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Los años 30 y 40 del siglo XX, fueron de particular esplendor para el cine francés. La primera década de los años 30 trajo obras maestras irrepetibles firmadas por cineastas de la talla de Jean Renoir, Jean Vigo o Jaques Feyder, y en el contexto del cine experimental o vanguardista, el cultivado por artistas como Jean Cocteau, Luis Buñuel o Man Ray. Películas como "La Gran Ilusión (1937)" o "La regla del juego (1939)" de Renoir, "Zero en conducta (1932)" y "L’Atlante (1934)", de Jean Vigo o "La Kermesse Heróica (1935)" de Feyder, conviven con "La Edad de oro (1930)" de Buñuel o "La Sangre de un Poeta (1932)", de Cocteau. La década de los años 40, por su parte, trajo uno de los momentos históricos más compulsivos de la historia de Francia. La Segunda Guerra Mundial había comenzado en septiembre de 1939 con la invasión de Polonia por parte de la Alemania nazi. La ocupación Alemana de gran parte de Francia y el Gobierno colaboracionista de Vichy marcaron el devenir de los primeros años de la década. El Mariscal Pétain, jefe de Estado francés, suscribe en 1940 el armisticio con Alemania, convirtiendo a París en parte de la zona ocupada de Francia.

los niños del paraíso

Cuatro largos años habrían de pasar hasta la liberación. En junio de 1944 se produce el desembarco aliado en Normandía y en agosto de ese año, la liberación de Paris. Sin embargo ese período de ocupación, resultó particularmente dichoso para la cinematografía gala, pues paradójicamente se rodaron unos 350 largometrajes, y se forjan cineastas del calibre de Jacques Becker, Henri-Georges Clouzot o Robert Bresson. Las décadas mencionadas, en definitiva, permiten la cohabitación el desencanto y el desgarro emocional en la pantalla. El público, superado por el avance del nazismo por Europa y por el subsiguiente conflicto mundial, se muestra más receptivo que nunca a historias oscuras, fatalistas, pobladas de personajes contradictorios, grises, reales como la vida, donde la tragedia marca la cotidianeidad vital. En este contexto histórico, Marcel Carné, quien fuera crítico de cine para revistas como Cinemagazine, Cinemonde, Hebdofilm o Film Sonore, y ayudante de dirección de cineastas de la talla de René Clair o del mencionado Jacques Feyder, compone los cimientos de su cinematografía.

los niños del paraíso

Los años 30 ven su primer largometraje, "Jenny (1936)", que dirige con 25 años de edad, donde colabora por primera vez con el escritor Jacques Prevert, con el que iniciará una fecunda relación profesional. A ella le sigue "Un drama singular (1937)", relato criminal con el que se convirtió en uno de los principales directores del cine francés. Carné alcanzará un importante peso específico, con la fatalista "El muelle de las brumas (1938)", una obra que describe el ambiente de angustia que se cernía sobre Europa como consecuencia del avance político del nazismo. Una trágica historia de amor entre dos seres desarraigados, interpretados maravillosamente por el divo del cine galo Jean Gabin y por la actriz Michelle Simon. A la maestría de los cineastas galos de la década de los cuarenta, Carné contribuye con dos piezas magistrales del cine francés de esos años. En primer lugar, "Les visiteurs du soir (1942)", una obra realizada en la Francia bajo control del Gobierno de Vichy, aunque impregnada del aroma de resistencia frente a la ocupación, pese a estar ambientada en la Edad Media, y la que nos ocupa, "Los Niños del Paraíso", en la que tampoco es nada difícil impregnarse del aroma reivindicativo de los franceses frente al yugo nazi.

los niños del paraíso

En plena segunda guerra mundial, Carné comienza, por tanto, a planear su séptima película, Los Niños del Paraíso. El proyecto surge de una reunión en un café de la ciudad de Cannes entre el actor Jean-Louis Barrault, el guionista Jacques Prevert y el realizador Marcel Carné. Barrault les habló del personaje real de Jean-Gaspard Baptiste Debureau, conocido como Baptiste, a secas, un trapecista circense que se reconvirtió en mimo y cosechó una fama enorme con la creación del personaje de Pierrot. Jean-Gaspard Baptiste sería interpretado por el propio Barrault. Se decidió la presencia en el proyecto, de otro artista de la época, Fréderick Lemâitre, actor dramático y cómico, muy célebre en su momento por haber reconvertido en comedia, a través de una de sus habituales improvisaciones en el escenario, la obra dramática L’auberge des Adrets (donde interpretaba el personaje de Robert Macaire), para escozor de los autores de la misma. Lemâitre sería interpretado por Pierre Brasseur, el inolvidable doctor Génessier de la obra maestra "Ojos sin rostro (1960)", de Georges Franju. Prevert se pondría a escribir el guión, con la condición de introducir otro personaje real: Pierre-Françoise Lacenaire, un ladrón, estafador, asesino, poeta y escritor, que inspiraría a Fédor Dostoyevski su magnífica novela Crimen y Castigo.

los niños del paraíso

Tan siniestro y fascinante personaje recaería en las manos interpretativas de Marcel Herrand. El personaje femenino sobre el que pivotan narrativamente los personajes masculinos, sería completamente ficticio, la joven Garance, interpretado por la actriz Arietty (cuyo nombre auténtico era Léonie Bathiat), que ya había igualmente trabajado con Carné en "Hotel del norte (1938)". Con un equipo técnico que incluía la presencia de Alexander Trauner como decorador artístico y el músico Joseph Kosma, ambos, por su condición de judíos trabajando desde la clandestinidad, Carné comenzó la filmación en el verano de 1943, en los estudios de La Victorine, en Niza. Tales estudios tuvieron que ser desalojados con motivo de la entrada de los aliados por Italia y el avance hacia el norte. El rodaje concluyó a mediados del año siguiente en los estudios de Joinville de París, donde se habían transportado los decorados desde Niza. Más de 1.800 extras (cohabitaron, sin saberlo, simpatizantes de los nazis, con miembros activos de la resistencia), 5.000 metros de película (con la división en dos películas, pues las autoridades nazis prohibían la duración superior a 90 minutos), múltiples vicisitudes, que incluían habituales cortes de electricidad, la escasez y precariedad del material fílmico, etc, y un presupuesto final que rondaba los 60 millones de francos, fueron necesarios para levantar este apasionante largometraje.

los niños del paraíso

El montaje fue costeado por el propio Carné, quien tuvo que vender la casa de sus padres. Fue la primera película en estrenarse en salas cinematográficas en Paris tras la liberación aliada. Este fresco histórico, crisol de historias cruzadas y de personajes cuyas vidas se entremezclan entre sí y con el devenir escénico, consta, como apuntamos, de dos partes: El Bulevar del Crimen y el Hombre blanco. Al comienzo, los créditos se solapan impresos sobre un telón, que se alza de un modo solemne, acompañado por una fanfarria musical, al finalizar aquéllos. Un plano general del Bulevard du Temple de Paris, conocido por como el bulevar del crimen, debido a la multitud de asesinatos con propósitos dramáticos cometidos en las diversas obras representadas en los mismos. Dicho Bulevard desaparecería definitivamente en 1862 con la construcción de La Plaza de la República. La gente se agolpa en torno a un equilibrista sobre una cuerda tendida por encima de sus cabezas.


los niños del paraíso

La cámara está erigida a una altura intermedia entre el público y el funambulista. Retrocede un poco, a plano general. Vemos uno de los personajes clave de la farsa, el miserable Jericho (interpretado por Pierre Renoir, hijo de Pierre Auguste, y hermano de Jean). La cámara, en un elegante travelling-grúa lateral, nos muestra el bullicio. Gente, carruajes y los artistas en sus atriles. Se detiene ante un forzudo que levanta pesas, un mono que camina con zancos, un tiovivo lleno de niños en caballos de madera. En uno de los escenarios al aire libre se nos dice “Pasen y vean, la verdad está aquí”. Un plano del retrato de una mujer desnuda preside al “Pasen y véanla… y cuando la hayan visto, ¡pensarán en ella de día y soñaran con ella de noche!”. Entran algunos curiosos, y vemos a la joven Garance, desnuda en un tonel lleno de agua, mirándose a un espejo. La verdad es relativa y esquiva. La siguiente secuencia servirá para presentar a Garance paseando por la bulliciosa avenida, y cómo se detiene en el atril donde Baptiste, estático, observa el mundo, sin perder detalle de la joven.

los niños del paraíso

Sólo despertará de su letargo para escenificar la realidad del robo de la cartera de un señor acaudalado del público, que sospecha de Garance y ha requerido la presencia de un agente de la autoridad, dispuesto a llevarse a la joven detenida. La escenificación del mimo, exculpará a la mujer, quien, entre agradecida y enamorada, lanza una flor al artista. Los niños del paraíso para la mayoría de críticos, es la obra maestra de Marcel Carné. Se trata de una fábula sobre el amor y la muerte, sobre el bien y el mal. Ambientada la década de los años 30 del siglo XIX, su vigor visual y la capacidad para sintetizar las relaciones entre la vida y el teatro, han hecho que probablemente sea la obra más vigente de su director, y que este bello filme siga manteniéndose actual y de interés para el público contemporáneo. El propio Carné dijo que Los niños del paraíso era un homenaje al mundo del teatro. Las rivalidades entre los actores dramáticos, histriónicos y ruidosos, y los silenciosos y más sutiles funambulistas, los amores cruzados de los diferentes personajes de la trama y como la vida incide en las diversas escenificaciones que pueblan la historia, sirven de meticuloso retrato social, donde los jóvenes que pueblan el paraíso (el gallinero de los teatros), jóvenes que viven en la miseria, pero tratan de evadirse como pueden de la miserable existencia, sin los cuales el teatro no sería posible, cobran cierto relieve.

los niños del paraíso

La mirada de Carné y la maravillosa prosa que Prevert deposita en los actores, esplendidos todos ellos, otorgan una armoniosa precisión al conjunto de la obra. El dominio de las secuencias de masas, y la (complementaria) habilidad de las secuencias íntimas, certifican la maestría de la puesta en escena de esta película. Para el recuerdo, la prolongada secuencia que captura uno de los silenciosos números de Baptiste, con Garance interpretando a una estatua silente, que emula a Diana, la diosa de la caza en la mitología romana (Artemisa en la griega). En un momento determinado, el mimo ve a la joven flirteando entre bambalinas con Fréderick. Por la expresión del rostro de Baptiste, la joven Nathalié (interpretada por la actriz española María Casares, exiliada en Francia huyendo del franquismo) emite un grito desgarrador, rompiendo la regla del silencio que rige inquebrantable en la escenificación en el Teatro de los Funambulistas, asustada por la expresión de Baptiste, del que estápacientemente enamorada. “… Esa forma de mirarte y no verte… como si estuviese perdido…”, dirá la sufridora joven. Marcel Carné cayó en desgracia en general para crítica cinematográfica años después de la segunda guerra mundial. Cierto es que su cine jamás volvió a las cotas de calidad de esta película.

los niños del paraíso

Diría el realizador con cierta resignación “me piden una y otra vez que repita Les enfants du paradis… como si eso fuese tan fácil”. Los jóvenes creadores de la prestigiosa Cahiers du cinema, y en particular uno de ellos, François Truffaut, se erigieron en francotiradores contra el cine francés de los años 30 y 40, y en particular contra el etiquetado “realismo poético”. Dicha denominación hacía referencia al cine más o menos sofisticado, con entronque en la literatura, muy elaborado, y que consideraban muy artificial. Por supuesto, la película de Carné era un notorio baluarte del realismo poético. Trufffaut definió el cine de Carné como “rancio y anticuado”. Los jóvenes cineastas de la Nouvelle vague proclamaban un cine más a pie de calle, más realista, con menos artificio. Como el tiempo coloca todas las cosas en su lugar, en 1979 se le otorgó a Marcel Carné el premio César de honor. El 14 de abril de 1984, coincidieron Marcel Carné y François Truffaut en la localidad de Romilly con ocasión a la inauguración de dos salas de cine bautizadas con los nombres respectivos de ambos realizadores. Truffaut dijo: “He hecho 23 películas… ¡Está bien!, pero las cambiaría todas por haber hecho Los niños del paraíso…”.

los niños del paraíso


Frases para recordar:

"-Puedo decir que me has sorprendido. Hablas con las piernas, respondes con las manos. Una mirada, un gesto, dos pasitos… y en el paraíso lo entienden todo.
-Si, lo comprenden todo. Sin embargo, son pobres gentes, pero yo soy como ellos y los amo, los conozco. Su vida es mísera, pero tienen grandes sueños, y no sólo quisiera hacerlos reír… también quisiera conmoverlos, asustarlos, hacerles llorar.
-¿Y todo eso sin decir nada?
-Si… sin decir nada…"

Conversación entre Fréderick (Pierre Brasseur) y Baptiste (Jean-Louis Barrault).

