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EL SUEÑO ETERNO (1946)

Philip Marlowe es un detective privado contratado por el general Sternwood para que le libre del acoso de un chantajista. Lo que a simple vista parece un caso fácil para Marlowe, éste se le complicará, viéndose envuelto en un laberíntico entresijo donde las hijas del propio general, la alocada Carmen y la astuta Vivien Sternwood (las dos principales  "femme fatales" que nos encontraríamos en la obra), estarían también involucradas dentro de él. Segunda de las cuatro películas que protagonizarían juntos la mítica pareja Humphrey Bogart y Lauren Bacall (las otras serían "Tener o no tener (1944)", donde debutaría en la gran pantalla la mencionada actriz, "La senda tenebrosa (1947)" y "Cayo Largo (1948)"). La obra en cuestión estaría dirigida por el polifacético y extraordinario Howard Hawks (un director capaz de rodar cualquier tipo de género, desde filmes de cine negro ("Scarface. el terror del hampa (1932)"), westerns ("Río bravo (1959)"), musicales ("Los caballeros las prefieren rubias (1953)") o comedias románticas ("La fiera de mi niña (1938)") sin perder en ninguno de los casos ni un ápice de calidad cinematográfica) basándose en la novela de Raymond Chandler (escritor y guionista estadounidense también recordado por adaptar la novela de Patricia Highsmith en "Extraños en el tren (1951)" y la de James M. Cain en aquella obra maestra de cine negro titulada "Perdición (1944)" de Billy Wilder). La obra, una sobresaliente película de cine negro que tocaba los elementos del amor, el asesinato y la traición, se caracterizaría por contar en su metraje con una serie de giros argumentales (siendo algunos de ellos, bajo mi opinión, algo liosos) culminados con un final sorprendente y por mostrar en la gran pantalla la hechizante química que desprendía la pareja protagonista Bogart-Bacall, haciendo que sus (conjuntas) apariciones trasladaran, en muchas de la ocasiones, a la propia trama a un segundo plano. Completando el reparto tendríamos a Charles Waldron (actor que fallecería ese mismo año a la edad de 71 años, hecho que contribuiría que su interpretación en esta película fuera la última de su carrera y a la postre su papel más importante dentro de su filmografía) representando al general Sternwood  y a Martha Vickers ("El ladrón (1957)"), una modelo que en la década de los años 40 inició una etapa como actriz, dando vida a Carmen, la joven hermana ninfómana de Vivien Sternwood. En 1978, la novela de Raymon Chandler iba a tener una nueva adaptación cinematográfica, esta vez a manos del británico Michael Winner ("El justiciero de la ciudad (1974)") con el título "Detective privado (1978)", un flojo film muy inferior a su obra predecedora a pesar de contar en sus filas con el siempre interesante Robert Mitchum ("El cabo del terror (1962)") en la piel del detective Philip Marlowe. Hay que recordar que Robert Mitchum ya había encarnado este personaje anteriormente en "Adiós, muñeca (1975)" de Dick Richard. Como curiosidad, a los 6 meses del termino del rodaje del film se produciría el matrimonio de Bogart y Bacall, enlace que se mantendría hasta la muerte de Humphrey, convirtiéndose así en uno de los matrimonios más sólidos, aparte de atractivos, que ha tenido la historia del séptimo arte.

Frase para recordar: "Me tiene sin cuidado que no le gusten mis modales, ni siquiera me gustan a mi, me hacen llorar las noches de invierno. Me importa tanto que se meta conmigo como se tome una sopa con tenedor".

Título original: The big sleep.

Director: Howard Hawks.

