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June Buckridge es la estrella de un serial televisivo en el que encarna a la simpática y apacible Hermana George. El mundo se le desploma encima cuando advierte que su personaje va a ser "asesinado" en la serie mientras una ambiciosa productora le arrebata a su joven amante.

Robert Aldrich aparca momentáneamente la violencia física que preside muchos de sus filmes para abordar, como ya hizo con "El gran cuchillo (1955)" o "¿Qué fue de Baby Jane? (1962)" la violencia psicológica. Esta vez, el vehículo es la adaptación de una cruda obra teatral que nos muestra sin medias tintas el contraste del personaje principal magníficamente interpretado por Beryl Reid, que en su vida cotidiana es la antítesis del pacífico personaje que interpreta en televisión. El entorno en el que se mueve es algo parecido a un campo de minas, con una relación inestable con una mujer mucho mas joven que ella y un equipo de rodaje que ha decidido deshacerse de ella de una vez por todas.

Rodada integramente en Inglaterra, The Killing Of Sister George plantea una mirada despiadada sobre la rivalidad tanto sexual como profesional que la protagonista trata de afrontar inútilmente. Su tiempo ha pasado y sólo le espera la soledad del armario de los juguetes rotos. Su puesto será ocupado por alguien mas acorde con los nuevos tiempos y cuando finalmente Mercy Croft, interpretada magistralmente por Coral Browne, esposa de Vincent Price, le arrebate a su pareja sólo le quedará la opción de llorar y mugir como una vaca en uno de los finales mas desgarradores que puedan contemplarse en una pantalla.

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Sobre estas actuaciones y sin olvidar a una joven Susannah York, Aldrich se apoya cómodamente para filmar la desintegración del universo de la protagonista a la cual nos ha mostrado previamente de una forma implacable: masculina, insegura y egoísta. Aún así, no podemos evitar sentir lástima por el expolio tanto emocional como profesional de la que es objeto y que en ocasiones, nos remite al tono crepuscular de Peckinpah, otro especialista en retratar personajes cuya era ha terminado y sin un lugar concreto en el que refugiarse.

El papel de June fue ofrecido y rechazado por Bette Davis y Angela Lansbury siendo finalmente la ya veterana Beryl Reid quien se atrevió con este personaje atormentado y desagradable, dándole una verosimilitud impresionante (solo hay que ver la forma en que sienta y enciende un pitillo) y que es clave para el impacto que produce la película.

El film no consiguió recaudar suficiente para cubrir sus elevados costes pero a cambio, obtuvo el certificado X de clasificación moral que precisamente se instituyó durante el rodaje de la película. También es mala suerte.

el-asesinato-de-la-hermana-george

Título original: The Killing of Sister George.

Director: Robert Aldrich.

Intérpretes: Beryl Reid, Susannah York, Coral Browne, Ronald Fraser, Patricia Medina, Cyril Delevanti, Elaine Church.

Escena:


B.S.O.:


Reseña escrita por George Suckelectronic

EL ASESINATO DE LA HERMANA GEORGE (1969). Crónica del fracaso.

el-asesinato-de-la-hermana-george
June Buckridge es la estrella de un serial televisivo en el que encarna a la simpática y apacible Hermana George. El mundo se le desploma encima cuando advierte que su personaje va a ser "asesinado" en la serie mientras una ambiciosa productora le arrebata a su joven amante.

Robert Aldrich aparca momentáneamente la violencia física que preside muchos de sus filmes para abordar, como ya hizo con "El gran cuchillo (1955)" o "¿Qué fue de Baby Jane? (1962)" la violencia psicológica. Esta vez, el vehículo es la adaptación de una cruda obra teatral que nos muestra sin medias tintas el contraste del personaje principal magníficamente interpretado por Beryl Reid, que en su vida cotidiana es la antítesis del pacífico personaje que interpreta en televisión. El entorno en el que se mueve es algo parecido a un campo de minas, con una relación inestable con una mujer mucho mas joven que ella y un equipo de rodaje que ha decidido deshacerse de ella de una vez por todas.

Rodada integramente en Inglaterra, The Killing Of Sister George plantea una mirada despiadada sobre la rivalidad tanto sexual como profesional que la protagonista trata de afrontar inútilmente. Su tiempo ha pasado y sólo le espera la soledad del armario de los juguetes rotos. Su puesto será ocupado por alguien mas acorde con los nuevos tiempos y cuando finalmente Mercy Croft, interpretada magistralmente por Coral Browne, esposa de Vincent Price, le arrebate a su pareja sólo le quedará la opción de llorar y mugir como una vaca en uno de los finales mas desgarradores que puedan contemplarse en una pantalla.

el-asesinato-de-la-hermana-george

Sobre estas actuaciones y sin olvidar a una joven Susannah York, Aldrich se apoya cómodamente para filmar la desintegración del universo de la protagonista a la cual nos ha mostrado previamente de una forma implacable: masculina, insegura y egoísta. Aún así, no podemos evitar sentir lástima por el expolio tanto emocional como profesional de la que es objeto y que en ocasiones, nos remite al tono crepuscular de Peckinpah, otro especialista en retratar personajes cuya era ha terminado y sin un lugar concreto en el que refugiarse.