"-Tiene usted la cabeza demasiado caliente para mí y el corazón demasiado frío… temo las corrientes de aire y yo tengo poca salud.”
Garance (Arietty) a Lacenaire Marcel Herrand
“- ¿En qué piensas, bella esfinge?
- En nada… en un montón de cosas. Por ejemplo, pienso en que en todo el mundo existen enamorados que se aman sin decir nada, o que expresan su amor con palabras sencillas, palabras cotidianas… me parece hermoso".

Conversación entre Fréderick (Pierre Brasseur) y Garance (Arietty)

"Los celos son de todos si la mujer no es de nadie".

Fréderick (Pierre Brasseur)

los niños del paraíso

los niños del paraíso











Título original: Les enfants du paradis.

Director: Marcel Carné.

Intérpretes: Jean-Louis BarraultPierre BrasseurPierre RenoirArlettyMarcel HerrandMaría CasarèsLouis Salou.


Trailer:



Escena:



Información complementaria:


Reseña escrita por Manuel García de Mesa

LOS NIÑOS DEL PARAÍSO (1945). Un clásico de Marcel Carné.

Los años 30 y 40 del siglo XX, fueron de particular esplendor para el cine francés. La primera década de los años 30 trajo obras maestras irrepetibles firmadas por cineastas de la talla de Jean Renoir, Jean Vigo o Jaques Feyder, y en el contexto del cine experimental o vanguardista, el cultivado por artistas como Jean Cocteau, Luis Buñuel o Man Ray. Películas como "La Gran Ilusión (1937)" o "La regla del juego (1939)" de Renoir, "Zero en conducta (1932)" y "L’Atlante (1934)", de Jean Vigo o "La Kermesse Heróica (1935)" de Feyder, conviven con "La Edad de oro (1930)" de Buñuel o "La Sangre de un Poeta (1932)", de Cocteau. La década de los años 40, por su parte, trajo uno de los momentos históricos más compulsivos de la historia de Francia. La Segunda Guerra Mundial había comenzado en septiembre de 1939 con la invasión de Polonia por parte de la Alemania nazi. La ocupación Alemana de gran parte de Francia y el Gobierno colaboracionista de Vichy marcaron el devenir de los primeros años de la década. El Mariscal Pétain, jefe de Estado francés, suscribe en 1940 el armisticio con Alemania, convirtiendo a París en parte de la zona ocupada de Francia.

los niños del paraíso

Cuatro largos años habrían de pasar hasta la liberación. En junio de 1944 se produce el desembarco aliado en Normandía y en agosto de ese año, la liberación de Paris. Sin embargo ese período de ocupación, resultó particularmente dichoso para la cinematografía gala, pues paradójicamente se rodaron unos 350 largometrajes, y se forjan cineastas del calibre de Jacques Becker, Henri-Georges Clouzot o Robert Bresson. Las décadas mencionadas, en definitiva, permiten la cohabitación el desencanto y el desgarro emocional en la pantalla. El público, superado por el avance del nazismo por Europa y por el subsiguiente conflicto mundial, se muestra más receptivo que nunca a historias oscuras, fatalistas, pobladas de personajes contradictorios, grises, reales como la vida, donde la tragedia marca la cotidianeidad vital. En este contexto histórico, Marcel Carné, quien fuera crítico de cine para revistas como Cinemagazine, Cinemonde, Hebdofilm o Film Sonore, y ayudante de dirección de cineastas de la talla de René Clair o del mencionado Jacques Feyder, compone los cimientos de su cinematografía.

los niños del paraíso

Los años 30 ven su primer largometraje, "Jenny (1936)", que dirige con 25 años de edad, donde colabora por primera vez con el escritor Jacques Prevert, con el que iniciará una fecunda relación profesional. A ella le sigue "Un drama singular (1937)", relato criminal con el que se convirtió en uno de los principales directores del cine francés. Carné alcanzará un importante peso específico, con la fatalista "El muelle de las brumas (1938)", una obra que describe el ambiente de angustia que se cernía sobre Europa como consecuencia del avance político del nazismo. Una trágica historia de amor entre dos seres desarraigados, interpretados maravillosamente por el divo del cine galo Jean Gabin y por la actriz Michelle Simon. A la maestría de los cineastas galos de la década de los cuarenta, Carné contribuye con dos piezas magistrales del cine francés de esos años. En primer lugar, "Les visiteurs du soir (1942)", una obra realizada en la Francia bajo control del Gobierno de Vichy, aunque impregnada del aroma de resistencia frente a la ocupación, pese a estar ambientada en la Edad Media, y la que nos ocupa, "Los Niños del Paraíso", en la que tampoco es nada difícil impregnarse del aroma reivindicativo de los franceses frente al yugo nazi.

los niños del paraíso

En plena segunda guerra mundial, Carné comienza, por tanto, a planear su séptima película, Los Niños del Paraíso. El proyecto surge de una reunión en un café de la ciudad de Cannes entre el actor Jean-Louis Barrault, el guionista Jacques Prevert y el realizador Marcel Carné. Barrault les habló del personaje real de Jean-Gaspard Baptiste Debureau, conocido como Baptiste, a secas, un trapecista circense que se reconvirtió en mimo y cosechó una fama enorme con la creación del personaje de Pierrot. Jean-Gaspard Baptiste sería interpretado por el propio Barrault. Se decidió la presencia en el proyecto, de otro artista de la época, Fréderick Lemâitre, actor dramático y cómico, muy célebre en su momento por haber reconvertido en comedia, a través de una de sus habituales improvisaciones en el escenario, la obra dramática L’auberge des Adrets (donde interpretaba el personaje de Robert Macaire), para escozor de los autores de la misma. Lemâitre sería interpretado por Pierre Brasseur, el inolvidable doctor Génessier de la obra maestra "Ojos sin rostro (1960)", de Georges Franju. Prevert se pondría a escribir el guión, con la condición de introducir otro personaje real: Pierre-Françoise Lacenaire, un ladrón, estafador, asesino, poeta y escritor, que inspiraría a Fédor Dostoyevski su magnífica novela Crimen y Castigo.

los niños del paraíso

Tan siniestro y fascinante personaje recaería en las manos interpretativas de Marcel Herrand. El personaje femenino sobre el que pivotan narrativamente los personajes masculinos, sería completamente ficticio, la joven Garance, interpretado por la actriz Arietty (cuyo nombre auténtico era Léonie Bathiat), que ya había igualmente trabajado con Carné en "Hotel del norte (1938)". Con un equipo técnico que incluía la presencia de Alexander Trauner como decorador artístico y el músico Joseph Kosma, ambos, por su condición de judíos trabajando desde la clandestinidad, Carné comenzó la filmación en el verano de 1943, en los estudios de La Victorine, en Niza. Tales estudios tuvieron que ser desalojados con motivo de la entrada de los aliados por Italia y el avance hacia el norte. El rodaje concluyó a mediados del año siguiente en los estudios de Joinville de París, donde se habían transportado los decorados desde Niza. Más de 1.800 extras (cohabitaron, sin saberlo, simpatizantes de los nazis, con miembros activos de la resistencia), 5.000 metros de película (con la división en dos películas, pues las autoridades nazis prohibían la duración superior a 90 minutos), múltiples vicisitudes, que incluían habituales cortes de electricidad, la escasez y precariedad del material fílmico, etc, y un presupuesto final que rondaba los 60 millones de francos, fueron necesarios para levantar este apasionante largometraje.

los niños del paraíso

El montaje fue costeado por el propio Carné, quien tuvo que vender la casa de sus padres. Fue la primera película en estrenarse en salas cinematográficas en Paris tras la liberación aliada. Este fresco histórico, crisol de historias cruzadas y de personajes cuyas vidas se entremezclan entre sí y con el devenir escénico, consta, como apuntamos, de dos partes: El Bulevar del Crimen y el Hombre blanco. Al comienzo, los créditos se solapan impresos sobre un telón, que se alza de un modo solemne, acompañado por una fanfarria musical, al finalizar aquéllos. Un plano general del Bulevard du Temple de Paris, conocido por como el bulevar del crimen, debido a la multitud de asesinatos con propósitos dramáticos cometidos en las diversas obras representadas en los mismos. Dicho Bulevard desaparecería definitivamente en 1862 con la construcción de La Plaza de la República. La gente se agolpa en torno a un equilibrista sobre una cuerda tendida por encima de sus cabezas.


los niños del paraíso

La cámara está erigida a una altura intermedia entre el público y el funambulista. Retrocede un poco, a plano general. Vemos uno de los personajes clave de la farsa, el miserable Jericho (interpretado por Pierre Renoir, hijo de Pierre Auguste, y hermano de Jean). La cámara, en un elegante travelling-grúa lateral, nos muestra el bullicio. Gente, carruajes y los artistas en sus atriles. Se detiene ante un forzudo que levanta pesas, un mono que camina con zancos, un tiovivo lleno de niños en caballos de madera. En uno de los escenarios al aire libre se nos dice “Pasen y vean, la verdad está aquí”. Un plano del retrato de una mujer desnuda preside al “Pasen y véanla… y cuando la hayan visto, ¡pensarán en ella de día y soñaran con ella de noche!”. Entran algunos curiosos, y vemos a la joven Garance, desnuda en un tonel lleno de agua, mirándose a un espejo. La verdad es relativa y esquiva. La siguiente secuencia servirá para presentar a Garance paseando por la bulliciosa avenida, y cómo se detiene en el atril donde Baptiste, estático, observa el mundo, sin perder detalle de la joven.

los niños del paraíso

Sólo despertará de su letargo para escenificar la realidad del robo de la cartera de un señor acaudalado del público, que sospecha de Garance y ha requerido la presencia de un agente de la autoridad, dispuesto a llevarse a la joven detenida. La escenificación del mimo, exculpará a la mujer, quien, entre agradecida y enamorada, lanza una flor al artista. Los niños del paraíso para la mayoría de críticos, es la obra maestra de Marcel Carné. Se trata de una fábula sobre el amor y la muerte, sobre el bien y el mal. Ambientada la década de los años 30 del siglo XIX, su vigor visual y la capacidad para sintetizar las relaciones entre la vida y el teatro, han hecho que probablemente sea la obra más vigente de su director, y que este bello filme siga manteniéndose actual y de interés para el público contemporáneo. El propio Carné dijo que Los niños del paraíso era un homenaje al mundo del teatro. Las rivalidades entre los actores dramáticos, histriónicos y ruidosos, y los silenciosos y más sutiles funambulistas, los amores cruzados de los diferentes personajes de la trama y como la vida incide en las diversas escenificaciones que pueblan la historia, sirven de meticuloso retrato social, donde los jóvenes que pueblan el paraíso (el gallinero de los teatros), jóvenes que viven en la miseria, pero tratan de evadirse como pueden de la miserable existencia, sin los cuales el teatro no sería posible, cobran cierto relieve.

los niños del paraíso

La mirada de Carné y la maravillosa prosa que Prevert deposita en los actores, esplendidos todos ellos, otorgan una armoniosa precisión al conjunto de la obra. El dominio de las secuencias de masas, y la (complementaria) habilidad de las secuencias íntimas, certifican la maestría de la puesta en escena de esta película. Para el recuerdo, la prolongada secuencia que captura uno de los silenciosos números de Baptiste, con Garance interpretando a una estatua silente, que emula a Diana, la diosa de la caza en la mitología romana (Artemisa en la griega). En un momento determinado, el mimo ve a la joven flirteando entre bambalinas con Fréderick. Por la expresión del rostro de Baptiste, la joven Nathalié (interpretada por la actriz española María Casares, exiliada en Francia huyendo del franquismo) emite un grito desgarrador, rompiendo la regla del silencio que rige inquebrantable en la escenificación en el Teatro de los Funambulistas, asustada por la expresión de Baptiste, del que estápacientemente enamorada. “… Esa forma de mirarte y no verte… como si estuviese perdido…”, dirá la sufridora joven. Marcel Carné cayó en desgracia en general para crítica cinematográfica años después de la segunda guerra mundial. Cierto es que su cine jamás volvió a las cotas de calidad de esta película.

los niños del paraíso

Diría el realizador con cierta resignación “me piden una y otra vez que repita Les enfants du paradis… como si eso fuese tan fácil”. Los jóvenes creadores de la prestigiosa Cahiers du cinema, y en particular uno de ellos, François Truffaut, se erigieron en francotiradores contra el cine francés de los años 30 y 40, y en particular contra el etiquetado “realismo poético”. Dicha denominación hacía referencia al cine más o menos sofisticado, con entronque en la literatura, muy elaborado, y que consideraban muy artificial. Por supuesto, la película de Carné era un notorio baluarte del realismo poético. Trufffaut definió el cine de Carné como “rancio y anticuado”. Los jóvenes cineastas de la Nouvelle vague proclamaban un cine más a pie de calle, más realista, con menos artificio. Como el tiempo coloca todas las cosas en su lugar, en 1979 se le otorgó a Marcel Carné el premio César de honor. El 14 de abril de 1984, coincidieron Marcel Carné y François Truffaut en la localidad de Romilly con ocasión a la inauguración de dos salas de cine bautizadas con los nombres respectivos de ambos realizadores. Truffaut dijo: “He hecho 23 películas… ¡Está bien!, pero las cambiaría todas por haber hecho Los niños del paraíso…”.

los niños del paraíso


Frases para recordar:

"-Puedo decir que me has sorprendido. Hablas con las piernas, respondes con las manos. Una mirada, un gesto, dos pasitos… y en el paraíso lo entienden todo.
-Si, lo comprenden todo. Sin embargo, son pobres gentes, pero yo soy como ellos y los amo, los conozco. Su vida es mísera, pero tienen grandes sueños, y no sólo quisiera hacerlos reír… también quisiera conmoverlos, asustarlos, hacerles llorar.
-¿Y todo eso sin decir nada?
-Si… sin decir nada…"

Conversación entre Fréderick (Pierre Brasseur) y Baptiste (Jean-Louis Barrault).

