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el-informe-pelicano
El sub-genero de cine judicial vivió su época de esplendor -en términos de taquilla- desde mediados de los años ochenta hasta mediados/finales de los 90´s, y uno de sus grandes culpables fue el escritor John Grisham, con tres adaptaciones casi simultaneas de sus novelas: La tapadera (Sidney Pollack, 1993), El informe pelicano (Alan J. Pakula, 1993) y El cliente (Joel Schumacher, 1994). Dos de ellas, no por casualidad, firmadas por directores imprescindibles de la década de los setenta.

En el caso de la película que hoy nos ocupa, es la más floja de las tres, por mucho que la anti-climática banda sonora a piano de La tapadera, siempre me pareciera un horror. En la firmada por Pollack, un impetuoso Tom Cruise se ponía la película a sus espaldas y comenzaba a cimentar la leyenda de sus carreras en el cine o en el film de Schumacher un gran elenco y la base de la historia con un niño -Brad Renfro viéndose en el ojo del huracán al ser testigo junto a su hermano pequeño del suicidio de un mafioso- daban para acercar al film al notable. Sin embargo en El informe pelicano las cosas no salieron tan bien, nada ni nadie en concreto salvan la cinta del olvido y hasta de la mediocridad,  y no por casualidad, es la más olvidada del tridente.

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Alan J. Pakula se encargó de adaptar al medio cinematográfico la novela de Grisham, dejando muchos detalles sin rellenar para que el espectador se encargara de ello, con graves problemas de ritmo, y además –lo peor de todo- cometiendo el grave error de plegarse a las directrices marcadas desde la productora sobre la forma en la que debía de presentarse y verse el personaje de Julia Roberts. Una improbable estudiante de derecho, que sin que se aclare en demasía, acabaría descubriendo un intrincadísimo plan de un magnate para apoderarse de unas tierras en donde anidan varias especies protegidas -entre ellas los pelicanos del título- pero, ¡oh sorpresa! también hay mucho petróleo…En el camino iremos topándonos con un asesino internacional al estilo Chacal (Stanley Tucci), un presidente americano más pendiente de jugar con su perro que de dirigir una nación -con guiños nada disimulados a Clinton y Nixon- (Robert Culp), un profesor que se pirra por las jovencitas (Sam Shepard en modo amaneramiento máximo, ojo a la obsesión de Shepard por atraer para sí la escena en cada plano en donde aparece haciendo gestos de todas las clases, en una forma de egoísmo actoral épico), y muchos interesados en puestos de poder; véase como máximo exponente al personaje de Tony Goldwin (Fletcher Coal). Por último, un sagaz periodista que parece ser el último en enterarse de todo por más que tenga contactos en todas partes (Denzel Washington). Todos estos personajes, y muchos más, van uniendo sus vidas entorno al informe del título redactado por Darby Shaw (Roberts).

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Por más que uno intente seguir el hilo de las sub-tramas, la cantidad de personajes, y luego las explicaciones tan sui-generis de Pakula -ojo al no va más del video de una especie de documental de la siesta con pelicanos, que se supone debe de dejar las cosas claras- dan al traste con la tensión, e incluso con el interés del espectador medio, que acaba liándose como una persiana ante la ingente cantidad de datos y la enorme confusión que rodea a todo. No ayuda que los dos supuestos protagonistas, y máximos atractivos del film, Denzel y Julia, no se lleguen a ver cara a cara hasta pasada la hora de película.

A favor, es justo mencionar ese punzante retrato del presidente americano, con una inmejorable elección del actor en cuestión, ojo a cuando le presentan un informe que podría acabar con su carrera presidencial, y él, en lugar de preocuparse, decide asomarse a la ventana a saludar a los periodistas congregados fuera. También puede resultar en parte estimulante ver como el director, sigue manteniendo intacto su posicionamiento en contra del sistema y a favor de "la verdad", en ese sentido sí son de interés sus guiños a la que seguramente sea su obra magna: Todos los hombres del presidente (1976), jugando con el meta-cine (con la sombra de "Todos los hombres" siempre presente) y cuestionando incluso la existencia de Garganta profunda, y resaltando el trabajo periodístico en pos de la verdad y la transparencia. Pero nada de eso salva a la cinta de la mediocridad en términos explicativos. El film se mueve sin sorpresas, flojeando a cada paso, desperdiciando el talento de su mejor actor (Denzel Washington) en pos de la floja labor de su "estrella protagonista", Julia Roberts, quien cuanto más va sufriendo, mayor se esfuerza en salir bella en el plano.

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Al final uno va sabiendo como todo va a terminar ya desde el primer tercio, y el rótulo de "The End" es recibido con alivio. Eso sí, precedida de la enésima concesión a la alfombra roja que se le tejió a Roberts para la película, cuando puede exhibir la sonrisa que le valió el calificativo de "Novia de América", mientras un segundo personaje la pone como a la altura de una Diosa. Con un presupuesto de entre 45 y 60 millones de dólares, El informe pelicano acabaría recaudando 195 millones de $, 100 de ellos en USA. Abriendo como número 1 en la semana de su estreno del 17 de diciembre de 1993 en donde competía con Beethoven 2, la familia crece (Rod Daniel, 1993) como estreno más potente de esos siete días. A la siguiente semana volvería a repetir en lo más alto, puesto que le acabaría arrebatando Robin Williams con La señora Doubtfire (Chris Columbus, 1993) ya en navidad. El informe pelicano fue la octava cinta más taquillera de su año, en donde la gran triunfadora fue Jurassic Park (Steven Spielberg).

Antes de su muerte, Pakula solo dirigirá una película más: La sombra del diablo (1997). Por su parte, Grisham lograría unos cuantos éxitos de taquilla con las adaptaciones de obras suyas que dieron pie a cintas como Tiempo de matar (Joel Schumacher, 1995) o El jurado (Gary Fleder, 2003). Denzel Washington tardaría dos años en volver a protagonizar un film (Marea roja, Tony Scott, 1995). Mientras que Roberts seguiría imparable su carrera a lo más alto con cintas como Me gustan los líos, Pret-a-porter o Algo de que hablar.

el-informe-pelicano

Título original: The Pelican Brief.

Intérpretes: Alan J. Pakula.

Reparto: Julia Roberts, Denzel Washington, Stanley Tucci, Tony Goldwyn, Jake Webber, Sam Shepard, John Heard, William Atherton, Hume Cronyn, John Lithgow, Anthony Heald, Robert Culp, James Sikking, Cynthia Nixon.

Trailer:


Escena:


Reseña escrita por Jonathan Glez

EL INFORME PELICANO (1993). John Grisham de manual.

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El sub-genero de cine judicial vivió su época de esplendor -en términos de taquilla- desde mediados de los años ochenta hasta mediados/finales de los 90´s, y uno de sus grandes culpables fue el escritor John Grisham, con tres adaptaciones casi simultaneas de sus novelas: La tapadera (Sidney Pollack, 1993), El informe pelicano (Alan J. Pakula, 1993) y El cliente (Joel Schumacher, 1994). Dos de ellas, no por casualidad, firmadas por directores imprescindibles de la década de los setenta.

En el caso de la película que hoy nos ocupa, es la más floja de las tres, por mucho que la anti-climática banda sonora a piano de La tapadera, siempre me pareciera un horror. En la firmada por Pollack, un impetuoso Tom Cruise se ponía la película a sus espaldas y comenzaba a cimentar la leyenda de sus carreras en el cine o en el film de Schumacher un gran elenco y la base de la historia con un niño -Brad Renfro viéndose en el ojo del huracán al ser testigo junto a su hermano pequeño del suicidio de un mafioso- daban para acercar al film al notable. Sin embargo en El informe pelicano las cosas no salieron tan bien, nada ni nadie en concreto salvan la cinta del olvido y hasta de la mediocridad,  y no por casualidad, es la más olvidada del tridente.

el-informe-pelicano

Alan J. Pakula se encargó de adaptar al medio cinematográfico la novela de Grisham, dejando muchos detalles sin rellenar para que el espectador se encargara de ello, con graves problemas de ritmo, y además –lo peor de todo- cometiendo el grave error de plegarse a las directrices marcadas desde la productora sobre la forma en la que debía de presentarse y verse el personaje de Julia Roberts. Una improbable estudiante de derecho, que sin que se aclare en demasía, acabaría descubriendo un intrincadísimo plan de un magnate para apoderarse de unas tierras en donde anidan varias especies protegidas -entre ellas los pelicanos del título- pero, ¡oh sorpresa! también hay mucho petróleo…En el camino iremos topándonos con un asesino internacional al estilo Chacal (Stanley Tucci), un presidente americano más pendiente de jugar con su perro que de dirigir una nación -con guiños nada disimulados a Clinton y Nixon- (Robert Culp), un profesor que se pirra por las jovencitas (Sam Shepard en modo amaneramiento máximo, ojo a la obsesión de Shepard por atraer para sí la escena en cada plano en donde aparece haciendo gestos de todas las clases, en una forma de egoísmo actoral épico), y muchos interesados en puestos de poder; véase como máximo exponente al personaje de Tony Goldwin (Fletcher Coal). Por último, un sagaz periodista que parece ser el último en enterarse de todo por más que tenga contactos en todas partes (Denzel Washington). Todos estos personajes, y muchos más, van uniendo sus vidas entorno al informe del título redactado por Darby Shaw (Roberts).

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Por más que uno intente seguir el hilo de las sub-tramas, la cantidad de personajes, y luego las explicaciones tan sui-generis de Pakula -ojo al no va más del video de una especie de documental de la siesta con pelicanos, que se supone debe de dejar las cosas claras- dan al traste con la tensión, e incluso con el interés del espectador medio, que acaba liándose como una persiana ante la ingente cantidad de datos y la enorme confusión que rodea a todo. No ayuda que los dos supuestos protagonistas, y máximos atractivos del film, Denzel y Julia, no se lleguen a ver cara a cara hasta pasada la hora de película.

A favor, es justo mencionar ese punzante retrato del presidente americano, con una inmejorable elección del actor en cuestión, ojo a cuando le presentan un informe que podría acabar con su carrera presidencial, y él, en lugar de preocuparse, decide asomarse a la ventana a saludar a los periodistas congregados fuera. También puede resultar en parte estimulante ver como el director, sigue manteniendo intacto su posicionamiento en contra del sistema y a favor de "la verdad", en ese sentido sí son de interés sus guiños a la que seguramente sea su obra magna: Todos los hombres del presidente (1976), jugando con el meta-cine (con la sombra de "Todos los hombres" siempre presente) y cuestionando incluso la existencia de Garganta profunda, y resaltando el trabajo periodístico en pos de la verdad y la transparencia. Pero nada de eso salva a la cinta de la mediocridad en términos explicativos. El film se mueve sin sorpresas, flojeando a cada paso, desperdiciando el talento de su mejor actor (Denzel Washington) en pos de la floja labor de su "estrella protagonista", Julia Roberts, quien cuanto más va sufriendo, mayor se esfuerza en salir bella en el plano.

el-informe-pelicano

Al final uno va sabiendo como todo va a terminar ya desde el primer tercio, y el rótulo de "The End" es recibido con alivio. Eso sí, precedida de la enésima concesión a la alfombra roja que se le tejió a Roberts para la película, cuando puede exhibir la sonrisa que le valió el calificativo de "Novia de América", mientras un segundo personaje la pone como a la altura de una Diosa. Con un presupuesto de entre 45 y 60 millones de dólares, El informe pelicano acabaría recaudando 195 millones de $, 100 de ellos en USA. Abriendo como número 1 en la semana de su estreno del 17 de diciembre de 1993 en donde competía con Beethoven 2, la familia crece (Rod Daniel, 1993) como estreno más potente de esos siete días. A la siguiente semana volvería a repetir en lo más alto, puesto que le acabaría arrebatando Robin Williams con La señora Doubtfire (Chris Columbus, 1993) ya en navidad. El informe pelicano fue la octava cinta más taquillera de su año, en donde la gran triunfadora fue Jurassic Park (Steven Spielberg).

