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el soldadito 1963
La segunda incursión en la dirección del crítico del cine francés Jean Luc Godard, tras su "ruidoso" debut con la algo sobrevalorada "Al final de la escapada (1959)", es esta reflexión, un tanto anárquica, sobre el conflicto-guerra colonial que detentaba encarnizadamente el país galo con Argelia, conflicto que poco después sería magistralmente retratado en la sensacional "La batalla de Argel" de Gillo Pontecorvo (la película definitiva sobre el asunto, que incide especialmente en el cambio de mentalidad convencional a la hora de afrontar la evolución del terrorismo internacional, para unos, actos reivindicativos, o de patriotismo, para otros). Precisamente por lo candente y delicado del asunto para las autoridades francesas (1960 marcada un punto álgido de tensión), la película no supera la censura, y no puede ser estrenada en salas comerciales hasta 1963, una vez suscritos los Acuerdos en la ciudad de Evian sobre la Autodeterminación de Argelia, de 18 de marzo de 1962. También esta película marcará un hito muy importante en la biografía y filmografía de Godard. Se trata de la entrada en ambos escenarios, de Anna Karina, modelo de origen danés, afincada en Francia, en la que será la primera colaboración profesional conjunta y en cuyo rodaje iniciaron un inevitable y tórrido romance, que perduró hasta diciembre de 1964, siendo la última película que rodarían, la obra maestra "Pierrot el loco (1965)".


el soldadito 1963

La película retrata la tensa historia, ambientada en Ginebra, ciudad natal de Godard, marco neutral, pero intenso, del espionaje internacional por la supremacía en la contienda de Argel. cuyo protagonista es Bruno Forestier (Michel Subor), un desertor del ejército francés, para quien ha terminado el tiempo de acción, comenzando el de la reflexión, tal y como afirma su voz en off al comienzo de la cinta. Forestier es captado como miembro de un comando antiterrorista financiado por un grupo Poujadista (grupo político de derecha, surgido en Francia en los años 50, vinculado a cierta clase media francesa, que se mostró clara y activamente antisocialista, anti-intelectual y anti-europeo y que potenciaron todo tipo de acciones para que Francia conservase Argelia), cuyos miembros, se dice, habían tenido micho éxito saboteando los intereses del Gobierno de Vichy (el famoso gobierno-títere, colaboracionista con los nazis), durante la Segunda Guerra Mundial en la Francia ocupada. Los miembros de dicho grupo le encargan al protagonista el asesinato político de un importante miembro de la resistencia Argelina, que está en la ciudad Suiza. Evidentemente, ese momento de la reflexión instalado en su vida, será determinante para no terminar de ser capaz de cometer el asesinato político que sus superiores le encargan.


el soldadito 1963

A lo largo de la trama, Forestier es hecho prisionero por miembros del FLN (Frente de liberación nacional, que luchaba por la independencia de Argel), quienes lo torturarán para extraerle información. El realizador, además de ser pionero en el tratamiento cinematográfico en el conflicto colonial referenciado, incide, de manera importante, en dos historias de amor, la de Bruno con Verónica Dreyer (Anna Karina), una joven nacida en Copenhague, de padres rusos, fusilados en la Segunda Guerra Mundial, que tiene un hermano estudiando teatro con Stanislavski. La otra historia de amor que capta la cámara de Godard, como acertadamente han apuntado escritores como el británico Colin MacCabe, es la del propio realizador con la joven actriz danesa. Esta apasionada historia, aparece expresada por el realizador de un modo nítido y contundente, a través de esos hermosos primeros planos de la joven, cuando es fotografiado por Forestier, o siendo filmada paseando, sonriendo, despertándose, tocándose el cabello, mirándose al espejo, besando etc. Godard capta con mucha fascinación la serena belleza de la joven, en medio de un mundo violento, atentados, castigos y venganzas. 


el soldadito 1963

Las referencias al conflicto político en cuestión son muy peculiares, pues no le tiembla el pulso al realizador a la hora de criticar a unos y a otros, pero no termina por implicarse políticamente, llegando a tratar el tema con cierta levedad, que no gustó nada a las autoridades galas. Godard, a través de ese personaje principal, abiertamente contradictorio, deja bien claro que los franceses poseían un ideal en la guerra contra los alemanes, no así en Argel. Por otro lado, para "el pequeño soldado" los árabes son perezosos. La secuencia de la tortura al protagonista, quien prefiere no rebelar nada a sus captores, más por lealtad a su país, por simple pose, está filmada con una absoluta banalidad, que evita intencionadamente el sobrecogimiento, causando una calculada indiferencia. Godard carece del compromiso político de Pontocorvo. Paradójicamente las excepción la encontramos al referirse a la guerra civil española, muy presente en las reflexiones del protagonista (extensión natural de las del realizador), expresadas de un modo bastante más apasionado, mitificando claramente al sector más republicano de la contienda, imbuido, como tantos otros intelectuales, por el romanticismo del ideal de dicho bando. Por otra parte, las referencias culturales, tan habituales en el cine de Godard, se suceden casi a la velocidad de la luz, y demuestran su erudición indiscutible, pero también cierta arrogancia a la hora de apreciar y despreciar, con aparente gratuidad, legítima por otro lado (es, al fin y al cabo su película) a unos iconos culturales frente a otros. Las citas se suceden desde Paul Klee, Gaudin, o Van Gogh, en la pintura, hasta Cocteau o Guirodoux, Malrouz, o Aragón, en la literatura; a Bach, Mozart o Beethoven en la música, o ciertas referencias cinéfilas, como mencionar a Raoul Coutard, el director de fotografía de la película, habitual realizador, al que Forestier nombra como su amigo, o al decirle al protagonista a Verónica que "La fotografía es la verdad y el cine son 24 verdades por segundo". 

