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"Lirios Rotos" es un largometraje ciertamente atípico de D.W. Griffith por su tono íntimo y mundano. A diferencia de El nacimiento de una nación (1915) e Intolerancia (1916), largometrajes que muchos consideran como el inicio del cine moderno, Lirios rotos no es una épica histórica que ensalza rectos valores heroicos y patrioteros, si no que más bien retrata la sordidez de la vida y la miseria, y que toca temas impensables para la época como el maltrato de menores, el alcoholismo o la drogadicción.
En ella Griffith nos cuenta la desafortunada historia de Lucy Burrows (magistralmente interpretada por Lillian Gish), la hija no deseada del infame Battling Burrows, un enorme y bruto boxeador que vive para beber, pelear, y martirizar a su frágil hija. Habitan el miserable barrio londinense de Limehouse, rodeados de borrachos y putas, donde también vive el otro protagonista de la historia, el chino Cheng Huan. Él había llegado a Londres hacía unos años con la intención de difundir los valores pacíficos del budismo que tanto necesitaba occidente, pero pronto se dio cuenta que era imposible, y, desilusionado, se entregó al opio. Cheng se enamora de Lucy, y gracias a ella logra recuperar cierta alegría en su vida, pero ese era un amor imposible, ya que al energúmeno de Battling no le hacían nada de gracia los chinos ni nadie que no hubiera nacido en su país.
Hay unos cuantos elementos formales que hacen que esta película sea especial. A diferencia de las épicas anteriores, Lirios rotos es una producción muchísimo más humilde, filmada casi en su totalidad en interiores, con decorados simples y pocos personajes. También optaron por una fotografía más difusa, más suave, usando con buen criterio los tintes para diferenciar ambientes. El montaje es un poco más hábil, cosa que les permitió usar los primeros planos de una manera mucho más expresiva. Además, la propia naturaleza de esta historia y la magnífica interpretación de Lillian Gish nos permite empatizar con la pobre Lucy como pocas veces se puede en el cine mudo. A pesar de la teatralidad y de lo primitivo del lenguaje, a pesar de la distancia con la que siempre se nos presenta una película muda, aquí su historia conmueve.
Los contrastes entre la vida de Oriente y Occidente, entre la inocencia y la crudeza, entre la pureza y el abuso está plasmada con una belleza prodigiosa gracias a la fotografía de G.W. Bitzer.
Se trata de una de las películas más bonitas de la historia del cine, una historia de amor imposible e increíblemente conmovedora, pero también una de las más duras y desgarradoras, tanto por su ambiente sórdido y miserable (un Londres realista y decadente, cercano al posterior neorrealismo italiano), tanto por lo terriblemente trágico de su desenlace, algo realmente insólito en el cine de la época. Además hay que destacar, posiblemente por encima de todo esto, la genial actuación de Lillian Gish, terriblemente bella y frágil, en el que es el mejor papel de su carrera.
Orson Welles escribió este epitafio a Griffith:
"Yo le admiraba, le veneraba, pero él no necesitaba un discípulo. Necesitaba trabajo. Nunca he odiado realmente a Hollywood a no ser por el trato que dispensó a David Wark Griffith. Ninguna ciudad, ninguna profesión ni forma de arte le deben tanto a un solo hombre".
Título original: Broken Blossoms.
Director: D.W. Griffith.
Intérpretes: Lillian
Gish, Richard
Barthelmess, Donald
Crisp, Arthur
Howard.
"Lirios Rotos" es un largometraje ciertamente atípico de D.W. Griffith por su tono íntimo y mundano. A diferencia de El nacimiento de una nación (1915) e Intolerancia (1916), largometrajes que muchos consideran como el inicio del cine moderno, Lirios rotos no es una épica histórica que ensalza rectos valores heroicos y patrioteros, si no que más bien retrata la sordidez de la vida y la miseria, y que toca temas impensables para la época como el maltrato de menores, el alcoholismo o la drogadicción.