Antes de su muerte, Pakula solo dirigirá una película más: La sombra del diablo (1997). Por su parte, Grisham lograría unos cuantos éxitos de taquilla con las adaptaciones de obras suyas que dieron pie a cintas como Tiempo de matar (Joel Schumacher, 1995) o El jurado (Gary Fleder, 2003). Denzel Washington tardaría dos años en volver a protagonizar un film (Marea roja, Tony Scott, 1995). Mientras que Roberts seguiría imparable su carrera a lo más alto con cintas como Me gustan los líos, Pret-a-porter o Algo de que hablar.

el-informe-pelicano

Título original: The Pelican Brief.

Intérpretes: Alan J. Pakula.

Reparto: Julia Roberts, Denzel Washington, Stanley Tucci, Tony Goldwyn, Jake Webber, Sam Shepard, John Heard, William Atherton, Hume Cronyn, John Lithgow, Anthony Heald, Robert Culp, James Sikking, Cynthia Nixon.

Trailer:


Escena:


Reseña escrita por Jonathan Glez

seis-mujeres-para-el-asesino
Se conoce como Giallo al subgénero cinematográfico de origen italiano derivado del thriller cuyos argumentos son muy similares a ciertas novelas policíacas baratas con portadas amarillas  ("giallo" significa amarillo en italiano) que se editaron en los años treinta.  La figura del asesino en serie casi siempre está presente en sus historias, así como una generosa dosis de violencia y morbosidad pero haciendo hincapié en su aspecto psicoanalítico, así como en su puesta en escena, ya que a veces en sus tramas lo  visual suele estar por encima de la historia; el asesino puede llegar a ser quien menos  te lo esperes, a veces incluso con características casi sobrenaturales.
Parece no haber duda en que el primer Giallo realizado sería "La muchacha que sabía demasiado" (La ragazza che sapeva troppo, 1963) de Mario Bava, un interesante thriller  aún deudor del cine de Hitchcock por parte de este gran artesano italiano y no se conocen más propuestas sólidas hasta que el mismo Bava sentó definitivamente las bases con esa pequeña obra maestra que es "Seis mujeres para el asesino (1964)". Justo después aparecería Dario Argento, en su mayoría con producciones muy irregulares, y el género alcanzaría gran popularidad en todo el mundo, llevándose Argento muchos de los méritos de Bava. El Giallo es también una clara influencia en el Slasher norteamericano; hasta John Carpenter reconoció inspirarse en el género transalpino para realizar "La noche de Halloween (1978)", y curiosamente hay una película italiana de 1971 llamada "Bahía de sangre"  que está considerada como una de las primeras "slasher movies", firmada de nuevo por Mario Bava, dejando claro que el director de San Remo sentó las bases de al menos dos populares corrientes dentro del cine de género.

seis-mujeres-para-el-asesino

En "Seis mujeres para el asesino" Bava no renuncia a su habitual imaginería gótica que tan buenos resultados le había dado en sus anteriores películas por más que el relato esté ambientado en una ampulosa casa de modas de la Roma de los sesenta donde se cometen una serie de asesinatos que poco a poco van mermando la plantilla de sus hermosas modelos. Mas adelante veremos como  las muertes guardan relación con los oscuros secretos que esconden los empleados de la casa de alta costura y aunque la policía  cree que el asesino debe de ser algún hombre debido a la violencia de los crímenes, la teoría se desmorona al resultar asesinada otra muchacha mientras todos los sospechosos varones  se encontraban detenidos.
seis-mujeres-para-el-asesino

Pero más que su argumento, lo realmente importante de "Seis mujeres para el asesino" es su  estilizada puesta en escena: como es habitual en el cine de Bava la fotografía es deslumbrante; con una gama de colores muy intensos, casi imposibles, que le confieren ese tono tan de pesadilla al relato. Como dice Quentin Tarantino en el documental "Mario Bava - Operazione Paura" se le podría considerar como un "action-painter" por esa manera tan expresiva de utilizar los filtros de  colores. La cosa no queda ahí, la maestría de Bava en los movimientos de cámara nos deja  largos planos secuencia muy bien coreografiados, en ocasiones desde unos ángulos muy barrocos, que unido a unos decorados casi expresionistas (los maniquíes que parecen tener vida propia) y a la gran banda sonora de Carlo Rustichelli en clave de oscuro latin-jazz hacen que su visionado sea una auténtica delicia.
Aunque la violencia, el sadismo y el erotismo están muy presentes en el film, quizá de manera demasiado explícita para el año 1964, para nada nos encontramos ante el festín de sangre gratuito en el que más adelante se convirtió el Giallo, género  que como ya he dicho al principio se nutrió y se dedicó a repetir casi todos los esquemas que aparecen en esta película, como por ejemplo la caracterización del asesino; con una máscara de tela blanca que seguramente nos recuerde a muchos de los posteriores serial killers que han gozado de gran popularidad en el  moderno cine de terror.

seis-mujeres-para-el-asesino

Título original: Sei donne per l'assassino

Director: Mario Bava.

Intérpretes: Cameron Mitchell, Eva Bartok, Thomas Reiner, Ariana Gorini, Dante DiPaolo, Mary Arden, Franco Ressel, Claude Dantes.

Escena:



Reseña escrita por Francisco Javier Arco Pérez

SEIS MUJERES PARA EL ASESINO (1964). El Giallo de Mario Bava.

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Se conoce como Giallo al subgénero cinematográfico de origen italiano derivado del thriller cuyos argumentos son muy similares a ciertas novelas policíacas baratas con portadas amarillas  ("giallo" significa amarillo en italiano) que se editaron en los años treinta.  La figura del asesino en serie casi siempre está presente en sus historias, así como una generosa dosis de violencia y morbosidad pero haciendo hincapié en su aspecto psicoanalítico, así como en su puesta en escena, ya que a veces en sus tramas lo  visual suele estar por encima de la historia; el asesino puede llegar a ser quien menos  te lo esperes, a veces incluso con características casi sobrenaturales.
Parece no haber duda en que el primer Giallo realizado sería "La muchacha que sabía demasiado" (La ragazza che sapeva troppo, 1963) de Mario Bava, un interesante thriller  aún deudor del cine de Hitchcock por parte de este gran artesano italiano y no se conocen más propuestas sólidas hasta que el mismo Bava sentó definitivamente las bases con esa pequeña obra maestra que es "Seis mujeres para el asesino (1964)". Justo después aparecería Dario Argento, en su mayoría con producciones muy irregulares, y el género alcanzaría gran popularidad en todo el mundo, llevándose Argento muchos de los méritos de Bava. El Giallo es también una clara influencia en el Slasher norteamericano; hasta John Carpenter reconoció inspirarse en el género transalpino para realizar "La noche de Halloween (1978)", y curiosamente hay una película italiana de 1971 llamada "Bahía de sangre"  que está considerada como una de las primeras "slasher movies", firmada de nuevo por Mario Bava, dejando claro que el director de San Remo sentó las bases de al menos dos populares corrientes dentro del cine de género.

seis-mujeres-para-el-asesino

En "Seis mujeres para el asesino" Bava no renuncia a su habitual imaginería gótica que tan buenos resultados le había dado en sus anteriores películas por más que el relato esté ambientado en una ampulosa casa de modas de la Roma de los sesenta donde se cometen una serie de asesinatos que poco a poco van mermando la plantilla de sus hermosas modelos. Mas adelante veremos como  las muertes guardan relación con los oscuros secretos que esconden los empleados de la casa de alta costura y aunque la policía  cree que el asesino debe de ser algún hombre debido a la violencia de los crímenes, la teoría se desmorona al resultar asesinada otra muchacha mientras todos los sospechosos varones  se encontraban detenidos.
seis-mujeres-para-el-asesino

Pero más que su argumento, lo realmente importante de "Seis mujeres para el asesino" es su  estilizada puesta en escena: como es habitual en el cine de Bava la fotografía es deslumbrante; con una gama de colores muy intensos, casi imposibles, que le confieren ese tono tan de pesadilla al relato. Como dice Quentin Tarantino en el documental "Mario Bava - Operazione Paura" se le podría considerar como un "action-painter" por esa manera tan expresiva de utilizar los filtros de  colores. La cosa no queda ahí, la maestría de Bava en los movimientos de cámara nos deja  largos planos secuencia muy bien coreografiados, en ocasiones desde unos ángulos muy barrocos, que unido a unos decorados casi expresionistas (los maniquíes que parecen tener vida propia) y a la gran banda sonora de Carlo Rustichelli en clave de oscuro latin-jazz hacen que su visionado sea una auténtica delicia.
Aunque la violencia, el sadismo y el erotismo están muy presentes en el film, quizá de manera demasiado explícita para el año 1964, para nada nos encontramos ante el festín de sangre gratuito en el que más adelante se convirtió el Giallo, género  que como ya he dicho al principio se nutrió y se dedicó a repetir casi todos los esquemas que aparecen en esta película, como por ejemplo la caracterización del asesino; con una máscara de tela blanca que seguramente nos recuerde a muchos de los posteriores serial killers que han gozado de gran popularidad en el  moderno cine de terror.

seis-mujeres-para-el-asesino

Título original: Sei donne per l'assassino

Director: Mario Bava.

Intérpretes: Cameron Mitchell, Eva Bartok, Thomas Reiner, Ariana Gorini, Dante DiPaolo, Mary Arden, Franco Ressel, Claude Dantes.

Escena:



Reseña escrita por Francisco Javier Arco Pérez

el-silencio-de-los-corderos
En 1991 Jonathan Demme presentó al mundo la película que le abrió las puertas de la Serie A de directores de Hollywood; El Silencio de los Corderos (The Silence of the Lambs). Adaptación a la gran pantalla de la novela de Thomas Harris, también autor de los libros "Dragon Rojo" y "Hannibal", adaptados al cine posteriormente. El guión del film corrió a cargo de Ted Tally, quien previamente había escrito Pasión sin barreras (Luis Mandoki, 1990) una olvidadísima cinta erótico-festiva de Susan Sarandon y James Spader

Con El Silencio de los Corderos, estamos ante la clásica película que define el resto de las carreras de los implicados en ella; estos fueron Jodie Foster (Clarice Starling), un papel que Foster ansiaba ante todo, incluso intentó comprar ella misma los derechos de la novela de Harris. El punto clave para que Foster lograra el papel de Clarice fue su interpretación en Acusados (Jonathan Kaplan, 1988). La favorita de los productores en cambio era Michelle Pfeiffer, quien prefirió filmar en términos "más suaves" Frankie & Johnny (Garry Marshall, 1991) junto a Pacino. Gene Hackman era en un principio el propietario oficial de los derechos de adaptación de la novela de Harris, y quien le prometió a Foster –en una reunión improvisada durante los Oscar’s de 1989 en donde ambos estaban nominados en sus respectivas categorías- el papel de Clarice. Con esa condición cedió a Orion Pictures dichos derechos, Hackman tenía previsto ser Crawford, el mentor de Clarice, papel que finalmente acabó en las manos de Scott Glenn. Por el contrario, apenas nadie pudo plantar cara a la candidatura de Anthony Hopkins como el Doctor Hannibal Lecter, en un papel algo más largo que el que se vio en Hunter (Michael Mann, 1986) y que interpretó de forma mucho más sosegada Brian Cox. En un principio se llegó a poner sobre la mesa la candidatura de Jeremy Irons para el rol de Lecter, incluso en algunas webs figura como el Irons rechazó el papel a favor de la película El misterio Von Bulow. Quizá pesó demasiado el fracaso de la anterior cinta con Lecter, la ya citada Hunter, algo que también hizo que Dino De Laurentiis (productor) no renovará sus derechos sobre las novelas de Harris, que luego sí hizo efectivos en Hannibal (Ridley Scott, 2001) y El dragón rojo (Brett Ratner, 2002), está ultima una copia exacta, aunque más comercial de Hunter de Mann. 

