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Mientras otros realizadores de la Nouvelle Vague, o nueva ola francesa realizaban filmes en blanco y
negro, más naturalistas, experimentales, o lejos de la inquietud política de,
por ejemplo, Jean Luc Godard, el año que éste rueda "El Soldadito (1963)", Jacques Demy filma, en rabioso y saturado color, la
primera película de la historia del cine completamente cantada, a modo de ópera.
Demy había debutado en la séptima de las artes con una comedia musical, "Lola (1960)", protagonizada por
Anouk Aimée, con fotografía del "iluminador official" de la Nouvelle Vague,
Raoul Coutard, y con letras de canciones compuestas por la esposa de Demy, la
también realizadora Agnés Vardá. Si en esta película, el azar sacudía a sus
protagonistas por las calles de la ciudad de Nantes, para su tercera película,
la que nos ocupa, el marco elegido por Demy es Cherburgo, la ciudad costera de
Normandía, convertida para la ocasion, en una suerte de plató musical, donde la
Mirada del realizador, sin duda, rastrea el musical Hollywoodiense, aunque sin
perder cierta conexidad de estilo con el mencionado movimiento cinematográfico
francés. En apenas 88
minutos, y distribuída en tres partes: La Partida, La Ausencia y El Regreso,
que transcurren entre 1957 y 1963, Demy, realizador y guionista, nos narra la
historia de Guy Foucher (Nini Castelnuovo), un jóven mecánico, y Geneviève
Emery (Catherine Deneuve), una jóven que trabaja en una tienda de venta de
paraguas, propiedad de su madre, Madamme Emery (Anne Vernon).
El trasfondo de
la incómoda Guerra de Argelia, incide de lleno en el romance de los jóvenes que
se aman desesperadamente, pese a la oposición de la madre de ella. El plácido
destino de la pareja se verá modificado inexorablemente cuando Guy recibe una
carta de reclutamiento, que le obliga a partir hacia el controvertido país del
norte de África. La distancia, la soledad de ella, su embarazo y las presiones
de la madre, que siempre deseó a alguien económicamente mejor situado para su
hija, hacen que la joven se case con el jóven millonario Roland Cassar (Marc
Michel). El regreso de Guy a la ciudad sera particularmente doloroso: el paseo
por lugares especiales, compartidos con Geneviéve, la memoria asociativa, que
tantas malas pasadas nos juega en territorios amorosos, hará que busque consuelo
en la prostitute Ginny (Jane Carat) y, de un modo más estable, en Madeleine
(Ellen Farner), la jóven que cuida a la tutora del joven, su tía Elise.
La melodía del compositor
frances Michel Legrand y las canciones escritas entre éste y Demy, se las
arreglan para conducirnos por la emotiva historia de amor de los jóvenes
protagonistas. En una época donde el cine trataba de librarse de las
limitaciones del blanco y negro (hoy se considera artístico y elegante, en
aquellos años como un límite a la expresión visual), Demy irrumpe en el
panorama con una película de un cromatismo atronador. La secuencia de la última
noche de los amantes antes de que Guy se vaya a su destino, vemos a los jovenes
pasear, llorar, abrazarse, cantarse recíprocamente su incondicional amor entre
sollozos, en un entorno donde los adoquines de las calles están bañados por una
iluminación lateral azulada. A la izquierda del encuadre vemos una pared de color
verde chillón, la del domicilio de Guy; Al fondo, una pared mural de colores
rosa, amarillo, rojo y negro, subliminalmente, o no, nos hacen a los
espectadores, plenamente partícipes del torrente de emociones que experimenta
la pareja.
La película, tratando
de ser justos, apasionará a los amantes del género musical e irritará a sus
detractores. Probablemente cincuenta años después de su realización, parezca un
drama un tanto "pasado de moda" y hasta un tanto empalagoso y edulcorado (la jóven
protagonista le dice a su madre en un momento determinado "Yo que me moría por él… ¿porqué no estoy muerta?"). Creo que no es
menos cierto que, pese a sus defectos, Demy ha logrado una obra fresca,
natural, estimulante, con unos movimientos de cámara armónicos, naturales, y un
dominio del espacio escénico (ahí está la hermosísima despedida de los amantes
en el tren para demostrarlo), una obra que nos sigue conmoviendo… tanto tiempo
después. La película se
estrenó el 19 de febrero de 1964. Ese año compitió en la ceremonia de los
premios Oscars en la categoría de película
extranjera, obteniendo el premio, el largometraje "Ayer hoy y mañana (1964)" de Vittorio
de Sica.
