
Tras ver morir a su marido a manos de un
despiadado cazador de recompensas, una mujer contrata a un mercenario, apodado
Silencio, para que acabe con el asesino de su marido. Hasta mediados de los
sesenta, el western europeo era una copia del americano de serie B, el
denominado eurowestern. Sin embargo, el director italiano Sergio Leone
definiría algunas de las características del spaghetti western, es decir:
usaría una exacerbada violencia en sus películas, ralentizaría los planos
(sobre todo los planos de miradas, con el fin de poner al espectador en
tensión), y daría un papel protagonista a la música, nacida de las manos y la
sensibilidad del compositor italiano Ennio Morricone. De esta manera, el
western europeo ya no copiaba a Hollywood, sino que tenía unas características
propias. Si el western es por sí mismo el género cinematográfico por
excelencia, me aventuro a defender que
el spaghetti es la sublimación de todos los valores de la leyenda, siendo una
visión casi distópica de la historia del oeste norteamericano, que exagera los
códigos característicos del género, con un halo poético bastante desvirtuado,
que presenta como temática recurrente la venganza. Al hablar acerca del
spaghetti western, resulta difícil no caer en el convencionalismo de
focalizarlo en Sergio Leone, y es una valoración no demasiado errónea, debido a
que es un subgénero que, casi todo lo que aportó al cine moderno, surgió de la
mente del genio romano, tanto su gusto por la violencia seca y abrupta, como su
brillante planificación, capaz de esculpir el tiempo de una manera primorosa,
así como el regusto por la artificiosidad y el tono burlesco de su obra.

Fueron
escasos los directores que consiguieron que sus cintas encajasen con
brillantez, dentro de los cuales destaca Corbucci, suerte de remedo leoniano
que tuvo notoriedad a raíz del triunfo de la irregular "Django (1966)", revolucionaria
más por su exagerado hiperrealismo que por sus formas narrativas o su flojo
guión. Parece apropiado pues acercarse brevemente a la figura de su director,
Sergio Corbucci. Nacido el 06 de diciembre de 1927 en Roma y desaparecido el 01
de diciembre de 1990 también en Roma, fue un cineasta de talento, que supo
sacar partido a los austeros presupuestos con los que contó, al menos en sus
trabajos para el spaguetti western en la década de los 60. Destaca en el plano
visual, sacando notable partido a la fotografía y la ambientación. En su cine
se pueden discernir varios elementos que le colocan en un nivel superior a otros
directores del subgénero, menos prolíficos (Sergio Sollima, al que recordamos
por la serie de TV "Sandokan" y sus aportaciones al policiaco italiano), o más
irregulares (Tonino Valieri, Enzo Castellari), como puede ser su gusto por la
tragedia (de tono menos operística que Leone) o su preferencia por las
situaciones altamente barrocas y paroxistas, aderezadas con notas de humor,
aunque sin llegar a los excesos de Enzo Castellari, otro de los realizadores
referentes del subgénero. Con cintas de prestigio crítico en el subgénero,
destacan "Django (1966)", "Salario para matar (1968)", "Vamos a matar,
compañeros (1970)", o "Los despiadados (1967)" y la más reputada, que no
necesariamente la mejor, "El gran silencio (1968)", uno de los spaguetti
westerns más extraños y pesimistas que se hayan realizado en la historia del
cine, subgénero en el que las historias solían carecer de profundidad debido a
que la principal función era entregar una ensalada de tiros, solían reconocerse
por su final feliz, con personajes fanfarrones y chulescos, y un carácter que,
más que misógino, algo de lo que Leone fue acusado, podría decirse asexuado, y
cierto tono épico que era rebajado por la comicidad de varias secuencias.