"-Tiene usted la cabeza demasiado caliente para mí y el corazón demasiado frío… temo las corrientes de aire y yo tengo poca salud.”
Garance (Arietty) a Lacenaire Marcel Herrand
“- ¿En qué piensas, bella esfinge?
- En nada… en un montón de cosas. Por ejemplo, pienso en que en todo el mundo existen enamorados que se aman sin decir nada, o que expresan su amor con palabras sencillas, palabras cotidianas… me parece hermoso".

Conversación entre Fréderick (Pierre Brasseur) y Garance (Arietty)

"Los celos son de todos si la mujer no es de nadie".

Fréderick (Pierre Brasseur)

los niños del paraíso

los niños del paraíso











Título original: Les enfants du paradis.

Director: Marcel Carné.

Intérpretes: Jean-Louis BarraultPierre BrasseurPierre RenoirArlettyMarcel HerrandMaría CasarèsLouis Salou.


Trailer:



Escena:



Información complementaria:


Reseña escrita por Manuel García de Mesa

Con el spaguetti-western surgiría de nuevo el gusto por ver cine del Oeste, un género ya gastado a principios de la década de los 60 y donde el público había perdido el interés por ver filmes de este tipo, ya que sus películas tendían a repetir hasta la saciedad historias donde el pistolero "bueno" se enfrentaba al pistolero "malo" de turno, siempre resaltando en demasía la bondad frente la maldad de cada uno de sus personajes. Con el spaguetti-western se aplica un radical lavado de cara sobre este género cinematográfico, ofreciéndonos un Oeste más salvaje y violento del que nos tenía acostumbrados hasta el momento, presentándonos héroes (bueno, mejor dicho antihéroes) menos bondadosos en cuanto a ayudar al prójimo y más egoístas en el plano de conseguir sus objetivos. Los villanos son pistoleros rudos al que no les tiembla el pulso a la hora de apretar el gatillo de sus revólveres. Un cambio de imagen que chocaba con la suavizada e inocente acción de los western procedentes del territorio norteamericano que habían gustado mucho en su momento pero que en los años 60 parecían demasiados ingenuos en cuestión de su tratamiento.

el bueno, el feo y el malo

Hubieron realizadores como Sergio Corbucci ("Django (1966)"), Ducci Tessari ("Una pistola para Ringo (1965)") o Enzo G. Castellari ("Mátalos y vuelve (1968)") pero fue Sergio Leone con la "Trilogía del dólar" y "Hasta que llegó su hora (1968)" quien encumbraría la popularidad de este subgénero cinematográfico. La mítica trilogía se iniciaría con "Un puñado de dólares (1964)", un film de modesto presupuesto que lanzaría a la fama a un joven Clint Eastwood que había estado acomodado durante siete años en una seria televisiva titulada "Rawhide". No fue la primera incursión de Eastwood en la gran pantalla ya que había tenido anteriormente sus pinitos cinematográficos en películas como "La venganza del monstruo (1955)", "Tarántula (1955)" o "La escuadrilla Lafayette (1958)", todas éstas ejerciendo una breve aparición que ni si quieran le acreditaban su participación.

el bueno, el feo y el malo

La particularidad del personaje de Eastwood, que continuaría en el resto de la trilogía, es que es un pistolero con la ausencia de un nombre que le identificara. Además de poseer un rostro inexpresivo, llevar una barba de varios días, usar poncho donde esconder su revolver y por tener una excesiva afición al consumo de tabaco (una afición que se trasladaría a la vida real ya que se comenta que Leone le obligaba a fumar de verdad para dar mayor realismo a su personaje). Tras "Por un puñado de dólares" la trilogía proseguiría con "La muerte tenía un precio (1965)", mi favorita de las tres películas, para finalmente terminar con la monumental "El bueno, el feo y el malo", un film que a diferencia del primero contaría con un enorme presupuesto (más de un millón de dólares y donde Eastwood se llevaría para su bolsillo la más que respetable cantidad de 250.000 dólares).

el bueno, el feo y el malo

"El bueno, el feo y el malo", película en la que me centro en esta ocasión, fue escrita por el propio Leone en colaboración con Luciano Vicenzoni, también conocido como "el médico de los guiones", un guionista donde escribió durante su trayectoria profesional para más de 60 películas italianas. La película nos situaría en La Guerra de Secesión donde un pistolero de pocas palabras con el apodo de "El Rubio" (El bueno) y su compañero Tuco (El feo), un buscado bandido donde ambos utilizan su condición para sacar partido de ella (Rubio captura a Tuco, cobra su recompensa y en el momento de su ejecución lo salva para posteriormente repartirse entre los dos la preciada recompensa) y un peligroso pistolero a sueldo llamado "Sentencia" (El malo) luchan por conseguir un tesoro compuesto por monedas de oro pertenecientes al ejercito confederado y donde yace escondido en la tumba de un cementerio.


el bueno, el feo y el malo

Escenas de primeros planos y largos silencios, centrados en las miradas, la mayor parte de ellas de desafío, adornadas de paisajes áridos y polvorientos dominarían el metraje extenso de la película (2 horas y media). Escenas, todas ellas, realizadas meticulosamente por Sergio Leone y acompañadas por la mítica música del maestro Ennio Morricone, un elemento imprescindible en el cine de Leone, caracterizada en esta obra por la mezcla de dramáticas melodías y el uso de estridentes voces y sonidos de silbidos. Uno de los detalles de la composición musical de Morricone en el film es que esta dividida de diferentes partituras, aplicadas según el personaje que hace aparición en la escena (para el personaje de Eastwood el sonido de una flauta, para el de Tuco el uso de voces y para Sentencia la utilización de una ocarina). En el panel interpretativo acompañando a Clint Eastwood nos encontraríamos con Eli Wallach (genial actor visto en clásicos del western norteamericano como son "Los siete magníficos (1960)" y "La conquista del Oeste (1962)") representando a Tuco, un personaje que aporta los momentos cómicos del film y a pesar de su condición de bandido sabe ganarnos por el carisma y simpatía que transmite.

el bueno, el feo y el malo


Para el papel de el malo, el de Sentencia, Leone escogería a Lee Van Cleef, actor que ya había tenido en sus filas en "La muerte tenía un precio" y del que siempre tuvo predilección después de verlo de villano en "Sólo ante el peligro (1952)" y "El hombre que mató a Liberty Valance (1962)". Gracias a Leone, Lee Van Cleef recuperaría importancia en la meca del cine convertiéndose en un actor clave en el spaguetti western. "El bueno, el feo y el malo", al igual que el resto de la trilogía, fue un gran escaparate para España ya que la mayor parte de los filmes fue rodada en tierras españolas. El desierto de Tabernas (situado en Almeria), también conocido por formar parte de los decorados de "Lawrence de Arabia (1962)", "Cleopatra (1963)" y recientemente en "Exodus" de Ridley Scott, fue fundamental en la acción de la película.

el bueno, el feo y el malo

Completando los decorados de "El bueno, el feo y el malo" habría que mencionar, La Sierra de Demanda y el río Arlanza, situados en la provincia de Burgos. Entre sus escenas más recordadas, el duelo a tres bandas entre Eastwood, Wallach y Lee Van Cleef, una secuencia homenajeada por Quentin Tarantino en "Reservoir dogs (1992)". Otros de los momentos para el recuerdo, la explosión del puente de Langston, secuencia donde el puente fue construido por ingenieros del ejercito español y que tuvo como anécdota su explosión sin haberse grabado por ninguna cámara. Un malentendido entre el capitán encargado de volar el puente y Sergio Leone fue el causante, por lo que se tuvo, muy a su pesar, construir de nuevo el puente para el escena.

Frases para recordar:

"Duermo tranquilo porque mi peor enemigo vela por mí".

"El mundo se divide en dos, Tuco. Los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tengo yo así que ya puedes coger la pala".

"En donde nacimos, para no morir de hambre había que elegir ser cura o bandido".


el bueno, el feo y el malo
el bueno, el feo y el malo













Título original: ll buono, il brutto, il cattivo.

Director: Sergio Leone.

Interpretes: Clint EastwoodLee Van CleefEli WallachAldo GiuffrèMario BregaRada Rassimov.

Trailer:


Escena:


B.S.O.:



Información complementaria:

Reseña escrita por Jesús Fariña 

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EL BUENO, EL FEO Y EL MALO (1966). Capítulo final de la trilogía del dólar.

Con el spaguetti-western surgiría de nuevo el gusto por ver cine del Oeste, un género ya gastado a principios de la década de los 60 y donde el público había perdido el interés por ver filmes de este tipo, ya que sus películas tendían a repetir hasta la saciedad historias donde el pistolero "bueno" se enfrentaba al pistolero "malo" de turno, siempre resaltando en demasía la bondad frente la maldad de cada uno de sus personajes. Con el spaguetti-western se aplica un radical lavado de cara sobre este género cinematográfico, ofreciéndonos un Oeste más salvaje y violento del que nos tenía acostumbrados hasta el momento, presentándonos héroes (bueno, mejor dicho antihéroes) menos bondadosos en cuanto a ayudar al prójimo y más egoístas en el plano de conseguir sus objetivos. Los villanos son pistoleros rudos al que no les tiembla el pulso a la hora de apretar el gatillo de sus revólveres. Un cambio de imagen que chocaba con la suavizada e inocente acción de los western procedentes del territorio norteamericano que habían gustado mucho en su momento pero que en los años 60 parecían demasiados ingenuos en cuestión de su tratamiento.

el bueno, el feo y el malo

Hubieron realizadores como Sergio Corbucci ("Django (1966)"), Ducci Tessari ("Una pistola para Ringo (1965)") o Enzo G. Castellari ("Mátalos y vuelve (1968)") pero fue Sergio Leone con la "Trilogía del dólar" y "Hasta que llegó su hora (1968)" quien encumbraría la popularidad de este subgénero cinematográfico. La mítica trilogía se iniciaría con "Un puñado de dólares (1964)", un film de modesto presupuesto que lanzaría a la fama a un joven Clint Eastwood que había estado acomodado durante siete años en una seria televisiva titulada "Rawhide". No fue la primera incursión de Eastwood en la gran pantalla ya que había tenido anteriormente sus pinitos cinematográficos en películas como "La venganza del monstruo (1955)", "Tarántula (1955)" o "La escuadrilla Lafayette (1958)", todas éstas ejerciendo una breve aparición que ni si quieran le acreditaban su participación.

el bueno, el feo y el malo

La particularidad del personaje de Eastwood, que continuaría en el resto de la trilogía, es que es un pistolero con la ausencia de un nombre que le identificara. Además de poseer un rostro inexpresivo, llevar una barba de varios días, usar poncho donde esconder su revolver y por tener una excesiva afición al consumo de tabaco (una afición que se trasladaría a la vida real ya que se comenta que Leone le obligaba a fumar de verdad para dar mayor realismo a su personaje). Tras "Por un puñado de dólares" la trilogía proseguiría con "La muerte tenía un precio (1965)", mi favorita de las tres películas, para finalmente terminar con la monumental "El bueno, el feo y el malo", un film que a diferencia del primero contaría con un enorme presupuesto (más de un millón de dólares y donde Eastwood se llevaría para su bolsillo la más que respetable cantidad de 250.000 dólares).