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Volviendo a Hopkins, este se tomó el rol de Lecter como un autentico reto; estudió el comportamiento de los asesinos en serie, creó un nuevo tono de voz mezcla, según sus palabras del deje de Truman Capote y Katherine Hepburn, y se dedicó durante el rodaje a no salir en ningún momento del personaje, hasta el punto que la propia Foster, con quien filmó la gran mayoría de sus escenas llegaba a estremecerse realmente por su eterna pose de psicópata. 

Apuntar como parte del reparto, los cameos de los directores del cine de terror más explotation de los años 60 y 70; George A. Romero y Roger Corman, ambos como dos jefazos del FBI. Y los inolvidables papeles de Ted Levine (Buffalo Bill), Charles Napier (Boyle) y Anthony Heald (Chilton), como el deleznable director del psiquiátrico de Baltimore donde está recluido Lecter.

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A pesar de sus efectismos, ojo a la repetitiva atracción de cada personaje masculino hacia Clarice, una frágil mujer, con andar seguro, pero una pose miedosa. Cuesta creer- a pesar de que Foster no es una mujer poco agraciada- que todos los hombres caigan de forma instantánea prendados de ella. Eso sí, en el aspecto de la relación entre Lecter y Clarice, todo está muy bien narrado, siendo el “psicópata” quien juega y psicoanaliza a la presunta psicoanalista. Demme juega con la cámara y los espacios para crear una tensión en aumento, hay momentos muy de los años noventa, sobre todo aquellos en donde Buffalo Bill se encuentra en su particular "mazmorra" y falso plano secuencia sostenido para la presentación de Lecter, en donde Chilton anda más preocupado de ligarse a Clarice que de avisarla de los peligros que corre al ver a Lecter. Para la historia queda el momento en donde uno de los encerrados se masturba y lanza a la cara de Clarice su semen, un momento que aún hoy cuesta creer que pasará la censura americana. Ojo a la reacción de Foster, en una de las escenas que le dieron el Oscar de 1991. En cuanto a Demme, es de justicia resaltar que con "El Silencio" consiguió darle seriedad a un subgénero que en los ochenta valía solo como excusa para films de acción (El héroe y el terror, Cobra, Ángel de la muerte). Sin duda estamos ante un film que marcó un importante hito, no solo por su éxito de taquilla y sus cinco Oscar’s, también por su estilo y sus formas, que luego David Fincher redefinió en Seven (1995). Otro punto importante que toca "El Silencio" es el travestismo y la homosexualidad, en este caso el asesino en su lucha por entenderse a sí mismo busca en otras mujeres su propia identidad; algo muy deudor de El estrangulador de Boston, pero sin las dos caras que en aquella exhibía Tony Curtis. 

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En definitiva, El Silencio de los Corderos es un clásico de su género, una cinta que con justicia arrasó en los Oscar’s de 1992 logrando cinco de las siete estatuillas –Película, actor, actriz, director y guión- a las que optaba, incluyendo, la más preciada a mejor película, categoría en la que competía junto a JFK (Oliver Stone), La bella y la bestia –sí, aún los films de animación no tenían su propia categoría-, Bugsy & El Príncipe de las mareas. El tiempo claramente dio la razón en aquella ocasión a la Academia, siendo la ganadora la más recordada. Además sirvió para relanzar las carreras de Anthony Hopkins (tras unos años ochenta en donde incluso tuvo serios problemas con la bebida) y Jodie Foster, que salía del vergonzante descalabro de Camino de retorno (Alan Smithee, 1990), un bodrio rodado junto a Dennis Hopper –que se negó a firmar como director-, que gracias al éxito de El Silencio de los Corderos nadie le pudo echar en cara.

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Título original: The silence of lambs.

Director: Jonatham Demme.

Intérpretes: Jodie Foster, Anthony Hopkins, Scott Glenn, Ted Levine, Anthony Heald, Diane Baker, Brooke Smith.

Trailer:


B.S.O.:


Reseña escrita por Jonathan Glez

EL SILENCIO DE LOS CORDEROS (1991). Psicoanalizada por un caníbal.

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En 1991 Jonathan Demme presentó al mundo la película que le abrió las puertas de la Serie A de directores de Hollywood; El Silencio de los Corderos (The Silence of the Lambs). Adaptación a la gran pantalla de la novela de Thomas Harris, también autor de los libros "Dragon Rojo" y "Hannibal", adaptados al cine posteriormente. El guión del film corrió a cargo de Ted Tally, quien previamente había escrito Pasión sin barreras (Luis Mandoki, 1990) una olvidadísima cinta erótico-festiva de Susan Sarandon y James Spader

Con El Silencio de los Corderos, estamos ante la clásica película que define el resto de las carreras de los implicados en ella; estos fueron Jodie Foster (Clarice Starling), un papel que Foster ansiaba ante todo, incluso intentó comprar ella misma los derechos de la novela de Harris. El punto clave para que Foster lograra el papel de Clarice fue su interpretación en Acusados (Jonathan Kaplan, 1988). La favorita de los productores en cambio era Michelle Pfeiffer, quien prefirió filmar en términos "más suaves" Frankie & Johnny (Garry Marshall, 1991) junto a Pacino. Gene Hackman era en un principio el propietario oficial de los derechos de adaptación de la novela de Harris, y quien le prometió a Foster –en una reunión improvisada durante los Oscar’s de 1989 en donde ambos estaban nominados en sus respectivas categorías- el papel de Clarice. Con esa condición cedió a Orion Pictures dichos derechos, Hackman tenía previsto ser Crawford, el mentor de Clarice, papel que finalmente acabó en las manos de Scott Glenn. Por el contrario, apenas nadie pudo plantar cara a la candidatura de Anthony Hopkins como el Doctor Hannibal Lecter, en un papel algo más largo que el que se vio en Hunter (Michael Mann, 1986) y que interpretó de forma mucho más sosegada Brian Cox. En un principio se llegó a poner sobre la mesa la candidatura de Jeremy Irons para el rol de Lecter, incluso en algunas webs figura como el Irons rechazó el papel a favor de la película El misterio Von Bulow. Quizá pesó demasiado el fracaso de la anterior cinta con Lecter, la ya citada Hunter, algo que también hizo que Dino De Laurentiis (productor) no renovará sus derechos sobre las novelas de Harris, que luego sí hizo efectivos en Hannibal (Ridley Scott, 2001) y El dragón rojo (Brett Ratner, 2002), está ultima una copia exacta, aunque más comercial de Hunter de Mann. 

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Volviendo a Hopkins, este se tomó el rol de Lecter como un autentico reto; estudió el comportamiento de los asesinos en serie, creó un nuevo tono de voz mezcla, según sus palabras del deje de Truman Capote y Katherine Hepburn, y se dedicó durante el rodaje a no salir en ningún momento del personaje, hasta el punto que la propia Foster, con quien filmó la gran mayoría de sus escenas llegaba a estremecerse realmente por su eterna pose de psicópata. 

Apuntar como parte del reparto, los cameos de los directores del cine de terror más explotation de los años 60 y 70; George A. Romero y Roger Corman, ambos como dos jefazos del FBI. Y los inolvidables papeles de Ted Levine (Buffalo Bill), Charles Napier (Boyle) y Anthony Heald (Chilton), como el deleznable director del psiquiátrico de Baltimore donde está recluido Lecter.

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A pesar de sus efectismos, ojo a la repetitiva atracción de cada personaje masculino hacia Clarice, una frágil mujer, con andar seguro, pero una pose miedosa. Cuesta creer- a pesar de que Foster no es una mujer poco agraciada- que todos los hombres caigan de forma instantánea prendados de ella. Eso sí, en el aspecto de la relación entre Lecter y Clarice, todo está muy bien narrado, siendo el “psicópata” quien juega y psicoanaliza a la presunta psicoanalista. Demme juega con la cámara y los espacios para crear una tensión en aumento, hay momentos muy de los años noventa, sobre todo aquellos en donde Buffalo Bill se encuentra en su particular "mazmorra" y falso plano secuencia sostenido para la presentación de Lecter, en donde Chilton anda más preocupado de ligarse a Clarice que de avisarla de los peligros que corre al ver a Lecter. Para la historia queda el momento en donde uno de los encerrados se masturba y lanza a la cara de Clarice su semen, un momento que aún hoy cuesta creer que pasará la censura americana. Ojo a la reacción de Foster, en una de las escenas que le dieron el Oscar de 1991. En cuanto a Demme, es de justicia resaltar que con "El Silencio" consiguió darle seriedad a un subgénero que en los ochenta valía solo como excusa para films de acción (El héroe y el terror, Cobra, Ángel de la muerte). Sin duda estamos ante un film que marcó un importante hito, no solo por su éxito de taquilla y sus cinco Oscar’s, también por su estilo y sus formas, que luego David Fincher redefinió en Seven (1995). Otro punto importante que toca "El Silencio" es el travestismo y la homosexualidad, en este caso el asesino en su lucha por entenderse a sí mismo busca en otras mujeres su propia identidad; algo muy deudor de El estrangulador de Boston, pero sin las dos caras que en aquella exhibía Tony Curtis. 

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En definitiva, El Silencio de los Corderos es un clásico de su género, una cinta que con justicia arrasó en los Oscar’s de 1992 logrando cinco de las siete estatuillas –Película, actor, actriz, director y guión- a las que optaba, incluyendo, la más preciada a mejor película, categoría en la que competía junto a JFK (Oliver Stone), La bella y la bestia –sí, aún los films de animación no tenían su propia categoría-, Bugsy & El Príncipe de las mareas. El tiempo claramente dio la razón en aquella ocasión a la Academia, siendo la ganadora la más recordada. Además sirvió para relanzar las carreras de Anthony Hopkins (tras unos años ochenta en donde incluso tuvo serios problemas con la bebida) y Jodie Foster, que salía del vergonzante descalabro de Camino de retorno (Alan Smithee, 1990), un bodrio rodado junto a Dennis Hopper –que se negó a firmar como director-, que gracias al éxito de El Silencio de los Corderos nadie le pudo echar en cara.

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Título original: The silence of lambs.

Director: Jonatham Demme.

Intérpretes: Jodie Foster, Anthony Hopkins, Scott Glenn, Ted Levine, Anthony Heald, Diane Baker, Brooke Smith.

Trailer:


B.S.O.:


Reseña escrita por Jonathan Glez

12
Sidney Lumet con su obra maestra "12 hombres sin piedad (1957)" nos demostró la relatividad de las opiniones frente a un mismo hecho. Cada acontecimiento que percibimos de la realidad a través de nuestros sentidos tiene un componente personal que puede modificar dicho evento, ya que todo estímulo entrante debe atravesar nuestro cerebro para ser devuelto en forma de discurso hablado. Por tanto, cada cual puede tener una perspectiva distinta, sujeta a diferentes interpretaciones pese a ser un hecho constatable en el mundo real.

Lumet, se basa en este drama judicial y en la obligada deliberación de sus 12 personajes que deben conseguir un consenso unánime sobre si un joven de 18 años deber ser o no condenado a muerte para recrear cómo debemos lidiar en la sociedad con nuestras diferencias. Además, la película permite reflexiones de distintas características sobre el tema del liderazgo, la dinámica de grupos, el ejercicio de la dialéctica, la responsabilidad individual frente a las obligaciones cívicas, la configuración de los juicios y de las leyes que los regulan, así como una incisiva valoración de la pena de muerte y la importancia de la marginalidad en el mantenimiento de la violencia social. Todo este importante contenido y toda la acción del drama transcurren en una única sala de deliberación, exceptuando el prólogo y el epílogo. En hora y media Lumet va creando una sensación de claustrofobia acorde con la psicología de los personajes. Para ello, va acercando cada vez más la cámara a sus personajes, y jugando con la lente obtiene dicho efecto.