Fue el año en el que otro musical mítico se alzaba con 8 premios de la
academia, la obra maestra "My Fair Lady (1964)" de George Cukor, edición en la que competía el musical de Disney, "Mary Poppins (1964)" de Robert
Stevenson. Al año siguiente, curiosamente, la película volvió a estar presente
en la edición de los premios Oscars, esta vez compitiendo al premio al mejor
guión original, a la mejor Banda Sonora, mejor banda Sonora adaptada, y a la
mejor canción. No obtuvo ningún galardón. Ese año la edición perteneció a otro
de los grandes musicales de la Historia: "Sonrisas y Lágrimas (1965)" de Robert Wise. En el festival
de Cannes de 1964, sin embargo, la película de Demy alcanzó la codiciada Palma
de oro, El premio OCIC, ex aequo con "Vidas
secas (1963)" de Nelson Pereira dos Santos, y el premio técnico. El filme se rodó íntegramente
en la ciudad que lleva el título, del 17 de agosto al 17 de octubre de 1963.
La
tienda de paraguas de Madame Emery existe realmente al final de la rue du port, y en ella en la actualidad
puede verse una placa de color blanco con las letras en rojo, que recuerda el
rodaje de la película. Cherburgo ha tenido un apasionado romance
con el cine. Sus calles pueden verse en películas como "La Marie du port (1950)" de Marcel carné, en "Tess(1976)" de Roman Polanski,
o en "El rayo verde (1986)" de Eric Rohmer. Jacques Demy volvería
a filmar a Catherine Deneuve en un musical, "Las
Señoritas de Rochefort (1967)",
donde compartió protagonismo con su hermana, Françoise Dorléac, fallecida tres
meses después del estreno de la película, en un trágico accidente de circulación. Agnes Vardá
supervisó una restauración de los hermosos colores de esta bellísima película
en 2013, para un exitoso reestreno en salas en el país galo.
Frases para recordar:
"Tanta
gente cantando no me gusta… prefiero el cine".
"Sólo
en el cine se muere de amor".
Título original: Les parapluies de Cherbourg Director: Jacques Demy. Intérpretes: Catherine Deneuve, Anne Vernon, Nino Castelnuovo, Ellen Farner, Jean Champion.
Mientras otros realizadores de la Nouvelle Vague, o nueva ola francesa realizaban filmes en blanco y
negro, más naturalistas, experimentales, o lejos de la inquietud política de,
por ejemplo, Jean Luc Godard, el año que éste rueda "El Soldadito (1963)", Jacques Demy filma, en rabioso y saturado color, la
primera película de la historia del cine completamente cantada, a modo de ópera.
Demy había debutado en la séptima de las artes con una comedia musical, "Lola (1960)", protagonizada por
Anouk Aimée, con fotografía del "iluminador official" de la Nouvelle Vague,
Raoul Coutard, y con letras de canciones compuestas por la esposa de Demy, la
también realizadora Agnés Vardá. Si en esta película, el azar sacudía a sus
protagonistas por las calles de la ciudad de Nantes, para su tercera película,
la que nos ocupa, el marco elegido por Demy es Cherburgo, la ciudad costera de
Normandía, convertida para la ocasion, en una suerte de plató musical, donde la
Mirada del realizador, sin duda, rastrea el musical Hollywoodiense, aunque sin
perder cierta conexidad de estilo con el mencionado movimiento cinematográfico
francés. En apenas 88
minutos, y distribuída en tres partes: La Partida, La Ausencia y El Regreso,
que transcurren entre 1957 y 1963, Demy, realizador y guionista, nos narra la
historia de Guy Foucher (Nini Castelnuovo), un jóven mecánico, y Geneviève
Emery (Catherine Deneuve), una jóven que trabaja en una tienda de venta de
paraguas, propiedad de su madre, Madamme Emery (Anne Vernon).
El trasfondo de
la incómoda Guerra de Argelia, incide de lleno en el romance de los jóvenes que
se aman desesperadamente, pese a la oposición de la madre de ella. El plácido
destino de la pareja se verá modificado inexorablemente cuando Guy recibe una
carta de reclutamiento, que le obliga a partir hacia el controvertido país del
norte de África. La distancia, la soledad de ella, su embarazo y las presiones
de la madre, que siempre deseó a alguien económicamente mejor situado para su
hija, hacen que la joven se case con el jóven millonario Roland Cassar (Marc
Michel). El regreso de Guy a la ciudad sera particularmente doloroso: el paseo
por lugares especiales, compartidos con Geneviéve, la memoria asociativa, que
tantas malas pasadas nos juega en territorios amorosos, hará que busque consuelo
en la prostitute Ginny (Jane Carat) y, de un modo más estable, en Madeleine
(Ellen Farner), la jóven que cuida a la tutora del joven, su tía Elise.