el bueno, el feo y el malo

"El bueno, el feo y el malo", película en la que me centro en esta ocasión, fue escrita por el propio Leone en colaboración con Luciano Vicenzoni, también conocido como "el médico de los guiones", un guionista donde escribió durante su trayectoria profesional para más de 60 películas italianas. La película nos situaría en La Guerra de Secesión donde un pistolero de pocas palabras con el apodo de "El Rubio" (El bueno) y su compañero Tuco (El feo), un buscado bandido donde ambos utilizan su condición para sacar partido de ella (Rubio captura a Tuco, cobra su recompensa y en el momento de su ejecución lo salva para posteriormente repartirse entre los dos la preciada recompensa) y un peligroso pistolero a sueldo llamado "Sentencia" (El malo) luchan por conseguir un tesoro compuesto por monedas de oro pertenecientes al ejercito confederado y donde yace escondido en la tumba de un cementerio.


el bueno, el feo y el malo

Escenas de primeros planos y largos silencios, centrados en las miradas, la mayor parte de ellas de desafío, adornadas de paisajes áridos y polvorientos dominarían el metraje extenso de la película (2 horas y media). Escenas, todas ellas, realizadas meticulosamente por Sergio Leone y acompañadas por la mítica música del maestro Ennio Morricone, un elemento imprescindible en el cine de Leone, caracterizada en esta obra por la mezcla de dramáticas melodías y el uso de estridentes voces y sonidos de silbidos. Uno de los detalles de la composición musical de Morricone en el film es que esta dividida de diferentes partituras, aplicadas según el personaje que hace aparición en la escena (para el personaje de Eastwood el sonido de una flauta, para el de Tuco el uso de voces y para Sentencia la utilización de una ocarina). En el panel interpretativo acompañando a Clint Eastwood nos encontraríamos con Eli Wallach (genial actor visto en clásicos del western norteamericano como son "Los siete magníficos (1960)" y "La conquista del Oeste (1962)") representando a Tuco, un personaje que aporta los momentos cómicos del film y a pesar de su condición de bandido sabe ganarnos por el carisma y simpatía que transmite.

el bueno, el feo y el malo


Para el papel de el malo, el de Sentencia, Leone escogería a Lee Van Cleef, actor que ya había tenido en sus filas en "La muerte tenía un precio" y del que siempre tuvo predilección después de verlo de villano en "Sólo ante el peligro (1952)" y "El hombre que mató a Liberty Valance (1962)". Gracias a Leone, Lee Van Cleef recuperaría importancia en la meca del cine convertiéndose en un actor clave en el spaguetti western. "El bueno, el feo y el malo", al igual que el resto de la trilogía, fue un gran escaparate para España ya que la mayor parte de los filmes fue rodada en tierras españolas. El desierto de Tabernas (situado en Almeria), también conocido por formar parte de los decorados de "Lawrence de Arabia (1962)", "Cleopatra (1963)" y recientemente en "Exodus" de Ridley Scott, fue fundamental en la acción de la película.

el bueno, el feo y el malo

Completando los decorados de "El bueno, el feo y el malo" habría que mencionar, La Sierra de Demanda y el río Arlanza, situados en la provincia de Burgos. Entre sus escenas más recordadas, el duelo a tres bandas entre Eastwood, Wallach y Lee Van Cleef, una secuencia homenajeada por Quentin Tarantino en "Reservoir dogs (1992)". Otros de los momentos para el recuerdo, la explosión del puente de Langston, secuencia donde el puente fue construido por ingenieros del ejercito español y que tuvo como anécdota su explosión sin haberse grabado por ninguna cámara. Un malentendido entre el capitán encargado de volar el puente y Sergio Leone fue el causante, por lo que se tuvo, muy a su pesar, construir de nuevo el puente para el escena.

Frases para recordar:

"Duermo tranquilo porque mi peor enemigo vela por mí".

"El mundo se divide en dos, Tuco. Los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tengo yo así que ya puedes coger la pala".

"En donde nacimos, para no morir de hambre había que elegir ser cura o bandido".


el bueno, el feo y el malo
el bueno, el feo y el malo













Título original: ll buono, il brutto, il cattivo.

Director: Sergio Leone.

Interpretes: Clint EastwoodLee Van CleefEli WallachAldo GiuffrèMario BregaRada Rassimov.

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Reseña escrita por Jesús Fariña 

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Nos encontramos en el París de la Belle Epoque de 1900, durante la III República francesa , cuando se celebró además la gran exposición de París, época en la cual la Alta Burguesía se desenvuelve en medio de lujosas fiestas y una más bien aceptada socialmente promiscuidad, de la cual ya la entonces prensa del corazón se hacía de oro con sus exagerados reportajes sobre los amoríos y rupturas de los grandes magnates y empresarios, llenando los chismes de sociedad. París, 1900. Honoré Lachaille (Maurice Chevalier), un maduro solterón y gran conquistador es el narrador y uno de los protagonistas de la historia. Nos cuenta el cambio de niña a mujer de una joven colegiala llamada Gigi (Leslie Caron), quien vive con su madre(una cantante de Ópera frustrada) y con su abuela, Madame Álvarez (Hermione Gingold), que quiere introducir a su nieta en los ambientes de esa alocada burguesía para ser la nueva amante de un joven millonario y bastante mujeriego, llamado Gastón (Louis Jourdan), el sobrino de Honoré, quien nos introduce en la historia. Se da la circunstancia de que Gastón es un amigo de la familia quien pasa ratos bastante más gratos con la joven Gigí y "Mamita", como él llama a la abuela, jugando a las cartas, que en esos ambientes burgueses llenos de amoríos, rupturas y suicidios por amor, que le tienen al hombre ya aburrido.

gigi

Gastón ve a Gigí como la niña que aún es. Tía Alice (Isabel Jeans), hermana de su abuela una mujer de alto nivel social pero bastante libertina, como era habitual en la burguesía francesa de hace más de un siglo, decide ponerse manos a la obra, cual Pigmalión con Galatea y formar a su sobrina nieta para convertirla en la nueva consorte del millonario Gastón. Con lo que no cuentan todos es que Gigi tiene un espíritu rebelde y a la vez puro que está por encima de ese materialismo y sobre todo detesta esa falsa moral de la apariencia en la que le quiere introducir su tía Alice. Gastón, por su parte también se va dando cuente de que no tiene sentido alguno la vida que lleva y de que siente algo verdaderamente importante por Gigi, que ya no es tan niña. Se puede decir que Vincente Minnelli, Lesie Caron, Alan Jay Lerner y Arthut Freed volvieron de nuevo a la ciudad del amour, París, después de habernos regalado una joya del musical como es "Un americano en París (1951)" para adaptar como musical la novela corta, romántica, de la escritora francesa Colette, escrita en 1944. Hay que decir que se convierte en musical en esta adaptación al cine, corriendo las letras y melodías a cargo de los ya entonces muy prestigiosos Alan Jay Lerner y Frederick Loewe, quienes estaban arrasando en taquilla con su producción "My Fair Lady"- la que yo considero su “joya de la corona- en Broadway. 

gigi

Fueron los elegidos para convertir la novela de collette en el que iba a ser uno de los musicales más taquilleros de la historia de la metro, hasta el punto de que las telefonistas de los famosos estudios llegaban a atender el teléfono diciendo M-Gigi-M. Previamente tuvo un enorme éxito en Broadway, no como musical, con Audrey Hepburn encarnando a la protagonista. Alan Jay Lerner quería para el papel a la propia Audrey, habida cuenta de la enorme química que, además, demostró tener con Maurice Chevalier en la inolvidable "Arianne" (love in the afternoon), realizada un año antes por Billy Wilder, pero Arthur Freed no estaba convencido y quiso apostar sobre seguro con Leslie Caron, con quien ya trabajó en "Un americano en París". Paradójicamente, Leslie Caron, tuvo la desgracia de ver como su voz fue doblada en las canciones por la cantante Betty Wand. Su interpretación como la jovencita colegiala de 17 años, a pesar de que ella ya tenía 27, resultó sin embargo bastante convincente y Caron sale bastante bien parada del envite. Resulta realmente deliciosa. 

gigi

La joven actriz francesa y excelente bailarina, debutó- al ser descubierta por Gene Kelly- en "Un americano en París (1951)", después triunfaría con la deliciosa película musical "Lilí (1953)", de Charles Walters, que junto a Mel Ferrer tuvo un enorme éxito, encarnando a una pobre huerfanita de la que se enamora perdidamente un atormentado veterano de guerra ahora convertido en ventrílocuo y que expresa sus sentimientos por ella a través de sus marionetas. Después vendrían éxitos como "Las zapatillas rojas (1955)" y "Papá piernas largas (1955)". Fuera del género musical nos regaló buenos trabajos en "Operación Whisky (1964)" y "¿Arde París? (1966)" entre otras. Para el papel de Honoré, a quien Lerner otorgó un protagonismo inexistente en la novela de Colette, se contrató al ya entonces veterano, gran actor de Music-Hall y cine y teatro Maurice Chevalier, que se mueve como pez en el agua a lo largo de la cinta, hecho por el cual mucha parte de la Crítica que considera esta película una obra menor del género, acusan a la misma de ser un mero vehículo para el lucimiento personal de Chevalier, pero nada más lejos de la realidad, desde mi punto de vista. 

gigi

Su personaje, siendo un hombre muy adinerado pero de carácter bastante liberal y conquistador, llega al público despertando la simpatía hacia él. Con esa manera de cantar, de hacer esos soliloquios y hasta se permite el lujo de bailar recordando sus años del music-hall, en el precioso número "I’m glad I’m not Young anymore", resultó realmente inolvidable. La Academia ese mismo año, le otorgó un Óscar especial por toda su carrera. En el comienzo canta "Thank Heavens for Little Girls" para hacernos ver a Gigi como la hermosa mujer en la que está a punto de convertirse. Otra escena memorable es cuando se encuentra con Madame Álvarez, quien fue el gran amor de su juventud curiosamente, en la playa cuando está pasando unos días junto a su nieta y Gastón, y cantan recordando su romance la inolvidable "I remembered it well", en la que vemos que Honoré lo recuerda todo distorsionado, siendo ella quien sí se acuerda realmente de todos los detalles de cuando se conocieron., y con el maravilloso atardecer sumamente rojizo presentado por Minnelli, quien demostró su gran pasión por la intensidad de la colorimetría en sus películas, siendo en ésta donde más impone ese personalísimo sello suyo. Maurice Chevalier debutó en los cafés parisinos. Fue herido en la Primera guerra mundial y hecho prisionero por los alemanes. 

gigi

En 1928 comenzó su carrera en Hollywood. Nos regaló una maravillosa interpretación en "La viuda alegre (1934)" de Ernst Lubitsch. Alternó su carrera en su Francia natal con otros títulos como "Ma Pomme". Hay que destacar éxitos como la ya mencionada "Ariane (1957)", "Can-Can (1960)", "Fanny (1960)" (película de Joshua Logan en la que volvió a trabajar junto a Leslie Caron) o "Los hijos del Capitán Grant (1962)" entre otras. Su socarronería y su burla de las convenciones sociales como el matrimonio, que considera aburrido, hacen de su personaje el clásico granuja entrañable. Para el papel de Gastón se contó con Louis Jourdan, la tercera estrella protagonista, también francés. El reparto está realmente bien escogido. Gastón tiene un soliloquio realmente emotivo en el que canta como se da cuenta de que aquella niña con la que jugaba y a la que iba a ver ya se ha convertido en toda una mujer y que está perdidamente enamorado de ella, siendo el tema principal de la película. Jourdan debutó en el cine en una producción francesa, junto a Charles Boyer cuya realización fue interrumpida por el estallido de la Segunda guerra mundial, en 1939, y nunca volvió a retomarse. 

gigi

Formó parte del reparto de "El proceso Paradine (1947)" de Alfred Hitchkock, pero su primer gran éxito le llegaría en 1954 con la inolvidable película de Jean Negulesco "Creemos en el amor". Tuvo el siguiente gran éxito con el clásico de Charles Vidor de 1956 "El Cisne", entrando en el triángulo amoroso junto a Grace Kelly y Alec Guinness en el que interpretó al profesor de una joven candidata a casarse con un príncipe heredero. Tras hacer "Gigi", volvió a coincidir con Chevalier y junto a Frank Sinatra en la divertida "Can-Can". Nos mostró su registro de villano como el malvado Kamal Khan en la película de la saga Bond "Octopussy (1983)". Como secundarias de lujo tenemos a Hermione Gingold e Isabel Jeans como Madame Álvarez (apellido que tomó de un amante español), y Tía Alice, respectivamente. Como Liane, una de las conquistas de Gastón tenemos a la bella actriz de origen húngaro Eva Gabor. El personaje de la abuela de Gigi se va transformando a lo largo de la trama pues se da cuenta de que lo que quiere es que su nieta sea feliz y no acabe como su alocada hermana, quien es una mujer demasiado "práctica" y superficial y para quien la libertina vida burguesa de la época es lo más adecuado para su sobrina nieta. 