El papel de June fue ofrecido y rechazado por Bette Davis y Angela Lansbury siendo finalmente la ya veterana Beryl Reid quien se atrevió con este personaje atormentado y desagradable, dándole una verosimilitud impresionante (solo hay que ver la forma en que sienta y enciende un pitillo) y que es clave para el impacto que produce la película.

El film no consiguió recaudar suficiente para cubrir sus elevados costes pero a cambio, obtuvo el certificado X de clasificación moral que precisamente se instituyó durante el rodaje de la película. También es mala suerte.

el-asesinato-de-la-hermana-george

Título original: The Killing of Sister George.

Director: Robert Aldrich.

Intérpretes: Beryl Reid, Susannah York, Coral Browne, Ronald Fraser, Patricia Medina, Cyril Delevanti, Elaine Church.

Escena:


B.S.O.:


Reseña escrita por George Suckelectronic

un hombre para la eternidad
El argumento parte del asunto histórico centrado en las maniobras de Enrique VIII para poder repudiar y divorciarse de su primera esposa, Catalina de Aragón, ya que ésta no le proporciona la descendencia que desea. Además, el monarca ya tiene una nueva amante con la que pretende establecer un matrimonio legal, reconocido por la Iglesia católica. Con el pretexto de asegurar su linaje y, alegando que su primer matrimonio no fue del todo honesto, pues era la viuda de su hermano, inicia una batalla política y teológica contra el poder de la Iglesia católica. Pero sus intenciones son más complejas y sobre ese conflicto Iglesia- Estado existe en realidad todo un entramado geoestratégico contra potencias religiosas de la época como España y Francia. La cinta se centra en el conflicto que enfrenta al rey Enrique VIII (Robert Shaw) y a su reciente nombrado Lord Canciller Tomas Moro (Paul Scofield) tras la muerte de su predecesor, el Cardenal Thomas Wolsey (Orson Welles). Pero la historia nuclear, en realidad, es la que nos cuenta el enfrentamiento de un individuo con principios frente al poder reinante y el séquito que lo ampara, el cual excusa su ambición en el caprichoso manejo de las leyes. La escena inicial del film nos presenta a Tomas Moro como un hombre honesto, justo, buen conocedor de las leyes, la cuales respeta sin dejarse intimidar por ningún obsequio o presión de cualquier poder fáctico. Antes de morir su predecesor, su entrevista con el personaje que lo representa, Orson Welles como Cardenal sibilino, nos hace una interesante y global descripción de Moro.

- Cardenal Thomas Wolsey.  "Si pudiérais ver los hechos sin tanta moral, con un poco de sentido común, seríais un buen político."


un hombre para la eternidad

En efecto, Tomas Moro es un hombre que mantiene intacta su fe en dios y en la Iglesia católica, al mismo tiempo que es capaz de razonar y rebatir utilizando su gran intelecto. Un hombre honesto o un ingenuo, un dilema que cada cual debe resolver viendo la cinta. En una gran escena con su hija Margaret (Susannah York), cuando el cerco sobre él se va cerrando por llevarle la contraria al rey y no querer admitir su divorcio, siguiendo las órdenes del Papa que no cede ante el rey Enrique VIII, y viendo venir los difíciles momentos que se avecinan, ya que le obligarán a jurar que acepta a la nueva reina, Ana Bolena, como esposa según las leyes de la Iglesia, Tomas Moro recitará un diálogo que refleja toda su condición de hombre erudito, capaz de mantener un espíritu religioso y su razón.