12

Con este sencillo truco, el espectador se ve inmerso en una historia sobre la que apenas tiene datos, pero que se van descubriendo, desvelándose con ello las distintas personalidades de los sujetos que decidirán si el chico vive o muere. Sidney Lumet crea con su cámara una continua asfixia, entre gestos crispados e íntimas angustias que atrapan a unos personajes ambiguos y, por ello, más cercanos, liderados por un sublime Henry Fonda. El argumento es todo un ejercicio reflexivo de discusión con réplicas y contrarréplicas absolutamente magistrales, perfectamente ejecutadas por un elenco de brillantes actores.

El director de este remake es Nikita Mikhalkov, el autor de "Quemado por el sol (1994)" y de "Ojos Negros (1987)". Con su guión elaborado junto a Vladimir Moiseyenko y Aleksandr Novototsky profundiza sobre el mismo debate de Lumet, pero desde una perspectiva más social.En palabras del propio director:

"Lo que emerge gradualmente de la deliberación del jurado es una visión panorámica de la Rusia actual con sus decepciones, corrupción, violencia interna, su humor negro, sus sentimientos y sus esperanzas." (Herald Tribune)

"12" estuvo nominada al Oscar en la categoría de Mejor Película de Habla No Inglesa, y se alzó con el León de Oro Especial en el Festival de Venecia. Partiendo del mismo esquema que la película original de Lumet, desde los créditos de inicio el director nos sumerge en una realidad bien distinta, la de su país Rusia.

12

En este film, el acusado que es un joven checheno menor de edad, aparece en pantalla y asume un papel tan protagonista como los demás miembros del jurado, simplemente que su voz no es oída.

Los créditos iniciales están integrados en una propuesta fotográfica y una composición de imágenes muy original que nos permite conocer cuáles son los antecedentes de un chico checheno que perdió a sus padres en el conflicto bélico entre Chechenia y las fuerzas gubernamentales del gobierno centralizador, que promete igualdad, libertad y fraternidad al mismo tiempo que desparrama cadáveres y miseria.

El director añade el panorama visual de la escena del crimen tanto para abrir como para cerrar el film, formando así un círculo perfecto, jugando con varias escenas de exteriores y añadiendo diferentes elementos a la original obra de Lumet.

El esquema de la trama es idéntico, doce integrantes de un jurado que deliberan sobre la culpabilidad o no del acusado, en este caso un joven checheno, que supuestamente ha asesinado a su padre adoptivo, un militar del ejército ruso, para robarle la paga. Sin embargo, esta vez Nikita Mikhalkov se permite recrear con más meticulosidad el drama particular de cada uno de los integrantes del jurado.
El lugar donde deben establecerse para deliberar, el gimnasio de un colegio, es también otra pieza clave que nos va sumergiendo en la realidad de la sociedad rusa del momento. Además, con ayuda de un magnífico montaje, el director va intercalando las palabras de los integrantes del jurado con escenas del joven encarcelado.

12

El director expone la vida, la psiquis y el corazón de los presentes, a lo que se agregan flashbacks de la vida del acusado, de su niñez e imágenes de la guerra.

El jurado del Festival de Cine de Venecia definió el film como:

"La confirmación de la maestría de Mikhalkov para explorar y revelarnos las humanidades, emociones y la complejidad de la existencia".


Con un variado abanico de protagonistas, Nikita Mikhalkov es capaz de presentarnos todos los estamentos sociales más característicos, así como sus principales problemas arrastrados del reciente pasado que conforman el sustrato subyacente de los problemas sociales actuales : Un conductor de taxis que no soporta a los judíos y maltratador de su hijo; Un cirujano nacido en el Caúcaso; un temeroso ejecutivo productor de TV que consiguió graduarse en Harvard; un anciano judío sobreviviente del holocausto; un humorista ambulante, el atractivo y rico director de un cementerio; el hijo de un antiguo jefe del partido comunista; un trabajador del metro, acostumbrado al antiguo sistema ruso de clanes familiares; un representante de la nueva democracia que intenta modernizar el país; un físico brillante que tras ser rechazado por el sistema ruso, debió vender su invento a una empresa extranjera y el presidente del jurado, un hombre recio de pelo blanco que se dedica a pintar acuarelas.

12

Todos ellos representan una parte de los restos de una sociedad fragmentada en la Rusia post-comunista. Si bien se conservan las líneas generales de la historia en cuanto a las pruebas reales o no del homicidio, los dramas personales de los integrantes del jurado son absolutamente únicos y llenos de humanidad.

Con mano firme, el director mantiene un ritmo impecable donde las reconstrucciones de la historia de la guerra en Chechenia y la honesta creación de cada personaje con sus contradicciones nos permiten reflexionar acerca de la existencia de certezas verdaderas.

En este remake, la demostración de la veracidad de las pruebas está terriblemente marcada por el contexto socio-cultural que han vivido los individuos que deben emitir su juicio. Además, el final es absolutamente sorprendente y original, congruente con el verdadero mensaje que su director quiere transmitir.

Todo el elenco de personajes está magnífico y no existe un líder claro desde el inicio de la trama y, como ya he comentado, aquí el acusado asume un protagonismo silencioso de máxima importancia.
En mi opinión, un remake que apoyado en una obra maestra sabe trasladar el debate a la sociedad rusa aportando tanto relatos íntimos como sociales muy interesantes.

12-2007

Frases para recordar: "No busquen la verdad en la cotidianidad, intenten percibir la verdad en la existencia, en la esencia de la vida misma".

"La ley está por encima de todo, pero qué sucede cuando la misericordia está por encima de la Ley".

Director: Nikita Mikhalkov.

Intérpretes: Sergey Makovetskiy, Nikita Mikhalkov, Sergey Garmash, Valentin Gaft,Aleksey Petrenko, Yuriy Stoyanov, Sergey Gazarov, Mikhail Efremov.

Trailer:


Reseña escrita por Bárbara Valera Bestard

12 (2007). Los doce de Nikita Mikhalkov.

12
Sidney Lumet con su obra maestra "12 hombres sin piedad (1957)" nos demostró la relatividad de las opiniones frente a un mismo hecho. Cada acontecimiento que percibimos de la realidad a través de nuestros sentidos tiene un componente personal que puede modificar dicho evento, ya que todo estímulo entrante debe atravesar nuestro cerebro para ser devuelto en forma de discurso hablado. Por tanto, cada cual puede tener una perspectiva distinta, sujeta a diferentes interpretaciones pese a ser un hecho constatable en el mundo real.

Lumet, se basa en este drama judicial y en la obligada deliberación de sus 12 personajes que deben conseguir un consenso unánime sobre si un joven de 18 años deber ser o no condenado a muerte para recrear cómo debemos lidiar en la sociedad con nuestras diferencias. Además, la película permite reflexiones de distintas características sobre el tema del liderazgo, la dinámica de grupos, el ejercicio de la dialéctica, la responsabilidad individual frente a las obligaciones cívicas, la configuración de los juicios y de las leyes que los regulan, así como una incisiva valoración de la pena de muerte y la importancia de la marginalidad en el mantenimiento de la violencia social. Todo este importante contenido y toda la acción del drama transcurren en una única sala de deliberación, exceptuando el prólogo y el epílogo. En hora y media Lumet va creando una sensación de claustrofobia acorde con la psicología de los personajes. Para ello, va acercando cada vez más la cámara a sus personajes, y jugando con la lente obtiene dicho efecto.

12

Con este sencillo truco, el espectador se ve inmerso en una historia sobre la que apenas tiene datos, pero que se van descubriendo, desvelándose con ello las distintas personalidades de los sujetos que decidirán si el chico vive o muere. Sidney Lumet crea con su cámara una continua asfixia, entre gestos crispados e íntimas angustias que atrapan a unos personajes ambiguos y, por ello, más cercanos, liderados por un sublime Henry Fonda. El argumento es todo un ejercicio reflexivo de discusión con réplicas y contrarréplicas absolutamente magistrales, perfectamente ejecutadas por un elenco de brillantes actores.

El director de este remake es Nikita Mikhalkov, el autor de "Quemado por el sol (1994)" y de "Ojos Negros (1987)". Con su guión elaborado junto a Vladimir Moiseyenko y Aleksandr Novototsky profundiza sobre el mismo debate de Lumet, pero desde una perspectiva más social.En palabras del propio director:

"Lo que emerge gradualmente de la deliberación del jurado es una visión panorámica de la Rusia actual con sus decepciones, corrupción, violencia interna, su humor negro, sus sentimientos y sus esperanzas." (Herald Tribune)

"12" estuvo nominada al Oscar en la categoría de Mejor Película de Habla No Inglesa, y se alzó con el León de Oro Especial en el Festival de Venecia. Partiendo del mismo esquema que la película original de Lumet, desde los créditos de inicio el director nos sumerge en una realidad bien distinta, la de su país Rusia.

12

En este film, el acusado que es un joven checheno menor de edad, aparece en pantalla y asume un papel tan protagonista como los demás miembros del jurado, simplemente que su voz no es oída.

Los créditos iniciales están integrados en una propuesta fotográfica y una composición de imágenes muy original que nos permite conocer cuáles son los antecedentes de un chico checheno que perdió a sus padres en el conflicto bélico entre Chechenia y las fuerzas gubernamentales del gobierno centralizador, que promete igualdad, libertad y fraternidad al mismo tiempo que desparrama cadáveres y miseria.

El director añade el panorama visual de la escena del crimen tanto para abrir como para cerrar el film, formando así un círculo perfecto, jugando con varias escenas de exteriores y añadiendo diferentes elementos a la original obra de Lumet.

El esquema de la trama es idéntico, doce integrantes de un jurado que deliberan sobre la culpabilidad o no del acusado, en este caso un joven checheno, que supuestamente ha asesinado a su padre adoptivo, un militar del ejército ruso, para robarle la paga. Sin embargo, esta vez Nikita Mikhalkov se permite recrear con más meticulosidad el drama particular de cada uno de los integrantes del jurado.
El lugar donde deben establecerse para deliberar, el gimnasio de un colegio, es también otra pieza clave que nos va sumergiendo en la realidad de la sociedad rusa del momento. Además, con ayuda de un magnífico montaje, el director va intercalando las palabras de los integrantes del jurado con escenas del joven encarcelado.

12

El director expone la vida, la psiquis y el corazón de los presentes, a lo que se agregan flashbacks de la vida del acusado, de su niñez e imágenes de la guerra.

El jurado del Festival de Cine de Venecia definió el film como:

"La confirmación de la maestría de Mikhalkov para explorar y revelarnos las humanidades, emociones y la complejidad de la existencia".


Con un variado abanico de protagonistas, Nikita Mikhalkov es capaz de presentarnos todos los estamentos sociales más característicos, así como sus principales problemas arrastrados del reciente pasado que conforman el sustrato subyacente de los problemas sociales actuales : Un conductor de taxis que no soporta a los judíos y maltratador de su hijo; Un cirujano nacido en el Caúcaso; un temeroso ejecutivo productor de TV que consiguió graduarse en Harvard; un anciano judío sobreviviente del holocausto; un humorista ambulante, el atractivo y rico director de un cementerio; el hijo de un antiguo jefe del partido comunista; un trabajador del metro, acostumbrado al antiguo sistema ruso de clanes familiares; un representante de la nueva democracia que intenta modernizar el país; un físico brillante que tras ser rechazado por el sistema ruso, debió vender su invento a una empresa extranjera y el presidente del jurado, un hombre recio de pelo blanco que se dedica a pintar acuarelas.

12

Todos ellos representan una parte de los restos de una sociedad fragmentada en la Rusia post-comunista. Si bien se conservan las líneas generales de la historia en cuanto a las pruebas reales o no del homicidio, los dramas personales de los integrantes del jurado son absolutamente únicos y llenos de humanidad.

Con mano firme, el director mantiene un ritmo impecable donde las reconstrucciones de la historia de la guerra en Chechenia y la honesta creación de cada personaje con sus contradicciones nos permiten reflexionar acerca de la existencia de certezas verdaderas.