gigi

Vincente Minnelli ("El padre de la novia (1950)", "Cautivos del mal (1952)", "Brigadoon (1954)", "Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1962)") compone, con su excelente dirección un cuadro semi impresionista- en la línea de "Un americano en París"- que bien recuerda a los de Monet, o Van Gogh, con esa colorimetría tan fuerte en sus tonos rojizos, como bien se puede comprobar en la casa de Gigi, donde tiene lugar uno de esos momentos apoteósicos del género musical cuando ella, su abuela y Gastón interpretan la inolvidable canción "The night they invented the Champagne", que nos recuerda a "Good Morning" de "Cantando bajo la lluvia (1952)" y a "The rain in Spain" de "My Fair Lady (1964)", con ese estallido de euforia de los protagonistas en el que se marcan hasta un baile, en éste caso Gastón junto a la abuela de Gigi. Para el diseño de vestuario, que lógicamente nos recuerda a "My Fair Lady" se contó con Cecil Beaton, con quien se contó tras su enorme éxito en la producción teatral de dicho musical, y que repetiría en la adaptación de Cukor. Tiene bastantes puntos en común con "My Fair Lady" y no sólo porque estén Lerner y Loewe en el guión y la música, así como André Previn, y Cecil Beaton, sino porque en parte es una especie de adaptación de "Pigmalión" el argumento de la película también. 

gigi

El director filmó, con la excelente colaboración del director de fotografía Harry Stradling jr y en el espectacular formato CinemaScope- en exteriores, como la torre Eiffel y recreó soberbiamente el famoso restaurante Maxim’s donde tienen lugar esos cotilleos sobre los amoríos de tan adinerados personajes. La obertura musical de "Gigi", que es preciosa, y tiene la grandiosidad de las de "West Side Story (1961)" (con aquel cambio de colores) y "My Fair Lady (1964)" (con esas flores del comienzo), está acompañada por dibujos originales del dibujante francés Sem, muy conocido en la época en la que se desarrolla el argumento por sus ilustraciones en revistas y periódicos franceses. La película obtuvo nada más y nada menos que 9 Óscars, convirtiéndose en el musical más premiado en aquel momento, récord que superaría "West Side Story (1961)" tres años después, incluyendo los relativos a la mejor película y al mejor director a parte de varios apartados técnicos. Una brillante comedia musical con un trasfondo realmente lleno de valores y del espíritu rebelde y puro del personaje principal, con ese rechazo al materialismo, las joyas y demás lujos burgueses y ese “guardar las apariencias”, ese mundo de tanta falsedad que rechaza Gigi, que se niega a convertirse en una cortesana, en una amante más del hombre del que está realmente enamorada, ella aspira realmente a otra cosa. 

Frase para recordar: "Créame, Mamita, me divierto más con esta traviesa mocosa, como usted la llama, que con cualquier persona en París".


gigi

Director: Vincente Minnelli.

Intérpretes: Leslie CaronMaurice ChevalierLouis JourdanHermione GingoldJacques Bergerac.


Trailer:



Escena:



B.S.O.:



Información complementaria:

Reseña escrita por Alfonso Torres Gallego 

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GIGI (1958). El musical de Leslie Caron.

Nos encontramos en el París de la Belle Epoque de 1900, durante la III República francesa , cuando se celebró además la gran exposición de París, época en la cual la Alta Burguesía se desenvuelve en medio de lujosas fiestas y una más bien aceptada socialmente promiscuidad, de la cual ya la entonces prensa del corazón se hacía de oro con sus exagerados reportajes sobre los amoríos y rupturas de los grandes magnates y empresarios, llenando los chismes de sociedad. París, 1900. Honoré Lachaille (Maurice Chevalier), un maduro solterón y gran conquistador es el narrador y uno de los protagonistas de la historia. Nos cuenta el cambio de niña a mujer de una joven colegiala llamada Gigi (Leslie Caron), quien vive con su madre(una cantante de Ópera frustrada) y con su abuela, Madame Álvarez (Hermione Gingold), que quiere introducir a su nieta en los ambientes de esa alocada burguesía para ser la nueva amante de un joven millonario y bastante mujeriego, llamado Gastón (Louis Jourdan), el sobrino de Honoré, quien nos introduce en la historia. Se da la circunstancia de que Gastón es un amigo de la familia quien pasa ratos bastante más gratos con la joven Gigí y "Mamita", como él llama a la abuela, jugando a las cartas, que en esos ambientes burgueses llenos de amoríos, rupturas y suicidios por amor, que le tienen al hombre ya aburrido.

gigi

Gastón ve a Gigí como la niña que aún es. Tía Alice (Isabel Jeans), hermana de su abuela una mujer de alto nivel social pero bastante libertina, como era habitual en la burguesía francesa de hace más de un siglo, decide ponerse manos a la obra, cual Pigmalión con Galatea y formar a su sobrina nieta para convertirla en la nueva consorte del millonario Gastón. Con lo que no cuentan todos es que Gigi tiene un espíritu rebelde y a la vez puro que está por encima de ese materialismo y sobre todo detesta esa falsa moral de la apariencia en la que le quiere introducir su tía Alice. Gastón, por su parte también se va dando cuente de que no tiene sentido alguno la vida que lleva y de que siente algo verdaderamente importante por Gigi, que ya no es tan niña. Se puede decir que Vincente Minnelli, Lesie Caron, Alan Jay Lerner y Arthut Freed volvieron de nuevo a la ciudad del amour, París, después de habernos regalado una joya del musical como es "Un americano en París (1951)" para adaptar como musical la novela corta, romántica, de la escritora francesa Colette, escrita en 1944. Hay que decir que se convierte en musical en esta adaptación al cine, corriendo las letras y melodías a cargo de los ya entonces muy prestigiosos Alan Jay Lerner y Frederick Loewe, quienes estaban arrasando en taquilla con su producción "My Fair Lady"- la que yo considero su “joya de la corona- en Broadway. 

gigi

Fueron los elegidos para convertir la novela de collette en el que iba a ser uno de los musicales más taquilleros de la historia de la metro, hasta el punto de que las telefonistas de los famosos estudios llegaban a atender el teléfono diciendo M-Gigi-M. Previamente tuvo un enorme éxito en Broadway, no como musical, con Audrey Hepburn encarnando a la protagonista. Alan Jay Lerner quería para el papel a la propia Audrey, habida cuenta de la enorme química que, además, demostró tener con Maurice Chevalier en la inolvidable "Arianne" (love in the afternoon), realizada un año antes por Billy Wilder, pero Arthur Freed no estaba convencido y quiso apostar sobre seguro con Leslie Caron, con quien ya trabajó en "Un americano en París". Paradójicamente, Leslie Caron, tuvo la desgracia de ver como su voz fue doblada en las canciones por la cantante Betty Wand. Su interpretación como la jovencita colegiala de 17 años, a pesar de que ella ya tenía 27, resultó sin embargo bastante convincente y Caron sale bastante bien parada del envite. Resulta realmente deliciosa. 

gigi

La joven actriz francesa y excelente bailarina, debutó- al ser descubierta por Gene Kelly- en "Un americano en París (1951)", después triunfaría con la deliciosa película musical "Lilí (1953)", de Charles Walters, que junto a Mel Ferrer tuvo un enorme éxito, encarnando a una pobre huerfanita de la que se enamora perdidamente un atormentado veterano de guerra ahora convertido en ventrílocuo y que expresa sus sentimientos por ella a través de sus marionetas. Después vendrían éxitos como "Las zapatillas rojas (1955)" y "Papá piernas largas (1955)". Fuera del género musical nos regaló buenos trabajos en "Operación Whisky (1964)" y "¿Arde París? (1966)" entre otras. Para el papel de Honoré, a quien Lerner otorgó un protagonismo inexistente en la novela de Colette, se contrató al ya entonces veterano, gran actor de Music-Hall y cine y teatro Maurice Chevalier, que se mueve como pez en el agua a lo largo de la cinta, hecho por el cual mucha parte de la Crítica que considera esta película una obra menor del género, acusan a la misma de ser un mero vehículo para el lucimiento personal de Chevalier, pero nada más lejos de la realidad, desde mi punto de vista. 

gigi

Su personaje, siendo un hombre muy adinerado pero de carácter bastante liberal y conquistador, llega al público despertando la simpatía hacia él. Con esa manera de cantar, de hacer esos soliloquios y hasta se permite el lujo de bailar recordando sus años del music-hall, en el precioso número "I’m glad I’m not Young anymore", resultó realmente inolvidable. La Academia ese mismo año, le otorgó un Óscar especial por toda su carrera. En el comienzo canta "Thank Heavens for Little Girls" para hacernos ver a Gigi como la hermosa mujer en la que está a punto de convertirse. Otra escena memorable es cuando se encuentra con Madame Álvarez, quien fue el gran amor de su juventud curiosamente, en la playa cuando está pasando unos días junto a su nieta y Gastón, y cantan recordando su romance la inolvidable "I remembered it well", en la que vemos que Honoré lo recuerda todo distorsionado, siendo ella quien sí se acuerda realmente de todos los detalles de cuando se conocieron., y con el maravilloso atardecer sumamente rojizo presentado por Minnelli, quien demostró su gran pasión por la intensidad de la colorimetría en sus películas, siendo en ésta donde más impone ese personalísimo sello suyo. Maurice Chevalier debutó en los cafés parisinos. Fue herido en la Primera guerra mundial y hecho prisionero por los alemanes. 

gigi

En 1928 comenzó su carrera en Hollywood. Nos regaló una maravillosa interpretación en "La viuda alegre (1934)" de Ernst Lubitsch. Alternó su carrera en su Francia natal con otros títulos como "Ma Pomme". Hay que destacar éxitos como la ya mencionada "Ariane (1957)", "Can-Can (1960)", "Fanny (1960)" (película de Joshua Logan en la que volvió a trabajar junto a Leslie Caron) o "Los hijos del Capitán Grant (1962)" entre otras. Su socarronería y su burla de las convenciones sociales como el matrimonio, que considera aburrido, hacen de su personaje el clásico granuja entrañable. Para el papel de Gastón se contó con Louis Jourdan, la tercera estrella protagonista, también francés. El reparto está realmente bien escogido. Gastón tiene un soliloquio realmente emotivo en el que canta como se da cuenta de que aquella niña con la que jugaba y a la que iba a ver ya se ha convertido en toda una mujer y que está perdidamente enamorado de ella, siendo el tema principal de la película. Jourdan debutó en el cine en una producción francesa, junto a Charles Boyer cuya realización fue interrumpida por el estallido de la Segunda guerra mundial, en 1939, y nunca volvió a retomarse. 

gigi

Formó parte del reparto de "El proceso Paradine (1947)" de Alfred Hitchkock, pero su primer gran éxito le llegaría en 1954 con la inolvidable película de Jean Negulesco "Creemos en el amor". Tuvo el siguiente gran éxito con el clásico de Charles Vidor de 1956 "El Cisne", entrando en el triángulo amoroso junto a Grace Kelly y Alec Guinness en el que interpretó al profesor de una joven candidata a casarse con un príncipe heredero. Tras hacer "Gigi", volvió a coincidir con Chevalier y junto a Frank Sinatra en la divertida "Can-Can". Nos mostró su registro de villano como el malvado Kamal Khan en la película de la saga Bond "Octopussy (1983)". Como secundarias de lujo tenemos a Hermione Gingold e Isabel Jeans como Madame Álvarez (apellido que tomó de un amante español), y Tía Alice, respectivamente. Como Liane, una de las conquistas de Gastón tenemos a la bella actriz de origen húngaro Eva Gabor. El personaje de la abuela de Gigi se va transformando a lo largo de la trama pues se da cuenta de que lo que quiere es que su nieta sea feliz y no acabe como su alocada hermana, quien es una mujer demasiado "práctica" y superficial y para quien la libertina vida burguesa de la época es lo más adecuado para su sobrina nieta. 

gigi

Vincente Minnelli ("El padre de la novia (1950)", "Cautivos del mal (1952)", "Brigadoon (1954)", "Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1962)") compone, con su excelente dirección un cuadro semi impresionista- en la línea de "Un americano en París"- que bien recuerda a los de Monet, o Van Gogh, con esa colorimetría tan fuerte en sus tonos rojizos, como bien se puede comprobar en la casa de Gigi, donde tiene lugar uno de esos momentos apoteósicos del género musical cuando ella, su abuela y Gastón interpretan la inolvidable canción "The night they invented the Champagne", que nos recuerda a "Good Morning" de "Cantando bajo la lluvia (1952)" y a "The rain in Spain" de "My Fair Lady (1964)", con ese estallido de euforia de los protagonistas en el que se marcan hasta un baile, en éste caso Gastón junto a la abuela de Gigi. Para el diseño de vestuario, que lógicamente nos recuerda a "My Fair Lady" se contó con Cecil Beaton, con quien se contó tras su enorme éxito en la producción teatral de dicho musical, y que repetiría en la adaptación de Cukor. Tiene bastantes puntos en común con "My Fair Lady" y no sólo porque estén Lerner y Loewe en el guión y la música, así como André Previn, y Cecil Beaton, sino porque en parte es una especie de adaptación de "Pigmalión" el argumento de la película también. 