Pues
Corbucci rompió con esa tendencia en "El gran silencio" y realizó una cinta
alejada de convencionalismos, ya que, para empezar, se lleva la historia del
desierto a la nieve más extrema, y donde la profundidad de la historia triunfa
por encima de la puesta en escena y la épica queda borrada de un plumazo debido
al elemento negativista que pesa sobre toda la película. Aunque clasificada
como un spaghetti western, que lo es, nos encontramos con unas marcas de
identidad propias que la hacen diferente y original a las demás películas del
subgénero. El film parece extraño a primera vista, y muy alejado de los tópicos
habituales del sub-género. Corbucci se aleja voluntariamente de esos pueblos
fronterizos sucios y polvorientos, y nos lleva a parajes gélidos, a zonas
montañosas con varios metros nieve, en los que hasta las armas se congelan, y
los caballos son plato de primera necesidad para los vagabundos que se esconden
allí. Claro que lo extremo de las temperaturas les obliga a acercarse a los
pueblos donde son atrapados por cazadores de recompensas como el llamado
"loco" (Klaus Kinski). A estos
tipos ávidos de recompensas, que se amparan en el dudoso y ambiguo paraguas
protector de la ley (personificado en el siniestro personaje del juez) se les
enfrenta un pistolero muy curioso, llamado "Silencio" (Jean-Louis
Trintignant), que además de ser rápido, es mudo debido a un trauma de su niñez.
Es cierto que moralmente, la conducta del pistolero que interpreta es un tanto
reprobable, puesto que aunque liquida a los cazadores de recompensa, no lo hace
por un elevado sentido de la justicia ya que cobra por ello. Sin embargo,
Corbucci rodea a este anti-héroe de un halo de misterio y de tragedia. Silencio
mata, sí, pero con elegancia y hasta con piedad, y la violencia toma un aire
menos sanguinario pero más tenebroso.

El amor traspasa fronteras raciales (algo
avanzadísimo en la mentalidad mediterránea de la época) y al final nadie sale
victorioso, que es en realidad el resultado de cualquier batalla. Todo ello,
acaba consiguiendo un efecto de realismo que favorece la historia que nos está
contando. Tampoco hay que olvidar la excelente composición que nos ofrece Klaus
Kinski, más contenido que en otras ocasiones, con un personaje claramente
desagradable y falto de escrúpulos, que es la cabeza visible del grupo de
cazadores de recompensas. Corbucci, como tantos otros realizadores del western
antes, habla en esta película acerca de ese choque entre fuerzas, de la
violencia imperante en una nación joven, y de cómo las leyes llegan al salvaje
oeste, en el que tener un arma te posibilita poder matar a alguien si es en
defensa propia. Otro de los puntos fuertes del film es
su ambientación. Frente a los paisajes blancos, helados, tenemos unos
interiores oscuros muy cerrados, casi claustrofóbicos, que parecen ser un
reflejo de la dudosa moralidad de los personajes que los pueblan. De puertas
para adentro, la ley encorseta a los hombres, los oprime. De puertas para
fuera, lo extremo de su clima parece querer indicarnos que en situaciones
extremas, los hombres también llevan hasta el extremos sus instintos más
básicos, ya sea el de supervivencia, ya sea el de enriquecerse o el de la
avaricia. Se trata de una narrativa realista, envolviéndolo todo de una cierta
desazón y de un tremendo pesimismo que ni siquiera rompe en el tramo final del
metraje y con el que nos acabamos quedando y que nos cala hasta los huesos.

Mientras
que en los films de Sergio Leone la mujer no tenía sitio, aquí sí que tiene
vital importancia. La relación entre Silencio (Trintignant) y la bellísima
Pauline (Vonetta McGee), es más carnal que de amor, destacando la pulsión
erótica entre ambos. Indudablemente, los personajes siguen siendo
estereotipados, pero les aguarda un destino diferente al que estamos
acostumbrados en el subgénero. Los diálogos no aportan gran cosa, pero es mucho
más revelador el propio paisaje, cumbres nevadas y lagos congelados que nos
dicen que de aquí nos vamos a salir de nuestra zona de confort. El realizador
trata de huir de la espectacularidad y del ritual habitual de los duelos de
pistoleros, aunque también es cierto que Corbucci tira de ralentí, en algunas
ocasiones de forma innecesaria. Mención aparte merece la excelente banda sonora
del gran Morricone que compone una partitura triste y desesperanzadora, dejando
de lado sus chillonas trompetas y degüellos, y tomando preferencia por las
melodías sobrias, intimistas y lejanas, con un tema principal magnífico. Recomendable
visionar (está en youtube) el final alternativo que rodó Corbucci. Ésta
película fue censurada (incluso no llegó a estrenarse en algunos países, cómo
fue el caso de España) debido a su violencia explícita.