En este remake, la demostración de la veracidad de las pruebas está terriblemente marcada por el contexto socio-cultural que han vivido los individuos que deben emitir su juicio. Además, el final es absolutamente sorprendente y original, congruente con el verdadero mensaje que su director quiere transmitir.

Todo el elenco de personajes está magnífico y no existe un líder claro desde el inicio de la trama y, como ya he comentado, aquí el acusado asume un protagonismo silencioso de máxima importancia.
En mi opinión, un remake que apoyado en una obra maestra sabe trasladar el debate a la sociedad rusa aportando tanto relatos íntimos como sociales muy interesantes.

12-2007

Frases para recordar: "No busquen la verdad en la cotidianidad, intenten percibir la verdad en la existencia, en la esencia de la vida misma".

"La ley está por encima de todo, pero qué sucede cuando la misericordia está por encima de la Ley".

Director: Nikita Mikhalkov.

Intérpretes: Sergey Makovetskiy, Nikita Mikhalkov, Sergey Garmash, Valentin Gaft,Aleksey Petrenko, Yuriy Stoyanov, Sergey Gazarov, Mikhail Efremov.

Trailer:


Reseña escrita por Bárbara Valera Bestard


la-huella
Andrew Wyke (Laurence Olivier) es un famoso, distinguido, pomposo y elitista escritor de novelas de intriga y policiacas y muy aficionado a los juegos de ingenio y a los juguetes autómatas invita a su lujosa mansión inglesa a Milo Tindle (Michael Caine), un advenedizo peluquero de moda, de origen italiano y amante de la mujer del escritor. La idea de Milo es que Wyke le conceda el divorcio a su mujer, pero este a cambio le propone un extraño plan: ambos idearán un plan para simular en la mansión el robo de las joyas de la esposa, y así ambos saldrían beneficiados; Milo podría mantener el nivel de vida al que está acostumbrada la esposa y Wyke cobraría el seguro de las joyas.

A partir de aquí, nada es lo que parece y los hechos se sucederán hasta convertirse en una cacería entre gato y ratón, ¿o al revés?...

La película es una adaptación de la obra de teatro de Anthony Shaffer (Frenesí) con guión escrito por el propio dramaturgo y por ello, contiene un fuerte carácter teatral, conservando la esencia de la obra original, eso sí. El argumento es una mezcla de misterio y trhiller que encaja como piezas de un puzzle en un guion magistralmente construido para que esas piezas encajen a la perfección al tempo narrativo, y se puedan producir las sorpresas de guion escondidas de una forma tan sabia. Todo ello contribuye a que el espectador se mantenga expectante hasta el final.

la-huella

La Huella fue la última obra maestra de Mankiewicz, su testamento cinematográfico, que además de las magnificencias del guión, reside su maestría en el sublime duelo interpretativo que realizan, Laurence Olivier y Michael Caine, dos de los más grandes actores del cine británico, únicos actores en escena, rodada casi exclusivamente en el interior de la mansión, los cuales se enfrentarán dialécticamente durante algo más de dos horas sin rebajar un ápice el interés por nuestra parte; al contrario, la expectación crece a medida que se va sucediendo la trama, ni la intensidad por parte de los actores, ayudados por la característica BSO de Cole Porter y John Addison y por abundantes primeros planos.

Un enfrentamiento por parte de dos hombres de condición social tan distinta: Wyke, inglés, culto, y refinado. Un malicioso sádico con un gusto infantil por los trucos y una adicción a los rompecabezas. que se siente superior intelectual y socialmente; el otro, Milo Tindle, un advenedizo peluquero de origen italiano, que mantiene una relación con la descuidada esposa del escritor, aunque esto último sea lo que menos le importe a éste.

la-huella

En definitiva, se crea un juego psicológico entre ambos en una atmósfera tensa, densa, reforzada por todos los muñecos autómatas que decoran la recargada mansión, un cruel juego de venganza, una persecución enfermiza en busca únicamente de la humillación del adversario. Una lucha intelectual a tumba abierta que requiere nuestra máxima atención y concentración y en la que no se sabe, a priori, quién resultará ganador. Aunque al principio, uno de ellos, parece ampliamente superado por su oponente, Mankiewicz nos tiene preparadas unas cuantas sorpresas y giros de guión. Es muy interesante el cambio de actitud y roles de los protagonistas a medida que avanza la historia. Así, el antes opresor, el que ejercía el poder, pasa ahora a oprimido y humillado, aunque al final de la cinta no sabemos diferenciar de una manera clara, quién es quién.

Mankiewicz, guión en mano, solía exponer el guión con el actor y lo que esperaba de él. De esta forma lo hizo con Olivier y Caine. Así, cada uno de ellos, tenía una vaga idea de lo que el otro iba a hacer en el rodaje, y al revés. El objetivo era, que ambos actores se sorprendieran mutuamente con sus interpretaciones. Consiguiendo ambos, interpretaciones memorables. Como curiosidad, la risa de Laurence Olivier es utilizada para las carcajadas de Jolly, el marinero sonriente. La cinta tuvo cuatro nominaciones a los premios de la Academia en las categorias de mejor director, mejor actor (ambos nominados) y mejor banda sonora de John Addison.

Kenneth Branagh rodó un remake en el 2007, con bastantes cambios sustanciales. Sustituyó la recargada y agobiante mansión victoriana de la original por una fría casa inteligente y donde Jude Law interpretaba el personaje de Caine y el propio Caine el de Olivier. Sin pretender desmerecer el talento de Branagh, que sin duda lo tiene, sobre todo en las adaptaciones que ha realizado de Shakespeare, no consigue imprimir en el remake, la tensión ni los giros narrativos, ni la excelsa calidad de la original.

la-huella

Frase para recordar: "Tiene que convencerles de que sólo ha sido un juego".

Título original: Sleuth.

Director: Joseph L. Mankiewicz.

Intérpretes: Laurence Olivier, Michael Caine, Alec Cawthorne, John Matthews, Eve Channing,Teddy Martin.

Trailer:


Escena:


Reseña escrita por Marilyn Rodríguez

LA HUELLA (1972). El juego del gato y el ratón de Laurence Olivier y Michael Caine.


la-huella
Andrew Wyke (Laurence Olivier) es un famoso, distinguido, pomposo y elitista escritor de novelas de intriga y policiacas y muy aficionado a los juegos de ingenio y a los juguetes autómatas invita a su lujosa mansión inglesa a Milo Tindle (Michael Caine), un advenedizo peluquero de moda, de origen italiano y amante de la mujer del escritor. La idea de Milo es que Wyke le conceda el divorcio a su mujer, pero este a cambio le propone un extraño plan: ambos idearán un plan para simular en la mansión el robo de las joyas de la esposa, y así ambos saldrían beneficiados; Milo podría mantener el nivel de vida al que está acostumbrada la esposa y Wyke cobraría el seguro de las joyas.

A partir de aquí, nada es lo que parece y los hechos se sucederán hasta convertirse en una cacería entre gato y ratón, ¿o al revés?...

La película es una adaptación de la obra de teatro de Anthony Shaffer (Frenesí) con guión escrito por el propio dramaturgo y por ello, contiene un fuerte carácter teatral, conservando la esencia de la obra original, eso sí. El argumento es una mezcla de misterio y trhiller que encaja como piezas de un puzzle en un guion magistralmente construido para que esas piezas encajen a la perfección al tempo narrativo, y se puedan producir las sorpresas de guion escondidas de una forma tan sabia. Todo ello contribuye a que el espectador se mantenga expectante hasta el final.

la-huella

La Huella fue la última obra maestra de Mankiewicz, su testamento cinematográfico, que además de las magnificencias del guión, reside su maestría en el sublime duelo interpretativo que realizan, Laurence Olivier y Michael Caine, dos de los más grandes actores del cine británico, únicos actores en escena, rodada casi exclusivamente en el interior de la mansión, los cuales se enfrentarán dialécticamente durante algo más de dos horas sin rebajar un ápice el interés por nuestra parte; al contrario, la expectación crece a medida que se va sucediendo la trama, ni la intensidad por parte de los actores, ayudados por la característica BSO de Cole Porter y John Addison y por abundantes primeros planos.

Un enfrentamiento por parte de dos hombres de condición social tan distinta: Wyke, inglés, culto, y refinado. Un malicioso sádico con un gusto infantil por los trucos y una adicción a los rompecabezas. que se siente superior intelectual y socialmente; el otro, Milo Tindle, un advenedizo peluquero de origen italiano, que mantiene una relación con la descuidada esposa del escritor, aunque esto último sea lo que menos le importe a éste.

la-huella

En definitiva, se crea un juego psicológico entre ambos en una atmósfera tensa, densa, reforzada por todos los muñecos autómatas que decoran la recargada mansión, un cruel juego de venganza, una persecución enfermiza en busca únicamente de la humillación del adversario. Una lucha intelectual a tumba abierta que requiere nuestra máxima atención y concentración y en la que no se sabe, a priori, quién resultará ganador. Aunque al principio, uno de ellos, parece ampliamente superado por su oponente, Mankiewicz nos tiene preparadas unas cuantas sorpresas y giros de guión. Es muy interesante el cambio de actitud y roles de los protagonistas a medida que avanza la historia. Así, el antes opresor, el que ejercía el poder, pasa ahora a oprimido y humillado, aunque al final de la cinta no sabemos diferenciar de una manera clara, quién es quién.

Mankiewicz, guión en mano, solía exponer el guión con el actor y lo que esperaba de él. De esta forma lo hizo con Olivier y Caine. Así, cada uno de ellos, tenía una vaga idea de lo que el otro iba a hacer en el rodaje, y al revés. El objetivo era, que ambos actores se sorprendieran mutuamente con sus interpretaciones. Consiguiendo ambos, interpretaciones memorables. Como curiosidad, la risa de Laurence Olivier es utilizada para las carcajadas de Jolly, el marinero sonriente. La cinta tuvo cuatro nominaciones a los premios de la Academia en las categorias de mejor director, mejor actor (ambos nominados) y mejor banda sonora de John Addison.

Kenneth Branagh rodó un remake en el 2007, con bastantes cambios sustanciales. Sustituyó la recargada y agobiante mansión victoriana de la original por una fría casa inteligente y donde Jude Law interpretaba el personaje de Caine y el propio Caine el de Olivier. Sin pretender desmerecer el talento de Branagh, que sin duda lo tiene, sobre todo en las adaptaciones que ha realizado de Shakespeare, no consigue imprimir en el remake, la tensión ni los giros narrativos, ni la excelsa calidad de la original.

la-huella

Frase para recordar: "Tiene que convencerles de que sólo ha sido un juego".

Título original: Sleuth.

Director: Joseph L. Mankiewicz.

Intérpretes: Laurence Olivier, Michael Caine, Alec Cawthorne, John Matthews, Eve Channing,Teddy Martin.

Trailer:


Escena:


Reseña escrita por Marilyn Rodríguez

el-fotógrafo-del-pánico
"Peeping Tom" (Tom el mirón) es el nombre de un personaje de "Lady Godiva"; leyenda anglosajona en la que se cuenta como un hombre no podía resistir la tentación de espiar  a su ama por un agujero. Seguramente estemos mas familiarizados con el término "Peep Show", cuyos orígenes son muy antiguos y que a partir del siglo XX los sex-shops se encargaron de popularizar y rentabilizar mediante espectáculos de contenido sexual  donde los  clientes tienen acceso, previo pago, para observar a través de un cristal. En el argot psiquiátrico se conoce como escoptofilia o voyeurismo al trastorno de inclinaciones sexuales caracterizado por la obsesión recurrente de mirar a personas que están en situaciones íntimas.