el soldadito 1963

Probablemente para apreciar la complejidad y belleza del film sea necesario ser un incondicional de la manera de entender el cine de su autor, desde cuyo prisma, queda claro que es partidario de crear interrogantes...más que de otorgar respuestas, para las cuales, el director se remite, complacido, a la predispuesta mente del espectador, con quien interactúa. Se perciben en esta interesante obra, ciertas formas comunes a su debut. En particular ese empeño del directo-guionista por invertir la narración convencional, con una trama carente del habitual principio, desarrollo y final, o del habitual "conflicto", regla de oro en todo guión que se precie (cuyo cenit en su carrera sea, probablemente, la mencionada "Pierrot el loco"). Cierta mirada a la relación de pareja, los paseos de ambos protagonistas, esta vez no por un París luminoso, cosmopolita, sino por Ginebra un tanto claustrofóbica, recuerdan, como decíamos, a la emblemática ópera prima de un realizador discutible, pero apasionante a la vez, cuyas obras se extienden a los largo de 50 años de actividad.

Frase para recordar: 
"¿Tenía Verónica los ojos gris-Velázquez...o gris-Renoir?..
Tenía los ojos cansados...era gris Velázquez".

el soldadito 1963el soldadito 1963

Título original: Le petit soldat.

Director: Jean Luc Godard.

Intérpretes: Michel Subor, Anna Karina, Paul Beauvais, Henri-Jacques Huet.

Trailer: 









Información complementaria:
Anna Karina

Reseña escrita por Manuel García de Mesa.

EL SOLDADITO (1963). Un drama de Jeac Luc Godard.

el soldadito 1963
La segunda incursión en la dirección del crítico del cine francés Jean Luc Godard, tras su "ruidoso" debut con la algo sobrevalorada "Al final de la escapada (1959)", es esta reflexión, un tanto anárquica, sobre el conflicto-guerra colonial que detentaba encarnizadamente el país galo con Argelia, conflicto que poco después sería magistralmente retratado en la sensacional "La batalla de Argel" de Gillo Pontecorvo (la película definitiva sobre el asunto, que incide especialmente en el cambio de mentalidad convencional a la hora de afrontar la evolución del terrorismo internacional, para unos, actos reivindicativos, o de patriotismo, para otros). Precisamente por lo candente y delicado del asunto para las autoridades francesas (1960 marcada un punto álgido de tensión), la película no supera la censura, y no puede ser estrenada en salas comerciales hasta 1963, una vez suscritos los Acuerdos en la ciudad de Evian sobre la Autodeterminación de Argelia, de 18 de marzo de 1962. También esta película marcará un hito muy importante en la biografía y filmografía de Godard. Se trata de la entrada en ambos escenarios, de Anna Karina, modelo de origen danés, afincada en Francia, en la que será la primera colaboración profesional conjunta y en cuyo rodaje iniciaron un inevitable y tórrido romance, que perduró hasta diciembre de 1964, siendo la última película que rodarían, la obra maestra "Pierrot el loco (1965)".


el soldadito 1963

La película retrata la tensa historia, ambientada en Ginebra, ciudad natal de Godard, marco neutral, pero intenso, del espionaje internacional por la supremacía en la contienda de Argel. cuyo protagonista es Bruno Forestier (Michel Subor), un desertor del ejército francés, para quien ha terminado el tiempo de acción, comenzando el de la reflexión, tal y como afirma su voz en off al comienzo de la cinta. Forestier es captado como miembro de un comando antiterrorista financiado por un grupo Poujadista (grupo político de derecha, surgido en Francia en los años 50, vinculado a cierta clase media francesa, que se mostró clara y activamente antisocialista, anti-intelectual y anti-europeo y que potenciaron todo tipo de acciones para que Francia conservase Argelia), cuyos miembros, se dice, habían tenido micho éxito saboteando los intereses del Gobierno de Vichy (el famoso gobierno-títere, colaboracionista con los nazis), durante la Segunda Guerra Mundial en la Francia ocupada. Los miembros de dicho grupo le encargan al protagonista el asesinato político de un importante miembro de la resistencia Argelina, que está en la ciudad Suiza. Evidentemente, ese momento de la reflexión instalado en su vida, será determinante para no terminar de ser capaz de cometer el asesinato político que sus superiores le encargan.


el soldadito 1963

A lo largo de la trama, Forestier es hecho prisionero por miembros del FLN (Frente de liberación nacional, que luchaba por la independencia de Argel), quienes lo torturarán para extraerle información. El realizador, además de ser pionero en el tratamiento cinematográfico en el conflicto colonial referenciado, incide, de manera importante, en dos historias de amor, la de Bruno con Verónica Dreyer (Anna Karina), una joven nacida en Copenhague, de padres rusos, fusilados en la Segunda Guerra Mundial, que tiene un hermano estudiando teatro con Stanislavski. La otra historia de amor que capta la cámara de Godard, como acertadamente han apuntado escritores como el británico Colin MacCabe, es la del propio realizador con la joven actriz danesa. Esta apasionada historia, aparece expresada por el realizador de un modo nítido y contundente, a través de esos hermosos primeros planos de la joven, cuando es fotografiado por Forestier, o siendo filmada paseando, sonriendo, despertándose, tocándose el cabello, mirándose al espejo, besando etc. Godard capta con mucha fascinación la serena belleza de la joven, en medio de un mundo violento, atentados, castigos y venganzas. 


