgo más que vosotros 3 juntos, sé más que vosotros, he leído más que vosotros, pienso más que vosotros, sé más filosofía que vosotros y puedo más que vosotros".


el cabo del miedo


Título original: Cape fear.

Director: Martin Scorsese.

Intérpretes: Robert de Niro, Nick Nolte, Jessica Lange, Juliette Lewis, Illeana Douglas, Robert Mitchum, Gregory Peck.

Trailer:


Escena:


B.S.O.:



Información complementaria:

Reseña escrita por Jesús Fariña 

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En una época donde el realismo en el cine causa furor, con la particular influencia del neorrealismo italiano, que conectaba íntimamente con un público desencantado con la realidad de la posguerra, Jean Cocteau se arriesga, con su habitual entusiasmo, en terrenos marcadamente surrealistas (ese movimiento entonces vanguardista, surgido en Francia alrededor de 1920, que invadió todas las artes, erigido como heredero del romanticismo decimonónico), para ofrecernos esta deliciosa obra maestra, inspirada en el cuento de hadas tradicional de "La Bella y La Bestia", partiendo de la versión escrita por Marie Leprince de Beaumont. Esta maravilla visual es conducida a buen puerto, con muy pocos elementos y recursos, pero con mucha imaginación y talento, así como con la ayuda inestimable del realizador René Clément, acreditado como asesor técnico, y del excelente decorador Christian Bèrard, quien nos conduce por unos escenarios ensoñadores y elegantes. El contraste entre luces y sombras, proporciona un extraordinario vehículo de lucimiento para el director de fotografía Henri Alekan, conocido como "el poeta de la luz", cuyo trabajo comprende un buen puñado de títulos destacados, que van desde "Vacaciones en Roma (1953)" de William Wyler a "El Cielo sobre Berlín (1987)" de Wim Wenders. 

la bella y la bestia

Transcurridos los créditos, que comienzan con la escritura a tiza de los mismos, borrándose y así sucesivamente, en una pizarra, a ritmo de fanfarria musical (obra de Georges Auric), puede verse una claqueta, y antes de empezar, el director Jean Cocteau se adelanta ante la cámara y dice en alta voz al equipo de rodaje, que esperen. El público necesita unos rótulos que explican cómo todo niño cree en mil cosas ingenuas, y que es parte de esa ingenuidad la que se nos pide a los espectadores, para aceptar determinadas reglas en la historia que vamos a ver, y que comienza con el inevitable “Érase una vez...”. Al final de estos rótulos adicionales, aparece la firma del realizador. Poeta, dramaturgo, novelista, pintor, surrealista, Cocteau sólo había realizado un mediometraje, la obra de culto "La Sangre de un poeta (1932)". Es un trabajo equiparable en intenciones y resultados a "La Edad de oro (1930)" de Luis Buñuel con Salvador Dalí, o a "Los Misterios del castillo de Dados (1929)" de Man Ray, piezas claves todas ellas del surrealismo en el cine y auspiciadas las tres, casualmente o no, por la aristócrata familia de Noailles, de ilustre linaje, que ejercieron de auténticos mecenas del arte, salvando las distancias, en términos similares a los Médicis, auténticos padrinos del Renacimiento.

la bella y la bestia

El mediometraje, una "pieza tan libre como un dibujo animado", en palabras de su autor, constituyó el primer engranaje de su particular “travesía del espejo”, que culminaría con "Orfeo (1950)" y con "El Testamento de Orfeo (1959)". Mucho antes de que aparecieran los efectos animados y digitales, que permiten componer a voluntad cualquier universo o acción de los personajes, y que invaden la versión de Disney de 1991, y la también francesa versión de 2014 (filmada íntegramente en los estudios Babelsberg de Alemania), la película de Cocteau, parte de la coartada que le da la estructura de un cuento infantil, que utiliza para validar ciertas reglas un tanto ilógicas e inaceptables en otras circunstancias. Enseguida, se desmarca de tal condición, configurando un retrato adulto, donde las hipocresías y ambigüedades que edulcoran otras aproximaciones a la historia, desaparecen, en beneficio de un retrato intimista, adulto, honesto con el público, y cargado de simbología, donde elementos surrealistas transitan a sus anchas, con armonía y eficacia narrativa y dramática, en un despliegue de personalidad arrollador. La familia de un mercader venido a menos como consecuencia del naufragio de sus tres buques con toda su mercancía, viven en una modesta villa en el campo.

la bella y la bestia

Las dos hijas mayores, no se resignan a la nueva situación y aspiran a conseguir un esposo rico. El hijo mayor, Ludovic, y el joven Avenant, juegan despreocupadamente con arcos y flechas, adeudando cantidades importantes a otro usurero mercader. La más joven de las hijas, Bella, asume la tarea de limpieza del hogar y ha consagrado su vida a estar con su padre y tratar de aliviar su pena, rechazando a Avenant. El periplo del padre de Bella, después de haberse perdido, desolado, al haber regresado del puerto, donde parecía haber recuperado uno de sus buques naufragados, (los acreedores le tomaron la iniciativa), en medio de la oscuridad, el viento y la nieve, lo llevará al castillo de La Bestia, una criatura maldita, que habita las desoladoras dependencias y aledaños de una siniestra y majestuosa edificación. En ella, las puertas se abren por fuerzas invisibles, los candelabros están acoplados a la pared, sostenidos por brazos humanos, algunos de los cuales suspenden el candelabro en el aire, para señalarle al anciano donde ha de ir. La chimenea del salón, está sostenida por dos estatuas a modo de pilares, que exhalan humo, mueven la cabeza y miran fijamente. En el jardín, las gárgolas de los perros situadas en hileras por uno de los paseos, parecen sugerir que una vez fueron sabuesos de caza. Será cuando el hombre coge una rosa para su hija Bella, el instante en el que irrumpirá la bestia enfurecida, precedida de su temible rugido. 