El maestro Michael Powell tuvo muy presente todo lo anteriormente mencionado a la hora de  realizar esta obra de culto del thriller británico, muy polémica y odiada en su momento pero enormemente reconocida años después, en parte gracias a la labor de difusión y recuperación llevada a cabo por gente como Martin Scorsese, gran admirador del film. Más que por sus escenas de violencia, muy puntuales y rodadas por Powell con su habitual elegancia, la dureza de "El fotógrafo del pánico" tiene más que ver con la torturada psicología de su protagonista, Mark Lewis (Carl Boehm), objeto durante su niñez de filmaciones para captar sus reacciones ante el miedo  por parte de su padre. Ya en su edad adulta se convertirá en un solitario  psicópata  obsesionado con filmar la muerte de sus víctimas para después proyectarlas y deleitarse con sus reacciones ante el miedo. 


el-fotógrafo-del-pánico

Aún más interesante es la relación que Michael Powell establece entre el voyeurismo y el cine, de hecho su protagonista trabaja como operador de cámara en rodajes de películas, además de fotógrafo ocasional, siempre como excusa para atraer a sus víctimas, a las que obliga a visionar su propia muerte en el acto mediante un espejo que adapta al objetivo de su cámara de 16 mm. Por si todas estas referencias cinematográficas fuesen pocas el propio Powell se encarga de  asignarse a sí mismo el papel del padre del asesino, al que solo vemos durante  las grabaciones caseras que éste proyecta, y curiosamente  el personaje  de Mark durante su infancia está interpretado por su propio hijo en la vida real; Columba Powell.  La película es un continuo juego de miradas, enfoques y puntos de vista  donde precisamente la primera persona en darse cuenta del secreto que guarda Mark es su vecina ciega, la señora Stephens (Maxine Audley), madre de Helen (Anna Massey), la joven que se enamora de Mark a pesar de su oscura personalidad.

Se podría considerar como una precursora de las "Snuff Movies", ya que es una de las primeras películas narradas desde el punto de vista del asesino y aunque Michael Powell aquí ya firma en solitario sin su habitual colaborador Emeric Pressburger, la excelente fotografía con una gama de colores muy fuertes y  vivos no dista mucho de anteriores obras maestras del dúo como "Narciso negro (1947)" o "Las zapatillas rojas (1948)"; sin ir más lejos Moira Shearer, la bailarina de ballet de este último film aparece en "El fotógrafo del pánico"; precisamente protagonizando otro baile,  mas siniestro para la ocasión y  que se encargará de filmar Mark Lewis justo antes de asesinarla.


el-fotógrafo-del-pánico

Título original: Peeping Tom.

Director: Michael Powell.

Intérpretes: Karlheinz Böhm, Moira Shearer, Anna Massey, Maxine Audley, Esmond Knight,Michael Goodlife, Shirley Anne Field.


Trailer:


Escena:


Reseña escrita por Francisco Javier Arco Pérez

EL FOTÓGRAFO DEL PÁNICO (1960). La muerte en imágenes.

el-fotógrafo-del-pánico
"Peeping Tom" (Tom el mirón) es el nombre de un personaje de "Lady Godiva"; leyenda anglosajona en la que se cuenta como un hombre no podía resistir la tentación de espiar  a su ama por un agujero. Seguramente estemos mas familiarizados con el término "Peep Show", cuyos orígenes son muy antiguos y que a partir del siglo XX los sex-shops se encargaron de popularizar y rentabilizar mediante espectáculos de contenido sexual  donde los  clientes tienen acceso, previo pago, para observar a través de un cristal. En el argot psiquiátrico se conoce como escoptofilia o voyeurismo al trastorno de inclinaciones sexuales caracterizado por la obsesión recurrente de mirar a personas que están en situaciones íntimas.

El maestro Michael Powell tuvo muy presente todo lo anteriormente mencionado a la hora de  realizar esta obra de culto del thriller británico, muy polémica y odiada en su momento pero enormemente reconocida años después, en parte gracias a la labor de difusión y recuperación llevada a cabo por gente como Martin Scorsese, gran admirador del film. Más que por sus escenas de violencia, muy puntuales y rodadas por Powell con su habitual elegancia, la dureza de "El fotógrafo del pánico" tiene más que ver con la torturada psicología de su protagonista, Mark Lewis (Carl Boehm), objeto durante su niñez de filmaciones para captar sus reacciones ante el miedo  por parte de su padre. Ya en su edad adulta se convertirá en un solitario  psicópata  obsesionado con filmar la muerte de sus víctimas para después proyectarlas y deleitarse con sus reacciones ante el miedo. 


el-fotógrafo-del-pánico

Aún más interesante es la relación que Michael Powell establece entre el voyeurismo y el cine, de hecho su protagonista trabaja como operador de cámara en rodajes de películas, además de fotógrafo ocasional, siempre como excusa para atraer a sus víctimas, a las que obliga a visionar su propia muerte en el acto mediante un espejo que adapta al objetivo de su cámara de 16 mm. Por si todas estas referencias cinematográficas fuesen pocas el propio Powell se encarga de  asignarse a sí mismo el papel del padre del asesino, al que solo vemos durante  las grabaciones caseras que éste proyecta, y curiosamente  el personaje  de Mark durante su infancia está interpretado por su propio hijo en la vida real; Columba Powell.  La película es un continuo juego de miradas, enfoques y puntos de vista  donde precisamente la primera persona en darse cuenta del secreto que guarda Mark es su vecina ciega, la señora Stephens (Maxine Audley), madre de Helen (Anna Massey), la joven que se enamora de Mark a pesar de su oscura personalidad.

Se podría considerar como una precursora de las "Snuff Movies", ya que es una de las primeras películas narradas desde el punto de vista del asesino y aunque Michael Powell aquí ya firma en solitario sin su habitual colaborador Emeric Pressburger, la excelente fotografía con una gama de colores muy fuertes y  vivos no dista mucho de anteriores obras maestras del dúo como "Narciso negro (1947)" o "Las zapatillas rojas (1948)"; sin ir más lejos Moira Shearer, la bailarina de ballet de este último film aparece en "El fotógrafo del pánico"; precisamente protagonizando otro baile,  mas siniestro para la ocasión y  que se encargará de filmar Mark Lewis justo antes de asesinarla.


el-fotógrafo-del-pánico

Título original: Peeping Tom.

Director: Michael Powell.

Intérpretes: Karlheinz Böhm, Moira Shearer, Anna Massey, Maxine Audley, Esmond Knight,Michael Goodlife, Shirley Anne Field.


Trailer:


Escena:


Reseña escrita por Francisco Javier Arco Pérez

yo-confieso
En 1953 Alfred Hitchcock estrenó una de sus películas más controvertidas. Tanto que le llevó casi una década sacarla a flote y se necesitaron de hasta una docena de guionistas para pulir el libreto de la obra en la que se basaba Yo confieso. Los que acabaron firmando el film fueron George Tabori y William Archibald. En primera instancia el actor protagonista debía ser Cary Grant pero este declinó el papel por su peliagudo tratamiento. Es decir un sacerdote que en el pasado había tenido un idilio con una mujer ahora casada. Idilio que será sacado a la luz tras un asesinato con  culpable claro (para el espectador). Y usado en contra del cura para que confiese el asesinato. Asesinato que no cometió. Pero que por el secreto de confesión tampoco puede desvelar

Finalmente fue Montgomery Clift el actor que daría vida al padre Michael Logan en una de sus actuaciones más recordadas. Clift venía de protagonizar dos años antes Un lugar en el sol (George Stevens) por la que fue nominado al Oscar. Las relaciones entre el director y la estrella, conocido actor del método. No fueron fáciles. Pero sí que se mantuvieron dentro de la cordialidad, por más que Clift no era ni por asomo de las primeras opciones para el personaje. Karl Malden ganador de un premio de la Academia por la monumental Un tranvía llamado deseo (1951) interpretaría uno de sus clásicos papeles de policía. En este caso un detective tremendamente hostigador que se vanagloria de cerrar todos sus casos. Anne Baxter tendría a su cargo el difícil papel de Ruth Grandfort. La joven enamorada de Logan cuando este aún no se había ordenado al sacerdocio, que  tendrá un papel clave en el film. Baxter era una conocida femme-fatale del cine negro. No en vano fue la coprotagonista de El filo de la navaja (Edmund Goulding, 1946).

yo-confieso

Aunque sobre decirlo estando Alfred Hitchcock de por medio. En Yo confieso estamos ante un film con una temática peliaguda y complicada. Además de ante una obra cuyo largo flashback con voz en off a cargo de Ruth (Baxter) ya vale por toda la película. Ojo a como esta todo visualizado sin ningún dialogo. Solo narrado por la voz que cuenta el pasado que envolvía a los personajes de Logan y Ruth. Una muestra de genialidad puramente Hitchcockniana de la que autores como De Palma, Spielberg o Zemeckis tomaron notas para sus películas en varios momentos de sus filmografías. Además tenemos una cinta que se mueve como si fuera una partida de cartas. Con los personajes jugando sus bazas como mejor les conviene. Algo también extensible a su director. Ojo a como se van cargando las tintas sobre los hombros de Logan. El único que sabe quien fue el asesino (junto al espectador, un truco muy de su autor) pero que se debe a un código. De igual manera que sirvió a él en su pasado en el ejercito. Lo servirá ahora en el sacerdocio. Aunque ello le cueste la vida. También da mucho juego como va moviéndose como una conciencia pérfida el personaje de Otto (O.E. Hasse). Además otro punto añadido es la forma en que Karl Malden encara su papel. El de un sabueso que se relame ante un caso que puede hacerle subir como la espuma. Véase cuando insta al fiscal del distrito a llamar a Ruth a su casa en plena noche. En cuanto a Clift aquí entrega una actuación realmente notable. Interiorizada como en él era costumbre y contenida. Siguiendo la línea del menos es más. No a tan buen nivel como el resto rinde Baxter. Demasiado teatral. No hay más que ver como no cambia su expresión y la mirada arriba en la secuencia que tiene junto a Clift a bordo del barco. Otros detalles dignos de reseñar van sobre el personaje de Villete (Ovila Légaré) quien a pesar de comenzar la cinta ya muerto reaparece en diversos flashbacks como  una figura nada inocente. Una característica clásica del film noir. El muerto no era un santo.

yo-confieso

Como no, en Yo confieso tenemos cameo de su director. Aquí muy pronto y un plano general. Cruzando la calle. Y además. Dos guiños seguidos a la figura de Humphrey Bogart. Un cartel de Sin conciencia (The enforcer, 1951) donde Bogie daba vida a un implacable fiscal del distrito a la caza de un eminente mafioso. Y cuando Logan mira un escaparate en donde un maniquí porta un traje con la famosa pajarita que inmortalizara Bogart. Como apunte final la cinta se rodó en la capital de Canadá, Quebec. Por aquello de la tan conocida moral americana. Además Hitchcock fue instado a recordar en varias ocasiones que el film estaba allí localizado y no en EEUU. Insertando varios carteles y puntualizando que la acción tenía lugar en Canadá. Apuntar que este film se estrenó en España con un doblaje censurado para cines. Algo que luego se corregiría con su doblaje para TVE con la voz de Clift a cargo del gran Rogelio Hernandez.

A pesar de su indudable calidad artística. Yo confieso fue recibida con frialdad. El hecho de que en el año siguiente su director firmara dos de sus obras más recordadas e imitadas; Crimen perfecto (1954) y La ventana indiscreta (1954) hizo que el film acabara ciertamente olvidado. Aunque el tiempo fue dándole más fama. Varios años después Hitchcock regresaría a un argumento similar con Falso culpable (1956) protagonizada por Henry Fonda. Y es que aquello de presentar a un personaje señalado por todos o confundido con otro siempre le dio mucho juego al maestro.

yo-confieso

Título original: I Confess.

Director: Alfred Hitchcock.

Intérpretes: Montgomery CliftAnne BaxterKarl MaldenBrian AherneO.E. HasseDolly HaasRoger DannCharles André.

