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Allie Fox es un inquieto inventor que un día decide cambiar el rumbo de la vida de su familia. Vende su casa, compra un terreno virgen en Centroamérica y se desplaza con su mujer y sus hijos para empezar de cero en un entorno natural. Que podría salir mal?
A priori, la siempre loable intención de introducir un cambio que se pretende mejor nos parece razonable, máxime cuando la verborrea del protagonista (Harrison Ford en su posiblemente mejor trabajo) es capaz de fulminar de un plumazo las dudas sobre la viabilidad del proyecto que va a cambiar para siempre la vida de una familia. Allie Fox destila seguridad, solvencia y tenacidad suficiente para que su esposa e hijos, aún con expresión sorprendida pero alegre, hagan las maletas y le acompañen en una aventura que no por incierta parece menos atractiva. Su liderazgo como "Padre de Familia" no se cuestiona y desde luego, no es el temor lo que mueve a esta familia a dejarlo todo. Padre sabe lo que hace. Padre tiene una misión. Padre no deja que todo quede en palabras farfulladas tras unos canutos oyendo música New Age.
Pero cuando desembarcamos como polizones invisibles que acompañan a Allie y su familia en la jungla, nos vamos percatando poco a poco, no solo de las dificultades medio ambientales que encierra este nuevo entorno y sus habitantes sino también de que este es un viaje de solo ida para Allie, dispuesto-que digo-obsesionado con que la Aventura, su Aventura,funcione. Y mientras sus escrupulosos planes se van desmoronando por obra de prójimos malvados o desastres naturales, crece su obsesión en no ser derrotado en sus creencias y la familia empieza a ver un nuevo rostro en él. Este rostro no es agradable y llegará un momento en el que se convertirá en el rostro del Enemigo.
Con un magnífico guión de Paul Schrader basado en la novela de Paul Theroux, Weir factura una áspera película en la que a partir de la narración de uno de los hijos (River Phoenix) asistimos al derrumbe de la figura paterna y sus sueños. Secundado por la brillante interpretación de Ford, el citado derrumbe solo se produce a los ojos de la Esposa (Hellen Mirren) y los hijos ya que el Padre, abatido pero no vencido, se empeña una y otra vez en tours de force cada vez mas desesperados e inconexos. Todo ello nos da, por acumulación, una película desilusionada, bella y sombría en la que se plantea abiertamente la delgada línea que separa la obsesión con la demencia.
Este plato amargo que cuestiona tanto la figura de liderazgo del Padre como la inmersión descontrolada en entornos extremos no sentó bien en su momento a los paladares de la crítica y el público en general. Ha hecho falta el paso de unos cuantos años para que The mosquito coas haya sido progresivamente revalorizada.
"Es la única película que he hecho en la que se ha perdido dinero. Sigo contento de haberla hecho. Puestos a sacar un defecto a la película , quizás no conseguimos atrapar el lenguaje de la novela. Podría haber sido mas literaria en vez de cinematográfica. Pero creo que está llena de poderosas emociones." Harrison Ford en 1992.
Título original: The Mosquito Coast. Intérpretes: Peter Weir
Trailer: Harrison Ford,River Phoenix,Helen Mirren,Andre Gregory,Martha Plimpton,Jadrien Steele,Hilary Gordon,Rebecca Gordon,Jason Alexander,Dick O'Neill, Alice Sneed.
Allie Fox es un inquieto inventor que un día decide cambiar el rumbo de la vida de su familia. Vende su casa, compra un terreno virgen en Centroamérica y se desplaza con su mujer y sus hijos para empezar de cero en un entorno natural. Que podría salir mal?
A priori, la siempre loable intención de introducir un cambio que se pretende mejor nos parece razonable, máxime cuando la verborrea del protagonista (Harrison Ford en su posiblemente mejor trabajo) es capaz de fulminar de un plumazo las dudas sobre la viabilidad del proyecto que va a cambiar para siempre la vida de una familia. Allie Fox destila seguridad, solvencia y tenacidad suficiente para que su esposa e hijos, aún con expresión sorprendida pero alegre, hagan las maletas y le acompañen en una aventura que no por incierta parece menos atractiva. Su liderazgo como "Padre de Familia" no se cuestiona y desde luego, no es el temor lo que mueve a esta familia a dejarlo todo. Padre sabe lo que hace. Padre tiene una misión. Padre no deja que todo quede en palabras farfulladas tras unos canutos oyendo música New Age.
Pero cuando desembarcamos como polizones invisibles que acompañan a Allie y su familia en la jungla, nos vamos percatando poco a poco, no solo de las dificultades medio ambientales que encierra este nuevo entorno y sus habitantes sino también de que este es un viaje de solo ida para Allie, dispuesto-que digo-obsesionado con que la Aventura, su Aventura,funcione. Y mientras sus escrupulosos planes se van desmoronando por obra de prójimos malvados o desastres naturales, crece su obsesión en no ser derrotado en sus creencias y la familia empieza a ver un nuevo rostro en él. Este rostro no es agradable y llegará un momento en el que se convertirá en el rostro del Enemigo.
Con un magnífico guión de Paul Schrader basado en la novela de Paul Theroux, Weir factura una áspera película en la que a partir de la narración de uno de los hijos (River Phoenix) asistimos al derrumbe de la figura paterna y sus sueños. Secundado por la brillante interpretación de Ford, el citado derrumbe solo se produce a los ojos de la Esposa (Hellen Mirren) y los hijos ya que el Padre, abatido pero no vencido, se empeña una y otra vez en tours de force cada vez mas desesperados e inconexos. Todo ello nos da, por acumulación, una película desilusionada, bella y sombría en la que se plantea abiertamente la delgada línea que separa la obsesión con la demencia.
Este plato amargo que cuestiona tanto la figura de liderazgo del Padre como la inmersión descontrolada en entornos extremos no sentó bien en su momento a los paladares de la crítica y el público en general. Ha hecho falta el paso de unos cuantos años para que The mosquito coas haya sido progresivamente revalorizada.
"Es la única película que he hecho en la que se ha perdido dinero. Sigo contento de haberla hecho. Puestos a sacar un defecto a la película , quizás no conseguimos atrapar el lenguaje de la novela. Podría haber sido mas literaria en vez de cinematográfica. Pero creo que está llena de poderosas emociones." Harrison Ford en 1992.
Título original: The Mosquito Coast. Intérpretes: Peter Weir
Trailer: Harrison Ford,River Phoenix,Helen Mirren,Andre Gregory,Martha Plimpton,Jadrien Steele,Hilary Gordon,Rebecca Gordon,Jason Alexander,Dick O'Neill, Alice Sneed.
"Una vez en la vida llega una película que hace que te vuelvas a enamorar. Esta no es esa película."
Así rezaba el cartel publicitario de esta adaptación de una novela de Warren Adler (1981), que curiosamente tomaba este nombre en referencia a la guerra medieval entre las casas Lancaster y York por el trono de Inglaterra. Aquí el trono es la casa, vivienda que construyó el matrimonio Rose y que ninguno de los dos pretende abandonar.
La historia comienza cuando los jóvenes Oliver y Bárbara se conocen en la isla de Nantucket durante una subasta y ambos pujan por una figura, esa pequeña rivalidad hace que se acerquen y una cosa lleva a otra y terminan apasionadamente revolcados y convenciéndose que están hechos el uno para el otro, la historia más romántica de sus vidas.
El director Danny De Vito, se une a sus amigotes Michael Douglas y KathleenTurner en una fórmula ganadora que ya había dado resultado en el "Tras el corazón verde (1984)" (Dos Bribones tras la Esmeralda Perdida, en Latinoamérica) y su secuela, "La Joya del Nilo (1985)", otorgándose el papel de un abogado, socio de Oliver, que al inicio del film se encuentra atendiendo a un cliente que viene a pedir asesoría para su divorcio, pero éste antes de aceptar el caso, como si la vida de aquel le importara, decide contarle la historia de los Rose, una relación con mucho amor que termina en el más horrendo de los desastres.