Intérpretes: Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Martha Vickers, Charles Waldron, John Ridgely.
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OJOS SIN ROSTRO (1960)

Paisaje nocturno desde un coche en marcha por una carretera secundaria. Los cipreses se erigen majestuosos en el arcén. La cámara enfoca a Louise (inquietante Alida Valli), la mujer que conduce. Angustiada, limpia con la mano el vaho creado por su agitada respiración en el parabrisas, Las luces de otro vehículo que avanza hacia ella, perturban a la conductora, que mira por el espejo retrovisor de un modo neurótico. Hay una persona recostada en el asiento de detrás, con una gabardina y un sombrero que cubre su rostro. El otro vehículo adelanta, cuando Louise detiene el suyo. Respira aliviada y continúa la marcha. Al fondo por el cristal trasero, puede leerse una señal de tráfico que dice "París 22". El cuerpo recostado en los en los asientos de detrás se balancea con un traqueteo de la conducción. La conductora se detiene a la orilla del Sena. Se baja del coche. Va ataviada con una gabardina negra brillante, abre la puerta del asiento trasero y saca el cuerpo del asiento de atrás, que arrastra sosteniéndolo por las axilas, boca abajo, ahora sin el sombrero. Es una joven de complexión delgada. No vemos su rostro, que se apoya contra el pecho de Louise, quien avanza hacia la izquierda del encuadre desapareciendo de la imagen. En el siguiente plano, el cuerpo es arrojado al río. Corte al primer plano de Louise, cuyo rostro continúa claramente inquieto. Sus ojos son particularmente expresivos. Vuelve al coche. Se va. Más adelante, la vemos junto al doctor Genessier (excelente Pierre Brasseur), en el funeral de la hija de éste, recibiendo las condolencias de la gente. Alguien se refiere a ella como la secretaria del doctor, como "una extranjera". Gennessier y su ayudante regresan a su domicilio, una enorme mansión donde, tras un recorrido un tanto laberíntico de escaleras y pasillos filmados de manera majestuosa, en una planta aislada, se encuentra las dependencias de Christiane (melancólica y turbadora Edith Scob), la hija del médico, cuyo rostro intuimos desfigurado, pues no sólo no lo vemos (la joven está acostada boca abajo, triste, después de leer su obituario en prensas), es que, aparece Louise con una elegante máscara blanca para la joven. El productor Jules Borkon, consciente de los éxitos de algunas producciones británicas de Hammer Films, decide contratar a Franju para adaptar la novela del mismo título de Jean Redon. Para la confección del guión, adopta una decisión entusiasta, contrata a los novelistas de moda Pierre Boileau y Thomas Narcejac, autores, entre otras, de las novelas que sirven de base a "Las diabólicas (1955)" y "Entre los muertos ("Vértigo (1958)") de Alfred Hitchcock. El guión de los novelistas resultó, a su vez, retocado por el periodista Pierre Gascar y Claude Sautet, también ayudante de dirección, y posterior realizador de primera línea. Para la banda sonora, Franju siempre lo tuvo claro que la opción era Maurice Jarre, que debutó en la música de cine de su mano, en el cortometraje "Hôtel del invalides (1952)" y que colaboraría habitualmente con el realizador, hasta el salto internacional que supuso la confección de la banda sonora de la monumental obra maestra "Lawrence de Arabia (1962)" de David Lean. Para la ocasión, Jarre, compone un desquiciante vals en tres tiempos, que suena como aprisionado en una caja de música, como Christiane lo está en su máscara. Cuando Franju rueda esta singular obra maestra, se estrenan en las pantallas francesas y en los festivales como el de Cannes, nada menos que "Al final de una escapada (1959)" de Jean Luc Godard, "Los 400 golpes (1959)" de François Truffaut o "Hiroshima mon amour (1959)". Franju, más controlador y menos experimental que los miembros de la Nouvelle vague, más prestos a la