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Estrenada en España con el
insulso título de "Plan Diabólico", el maestro John Frankenheimer rueda
este inquietante thriller con elementos de ciencia ficción justo después de
obras maestras como "El hombre deAlcatraz (1962)" o "El Tren (1964)". "Plan diabólico (Seconds)" junto a "El mensajero del miedo (1962)" y "Siete días de Mayo (1964)" conforman "La trilogía de la
paranoia" de Frankenheimer, etiqueta que a mi parecer está más justificada
en El mensajero del miedo y sobre todo en Seconds, ya que son films
claustrofóbicos y de alto contenido político-social pero que sirven a
Frankenheimer para experimentar con técnicas cinematográficas innovadoras que
se alejan del estilo narrativo clásico exhibido en otras películas suyas de los
60, sin duda su mejor etapa.
Ya desde los créditos, obra de
Saul Bass, vemos un ojo humano deformado bajo los títulos, acompañado de un
siniestro órgano, autoría de Jerry Goldsmith. Estas turbadoras imágenes nos dan
pistas del tono en el que va a discurrir el relato; multitud de escenas rodadas
cámara en mano y a veces con objetivos deformantes conocidos como "ojo de
pez" que le dan el toque kafkiano al film que por otro lado cuenta con una
espléndida fotografía en blanco y negro nominada al Oscar ese año del veterano
operador de origen chino James Wong Howe.
Arthur Hamilton (John Randolph)
es un hombre de mediana edad que trabaja como ejecutivo de un banco y al que el
miedo a envejecer le inquieta diariamente; su única hija vive lejos y nunca va
a visitarlo, manteniendo contacto únicamente por carta, las relaciones con su
mujer son frías y distantes, duermen en camas separadas y la incomunicación
está cada vez mas presente. Un día se encuentra con un misterioso hombre al
subir a un tren y éste le entrega un papel con una dirección anotada. A la vez
recibe llamadas telefónicas de una persona que asegura ser un amigo suyo
fallecido años atrás al que acaba creyendo por los datos íntimos sobre su
antigua relación que éste le proporciona. Arthur por recomendación de su antiguo
amigo decide acudir a la dirección que le han proporcionado, pero para su
sorpresa el lugar es una lavandería donde lo único que le dicen es que los
antiguos inquilinos se han mudado a otra dirección. Al llegar al lugar descubre
que está en una carnicería pero en esta ocasión encuentra a un hombre que lo
transporta a otro lugar en la parte de atrás de una furgoneta. Cuando por fin
llega a "La Compañía" descubre que se trata de una organización
secreta que mediante complicados procedimientos quirúrgicos (en el film se incluyen
imágenes de una operación real de rinoplastia) "rejuvenecen" a sus
clientes.
Aunque Arthur tiene bastantes
dudas sobre la operación, se deja influir fuertemente por un anciano que dice
ser el director de la compañía (excelentemente interpretado por Will Geer). La extraña
organización se nutre de clientes captados por otros clientes (el fallecido
amigo de Arthur), por ello se afanan en convencerle a toda costa, debiendo para
ello simular su propia muerte. La operación es un éxito y así Arthur se
convierte en Tony Wilson (Rock Hudson), un hombre atlético al que le proporcionan
una nueva identidad provista de títulos académicos y propiedades totalmente
legales. El problema viene cuando Tony Wilson es incapaz de adaptarse a esta
nueva vida anteriormente deseada, hecho que a "La compañía" le suscita
importantes problemas al no fiarse de que guarde silencio sobre su pasado,
estando vigilado en todo momento por empleados que se hacen pasar por sus
nuevos amigos y así ayudarle en el proceso de adaptación.