Habíamos dejado a Bárbara y Oliver enamorados, apasionados y encantados. No me dijiste que eras multiorgásmica dice él, no lo sabía, acota ella. Se matrimonian y mientras él continúa arduamente sus estudios de derecho ella asume el rol de ama de casa postergando sus sueños. La felicidad se nota en el hogar y una navidad ella le regala un auto Morgan que atesorará con la mayor ilusión. Cuando él ya puede ejercer y las cosas van bien compran una casa que a los dos les fascina, la adornarán con sus gustos y será su nidito de amor donde criarán a sus dos hijos y a un gato y un perro.
Pero la crítica al sueño americano de felicidad y prosperidad se ha ido deslizando subterráneamente, esperando salir a la superficie, porque Oliver se ha vuelto un pedante nuevo rico, que descalifica a todos, incluyendo a su bella esposa que parece comenzar a cabrearse con cada comentario, con cada acción, con tener que soportarlo en su cama, en su vida y el estallido se da cuando Oliver es llevado a emergencias víctima de lo que supone es un infarto pero no, es una indigestión apenas, sin embargo Bárbara no llega al Hospital a verlo, de hecho llega tarde a casa cuando él ha regresado y con una mirada dura y convencida de lo que va decir le espeta a la cara que pensó mucho en su eventual muerte y que no hubo pena sino más bien alivio. Quiero el divorcio.
Y donde hubo amor y se pensaba que todo se podría se pudrió. Comienzan las rencillas y el rencor, las malinterpretaciones, el no ceder, la violencia verbal y física (que curiosamente va de mano femenina más que del hombre) y la inminente destrucción porque la casa de sus sueños se torna en el escenario de la peor pesadilla, una guerra sin cuartel que es retratada por De Vito con toda la mala leche pero con una ironía y sarcasmo que nos sorprende porque posiblemente más de uno pasó por un episodio similar y a lo mejor lo resolvió por las buenas, solo que aquí las cosas se van de las manos y las consecuencias son catastróficas. Y divertidísimas.
Humor negrísimo que no deja títere sin cabeza. Te amaré hasta que la muerte nos separe dijimos. Nunca pensamos que nosotros y nuestra estupidez nos llevarían a ella.
Título original: The War of the Roses.
Director: Danny De Vito.
Intérpretes: Michael Douglas,Kathleen Turner,Danny DeVito,Marianne Sägebrecht,G.D. Spradlin,Sean Astin,Peter Donat.
Trailer:
Escena:
Reseña escrita por Carlos Fernando Carrión Quezada
"Una vez en la vida llega una película que hace que te vuelvas a enamorar. Esta no es esa película."
Así rezaba el cartel publicitario de esta adaptación de una novela de Warren Adler (1981), que curiosamente tomaba este nombre en referencia a la guerra medieval entre las casas Lancaster y York por el trono de Inglaterra. Aquí el trono es la casa, vivienda que construyó el matrimonio Rose y que ninguno de los dos pretende abandonar.
La historia comienza cuando los jóvenes Oliver y Bárbara se conocen en la isla de Nantucket durante una subasta y ambos pujan por una figura, esa pequeña rivalidad hace que se acerquen y una cosa lleva a otra y terminan apasionadamente revolcados y convenciéndose que están hechos el uno para el otro, la historia más romántica de sus vidas.
El director Danny De Vito, se une a sus amigotes Michael Douglas y KathleenTurner en una fórmula ganadora que ya había dado resultado en el "Tras el corazón verde (1984)" (Dos Bribones tras la Esmeralda Perdida, en Latinoamérica) y su secuela, "La Joya del Nilo (1985)", otorgándose el papel de un abogado, socio de Oliver, que al inicio del film se encuentra atendiendo a un cliente que viene a pedir asesoría para su divorcio, pero éste antes de aceptar el caso, como si la vida de aquel le importara, decide contarle la historia de los Rose, una relación con mucho amor que termina en el más horrendo de los desastres.
Habíamos dejado a Bárbara y Oliver enamorados, apasionados y encantados. No me dijiste que eras multiorgásmica dice él, no lo sabía, acota ella. Se matrimonian y mientras él continúa arduamente sus estudios de derecho ella asume el rol de ama de casa postergando sus sueños. La felicidad se nota en el hogar y una navidad ella le regala un auto Morgan que atesorará con la mayor ilusión. Cuando él ya puede ejercer y las cosas van bien compran una casa que a los dos les fascina, la adornarán con sus gustos y será su nidito de amor donde criarán a sus dos hijos y a un gato y un perro.
Pero la crítica al sueño americano de felicidad y prosperidad se ha ido deslizando subterráneamente, esperando salir a la superficie, porque Oliver se ha vuelto un pedante nuevo rico, que descalifica a todos, incluyendo a su bella esposa que parece comenzar a cabrearse con cada comentario, con cada acción, con tener que soportarlo en su cama, en su vida y el estallido se da cuando Oliver es llevado a emergencias víctima de lo que supone es un infarto pero no, es una indigestión apenas, sin embargo Bárbara no llega al Hospital a verlo, de hecho llega tarde a casa cuando él ha regresado y con una mirada dura y convencida de lo que va decir le espeta a la cara que pensó mucho en su eventual muerte y que no hubo pena sino más bien alivio. Quiero el divorcio.
Y donde hubo amor y se pensaba que todo se podría se pudrió. Comienzan las rencillas y el rencor, las malinterpretaciones, el no ceder, la violencia verbal y física (que curiosamente va de mano femenina más que del hombre) y la inminente destrucción porque la casa de sus sueños se torna en el escenario de la peor pesadilla, una guerra sin cuartel que es retratada por De Vito con toda la mala leche pero con una ironía y sarcasmo que nos sorprende porque posiblemente más de uno pasó por un episodio similar y a lo mejor lo resolvió por las buenas, solo que aquí las cosas se van de las manos y las consecuencias son catastróficas. Y divertidísimas.
Humor negrísimo que no deja títere sin cabeza. Te amaré hasta que la muerte nos separe dijimos. Nunca pensamos que nosotros y nuestra estupidez nos llevarían a ella.
Título original: The War of the Roses.
Director: Danny De Vito.
Intérpretes: Michael Douglas,Kathleen Turner,Danny DeVito,Marianne Sägebrecht,G.D. Spradlin,Sean Astin,Peter Donat.
Trailer:
Escena:
Reseña escrita por Carlos Fernando Carrión Quezada
Grita libertad narra la tragedia del líder carismático de la "conciencia negra" en Sudáfrica, Steve Biko (Denzel Washington), de 30 años de edad, y del periodista liberal y director del East London Daily Dispatch, Donald Woods (Kevin Kline) firme opositor al régimen que imperó en Sudáfrica desde 1948 a 1994; al tiempo que documenta la odisea de Woods cuando, tras reclamar una investigación fiable de su amigo asesinado en la prisión, se ve como él, condenado a confinamiento domiciliario escapa con su mujer y cinco hijos, abandonad un país donde su familia vivió durante varias generaciones. Huido a Europa y sin un céntimo, logra publicar la biografía de Biko que evoca el relato.
La cinta representa un importante documento de denuncia, de injusticia, de crueldad entre los hombres, pero también de amistad entre dos hombres de diferente raza; a la par que ampliamente discutido, sobre todo, por sus errores históricos, sobre el apartheid sudafricano, que pone en la picota el régimen segregacionista de Pretoria. Narrada con gran fuerza dramático-sentimental, combina el estilo del típico documental de reconstitución histórica, con el film-espectáculo y de género biográfico, que es tan característico del actor y director Richard Attenborough. Así, el filme se desarrolla con un estilo cuasi documental, antes de la muerte de Biko, para centrarse en la parte más de thriller de la huida de Woods en su segunda mitad.
Con guión de John Briley, basado en los libros "Biko y Asking for Troubles", de Donald Woods, Attenborough, sir, inglés, liberal e idealista comprometido, vuelve a demostrar su capacidad artístico y creadora, el sentido de la medida, su sobriedad, puesto que solo se extralimita levemente en el drama de la familia del periodista, así como es posible realizar cine comercial digno al servicio de la actualidad sociopolítica sin apenas manipular al espectador.