Título original: Il grande silenzio.
Director: Sergio Corbucci.
Intérpretes: Jean-Louis Trintignant, Klaus Kinski, Luigi Pistilli, Marisa Merlini, Frank Wolff, Mario Brega, Raf Baldassarre.
Trailer:
Reseña escrita por Juan Gerardo Rodríguez Martín
Información complementaria:
Sergio Corbucci

Tras ver morir a su marido a manos de un
despiadado cazador de recompensas, una mujer contrata a un mercenario, apodado
Silencio, para que acabe con el asesino de su marido. Hasta mediados de los
sesenta, el western europeo era una copia del americano de serie B, el
denominado eurowestern. Sin embargo, el director italiano Sergio Leone
definiría algunas de las características del spaghetti western, es decir:
usaría una exacerbada violencia en sus películas, ralentizaría los planos
(sobre todo los planos de miradas, con el fin de poner al espectador en
tensión), y daría un papel protagonista a la música, nacida de las manos y la
sensibilidad del compositor italiano Ennio Morricone. De esta manera, el
western europeo ya no copiaba a Hollywood, sino que tenía unas características
propias. Si el western es por sí mismo el género cinematográfico por
excelencia, me aventuro a defender que
el spaghetti es la sublimación de todos los valores de la leyenda, siendo una
visión casi distópica de la historia del oeste norteamericano, que exagera los
códigos característicos del género, con un halo poético bastante desvirtuado,
que presenta como temática recurrente la venganza. Al hablar acerca del
spaghetti western, resulta difícil no caer en el convencionalismo de
focalizarlo en Sergio Leone, y es una valoración no demasiado errónea, debido a
que es un subgénero que, casi todo lo que aportó al cine moderno, surgió de la
mente del genio romano, tanto su gusto por la violencia seca y abrupta, como su
brillante planificación, capaz de esculpir el tiempo de una manera primorosa,
así como el regusto por la artificiosidad y el tono burlesco de su obra.

Fueron
escasos los directores que consiguieron que sus cintas encajasen con
brillantez, dentro de los cuales destaca Corbucci, suerte de remedo leoniano
que tuvo notoriedad a raíz del triunfo de la irregular "Django (1966)", revolucionaria
más por su exagerado hiperrealismo que por sus formas narrativas o su flojo
guión. Parece apropiado pues acercarse brevemente a la figura de su director,
Sergio Corbucci. Nacido el 06 de diciembre de 1927 en Roma y desaparecido el 01
de diciembre de 1990 también en Roma, fue un cineasta de talento, que supo
sacar partido a los austeros presupuestos con los que contó, al menos en sus
trabajos para el spaguetti western en la década de los 60. Destaca en el plano
visual, sacando notable partido a la fotografía y la ambientación. En su cine
se pueden discernir varios elementos que le colocan en un nivel superior a otros
directores del subgénero, menos prolíficos (Sergio Sollima, al que recordamos
por la serie de TV "Sandokan" y sus aportaciones al policiaco italiano), o más
irregulares (Tonino Valieri, Enzo Castellari), como puede ser su gusto por la
tragedia (de tono menos operística que Leone) o su preferencia por las
situaciones altamente barrocas y paroxistas, aderezadas con notas de humor,
aunque sin llegar a los excesos de Enzo Castellari, otro de los realizadores
referentes del subgénero. Con cintas de prestigio crítico en el subgénero,
destacan "Django (1966)", "Salario para matar (1968)", "Vamos a matar,
compañeros (1970)", o "Los despiadados (1967)" y la más reputada, que no
necesariamente la mejor, "El gran silencio (1968)", uno de los spaguetti
westerns más extraños y pesimistas que se hayan realizado en la historia del
cine, subgénero en el que las historias solían carecer de profundidad debido a
que la principal función era entregar una ensalada de tiros, solían reconocerse
por su final feliz, con personajes fanfarrones y chulescos, y un carácter que,
más que misógino, algo de lo que Leone fue acusado, podría decirse asexuado, y
cierto tono épico que era rebajado por la comicidad de varias secuencias.