el soldadito 1963

Las referencias al conflicto político en cuestión son muy peculiares, pues no le tiembla el pulso al realizador a la hora de criticar a unos y a otros, pero no termina por implicarse políticamente, llegando a tratar el tema con cierta levedad, que no gustó nada a las autoridades galas. Godard, a través de ese personaje principal, abiertamente contradictorio, deja bien claro que los franceses poseían un ideal en la guerra contra los alemanes, no así en Argel. Por otro lado, para "el pequeño soldado" los árabes son perezosos. La secuencia de la tortura al protagonista, quien prefiere no rebelar nada a sus captores, más por lealtad a su país, por simple pose, está filmada con una absoluta banalidad, que evita intencionadamente el sobrecogimiento, causando una calculada indiferencia. Godard carece del compromiso político de Pontocorvo. Paradójicamente las excepción la encontramos al referirse a la guerra civil española, muy presente en las reflexiones del protagonista (extensión natural de las del realizador), expresadas de un modo bastante más apasionado, mitificando claramente al sector más republicano de la contienda, imbuido, como tantos otros intelectuales, por el romanticismo del ideal de dicho bando. Por otra parte, las referencias culturales, tan habituales en el cine de Godard, se suceden casi a la velocidad de la luz, y demuestran su erudición indiscutible, pero también cierta arrogancia a la hora de apreciar y despreciar, con aparente gratuidad, legítima por otro lado (es, al fin y al cabo su película) a unos iconos culturales frente a otros. Las citas se suceden desde Paul Klee, Gaudin, o Van Gogh, en la pintura, hasta Cocteau o Guirodoux, Malrouz, o Aragón, en la literatura; a Bach, Mozart o Beethoven en la música, o ciertas referencias cinéfilas, como mencionar a Raoul Coutard, el director de fotografía de la película, habitual realizador, al que Forestier nombra como su amigo, o al decirle al protagonista a Verónica que "La fotografía es la verdad y el cine son 24 verdades por segundo". 

el soldadito 1963

Probablemente para apreciar la complejidad y belleza del film sea necesario ser un incondicional de la manera de entender el cine de su autor, desde cuyo prisma, queda claro que es partidario de crear interrogantes...más que de otorgar respuestas, para las cuales, el director se remite, complacido, a la predispuesta mente del espectador, con quien interactúa. Se perciben en esta interesante obra, ciertas formas comunes a su debut. En particular ese empeño del directo-guionista por invertir la narración convencional, con una trama carente del habitual principio, desarrollo y final, o del habitual "conflicto", regla de oro en todo guión que se precie (cuyo cenit en su carrera sea, probablemente, la mencionada "Pierrot el loco"). Cierta mirada a la relación de pareja, los paseos de ambos protagonistas, esta vez no por un París luminoso, cosmopolita, sino por Ginebra un tanto claustrofóbica, recuerdan, como decíamos, a la emblemática ópera prima de un realizador discutible, pero apasionante a la vez, cuyas obras se extienden a los largo de 50 años de actividad.

Frase para recordar: 
"¿Tenía Verónica los ojos gris-Velázquez...o gris-Renoir?..
Tenía los ojos cansados...era gris Velázquez".

el soldadito 1963el soldadito 1963

Título original: Le petit soldat.

Director: Jean Luc Godard.

Intérpretes: Michel Subor, Anna Karina, Paul Beauvais, Henri-Jacques Huet.

Trailer: 









Información complementaria:
Anna Karina

Reseña escrita por Manuel García de Mesa.

El debut tras las cámaras del cinéfilo y crítico de cine, François Truffaut tuvo lugar con este drama costumbrista parisinos de tintes neorrealistas, que vio la luz en unos tiempos fundamentales para el cine galo, entre la frenética e inspirada actividad de un grupo de cineastas destinados a ser la punta de lanza, que, o debutaban o realizaban obras decididamente emblemáticas. Así, por ejemplo, Alain Resnai se iniciaba con la poética y sensitiva "Hisroshima, mon amour (1959)", Chabrol realizaba su segunda obra, "Los primos (1959), Godard preparaba el retrato de amour fou en su opera prima, "Al final de la escapada (1959)" y George Franju, fuera de la onda de los anteriores, desde su independencia, estaba a punto de sorprender con su fatalista y dramático relato de terror, "Ojos sin rostro (1960)". La historia del adolescente Antoine Doinel es en gran parte, la historia de Truffaut. Adolescente conflictivo, no buen estudiante, dice mentiras, hace novillos, le encanta leer, perderse en una sala de cine, estuvo detenido y es un correccional. En un primer momento, la idea era realizar una serie de sketches, inspirados en retazos, cuan motivos pictóricos, de la adolescencia del personaje central. Poco a poco fue cobrando cuerpo la idea de hacer un largometraje. Para distanciarse un poco del personaje, Truffaut llamó a Marcel Moussy, escritor y guionista, con quien le dio la forma cuasidefinitiva al guión. El título inicial, "La fuga de Antoine, finalmente se convirtió en "Los cuatrocientos golpes", expresión francesa que podría traducirse como las mil y una, en clara alusión a todas la travesuras que realiza el joven Antoine a los largo de la cinta.

los 400 golpes 1959

Entre septiembre y octubre de 1958, Truffaut, como consecuencia de un anuncio en prensa, realizó centenares de audiciones a jóvenes actores. Jean Pierre Léaud, hijo de la actriz Jacqueline Pierreuz, fue sin lugar a dudas, la elección más nítida...el paso del tiempo le da la razón. El joven poseía tanto talento y personalidad, que se rescribieron algunas partes del guión para adaptarlas a sus peculiaridades. Al final, Truffaut diría que el personaje de Antoine no sólo es autobiográfico, sino que realmente es un híbrido entre el joven Jean Pierre y él. El primer día de rodaje, el 10 de noviembre de 1958, fallece de leucemia y con 40 años, André Nazin, "padre adoptivo" de Truffaut, fundador de la prestigiosa revista Cahiers Du Cinema, donde comenzaron escribiendo reseñas críticas los cineastas que pasarían a integrar la denominada Nouvelle Vague, o nueva ola, etiqueta inventada en 1958 por el periodista François Girous, en un articulo de la revista L´express para referirse a los jóvenes directores sin formación, aficionados al cine, que se financiaban de modo privado, al margen de la corrientes tradicionales del cine francés.