En el film se reconstruyen con sentido y ánimo acusador dos incidentes famosos: la brutal evacuación de Crossroads, un barrio de chabolas de las afueras de Ciudad del Cabo, en 1975; y la matanza atroz de niños escolares, que se manifestaban en Soweto el 16 de junio de 1976 debido a que en 1974 el gobierno emitió una ley que obligaba el uso del idioma Afrikaans en todas las escuelas, incluyendo las de los negros. Esta medida fue muy impopular pues se consideraba como el idioma de la opresión. El 30 de abril de 1976 las escuelas de Soweto se declararon en rebeldía. Aunque en la película se indica que fueron 700, el diario Le Monde informó que ese día hubo 25 víctimas, dos de las cuales eran blancos linchados por los manifestantes negros.
El pulso cinematográfico de Attenborough es notable, así como su espléndida dirección de actores, especialmente Kevin Kline y de los movimientos de masas. Las interpretaciones son notables con un Kevin Kline muy creíble, así como un Denzel Washington comedido y austero. Rodada en Zaire, debido a la prohibición del anterior Gobierno sudafricano, Grita libertad tuvo graves problemas de exhibición y, finalmente, logró impactar y sensibilizar al gran público mundial sobre una problemática humana que ha iniciado las primeras vías de solución. Si tiene algún punto en contra es quizá, el excesivo metraje para contar la historia.
El film concluye con una larga lista de nombres de detenidos políticos, fallecidos mientras se hallaban bajo custodia de la policía sudafricana, seguidos de la causa oficial de la muerte. A mitad de esa engañosa relación, puede leerse: "Septiembre 12, 1977, Steve Biko, Huelga de Hambre". Quizá esta película, haya contribuido al difícil cambio político del país.
Como curiosidad y a modo de conclusión, decir que Peter Gabriel dedicó a Biko en 1.980, un tema interpretado en el concierto final de la gira Conspiracy of Hope organizada por Amnistía Internacional en 1.986.
Frase para recordar: "¿Por qué se hacen llamar «negros»? Parecen más marrones que negros.
¿Por qué ustedes se hacen llamar blancos?. Parecen más rosados que blancos".
Título original: Cry Freedom.
Director: Richard Attenborough.
Intérpretes: Kevin Kline,Penelope Wilton,Denzel Washington,John Hargreaves,Zakes Mokae, Ian Richardson,Alec McCowen,Kevin McNally.
Grita libertad narra la tragedia del líder carismático de la "conciencia negra" en Sudáfrica, Steve Biko (Denzel Washington), de 30 años de edad, y del periodista liberal y director del East London Daily Dispatch, Donald Woods (Kevin Kline) firme opositor al régimen que imperó en Sudáfrica desde 1948 a 1994; al tiempo que documenta la odisea de Woods cuando, tras reclamar una investigación fiable de su amigo asesinado en la prisión, se ve como él, condenado a confinamiento domiciliario escapa con su mujer y cinco hijos, abandonad un país donde su familia vivió durante varias generaciones. Huido a Europa y sin un céntimo, logra publicar la biografía de Biko que evoca el relato.
La cinta representa un importante documento de denuncia, de injusticia, de crueldad entre los hombres, pero también de amistad entre dos hombres de diferente raza; a la par que ampliamente discutido, sobre todo, por sus errores históricos, sobre el apartheid sudafricano, que pone en la picota el régimen segregacionista de Pretoria. Narrada con gran fuerza dramático-sentimental, combina el estilo del típico documental de reconstitución histórica, con el film-espectáculo y de género biográfico, que es tan característico del actor y director Richard Attenborough. Así, el filme se desarrolla con un estilo cuasi documental, antes de la muerte de Biko, para centrarse en la parte más de thriller de la huida de Woods en su segunda mitad.
Con guión de John Briley, basado en los libros "Biko y Asking for Troubles", de Donald Woods, Attenborough, sir, inglés, liberal e idealista comprometido, vuelve a demostrar su capacidad artístico y creadora, el sentido de la medida, su sobriedad, puesto que solo se extralimita levemente en el drama de la familia del periodista, así como es posible realizar cine comercial digno al servicio de la actualidad sociopolítica sin apenas manipular al espectador.
En el film se reconstruyen con sentido y ánimo acusador dos incidentes famosos: la brutal evacuación de Crossroads, un barrio de chabolas de las afueras de Ciudad del Cabo, en 1975; y la matanza atroz de niños escolares, que se manifestaban en Soweto el 16 de junio de 1976 debido a que en 1974 el gobierno emitió una ley que obligaba el uso del idioma Afrikaans en todas las escuelas, incluyendo las de los negros. Esta medida fue muy impopular pues se consideraba como el idioma de la opresión. El 30 de abril de 1976 las escuelas de Soweto se declararon en rebeldía. Aunque en la película se indica que fueron 700, el diario Le Monde informó que ese día hubo 25 víctimas, dos de las cuales eran blancos linchados por los manifestantes negros.
El pulso cinematográfico de Attenborough es notable, así como su espléndida dirección de actores, especialmente Kevin Kline y de los movimientos de masas. Las interpretaciones son notables con un Kevin Kline muy creíble, así como un Denzel Washington comedido y austero. Rodada en Zaire, debido a la prohibición del anterior Gobierno sudafricano, Grita libertad tuvo graves problemas de exhibición y, finalmente, logró impactar y sensibilizar al gran público mundial sobre una problemática humana que ha iniciado las primeras vías de solución. Si tiene algún punto en contra es quizá, el excesivo metraje para contar la historia.
El film concluye con una larga lista de nombres de detenidos políticos, fallecidos mientras se hallaban bajo custodia de la policía sudafricana, seguidos de la causa oficial de la muerte. A mitad de esa engañosa relación, puede leerse: "Septiembre 12, 1977, Steve Biko, Huelga de Hambre". Quizá esta película, haya contribuido al difícil cambio político del país.
Como curiosidad y a modo de conclusión, decir que Peter Gabriel dedicó a Biko en 1.980, un tema interpretado en el concierto final de la gira Conspiracy of Hope organizada por Amnistía Internacional en 1.986.
Frase para recordar: "¿Por qué se hacen llamar «negros»? Parecen más marrones que negros.
¿Por qué ustedes se hacen llamar blancos?. Parecen más rosados que blancos".
Título original: Cry Freedom.
Director: Richard Attenborough.
Intérpretes: Kevin Kline,Penelope Wilton,Denzel Washington,John Hargreaves,Zakes Mokae, Ian Richardson,Alec McCowen,Kevin McNally.
Relato basado en la vida del periodista John Reed durante la revolución bolchevique. John Reed fue un periodista norteamericano (Portland, Oregón, 1887-Moscú 1920) que obtuvo grandes éxitos con sus crónicas sobre la revolución mexicana (Insurgent Mexico, 1914) sobre la Primera Guerra Mundial (The War in eastern Europe, 1961) y sobre la Revolución Rusa (Ten days that shook the world, 1919). Simpatizante de los bolcheviques, fue amigo de Lenin, así como un activo militante de izquierdas. Colaboró con grupos comunistas de los EUA, siendo perseguido por ello, debiendo exiliarse a la URSS en 1919. Es el único americano enterrado en el Kremlin.
Con guión del propio Beatty y Trevor Griffiths, izquierdista británico, basado en el libro "Diez días que conmovieron al mundo" de John Reed. Beatty, omnipresente en el proyecto, ejerce aquí en la triple condición de productor, director y guionista controlando así todas las facetas de la película. Rojos supuso una propuesta muy ambiciosa y considerable y, de hecho Beatty pasó varios años trabajando para preparar el film en una época en la que trataba de tener menos presencia delante de la pantalla, centrándose más en la producción y dirección. Beatty se interesó en este proyecto tras haber leído las obras de John Reed, así como el hecho de que existieran apenas films que tratasen sobre la formación de una izquierda americana con tan poca tradición. Según Orson Welles: "la izquierda de Hollywood traicionó por mantener sus piscinas."
Arriesgado, dado el conservadurismo que ha imperado en Hollywood desde siempre. Reagan era el presidente de los EEUU en esa época y Margaret Thatcher, primera ministra británica.
