FARINELLI, IL CASTRATO (1994). El biopic de Carlo Broschi.

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Farinelli, fue un personaje real. La película, partiendo de datos históricos, recrea un relato de ficción que pretende acercar al público no sólo a la figura de un afamado cantante de ópera, "Farinelli", el más célebre de los "castrati", cantantes que en su niñez eran castrados para conservarles la voz, una práctica afortunadamente ya extinguida, aunque no desapareció hasta principios del siglo XX. Esta película nos permite además indagar o imaginar cómo pudieron ser las vidas de estas prodigiosas voces mantenidas artificialmente como niños eternos para alcanzar sus más adorados sueños.
El film está protagonizada por Stefano Dionisi, como Farinelli y dirigida por el belga Gérard Corbiau. La voz de Dionisi interpretando a Farinelli, fue obtenida mediante la mezcla digital de las voces de Ewa Malas-Godlewska, una soprano de origen polaco, y Derek Lee Ragin un contratenor estadounidense, con el objetivo de recrear una voz auténtica de castrato.
Carlo Broschi, nacido en Apulia, en 1705 (Bolonia) y fallecido en Bolonia en 1782, fue un cantante castrato italiano, uno de los más famosos del siglo XVIII. Se le supone una extensión vocal desde La2 hasta Re6 (3,4 octavas). Algo inalcanzable para la voz humana de un varón. Con 32 años y en la cumbre del éxito, Farinelli se retiró para cantar exclusivamente para Felipe V, rey de España (1700-1746).

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La película comienza con un potente flashback que nos conduce desde la época gloriosa y apacible que está viviendo en la actualidad en la Corte del rey Felipe V hasta su miserable infancia. El detonante de todos sus recuerdos será la aparición en escena una mañana de su hermano Riccardo, requiriendo la atención de Farinelli, pidiendo su perdón. Desde ahí, pasaremos a conocer la biografía del personaje desde su triste infancia hasta su reconocido éxito por un camino de luces y sombras. Nació en el seno de una familia de la baja nobleza en Apulia. Su preciosa voz de niño en seguida llamó la atención de los entendidos. La familia era muy pobre, y su hermano mayor, Riccardo, sin estar tan dotado para el canto era un buen músico. El padre les hizo prometer que siempre seguirían juntos, que saldrían adelante unidos, lo que supondría un gran sacrificio para Carlo, ya que sólo si accedía a ser castrado y a entrar en la escuela de música, su hermano podría acompañarlo y salir juntos, como dúo de voz e instrumento, de la miseria. Y así fue cómo Carlo accedió a ser castrado, por imposición paterna, como muchos otros niños cuyas familias aspirando a un futuro mejor accedían a tal operación, alegando después razones médicas para evitar represalias, ya que la castración estaba penalizada (las autoridades de la época solían hacer la vista gorda y no perseguían los casos de castración).

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Sin embargo, eran las propias familias, las que castraban a sus propios hijos con el convencimiento de que al convertirse en grandes cantantes podrían abandonar una vida de penurias. Muchos de los niños provenían de familias pobres de los áridos campos de Nápoles donde la esperanza de vida no llegaba más allá de los 30 años. Si el niño tenía dotes para el canto alcanzaría el reconocimiento. En cambio, si las aptitudes vocales no llegaban al límite exigido ante tanta oferta, se ordenaba sacerdote, acabando así en los coros de las iglesias. Pese al miedo que le daba a Carlo la castración, accedió por la promesa hecha a su padre.  Siguiendo la tradición de quienes le precedieron, Farinelli fue enviado a un conservatorio, lugar reservado para el entrenamiento de los castrati. En estos lugares se daba amplio entrenamiento de voz a los niños, lecciones acerca de composición y también les daban la oportunidad de improvisar. Es de aquí de donde proceden los documentos que indican que Farinelli daba toques personales a las piezas ya compuestas que se le daban para cantar y de su prodigiosa voz.

Bajo la instrucción de Nicola Porpora (Omero Antonutti), Farinelli adquirió una voz de maravillosa belleza. Se hizo famoso en el sur de Italia como “il ragazzo” (el muchacho). En 1722 realizó su primera aparición en Roma, con Eumene, de su maestro, despertando un gran entusiasmo al superar a un popular trompetista alemán, a quien Porpora había compuesto un obligado para una de las canciones del joven; al sostener y aumentar una nota de prodigiosa longitud, pureza y poder, y en las variaciones y gorjeos que lanzó al aire. En las óperas, regularmente cantaba papeles de mujer, como por ejemplo, Adelaida, en Adelaide, de Porpora. Tras pasar tres años en Inglaterra, Farinelli partió para España, quedándose antes algunos meses en Francia, donde cantó ante Luis XV de Francia. 