Pues
Corbucci rompió con esa tendencia en "El gran silencio" y realizó una cinta
alejada de convencionalismos, ya que, para empezar, se lleva la historia del
desierto a la nieve más extrema, y donde la profundidad de la historia triunfa
por encima de la puesta en escena y la épica queda borrada de un plumazo debido
al elemento negativista que pesa sobre toda la película. Aunque clasificada
como un spaghetti western, que lo es, nos encontramos con unas marcas de
identidad propias que la hacen diferente y original a las demás películas del
subgénero. El film parece extraño a primera vista, y muy alejado de los tópicos
habituales del sub-género. Corbucci se aleja voluntariamente de esos pueblos
fronterizos sucios y polvorientos, y nos lleva a parajes gélidos, a zonas
montañosas con varios metros nieve, en los que hasta las armas se congelan, y
los caballos son plato de primera necesidad para los vagabundos que se esconden
allí. Claro que lo extremo de las temperaturas les obliga a acercarse a los
pueblos donde son atrapados por cazadores de recompensas como el llamado
"loco" (Klaus Kinski). A estos
tipos ávidos de recompensas, que se amparan en el dudoso y ambiguo paraguas
protector de la ley (personificado en el siniestro personaje del juez) se les
enfrenta un pistolero muy curioso, llamado "Silencio" (Jean-Louis
Trintignant), que además de ser rápido, es mudo debido a un trauma de su niñez.
Es cierto que moralmente, la conducta del pistolero que interpreta es un tanto
reprobable, puesto que aunque liquida a los cazadores de recompensa, no lo hace
por un elevado sentido de la justicia ya que cobra por ello. Sin embargo,
Corbucci rodea a este anti-héroe de un halo de misterio y de tragedia. Silencio
mata, sí, pero con elegancia y hasta con piedad, y la violencia toma un aire
menos sanguinario pero más tenebroso.

El amor traspasa fronteras raciales (algo
avanzadísimo en la mentalidad mediterránea de la época) y al final nadie sale
victorioso, que es en realidad el resultado de cualquier batalla. Todo ello,
acaba consiguiendo un efecto de realismo que favorece la historia que nos está
contando. Tampoco hay que olvidar la excelente composición que nos ofrece Klaus
Kinski, más contenido que en otras ocasiones, con un personaje claramente
desagradable y falto de escrúpulos, que es la cabeza visible del grupo de
cazadores de recompensas. Corbucci, como tantos otros realizadores del western
antes, habla en esta película acerca de ese choque entre fuerzas, de la
violencia imperante en una nación joven, y de cómo las leyes llegan al salvaje
oeste, en el que tener un arma te posibilita poder matar a alguien si es en
defensa propia. Otro de los puntos fuertes del film es
su ambientación. Frente a los paisajes blancos, helados, tenemos unos
interiores oscuros muy cerrados, casi claustrofóbicos, que parecen ser un
reflejo de la dudosa moralidad de los personajes que los pueblan. De puertas
para adentro, la ley encorseta a los hombres, los oprime. De puertas para
fuera, lo extremo de su clima parece querer indicarnos que en situaciones
extremas, los hombres también llevan hasta el extremos sus instintos más
básicos, ya sea el de supervivencia, ya sea el de enriquecerse o el de la
avaricia. Se trata de una narrativa realista, envolviéndolo todo de una cierta
desazón y de un tremendo pesimismo que ni siquiera rompe en el tramo final del
metraje y con el que nos acabamos quedando y que nos cala hasta los huesos.

Mientras
que en los films de Sergio Leone la mujer no tenía sitio, aquí sí que tiene
vital importancia. La relación entre Silencio (Trintignant) y la bellísima
Pauline (Vonetta McGee), es más carnal que de amor, destacando la pulsión
erótica entre ambos. Indudablemente, los personajes siguen siendo
estereotipados, pero les aguarda un destino diferente al que estamos
acostumbrados en el subgénero. Los diálogos no aportan gran cosa, pero es mucho
más revelador el propio paisaje, cumbres nevadas y lagos congelados que nos
dicen que de aquí nos vamos a salir de nuestra zona de confort. El realizador
trata de huir de la espectacularidad y del ritual habitual de los duelos de
pistoleros, aunque también es cierto que Corbucci tira de ralentí, en algunas
ocasiones de forma innecesaria. Mención aparte merece la excelente banda sonora
del gran Morricone que compone una partitura triste y desesperanzadora, dejando
de lado sus chillonas trompetas y degüellos, y tomando preferencia por las
melodías sobrias, intimistas y lejanas, con un tema principal magnífico. Recomendable
visionar (está en youtube) el final alternativo que rodó Corbucci. Ésta
película fue censurada (incluso no llegó a estrenarse en algunos países, cómo
fue el caso de España) debido a su violencia explícita.

Título original: Il grande silenzio.
Director: Sergio Corbucci.
Intérpretes: Jean-Louis Trintignant, Klaus Kinski, Luigi Pistilli, Marisa Merlini, Frank Wolff, Mario Brega, Raf Baldassarre.
Trailer:
Reseña escrita por Juan Gerardo Rodríguez Martín
Información complementaria:
Sergio Corbucci