La cinta, con un largo metraje de 194 minutos, está claramente dividida en dos partes. En la primera, se relata la relación y vida en común de Reed con la intelectual y radical feminista Louise Bryant (Diane Keaton) y con la anarquista Emma Goldman, encarnada por Maureen Stapleton. Una mujer a la que Hoover definió como "una de las mujeres más peligrosas de América". En la segunda mitad y más oscura, pero más dinámica, la acción se traslada a Rusia donde se nos relata los épicos acontecimientos políticos y sociales que formaban la incipiente Revolución. Así, en esta parte encontramos predominio de planos generales, fascinantes travellings de cámara, grandes masas de extras y detalles curiosos que avalan la minuciosa labor de documentación histórica y de documentación, llevada a cabo por el realizador, ayudado enormemente por el buen hacer de la espléndida fotografía de Vittorio Storaro. Beatty le imprime a la cinta un tono documental, al combinar escenas ficticias con entrevistas a testigos presenciales, directos e indirectos de la época, como Will Durant o el dramaturgo Arthur Miller, los cuales aportan aspectos muy interesantes y reveladores sobre su figura. Un Jack Nicholson sin histrionismos, interpreta magníficamente la figura del dramaturgo Eugene O’Neil. Warren Beatty, que nunca ha sido santo de mi devoción, compone un buen personaje, lleno de entusiasmo y energía por la causa del periodista e idealista revolucionario y su utopía de llevar los ideales de la Revolución a su país. Como anécdota decir que durante el rodaje de una escena donde Reed da un mitin a unos trabajadores para concienciarles de su situación precaria y abusos laborales, lo hizo tan convincente que los extras se negaron a continuar si no les subían el sueldo y mejoraban sus condiciones laborales.
Rojos no es solamente una superproducción, una epopeya romántica y visual por los acontecimientos que se narran, sino también el hecho de dirigir a la gran cantidad de extras, demostrando Beatty una buen manejo de la acción y, el rodaje que se trasladó de numerosas localidades de Estados Unidos, Reino Unido, Noruega, Finlandia y España.
Rojos recibió cuatro nominaciones en las cuatro categorías de la interpretación. El film, que obtuvo excelentes críticas fue nominado a doce Oscar, ganando en tres categorías: Beatty por mejor dirección; Maureen Stapleton como mejor actriz secundaria, así como para la fotografía de Vittorio Storaro. Ese año el galardón a la mejor película fue para "Carros de fuego".
Frases para recordar: "¿Qué produce un capitalista, además de dinero? Los obreros hacen todo el trabajo, ¿no? Bueno ¿y si se organizaran? Me refiero a todos los obreros, no solo a los fontaneros, los carpinteros y los electricistas, sino todos ellos. Y no solo en un país. ¿Qué pasaría si se organizaran, no podrían cambiar la sociedad de un país de la noche a la mañana? Podrían conseguir lo que quisieran. Si todos los obreros del mundo pertenecieran a un gran sindicato, no habría guerra".
Título original: Reds.
Director: Warren Beatty.
Intérpretes: Warren Beatty,Diane Keaton,Jack Nicholson,Edward Herrmann,Jerzy Kosinski, Paul Sorvino,Maureen Stapleton.
Relato basado en la vida del periodista John Reed durante la revolución bolchevique. John Reed fue un periodista norteamericano (Portland, Oregón, 1887-Moscú 1920) que obtuvo grandes éxitos con sus crónicas sobre la revolución mexicana (Insurgent Mexico, 1914) sobre la Primera Guerra Mundial (The War in eastern Europe, 1961) y sobre la Revolución Rusa (Ten days that shook the world, 1919). Simpatizante de los bolcheviques, fue amigo de Lenin, así como un activo militante de izquierdas. Colaboró con grupos comunistas de los EUA, siendo perseguido por ello, debiendo exiliarse a la URSS en 1919. Es el único americano enterrado en el Kremlin.
Con guión del propio Beatty y Trevor Griffiths, izquierdista británico, basado en el libro "Diez días que conmovieron al mundo" de John Reed. Beatty, omnipresente en el proyecto, ejerce aquí en la triple condición de productor, director y guionista controlando así todas las facetas de la película. Rojos supuso una propuesta muy ambiciosa y considerable y, de hecho Beatty pasó varios años trabajando para preparar el film en una época en la que trataba de tener menos presencia delante de la pantalla, centrándose más en la producción y dirección. Beatty se interesó en este proyecto tras haber leído las obras de John Reed, así como el hecho de que existieran apenas films que tratasen sobre la formación de una izquierda americana con tan poca tradición. Según Orson Welles: "la izquierda de Hollywood traicionó por mantener sus piscinas."
Arriesgado, dado el conservadurismo que ha imperado en Hollywood desde siempre. Reagan era el presidente de los EEUU en esa época y Margaret Thatcher, primera ministra británica.
La cinta, con un largo metraje de 194 minutos, está claramente dividida en dos partes. En la primera, se relata la relación y vida en común de Reed con la intelectual y radical feminista Louise Bryant (Diane Keaton) y con la anarquista Emma Goldman, encarnada por Maureen Stapleton. Una mujer a la que Hoover definió como "una de las mujeres más peligrosas de América". En la segunda mitad y más oscura, pero más dinámica, la acción se traslada a Rusia donde se nos relata los épicos acontecimientos políticos y sociales que formaban la incipiente Revolución. Así, en esta parte encontramos predominio de planos generales, fascinantes travellings de cámara, grandes masas de extras y detalles curiosos que avalan la minuciosa labor de documentación histórica y de documentación, llevada a cabo por el realizador, ayudado enormemente por el buen hacer de la espléndida fotografía de Vittorio Storaro. Beatty le imprime a la cinta un tono documental, al combinar escenas ficticias con entrevistas a testigos presenciales, directos e indirectos de la época, como Will Durant o el dramaturgo Arthur Miller, los cuales aportan aspectos muy interesantes y reveladores sobre su figura. Un Jack Nicholson sin histrionismos, interpreta magníficamente la figura del dramaturgo Eugene O’Neil. Warren Beatty, que nunca ha sido santo de mi devoción, compone un buen personaje, lleno de entusiasmo y energía por la causa del periodista e idealista revolucionario y su utopía de llevar los ideales de la Revolución a su país. Como anécdota decir que durante el rodaje de una escena donde Reed da un mitin a unos trabajadores para concienciarles de su situación precaria y abusos laborales, lo hizo tan convincente que los extras se negaron a continuar si no les subían el sueldo y mejoraban sus condiciones laborales.
Rojos no es solamente una superproducción, una epopeya romántica y visual por los acontecimientos que se narran, sino también el hecho de dirigir a la gran cantidad de extras, demostrando Beatty una buen manejo de la acción y, el rodaje que se trasladó de numerosas localidades de Estados Unidos, Reino Unido, Noruega, Finlandia y España.
Rojos recibió cuatro nominaciones en las cuatro categorías de la interpretación. El film, que obtuvo excelentes críticas fue nominado a doce Oscar, ganando en tres categorías: Beatty por mejor dirección; Maureen Stapleton como mejor actriz secundaria, así como para la fotografía de Vittorio Storaro. Ese año el galardón a la mejor película fue para "Carros de fuego".
Frases para recordar: "¿Qué produce un capitalista, además de dinero? Los obreros hacen todo el trabajo, ¿no? Bueno ¿y si se organizaran? Me refiero a todos los obreros, no solo a los fontaneros, los carpinteros y los electricistas, sino todos ellos. Y no solo en un país. ¿Qué pasaría si se organizaran, no podrían cambiar la sociedad de un país de la noche a la mañana? Podrían conseguir lo que quisieran. Si todos los obreros del mundo pertenecieran a un gran sindicato, no habría guerra".
Título original: Reds.
Director: Warren Beatty.
Intérpretes: Warren Beatty,Diane Keaton,Jack Nicholson,Edward Herrmann,Jerzy Kosinski, Paul Sorvino,Maureen Stapleton.
Se trata de un relato que intenta describir las claves principales que dieron lugar a un gran drama político e histórico que aconteció en la década de los sesenta en Yakarta. Con una muy libre adaptación de la novela de Christopher J. Koch, se nos muestra la crispación y el estallido de una gran masacre que vendría a constituir otra jugada más de ajedrez que enfrentaba ambos bloques en plena Guerra Fría Mundial. Con la excusa de relatar las peripecias de un joven y novato corresponsal de prensa que llega por primera vez a Yakarta, asistiremos como espectadores del gran entramado político global y se abrirá una reflexión acerca de la actitud personal de nuestros tres protagonistas.