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En España, donde sólo tenía planeado quedarse unos meses, terminó viviendo casi 25 años. Su voz, empleada por la reina para curar al rey Felipe V de su locura melancólica, le ganó tanta influencia con Felipe que éste no sólo acabaría dándole poder, sino el nombre oficial, de primer ministro. Farinelli era lo suficientemente sabio y modesto para usar ese poder discretamente. Estaba secretamente enamorado de una chica de la nobleza, de la cual no se sabe el nombre completo, solo sus iniciales: S.I.L. Poco después del ascenso del rey Fernando VI, Farinelli fue nombrado director de teatros en Madrid y Aranjuez, y la mayoría de las obras que montó tenían textos de Pietro Metastasio. Se le otorgó el rango de caballero en 1750 y se le condecoró con la Cruz de Calatrava. Utilizó su poder en la corte para persuadir a Fernando que estableciera la ópera italiana. Después del ascenso de Carlos III, Farinelli se retiró a Bolonia con la fortuna que amasó, y allí pasó el resto de sus días con Metastasio, falleciendo pocos meses después que él, el 16 de septiembre de 1782.
El director del film, el belga Gérard Corbiau, une en su persona la pasión por la música (es crítico de ópera) y por el cine. Con esta película consigue despertar el interés del gran público a través de un film, que por sus características operísticas, hubiera quedado reducido a un público minoritario. Pero gracias a las excelentes piezas de ópera, la dirección artística del film y la puesta en escena consigue atraer la atención de cualquiera, no sólo de amantes de la ópera. El vestuario de Farinelli está más próximo a lo que actualmente llamaríamos "Drag-Queen" repleta de glamour, que a un cantante masculino de ópera.

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La trama, escrita por el mismo director en colaboración con su hermano Gérard, aunque falsea algunos datos en favor de la ficción, consigue despertar el morbo de cómo podría ser la vida sexual de un hombre de éxito, con exquisita cultura, deseado por todas las mujeres al que se le supone carece de la virilidad necesaria para tener una voz masculina por su castración, sin embargo, no por ello su objeto de deseo dejan de ser dichas mujeres. La extraña pareja que forma con su hermano, el cual aprovecha las conquistas de Farinelli para practicar sexo con ellas, sumado al difícil sacrificio que tuvo que realizar en su infancia, conducirán a una complicada relación amor-odio entre hermanos, a una rivalidad, que da pie al flash back inicial, ya que al final, Riccardo acudirá a buscar a su hermano, que vive retirado en Madrid cantando sólo para distraer a Felipe V, para intentar la reconciliación. 

Para un aficionado a la ópera, aparte de la ambientación, la música y los personajes, se plantean cuestiones estéticas que pueden pasar desapercibidas al resto. ¿La música como arte o como negocio? ¿Cuál es la diferencia entre una obra correcta y "comercial", y una obra genial? Por ejemplo, entre Porpora y Haendel (Jerome Krabbé). El protagonista, que se ha hecho rico cantando obras "comerciales", siente una atracción misteriosa por la música de Haendel, porque expresa una emoción que no tienen los productos que canta habitualmente. Y por ello llegará su conversión, llegando a cantar para el "enemigo" (Haendel escribía para un teatro rival); concretamente, el "Rinaldo".

Merece una mención la banda sonora, que intenta reconstruir la voz de "castrato" con una mezcla, realizada en los laboratorios del IRCAM de París, entre una voz de (mujer) soprano y una de contratenor. Hubiera sido perfectamente posible encomendar a un sopranista para dar vida a la voz de Farinelli, pero entonces se hubiera perdido el morbo añadido de "poseer” algo que no existe en la naturaleza, creado especialmente para la película.

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Director: Gérard Corbiau.

Intérpretes: Stefano Dionisi, Elsa Zylberstein, Enrico Lo Verso, Caroline Cellier, Jeroen Krabbé,Omero Antonutti, Marianne Basler.

Trailer:


Escena:


B.S.O.:


Reseña escrita por Bárbara Valera Bestard


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