La melodía del compositor
frances Michel Legrand y las canciones escritas entre éste y Demy, se las
arreglan para conducirnos por la emotiva historia de amor de los jóvenes
protagonistas. En una época donde el cine trataba de librarse de las
limitaciones del blanco y negro (hoy se considera artístico y elegante, en
aquellos años como un límite a la expresión visual), Demy irrumpe en el
panorama con una película de un cromatismo atronador. La secuencia de la última
noche de los amantes antes de que Guy se vaya a su destino, vemos a los jovenes
pasear, llorar, abrazarse, cantarse recíprocamente su incondicional amor entre
sollozos, en un entorno donde los adoquines de las calles están bañados por una
iluminación lateral azulada. A la izquierda del encuadre vemos una pared de color
verde chillón, la del domicilio de Guy; Al fondo, una pared mural de colores
rosa, amarillo, rojo y negro, subliminalmente, o no, nos hacen a los
espectadores, plenamente partícipes del torrente de emociones que experimenta
la pareja.
La película, tratando
de ser justos, apasionará a los amantes del género musical e irritará a sus
detractores. Probablemente cincuenta años después de su realización, parezca un
drama un tanto "pasado de moda" y hasta un tanto empalagoso y edulcorado (la jóven
protagonista le dice a su madre en un momento determinado "Yo que me moría por él… ¿porqué no estoy muerta?"). Creo que no es
menos cierto que, pese a sus defectos, Demy ha logrado una obra fresca,
natural, estimulante, con unos movimientos de cámara armónicos, naturales, y un
dominio del espacio escénico (ahí está la hermosísima despedida de los amantes
en el tren para demostrarlo), una obra que nos sigue conmoviendo… tanto tiempo
después. La película se
estrenó el 19 de febrero de 1964. Ese año compitió en la ceremonia de los
premios Oscars en la categoría de película
extranjera, obteniendo el premio, el largometraje "Ayer hoy y mañana (1964)" de Vittorio
de Sica.
Fue el año en el que otro musical mítico se alzaba con 8 premios de la
academia, la obra maestra "My Fair Lady (1964)" de George Cukor, edición en la que competía el musical de Disney, "Mary Poppins (1964)" de Robert
Stevenson. Al año siguiente, curiosamente, la película volvió a estar presente
en la edición de los premios Oscars, esta vez compitiendo al premio al mejor
guión original, a la mejor Banda Sonora, mejor banda Sonora adaptada, y a la
mejor canción. No obtuvo ningún galardón. Ese año la edición perteneció a otro
de los grandes musicales de la Historia: "Sonrisas y Lágrimas (1965)" de Robert Wise. En el festival
de Cannes de 1964, sin embargo, la película de Demy alcanzó la codiciada Palma
de oro, El premio OCIC, ex aequo con "Vidas
secas (1963)" de Nelson Pereira dos Santos, y el premio técnico. El filme se rodó íntegramente
en la ciudad que lleva el título, del 17 de agosto al 17 de octubre de 1963.
La
tienda de paraguas de Madame Emery existe realmente al final de la rue du port, y en ella en la actualidad
puede verse una placa de color blanco con las letras en rojo, que recuerda el
rodaje de la película. Cherburgo ha tenido un apasionado romance
con el cine. Sus calles pueden verse en películas como "La Marie du port (1950)" de Marcel carné, en "Tess(1976)" de Roman Polanski,
o en "El rayo verde (1986)" de Eric Rohmer. Jacques Demy volvería
a filmar a Catherine Deneuve en un musical, "Las
Señoritas de Rochefort (1967)",
donde compartió protagonismo con su hermana, Françoise Dorléac, fallecida tres
meses después del estreno de la película, en un trágico accidente de circulación. Agnes Vardá
supervisó una restauración de los hermosos colores de esta bellísima película
en 2013, para un exitoso reestreno en salas en el país galo.
Frases para recordar:
"Tanta
gente cantando no me gusta… prefiero el cine".
"Sólo
en el cine se muere de amor".
Título original: Les parapluies de Cherbourg Director: Jacques Demy. Intérpretes: Catherine Deneuve, Anne Vernon, Nino Castelnuovo, Ellen Farner, Jean Champion.