En ella Griffith nos cuenta la desafortunada historia de Lucy Burrows (magistralmente interpretada por Lillian Gish), la hija no deseada del infame Battling Burrows, un enorme y bruto boxeador que vive para beber, pelear, y martirizar a su frágil hija. Habitan el miserable barrio londinense de Limehouse, rodeados de borrachos y putas, donde también vive el otro protagonista de la historia, el chino Cheng Huan. Él había llegado a Londres hacía unos años con la intención de difundir los valores pacíficos del budismo que tanto necesitaba occidente, pero pronto se dio cuenta que era imposible, y, desilusionado, se entregó al opio. Cheng se enamora de Lucy, y gracias a ella logra recuperar cierta alegría en su vida, pero ese era un amor imposible, ya que al energúmeno de Battling no le hacían nada de gracia los chinos ni nadie que no hubiera nacido en su país.
Hay unos cuantos elementos formales que hacen que esta película sea especial. A diferencia de las épicas anteriores, Lirios rotos es una producción muchísimo más humilde, filmada casi en su totalidad en interiores, con decorados simples y pocos personajes. También optaron por una fotografía más difusa, más suave, usando con buen criterio los tintes para diferenciar ambientes. El montaje es un poco más hábil, cosa que les permitió usar los primeros planos de una manera mucho más expresiva. Además, la propia naturaleza de esta historia y la magnífica interpretación de Lillian Gish nos permite empatizar con la pobre Lucy como pocas veces se puede en el cine mudo. A pesar de la teatralidad y de lo primitivo del lenguaje, a pesar de la distancia con la que siempre se nos presenta una película muda, aquí su historia conmueve.
Los contrastes entre la vida de Oriente y Occidente, entre la inocencia y la crudeza, entre la pureza y el abuso está plasmada con una belleza prodigiosa gracias a la fotografía de G.W. Bitzer.
Se trata de una de las películas más bonitas de la historia del cine, una historia de amor imposible e increíblemente conmovedora, pero también una de las más duras y desgarradoras, tanto por su ambiente sórdido y miserable (un Londres realista y decadente, cercano al posterior neorrealismo italiano), tanto por lo terriblemente trágico de su desenlace, algo realmente insólito en el cine de la época. Además hay que destacar, posiblemente por encima de todo esto, la genial actuación de Lillian Gish, terriblemente bella y frágil, en el que es el mejor papel de su carrera.
Orson Welles escribió este epitafio a Griffith:
"Yo le admiraba, le veneraba, pero él no necesitaba un discípulo. Necesitaba trabajo. Nunca he odiado realmente a Hollywood a no ser por el trato que dispensó a David Wark Griffith. Ninguna ciudad, ninguna profesión ni forma de arte le deben tanto a un solo hombre".
Título original: Broken Blossoms.
Director: D.W. Griffith.
Intérpretes: Lillian
Gish, Richard
Barthelmess, Donald
Crisp, Arthur
Howard.
El nacimiento de una nación, fue la primera gran epopeya cinematográfica realizada en los Estados Unidos. El honor de ser la primera realizada en el mundo fue "Cabiria (1914)", de Giovanni Pastrone. Durante la guerra civil estadounidense, los Estados del Norte industrializados lucharon contra los Estados del Sur, dedicados en su mayoría a la agricultura. La contienda se prolongó de 1861 a 1865 y terminó, como ya sabemos, con la derrota del Sur. La economía de esta región se vio arruinada casi por completo, en gran parte por la liberación de casi cuatro millones de esclavos. El Nacimiento de una nación, la cuestionada impresionante epopeya nacional de mayor envergadura de Griffith, narra la historia de esta guerra y el periodo de reconstrucción estadounidense, tomando como hilo conductor el destino de dos familias, los Stoneman de Pensilvania, en los Estados federados del Norte, y los Cameron de Carolina del Sur, un clan sudista. Ambas familias están vinculadas por lazos amistosos. La película muestra escenas de tipo familiar y las reuniones de los amigos de una manera fresca y viva, evitando el dramatismo propio del cine silente. También en lo referente a la representación del conflicto es pionera para la época. Griffith presenta las grandes escenas de masas y las costosas batallas con una opulencia nunca vista hasta entonces.