los 400 golpes 1959

 Bazín fue también el autor del libro referencia ¿Qué es el cine? (Editado en España por libros de cine Rialp, 1990). La opera prima de Truffaut, está dedicada a André Bazin. Un rodaje rápido, que recorre París, especialmente en la zona de la loma de Montmatre, y el 4 de mayo de 1959 se presentó en el festival de Cannes, donde compitió por la Palma de Oro con la mencionada obra de Resnais, ganándola, con una acogida enorme, escenificada al ser levantado en volandas el joven Jean Pierre por parte de los asistentes. Rápidamente se entrenó en la cartelera francesa, con una gran acogida, convirtiéndose rápidamente en un fenómeno mundial. entronando a Truffaut como el abanderado de la vanguardia francesa del momento, la mencionada Neuvelle Vague. La juventud se apoderó de los cines con cierto ahínco reivindicativo para ver las aventuras del joven rebelde Antoine Donel. Desde los créditos de la película, Truffaut deja muy claro que rinde un canto de amor a la ciudad de la luz. La cámara en contrapicado, recorre las calles de la ciudad sin perder de vista la emblemática Torre Eiffel mientras ilustra los créditos. Empieza la película y asistimos a la rutina vital del joven Antoine.

los 400 golpes 1959

La cámara de Truffaut se planta en el aula, en medio de una clase, donde los profesores son muy rigidos e intolerantes, y el joven se muestra incorregible e indomable; también lo vemos en su casa, en su estrecho apartamento, donde vive con sus padres. Su madre, joven y guapa, que tiene un affaire extramatrimonial, le abronca mucho y le reprocha a su esposo su tolerancia con el joven. Está claramente insatisfecha y hastiada. Su padre, adoptivo, no biológico (le dio su apellido), quiere ser más su amigo que su progenitor, sin terminar de llegar hasta él. Antoine, sin rumbo fijo, sin identidad, deambula por las calles de París, en compañía de su inseparable Pierre, otro joven sin un concreto devenir, de familia más pudiente que la de Antoine. En este recorrido entre realista y documentalista, una de las características que definirían al cine de la nouvelle vague está a flor de piel, es decir, la cámara se resiste a los interiores y se expande, sale a la calle y retrata las plazas, fuentes, los gentes, los parques de atracciones, los carteles de los cines, donde las referencias cinéfilas son de los más variadas. Merece la pena destacar, cómo los dos niños roban en un cine, en el sensual fotograma de Harriet Anderson en "Un verano con Mónica (1953)", de Ingmar Bergman, la película del maestro sueco, que tanto gustó a los jóvenes cineastas franceses. En un parque de atracciones, en una especie de tiovivo, cuya fuerza centrífuga es tan intensa que permite estar con los pies elevados del suelo, Truffaut hace un particular cameo, en términos similares a los de su admirado Alfred Hitchcock en sus obras. 

los 400 golpes 1959

La película funciona enormemente como un drama social y familiar, con estupendos tintes de comedia, pero también como crítica al sistema policial y judicial, pues en el último tercio de la cinta, asistimos al amargo y conmovedor proceso de conversión del niño en carne del sistema. El periplo comienza al ser conducido por su propio padre a la comisaria de policía, por robar una máquina de escribir. Allí se le toma declaración sin la presencia de su progenitor, que charla con el comisario en la sala contigua, y sin la presencia de abogado alguno. Seguidamente se le hace firmar la declaración, sin leerla, que el propio agente ha redactado con sus propias palabras, algunas de las cuales el niño ni comprende. Se le despoja de sus cosas, de los cordones de sus zapatos, del cinturón, y se le encierra en una celda, con mayores de edad, hasta el día siguiente. Se le conduce a disposición judicial, donde su madre le pide expresamente al juez que ejerza la autoridad que ni ella ni su esposo tienen ya con él. Se toma la decisión de enviarle a un centro de observación, donde educadores y asistentes sociales redactan sus informes, y se trata de organizar una respuesta educativa sobre su incontrolado comportamiento, con el que el joven claramente reclama atención. La sensibilidad y emotividad del realizador y la complicidad del joven actor, alcanzan una fusión magistral en este icono del séptimo arte, al que apetece volver una y otra vez. François Truffaut y el actor-personaje Jean Pierre Léaud-Antoine Donel, madurarían y crecerían juntos como cineastas, compartiendo futuras aventuras. Primero con el corto "Antoine et Colette (1962)", integrado en el largometraje colectivo "Amor a los veinte años (1962)" de Shintaro Ishihara, Marcel Ophüls, Renzo Rossellini, François Truffaut y Andre Wajda, para ir recontrándose en el paso de los años en los largometrajes "Besos robados (1962)", "Domicilio Conyugal (1970)" y "Amor en fuga (1979)".

Frase para recordar: "Miento de vez en cuando, supongo, a veces digo la verdad y no me creen, así que prefiero mentir".

Frase de François Truffaut: "Contrariamente a lo que se ha publicado en la prensa desde el festival de Cannes, "Los cuatrocientos golpes" no es un film autobiográfico. Uno no hace un flim solo, y si yo solamente hubiera querido poner en escena mi adolescencia, no le habría pedido a Marcel Moussy que colaborara en el guión ni que redactara los diálogos. Si el joven Antoine Doinel se parece a veces al adolescente turbulento que fui, sus padres no se parecen en nada a los míos, que fueron excelentes".

los 400 golpes 1959los 400 golpes 1959

Título original: Les quatre cents coups.

Director: François Truffaut.

Intérpretes: Jean-Pierre Léaud, Claire Maurier, Alber Rémy, Guy Decomble.

Trailer: 


Escena: 



Información complementaria:
Jean-Pierre Léaud.

Reseña escrita por Manuel García de Mesa.