Trailer:


B.S.O.:


Reseña escrita por Jonathan Glez

YO CONFIESO (1953). Culpable de inocencia.

yo-confieso
En 1953 Alfred Hitchcock estrenó una de sus películas más controvertidas. Tanto que le llevó casi una década sacarla a flote y se necesitaron de hasta una docena de guionistas para pulir el libreto de la obra en la que se basaba Yo confieso. Los que acabaron firmando el film fueron George Tabori y William Archibald. En primera instancia el actor protagonista debía ser Cary Grant pero este declinó el papel por su peliagudo tratamiento. Es decir un sacerdote que en el pasado había tenido un idilio con una mujer ahora casada. Idilio que será sacado a la luz tras un asesinato con  culpable claro (para el espectador). Y usado en contra del cura para que confiese el asesinato. Asesinato que no cometió. Pero que por el secreto de confesión tampoco puede desvelar

Finalmente fue Montgomery Clift el actor que daría vida al padre Michael Logan en una de sus actuaciones más recordadas. Clift venía de protagonizar dos años antes Un lugar en el sol (George Stevens) por la que fue nominado al Oscar. Las relaciones entre el director y la estrella, conocido actor del método. No fueron fáciles. Pero sí que se mantuvieron dentro de la cordialidad, por más que Clift no era ni por asomo de las primeras opciones para el personaje. Karl Malden ganador de un premio de la Academia por la monumental Un tranvía llamado deseo (1951) interpretaría uno de sus clásicos papeles de policía. En este caso un detective tremendamente hostigador que se vanagloria de cerrar todos sus casos. Anne Baxter tendría a su cargo el difícil papel de Ruth Grandfort. La joven enamorada de Logan cuando este aún no se había ordenado al sacerdocio, que  tendrá un papel clave en el film. Baxter era una conocida femme-fatale del cine negro. No en vano fue la coprotagonista de El filo de la navaja (Edmund Goulding, 1946).

yo-confieso

Aunque sobre decirlo estando Alfred Hitchcock de por medio. En Yo confieso estamos ante un film con una temática peliaguda y complicada. Además de ante una obra cuyo largo flashback con voz en off a cargo de Ruth (Baxter) ya vale por toda la película. Ojo a como esta todo visualizado sin ningún dialogo. Solo narrado por la voz que cuenta el pasado que envolvía a los personajes de Logan y Ruth. Una muestra de genialidad puramente Hitchcockniana de la que autores como De Palma, Spielberg o Zemeckis tomaron notas para sus películas en varios momentos de sus filmografías. Además tenemos una cinta que se mueve como si fuera una partida de cartas. Con los personajes jugando sus bazas como mejor les conviene. Algo también extensible a su director. Ojo a como se van cargando las tintas sobre los hombros de Logan. El único que sabe quien fue el asesino (junto al espectador, un truco muy de su autor) pero que se debe a un código. De igual manera que sirvió a él en su pasado en el ejercito. Lo servirá ahora en el sacerdocio. Aunque ello le cueste la vida. También da mucho juego como va moviéndose como una conciencia pérfida el personaje de Otto (O.E. Hasse). Además otro punto añadido es la forma en que Karl Malden encara su papel. El de un sabueso que se relame ante un caso que puede hacerle subir como la espuma. Véase cuando insta al fiscal del distrito a llamar a Ruth a su casa en plena noche. En cuanto a Clift aquí entrega una actuación realmente notable. Interiorizada como en él era costumbre y contenida. Siguiendo la línea del menos es más. No a tan buen nivel como el resto rinde Baxter. Demasiado teatral. No hay más que ver como no cambia su expresión y la mirada arriba en la secuencia que tiene junto a Clift a bordo del barco. Otros detalles dignos de reseñar van sobre el personaje de Villete (Ovila Légaré) quien a pesar de comenzar la cinta ya muerto reaparece en diversos flashbacks como  una figura nada inocente. Una característica clásica del film noir. El muerto no era un santo.

yo-confieso

Como no, en Yo confieso tenemos cameo de su director. Aquí muy pronto y un plano general. Cruzando la calle. Y además. Dos guiños seguidos a la figura de Humphrey Bogart. Un cartel de Sin conciencia (The enforcer, 1951) donde Bogie daba vida a un implacable fiscal del distrito a la caza de un eminente mafioso. Y cuando Logan mira un escaparate en donde un maniquí porta un traje con la famosa pajarita que inmortalizara Bogart. Como apunte final la cinta se rodó en la capital de Canadá, Quebec. Por aquello de la tan conocida moral americana. Además Hitchcock fue instado a recordar en varias ocasiones que el film estaba allí localizado y no en EEUU. Insertando varios carteles y puntualizando que la acción tenía lugar en Canadá. Apuntar que este film se estrenó en España con un doblaje censurado para cines. Algo que luego se corregiría con su doblaje para TVE con la voz de Clift a cargo del gran Rogelio Hernandez.

A pesar de su indudable calidad artística. Yo confieso fue recibida con frialdad. El hecho de que en el año siguiente su director firmara dos de sus obras más recordadas e imitadas; Crimen perfecto (1954) y La ventana indiscreta (1954) hizo que el film acabara ciertamente olvidado. Aunque el tiempo fue dándole más fama. Varios años después Hitchcock regresaría a un argumento similar con Falso culpable (1956) protagonizada por Henry Fonda. Y es que aquello de presentar a un personaje señalado por todos o confundido con otro siempre le dio mucho juego al maestro.

yo-confieso

Título original: I Confess.

Director: Alfred Hitchcock.

Intérpretes: Montgomery CliftAnne BaxterKarl MaldenBrian AherneO.E. HasseDolly HaasRoger DannCharles André.

Trailer:


B.S.O.:


Reseña escrita por Jonathan Glez

tarde-para-la-ira
Curro se prepara para salir de prisión tras cumplir condena por participar en un atraco a una joyería. Entretanto, su pareja entabla una relación con José, un taciturno personaje que frecuenta el bar del barrio.


Minimizo deliberadamente la sinopsis del guión porque con mas datos sería fácil caer en un spoiler que desbaratara el gran giro argumental en el que se sostiene el peso de este excelente debut en la dirección de Raúl Arévalo a quien recordamos todavía como el joven inspector de "La Isla Mínima (2014)". Esa vuelta de tuerca, apoyada en las excelentes interpretaciones de Antonio de la Torre y Luis Callejo amén de un puñado de secundarios competentes, le bastan a Arévalo para contar, y contar bien, la historia de dos personajes unidos en una espiral de violencia seca y despiadada. Sin florituras ni tiempos muertos que vamos tarde.



tarde-para-la-ira

Road Movie arrabalera, Tarde para la ira nos hace compartir una búsqueda apresurada y feroz por barrios y poblaciones limítrofes con el Madrid metropolitano. Por el camino nos da tiempo a echar un vistazo rápido a un universo de trilleros, traficantes y antiguos delincuentes reciclados en inofensivos ciudadanos. Pero siempre hay quien no olvida las cuentas pendientes y mucho menos , las perdona. Podrá ser tarde para la Ira pero desde luego, no lo es para la venganza que como todo el mundo sabe, se cocina fría o por lo menos, templada. Es interesante como el alejamiento en el tiempo de los hechos que generan la acción presente, influye aviesamente en los personajes que apenas se reconocen a si mismos cuando la fuerza de un pasado tenebroso irrumpe de nuevo en sus vidas.

No será tarde pues para aplaudir a Raúl Arévalo e incorporarlo como miembro de pleno derecho a ese selecto club de directores que de un tiempo a esta parte han ido renovando y revitalizando el thriller hispano. Da casi miedo el desparpajo y la solidez con la que este director ha acometido su ópera prima desdeñando estridencias ,agarrándonos por el cuello de principio a fin de su película y sobretodo, demostrando que se puede hacer una excelente película con un par de buenas ideas y claridad a la hora de plasmarlas. Vamos tarde pero estamos en el buen camino. Arévalo,contamos contigo!

tarde-para-la-ira

Director: Raúl Arévalo.

Intérpretes: Antonio de la TorreLuis CallejoRuth DíazManolo SoloAlicia RubioRaúl Jiménez.
Trailer:


Reseña escrita por George Suckelectronic

TARDE PARA LA IRA (2016). La ópera prima de Raúl Arévalo.

tarde-para-la-ira
Curro se prepara para salir de prisión tras cumplir condena por participar en un atraco a una joyería. Entretanto, su pareja entabla una relación con José, un taciturno personaje que frecuenta el bar del barrio.


Minimizo deliberadamente la sinopsis del guión porque con mas datos sería fácil caer en un spoiler que desbaratara el gran giro argumental en el que se sostiene el peso de este excelente debut en la dirección de Raúl Arévalo a quien recordamos todavía como el joven inspector de "La Isla Mínima (2014)". Esa vuelta de tuerca, apoyada en las excelentes interpretaciones de Antonio de la Torre y Luis Callejo amén de un puñado de secundarios competentes, le bastan a Arévalo para contar, y contar bien, la historia de dos personajes unidos en una espiral de violencia seca y despiadada. Sin florituras ni tiempos muertos que vamos tarde.



tarde-para-la-ira

Road Movie arrabalera, Tarde para la ira nos hace compartir una búsqueda apresurada y feroz por barrios y poblaciones limítrofes con el Madrid metropolitano. Por el camino nos da tiempo a echar un vistazo rápido a un universo de trilleros, traficantes y antiguos delincuentes reciclados en inofensivos ciudadanos. Pero siempre hay quien no olvida las cuentas pendientes y mucho menos , las perdona. Podrá ser tarde para la Ira pero desde luego, no lo es para la venganza que como todo el mundo sabe, se cocina fría o por lo menos, templada. Es interesante como el alejamiento en el tiempo de los hechos que generan la acción presente, influye aviesamente en los personajes que apenas se reconocen a si mismos cuando la fuerza de un pasado tenebroso irrumpe de nuevo en sus vidas.

No será tarde pues para aplaudir a Raúl Arévalo e incorporarlo como miembro de pleno derecho a ese selecto club de directores que de un tiempo a esta parte han ido renovando y revitalizando el thriller hispano. Da casi miedo el desparpajo y la solidez con la que este director ha acometido su ópera prima desdeñando estridencias ,agarrándonos por el cuello de principio a fin de su película y sobretodo, demostrando que se puede hacer una excelente película con un par de buenas ideas y claridad a la hora de plasmarlas. Vamos tarde pero estamos en el buen camino. Arévalo,contamos contigo!

tarde-para-la-ira

Director: Raúl Arévalo.

Intérpretes: Antonio de la TorreLuis CallejoRuth DíazManolo SoloAlicia RubioRaúl Jiménez.
Trailer:


Reseña escrita por George Suckelectronic

el-color-del-dinero
Con esta película Martin Scorsese toma la acertada decisión de no reescribir el personaje de Eddie Felson. Un cuarto de siglo después de la brillante obra de Robert Rossen: "El buscavidas" Scorsese decide mostrarnos cómo ha envejecido el arrogante joven que aspiraba a ganar a los mejores. El mismo actor protagonista, Paul Newman ha envejecido como su personaje, basado en la misma novela de Walter Tevis. Sin embargo, esta vez el guión es de Richard Price y la diferencia con Robert Rossen es bastante notable, y no porque no se profundice en las inseguridades, miedos y cinismo de nuestro protagonista, sino porque la forma de mostrarlo en pantalla es diametralmente opuesta.

Si Rossen con un estilo sobrio y conmovedor nos plantea la dificultad que tiene un joven para creer en sí mismo, para avanzar en un mundillo cruel y despiadado, dominado por personajes mezquinos con diálogos punzantes e hirientes hasta lo más profundo, Scorsese se mantiene en su línea de crear un lenguaje visual propio y expresar con los movimientos de cámara una extensión del personaje de Rossen.