la bella y la bestia

Un travelling de acercamiento, que termina en contrapicado, muestra a la criatura del castillo por vez primera. El anciano debe morir por tamaño sacrilegio. La criatura, al saber que el hombre tiene tres hijas, le concede tiene tres días, para que una de ellas venga y ocupe su lugar. Será Bella, montada en el caballo blanco “Magnífico”, provista de una capa y una caperuza, quien afronte el destino que la bestia tenía preparada para su padre. La entrada de la joven en las dependencias del misterioso castillo, está filmada de un modo bien distinto a la de su padre. La joven entra “a cámara lenta”, con movimientos gráciles, que sacuden la capa. Sube las escaleras principales en medio de la oscuridad, sólo se ilumina su trayecto. Cuando llega a un pasillo donde las cortinas se mecen al viento, Bella ya no corre, ni camina... se desliza. La secuencia es todo un precedente estético y visual de la multitud de anuncios comerciales de perfumes sofisticados que invaden las campañas navideñas. La joven, en un principio asustada, pasa al estadio de la simple compasión, para ir transformando su sentimiento en amistad, y finalmente en amor verdadero, lo único que puede salvar a la bestia de su terrible maldición. En manos de Cocteau, la criatura deviene en una metafórica proyección de los demonios y frustraciones que todos llevamos en nuestra alma, o por los que transitamos en algún momento de nuestra vida. 

la bella y la bestia

Cualquiera de nosotros puede ser una versión de la bestia herida cuya redención se produce por una mirada de amor. Cocteau cierra esta peculiar visión del mito, con la paradójica decepción de Bella, cuando la Bestia recupera la forma humana, que se parece y mucho al patán de su pretendiente Avenant, al que visiblemente no soporta. El diálogo al efecto es demoledor: "La primera vez que os cogí en brazos era la bestia...¿sois feliz?. Tendré que acostumbrarme", responde una contrariada Bella, ante la nueva apariencia de su anterior cautivo y actual amor. El pulso creativo, y la imaginería visual del realizador, aportan a las secuencias entre la criatura y la joven, una inventiva absolutamente prodigiosa, que otorga a los diálogos una fuerza muy especial. El plano de la Bestia recogiendo a la joven, que se ha desmayado de la impresión al verle, está encuadrado desde las rejas de la cuadra, dejando muy claro la condición de cautiva de la muchacha. El monstruoso señor del castillo la recoge, la conduce por las escaleras (donde se detiene un instante para contemplarla), hacia sus aposentos, y al entrar a los mismos, el vestido se transforma, en otro de un color blanco inmaculado, símbolo de cómo la criatura ve, fascinado, a su joven prisionera. En la primera cena que ambos comparten, ella está sentada y él de pie, justo detrás de la silla de la joven, que deja clara la fealdad que despide la criatura.

la bella y la bestia

La tensión sexual in crescendo entre ambas criaturas, es captada por la mirada de Cocteau, al seguir a la mujer, explorando los jardines del castillo, hasta que observa, dejando entrever un alto grado de fascinación, a la bestia bebiendo agua, de un modo primitivo y animal, en un pequeño lago. Más adelante, la joven accede a darle de beber a la criatura en sus manos, dejando claro que le gusta hacerlo. La criatura sorbe el agua con auténtico deleite, lamiendo la palma de las manos de la mujer. En otro momento de la película, ambos coinciden ante la estatua en el jardín de un venado adulto con sus enormes astas. Él está ante el lomo de la estatua, y ella delante de la cabeza del ciervo, Bella le dice que prefiere pasear con él a cenar. Destaca la labor del actor principal, Jean Marais, para cuya caracterización del personaje masculino central (también aborda el del joven Avenant y el del príncipe reconvertido en hombre), renunció a colocarse una máscara, sometiéndose a intensas sesiones de maquillaje, entre 3 y 5 horas diarias, que llegaban incluso a cortarle la circulación sanguínea. Un auténtico calvario y sacrificio para el actor. Marais aborda con suma eficacia, la frustración derivada del confinamiento de un príncipe en las formas de una criatura salvaje, cuya mirada pasa del salvajismo a la ternura en perfecta armonía interpretativa.

la bella y la bestia

Conmovedor es el instante en el que la bestia retrocede, ante la mirada de desprecio de Bella, mientras grita "Vuestra mirada...¡me abrasa!,¡no soporto esa mirada!", desvaneciéndose en la oscuridad, en un plano que subraya los ojos del actor. La personal mirada del artista Jean Coucteau sobre el rico universo de la leyenda europea, recoge alguna reminiscencia mitológica, como la nada disimulada referencia a Diana, la diosa de la caza en la mitología romana (el equivalente en la mitología griega es Artemisa). Cuando el joven Avenant, trata de entrar por las vidrieras del techo, furtivamente a la caseta mágica erigida en el jardín, reducto del secreto del poder de la bestia, y también depósito de sus riquezas, la estatua de Diana cobra vida y dispara su arco sobre el joven, transformándolo en una bestia, justo antes de morir. En otro lugar del jardín, la bestia morirá, para resucitar con la forma humana de Avenant. Hay películas que se quedan obsoletas desde el mismo instante de su estreno. Otras, como "La Bella y La Bestia" de Jean Cocteau, permanecerán en nuestra retina durante toda la vida.

Frases para recordar:

"-Me acariciais como se acaricia a un animal.
-Pero... es que sois un animal".