improvisación, estaba más influido por el cine mudo francés, respecto del cual era uno de los más reputados expertos de la época. Particularmente, las influencias de Franju (co-fundador de la Cinemateque Francaise en 1936), pasan por George Mèliés, a quien homenajea en el cortometraje "El gran Mèliés (1951)" y por Louis Feuillade, a quien homenajea en "Judex (1963)", remake de un film homónimo de aquel, y en su último film "Noches rojas (1974)". Estas dos últimas, fueron escritas por el nieto de Feuillade, Jacques Champreux. La segunda de las ocho películas de Franju, jamás oculta su macabro juego. Al contrario, lo expone con naturalidad desde el comienzo. Gennesier es un prestigioso médico de mediana edad, experto en cirugía, atormentado por la culpa en un accidente de tráfico que le costó el rostro de su hermosa hija. Con la imprescindible ayuda de la eficiencia implacable de Louise, cuya inquebrantable lealtad la ganó construir su rostro con éxito (la única huella de la intervención es una pequeña cicatriz en el cuello que se tapa con un ceñido collar de perlas), el buen doctor secuestra jóvenes, que Louise encuentra en reconocibles lugares del barrio latino de París, a fin de extirparles la piel de sus bellos rostros, e injertárselos a su hija, fracasando en el empeño una y otra vez, entrando en una macabra sinfonía de desfiguración y destrucción de la belleza, rumbo a ninguna parte. Resulta particularmente turbadora la secuencia donde asistimos a la degeneración de la piel injertada de la joven Christiane. Una fotografías del rostro de la joven y la voz en off de su padre, muestran la terrible evolución, el bello rostro, pasa a tener una simples pigmentaciones, hasta la final necrosis y ulceraciones, que requiere la inmediata intervención quirúrgica para evitar la infección. Las dependencias contiguas al garage configuran la lúgubre sala de intervención, una fría celda donde se recluyen a las chicas operadas y una habitación provista de siniestras jaulas, plagadas de perros de varias razas, que ladran desesperadamente, pues el doctor les utiliza para sus diabólicos experimentos. "Ojos sin rostro" es un intenso drama humano, en forma de película de horror cotidiano, cuya poética y lirismo asombran más de cincuenta años de su realización. Franju, cineasta de la elegía del horror, construye su parábola sobre la franqueza con el espectador y un enorme gusto por el detalle, donde la expresividad de los ojos de los personajes, hábilmente acentuada, dicen más que las palabras. El cineasta nos propone un viaje a través de la culpa y de una funesta manera de entender la redención: la vía del sacrificio ajeno y de la experimentación de la cirugía reconstructiva (el futuro es algo que debió haber pasado hace mucho tiempo, dirá el doctor). También juega un papel importante, la trágica "muerte de la vida" de Christiane, una especie de muñeca siniestra, socialmente muerta, de mirada perturbadora, que derrama lágrimas a través de su máscara y se desvanece en la incertidumbre de la noche, con movimientos gráciles, inocentes, como liberada, como las palomas que la acompañan, pese a no estar en jaulas, hacia un futuro incierto, después de matar a Louise...después de que los perros que ha liberado, desfigurasen el rostro de su padre. La inconmensurable personalidad de este realizador ha inspirado a cineastas como Jesús Franco, quien en "Gritos de la noche (1962)" y "Los depredadores de la noche (1988)", realiza sendos remakes incofesos: John Carpenter, quien da instrucciones de que la máscara de Michael Myers en "La noche de Halloween (1978)" sea similar a la de Christiane; Pedro Almodovar que realiza una más que evidente relectura de este clásico en "La piel que habito (2011)" y a Leos Carax, en su "Holly Motors (2012)", donde la propia Edith Scob se coloca una máscara similar a la que esgrimía 53 años antes, en esta singular y admirable pieza de Franju.