El film incluye escenas impactantes
como una celebración rural de la vendimia donde Tony acude junto a una mujer de
la que se ha enamorado en su nueva etapa, Nora Marcus (Salomé Jens), dicha
celebración acaba convirtiéndose casi en una orgía con Tony,Nora y los demás
asistentes desnudos dentro de una barrica donde se pisa la uva, escena que por
supuesto fue censurada en nuestro país. Otro momento clave es hacia el final de
la película, cuando Tony decide visitar a su mujer viuda haciéndose pasar por
un antiguo amigo de Arthur; a la mujer parece haberle sentado bien la viudez y
atesora un aspecto mas jovial sin dudar en relatar al desconocido los detalles
de la fallida relación que mantenía con su marido de manera muy sincera, hechos
que Tony/Arthur se ve obligado a escuchar para darse cuenta de que su proceso
de "rejuvenecimiento" ha sido un completo fracaso.
Título original: Seconds.
Director: John
Frankenheimer.
Intépretes: Rock
Hudson, Salome
Jens, John
Randolph, Will
Geer, Jeff
Corey, Richard
Anderson, Murray
Hamilton.
Estrenada en España con el
insulso título de "Plan Diabólico", el maestro John Frankenheimer rueda
este inquietante thriller con elementos de ciencia ficción justo después de
obras maestras como "El hombre deAlcatraz (1962)" o "El Tren (1964)". "Plan diabólico (Seconds)" junto a "El mensajero del miedo (1962)" y "Siete días de Mayo (1964)" conforman "La trilogía de la
paranoia" de Frankenheimer, etiqueta que a mi parecer está más justificada
en El mensajero del miedo y sobre todo en Seconds, ya que son films
claustrofóbicos y de alto contenido político-social pero que sirven a
Frankenheimer para experimentar con técnicas cinematográficas innovadoras que
se alejan del estilo narrativo clásico exhibido en otras películas suyas de los
60, sin duda su mejor etapa.
Ya desde los créditos, obra de
Saul Bass, vemos un ojo humano deformado bajo los títulos, acompañado de un
siniestro órgano, autoría de Jerry Goldsmith. Estas turbadoras imágenes nos dan
pistas del tono en el que va a discurrir el relato; multitud de escenas rodadas
cámara en mano y a veces con objetivos deformantes conocidos como "ojo de
pez" que le dan el toque kafkiano al film que por otro lado cuenta con una
espléndida fotografía en blanco y negro nominada al Oscar ese año del veterano
operador de origen chino James Wong Howe.
Arthur Hamilton (John Randolph)
es un hombre de mediana edad que trabaja como ejecutivo de un banco y al que el
miedo a envejecer le inquieta diariamente; su única hija vive lejos y nunca va
a visitarlo, manteniendo contacto únicamente por carta, las relaciones con su
mujer son frías y distantes, duermen en camas separadas y la incomunicación
está cada vez mas presente. Un día se encuentra con un misterioso hombre al
subir a un tren y éste le entrega un papel con una dirección anotada. A la vez
recibe llamadas telefónicas de una persona que asegura ser un amigo suyo
fallecido años atrás al que acaba creyendo por los datos íntimos sobre su
antigua relación que éste le proporciona. Arthur por recomendación de su antiguo
amigo decide acudir a la dirección que le han proporcionado, pero para su
sorpresa el lugar es una lavandería donde lo único que le dicen es que los
antiguos inquilinos se han mudado a otra dirección. Al llegar al lugar descubre
que está en una carnicería pero en esta ocasión encuentra a un hombre que lo
transporta a otro lugar en la parte de atrás de una furgoneta. Cuando por fin
llega a "La Compañía" descubre que se trata de una organización
secreta que mediante complicados procedimientos quirúrgicos (en el film se incluyen
imágenes de una operación real de rinoplastia) "rejuvenecen" a sus
clientes.
Aunque Arthur tiene bastantes
dudas sobre la operación, se deja influir fuertemente por un anciano que dice
ser el director de la compañía (excelentemente interpretado por Will Geer). La extraña
organización se nutre de clientes captados por otros clientes (el fallecido
amigo de Arthur), por ello se afanan en convencerle a toda costa, debiendo para
ello simular su propia muerte. La operación es un éxito y así Arthur se
convierte en Tony Wilson (Rock Hudson), un hombre atlético al que le proporcionan
una nueva identidad provista de títulos académicos y propiedades totalmente
legales. El problema viene cuando Tony Wilson es incapaz de adaptarse a esta
nueva vida anteriormente deseada, hecho que a "La compañía" le suscita
importantes problemas al no fiarse de que guarde silencio sobre su pasado,
estando vigilado en todo momento por empleados que se hacen pasar por sus
nuevos amigos y así ayudarle en el proceso de adaptación.