-Tomás Moro: "Escucha, Meg. Dios hizo a los ángeles para revelar su esplendor. A los animales por su inocencia, a las plantas por su sencillez. Pero al hombre lo creó para que inteligentemente le sirviera con su razón…debemos servirnos de nuestro ingenio para escapar ante esta dificultad."

un hombre para la eternidad

El dilema que se presenta entonces está centrado entre mantener una conciencia individual, entre la libertad personal frente al poder y la presión de las Instituciones. La libertad de pensamiento y el criterio de Moro están por encima de todo (no de Dios, pues, como acaba de declarar Moro, de Él recibe el hombre la capacidad racional). Desde el momento en que Tomas Moro lleva la contraria al rey, sus contrincantes, entre ellos Thomas Cromwell (Leo Mc Kem) elaborarán todo un maquiavélico plan para conseguir que sea juzgado por traición . Mediante turbias maniobras, supuestamente amparadas en la ley, se mantendrán interesantes discursos dialécticos entre Moro y Cromwell. Sin embargo, aunque Tomas Moro sea presentado como hombre ingenuo por pensar que se librará de la ira del rey amparándose en el correcto uso de la Ley, sus conocimientos de la misma conducirán hacia una ardua tarea para poder juzgarlo por deslealtad. Es presionado por el Monarca, el Cardenal, el Secretario real, los Lores. Igualmente, lo hacen sus discípulos y criados. Unas veces por conveniencia y otras por propia ambición de poder y riqueza, como el caso de su antiguo discípulo, Richard/ Rich (John Hurt), elemento definitivo de la trama que consigue llevarlo a la muerte por traición. 


un hombre para la eternidad

Tomás Moro es descrito como hombre firme y severo, empezando consigo mismo. No es un fanático: «No tengo madera de mártir». Duda, flaquea, confiesa tener miedo y sufrir ansiedad. Tampoco desea ser un héroe. Pero no se lamenta, jamás maldice. Son conmovedoras y magníficamente interpretadas por Paul Scofield, las escenas donde quedan de manifiesto sus temores y vacilaciones, incluso su debilidad ante el temor de perder a su familia. Fred Zinnemann, con un guión basado en la obra teatral de su mismo autor, Robert Bolt, consigue trasladar grandes diálogos a la pantalla basándose en todo un magnífico elenco de actores, pero su cinta va más allá de la teatralidad del texto, ya que la excelente fotografía de Ted Moore nos regala unos paisajes y una puesta en escena absolutamente épica. También es destacable el vestuario, la ambientación y el magistral montaje que utiliza planos visuales bien para expresar ideas: Planos detalle de gárgolas, escudos o primeros planos de actores, con otros más paisajísticos que sirven de elipsis en la trama, como la visión a través de la pequeña ventana desde la Torre donde está encerrado Moro, la cual nos permite adivinar el paso del tiempo y las estaciones para hacernos conocer su larga estancia en prisión hasta su juicio y posterior ejecución. Un film que nos habla de la política, de las dinastías reinantes, de cómo se modificaban las leyes para proteger los deseos de los poderosos y de cómo un erudito se mantuvo firme hasta el final sin traicionar sus principios.


un hombre para la eternidad

Título original: A Man for All Seasons.

Director: Fred Zinnemann.

Intérpretes: Paul Scofield, Wendy Hiller, Leo McKern, Robert Shaw, Orson Welles, Susannah York, Nigel Davenport, John Hurt, Corin Redgrave, Colin Blakely, Cyril Luckham,Jack Gwillim.

Trailer:


Escena:


B.S.O.:


Reseña escrita por Bárbara Valera Bestard

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UN HOMBRE PARA LA ETERNIDAD (1966). El drama histórico de Fred Zinnemann.

un hombre para la eternidad
El argumento parte del asunto histórico centrado en las maniobras de Enrique VIII para poder repudiar y divorciarse de su primera esposa, Catalina de Aragón, ya que ésta no le proporciona la descendencia que desea. Además, el monarca ya tiene una nueva amante con la que pretende establecer un matrimonio legal, reconocido por la Iglesia católica. Con el pretexto de asegurar su linaje y, alegando que su primer matrimonio no fue del todo honesto, pues era la viuda de su hermano, inicia una batalla política y teológica contra el poder de la Iglesia católica. Pero sus intenciones son más complejas y sobre ese conflicto Iglesia- Estado existe en realidad todo un entramado geoestratégico contra potencias religiosas de la época como España y Francia. La cinta se centra en el conflicto que enfrenta al rey Enrique VIII (Robert Shaw) y a su reciente nombrado Lord Canciller Tomas Moro (Paul Scofield) tras la muerte de su predecesor, el Cardenal Thomas Wolsey (Orson Welles). Pero la historia nuclear, en realidad, es la que nos cuenta el enfrentamiento de un individuo con principios frente al poder reinante y el séquito que lo ampara, el cual excusa su ambición en el caprichoso manejo de las leyes. La escena inicial del film nos presenta a Tomas Moro como un hombre honesto, justo, buen conocedor de las leyes, la cuales respeta sin dejarse intimidar por ningún obsequio o presión de cualquier poder fáctico. Antes de morir su predecesor, su entrevista con el personaje que lo representa, Orson Welles como Cardenal sibilino, nos hace una interesante y global descripción de Moro.