Frase para recordar: "Ya sé que los muertos deben estar callados. ¡Déjame morir!, será lo mejor...¡No lo soporto más! No me atrevo a mirarme, ni tocarme la cara por miedo a sentir los surcos y las grietas en mi piel...".

Título original: Les yeax sans visage.

Director: Georges Franju.

Intérpretes: Pierre Brasseur, Juliette Maynel, Alida Valli, Edith Scobb.

ojos sin rostro
ojos sin rostro










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Reseña escrita por Manuel García de Mesa.

SÁBADO NOCHE DOMINGO MAÑANA (1960)

A mediados de la década de los 50 surgiría procedente del Reino Unido la llamada vertiente cinematográfica "Free cinema". Un movimiento (comparados por muchos a la corriente "neorrealista" que se vivió en la Italia de los años 40 y 50 debido a su dedicada preocupación hacia los entornos sociales más humildes y menos favorecidos) que se caracterizaría principalmente por contar historias cotidianas de la clase trabajadora británica, por criticar los ambientes más adinerados y aburguesados del país y por plasmar en sus películas, sin ningún tipo de pudor y de manera realista, la inconformidad y rebeldía que tenían los jóvenes hacia todo lo que le rodeaban. Entre sus principales precursores tendríamos a Karen Reisz, a Tony Richarson y a Gabin Lambers, tres cineastas iniciados como críticos cinematográficos (ejerciendo dicha labor en la revista de cine "Sequence", donde también fueron los co-fundadores) para dedicarse, posteriormente, de lleno en el terreno de la dirección y en escribir guiones para películas. De sus filmografías surgirían títulos tan emblemáticos del mencionado movimiento como fueron "Un sabor a miel (1961)", "La soledad de un corredor de fondo (1962)" o "Sábado noche domingo mañana (1960)", siendo ésta última, la dirigida por Karen Reisz, la que me centraré en esta ocasión. El film, ganador de los premios Bafta del año 1961 como mejor película británica, estaría basada en una novela de Alan Sillitoe (al igual que "La soledad de un corredor de fondo" de Richarson) y en ella nos narraría las vivencias de Arthur Seaton, un joven intransigente y rebelde que trabaja a destajo de lunes a viernes en una fábrica de Notthingham para luego disfrutar los fines de semana de todos los placeres que le da la vida sin tener ningún tipo de ataduras ni compromisos personales. Éste, al mismo tiempo mantendría una conjunta relación sentimental con una bella y recatada joven (Doreen) y con una mujer casada (y esposa de uno de sus compañeros de trabajo) llamada Brenda. La vida de Arthur daría un vuelco radical cuando deja embarazada a Brenda, un instante donde su descontrolada libertad se verá truncada por los problemas de la irresponsabilidad y donde el destino le iba a reservar un duro escarmiento. Sin dudas nos encontramos con un interesante drama social que sorprendería al público de la época por mostrar abiertamente y de manera natural los temas del aborto y las relaciones extraconjugales, algo que por desgracia no era muy habitual en el cine británico que se hacía por aquellos tiempos. En el plantel interpretativo causaría gran sensación un joven y debutante Albert Finney ("Dos en la carretera (1967)"), deleitándonos con su magnifico papel de Arthur Seaton (el actor aparecería en practicamente todas las secuencias de la película), un personaje cargado arrogancia y chulesca virilidad pero con el suficiente carisma para ganarse nuestra simpatía. Acompañando al bueno de Finney, estarían las actrices Shirley Anne Fields ("Alfie (1966)") y Rachel Roberts ("El ingenuo salvaje (1963)") dando vida a Doreen y Brenda respectivamente. Entre sus escenas hago mención el momento donde Arthur pide ayuda a su tía para que le resuelva el problema del embarazo de Brenda o la brutal paliza que sufre éste por parte de dos soldados. Como curiosidad, la fábrica donde trabaja el protagonista principal se trata de la misma fábrica donde trabajó en la vida real el autor de la novela (Alan Sillitoe) en que se basa el film.

Frase para recordar: "Lo que quiero es pasármelo bien. Todo lo demás es propaganda".

Título original: Saturday night and sunday morning.

Director: Karen Reisz.

Intérpretes: Albert Finney, Shirley Anne Fields, Rachel Roberts, Bryan Pringle.
Trailer: http://www.youtube.com/watch?v=OHsOSySZOyo
Escena: http://www.youtube.com/watch?v=pecc76XU2EI

sábado noche domindo mañana
sábado noche domingo mañana











Información complementaria:
http://es.wikipedia.org/wiki/Albert_Finney