El film incluye escenas impactantes
como una celebración rural de la vendimia donde Tony acude junto a una mujer de
la que se ha enamorado en su nueva etapa, Nora Marcus (Salomé Jens), dicha
celebración acaba convirtiéndose casi en una orgía con Tony,Nora y los demás
asistentes desnudos dentro de una barrica donde se pisa la uva, escena que por
supuesto fue censurada en nuestro país. Otro momento clave es hacia el final de
la película, cuando Tony decide visitar a su mujer viuda haciéndose pasar por
un antiguo amigo de Arthur; a la mujer parece haberle sentado bien la viudez y
atesora un aspecto mas jovial sin dudar en relatar al desconocido los detalles
de la fallida relación que mantenía con su marido de manera muy sincera, hechos
que Tony/Arthur se ve obligado a escuchar para darse cuenta de que su proceso
de "rejuvenecimiento" ha sido un completo fracaso.
Título original: Seconds.
Director: John
Frankenheimer.
Intépretes: Rock
Hudson, Salome
Jens, John
Randolph, Will
Geer, Jeff
Corey, Richard
Anderson, Murray
Hamilton.
Basada en la serie de crímenes
reales cometidos durante dos años en el sur de Boston, El estrangulador de Boston (Richard Fleischer, 1968) es una
producción FOX que aportaba su propia visión de análisis de la psique humana en
versión thriller de investigación, con
claros ecos de cine de serialkiller y
del policiaco setentero que estaba por venir. Influenciada claramente en la
obra más comercialmente recordada de Alfred
Hitchcock:Psicosis (1960), El
estrangulador de Boston sustenta sus virtudes en dos partes claramente
diferenciadas de aproximadamente una hora de duración que finalmente componen
el puzle analítico de 120 minutos.
En su primera parte, Fleischer hace un uso
realmente sensacional de la pantalla dividida y la fragmentación de imágenes,
creando un halo de terrible realidad en los asesinatos, a los que el espectador
acaba llegando siempre tarde, al mismo tiempo que la policía, encabezada por el
detective Phil DiNatale, al que da
vida uno de los más grandes actores de carácter del cine en color; George Kennedy. En su primer
tercio, asistimos al análisis del modus
operandis policial, a la implantación de una rutina que lleva al cuerpo de
seguridad de Boston a las calles, donde tomaran declaración, buscaran a
sospechosos habituales, realizaran pequeños sobornos a prostitutas en busca de
clientes variopintos, rastrearan las fichas de pervertidos y visitaran en general
lo que ellos llaman los bajos fondos. Mientras, los crímenes se siguen
cometiendo, todo mujeres, las entradas a
sus casas nunca son forzadas, nadie parece estar a salvo, no hay discriminación
social. El pánico empieza a invadir las televisiones, los periodistas quieren
saber, y en mitad de toda esa convulsión se crea una división especial que se
dedicara por entero al caso del "Estrangulador" dirigida por John S. Bottomly (Henry Fonda).
Es pasada su primera hora cuando hace acto de
aparición en una escena que sin mostrar ningún tipo de horror gratuito posee
una fuerza visual sobrecogedora el personaje de DeSalvo, un sencillamente
descomunal monigote al que da vida un tremebundo Tony Curtis. A partir de dicho instante la narración se va
dividiendo argumentalmente en dos, por un lado las pesquisas que tienen como
protagonista al escuadrón de Bottomly/DiNatale, quien acaba recurriendo a una
especie de adivino que moja sus averiguaciones en abundante alcohol, y por el
otro el día a día de DeSalvo, quien padece, sin saberlo de doble personalidad,
mientras vive su vida rutinaria de hombre corriente y padre de familia,
observando como toda la nación en su televisor el asesinato de J.F. Kennedy, su "otro yo", en el mismo cuerpo, se apodera del control para llevar a cabo
asaltos al hogar de mujeres solitarias.