"Por ser una bestia... perdón".

"Soporto su presencia porque me gustaría hacerle olvidar su fealdad".

"¿Vais a ser un cobarde? Yo he visto vuestras poderosas garras. ¡Agarraos con ella a la vida!, ¡defendeos!, ¡levantaos!, ¡rugid!...¡espantad a la muerte!".

la bella y la bestia
la bella y la bestia











Título original: La Belle et la Bête.

Director: Jean Cocteau

Intérpretes: Jean MaraisJosette DayMarcel AndréMila ParélyNane GermonMichel Auclair.

Trailer:


B.S.O.:




Información complementaria:

Reseña escrita por Manuel García de Mesa

LA BELLA Y LA BESTIA (1946). Un clásico de Jean Cocteau.

En una época donde el realismo en el cine causa furor, con la particular influencia del neorrealismo italiano, que conectaba íntimamente con un público desencantado con la realidad de la posguerra, Jean Cocteau se arriesga, con su habitual entusiasmo, en terrenos marcadamente surrealistas (ese movimiento entonces vanguardista, surgido en Francia alrededor de 1920, que invadió todas las artes, erigido como heredero del romanticismo decimonónico), para ofrecernos esta deliciosa obra maestra, inspirada en el cuento de hadas tradicional de "La Bella y La Bestia", partiendo de la versión escrita por Marie Leprince de Beaumont. Esta maravilla visual es conducida a buen puerto, con muy pocos elementos y recursos, pero con mucha imaginación y talento, así como con la ayuda inestimable del realizador René Clément, acreditado como asesor técnico, y del excelente decorador Christian Bèrard, quien nos conduce por unos escenarios ensoñadores y elegantes. El contraste entre luces y sombras, proporciona un extraordinario vehículo de lucimiento para el director de fotografía Henri Alekan, conocido como "el poeta de la luz", cuyo trabajo comprende un buen puñado de títulos destacados, que van desde "Vacaciones en Roma (1953)" de William Wyler a "El Cielo sobre Berlín (1987)" de Wim Wenders. 

la bella y la bestia

Transcurridos los créditos, que comienzan con la escritura a tiza de los mismos, borrándose y así sucesivamente, en una pizarra, a ritmo de fanfarria musical (obra de Georges Auric), puede verse una claqueta, y antes de empezar, el director Jean Cocteau se adelanta ante la cámara y dice en alta voz al equipo de rodaje, que esperen. El público necesita unos rótulos que explican cómo todo niño cree en mil cosas ingenuas, y que es parte de esa ingenuidad la que se nos pide a los espectadores, para aceptar determinadas reglas en la historia que vamos a ver, y que comienza con el inevitable “Érase una vez...”. Al final de estos rótulos adicionales, aparece la firma del realizador. Poeta, dramaturgo, novelista, pintor, surrealista, Cocteau sólo había realizado un mediometraje, la obra de culto "La Sangre de un poeta (1932)". Es un trabajo equiparable en intenciones y resultados a "La Edad de oro (1930)" de Luis Buñuel con Salvador Dalí, o a "Los Misterios del castillo de Dados (1929)" de Man Ray, piezas claves todas ellas del surrealismo en el cine y auspiciadas las tres, casualmente o no, por la aristócrata familia de Noailles, de ilustre linaje, que ejercieron de auténticos mecenas del arte, salvando las distancias, en términos similares a los Médicis, auténticos padrinos del Renacimiento.

la bella y la bestia

El mediometraje, una "pieza tan libre como un dibujo animado", en palabras de su autor, constituyó el primer engranaje de su particular “travesía del espejo”, que culminaría con "Orfeo (1950)" y con "El Testamento de Orfeo (1959)". Mucho antes de que aparecieran los efectos animados y digitales, que permiten componer a voluntad cualquier universo o acción de los personajes, y que invaden la versión de Disney de 1991, y la también francesa versión de 2014 (filmada íntegramente en los estudios Babelsberg de Alemania), la película de Cocteau, parte de la coartada que le da la estructura de un cuento infantil, que utiliza para validar ciertas reglas un tanto ilógicas e inaceptables en otras circunstancias. Enseguida, se desmarca de tal condición, configurando un retrato adulto, donde las hipocresías y ambigüedades que edulcoran otras aproximaciones a la historia, desaparecen, en beneficio de un retrato intimista, adulto, honesto con el público, y cargado de simbología, donde elementos surrealistas transitan a sus anchas, con armonía y eficacia narrativa y dramática, en un despliegue de personalidad arrollador. La familia de un mercader venido a menos como consecuencia del naufragio de sus tres buques con toda su mercancía, viven en una modesta villa en el campo.

la bella y la bestia

Las dos hijas mayores, no se resignan a la nueva situación y aspiran a conseguir un esposo rico. El hijo mayor, Ludovic, y el joven Avenant, juegan despreocupadamente con arcos y flechas, adeudando cantidades importantes a otro usurero mercader. La más joven de las hijas, Bella, asume la tarea de limpieza del hogar y ha consagrado su vida a estar con su padre y tratar de aliviar su pena, rechazando a Avenant. El periplo del padre de Bella, después de haberse perdido, desolado, al haber regresado del puerto, donde parecía haber recuperado uno de sus buques naufragados, (los acreedores le tomaron la iniciativa), en medio de la oscuridad, el viento y la nieve, lo llevará al castillo de La Bestia, una criatura maldita, que habita las desoladoras dependencias y aledaños de una siniestra y majestuosa edificación. En ella, las puertas se abren por fuerzas invisibles, los candelabros están acoplados a la pared, sostenidos por brazos humanos, algunos de los cuales suspenden el candelabro en el aire, para señalarle al anciano donde ha de ir. La chimenea del salón, está sostenida por dos estatuas a modo de pilares, que exhalan humo, mueven la cabeza y miran fijamente. En el jardín, las gárgolas de los perros situadas en hileras por uno de los paseos, parecen sugerir que una vez fueron sabuesos de caza. Será cuando el hombre coge una rosa para su hija Bella, el instante en el que irrumpirá la bestia enfurecida, precedida de su temible rugido. 

