EL NADADOR (1968). La decadencia de un seductor.

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Probablemente "El nadador" esté lejos de ser una película que trate a fondo una disciplina deportiva, ya que  nos encontramos  ante  un drama psicológico narrado de una manera muy atípica dentro del cine americano de los sesenta, de hecho su director Frank Perry tiene más puntos en común con la "Generación de la televisión" representada por nombres como John Frankenheimer o Sidney Lumet, entre muchos otros, que con el cine clásico de Hollywood. Sin embargo el film puede verse como uno de los pocos trabajos realizados por el cine en torno a la natación, aunque como digo sea una excusa, casi una metáfora para desarrollar una trama más compleja.

La secuencia de apertura y títulos de crédito del film nos muestra un paraje natural idílico que más tarde sabremos que pertenece a  Westport (Connecticut), donde los animales  que se encuentran en un bosque (vemos un búho, un ciervo, pájaros en un río,...) huyen al advertir una presencia extraña dentro de su hábitat. Se trata de Ned Merrill (Burt Lancaster), un hombre de mediana edad que  parece encontrarse en una forma física envidiable ya que su travesía por el bosque la realiza corriendo descalzo y ataviado con un escueto bañador como única vestimenta. La cámara va siguiendo a Ned y en medio de la naturaleza se encuentra un lujoso chalet con piscina, a la que sin dudarlo ni un momento se lanza nuestro protagonista para hacerse unos largos con gran entusiasmo.


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Al llegar al borde de la piscina vemos a alguien que le ofrece un cocktail  a Ned como bienvenida y descubrimos que se trata de un viejo amigo suyo, Donald Westerhazy (Tony Bickley). Parecen llevar tiempo sin verse y se saludan efusivamente, al igual que la esposa de Donald y otros amigos que se encuentran en el chalet cuando advierten la presencia de Ned. Por el ambiente cordial,  parece que mantuvieron una estrecha relación en el pasado y como es natural le preguntan por su vida así como por el estado de salud de su esposa y su familia. Ned responde escuetamente, casi con evasivas, afirmando que se encuentran todos muy bien, mejor que nunca. De repente observando el paisaje de todo el condado se le ocurre la original idea de ir visitando todas las piscinas de sus vecinos para nadar en ellas  hasta llegar a su casa donde le espera  su familia. Ante la sorpresa de sus amigos les cuenta que todas las piscinas forman un río imaginario al que llamará Lucinda, en honor a su esposa, y se despide de ellos.

En su siguiente parada llega a otro chalet con piscina donde se encuentra a unos jóvenes entre los que Ned reconoce a Julie  Hooper (Janet Landgard), una muchacha de 20 años que en su adolescencia ejerció como canguro para sus hijas. Julie queda impresionada con la idea de recorrer todas las piscinas del condado y se ofrece como acompañante de Ned en su singular odisea. En el trayecto Julie le cuenta que en aquellos años que hizo de canguro estaba perdidamente enamorada de él y pese a que le deja claro que se trataba una locura de adolescencia, Ned no puede evitar sentirse atraído por la joven y al intentar besarla,  Julie huye confusa y  desorientada.

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A partir de ese momento el relato adquiere un tono más oscuro y lo que en un principio era jovialidad y hospitalidad en las visitas de Ned a sus vecinos se va convirtiendo en frías bienvenidas y en ocasiones hasta será expulsado y humillado  según se va acercando a su casa. Muy representativo de ésta segunda parte sería cuando llega a una casa con piscina, pero sin agua, en cuyo jardín se encuentra a un niño solitario con la autoestima muy baja al que Ned no dudará en animar metiéndolo en la piscina con él para simular que nadan en ella aunque no tenga ni una gota de agua en su interior.

Película de culto, extraña y simbólica, protagonizada por un Burt Lancaster en su habitual estado de gracia interpretando a un personaje del que nada sabemos salvo por lo que los demás dicen de él o por sus preguntas y reacciones ante su presencia. Parece ser un hombre de negocios  que llevó un alto nivel de vida, devoto de su familia pero también con continuos escarceos extramatrimoniales y que actualmente añora su juventud hasta el punto de no poder ver la realidad: está llegando a una edad madura y durante su vida pudo no ser tan buena persona como él cree debido a algunos comentarios de la gente que se va encontrando en el camino.

Dirigida con gran acierto por el poco conocido Frank Perry, con guión de su esposa Eleanor Perry, adaptando una historia corta de John Cheever aparecida en The New Yorker. En su rodaje surgieron varios problemas, entre ellos disputas de Lancaster y Perry lo que ocasionó que la tuviera que terminar un joven Sidney Pollack. Sam Spiegel fue su productor pero debido a esos problemas retiró su nombre de los créditos en el último momento. Rodada enteramente en exteriores, la película cuenta con una luz portentosa del operador de fotografía David L. Quaid, acompañado de filtros y efectos de cámara muy originales en los momentos más experimentales del film, creando una atmósfera extraña e hipnótica. A destacar también la magnífica partitura de Marvin Hamlisch, épica y melodramática a partes iguales, que funciona a la perfección tanto en los momentos más duros y reflexivos, como en aquellos más poéticos.

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Título original: The swimmer.

Director: Frank Perry.

Intérpretes: Burt Lancaster,  Janet Landgard, Janice Rule, Marge Champion.

Trailer:


Reseña escrita por Francisco Javier Arco Pérez


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1 opiniones :

ricard dijo...

Su tono casi onírico y su retrato de la opulenta sociedad norteamericana de los sesenta hacen de "El nadador" un título singular y extrañamente fascinante, un film de culto.

Saludos.

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