- Cardenal Thomas Wolsey.  "Si pudiérais ver los hechos sin tanta moral, con un poco de sentido común, seríais un buen político."


un hombre para la eternidad

En efecto, Tomas Moro es un hombre que mantiene intacta su fe en dios y en la Iglesia católica, al mismo tiempo que es capaz de razonar y rebatir utilizando su gran intelecto. Un hombre honesto o un ingenuo, un dilema que cada cual debe resolver viendo la cinta. En una gran escena con su hija Margaret (Susannah York), cuando el cerco sobre él se va cerrando por llevarle la contraria al rey y no querer admitir su divorcio, siguiendo las órdenes del Papa que no cede ante el rey Enrique VIII, y viendo venir los difíciles momentos que se avecinan, ya que le obligarán a jurar que acepta a la nueva reina, Ana Bolena, como esposa según las leyes de la Iglesia, Tomas Moro recitará un diálogo que refleja toda su condición de hombre erudito, capaz de mantener un espíritu religioso y su razón.

-Tomás Moro: "Escucha, Meg. Dios hizo a los ángeles para revelar su esplendor. A los animales por su inocencia, a las plantas por su sencillez. Pero al hombre lo creó para que inteligentemente le sirviera con su razón…debemos servirnos de nuestro ingenio para escapar ante esta dificultad."

un hombre para la eternidad

El dilema que se presenta entonces está centrado entre mantener una conciencia individual, entre la libertad personal frente al poder y la presión de las Instituciones. La libertad de pensamiento y el criterio de Moro están por encima de todo (no de Dios, pues, como acaba de declarar Moro, de Él recibe el hombre la capacidad racional). Desde el momento en que Tomas Moro lleva la contraria al rey, sus contrincantes, entre ellos Thomas Cromwell (Leo Mc Kem) elaborarán todo un maquiavélico plan para conseguir que sea juzgado por traición . Mediante turbias maniobras, supuestamente amparadas en la ley, se mantendrán interesantes discursos dialécticos entre Moro y Cromwell. Sin embargo, aunque Tomas Moro sea presentado como hombre ingenuo por pensar que se librará de la ira del rey amparándose en el correcto uso de la Ley, sus conocimientos de la misma conducirán hacia una ardua tarea para poder juzgarlo por deslealtad. Es presionado por el Monarca, el Cardenal, el Secretario real, los Lores. Igualmente, lo hacen sus discípulos y criados. Unas veces por conveniencia y otras por propia ambición de poder y riqueza, como el caso de su antiguo discípulo, Richard/ Rich (John Hurt), elemento definitivo de la trama que consigue llevarlo a la muerte por traición. 


un hombre para la eternidad

Tomás Moro es descrito como hombre firme y severo, empezando consigo mismo. No es un fanático: «No tengo madera de mártir». Duda, flaquea, confiesa tener miedo y sufrir ansiedad. Tampoco desea ser un héroe. Pero no se lamenta, jamás maldice. Son conmovedoras y magníficamente interpretadas por Paul Scofield, las escenas donde quedan de manifiesto sus temores y vacilaciones, incluso su debilidad ante el temor de perder a su familia. Fred Zinnemann, con un guión basado en la obra teatral de su mismo autor, Robert Bolt, consigue trasladar grandes diálogos a la pantalla basándose en todo un magnífico elenco de actores, pero su cinta va más allá de la teatralidad del texto, ya que la excelente fotografía de Ted Moore nos regala unos paisajes y una puesta en escena absolutamente épica. También es destacable el vestuario, la ambientación y el magistral montaje que utiliza planos visuales bien para expresar ideas: Planos detalle de gárgolas, escudos o primeros planos de actores, con otros más paisajísticos que sirven de elipsis en la trama, como la visión a través de la pequeña ventana desde la Torre donde está encerrado Moro, la cual nos permite adivinar el paso del tiempo y las estaciones para hacernos conocer su larga estancia en prisión hasta su juicio y posterior ejecución. Un film que nos habla de la política, de las dinastías reinantes, de cómo se modificaban las leyes para proteger los deseos de los poderosos y de cómo un erudito se mantuvo firme hasta el final sin traicionar sus principios.


un hombre para la eternidad

Título original: A Man for All Seasons.

Director: Fred Zinnemann.

Intérpretes: Paul Scofield, Wendy Hiller, Leo McKern, Robert Shaw, Orson Welles, Susannah York, Nigel Davenport, John Hurt, Corin Redgrave, Colin Blakely, Cyril Luckham,Jack Gwillim.

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