la bella y la bestia

Un travelling de acercamiento, que termina en contrapicado, muestra a la criatura del castillo por vez primera. El anciano debe morir por tamaño sacrilegio. La criatura, al saber que el hombre tiene tres hijas, le concede tiene tres días, para que una de ellas venga y ocupe su lugar. Será Bella, montada en el caballo blanco “Magnífico”, provista de una capa y una caperuza, quien afronte el destino que la bestia tenía preparada para su padre. La entrada de la joven en las dependencias del misterioso castillo, está filmada de un modo bien distinto a la de su padre. La joven entra “a cámara lenta”, con movimientos gráciles, que sacuden la capa. Sube las escaleras principales en medio de la oscuridad, sólo se ilumina su trayecto. Cuando llega a un pasillo donde las cortinas se mecen al viento, Bella ya no corre, ni camina... se desliza. La secuencia es todo un precedente estético y visual de la multitud de anuncios comerciales de perfumes sofisticados que invaden las campañas navideñas. La joven, en un principio asustada, pasa al estadio de la simple compasión, para ir transformando su sentimiento en amistad, y finalmente en amor verdadero, lo único que puede salvar a la bestia de su terrible maldición. En manos de Cocteau, la criatura deviene en una metafórica proyección de los demonios y frustraciones que todos llevamos en nuestra alma, o por los que transitamos en algún momento de nuestra vida. 

la bella y la bestia

Cualquiera de nosotros puede ser una versión de la bestia herida cuya redención se produce por una mirada de amor. Cocteau cierra esta peculiar visión del mito, con la paradójica decepción de Bella, cuando la Bestia recupera la forma humana, que se parece y mucho al patán de su pretendiente Avenant, al que visiblemente no soporta. El diálogo al efecto es demoledor: "La primera vez que os cogí en brazos era la bestia...¿sois feliz?. Tendré que acostumbrarme", responde una contrariada Bella, ante la nueva apariencia de su anterior cautivo y actual amor. El pulso creativo, y la imaginería visual del realizador, aportan a las secuencias entre la criatura y la joven, una inventiva absolutamente prodigiosa, que otorga a los diálogos una fuerza muy especial. El plano de la Bestia recogiendo a la joven, que se ha desmayado de la impresión al verle, está encuadrado desde las rejas de la cuadra, dejando muy claro la condición de cautiva de la muchacha. El monstruoso señor del castillo la recoge, la conduce por las escaleras (donde se detiene un instante para contemplarla), hacia sus aposentos, y al entrar a los mismos, el vestido se transforma, en otro de un color blanco inmaculado, símbolo de cómo la criatura ve, fascinado, a su joven prisionera. En la primera cena que ambos comparten, ella está sentada y él de pie, justo detrás de la silla de la joven, que deja clara la fealdad que despide la criatura.

la bella y la bestia

La tensión sexual in crescendo entre ambas criaturas, es captada por la mirada de Cocteau, al seguir a la mujer, explorando los jardines del castillo, hasta que observa, dejando entrever un alto grado de fascinación, a la bestia bebiendo agua, de un modo primitivo y animal, en un pequeño lago. Más adelante, la joven accede a darle de beber a la criatura en sus manos, dejando claro que le gusta hacerlo. La criatura sorbe el agua con auténtico deleite, lamiendo la palma de las manos de la mujer. En otro momento de la película, ambos coinciden ante la estatua en el jardín de un venado adulto con sus enormes astas. Él está ante el lomo de la estatua, y ella delante de la cabeza del ciervo, Bella le dice que prefiere pasear con él a cenar. Destaca la labor del actor principal, Jean Marais, para cuya caracterización del personaje masculino central (también aborda el del joven Avenant y el del príncipe reconvertido en hombre), renunció a colocarse una máscara, sometiéndose a intensas sesiones de maquillaje, entre 3 y 5 horas diarias, que llegaban incluso a cortarle la circulación sanguínea. Un auténtico calvario y sacrificio para el actor. Marais aborda con suma eficacia, la frustración derivada del confinamiento de un príncipe en las formas de una criatura salvaje, cuya mirada pasa del salvajismo a la ternura en perfecta armonía interpretativa.

la bella y la bestia

Conmovedor es el instante en el que la bestia retrocede, ante la mirada de desprecio de Bella, mientras grita "Vuestra mirada...¡me abrasa!,¡no soporto esa mirada!", desvaneciéndose en la oscuridad, en un plano que subraya los ojos del actor. La personal mirada del artista Jean Coucteau sobre el rico universo de la leyenda europea, recoge alguna reminiscencia mitológica, como la nada disimulada referencia a Diana, la diosa de la caza en la mitología romana (el equivalente en la mitología griega es Artemisa). Cuando el joven Avenant, trata de entrar por las vidrieras del techo, furtivamente a la caseta mágica erigida en el jardín, reducto del secreto del poder de la bestia, y también depósito de sus riquezas, la estatua de Diana cobra vida y dispara su arco sobre el joven, transformándolo en una bestia, justo antes de morir. En otro lugar del jardín, la bestia morirá, para resucitar con la forma humana de Avenant. Hay películas que se quedan obsoletas desde el mismo instante de su estreno. Otras, como "La Bella y La Bestia" de Jean Cocteau, permanecerán en nuestra retina durante toda la vida.