Peter Weir adquirió los derechos sobre la novela de Christopher J. Koch, "El año que vivimos peligrosamente" en 1978, pero tardó un tiempo en conseguir el presupuesto necesario para recrear este complejo relato el cual requería de unos escenarios naturales que reflejaran a la perfección la sociedad, la cultura, el ambiente y la pobreza de esa zona del Sudeste Asiático. La novela narraba la tensa situación que se vivió en Yakarta en 1965 momentos antes de la caída de su dirigente, Achmed Sukarno, primer presidente de la República de Indonesia tras conseguir su independencia del gobierno de los Países Bajos en 1949.
Peter Weir intenta ofrecer al espectador una perspectiva visual y espiritual de aquella sociedad, su diversidad cultural, su miseria y la hambruna en la que vivía el pueblo mientras su líder político y espiritual experimentaba su personal y egoísta transformación dándole la espalda al mismo pueblo por el que tanto había luchado durante su juventud.
Sukarno fue un político indonesio y el primer presidente de la República de Indonesia (1945-1967) tras la independencia del archipiélago, anteriormente colonia de los Países Bajos. En 1927 fundó el Partido Nacional Indonesio. Detenido, desterrado y liberado por los japoneses en el marco de la Segunda Guerra Mundial, al final de ésta, el 17 de agosto de 1945, proclamó la independencia de Indonesia. En la década de los sesenta, instalado ya en el poder como gran líder, recibió el apoyo de Estados Unidos ante el progresivo crecimiento del Partido Comunista de Indonesia (PKI). En octubre del 1965, el ejército indonesio y su jefe, el general Suharto, dieron un golpe de Estado y tomaron el poder apartando al presidente Sukarno. Era el inicio de una represión brutal contra las masas indonesias y el Partido Comunista indonesio (PKI). Se ignora la cifra exacta de víctimas, de 500.000 a 2 millones de muertos, pero el PKI, el mayor partido comunista de Asia después del partido chino, fue liquidado con sus 3,5 millones de miembros. Todos sus dirigentes fueron asesinados. Las organizaciones de masas animadas por el PKI :sindicatos obreros, organizaciones juveniles, de mujeres o de campesinos pobres que sumaban de 15 a 20 millones de miembros, es decir un quinta parte de la población fueron también borradas del mapa. El PKI era el objetivo del ejército, de los terratenientes y de los grupos religiosos musulmanes profundamente anticomunistas, apoyados y animados por los Estados Unidos.
Peter Weir, dibuja una trama que oscila entre la descripción del ambiente social y la transformación íntima de sus personajes. Guy Hamilton (Mel Gibson) es el novato corresponsal de prensa australiano que aterriza en Jakarta con el objetivo de conseguir la gran primicia que haga despegar su carrera. Abandonado por su predecesor en un País tan bullicioso como diferente a su propia cultura y sin posibilidad de establecer contactos políticos o diplomáticos, se sitúa en clara desventaja frente al numeroso grupo de corresponsales Occidentales que siguen comportándose como presuntuosos colonialistas en un crisol de culturas que se descompone por la pobreza. Hamilton conocerá allí a dos personas que cambiarán su vida: el singular Billy Kwan, (Linda Hunt interpretando a un personaje masculino) un fotógrafo local comprometido con su pueblo, que busca una salida a la situación de hambre y pobreza de su País confiando que Sukarno sea el líder que Indonesia necesita; y la bellísima Jill Bryant, (Sigourney Weaver), ayudante del agregado militar en la embajada británica la cual pasará a convertirse en el objeto romántico de nuestro protagonista.
Desde los títulos de crédito iniciales y de forma repetida en numerosas escenas, el director dejará constancia del juego de luces y sombras típico de las representaciones con títeres, claramente con dobles mensajes. Se nos introduce así en el concepto del "wayang indonesio", ancestral teatro chinesco del país asiático sobre el que se construye tanto la novela de Koch (que abandonó la producción por irreconciliables diferencias creativas con respecto a los cambios en la historia original introducidos por Weir y Williamson) como el filme que nos ocupa.
Hay una escena clave en la que Billy Kwan narra a Hamilton una leyenda:
- Kwan: "Si quieres comprender Java tienes que entender el Wajang."
En el bungaló de Billy, éste le habla a Hamilton del juego sagrado de las sombras. Le presenta a tres de sus personajes, el Príncipe Arjuna que es el héroe, un hombre de luz, en ocasiones caprichoso y egoísta cegado por la vanidad. Arjuna se enamora de la Princesa Srikandi, noble y orgullosa pero también testaruda. Por último, el Enano Semar, servidor del Príncipe y que fácilmente identificamos con el propio Billy. El dalang o maestro que maneja los hilos es el papel que se asigna a Sukarno como equilibrador de las fuerzas que intentan resquebrajar su país: los militares por un lado y el partido comunista por el otro.
Con constantes juegos visuales que van asimilando y traduciendo el carácter de títeres y titiritero que Weir asigna a sus personajes, resulta brillante la forma en que, a lo largo del filme, se van distorsionando los roles que inicialmente han sido descritos por Kwan en el cuento narrado a Hamilton para ir revelando los verdaderos cambios que experimentarán cada uno de ellos frente al conflicto que se avecina.
Este entretenido y complejo film cuenta con una muy notable puesta en escena gracias a la maravillosa fotografía de Russell Boyd, que ya había colaborado con este director. David Williamson fue su tándem para adaptar la novela pese a sus diferencias con el propio autor del libro. La descripción en imágenes que consigue el director contiene el equilibrio justo entre belleza y denuncia social. Además, supuso la primera colaboración del cineasta australiano con Maurice Jarre, compositor con el que trabajaría en tres filmes más y que aquí escribe un trabajo de poca relevancia al que resta muchísimo protagonismo la inclusión de 'L'Enfant' magnífico tema del "Opera sauvage" de Vangelis que puntualiza dos de las secuencias de mayor relevancia en la trama.
Se trata de un relato que intenta describir las claves principales que dieron lugar a un gran drama político e histórico que aconteció en la década de los sesenta en Yakarta. Con una muy libre adaptación de la novela de Christopher J. Koch, se nos muestra la crispación y el estallido de una gran masacre que vendría a constituir otra jugada más de ajedrez que enfrentaba ambos bloques en plena Guerra Fría Mundial. Con la excusa de relatar las peripecias de un joven y novato corresponsal de prensa que llega por primera vez a Yakarta, asistiremos como espectadores del gran entramado político global y se abrirá una reflexión acerca de la actitud personal de nuestros tres protagonistas.
Peter Weir adquirió los derechos sobre la novela de Christopher J. Koch, "El año que vivimos peligrosamente" en 1978, pero tardó un tiempo en conseguir el presupuesto necesario para recrear este complejo relato el cual requería de unos escenarios naturales que reflejaran a la perfección la sociedad, la cultura, el ambiente y la pobreza de esa zona del Sudeste Asiático. La novela narraba la tensa situación que se vivió en Yakarta en 1965 momentos antes de la caída de su dirigente, Achmed Sukarno, primer presidente de la República de Indonesia tras conseguir su independencia del gobierno de los Países Bajos en 1949.
Peter Weir intenta ofrecer al espectador una perspectiva visual y espiritual de aquella sociedad, su diversidad cultural, su miseria y la hambruna en la que vivía el pueblo mientras su líder político y espiritual experimentaba su personal y egoísta transformación dándole la espalda al mismo pueblo por el que tanto había luchado durante su juventud.