En este film, Eddie Felson tiene 25 años más, es un superviviente que sigue deambulando por el submundo de los juegos del billar. Ya no es jugador, sus aspiraciones se limitan a ganar dinero con la venta de alcohol de baja calidad, engañando con etiquetas falsas y utilizando a un mediocre jugador de billar, John Turturro, adicto a la cocaína para pequeños timos. Eddie se ha convertido en un cínico que se engaña a sí mismo y a los demás y que piensa exclusivamente en el dinero como auténtico y único motor de vida.

el-color-del-dinero

Un día, en una sala de juego, conoce a Vincent, un jovencísimo y casi debutante Tom Cruise, un brillante jugador de billar, tan arrogante y tan seguro de sí mismo que es capaz de llamar la atención por donde pasa. Tom Cruise realiza así uno de sus mejores papeles, ya que su forma tan inmadura de comportarse como el rey de la pista, acompañado de bailes y excesos cada vez que golpea el taco, le va a la perfección. Pese a su gran alarde en la mesa de billar, posee una ingenuidad que intenta enmascarar acompañándose de una atractiva novia, Mary Elizabeth Mastrantonio, bastante mayor que él. Ella se encarga de sus apuestas en las partidas y parece ser la única capaz de asumir que la genialidad con el taco en la mesa de billar de Vincent puede proporcionar dinero. Vincent por su parte sólo juega por diversión y para demostrar que él es el mejor, el dinero parece no tener ninguna importancia. Procedente de una buena familia y con un trabajo estable, todavía no conoce el submundo de las apuestas y la guerra por un puñado de dólares. Eddie, aparecerá en su vida para demostrarle que con el billar se puede ganar mucho dinero, jugando en pequeños locales, dejándose ganar para luego realizar grandes timos.

"No importa los premios que ganes, el mejor es siempre el que consigue más dinero, no importa cómo".

Con ese objetivo, el de ganar dinero, los tres emprenden un viaje juntos cuya meta final será un Torneo en Atlantic City. Por el camino van recorriendo la antigua ruta que Eddie conoció bien en sus tiempos de jugador. Intentarán ir sacando dinero con pequeños timos hasta alcanzar el gran torneo, donde la meta no será ganar el primer puesto, sino ganar la máxima cantidad de dinero en las apuestas paralelas al campeonato.

el-color-del-dinero

El binomio Paul Newman/ Martin Scorsese adquiere tal compenetración que funciona hasta niveles muy profundos. Allí donde parecía poco probable volver a indagar con la misma maestría que 25 años antes hiciera el gran Rossen, la cámara siempre inquieta del maestro Scorsese con sus encuadres y su "fast Dolly zoom" consiguen una puesta en escena espectacular donde la fuerza del director se acopla a la perfección con los sentimientos de Felson, un Newman en estado de gracia y que recibió un Oscar por esta interpretación (aunque se negó a recogerlo). Scorsese sabe sacar partido de toda la veteranía de un gran actor y plasmar el interior del personaje, con un lenguaje visual de manera inmejorable.

La película posee uno de los mejores trabajos de montaje de una de las habituales colaboradoras del director, Thelma Schoonmaker, que atendiendo a las inquietudes de Scorsese, convierte un típico cambio de plano en todo un mundo con vida propia y ritmo interno. Todas las secuencias en las que Felson mira la mesa de billar, la cámara realiza portentosos travellings, a veces simulando ser la bola, que junto al efectivo montaje, transmiten el interior de Felson, donde algo está renaciendo y removiéndose, a punto de salir con fuerza: Su antiguo yo.

el-color-del-dinero

Scorsese tenía la intención de filmar la película en blanco y negro, pero algún ejecutivo de la productora debió poner el grito en el cielo. Lo cierto es que el tratamiento que Scorsese le da a un deporte como el billar se asemeja a lo que hizo con el boxeo en la monumental : "Toro salvaje (1980)". Sus movimientos de cámara giran en torno a la mesa de billar, al igual que hiciera con el cuadrilátero de boxeo y tal como Scorsese refirió aprender de la película "Las zapatillas rojas (1948)", lo que realmente se mueve con la cámara está alrededor del objeto que se está mirando. Scorsese declaró que este trabajo ha sido la única película que terminó por debajo de la fecha límite de rodaje y empleando menos del presupuesto asignado. Se nota que la dirigió con ganas, con energía y con garra. Además contaba con todo un elenco espléndido de secundarios de lujo, no famosos por aquel tiempo como John Turturro y Forest Whitaker, junto con el cameo de Iggy Pop.

La fotografía a color de Michael Ballhaus es capaz de mostrar la esencia y la decadente atmósfera de aquellos barrios en los que antaño el billar era su eje, ahora convertidos en zonas marginales donde la cocaína y otras drogas son las que realmente mueven las ganancias.

Scorsese enfrenta la juventud llena de talento e ingenuidad frente a la experiencia de una vida que arrastra graves heridas, aunque el mensaje parece ser el mismo. Más importante que ganar o perder, más importante que el dinero es la actitud con la que enfrentarse a los miedos y las dificultades. La honestidad con uno mismo es lo más importante y eso es lo único que nadie puede arrebatarte.

el-color-del-dinero

Título original: The Color of Money.

Director: Martin Scorsese.

Intérpretes: Paul NewmanTom CruiseMary Elizabeth MastrantonioJohn TurturroHelen ShaverForest WhitakerBill Cobbs.

Trailer:


B.S.O.:


Reseña escrita por Bárbara Valera Bestard

EL COLOR DEL DINERO (1986). El regreso de Eddie Felson.

el-color-del-dinero
Con esta película Martin Scorsese toma la acertada decisión de no reescribir el personaje de Eddie Felson. Un cuarto de siglo después de la brillante obra de Robert Rossen: "El buscavidas" Scorsese decide mostrarnos cómo ha envejecido el arrogante joven que aspiraba a ganar a los mejores. El mismo actor protagonista, Paul Newman ha envejecido como su personaje, basado en la misma novela de Walter Tevis. Sin embargo, esta vez el guión es de Richard Price y la diferencia con Robert Rossen es bastante notable, y no porque no se profundice en las inseguridades, miedos y cinismo de nuestro protagonista, sino porque la forma de mostrarlo en pantalla es diametralmente opuesta.

Si Rossen con un estilo sobrio y conmovedor nos plantea la dificultad que tiene un joven para creer en sí mismo, para avanzar en un mundillo cruel y despiadado, dominado por personajes mezquinos con diálogos punzantes e hirientes hasta lo más profundo, Scorsese se mantiene en su línea de crear un lenguaje visual propio y expresar con los movimientos de cámara una extensión del personaje de Rossen.

En este film, Eddie Felson tiene 25 años más, es un superviviente que sigue deambulando por el submundo de los juegos del billar. Ya no es jugador, sus aspiraciones se limitan a ganar dinero con la venta de alcohol de baja calidad, engañando con etiquetas falsas y utilizando a un mediocre jugador de billar, John Turturro, adicto a la cocaína para pequeños timos. Eddie se ha convertido en un cínico que se engaña a sí mismo y a los demás y que piensa exclusivamente en el dinero como auténtico y único motor de vida.

el-color-del-dinero

Un día, en una sala de juego, conoce a Vincent, un jovencísimo y casi debutante Tom Cruise, un brillante jugador de billar, tan arrogante y tan seguro de sí mismo que es capaz de llamar la atención por donde pasa. Tom Cruise realiza así uno de sus mejores papeles, ya que su forma tan inmadura de comportarse como el rey de la pista, acompañado de bailes y excesos cada vez que golpea el taco, le va a la perfección. Pese a su gran alarde en la mesa de billar, posee una ingenuidad que intenta enmascarar acompañándose de una atractiva novia, Mary Elizabeth Mastrantonio, bastante mayor que él. Ella se encarga de sus apuestas en las partidas y parece ser la única capaz de asumir que la genialidad con el taco en la mesa de billar de Vincent puede proporcionar dinero. Vincent por su parte sólo juega por diversión y para demostrar que él es el mejor, el dinero parece no tener ninguna importancia. Procedente de una buena familia y con un trabajo estable, todavía no conoce el submundo de las apuestas y la guerra por un puñado de dólares. Eddie, aparecerá en su vida para demostrarle que con el billar se puede ganar mucho dinero, jugando en pequeños locales, dejándose ganar para luego realizar grandes timos.

"No importa los premios que ganes, el mejor es siempre el que consigue más dinero, no importa cómo".

Con ese objetivo, el de ganar dinero, los tres emprenden un viaje juntos cuya meta final será un Torneo en Atlantic City. Por el camino van recorriendo la antigua ruta que Eddie conoció bien en sus tiempos de jugador. Intentarán ir sacando dinero con pequeños timos hasta alcanzar el gran torneo, donde la meta no será ganar el primer puesto, sino ganar la máxima cantidad de dinero en las apuestas paralelas al campeonato.

el-color-del-dinero

El binomio Paul Newman/ Martin Scorsese adquiere tal compenetración que funciona hasta niveles muy profundos. Allí donde parecía poco probable volver a indagar con la misma maestría que 25 años antes hiciera el gran Rossen, la cámara siempre inquieta del maestro Scorsese con sus encuadres y su "fast Dolly zoom" consiguen una puesta en escena espectacular donde la fuerza del director se acopla a la perfección con los sentimientos de Felson, un Newman en estado de gracia y que recibió un Oscar por esta interpretación (aunque se negó a recogerlo). Scorsese sabe sacar partido de toda la veteranía de un gran actor y plasmar el interior del personaje, con un lenguaje visual de manera inmejorable.

La película posee uno de los mejores trabajos de montaje de una de las habituales colaboradoras del director, Thelma Schoonmaker, que atendiendo a las inquietudes de Scorsese, convierte un típico cambio de plano en todo un mundo con vida propia y ritmo interno. Todas las secuencias en las que Felson mira la mesa de billar, la cámara realiza portentosos travellings, a veces simulando ser la bola, que junto al efectivo montaje, transmiten el interior de Felson, donde algo está renaciendo y removiéndose, a punto de salir con fuerza: Su antiguo yo.

el-color-del-dinero

Scorsese tenía la intención de filmar la película en blanco y negro, pero algún ejecutivo de la productora debió poner el grito en el cielo. Lo cierto es que el tratamiento que Scorsese le da a un deporte como el billar se asemeja a lo que hizo con el boxeo en la monumental : "Toro salvaje (1980)". Sus movimientos de cámara giran en torno a la mesa de billar, al igual que hiciera con el cuadrilátero de boxeo y tal como Scorsese refirió aprender de la película "Las zapatillas rojas (1948)", lo que realmente se mueve con la cámara está alrededor del objeto que se está mirando. Scorsese declaró que este trabajo ha sido la única película que terminó por debajo de la fecha límite de rodaje y empleando menos del presupuesto asignado. Se nota que la dirigió con ganas, con energía y con garra. Además contaba con todo un elenco espléndido de secundarios de lujo, no famosos por aquel tiempo como John Turturro y Forest Whitaker, junto con el cameo de Iggy Pop.

La fotografía a color de Michael Ballhaus es capaz de mostrar la esencia y la decadente atmósfera de aquellos barrios en los que antaño el billar era su eje, ahora convertidos en zonas marginales donde la cocaína y otras drogas son las que realmente mueven las ganancias.

Scorsese enfrenta la juventud llena de talento e ingenuidad frente a la experiencia de una vida que arrastra graves heridas, aunque el mensaje parece ser el mismo. Más importante que ganar o perder, más importante que el dinero es la actitud con la que enfrentarse a los miedos y las dificultades. La honestidad con uno mismo es lo más importante y eso es lo único que nadie puede arrebatarte.

el-color-del-dinero

Título original: The Color of Money.

Director: Martin Scorsese.

Intérpretes: Paul NewmanTom CruiseMary Elizabeth MastrantonioJohn TurturroHelen ShaverForest WhitakerBill Cobbs.

Trailer:


B.S.O.:


Reseña escrita por Bárbara Valera Bestard

NOS MENCIONAN EN ANTENA 3

FINALISTAS EN LOS PREMIOS 20BLOGS 2.015

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