LOS CUATROCIENTOS GOLPES (1959). La ópera prima de Truffaut.

El debut tras las cámaras del cinéfilo y crítico de cine, François Truffaut tuvo lugar con este drama costumbrista parisinos de tintes neorrealistas, que vio la luz en unos tiempos fundamentales para el cine galo, entre la frenética e inspirada actividad de un grupo de cineastas destinados a ser la punta de lanza, que, o debutaban o realizaban obras decididamente emblemáticas. Así, por ejemplo, Alain Resnai se iniciaba con la poética y sensitiva "Hisroshima, mon amour (1959)", Chabrol realizaba su segunda obra, "Los primos (1959), Godard preparaba el retrato de amour fou en su opera prima, "Al final de la escapada (1959)" y George Franju, fuera de la onda de los anteriores, desde su independencia, estaba a punto de sorprender con su fatalista y dramático relato de terror, "Ojos sin rostro (1960)". La historia del adolescente Antoine Doinel es en gran parte, la historia de Truffaut. Adolescente conflictivo, no buen estudiante, dice mentiras, hace novillos, le encanta leer, perderse en una sala de cine, estuvo detenido y es un correccional. En un primer momento, la idea era realizar una serie de sketches, inspirados en retazos, cuan motivos pictóricos, de la adolescencia del personaje central. Poco a poco fue cobrando cuerpo la idea de hacer un largometraje. Para distanciarse un poco del personaje, Truffaut llamó a Marcel Moussy, escritor y guionista, con quien le dio la forma cuasidefinitiva al guión. El título inicial, "La fuga de Antoine, finalmente se convirtió en "Los cuatrocientos golpes", expresión francesa que podría traducirse como las mil y una, en clara alusión a todas la travesuras que realiza el joven Antoine a los largo de la cinta.

los 400 golpes 1959

Entre septiembre y octubre de 1958, Truffaut, como consecuencia de un anuncio en prensa, realizó centenares de audiciones a jóvenes actores. Jean Pierre Léaud, hijo de la actriz Jacqueline Pierreuz, fue sin lugar a dudas, la elección más nítida...el paso del tiempo le da la razón. El joven poseía tanto talento y personalidad, que se rescribieron algunas partes del guión para adaptarlas a sus peculiaridades. Al final, Truffaut diría que el personaje de Antoine no sólo es autobiográfico, sino que realmente es un híbrido entre el joven Jean Pierre y él. El primer día de rodaje, el 10 de noviembre de 1958, fallece de leucemia y con 40 años, André Nazin, "padre adoptivo" de Truffaut, fundador de la prestigiosa revista Cahiers Du Cinema, donde comenzaron escribiendo reseñas críticas los cineastas que pasarían a integrar la denominada Nouvelle Vague, o nueva ola, etiqueta inventada en 1958 por el periodista François Girous, en un articulo de la revista L´express para referirse a los jóvenes directores sin formación, aficionados al cine, que se financiaban de modo privado, al margen de la corrientes tradicionales del cine francés.

los 400 golpes 1959

 Bazín fue también el autor del libro referencia ¿Qué es el cine? (Editado en España por libros de cine Rialp, 1990). La opera prima de Truffaut, está dedicada a André Bazin. Un rodaje rápido, que recorre París, especialmente en la zona de la loma de Montmatre, y el 4 de mayo de 1959 se presentó en el festival de Cannes, donde compitió por la Palma de Oro con la mencionada obra de Resnais, ganándola, con una acogida enorme, escenificada al ser levantado en volandas el joven Jean Pierre por parte de los asistentes. Rápidamente se entrenó en la cartelera francesa, con una gran acogida, convirtiéndose rápidamente en un fenómeno mundial. entronando a Truffaut como el abanderado de la vanguardia francesa del momento, la mencionada Neuvelle Vague. La juventud se apoderó de los cines con cierto ahínco reivindicativo para ver las aventuras del joven rebelde Antoine Donel. Desde los créditos de la película, Truffaut deja muy claro que rinde un canto de amor a la ciudad de la luz. La cámara en contrapicado, recorre las calles de la ciudad sin perder de vista la emblemática Torre Eiffel mientras ilustra los créditos. Empieza la película y asistimos a la rutina vital del joven Antoine.

los 400 golpes 1959

La cámara de Truffaut se planta en el aula, en medio de una clase, donde los profesores son muy rigidos e intolerantes, y el joven se muestra incorregible e indomable; también lo vemos en su casa, en su estrecho apartamento, donde vive con sus padres. Su madre, joven y guapa, que tiene un affaire extramatrimonial, le abronca mucho y le reprocha a su esposo su tolerancia con el joven. Está claramente insatisfecha y hastiada. Su padre, adoptivo, no biológico (le dio su apellido), quiere ser más su amigo que su progenitor, sin terminar de llegar hasta él. Antoine, sin rumbo fijo, sin identidad, deambula por las calles de París, en compañía de su inseparable Pierre, otro joven sin un concreto devenir, de familia más pudiente que la de Antoine. En este recorrido entre realista y documentalista, una de las características que definirían al cine de la nouvelle vague está a flor de piel, es decir, la cámara se resiste a los interiores y se expande, sale a la calle y retrata las plazas, fuentes, los gentes, los parques de atracciones, los carteles de los cines, donde las referencias cinéfilas son de los más variadas. Merece la pena destacar, cómo los dos niños roban en un cine, en el sensual fotograma de Harriet Anderson en "Un verano con Mónica (1953)", de Ingmar Bergman, la película del maestro sueco, que tanto gustó a los jóvenes cineastas franceses. En un parque de atracciones, en una especie de tiovivo, cuya fuerza centrífuga es tan intensa que permite estar con los pies elevados del suelo, Truffaut hace un particular cameo, en términos similares a los de su admirado Alfred Hitchcock en sus obras. 