gigi

El director filmó, con la excelente colaboración del director de fotografía Harry Stradling jr y en el espectacular formato CinemaScope- en exteriores, como la torre Eiffel y recreó soberbiamente el famoso restaurante Maxim’s donde tienen lugar esos cotilleos sobre los amoríos de tan adinerados personajes. La obertura musical de "Gigi", que es preciosa, y tiene la grandiosidad de las de "West Side Story (1961)" (con aquel cambio de colores) y "My Fair Lady (1964)" (con esas flores del comienzo), está acompañada por dibujos originales del dibujante francés Sem, muy conocido en la época en la que se desarrolla el argumento por sus ilustraciones en revistas y periódicos franceses. La película obtuvo nada más y nada menos que 9 Óscars, convirtiéndose en el musical más premiado en aquel momento, récord que superaría "West Side Story (1961)" tres años después, incluyendo los relativos a la mejor película y al mejor director a parte de varios apartados técnicos. Una brillante comedia musical con un trasfondo realmente lleno de valores y del espíritu rebelde y puro del personaje principal, con ese rechazo al materialismo, las joyas y demás lujos burgueses y ese “guardar las apariencias”, ese mundo de tanta falsedad que rechaza Gigi, que se niega a convertirse en una cortesana, en una amante más del hombre del que está realmente enamorada, ella aspira realmente a otra cosa. 

Frase para recordar: "Créame, Mamita, me divierto más con esta traviesa mocosa, como usted la llama, que con cualquier persona en París".


gigi

Director: Vincente Minnelli.

Intérpretes: Leslie CaronMaurice ChevalierLouis JourdanHermione GingoldJacques Bergerac.


Trailer:



Escena:



B.S.O.:



Información complementaria:

Reseña escrita por Alfonso Torres Gallego 

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Hay pocos remakes en la historia del cine que igualen o superen a la obra original, entre ellos podríamos nombrar "El precio del poder (1983)", "La cosa (1982)", "La invasión de los ultracuerpos (1978)", o el título que centro en esta reseña, "El cabo del miedo". La película en cuestión estaría inspirada en la obra de J. Lee Thompson "El cabo del terror" del año 1962, cuyo argumento fue escrito por James R. Webb basándose en la novela "Los verdugos" de John D. MacDonald. En ella nos narraba la pesadilla que vive un abogado (Sam Bowden) después de salir a la calle un criminal (Max Cady) que por su culpa estuvo encerrado catorce años entre rejas. Para esta nueva versión el encargado de dirigirla sería el siempre correcto Martin Scorsese que contaría para el reparto con su actor fetiche por aquella época, Robert De Niro (actor actualmente relevado por Leonardo DiCaprio en sus nuevos proyectos cinematográficos). Robert De Niro se pondría en la piel del ex convicto Max Cady, un personaje que en la obra de J. Lee Thompson fue interpretado por Robert Mitchum, un actor encumbrado en papeles de villano gracias a sus inolvidables interpretaciones como Max Cady en la mencionada película o como Harry Powell en "La noche del cazador (1955)" de Charles Laughton.

el cabo del miedo

Para esta nueva versión se modificaría la personalidad del personaje de Cady incrementándole su actitud cínica y sádica, al igual que la del abogado (interpretado por Nick Nolte y por Gregory Peck en la del año 62) que no iba a tener una conducta tan ejemplar como en el film predecesor. Si en la obra original Sam Browden era una persona íntegra tanto en su faceta profesional como personal, al mismo tiempo que contaba con una familia idílica, en la de Scorsese cambia radicalmente la cosa, ya que nos presenta a este personaje cargado de irregularidades morales y porque no decirlo, con cierto lado oscuro (o sea más acorde a la vida real), y es que el realizador nos lo describe como un abogado que ha ocultado las pruebas que podrían haber dado la libertad de Cady y su vez como una persona con problemas en su matrimonio, que engaña a su esposa con su compañera de abogacía (Lori Davis).

el cabo del miedo

Por cierto, Lori Davis un personaje interpretado por Illeana Douglas (actriz que debutaría en el cine a la mano de Scorsese con un breve papel en "Uno de los nuestros (1990)") y que a la postre iba a ser una de las víctimas de Cady en uno de sus ataques de brutalidad e ira. Para el personaje de Max Cady, Robert de Niro iba a deleitarnos con una de sus grandes transformaciones cinematográficas, éste aparecería en el film con un cuerpo esculpido con definidos músculos y adornados con tatuajes (se comenta que eran tatuajes reales para evitar que se borraran en las secuencias que aparece en el mar), destacando uno en la espalda con una cruz gigante donde cuelgan las balanzas de la justicia y la verdad. Su personaje también se caracterizaría por llevar una vestimenta bastante hortera y por su enorme afición a fumar puros (genial la escena que se ríe a carcajadas en la sala del cine mientras la inunda con el humo del puro que se esta fumando).

el cabo del miedo

Sin dudas un espeluznante y a la vez fascinante personaje realizado por De Niro que le llevaría a obtener una nominación en los Óscar en aquel año (lo ganaría Anthony Hopkins por su papel de Hannibal Lecter en "Los silencios de los corderos (1991)", otros de los míticos villanos surgidos en la historia del séptimo arte) y a ser recordado como una de las magnas interpretaciones del actor junto a Scorsese, a la altura de Travis Bickle de "Taxi driver (1976)" o el de Jack La Motta en la pugilística "Toro salvaje (1980)". Entre sus escenas más destacables, Cady seduciendo a la hija de Browden haciéndose pasar por su profesor de arte dramático o la brutal paliza que le da éste a unos matones contratados por el abogado. Por el otro lado destacaría, en este caso de manera negativa, la escena final del barco, en mi opinión excesiva, con los tópicos del cine de "slasher", poniendo al villano en cuestión como una persona sobrehumana y casi invencible. Un pequeño lunar en esta interesante obra que bajaría la nota en el conjunto final de la película.

el cabo del miedo

En el apartado musical, el film volvería a contar con la maravillosa partitura de Bernard Herrmann que intensificaría los momentos de más tensión de la película. Otros de los guiños que podemos ver en relación con su obra predecesora, es que en "El cabo del miedo" se volvería a contar con la presencia de los dos protagonistas principales de la película original, Robert Mitchum y Gregory Peck, el primero ejerciendo del teniente de policía Elgart y el segundo como el abogado defensor de Cady, Lee Heller. Detalle interesante que nos brinda el film con el rol de éste último ya que cambia la interpretación del bueno de Gregory Peck con su papel de abogado que perjudica a Cady en la obra original con la de abogado defensor en la obra de Scorsese. Tampoco quiero olvidarme del actor Martin Balsam (eterno secundario en películas como "Doce hombres sin piedad (1957)", "Psicosis (1960)", "Desayuno con diamantes (1961)") que también repite en los dos films, en una como el teniente de policía Mark Dutton y en la otra en el rol de juez.

el cabo del miedo

En la obra de Scorsese se pueden apreciar detalles del cine del maestro Hitchcock, como son el atosigamiento permanente del villano a su víctima como la latente culpabilidad de dicha víctima haciéndole más frágil ante la presencia de su atacante. Como dato anecdótico Hitchcock iba a ser el encargado de ser el director de la primera versión antes de que fuese J. Lee Thompson, seguro que el maestro del suspense hubiera hecho una sobresaliente obra. Hago mención los títulos de créditos iniciales de la película a cargo del mítico Saul Bass, figura importante en el diseño artístico tanto en carteles como en las intro de los films dentro de la historia del cine. Fue participe en los trabajos de directores de la talla de Otto Preminguer, Stanley Kubrick, Alfred Hitchcock o el propio Martin Scorsese, donde intervino en 4 ocasiones, "Uno de los nuestros (1990)", "La edad de la inocencia (1993)", "Casino (1995)" y la mencionada "El cabo del miedo".

Frase para recordar: "Yo no soy ningún tarado, valgo más que vosotros 3 juntos, sé más que vosotros, he leído más que vosotros, pienso más que vosotros, sé más filosofía que vosotros y puedo más que vosotros".


el cabo del miedo


Título original: Cape fear.

Director: Martin Scorsese.

Intérpretes: Robert de Niro, Nick Nolte, Jessica Lange, Juliette Lewis, Illeana Douglas, Robert Mitchum, Gregory Peck.

Trailer:


Escena:


B.S.O.:



Información complementaria:

Reseña escrita por Jesús Fariña 

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EL CABO DEL MIEDO (1991). Robert De Niro en la piel del sádico Max Cady.

Hay pocos remakes en la historia del cine que igualen o superen a la obra original, entre ellos podríamos nombrar "El precio del poder (1983)", "La cosa (1982)", "La invasión de los ultracuerpos (1978)", o el título que centro en esta reseña, "El cabo del miedo". La película en cuestión estaría inspirada en la obra de J. Lee Thompson "El cabo del terror" del año 1962, cuyo argumento fue escrito por James R. Webb basándose en la novela "Los verdugos" de John D. MacDonald. En ella nos narraba la pesadilla que vive un abogado (Sam Bowden) después de salir a la calle un criminal (Max Cady) que por su culpa estuvo encerrado catorce años entre rejas. Para esta nueva versión el encargado de dirigirla sería el siempre correcto Martin Scorsese que contaría para el reparto con su actor fetiche por aquella época, Robert De Niro (actor actualmente relevado por Leonardo DiCaprio en sus nuevos proyectos cinematográficos). Robert De Niro se pondría en la piel del ex convicto Max Cady, un personaje que en la obra de J. Lee Thompson fue interpretado por Robert Mitchum, un actor encumbrado en papeles de villano gracias a sus inolvidables interpretaciones como Max Cady en la mencionada película o como Harry Powell en "La noche del cazador (1955)" de Charles Laughton.

el cabo del miedo

Para esta nueva versión se modificaría la personalidad del personaje de Cady incrementándole su actitud cínica y sádica, al igual que la del abogado (interpretado por Nick Nolte y por Gregory Peck en la del año 62) que no iba a tener una conducta tan ejemplar como en el film predecesor. Si en la obra original Sam Browden era una persona íntegra tanto en su faceta profesional como personal, al mismo tiempo que contaba con una familia idílica, en la de Scorsese cambia radicalmente la cosa, ya que nos presenta a este personaje cargado de irregularidades morales y porque no decirlo, con cierto lado oscuro (o sea más acorde a la vida real), y es que el realizador nos lo describe como un abogado que ha ocultado las pruebas que podrían haber dado la libertad de Cady y su vez como una persona con problemas en su matrimonio, que engaña a su esposa con su compañera de abogacía (Lori Davis).

el cabo del miedo

Por cierto, Lori Davis un personaje interpretado por Illeana Douglas (actriz que debutaría en el cine a la mano de Scorsese con un breve papel en "Uno de los nuestros (1990)") y que a la postre iba a ser una de las víctimas de Cady en uno de sus ataques de brutalidad e ira. Para el personaje de Max Cady, Robert de Niro iba a deleitarnos con una de sus grandes transformaciones cinematográficas, éste aparecería en el film con un cuerpo esculpido con definidos músculos y adornados con tatuajes (se comenta que eran tatuajes reales para evitar que se borraran en las secuencias que aparece en el mar), destacando uno en la espalda con una cruz gigante donde cuelgan las balanzas de la justicia y la verdad. Su personaje también se caracterizaría por llevar una vestimenta bastante hortera y por su enorme afición a fumar puros (genial la escena que se ríe a carcajadas en la sala del cine mientras la inunda con el humo del puro que se esta fumando).

el cabo del miedo

Sin dudas un espeluznante y a la vez fascinante personaje realizado por De Niro que le llevaría a obtener una nominación en los Óscar en aquel año (lo ganaría Anthony Hopkins por su papel de Hannibal Lecter en "Los silencios de los corderos (1991)", otros de los míticos villanos surgidos en la historia del séptimo arte) y a ser recordado como una de las magnas interpretaciones del actor junto a Scorsese, a la altura de Travis Bickle de "Taxi driver (1976)" o el de Jack La Motta en la pugilística "Toro salvaje (1980)". Entre sus escenas más destacables, Cady seduciendo a la hija de Browden haciéndose pasar por su profesor de arte dramático o la brutal paliza que le da éste a unos matones contratados por el abogado. Por el otro lado destacaría, en este caso de manera negativa, la escena final del barco, en mi opinión excesiva, con los tópicos del cine de "slasher", poniendo al villano en cuestión como una persona sobrehumana y casi invencible. Un pequeño lunar en esta interesante obra que bajaría la nota en el conjunto final de la película.