Frases para recordar:

"-Me acariciais como se acaricia a un animal.
-Pero... es que sois un animal".

"Por ser una bestia... perdón".

"Soporto su presencia porque me gustaría hacerle olvidar su fealdad".

"¿Vais a ser un cobarde? Yo he visto vuestras poderosas garras. ¡Agarraos con ella a la vida!, ¡defendeos!, ¡levantaos!, ¡rugid!...¡espantad a la muerte!".

la bella y la bestia
la bella y la bestia











Título original: La Belle et la Bête.

Director: Jean Cocteau

Intérpretes: Jean MaraisJosette DayMarcel AndréMila ParélyNane GermonMichel Auclair.

Trailer:


B.S.O.:




Información complementaria:

Reseña escrita por Manuel García de Mesa

La cuarta colaboración entre la superestrella Burt Lancaster y el realizador John Frankenheimer, vio luz verde a la deriva del éxito descomunal de "Los Cañones de Navarone (1961)" de Jack Lee Thompson, así como por el empeño personal del actor-productor, equiparable al tesón y la terquedad de su personaje, Labiche, en que "el tren del arte" no abandonase Francia hacia la Alemania nazi durante los últimos días de la ocupación. En un principio, se contrató a Arthur Penn, realizador que, junto a Frankenheimer o Sidney Lumet, es uno de los máximos exponentes de esa generación de cineastas curtidos en los albores de la televisión estadounidense, donde se rodaba en vivo y en directo. Penn fue despedido con base en las socorridas "diferencias creativas". Rápidamente fue sustituido por Frankenheimer, quien ya había dirigido a Lancaster en "Jóvenes Salvajes (1961)", "El Hombre de Alcatraz (1962)" y "Siete días de mayo (1964)", rodajes donde las fricciones de actor y director se habían hecho más que patentes. Sin embargo, la pericia técnica y la profesionalidad de Frankenheimer, así como su perfecto conocimiento del idioma francés y de sus contactos entre destacados miembros de la cinematografía gala, lo convertían en una excelente opción para tomar las riendas de este enfrentamiento, filmado íntegramente en suelo francés, entre un tosco ferroviario, miembro activo de la resistencia francesa (Burt Lancaster, haciendo gala de una destreza física impresionante) y el Coronel Von Waldheim (interpretado con mucha solvencia, elegancia y dignidad por el actor inglés Paul Scofield), un desencantado oficial nazi que, sabedor de la inminente liberación de Francia, decide expoliar el museo Jeu de Paume, regentado por Mademoiselle Villard  y cargar un tren con cuadros de Cezanne, Renoir, Picaso, Lautrec, Mathise, etc, artistas impresionistas, enmarcados en la categoría de “arte degenerado”, prohibido por Decreto del Tercer Reich.


el tren

La arrogancia de Adolf Hitler llegaba hasta el punto de decidir, de manera tan eficientemente reglada como discrecional, cuales debían ser los gustos imperantes en el arte. Frankenheimer se esfuerza en eludir las tentaciones maniqueístas del relato. Labiche no es un hombre instruido capaz de apreciar el arte. De hecho gran parte de la película se ocupa del particular proceso interior del personaje por tratar de entender la importancia de salvar el patrimonio cultual de Francia. El villano, el oficial alemán Von Waldheim, por el contrario, es una rara avis, entre los oficiales nazis, pues admira ese arte prohibido. Es un hombre de gran sensibilidad artística, que le sirve de motor, desde el inicio, de su no menor empeño en que el tren llegue a Alemania. El realizador neoyorquino, se preocupa igualmente en mostrar el absurdo de la guerra, subrayando narrativamente el alto coste en vidas humanas, totalmente innecesario desde la perspectiva de que la acción se enmarca en los últimos días de la guerra, cuando los nazis se repliegan hacia su país, ante la inminente entrada de los aliados en París.


el tren

La pericia técnica del realizador, latente en esta película, fue adquirida desde su temprana juventud. A principios de los años 50, es movilizado en el servicio militar, y le toca servir en una base militar en Burbank, California, donde descubre un equipo completo de cámaras de 16 milímetros y material como moviolas, focos, micrófonos, etc, arreglándoselas para convencer a los altos mandos de la conveniencia de realizar documentales sobre maniobras militares, y demás actos rutinarios castrenses, que rueda con pasión. En 1952 entra a trabajar para la CBS, introducido en el medio por quien sería su mentor profesional, Sidney Lumet, para quien ejercería labor de ayudante de producción en numerosas ocasiones. Entre 1954 y 1960, colabora en un aluvión de producciones para el medio, alrededor de 152, que incluye dirección de programas de actualidad y de debates, en los que dispone de una libertad creativa impensable en la actualidad, y que compagina con su temprano debut en el cine, con la película "The young Stranger (1956)", experiencia que le decepciona, por la lentitud de rodaje, en relación a lo trepidante de la filmación el medio televisivo.


el tren

En ese año de 1956, ingresa en la élite de la televisión, figurando en la nómina de realizadores del programa Playhouse 90, programas dramáticos filmados y emitidos en directo, donde rueda, entre otros, una versión de "El último magnate", según la novela de Scott Fitzgerald, con Jack Palance de protagonista, de "Días de vino y Rosas" con Cliff Robertson y Piper Laurie, o de "Por quien doblan las campanas", según la novela de Ernest Hemingway, con Jasón Robards lierando el reparto. Una auténtica superproducción televisiva de la época, ésta última, emitida en dos partes, que contó con el astronómico presupuesto de 40.000 dólares. Frankenheimer afronta la realización de esta formidable película bélica, combinando instantes espectaculares, con otros marcadamente intimistas. En ambos casos, constituyen secuencias de enorme complejidad y despliegue. Entre las primeras, destacamos el prolongado travelling-plano secuencia que acompaña a Labiche en los primeros momentos del metraje, por las vías ferroviarias alrededor de trenes, tanques, o soldados transportando material diverso. Son secuencias muy difíciles de filmar, en unos tiempos donde no había Steadycam, y en los que era necesario montar raíles para deslizar las, por otro lado, enormes y pesadas cámaras de filmación.