los 400 golpes 1959

La película funciona enormemente como un drama social y familiar, con estupendos tintes de comedia, pero también como crítica al sistema policial y judicial, pues en el último tercio de la cinta, asistimos al amargo y conmovedor proceso de conversión del niño en carne del sistema. El periplo comienza al ser conducido por su propio padre a la comisaria de policía, por robar una máquina de escribir. Allí se le toma declaración sin la presencia de su progenitor, que charla con el comisario en la sala contigua, y sin la presencia de abogado alguno. Seguidamente se le hace firmar la declaración, sin leerla, que el propio agente ha redactado con sus propias palabras, algunas de las cuales el niño ni comprende. Se le despoja de sus cosas, de los cordones de sus zapatos, del cinturón, y se le encierra en una celda, con mayores de edad, hasta el día siguiente. Se le conduce a disposición judicial, donde su madre le pide expresamente al juez que ejerza la autoridad que ni ella ni su esposo tienen ya con él. Se toma la decisión de enviarle a un centro de observación, donde educadores y asistentes sociales redactan sus informes, y se trata de organizar una respuesta educativa sobre su incontrolado comportamiento, con el que el joven claramente reclama atención. La sensibilidad y emotividad del realizador y la complicidad del joven actor, alcanzan una fusión magistral en este icono del séptimo arte, al que apetece volver una y otra vez. François Truffaut y el actor-personaje Jean Pierre Léaud-Antoine Donel, madurarían y crecerían juntos como cineastas, compartiendo futuras aventuras. Primero con el corto "Antoine et Colette (1962)", integrado en el largometraje colectivo "Amor a los veinte años (1962)" de Shintaro Ishihara, Marcel Ophüls, Renzo Rossellini, François Truffaut y Andre Wajda, para ir recontrándose en el paso de los años en los largometrajes "Besos robados (1962)", "Domicilio Conyugal (1970)" y "Amor en fuga (1979)".

Frase para recordar: "Miento de vez en cuando, supongo, a veces digo la verdad y no me creen, así que prefiero mentir".

Frase de François Truffaut: "Contrariamente a lo que se ha publicado en la prensa desde el festival de Cannes, "Los cuatrocientos golpes" no es un film autobiográfico. Uno no hace un flim solo, y si yo solamente hubiera querido poner en escena mi adolescencia, no le habría pedido a Marcel Moussy que colaborara en el guión ni que redactara los diálogos. Si el joven Antoine Doinel se parece a veces al adolescente turbulento que fui, sus padres no se parecen en nada a los míos, que fueron excelentes".

los 400 golpes 1959los 400 golpes 1959

Título original: Les quatre cents coups.

Director: François Truffaut.

Intérpretes: Jean-Pierre Léaud, Claire Maurier, Alber Rémy, Guy Decomble.

Trailer: 


Escena: 



Información complementaria:
Jean-Pierre Léaud.

Reseña escrita por Manuel García de Mesa.

el desprecio
Con la erudición cinéfila y literaria a las que nos tiene acostumbrados desde su clamoroso debut con "Al final de la escapada (1960)", el realizador más emblemático de la "nouvelle vague", en su cuarta película, nos propone de un modo más lineal (desde el punto de vista narrativo) que en otras ocasiones, una apasionante reflexión acerca de la integridad a la hora de hacer cine y al mismo tiempo un desgarrador retrato sobre un matrimonio en descomposición debido al repentino desprecio que siente ella por él. Se trata de la pareja formada por el escritor y guionista Paul Javal (excelente Michel Piccoli) y su joven esposa Camille (una sensual Brigitte Bardot, fotogénico exponente de la belleza en estado puro, que supo reconducir Godard de una manera muy especial hacia sus intereses y objetivos). Un ejercicio sin duda doloroso para el realizador francés, pues, pese a que el guión parte de un texto de Alberto Moravia, aquél pasaba por un trance similar con su musa en pantalla y fuera de ella, Anna Karina, que cristalizaría en el anuncio del divorcio en diciembre de 1964. El rodaje de una adaptación de "La Odisea" de Homero en Cinecittá y en la isla de Capri, dirigida por Fritz Lang, configura el marco en el que se mueven los personajes de esta sensacional película, dividida en tres piezas claramente delimitadas y subrayadas por la excelente banda sonora de George Delerue, que constituye otro acto de amor de Godard hacia aquellos maestros que realizaron importantes obras para el cine estadounidense en la década anterior y que en los años 60 del siglo XX mal vivían en una industria que se venía abajo, devorada por la televisión (esos realizadores están perfectamente representados por la figura del anciano Fritz Lang).

el desprecio

El primer tercio muestra el conflicto de la historia. Comienza con una excelente secuencia que recorre el escultural cuerpo de Camille (filmada, curiosamente, a instancia del productor estadounidense Joseph E. Levine, pero de atinado encaje en el engranje del film) quien le pregunta a su esposo si ama cada parte de su escultural cuerpo. Pasamos a los estudios del cine "Cinecittá" de Roma, donde se pone en relieve la autenticidad de un director que nada tiene que demostrar (sensacional Fritz Lang, interpretándose a sí mismo). El descontento del productor estadounidense Jeremy Prokosch (Jack Palance) con el metraje filmado por el maestro alemán, no sólo provocará una violenta discusión entre ambos, sino el fichaje de Paul, escritor teatral en horas bajas, para que organice una reescritura del guión, cosa que acepta exclusivamente por un suculento cheque (el productor lo extiende despóticamente sobre la espalda inclinada de una de sus bellas asistentes después de afirmar "cuando oigo la palabra cultura saco mi talonario de cheques"), que le permitirá terminar de pagar el apartamento que comparte con su preciosa mujer.