El guión de El nacimiento de una nación está inspirado en la novela y obra de teatro "The Clansman: An Historical Romance of the Ku Klux Klan" y en la novela "The Leopard’s Spots: A Romance of the White Man’s" y se consideró precursora de los largometrajes de cuño moderno al ser uno de los primeros en explotar a fondo las posibilidades técnicas y servirse únicamente de medios narrativos cinematográficos, evitando así toda teatralidad. También se considera una de las primeras películas monumentales y cuenta con el privilegio que el presidente estadounidense Woodrow Wilson se la hizo proyectar personalmente en la Casa Blanca en 1915. Griffitt crea con esta película un estilo utilizando el montaje alterno, enormes movimientos de masas y una riqueza de planos que consiguen una gran expresividad, tanto en las escenas de batallas, como en los momentos de intimidad de los protagonistas. Una lucha del Bien contra el Mal en un efecto de movimiento continuo. El nacimiento de una nación dotó al cine de un nivel artístico completamente nuevo, elevando a la madurez el principio del montaje descubierto por Méliès. Los posteriores directores se han beneficiado durante mucho tiempo de la influencia ejercida por este film y que el séptimo arte debe los progresos conseguidos en esta película a Griffith, además de ser uno de los fundadores de Hollywood, ya que fue el primero en utilizar los fundidos, las aperturas y cierres de objetivos, los flash back, secuencias de acción paralelas, secuencias simultáneas que se van alternando o recuerdos del pasado en sobreimpresiones, en definitiva, un inventor del lenguaje cinematográfico moderno.
Pero Griffith no se detuvo con el final de la guerra, sino que narró los acontecimientos que siguieron al armisticio, sobre todo, la situación que resultó de la emancipación de los esclavos. A la primera parte, que culmina con la esmerada representación del atentado mortal de A. Lincoln, se sigue una segunda parte titulada Reconstrucción, la cual se desarrolla únicamente en el Sur y que se convierte en un panfleto descaradamente racista; no hay que olvidar que Griffith era sudista.
Si bien, su tema, a primera vista, es la reconstrucción de los Estados Unidos como nación unida, concluye como una especie de llamada a todos los blancos para unir sus fuerzas contra su enemigo común, el ambicioso negro. Una mujer muere después de que un negro intente violarla; una familia es asediada por un ejército de negros, siendo rescatada por el KIu Klux Klan, al que, hecho curioso, se presenta como un grupo de héroes. Crudos estereotipos raciales, terror al mestizaje, el absurdo de que los negros sean representados por blancos pintados de negro. No es de extrañar que la Asociación Nacional para el Progreso de las Gentes de Color boicoteara la película y se manifestara en contra durante años. En Francia fue prohibida por la censura y solo llegó a estrenarse en 1921. El cineasta norteamericano se auto exculpó por medio de un célebre folleto titulado "The Rise and Full of Free Speech in America (1916)". A fin de cuentas, Griffith estaba más interesado en las posibilidades que le ofrecía el medio, que en el mensaje. En este sentido, sentó las bases del Hollywood moderno. Amén de los calificativos deleznables y racistas que la película contenga, no impide que la cinta sea considerada una obra de arte, aunque su autor muriese en el olvido en 1948.
"Es el mayor proyecto que jamás haya emprendido, pero no me daré por satisfecho hasta que haga algo diferente…Soy, como todos los seres humanos, un perfeccionista". D. W. Griffith, 1915.
Título original: The Birth of a Nation.
Director: D.W. Griffith.
Intérpretes: Lillian
Gish, Mae
Marsh, Henry
B. Walthall, Miriam
Cooper, Mary
Alden, Ralph
Lewis, George
Siegmann, Walter
Long, Robert
Harron.
El nacimiento de una nación, fue la primera gran epopeya cinematográfica realizada en los Estados Unidos. El honor de ser la primera realizada en el mundo fue "Cabiria (1914)", de Giovanni Pastrone. Durante la guerra civil estadounidense, los Estados del Norte industrializados lucharon contra los Estados del Sur, dedicados en su mayoría a la agricultura. La contienda se prolongó de 1861 a 1865 y terminó, como ya sabemos, con la derrota del Sur. La economía de esta región se vio arruinada casi por completo, en gran parte por la liberación de casi cuatro millones de esclavos. El Nacimiento de una nación, la cuestionada impresionante epopeya nacional de mayor envergadura de Griffith, narra la historia de esta guerra y el periodo de reconstrucción estadounidense, tomando como hilo conductor el destino de dos familias, los Stoneman de Pensilvania, en los Estados federados del Norte, y los Cameron de Carolina del Sur, un clan sudista. Ambas familias están vinculadas por lazos amistosos. La película muestra escenas de tipo familiar y las reuniones de los amigos de una manera fresca y viva, evitando el dramatismo propio del cine silente. También en lo referente a la representación del conflicto es pionera para la época. Griffith presenta las grandes escenas de masas y las costosas batallas con una opulencia nunca vista hasta entonces.