Sukarno fue un político indonesio y el primer presidente de la República de Indonesia (1945-1967) tras la independencia del archipiélago, anteriormente colonia de los Países Bajos. En 1927 fundó el Partido Nacional Indonesio. Detenido, desterrado y liberado por los japoneses en el marco de la Segunda Guerra Mundial, al final de ésta, el 17 de agosto de 1945, proclamó la independencia de Indonesia. En la década de los sesenta, instalado ya en el poder como gran líder, recibió el apoyo de Estados Unidos ante el progresivo crecimiento del Partido Comunista de Indonesia (PKI). En octubre del 1965, el ejército indonesio y su jefe, el general Suharto, dieron un golpe de Estado y tomaron el poder apartando al presidente Sukarno. Era el inicio de una represión brutal contra las masas indonesias y el Partido Comunista indonesio (PKI). Se ignora la cifra exacta de víctimas, de 500.000 a 2 millones de muertos, pero el PKI, el mayor partido comunista de Asia después del partido chino, fue liquidado con sus 3,5 millones de miembros. Todos sus dirigentes fueron asesinados. Las organizaciones de masas animadas por el PKI :sindicatos obreros, organizaciones juveniles, de mujeres o de campesinos pobres que sumaban de 15 a 20 millones de miembros, es decir un quinta parte de la población fueron también borradas del mapa. El PKI era el objetivo del ejército, de los terratenientes y de los grupos religiosos musulmanes profundamente anticomunistas, apoyados y animados por los Estados Unidos.
Peter Weir, dibuja una trama que oscila entre la descripción del ambiente social y la transformación íntima de sus personajes. Guy Hamilton (Mel Gibson) es el novato corresponsal de prensa australiano que aterriza en Jakarta con el objetivo de conseguir la gran primicia que haga despegar su carrera. Abandonado por su predecesor en un País tan bullicioso como diferente a su propia cultura y sin posibilidad de establecer contactos políticos o diplomáticos, se sitúa en clara desventaja frente al numeroso grupo de corresponsales Occidentales que siguen comportándose como presuntuosos colonialistas en un crisol de culturas que se descompone por la pobreza. Hamilton conocerá allí a dos personas que cambiarán su vida: el singular Billy Kwan, (Linda Hunt interpretando a un personaje masculino) un fotógrafo local comprometido con su pueblo, que busca una salida a la situación de hambre y pobreza de su País confiando que Sukarno sea el líder que Indonesia necesita; y la bellísima Jill Bryant, (Sigourney Weaver), ayudante del agregado militar en la embajada británica la cual pasará a convertirse en el objeto romántico de nuestro protagonista.
Desde los títulos de crédito iniciales y de forma repetida en numerosas escenas, el director dejará constancia del juego de luces y sombras típico de las representaciones con títeres, claramente con dobles mensajes. Se nos introduce así en el concepto del "wayang indonesio", ancestral teatro chinesco del país asiático sobre el que se construye tanto la novela de Koch (que abandonó la producción por irreconciliables diferencias creativas con respecto a los cambios en la historia original introducidos por Weir y Williamson) como el filme que nos ocupa.
Hay una escena clave en la que Billy Kwan narra a Hamilton una leyenda:
- Kwan: "Si quieres comprender Java tienes que entender el Wajang."
En el bungaló de Billy, éste le habla a Hamilton del juego sagrado de las sombras. Le presenta a tres de sus personajes, el Príncipe Arjuna que es el héroe, un hombre de luz, en ocasiones caprichoso y egoísta cegado por la vanidad. Arjuna se enamora de la Princesa Srikandi, noble y orgullosa pero también testaruda. Por último, el Enano Semar, servidor del Príncipe y que fácilmente identificamos con el propio Billy. El dalang o maestro que maneja los hilos es el papel que se asigna a Sukarno como equilibrador de las fuerzas que intentan resquebrajar su país: los militares por un lado y el partido comunista por el otro.
Con constantes juegos visuales que van asimilando y traduciendo el carácter de títeres y titiritero que Weir asigna a sus personajes, resulta brillante la forma en que, a lo largo del filme, se van distorsionando los roles que inicialmente han sido descritos por Kwan en el cuento narrado a Hamilton para ir revelando los verdaderos cambios que experimentarán cada uno de ellos frente al conflicto que se avecina.
Este entretenido y complejo film cuenta con una muy notable puesta en escena gracias a la maravillosa fotografía de Russell Boyd, que ya había colaborado con este director. David Williamson fue su tándem para adaptar la novela pese a sus diferencias con el propio autor del libro. La descripción en imágenes que consigue el director contiene el equilibrio justo entre belleza y denuncia social. Además, supuso la primera colaboración del cineasta australiano con Maurice Jarre, compositor con el que trabajaría en tres filmes más y que aquí escribe un trabajo de poca relevancia al que resta muchísimo protagonismo la inclusión de 'L'Enfant' magnífico tema del "Opera sauvage" de Vangelis que puntualiza dos de las secuencias de mayor relevancia en la trama.
Conjuntamente con Salvador (Oliver Stone, 1986) y Desaparecido (Costa Gavras, 1982), Bajo el fuego es una de las escasas películas realizadas en plena era reaganiana que abordaba el tema del intervencionismo yanqui en Latinoamérica. La historia de un reportero en plena revolución sandinista en Nicaragua era narrada en una excelente combinación de aventura, romance y mensaje político. Ubicada en 1979, el último año del gobierno de Anastasio "Tacho" Somoza, un dictador sanguinario protegido por intereses capitalistas se tambaleaba frente al insurgente pueblo que clamaba democracia. Es en ese escenario que arriba al país centroamericano el reportero gráfico Russell Price (Nick Nolte), un individuo curtido en otras guerras, cuyo objetivo es conseguir la gloria a través de un gran reportaje, con lo que entendemos que no tiene muchos escrúpulos y que su lealtad es solo consigo mismo, un mercenario del periodismo.
Sin embargo hablamos de una película de Hollywood y el héroe tendrá que transformarse desde un tipo que ve las cosas detrás de la valla hasta un sujeto comprometido con una causa, la cual aprenderá de un pueblo valiente que pelea por su libertad. Tenemos además un triángulo amoroso cuyos otros vértices son Claire (Joanna Cassidy) y Alex Grazier (Gene Hackman), un matrimonio recientemente disuelto y amigos del prota. Claire comparte la afición adrenalínica del periodismo de guerra pero Alex ya está cansado de eso y prefiere optar por un trabajo más relajado en Nueva York como presentador de noticias. Russell viene de un conflicto bélico en Africa donde conoció a un soldado de fortuna, Otis (Un jovencito Ed Harris) quien le ha hablado que el poder político se sostiene en la propaganda y que quien controla los medios impone la verdad oficial. Ahora lo encuentra en Nicaragua como militar asalariado del régimen. No es sorpresa para él, porque en cierta forma él también trabaja para una corporación y aunque pretenda ser objetivo sabe que su reportaje será manipulado. También conoce a un espía francés, Marcel Jazy (Jean‑Louis Trintignant) que juega a dos bandos. Russell se sabe igualmente ambiguo.
El detonante se da cuando la guerrilla se lleva a Russell para que fotografíe a un líder guerrillero llamado Rafael a quien el gobierno da por muerto. Aquél es una inspiración para el pueblo y su fallecimiento causaría una herida muy grave en el proceso emancipador. La misión de Russell es entonces convencer al mundo que el caudillo está presente.
El gobierno estadounidense retiró su apoyo durante la administración Carter por un suceso muy parecido al que ocurre en uno de los pasajes del filme, situación muy liberal para una época en la que el conservadurismo estaba en la cúspide. Cosa que muy convenientemente revaloriza a esta película además de una correcta dirección, una magnífica fotografía (John Alcott) y la grandiosa música de Jerry Goldsmith (¿Sabían que la melodía que cierra Bajo el fuego fue usada por Tarantino en Django Desencadenado?).
Un gran film que hablaba de idealismo y libertad. Han pasado más de 30 años de esta historia marcada por un ideal libertario, lastimosamente los años han demostrado que quienes ocuparon el lugar de Tacho Somoza en Nicaragua no se diferencian en lo más mínimo. La larga dictadura somocista ha dado lugar al reiterativo sandinismo padre putativo del socialismo del siglo XXI encarnado por Daniel Ortega.
Título original: Under Fire.
Director: Roger Spottiswoode.
Intérpretes: Nick Nolte,Joanna Cassidy,Gene Hackman,Jean-Louis Trintignant,Ed Harris,Richard Masur.