el cabo del miedo

En el apartado musical, el film volvería a contar con la maravillosa partitura de Bernard Herrmann que intensificaría los momentos de más tensión de la película. Otros de los guiños que podemos ver en relación con su obra predecesora, es que en "El cabo del miedo" se volvería a contar con la presencia de los dos protagonistas principales de la película original, Robert Mitchum y Gregory Peck, el primero ejerciendo del teniente de policía Elgart y el segundo como el abogado defensor de Cady, Lee Heller. Detalle interesante que nos brinda el film con el rol de éste último ya que cambia la interpretación del bueno de Gregory Peck con su papel de abogado que perjudica a Cady en la obra original con la de abogado defensor en la obra de Scorsese. Tampoco quiero olvidarme del actor Martin Balsam (eterno secundario en películas como "Doce hombres sin piedad (1957)", "Psicosis (1960)", "Desayuno con diamantes (1961)") que también repite en los dos films, en una como el teniente de policía Mark Dutton y en la otra en el rol de juez.

el cabo del miedo

En la obra de Scorsese se pueden apreciar detalles del cine del maestro Hitchcock, como son el atosigamiento permanente del villano a su víctima como la latente culpabilidad de dicha víctima haciéndole más frágil ante la presencia de su atacante. Como dato anecdótico Hitchcock iba a ser el encargado de ser el director de la primera versión antes de que fuese J. Lee Thompson, seguro que el maestro del suspense hubiera hecho una sobresaliente obra. Hago mención los títulos de créditos iniciales de la película a cargo del mítico Saul Bass, figura importante en el diseño artístico tanto en carteles como en las intro de los films dentro de la historia del cine. Fue participe en los trabajos de directores de la talla de Otto Preminguer, Stanley Kubrick, Alfred Hitchcock o el propio Martin Scorsese, donde intervino en 4 ocasiones, "Uno de los nuestros (1990)", "La edad de la inocencia (1993)", "Casino (1995)" y la mencionada "El cabo del miedo".

Frase para recordar: "Yo no soy ningún tarado, valgo más que vosotros 3 juntos, sé más que vosotros, he leído más que vosotros, pienso más que vosotros, sé más filosofía que vosotros y puedo más que vosotros".


el cabo del miedo


Título original: Cape fear.

Director: Martin Scorsese.

Intérpretes: Robert de Niro, Nick Nolte, Jessica Lange, Juliette Lewis, Illeana Douglas, Robert Mitchum, Gregory Peck.

Trailer:


Escena:


B.S.O.:



Información complementaria:

Reseña escrita por Jesús Fariña 

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En una época donde el realismo en el cine causa furor, con la particular influencia del neorrealismo italiano, que conectaba íntimamente con un público desencantado con la realidad de la posguerra, Jean Cocteau se arriesga, con su habitual entusiasmo, en terrenos marcadamente surrealistas (ese movimiento entonces vanguardista, surgido en Francia alrededor de 1920, que invadió todas las artes, erigido como heredero del romanticismo decimonónico), para ofrecernos esta deliciosa obra maestra, inspirada en el cuento de hadas tradicional de "La Bella y La Bestia", partiendo de la versión escrita por Marie Leprince de Beaumont. Esta maravilla visual es conducida a buen puerto, con muy pocos elementos y recursos, pero con mucha imaginación y talento, así como con la ayuda inestimable del realizador René Clément, acreditado como asesor técnico, y del excelente decorador Christian Bèrard, quien nos conduce por unos escenarios ensoñadores y elegantes. El contraste entre luces y sombras, proporciona un extraordinario vehículo de lucimiento para el director de fotografía Henri Alekan, conocido como "el poeta de la luz", cuyo trabajo comprende un buen puñado de títulos destacados, que van desde "Vacaciones en Roma (1953)" de William Wyler a "El Cielo sobre Berlín (1987)" de Wim Wenders. 

la bella y la bestia

Transcurridos los créditos, que comienzan con la escritura a tiza de los mismos, borrándose y así sucesivamente, en una pizarra, a ritmo de fanfarria musical (obra de Georges Auric), puede verse una claqueta, y antes de empezar, el director Jean Cocteau se adelanta ante la cámara y dice en alta voz al equipo de rodaje, que esperen. El público necesita unos rótulos que explican cómo todo niño cree en mil cosas ingenuas, y que es parte de esa ingenuidad la que se nos pide a los espectadores, para aceptar determinadas reglas en la historia que vamos a ver, y que comienza con el inevitable “Érase una vez...”. Al final de estos rótulos adicionales, aparece la firma del realizador. Poeta, dramaturgo, novelista, pintor, surrealista, Cocteau sólo había realizado un mediometraje, la obra de culto "La Sangre de un poeta (1932)". Es un trabajo equiparable en intenciones y resultados a "La Edad de oro (1930)" de Luis Buñuel con Salvador Dalí, o a "Los Misterios del castillo de Dados (1929)" de Man Ray, piezas claves todas ellas del surrealismo en el cine y auspiciadas las tres, casualmente o no, por la aristócrata familia de Noailles, de ilustre linaje, que ejercieron de auténticos mecenas del arte, salvando las distancias, en términos similares a los Médicis, auténticos padrinos del Renacimiento.

la bella y la bestia

El mediometraje, una "pieza tan libre como un dibujo animado", en palabras de su autor, constituyó el primer engranaje de su particular “travesía del espejo”, que culminaría con "Orfeo (1950)" y con "El Testamento de Orfeo (1959)". Mucho antes de que aparecieran los efectos animados y digitales, que permiten componer a voluntad cualquier universo o acción de los personajes, y que invaden la versión de Disney de 1991, y la también francesa versión de 2014 (filmada íntegramente en los estudios Babelsberg de Alemania), la película de Cocteau, parte de la coartada que le da la estructura de un cuento infantil, que utiliza para validar ciertas reglas un tanto ilógicas e inaceptables en otras circunstancias. Enseguida, se desmarca de tal condición, configurando un retrato adulto, donde las hipocresías y ambigüedades que edulcoran otras aproximaciones a la historia, desaparecen, en beneficio de un retrato intimista, adulto, honesto con el público, y cargado de simbología, donde elementos surrealistas transitan a sus anchas, con armonía y eficacia narrativa y dramática, en un despliegue de personalidad arrollador. La familia de un mercader venido a menos como consecuencia del naufragio de sus tres buques con toda su mercancía, viven en una modesta villa en el campo.

la bella y la bestia

Las dos hijas mayores, no se resignan a la nueva situación y aspiran a conseguir un esposo rico. El hijo mayor, Ludovic, y el joven Avenant, juegan despreocupadamente con arcos y flechas, adeudando cantidades importantes a otro usurero mercader. La más joven de las hijas, Bella, asume la tarea de limpieza del hogar y ha consagrado su vida a estar con su padre y tratar de aliviar su pena, rechazando a Avenant. El periplo del padre de Bella, después de haberse perdido, desolado, al haber regresado del puerto, donde parecía haber recuperado uno de sus buques naufragados, (los acreedores le tomaron la iniciativa), en medio de la oscuridad, el viento y la nieve, lo llevará al castillo de La Bestia, una criatura maldita, que habita las desoladoras dependencias y aledaños de una siniestra y majestuosa edificación. En ella, las puertas se abren por fuerzas invisibles, los candelabros están acoplados a la pared, sostenidos por brazos humanos, algunos de los cuales suspenden el candelabro en el aire, para señalarle al anciano donde ha de ir. La chimenea del salón, está sostenida por dos estatuas a modo de pilares, que exhalan humo, mueven la cabeza y miran fijamente. En el jardín, las gárgolas de los perros situadas en hileras por uno de los paseos, parecen sugerir que una vez fueron sabuesos de caza. Será cuando el hombre coge una rosa para su hija Bella, el instante en el que irrumpirá la bestia enfurecida, precedida de su temible rugido. 

la bella y la bestia

Un travelling de acercamiento, que termina en contrapicado, muestra a la criatura del castillo por vez primera. El anciano debe morir por tamaño sacrilegio. La criatura, al saber que el hombre tiene tres hijas, le concede tiene tres días, para que una de ellas venga y ocupe su lugar. Será Bella, montada en el caballo blanco “Magnífico”, provista de una capa y una caperuza, quien afronte el destino que la bestia tenía preparada para su padre. La entrada de la joven en las dependencias del misterioso castillo, está filmada de un modo bien distinto a la de su padre. La joven entra “a cámara lenta”, con movimientos gráciles, que sacuden la capa. Sube las escaleras principales en medio de la oscuridad, sólo se ilumina su trayecto. Cuando llega a un pasillo donde las cortinas se mecen al viento, Bella ya no corre, ni camina... se desliza. La secuencia es todo un precedente estético y visual de la multitud de anuncios comerciales de perfumes sofisticados que invaden las campañas navideñas. La joven, en un principio asustada, pasa al estadio de la simple compasión, para ir transformando su sentimiento en amistad, y finalmente en amor verdadero, lo único que puede salvar a la bestia de su terrible maldición. En manos de Cocteau, la criatura deviene en una metafórica proyección de los demonios y frustraciones que todos llevamos en nuestra alma, o por los que transitamos en algún momento de nuestra vida. 

la bella y la bestia

Cualquiera de nosotros puede ser una versión de la bestia herida cuya redención se produce por una mirada de amor. Cocteau cierra esta peculiar visión del mito, con la paradójica decepción de Bella, cuando la Bestia recupera la forma humana, que se parece y mucho al patán de su pretendiente Avenant, al que visiblemente no soporta. El diálogo al efecto es demoledor: "La primera vez que os cogí en brazos era la bestia...¿sois feliz?. Tendré que acostumbrarme", responde una contrariada Bella, ante la nueva apariencia de su anterior cautivo y actual amor. El pulso creativo, y la imaginería visual del realizador, aportan a las secuencias entre la criatura y la joven, una inventiva absolutamente prodigiosa, que otorga a los diálogos una fuerza muy especial. El plano de la Bestia recogiendo a la joven, que se ha desmayado de la impresión al verle, está encuadrado desde las rejas de la cuadra, dejando muy claro la condición de cautiva de la muchacha. El monstruoso señor del castillo la recoge, la conduce por las escaleras (donde se detiene un instante para contemplarla), hacia sus aposentos, y al entrar a los mismos, el vestido se transforma, en otro de un color blanco inmaculado, símbolo de cómo la criatura ve, fascinado, a su joven prisionera. En la primera cena que ambos comparten, ella está sentada y él de pie, justo detrás de la silla de la joven, que deja clara la fealdad que despide la criatura.

la bella y la bestia

La tensión sexual in crescendo entre ambas criaturas, es captada por la mirada de Cocteau, al seguir a la mujer, explorando los jardines del castillo, hasta que observa, dejando entrever un alto grado de fascinación, a la bestia bebiendo agua, de un modo primitivo y animal, en un pequeño lago. Más adelante, la joven accede a darle de beber a la criatura en sus manos, dejando claro que le gusta hacerlo. La criatura sorbe el agua con auténtico deleite, lamiendo la palma de las manos de la mujer. En otro momento de la película, ambos coinciden ante la estatua en el jardín de un venado adulto con sus enormes astas. Él está ante el lomo de la estatua, y ella delante de la cabeza del ciervo, Bella le dice que prefiere pasear con él a cenar. Destaca la labor del actor principal, Jean Marais, para cuya caracterización del personaje masculino central (también aborda el del joven Avenant y el del príncipe reconvertido en hombre), renunció a colocarse una máscara, sometiéndose a intensas sesiones de maquillaje, entre 3 y 5 horas diarias, que llegaban incluso a cortarle la circulación sanguínea. Un auténtico calvario y sacrificio para el actor. Marais aborda con suma eficacia, la frustración derivada del confinamiento de un príncipe en las formas de una criatura salvaje, cuya mirada pasa del salvajismo a la ternura en perfecta armonía interpretativa.

la bella y la bestia

Conmovedor es el instante en el que la bestia retrocede, ante la mirada de desprecio de Bella, mientras grita "Vuestra mirada...¡me abrasa!,¡no soporto esa mirada!", desvaneciéndose en la oscuridad, en un plano que subraya los ojos del actor. La personal mirada del artista Jean Coucteau sobre el rico universo de la leyenda europea, recoge alguna reminiscencia mitológica, como la nada disimulada referencia a Diana, la diosa de la caza en la mitología romana (el equivalente en la mitología griega es Artemisa). Cuando el joven Avenant, trata de entrar por las vidrieras del techo, furtivamente a la caseta mágica erigida en el jardín, reducto del secreto del poder de la bestia, y también depósito de sus riquezas, la estatua de Diana cobra vida y dispara su arco sobre el joven, transformándolo en una bestia, justo antes de morir. En otro lugar del jardín, la bestia morirá, para resucitar con la forma humana de Avenant. Hay películas que se quedan obsoletas desde el mismo instante de su estreno. Otras, como "La Bella y La Bestia" de Jean Cocteau, permanecerán en nuestra retina durante toda la vida.