el desprecio

El arte sucumbe ante el poder del capital, sin la menos integridad. Prokosch comenzará por interesarse por Camille, la cual espera una reacción de su esposo que no termina por llegar, lo que genera un fatal desencanto en la joven, que se sentirá "entregada" al todopoderoso productor estadounidense. El segundo bloque transcurre en el apartamento del matrimonio Javal, donde Godard muestra de un modo magistral el desdén de Camille hacia su esposo y el profundo desamor que ya siente hacia él. El uso del color (la toalla blanca que le envuelve a él, al modo romano, la roja que la envuelve a ella, el contraste entre los tonos que invaden el mobiliario del piso), de los espacios (el tránsito de los actores de una habitación a otra, donde se juega de manera precisa con la entrada y salida de ambos del encuadre), de los diálogos, la naturalidad de los actores...convierte a este acto en una especie de operístico punto de vista de la ruptura sentimental.

el desprecio

El tercer segmento tiene lugar en la isla de Capri. En ella se encuentra la Villa Malaparte, la mansión del productor norteamericano. La disposición arquitectónica de la edificación y en particular las inmensas escaleras de acceso a la diáfana azotea, con vistas hacia al mar y al horizonte, la convierten en una especie de "pila funeraria" del cine y del amor verdadero. En este tercer segmento confluyen la infidelidad de Camille, que precede a la muerte de ésta y Jeremy en un accidente de tráfico. Tal circunstancia permitirá a Lang terminar de rodar en plena libertad creativa, su visión del viaje de Ulises. Será precisamente una secuencia de rodaje la que pondrá fin a este visión crepuscular del cine, enraizada con el cuestionamiento de los mitos-pilares de la civilización occidental.

Frase para recordar: "Cada mañana para ganarme el pan voy al mercado, donde venden mentiras y, lleno de esperanza, hago cola junto a otros vendedores...".

el desprecioel desprecio

Título original: Le Mépris.

Director: Jean Luc Godard.

Intérpretes: Brigitte Bardot, Jack Palance, Michel Piccoli, Fritz Lang, Georgia Moll.

Trailer: 



B.S.O.: 



Información complementaria:
Brigitte Bardot

Reseña escrita por Manuel García de Mesa

EL DESPRECIO (1963). Un clásico de Jean Luc Godard.

el desprecio
Con la erudición cinéfila y literaria a las que nos tiene acostumbrados desde su clamoroso debut con "Al final de la escapada (1960)", el realizador más emblemático de la "nouvelle vague", en su cuarta película, nos propone de un modo más lineal (desde el punto de vista narrativo) que en otras ocasiones, una apasionante reflexión acerca de la integridad a la hora de hacer cine y al mismo tiempo un desgarrador retrato sobre un matrimonio en descomposición debido al repentino desprecio que siente ella por él. Se trata de la pareja formada por el escritor y guionista Paul Javal (excelente Michel Piccoli) y su joven esposa Camille (una sensual Brigitte Bardot, fotogénico exponente de la belleza en estado puro, que supo reconducir Godard de una manera muy especial hacia sus intereses y objetivos). Un ejercicio sin duda doloroso para el realizador francés, pues, pese a que el guión parte de un texto de Alberto Moravia, aquél pasaba por un trance similar con su musa en pantalla y fuera de ella, Anna Karina, que cristalizaría en el anuncio del divorcio en diciembre de 1964. El rodaje de una adaptación de "La Odisea" de Homero en Cinecittá y en la isla de Capri, dirigida por Fritz Lang, configura el marco en el que se mueven los personajes de esta sensacional película, dividida en tres piezas claramente delimitadas y subrayadas por la excelente banda sonora de George Delerue, que constituye otro acto de amor de Godard hacia aquellos maestros que realizaron importantes obras para el cine estadounidense en la década anterior y que en los años 60 del siglo XX mal vivían en una industria que se venía abajo, devorada por la televisión (esos realizadores están perfectamente representados por la figura del anciano Fritz Lang).

el desprecio

El primer tercio muestra el conflicto de la historia. Comienza con una excelente secuencia que recorre el escultural cuerpo de Camille (filmada, curiosamente, a instancia del productor estadounidense Joseph E. Levine, pero de atinado encaje en el engranje del film) quien le pregunta a su esposo si ama cada parte de su escultural cuerpo. Pasamos a los estudios del cine "Cinecittá" de Roma, donde se pone en relieve la autenticidad de un director que nada tiene que demostrar (sensacional Fritz Lang, interpretándose a sí mismo). El descontento del productor estadounidense Jeremy Prokosch (Jack Palance) con el metraje filmado por el maestro alemán, no sólo provocará una violenta discusión entre ambos, sino el fichaje de Paul, escritor teatral en horas bajas, para que organice una reescritura del guión, cosa que acepta exclusivamente por un suculento cheque (el productor lo extiende despóticamente sobre la espalda inclinada de una de sus bellas asistentes después de afirmar "cuando oigo la palabra cultura saco mi talonario de cheques"), que le permitirá terminar de pagar el apartamento que comparte con su preciosa mujer.

el desprecio

El arte sucumbe ante el poder del capital, sin la menos integridad. Prokosch comenzará por interesarse por Camille, la cual espera una reacción de su esposo que no termina por llegar, lo que genera un fatal desencanto en la joven, que se sentirá "entregada" al todopoderoso productor estadounidense. El segundo bloque transcurre en el apartamento del matrimonio Javal, donde Godard muestra de un modo magistral el desdén de Camille hacia su esposo y el profundo desamor que ya siente hacia él. El uso del color (la toalla blanca que le envuelve a él, al modo romano, la roja que la envuelve a ella, el contraste entre los tonos que invaden el mobiliario del piso), de los espacios (el tránsito de los actores de una habitación a otra, donde se juega de manera precisa con la entrada y salida de ambos del encuadre), de los diálogos, la naturalidad de los actores...convierte a este acto en una especie de operístico punto de vista de la ruptura sentimental.

el desprecio

El tercer segmento tiene lugar en la isla de Capri. En ella se encuentra la Villa Malaparte, la mansión del productor norteamericano. La disposición arquitectónica de la edificación y en particular las inmensas escaleras de acceso a la diáfana azotea, con vistas hacia al mar y al horizonte, la convierten en una especie de "pila funeraria" del cine y del amor verdadero. En este tercer segmento confluyen la infidelidad de Camille, que precede a la muerte de ésta y Jeremy en un accidente de tráfico. Tal circunstancia permitirá a Lang terminar de rodar en plena libertad creativa, su visión del viaje de Ulises. Será precisamente una secuencia de rodaje la que pondrá fin a este visión crepuscular del cine, enraizada con el cuestionamiento de los mitos-pilares de la civilización occidental.