Conjuntamente con Salvador (Oliver Stone, 1986) y Desaparecido (Costa Gavras, 1982), Bajo el fuego es una de las escasas películas realizadas en plena era reaganiana que abordaba el tema del intervencionismo yanqui en Latinoamérica. La historia de un reportero en plena revolución sandinista en Nicaragua era narrada en una excelente combinación de aventura, romance y mensaje político. Ubicada en 1979, el último año del gobierno de Anastasio "Tacho" Somoza, un dictador sanguinario protegido por intereses capitalistas se tambaleaba frente al insurgente pueblo que clamaba democracia. Es en ese escenario que arriba al país centroamericano el reportero gráfico Russell Price (Nick Nolte), un individuo curtido en otras guerras, cuyo objetivo es conseguir la gloria a través de un gran reportaje, con lo que entendemos que no tiene muchos escrúpulos y que su lealtad es solo consigo mismo, un mercenario del periodismo.
Sin embargo hablamos de una película de Hollywood y el héroe tendrá que transformarse desde un tipo que ve las cosas detrás de la valla hasta un sujeto comprometido con una causa, la cual aprenderá de un pueblo valiente que pelea por su libertad. Tenemos además un triángulo amoroso cuyos otros vértices son Claire (Joanna Cassidy) y Alex Grazier (Gene Hackman), un matrimonio recientemente disuelto y amigos del prota. Claire comparte la afición adrenalínica del periodismo de guerra pero Alex ya está cansado de eso y prefiere optar por un trabajo más relajado en Nueva York como presentador de noticias. Russell viene de un conflicto bélico en Africa donde conoció a un soldado de fortuna, Otis (Un jovencito Ed Harris) quien le ha hablado que el poder político se sostiene en la propaganda y que quien controla los medios impone la verdad oficial. Ahora lo encuentra en Nicaragua como militar asalariado del régimen. No es sorpresa para él, porque en cierta forma él también trabaja para una corporación y aunque pretenda ser objetivo sabe que su reportaje será manipulado. También conoce a un espía francés, Marcel Jazy (Jean‑Louis Trintignant) que juega a dos bandos. Russell se sabe igualmente ambiguo.
El detonante se da cuando la guerrilla se lleva a Russell para que fotografíe a un líder guerrillero llamado Rafael a quien el gobierno da por muerto. Aquél es una inspiración para el pueblo y su fallecimiento causaría una herida muy grave en el proceso emancipador. La misión de Russell es entonces convencer al mundo que el caudillo está presente.
El gobierno estadounidense retiró su apoyo durante la administración Carter por un suceso muy parecido al que ocurre en uno de los pasajes del filme, situación muy liberal para una época en la que el conservadurismo estaba en la cúspide. Cosa que muy convenientemente revaloriza a esta película además de una correcta dirección, una magnífica fotografía (John Alcott) y la grandiosa música de Jerry Goldsmith (¿Sabían que la melodía que cierra Bajo el fuego fue usada por Tarantino en Django Desencadenado?).
Un gran film que hablaba de idealismo y libertad. Han pasado más de 30 años de esta historia marcada por un ideal libertario, lastimosamente los años han demostrado que quienes ocuparon el lugar de Tacho Somoza en Nicaragua no se diferencian en lo más mínimo. La larga dictadura somocista ha dado lugar al reiterativo sandinismo padre putativo del socialismo del siglo XXI encarnado por Daniel Ortega.
Título original: Under Fire.
Director: Roger Spottiswoode.
Intérpretes: Nick Nolte,Joanna Cassidy,Gene Hackman,Jean-Louis Trintignant,Ed Harris,Richard Masur.
Se trata de una adaptación de una novela del escritor inglés E.M. Forster (1870-1970), en la época en que la India era aún una colonia británica, allá por 1920.
Adela Quested (Judy Davis), una joven británica, realiza un viaje a la India con su futura suegra, la señora Moore (Peggy Ashcroft), a fin de contraer matrimonio con un joven que ejerce de magistrado en Chandrapore, Ronny Heaslop (Nigel Havers) y es el hijo del segundo matrimonio de la señora Moore. Adela y la señora Moore pronto se revelan como dos mujeres muy diferentes de su encorsetado entorno social . Representan dos generaciones de mujeres que se niegan a asumir el rol pasivo para el que han sido educadas, se niegan a carecer de opinión, de principios y, especialmente, se niegan a despreciar una cultura que les resulta tan exótica como interesante. Pese a que la diferencia de edad entre ambas es notable, pronto congenian a la perfección compartiendo el hastío que les produce la prepotencia colonial en la India y el desprecio por una cultura tan rica como milenaria. Adela, que parecía soñar con alejarse de su mundo para vivir una experiencia novedosa y liberadora se encuentra que, por mucho que se aleje de su país de origen, los convencionalismos destinados a las mujeres son siempre los mismos.
Los británicos residentes en tierras extranjeras, lejos de enriquecerse y mezclarse con una nueva cultura, son aún más clasistas, herméticos, intolerantes y prepotentes en un territorio que están ocupando bajo una presión militar con la excusa de mantener la paz y el orden. Adela se aburre tremendamente en el selecto club de campo y pronto descubre que su futuro prometido le prepara toda una vida de buenas apariencias que lo ayuden a mantener su prestigio dentro de la colonia británica, ese pequeño gueto injertado a la fuerza dentro de un escenario de tanta belleza y complejidad que escapa completamente a la torpe ceguera británica. Adela y la señora Moore chocan contra el desprecio que se inflige a los nativos y al paisaje que las rodea. Ambas están provistas de una curiosidad innata que las conduce a querer conocer mejor la India, sus costumbres y sus auténticos habitantes. La oportunidad para satisfacer este deseo la encuentran por medio de un singular personaje, el doctor Aziv (Victor Banerjee), un médico hindú, viudo y padre de dos hijos que vive humildemente y que asume con naturalidad las absurdas imposiciones británicas. Su naturaleza noble e ingenua no acierta a comprender los enrevesados vericuetos de la flema británica. De él partirá la idea de una excursión a las famosas cuevas de Marabar. En esa excursión ocurre algo absolutamente insólito que precipita la trama por derroteros impensables.
La excursión representa el punto de inflexión de la película donde se visualiza el gran choque cultural entre invasores y nativos. Un enfrentamiento brutal que es narrado con una gran sutileza mediante la experiencia personal de Adela, una joven seducida por lo extraño y desconocido que desea escapar de sus propios límites, pero que queda completamente desbordada al no saber medir sus limitaciones y carecer de la preparación suficiente como para abrir la mente a los misterios del alma.
La película está excepcionalmente dirigida por David Lean, quien siempre supo mezclar a la perfección el intimismo de relatos personales con la épica del paisaje. En este caso, se desplazó a Asia para elaborar esta gran producción y describir un escenario y una atmósfera cálida y sofocante. De hecho el relato da comienzo al mismo tiempo que comienza la Estación Cálida en la India. El asfixiante calor juega un papel protagonista en varias escenas y la visión de un sol resplandeciente en la excursión hacia las cuevas, punto álgido del film, contrasta con la oscuridad de las mismas y la confusión resultante de tan grandes contrastes.
Para elaborar este film, David Lean contó con la confianza de los productores británicos Richard Goodwin y John Brabourne, especialistas en películas de lugares coloniales y exóticos. Es muy destacable el hecho de que este film, rodado con los cánones clásicos pertenezca a una década, la de los ochenta, en la que el cine había cambiado y se habían comenzado a rodar otro tipo de películas. De hecho, mientras D. Lean rodaba "Pasaje a la India" coincidió con Spielberg que rodaba también en Asia "Indiana Jones".
Por si alguien anda despistado, en 1984 Lean llevaba catorce años retirado del cine tras el inexplicable fracaso de "La hija de Ryan", una genial e incomprendida obra. Pues bien, tras este lapso de tiempo, Lean se hace cargo de "Pasaje a la India" y lo hace con toda su sabiduría, manteniendo un buen pulso narrativo y mostrando imágenes como sólo unos pocos sabían hacer, convirtiendo los espacios naturales en misteriosos ecos del mundo interior y los conflictos de sus personajes.