el tren

Destaca también por derecho propio la secuencia de choque entre dos trenes, fruto del sabotaje de los miembros de la resistencia. La secuencia es filmada con una eficiencia tal, que se percibe en cada uno de los planos elegidos de la misma en la sala de montaje, en un trabajo de edición, por otro lado, sensacional. Entre las secuencias más intimistas, Frankenheimer resalta las emociones de los personajes con sus reconocibles primerísimos planos rodados con la lente gran angular, que potencia el tono asfixiante de tales planos, donde la tensión en el ambiente sobrecoge al espectador, así como con el empleo de la técnica, vinculada casi de modo inconsciente a Orson Welles, conocida como profundidad de campo. Se trata de encuadres donde un personaje está en primer plano y al fondo vemos a otro u otros personajes, cuya presencia es narrativamente relevante. Un ejemplo de ello, es la primera y única secuencia que transcurre en el interior del museo Jeu de Paume. Waldheim observa admirado los hermosos cuadros. 


el tren

Frankenheimer comienza con el sencillo plano y contraplano, aunque lo hace de un modo poco convencional: la sala del museo está en la penumbra, iluminándose sólo los cuadros que el oficial alemán observa con nostalgia y desencanto. La cámara se recrea necesariamente, pues se trata de aquello por lo que se va a combatir las próximas dos horas. Entra a la izquierda del encuadre Mademoiselle Villard, la directora del Museo. La cámara gira, no en panorámica, sino en travelling, para colocar al oficial de perfil, en primer plano, y al fondo a la directora del museo. El personaje de mademoiselle Villard, interpretado por la actriz francesa Suzanne Flon, es claramente un sosias del personaje real de Rose Valland, colaboradora de la Resistencia, a quien la posteridad bautizó como “la heroína del Jeu de Paume”. Directora de ese museo, esta valiente mujer tuvo el enorme mérito de memorizar primero y copiar después las listas y fotografías de las piezas de arte que los nazis se llevaban de París destino a Berlín, gracias a lo cual se recuperaron muchísimas de esas obras.


el tren

El personaje aparece en la película "The Monuments men (2014)", de George Clooney, interpretado por Cate Blanchett, que en la película se llama Claire Simon. A mademoiselle Valland se le concedió la Legión de honor (distinción que se concede por méritos extraordinarios dentro del ámbito civil o militar), y es una de las mujeres más condecoradas de toda Francia. Este personaje escribió un libro de memorias, Le front de l’art, en el que se inspira el guión de esta película. La fructífera colaboración entre Lancaster y Frankenheimer, comprendería un título más, "Los Temerarios del Aire (1969)", un drama sobre un grupo de paracaidistas especialistas en atracciones circenses aéreas. El director de "ElMensajero del Miedo (1962)", entraría en la década de los noventa con la película "La Cuarta Guerra (1990)", que narra un enfrentamiento personal, igual de obsesivo que en "El Tren", entre un oficial estadounidense (Roy Scheider) y otro ruso (Jürgen Prochnov), en las postrimerías de la guerra fría, en el escenario del desmoronamiento de la Alemania del Este. Ambas películas comparten similares propósitos antibelicistas, pero obtienen resultados marcadamente desiguales. 

Frases para recordar:


"- A veces nos arriesgamos. No malgastaré más vidas por unos cuadros.
- No se malgastarían...
Discúleme, sé que es algo terrible de decir, pero esos cuadros son parte de Francia. Los alemanes quieren llevárselos todos. Nos han quitado nuestra tierra y nuestra comida, viven en nuestras casas... y ahora quieren quitarnos nuestro arte, esa belleza... esa visión de la vida nacida en Francia, nuestra especial visión... nuestro Tesoro. Es nuestro legado para el mundo ¿no lo ve?, para todos... es nuestro orgullo, lo que creamos y atesoramos para el mundo.

Se me ocurren peores cosas por las que arriesgar su vida." 
(Conversación entre Mademoiselle Villard (Suzanne Flon) Y Labiche (Burt Lancaster) 

"- Admiro su eficiencia, Labiche... y su sentido de la supervivencia.
Supongo que no suele tener problemas con los saboteadores, ¿Verdad?
¿Cree que habrá intentos de sabotaje de este tren?
 - Soy un ferroviario, no un profeta·".
(Conversación entre el Coronel Von Waldheim (Paul Scofield) y Labiche (Burt Lancaster) 

"Labiche. Aquí tiene su recompensa, Labiche... algunos de los más grandes cuadros del mundo.
¿Le agrada, Labiche?
¿Siente una gran emoción sólo con estar cerca de ellos?
Un cuadro significa para usted tanto como un collar de perlas para un mono. Ha ganado por pura suerte. Me ha detenido sin saber lo que hacía ni porqué. Usted no es nada, Labiche, sólo un cúmulo de carne.
Los cuadros son míos. Siempre lo serán. La belleza pertenece al hombre que puede apreciarla. Siempre me pertenecerá a mí o a un hombre como yo. Ahora, en este minuto, no podría decirme porqué ha hecho lo que ha hecho".
(Coronel Von Waldheim (Paul Scofield) a Labiche (Burt Lancaster).


el tren
el tren










Título original: The train.