El
estrangulador de Boston, es hoy día un largometraje, que trucos
visuales aparte, mantiene una terrible patina de realidad en sus
interpretaciones y en la forma en que sin ningún tipo de sensacionalismo
afronta la mirada al psychokiller. Uno de sus grandes aciertos essin duda la dirección de Fleischer, que en primera instancia puede parecer
altamente efectista, el permanente uso de la imagen dividida se mantiene como
digo durante una hora, mucho más del uso que otros cineastas como el ya citado
Hitchcock o Brian De Palma
llevaron a cabo, ojo a las claras similitudes entre El estrangulador de Boston
y sobre todo Hermanas (1973) y En el nombre de Caín (1992), sin duda dos
obras muy personales por parte del reconocido director de Atrapado por su pasado (1993). Uno va comprendiendo a medida que se
sumerge en los hechos que la fragmentación de puntos de vista en pantalla era
el mejor medio para mantener al espectador atento antes de sobrecogerle con la
aparición del hombre que da título al film.
En su tercio decisivo, que abarca
la segunda hora, entraremos de lleno en un duelo cara a cara entre "llamémoslo" el bien y el mal, escenificado en un face-to-face
permanente entre Fonda y Curtis. El primero un obcecado hombre de leyes que no
parara hasta averiguar si realmente DeSalvo es el estrangulador y obtener las
pruebas de ello, aunque para su fin, deba de renunciar a usarlas en un juicio.
Y el segundo, un hombrecillo corriente, quien ignora de forma terrorífica el
porque está encerrado en el ala psiquiátrica del Hospital de Boston; atención a
las miradas perdidas, y las suplicas por ser escuchado de DeSalvo, mientras una
y otra vez le obligan a hacer memoria de donde y con quien estaba el día de los
asesinatos. Decía que estamos ante una especie de duelo BienVsMal, porque los métodos de Fonda claramente se vendrían a
englobar en esa tan manida expresión; el fin justifica los medios, cuando
desoyendo a los doctores y haciendo un trato con el abogado de DeSalvo sigue
presionando al sospechoso aún con la advertencia de que este, ignorante de su
estado puede perder por siempre poder sobre su mente y entrar en un estado
catatónico, en el cual yacen ya una buena cantidad de pacientes en ese mismo
centro.
Pocas películas pueden lograr
un impacto mayor, sin mostrar en pantalla apenas violencia, imágenes
truculentas o escenas de gratuita sobreactuación, y de esas pocas, El
estrangulador de Boston es una de ellas. Además de retratar a la perfección la
convulsa época en donde se encontraban los EEUU, mediados y finales de los 70,
con el NAM, el asesinato de Kennedy, la libertad sexual en plena ebullición, su
cisma político, su indefinición y ruptura más marcada como nación, El
estrangulador de Boston, sirve, además de cómo vehículo ejemplar de género,
como cinta protesta contra todo un País, que vivía tiempos de incomprensión
pocas veces conocidos en la era moderna. Es sin duda ejemplarizante, y valiente
la visión de Fleischer sobre la parte de la ciudadanía más vulnerable en
aquellos momentos, los que se alejaban del ideal de familia americana, hombres
solitarios, homosexuales, lesbianas, prófugos del clérigo. Mientras, el film,
presenta a su eje central, y al personaje que da título al film, como un
dedicado trabajador y cariñoso padre de familia, dando como resultado un
autentico puñetazo al way of life
americano. Para el recuerdo, dentro de
las más altas cotas de grandeza quedan sus veinte minutos finales, donde
entraremos de lleno en la mente de DeSalvo literalmente, un laberinto de
recuerdos falsamente creados, y de dobles realidades, que mezclados con una
magistrales flashbacks interactivos a donde son llevados tanto DeSalvo como
Bottomly en un recurso visionario y monumental de Fleischer luego copiado por Stephen Hopkins en Bajo sospecha (2000) para terminar con una terrorífica secuencia apenas
sin cortes, donde DeSalvo, ya plenamente consciente de sí mismo, llora en plano
sostenido delante nuestra, para luego hallar por fin su reverso tenebroso.