Frase para recordar: "Cada mañana para ganarme el pan voy al mercado, donde venden mentiras y, lleno de esperanza, hago cola junto a otros vendedores...".

el desprecioel desprecio

Título original: Le Mépris.

Director: Jean Luc Godard.

Intérpretes: Brigitte Bardot, Jack Palance, Michel Piccoli, Fritz Lang, Georgia Moll.

Trailer: 



B.S.O.: 



Información complementaria:
Brigitte Bardot

Reseña escrita por Manuel García de Mesa

al final de la escapada
Si algo hay que destacar en esta ópera prima de Jean-Luc Godard es que fue un título clave en la revolución del cine francés de los finales de los cincuenta y principios de los sesenta con la aplicación del denominado estilo "Nouvelle vague", un movimiento cinematográfico conocido por la total libertad creativa de sus propulsores que buscaban un tipo de cine alejado del ámbito convencional y comercial. Planos largos de eternos diálogos acompañados de piezas musicales jazzista y un montaje brusco caracterizarían esta obra de Godarg que junto la colaboración del también galo François Truffaut (pionero de esta ola cinematográfica francesa) gozarían de una buena acogida entre los festivales europeos que participaron. La carencia de un consistente guión (un sencillo argumento basado en la relación de un delincuente bastante caradura y una insegura y confusa americana con aspiración a ser escritora) y la escasez presupuestaria destinada a la realización de esta obra sería suplida, a parte de la original manera de presentarnos el film apoyado en la improvisación (la mayoría de las escenas fueron narradas sobre la marcha), por el carisma de su pareja protagonista y es que el magnetismo del considerado "hombre más feo del cine francés", Jean- Paul Belmondo (actor que ganaría popularidad gracias a la interpretación en este film) junto a la agradable presencia de la angelical Jean Seberg (por entonces conocida por su  participación en el cine de Otto Preminger en la biográfica "Santa Juana (1957)" y el drama "Buenos días, tristeza (1958)") nos harían olvidar del verdadero sentido de la historia. De sus escenas más conocidas hago mención la larguísima secuencia de Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg charlando en la cama, un momento quizás para muchos algo pesado pero perdonable gracias a la indudable química desprendida por ambos actores. Como curiosidad, un tercera parte del presupuesto de esta obra fue destinado a pagar el sueldo de la mencionada Jean Seberg.

Frase para recordar: "¿Cuál es su mayor ambición en la vida? Llegar a ser inmortal y después morir".

al final de la escapada


Título original: A bout de souffle.

Director:  Jean-Luc Godard

Intérpretes: Jean- Paul Belmondo, Jean Seberg, Daniel Boulanger, Roger Hanin.

Trailer: 



Información complementaria:
Jean- Paul Belmondo

Reseña escrita por Jesús Fariña 


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AL FINAL DE LA ESCAPADA (1960). La ópera prima de Jean-Luc Godard.

al final de la escapada
Si algo hay que destacar en esta ópera prima de Jean-Luc Godard es que fue un título clave en la revolución del cine francés de los finales de los cincuenta y principios de los sesenta con la aplicación del denominado estilo "Nouvelle vague", un movimiento cinematográfico conocido por la total libertad creativa de sus propulsores que buscaban un tipo de cine alejado del ámbito convencional y comercial. Planos largos de eternos diálogos acompañados de piezas musicales jazzista y un montaje brusco caracterizarían esta obra de Godarg que junto la colaboración del también galo François Truffaut (pionero de esta ola cinematográfica francesa) gozarían de una buena acogida entre los festivales europeos que participaron. La carencia de un consistente guión (un sencillo argumento basado en la relación de un delincuente bastante caradura y una insegura y confusa americana con aspiración a ser escritora) y la escasez presupuestaria destinada a la realización de esta obra sería suplida, a parte de la original manera de presentarnos el film apoyado en la improvisación (la mayoría de las escenas fueron narradas sobre la marcha), por el carisma de su pareja protagonista y es que el magnetismo del considerado "hombre más feo del cine francés", Jean- Paul Belmondo (actor que ganaría popularidad gracias a la interpretación en este film) junto a la agradable presencia de la angelical Jean Seberg (por entonces conocida por su  participación en el cine de Otto Preminger en la biográfica "Santa Juana (1957)" y el drama "Buenos días, tristeza (1958)") nos harían olvidar del verdadero sentido de la historia. De sus escenas más conocidas hago mención la larguísima secuencia de Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg charlando en la cama, un momento quizás para muchos algo pesado pero perdonable gracias a la indudable química desprendida por ambos actores. Como curiosidad, un tercera parte del presupuesto de esta obra fue destinado a pagar el sueldo de la mencionada Jean Seberg.

Frase para recordar: "¿Cuál es su mayor ambición en la vida? Llegar a ser inmortal y después morir".

al final de la escapada


Título original: A bout de souffle.

Director:  Jean-Luc Godard

Intérpretes: Jean- Paul Belmondo, Jean Seberg, Daniel Boulanger, Roger Hanin.

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Información complementaria:
Jean- Paul Belmondo

Reseña escrita por Jesús Fariña 


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