Director: John Frankenheimer.

Interpretes: Burt LancasterPaul ScofieldJeanne MoreauMichel SimonHoward Vernon,Suzanne Flon.


Trailer:



Escena:


B.S.O.:



Información complementaria:
Paul Scofield

Reseña escrita por Manuel García de Mesa

EL TREN (1964). Burt Lancaster frente la expoliación nazi.

La cuarta colaboración entre la superestrella Burt Lancaster y el realizador John Frankenheimer, vio luz verde a la deriva del éxito descomunal de "Los Cañones de Navarone (1961)" de Jack Lee Thompson, así como por el empeño personal del actor-productor, equiparable al tesón y la terquedad de su personaje, Labiche, en que "el tren del arte" no abandonase Francia hacia la Alemania nazi durante los últimos días de la ocupación. En un principio, se contrató a Arthur Penn, realizador que, junto a Frankenheimer o Sidney Lumet, es uno de los máximos exponentes de esa generación de cineastas curtidos en los albores de la televisión estadounidense, donde se rodaba en vivo y en directo. Penn fue despedido con base en las socorridas "diferencias creativas". Rápidamente fue sustituido por Frankenheimer, quien ya había dirigido a Lancaster en "Jóvenes Salvajes (1961)", "El Hombre de Alcatraz (1962)" y "Siete días de mayo (1964)", rodajes donde las fricciones de actor y director se habían hecho más que patentes. Sin embargo, la pericia técnica y la profesionalidad de Frankenheimer, así como su perfecto conocimiento del idioma francés y de sus contactos entre destacados miembros de la cinematografía gala, lo convertían en una excelente opción para tomar las riendas de este enfrentamiento, filmado íntegramente en suelo francés, entre un tosco ferroviario, miembro activo de la resistencia francesa (Burt Lancaster, haciendo gala de una destreza física impresionante) y el Coronel Von Waldheim (interpretado con mucha solvencia, elegancia y dignidad por el actor inglés Paul Scofield), un desencantado oficial nazi que, sabedor de la inminente liberación de Francia, decide expoliar el museo Jeu de Paume, regentado por Mademoiselle Villard  y cargar un tren con cuadros de Cezanne, Renoir, Picaso, Lautrec, Mathise, etc, artistas impresionistas, enmarcados en la categoría de “arte degenerado”, prohibido por Decreto del Tercer Reich.


el tren

La arrogancia de Adolf Hitler llegaba hasta el punto de decidir, de manera tan eficientemente reglada como discrecional, cuales debían ser los gustos imperantes en el arte. Frankenheimer se esfuerza en eludir las tentaciones maniqueístas del relato. Labiche no es un hombre instruido capaz de apreciar el arte. De hecho gran parte de la película se ocupa del particular proceso interior del personaje por tratar de entender la importancia de salvar el patrimonio cultual de Francia. El villano, el oficial alemán Von Waldheim, por el contrario, es una rara avis, entre los oficiales nazis, pues admira ese arte prohibido. Es un hombre de gran sensibilidad artística, que le sirve de motor, desde el inicio, de su no menor empeño en que el tren llegue a Alemania. El realizador neoyorquino, se preocupa igualmente en mostrar el absurdo de la guerra, subrayando narrativamente el alto coste en vidas humanas, totalmente innecesario desde la perspectiva de que la acción se enmarca en los últimos días de la guerra, cuando los nazis se repliegan hacia su país, ante la inminente entrada de los aliados en París.


el tren

La pericia técnica del realizador, latente en esta película, fue adquirida desde su temprana juventud. A principios de los años 50, es movilizado en el servicio militar, y le toca servir en una base militar en Burbank, California, donde descubre un equipo completo de cámaras de 16 milímetros y material como moviolas, focos, micrófonos, etc, arreglándoselas para convencer a los altos mandos de la conveniencia de realizar documentales sobre maniobras militares, y demás actos rutinarios castrenses, que rueda con pasión. En 1952 entra a trabajar para la CBS, introducido en el medio por quien sería su mentor profesional, Sidney Lumet, para quien ejercería labor de ayudante de producción en numerosas ocasiones. Entre 1954 y 1960, colabora en un aluvión de producciones para el medio, alrededor de 152, que incluye dirección de programas de actualidad y de debates, en los que dispone de una libertad creativa impensable en la actualidad, y que compagina con su temprano debut en el cine, con la película "The young Stranger (1956)", experiencia que le decepciona, por la lentitud de rodaje, en relación a lo trepidante de la filmación el medio televisivo.


el tren

En ese año de 1956, ingresa en la élite de la televisión, figurando en la nómina de realizadores del programa Playhouse 90, programas dramáticos filmados y emitidos en directo, donde rueda, entre otros, una versión de "El último magnate", según la novela de Scott Fitzgerald, con Jack Palance de protagonista, de "Días de vino y Rosas" con Cliff Robertson y Piper Laurie, o de "Por quien doblan las campanas", según la novela de Ernest Hemingway, con Jasón Robards lierando el reparto. Una auténtica superproducción televisiva de la época, ésta última, emitida en dos partes, que contó con el astronómico presupuesto de 40.000 dólares. Frankenheimer afronta la realización de esta formidable película bélica, combinando instantes espectaculares, con otros marcadamente intimistas. En ambos casos, constituyen secuencias de enorme complejidad y despliegue. Entre las primeras, destacamos el prolongado travelling-plano secuencia que acompaña a Labiche en los primeros momentos del metraje, por las vías ferroviarias alrededor de trenes, tanques, o soldados transportando material diverso. Son secuencias muy difíciles de filmar, en unos tiempos donde no había Steadycam, y en los que era necesario montar raíles para deslizar las, por otro lado, enormes y pesadas cámaras de filmación.