El guión de El nacimiento de una nación está inspirado en la novela y obra de teatro "The Clansman: An Historical Romance of the Ku Klux Klan" y en la novela "The Leopard’s Spots: A Romance of the White Man’s" y se consideró precursora de los largometrajes de cuño moderno al ser uno de los primeros en explotar a fondo las posibilidades técnicas y servirse únicamente de medios narrativos cinematográficos, evitando así toda teatralidad. También se considera una de las primeras películas monumentales y cuenta con el privilegio que el presidente estadounidense Woodrow Wilson se la hizo proyectar personalmente en la Casa Blanca en 1915. Griffitt crea con esta película un estilo utilizando el montaje alterno, enormes movimientos de masas y una riqueza de planos que consiguen una gran expresividad, tanto en las escenas de batallas, como en los momentos de intimidad de los protagonistas. Una lucha del Bien contra el Mal en un efecto de movimiento continuo. El nacimiento de una nación dotó al cine de un nivel artístico completamente nuevo, elevando a la madurez el principio del montaje descubierto por Méliès. Los posteriores directores se han beneficiado durante mucho tiempo de la influencia ejercida por este film y que el séptimo arte debe los progresos conseguidos en esta película a Griffith, además de ser uno de los fundadores de Hollywood, ya que fue el primero en utilizar los fundidos, las aperturas y cierres de objetivos, los flash back, secuencias de acción paralelas, secuencias simultáneas que se van alternando o recuerdos del pasado en sobreimpresiones, en definitiva, un inventor del lenguaje cinematográfico moderno.
Pero Griffith no se detuvo con el final de la guerra, sino que narró los acontecimientos que siguieron al armisticio, sobre todo, la situación que resultó de la emancipación de los esclavos. A la primera parte, que culmina con la esmerada representación del atentado mortal de A. Lincoln, se sigue una segunda parte titulada Reconstrucción, la cual se desarrolla únicamente en el Sur y que se convierte en un panfleto descaradamente racista; no hay que olvidar que Griffith era sudista.
Si bien, su tema, a primera vista, es la reconstrucción de los Estados Unidos como nación unida, concluye como una especie de llamada a todos los blancos para unir sus fuerzas contra su enemigo común, el ambicioso negro. Una mujer muere después de que un negro intente violarla; una familia es asediada por un ejército de negros, siendo rescatada por el KIu Klux Klan, al que, hecho curioso, se presenta como un grupo de héroes. Crudos estereotipos raciales, terror al mestizaje, el absurdo de que los negros sean representados por blancos pintados de negro. No es de extrañar que la Asociación Nacional para el Progreso de las Gentes de Color boicoteara la película y se manifestara en contra durante años. En Francia fue prohibida por la censura y solo llegó a estrenarse en 1921. El cineasta norteamericano se auto exculpó por medio de un célebre folleto titulado "The Rise and Full of Free Speech in America (1916)". A fin de cuentas, Griffith estaba más interesado en las posibilidades que le ofrecía el medio, que en el mensaje. En este sentido, sentó las bases del Hollywood moderno. Amén de los calificativos deleznables y racistas que la película contenga, no impide que la cinta sea considerada una obra de arte, aunque su autor muriese en el olvido en 1948.
"Es el mayor proyecto que jamás haya emprendido, pero no me daré por satisfecho hasta que haga algo diferente…Soy, como todos los seres humanos, un perfeccionista". D. W. Griffith, 1915.
Título original: The Birth of a Nation.
Director: D.W. Griffith.
Intérpretes: Lillian
Gish, Mae
Marsh, Henry
B. Walthall, Miriam
Cooper, Mary
Alden, Ralph
Lewis, George
Siegmann, Walter
Long, Robert
Harron.