Simple y llanamente impresionante labor de Tony Curtis, quien caracterizado
como una especie de muñeco de cera, logra una de las interpretaciones más
espeluznantes de la historia del cine.
Título original: The Boston strangler.
Director: Richard Fleischer.
Intérpretes: Henry Fonda, George Kennedy, Tony Curtis,
Murray Hamilton, Jeff Corey, Sally Kellerman, William Marshall, George Voskovec, Carolyn
Conwell, James Brolin.
Basada en la serie de crímenes
reales cometidos durante dos años en el sur de Boston, El estrangulador de Boston (Richard Fleischer, 1968) es una
producción FOX que aportaba su propia visión de análisis de la psique humana en
versión thriller de investigación, con
claros ecos de cine de serialkiller y
del policiaco setentero que estaba por venir. Influenciada claramente en la
obra más comercialmente recordada de Alfred
Hitchcock:Psicosis (1960), El
estrangulador de Boston sustenta sus virtudes en dos partes claramente
diferenciadas de aproximadamente una hora de duración que finalmente componen
el puzle analítico de 120 minutos.
En su primera parte, Fleischer hace un uso
realmente sensacional de la pantalla dividida y la fragmentación de imágenes,
creando un halo de terrible realidad en los asesinatos, a los que el espectador
acaba llegando siempre tarde, al mismo tiempo que la policía, encabezada por el
detective Phil DiNatale, al que da
vida uno de los más grandes actores de carácter del cine en color; George Kennedy. En su primer
tercio, asistimos al análisis del modus
operandis policial, a la implantación de una rutina que lleva al cuerpo de
seguridad de Boston a las calles, donde tomaran declaración, buscaran a
sospechosos habituales, realizaran pequeños sobornos a prostitutas en busca de
clientes variopintos, rastrearan las fichas de pervertidos y visitaran en general
lo que ellos llaman los bajos fondos. Mientras, los crímenes se siguen
cometiendo, todo mujeres, las entradas a
sus casas nunca son forzadas, nadie parece estar a salvo, no hay discriminación
social. El pánico empieza a invadir las televisiones, los periodistas quieren
saber, y en mitad de toda esa convulsión se crea una división especial que se
dedicara por entero al caso del "Estrangulador" dirigida por John S. Bottomly (Henry Fonda).
Es pasada su primera hora cuando hace acto de
aparición en una escena que sin mostrar ningún tipo de horror gratuito posee
una fuerza visual sobrecogedora el personaje de DeSalvo, un sencillamente
descomunal monigote al que da vida un tremebundo Tony Curtis. A partir de dicho instante la narración se va
dividiendo argumentalmente en dos, por un lado las pesquisas que tienen como
protagonista al escuadrón de Bottomly/DiNatale, quien acaba recurriendo a una
especie de adivino que moja sus averiguaciones en abundante alcohol, y por el
otro el día a día de DeSalvo, quien padece, sin saberlo de doble personalidad,
mientras vive su vida rutinaria de hombre corriente y padre de familia,
observando como toda la nación en su televisor el asesinato de J.F. Kennedy, su "otro yo", en el mismo cuerpo, se apodera del control para llevar a cabo
asaltos al hogar de mujeres solitarias.
El
estrangulador de Boston, es hoy día un largometraje, que trucos
visuales aparte, mantiene una terrible patina de realidad en sus
interpretaciones y en la forma en que sin ningún tipo de sensacionalismo
afronta la mirada al psychokiller. Uno de sus grandes aciertos essin duda la dirección de Fleischer, que en primera instancia puede parecer
altamente efectista, el permanente uso de la imagen dividida se mantiene como
digo durante una hora, mucho más del uso que otros cineastas como el ya citado
Hitchcock o Brian De Palma
llevaron a cabo, ojo a las claras similitudes entre El estrangulador de Boston
y sobre todo Hermanas (1973) y En el nombre de Caín (1992), sin duda dos
obras muy personales por parte del reconocido director de Atrapado por su pasado (1993). Uno va comprendiendo a medida que se
sumerge en los hechos que la fragmentación de puntos de vista en pantalla era
el mejor medio para mantener al espectador atento antes de sobrecogerle con la
aparición del hombre que da título al film.