Frases para recordar:

"-Me acariciais como se acaricia a un animal.
-Pero... es que sois un animal".

"Por ser una bestia... perdón".

"Soporto su presencia porque me gustaría hacerle olvidar su fealdad".

"¿Vais a ser un cobarde? Yo he visto vuestras poderosas garras. ¡Agarraos con ella a la vida!, ¡defendeos!, ¡levantaos!, ¡rugid!...¡espantad a la muerte!".

la bella y la bestia
la bella y la bestia











Título original: La Belle et la Bête.

Director: Jean Cocteau

Intérpretes: Jean MaraisJosette DayMarcel AndréMila ParélyNane GermonMichel Auclair.

Trailer:


B.S.O.:




Información complementaria:

Reseña escrita por Manuel García de Mesa

LA BELLA Y LA BESTIA (1946). Un clásico de Jean Cocteau.

En una época donde el realismo en el cine causa furor, con la particular influencia del neorrealismo italiano, que conectaba íntimamente con un público desencantado con la realidad de la posguerra, Jean Cocteau se arriesga, con su habitual entusiasmo, en terrenos marcadamente surrealistas (ese movimiento entonces vanguardista, surgido en Francia alrededor de 1920, que invadió todas las artes, erigido como heredero del romanticismo decimonónico), para ofrecernos esta deliciosa obra maestra, inspirada en el cuento de hadas tradicional de "La Bella y La Bestia", partiendo de la versión escrita por Marie Leprince de Beaumont. Esta maravilla visual es conducida a buen puerto, con muy pocos elementos y recursos, pero con mucha imaginación y talento, así como con la ayuda inestimable del realizador René Clément, acreditado como asesor técnico, y del excelente decorador Christian Bèrard, quien nos conduce por unos escenarios ensoñadores y elegantes. El contraste entre luces y sombras, proporciona un extraordinario vehículo de lucimiento para el director de fotografía Henri Alekan, conocido como "el poeta de la luz", cuyo trabajo comprende un buen puñado de títulos destacados, que van desde "Vacaciones en Roma (1953)" de William Wyler a "El Cielo sobre Berlín (1987)" de Wim Wenders. 

la bella y la bestia

Transcurridos los créditos, que comienzan con la escritura a tiza de los mismos, borrándose y así sucesivamente, en una pizarra, a ritmo de fanfarria musical (obra de Georges Auric), puede verse una claqueta, y antes de empezar, el director Jean Cocteau se adelanta ante la cámara y dice en alta voz al equipo de rodaje, que esperen. El público necesita unos rótulos que explican cómo todo niño cree en mil cosas ingenuas, y que es parte de esa ingenuidad la que se nos pide a los espectadores, para aceptar determinadas reglas en la historia que vamos a ver, y que comienza con el inevitable “Érase una vez...”. Al final de estos rótulos adicionales, aparece la firma del realizador. Poeta, dramaturgo, novelista, pintor, surrealista, Cocteau sólo había realizado un mediometraje, la obra de culto "La Sangre de un poeta (1932)". Es un trabajo equiparable en intenciones y resultados a "La Edad de oro (1930)" de Luis Buñuel con Salvador Dalí, o a "Los Misterios del castillo de Dados (1929)" de Man Ray, piezas claves todas ellas del surrealismo en el cine y auspiciadas las tres, casualmente o no, por la aristócrata familia de Noailles, de ilustre linaje, que ejercieron de auténticos mecenas del arte, salvando las distancias, en términos similares a los Médicis, auténticos padrinos del Renacimiento.

la bella y la bestia

El mediometraje, una "pieza tan libre como un dibujo animado", en palabras de su autor, constituyó el primer engranaje de su particular “travesía del espejo”, que culminaría con "Orfeo (1950)" y con "El Testamento de Orfeo (1959)". Mucho antes de que aparecieran los efectos animados y digitales, que permiten componer a voluntad cualquier universo o acción de los personajes, y que invaden la versión de Disney de 1991, y la también francesa versión de 2014 (filmada íntegramente en los estudios Babelsberg de Alemania), la película de Cocteau, parte de la coartada que le da la estructura de un cuento infantil, que utiliza para validar ciertas reglas un tanto ilógicas e inaceptables en otras circunstancias. Enseguida, se desmarca de tal condición, configurando un retrato adulto, donde las hipocresías y ambigüedades que edulcoran otras aproximaciones a la historia, desaparecen, en beneficio de un retrato intimista, adulto, honesto con el público, y cargado de simbología, donde elementos surrealistas transitan a sus anchas, con armonía y eficacia narrativa y dramática, en un despliegue de personalidad arrollador. La familia de un mercader venido a menos como consecuencia del naufragio de sus tres buques con toda su mercancía, viven en una modesta villa en el campo.

la bella y la bestia

Las dos hijas mayores, no se resignan a la nueva situación y aspiran a conseguir un esposo rico. El hijo mayor, Ludovic, y el joven Avenant, juegan despreocupadamente con arcos y flechas, adeudando cantidades importantes a otro usurero mercader. La más joven de las hijas, Bella, asume la tarea de limpieza del hogar y ha consagrado su vida a estar con su padre y tratar de aliviar su pena, rechazando a Avenant. El periplo del padre de Bella, después de haberse perdido, desolado, al haber regresado del puerto, donde parecía haber recuperado uno de sus buques naufragados, (los acreedores le tomaron la iniciativa), en medio de la oscuridad, el viento y la nieve, lo llevará al castillo de La Bestia, una criatura maldita, que habita las desoladoras dependencias y aledaños de una siniestra y majestuosa edificación. En ella, las puertas se abren por fuerzas invisibles, los candelabros están acoplados a la pared, sostenidos por brazos humanos, algunos de los cuales suspenden el candelabro en el aire, para señalarle al anciano donde ha de ir. La chimenea del salón, está sostenida por dos estatuas a modo de pilares, que exhalan humo, mueven la cabeza y miran fijamente. En el jardín, las gárgolas de los perros situadas en hileras por uno de los paseos, parecen sugerir que una vez fueron sabuesos de caza. Será cuando el hombre coge una rosa para su hija Bella, el instante en el que irrumpirá la bestia enfurecida, precedida de su temible rugido. 

la bella y la bestia

Un travelling de acercamiento, que termina en contrapicado, muestra a la criatura del castillo por vez primera. El anciano debe morir por tamaño sacrilegio. La criatura, al saber que el hombre tiene tres hijas, le concede tiene tres días, para que una de ellas venga y ocupe su lugar. Será Bella, montada en el caballo blanco “Magnífico”, provista de una capa y una caperuza, quien afronte el destino que la bestia tenía preparada para su padre. La entrada de la joven en las dependencias del misterioso castillo, está filmada de un modo bien distinto a la de su padre. La joven entra “a cámara lenta”, con movimientos gráciles, que sacuden la capa. Sube las escaleras principales en medio de la oscuridad, sólo se ilumina su trayecto. Cuando llega a un pasillo donde las cortinas se mecen al viento, Bella ya no corre, ni camina... se desliza. La secuencia es todo un precedente estético y visual de la multitud de anuncios comerciales de perfumes sofisticados que invaden las campañas navideñas. La joven, en un principio asustada, pasa al estadio de la simple compasión, para ir transformando su sentimiento en amistad, y finalmente en amor verdadero, lo único que puede salvar a la bestia de su terrible maldición. En manos de Cocteau, la criatura deviene en una metafórica proyección de los demonios y frustraciones que todos llevamos en nuestra alma, o por los que transitamos en algún momento de nuestra vida. 

la bella y la bestia

Cualquiera de nosotros puede ser una versión de la bestia herida cuya redención se produce por una mirada de amor. Cocteau cierra esta peculiar visión del mito, con la paradójica decepción de Bella, cuando la Bestia recupera la forma humana, que se parece y mucho al patán de su pretendiente Avenant, al que visiblemente no soporta. El diálogo al efecto es demoledor: "La primera vez que os cogí en brazos era la bestia...¿sois feliz?. Tendré que acostumbrarme", responde una contrariada Bella, ante la nueva apariencia de su anterior cautivo y actual amor. El pulso creativo, y la imaginería visual del realizador, aportan a las secuencias entre la criatura y la joven, una inventiva absolutamente prodigiosa, que otorga a los diálogos una fuerza muy especial. El plano de la Bestia recogiendo a la joven, que se ha desmayado de la impresión al verle, está encuadrado desde las rejas de la cuadra, dejando muy claro la condición de cautiva de la muchacha. El monstruoso señor del castillo la recoge, la conduce por las escaleras (donde se detiene un instante para contemplarla), hacia sus aposentos, y al entrar a los mismos, el vestido se transforma, en otro de un color blanco inmaculado, símbolo de cómo la criatura ve, fascinado, a su joven prisionera. En la primera cena que ambos comparten, ella está sentada y él de pie, justo detrás de la silla de la joven, que deja clara la fealdad que despide la criatura.

la bella y la bestia

La tensión sexual in crescendo entre ambas criaturas, es captada por la mirada de Cocteau, al seguir a la mujer, explorando los jardines del castillo, hasta que observa, dejando entrever un alto grado de fascinación, a la bestia bebiendo agua, de un modo primitivo y animal, en un pequeño lago. Más adelante, la joven accede a darle de beber a la criatura en sus manos, dejando claro que le gusta hacerlo. La criatura sorbe el agua con auténtico deleite, lamiendo la palma de las manos de la mujer. En otro momento de la película, ambos coinciden ante la estatua en el jardín de un venado adulto con sus enormes astas. Él está ante el lomo de la estatua, y ella delante de la cabeza del ciervo, Bella le dice que prefiere pasear con él a cenar. Destaca la labor del actor principal, Jean Marais, para cuya caracterización del personaje masculino central (también aborda el del joven Avenant y el del príncipe reconvertido en hombre), renunció a colocarse una máscara, sometiéndose a intensas sesiones de maquillaje, entre 3 y 5 horas diarias, que llegaban incluso a cortarle la circulación sanguínea. Un auténtico calvario y sacrificio para el actor. Marais aborda con suma eficacia, la frustración derivada del confinamiento de un príncipe en las formas de una criatura salvaje, cuya mirada pasa del salvajismo a la ternura en perfecta armonía interpretativa.

la bella y la bestia

Conmovedor es el instante en el que la bestia retrocede, ante la mirada de desprecio de Bella, mientras grita "Vuestra mirada...¡me abrasa!,¡no soporto esa mirada!", desvaneciéndose en la oscuridad, en un plano que subraya los ojos del actor. La personal mirada del artista Jean Coucteau sobre el rico universo de la leyenda europea, recoge alguna reminiscencia mitológica, como la nada disimulada referencia a Diana, la diosa de la caza en la mitología romana (el equivalente en la mitología griega es Artemisa). Cuando el joven Avenant, trata de entrar por las vidrieras del techo, furtivamente a la caseta mágica erigida en el jardín, reducto del secreto del poder de la bestia, y también depósito de sus riquezas, la estatua de Diana cobra vida y dispara su arco sobre el joven, transformándolo en una bestia, justo antes de morir. En otro lugar del jardín, la bestia morirá, para resucitar con la forma humana de Avenant. Hay películas que se quedan obsoletas desde el mismo instante de su estreno. Otras, como "La Bella y La Bestia" de Jean Cocteau, permanecerán en nuestra retina durante toda la vida.

Frases para recordar:

"-Me acariciais como se acaricia a un animal.
-Pero... es que sois un animal".

"Por ser una bestia... perdón".

"Soporto su presencia porque me gustaría hacerle olvidar su fealdad".

"¿Vais a ser un cobarde? Yo he visto vuestras poderosas garras. ¡Agarraos con ella a la vida!, ¡defendeos!, ¡levantaos!, ¡rugid!...¡espantad a la muerte!".

la bella y la bestia
la bella y la bestia











Título original: La Belle et la Bête.

Director: Jean Cocteau

Intérpretes: Jean MaraisJosette DayMarcel AndréMila ParélyNane GermonMichel Auclair.

Trailer:


B.S.O.:




Información complementaria:

Reseña escrita por Manuel García de Mesa

FINALISTAS EN LOS PREMIOS BITÁCORAS 2.012

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