el tren

Destaca también por derecho propio la secuencia de choque entre dos trenes, fruto del sabotaje de los miembros de la resistencia. La secuencia es filmada con una eficiencia tal, que se percibe en cada uno de los planos elegidos de la misma en la sala de montaje, en un trabajo de edición, por otro lado, sensacional. Entre las secuencias más intimistas, Frankenheimer resalta las emociones de los personajes con sus reconocibles primerísimos planos rodados con la lente gran angular, que potencia el tono asfixiante de tales planos, donde la tensión en el ambiente sobrecoge al espectador, así como con el empleo de la técnica, vinculada casi de modo inconsciente a Orson Welles, conocida como profundidad de campo. Se trata de encuadres donde un personaje está en primer plano y al fondo vemos a otro u otros personajes, cuya presencia es narrativamente relevante. Un ejemplo de ello, es la primera y única secuencia que transcurre en el interior del museo Jeu de Paume. Waldheim observa admirado los hermosos cuadros. 


el tren

Frankenheimer comienza con el sencillo plano y contraplano, aunque lo hace de un modo poco convencional: la sala del museo está en la penumbra, iluminándose sólo los cuadros que el oficial alemán observa con nostalgia y desencanto. La cámara se recrea necesariamente, pues se trata de aquello por lo que se va a combatir las próximas dos horas. Entra a la izquierda del encuadre Mademoiselle Villard, la directora del Museo. La cámara gira, no en panorámica, sino en travelling, para colocar al oficial de perfil, en primer plano, y al fondo a la directora del museo. El personaje de mademoiselle Villard, interpretado por la actriz francesa Suzanne Flon, es claramente un sosias del personaje real de Rose Valland, colaboradora de la Resistencia, a quien la posteridad bautizó como “la heroína del Jeu de Paume”. Directora de ese museo, esta valiente mujer tuvo el enorme mérito de memorizar primero y copiar después las listas y fotografías de las piezas de arte que los nazis se llevaban de París destino a Berlín, gracias a lo cual se recuperaron muchísimas de esas obras.


el tren

El personaje aparece en la película "The Monuments men (2014)", de George Clooney, interpretado por Cate Blanchett, que en la película se llama Claire Simon. A mademoiselle Valland se le concedió la Legión de honor (distinción que se concede por méritos extraordinarios dentro del ámbito civil o militar), y es una de las mujeres más condecoradas de toda Francia. Este personaje escribió un libro de memorias, Le front de l’art, en el que se inspira el guión de esta película. La fructífera colaboración entre Lancaster y Frankenheimer, comprendería un título más, "Los Temerarios del Aire (1969)", un drama sobre un grupo de paracaidistas especialistas en atracciones circenses aéreas. El director de "ElMensajero del Miedo (1962)", entraría en la década de los noventa con la película "La Cuarta Guerra (1990)", que narra un enfrentamiento personal, igual de obsesivo que en "El Tren", entre un oficial estadounidense (Roy Scheider) y otro ruso (Jürgen Prochnov), en las postrimerías de la guerra fría, en el escenario del desmoronamiento de la Alemania del Este. Ambas películas comparten similares propósitos antibelicistas, pero obtienen resultados marcadamente desiguales. 

Frases para recordar:


"- A veces nos arriesgamos. No malgastaré más vidas por unos cuadros.
- No se malgastarían...
Discúleme, sé que es algo terrible de decir, pero esos cuadros son parte de Francia. Los alemanes quieren llevárselos todos. Nos han quitado nuestra tierra y nuestra comida, viven en nuestras casas... y ahora quieren quitarnos nuestro arte, esa belleza... esa visión de la vida nacida en Francia, nuestra especial visión... nuestro Tesoro. Es nuestro legado para el mundo ¿no lo ve?, para todos... es nuestro orgullo, lo que creamos y atesoramos para el mundo.

Se me ocurren peores cosas por las que arriesgar su vida." 
(Conversación entre Mademoiselle Villard (Suzanne Flon) Y Labiche (Burt Lancaster) 

"- Admiro su eficiencia, Labiche... y su sentido de la supervivencia.
Supongo que no suele tener problemas con los saboteadores, ¿Verdad?
¿Cree que habrá intentos de sabotaje de este tren?
 - Soy un ferroviario, no un profeta·".
(Conversación entre el Coronel Von Waldheim (Paul Scofield) y Labiche (Burt Lancaster) 

"Labiche. Aquí tiene su recompensa, Labiche... algunos de los más grandes cuadros del mundo.
¿Le agrada, Labiche?
¿Siente una gran emoción sólo con estar cerca de ellos?
Un cuadro significa para usted tanto como un collar de perlas para un mono. Ha ganado por pura suerte. Me ha detenido sin saber lo que hacía ni porqué. Usted no es nada, Labiche, sólo un cúmulo de carne.
Los cuadros son míos. Siempre lo serán. La belleza pertenece al hombre que puede apreciarla. Siempre me pertenecerá a mí o a un hombre como yo. Ahora, en este minuto, no podría decirme porqué ha hecho lo que ha hecho".
(Coronel Von Waldheim (Paul Scofield) a Labiche (Burt Lancaster).


el tren
el tren










Título original: The train.

Director: John Frankenheimer.

Interpretes: Burt LancasterPaul ScofieldJeanne MoreauMichel SimonHoward Vernon,Suzanne Flon.


Trailer:



Escena:


B.S.O.:



Información complementaria:
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Reseña escrita por Manuel García de Mesa

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