En su tercio decisivo, que abarca
la segunda hora, entraremos de lleno en un duelo cara a cara entre "llamémoslo" el bien y el mal, escenificado en un face-to-face
permanente entre Fonda y Curtis. El primero un obcecado hombre de leyes que no
parara hasta averiguar si realmente DeSalvo es el estrangulador y obtener las
pruebas de ello, aunque para su fin, deba de renunciar a usarlas en un juicio.
Y el segundo, un hombrecillo corriente, quien ignora de forma terrorífica el
porque está encerrado en el ala psiquiátrica del Hospital de Boston; atención a
las miradas perdidas, y las suplicas por ser escuchado de DeSalvo, mientras una
y otra vez le obligan a hacer memoria de donde y con quien estaba el día de los
asesinatos. Decía que estamos ante una especie de duelo BienVsMal, porque los métodos de Fonda claramente se vendrían a
englobar en esa tan manida expresión; el fin justifica los medios, cuando
desoyendo a los doctores y haciendo un trato con el abogado de DeSalvo sigue
presionando al sospechoso aún con la advertencia de que este, ignorante de su
estado puede perder por siempre poder sobre su mente y entrar en un estado
catatónico, en el cual yacen ya una buena cantidad de pacientes en ese mismo
centro.
Pocas películas pueden lograr
un impacto mayor, sin mostrar en pantalla apenas violencia, imágenes
truculentas o escenas de gratuita sobreactuación, y de esas pocas, El
estrangulador de Boston es una de ellas. Además de retratar a la perfección la
convulsa época en donde se encontraban los EEUU, mediados y finales de los 70,
con el NAM, el asesinato de Kennedy, la libertad sexual en plena ebullición, su
cisma político, su indefinición y ruptura más marcada como nación, El
estrangulador de Boston, sirve, además de cómo vehículo ejemplar de género,
como cinta protesta contra todo un País, que vivía tiempos de incomprensión
pocas veces conocidos en la era moderna. Es sin duda ejemplarizante, y valiente
la visión de Fleischer sobre la parte de la ciudadanía más vulnerable en
aquellos momentos, los que se alejaban del ideal de familia americana, hombres
solitarios, homosexuales, lesbianas, prófugos del clérigo. Mientras, el film,
presenta a su eje central, y al personaje que da título al film, como un
dedicado trabajador y cariñoso padre de familia, dando como resultado un
autentico puñetazo al way of life
americano. Para el recuerdo, dentro de
las más altas cotas de grandeza quedan sus veinte minutos finales, donde
entraremos de lleno en la mente de DeSalvo literalmente, un laberinto de
recuerdos falsamente creados, y de dobles realidades, que mezclados con una
magistrales flashbacks interactivos a donde son llevados tanto DeSalvo como
Bottomly en un recurso visionario y monumental de Fleischer luego copiado por Stephen Hopkins en Bajo sospecha (2000) para terminar con una terrorífica secuencia apenas
sin cortes, donde DeSalvo, ya plenamente consciente de sí mismo, llora en plano
sostenido delante nuestra, para luego hallar por fin su reverso tenebroso.
Simple y llanamente impresionante labor de Tony Curtis, quien caracterizado
como una especie de muñeco de cera, logra una de las interpretaciones más
espeluznantes de la historia del cine.
Título original: The Boston strangler.
Director: Richard Fleischer.
Intérpretes: Henry Fonda, George Kennedy, Tony Curtis,
Murray Hamilton, Jeff Corey, Sally Kellerman, William Marshall, George Voskovec, Carolyn
Conwell, James Brolin.