Insisto en que en este film se unen dos características que siempre estuvieron presentes en la filmografía de Lean, la compleja intimidad de las relaciones humanas: "Breve encuentro", "Amigos apasionados" con la espectacularidad de los grandes relatos épicos rodados en escenarios naturales donde el paisaje se funde con su protagonista, para bien o para mal: "Lawrence de Arabia", probablemente su obra más excepcional, y la poco valorada “La hija de Ryan”. En ambas películas el agreste y difícil paisaje, así como la cultura y los habitantes del lugar son capaces de modificar el destino de nuestros protagonistas.
La película que ahora comentamos es una adaptación cinematográfica del libro del mismo título de E. M. Forster, gran fuente de inspiración del cine británico ya que varias de sus novelas han sido llevadas al cine por James Ivory, responsable de películas como "Maurice", "Una habitación con vistas" o "Regreso a Howards End".
En "Pasaje a la India", escritor y director coinciden en describir y trasladar a la gran pantalla dos de los pilares sobre los que se articulan los relatos del novelista: las barreras sociales, el rígido convencionalismo británico y una sexualidad reprimida, características todas de una rígida educación británica de la que nuestros protagonistas pretenden escapar.
La dirección artística de la fotografía de Ernest Day nos traslada de forma directa a un mundo infravalorado desde la perspectiva occidental de la colonización, incapaz de detenerse a observar y comprender esa magia y espiritualidad que nace de un paisaje y unos antepasados acostumbrados a lidiar con la tierra y con el caluroso y húmedo clima de la India.
La música de Maurice Jarre es una pieza importante dentro del relato y obtuvo un merecido Oscar. La música y la fotografía, así como el vestuario y la puesta en escena son el acompañamiento técnico perfecto para que la película alcance una gran categoría artística.
En cuanto al trabajo de los actores, son las dos actrices protagonistas las que realizan la mejor parte. Especialmente, Judy Davis, como elemento conductor de una trama que va más allá de lo personal. El resto del elenco está correcto, pero para mí es el propio escenario natural el único personaje capaz de dar réplica al complejo personaje de Adela. La pequeña intervención que Lean quiso otorgar a uno de sus actores fetiche: Alec Guiness como Brahman y profesor de filosofía representativo de la nueva corriente pacifista que está por llegar, no queda del todo tan creíble como otras excelentes actuaciones que hemos visto de este magnífico actor.
Profundizando algo más en la segunda vertiente del film, en su parte épica, descubrimos que David Lean consigue dibujar en pantalla toda una realidad social e histórica acerca de las tensiones sociales y políticas que acontecieron entre hindúes y británicos durante los años 20. Años de tensión entre la administración colonial británica en la India y del creciente movimiento de independencia indio, que culminaría durante los años 40 con la figura de Gandhi.
David Lean dejó un hermoso testamento cinematográfico, una película con un ambiente sensual y extraño, con una visión crítica y sensible capaz de atrapar instantes de un mundo y una cultura que escapan a la mirada de Occidente.
Se trata de una adaptación de una novela del escritor inglés E.M. Forster (1870-1970), en la época en que la India era aún una colonia británica, allá por 1920.
Adela Quested (Judy Davis), una joven británica, realiza un viaje a la India con su futura suegra, la señora Moore (Peggy Ashcroft), a fin de contraer matrimonio con un joven que ejerce de magistrado en Chandrapore, Ronny Heaslop (Nigel Havers) y es el hijo del segundo matrimonio de la señora Moore. Adela y la señora Moore pronto se revelan como dos mujeres muy diferentes de su encorsetado entorno social . Representan dos generaciones de mujeres que se niegan a asumir el rol pasivo para el que han sido educadas, se niegan a carecer de opinión, de principios y, especialmente, se niegan a despreciar una cultura que les resulta tan exótica como interesante. Pese a que la diferencia de edad entre ambas es notable, pronto congenian a la perfección compartiendo el hastío que les produce la prepotencia colonial en la India y el desprecio por una cultura tan rica como milenaria. Adela, que parecía soñar con alejarse de su mundo para vivir una experiencia novedosa y liberadora se encuentra que, por mucho que se aleje de su país de origen, los convencionalismos destinados a las mujeres son siempre los mismos.
Los británicos residentes en tierras extranjeras, lejos de enriquecerse y mezclarse con una nueva cultura, son aún más clasistas, herméticos, intolerantes y prepotentes en un territorio que están ocupando bajo una presión militar con la excusa de mantener la paz y el orden. Adela se aburre tremendamente en el selecto club de campo y pronto descubre que su futuro prometido le prepara toda una vida de buenas apariencias que lo ayuden a mantener su prestigio dentro de la colonia británica, ese pequeño gueto injertado a la fuerza dentro de un escenario de tanta belleza y complejidad que escapa completamente a la torpe ceguera británica. Adela y la señora Moore chocan contra el desprecio que se inflige a los nativos y al paisaje que las rodea. Ambas están provistas de una curiosidad innata que las conduce a querer conocer mejor la India, sus costumbres y sus auténticos habitantes. La oportunidad para satisfacer este deseo la encuentran por medio de un singular personaje, el doctor Aziv (Victor Banerjee), un médico hindú, viudo y padre de dos hijos que vive humildemente y que asume con naturalidad las absurdas imposiciones británicas. Su naturaleza noble e ingenua no acierta a comprender los enrevesados vericuetos de la flema británica. De él partirá la idea de una excursión a las famosas cuevas de Marabar. En esa excursión ocurre algo absolutamente insólito que precipita la trama por derroteros impensables.
La excursión representa el punto de inflexión de la película donde se visualiza el gran choque cultural entre invasores y nativos. Un enfrentamiento brutal que es narrado con una gran sutileza mediante la experiencia personal de Adela, una joven seducida por lo extraño y desconocido que desea escapar de sus propios límites, pero que queda completamente desbordada al no saber medir sus limitaciones y carecer de la preparación suficiente como para abrir la mente a los misterios del alma.
La película está excepcionalmente dirigida por David Lean, quien siempre supo mezclar a la perfección el intimismo de relatos personales con la épica del paisaje. En este caso, se desplazó a Asia para elaborar esta gran producción y describir un escenario y una atmósfera cálida y sofocante. De hecho el relato da comienzo al mismo tiempo que comienza la Estación Cálida en la India. El asfixiante calor juega un papel protagonista en varias escenas y la visión de un sol resplandeciente en la excursión hacia las cuevas, punto álgido del film, contrasta con la oscuridad de las mismas y la confusión resultante de tan grandes contrastes.
Para elaborar este film, David Lean contó con la confianza de los productores británicos Richard Goodwin y John Brabourne, especialistas en películas de lugares coloniales y exóticos. Es muy destacable el hecho de que este film, rodado con los cánones clásicos pertenezca a una década, la de los ochenta, en la que el cine había cambiado y se habían comenzado a rodar otro tipo de películas. De hecho, mientras D. Lean rodaba "Pasaje a la India" coincidió con Spielberg que rodaba también en Asia "Indiana Jones".
Por si alguien anda despistado, en 1984 Lean llevaba catorce años retirado del cine tras el inexplicable fracaso de "La hija de Ryan", una genial e incomprendida obra. Pues bien, tras este lapso de tiempo, Lean se hace cargo de "Pasaje a la India" y lo hace con toda su sabiduría, manteniendo un buen pulso narrativo y mostrando imágenes como sólo unos pocos sabían hacer, convirtiendo los espacios naturales en misteriosos ecos del mundo interior y los conflictos de sus personajes.
Insisto en que en este film se unen dos características que siempre estuvieron presentes en la filmografía de Lean, la compleja intimidad de las relaciones humanas: "Breve encuentro", "Amigos apasionados" con la espectacularidad de los grandes relatos épicos rodados en escenarios naturales donde el paisaje se funde con su protagonista, para bien o para mal: "Lawrence de Arabia", probablemente su obra más excepcional, y la poco valorada “La hija de Ryan”. En ambas películas el agreste y difícil paisaje, así como la cultura y los habitantes del lugar son capaces de modificar el destino de nuestros protagonistas.
La película que ahora comentamos es una adaptación cinematográfica del libro del mismo título de E. M. Forster, gran fuente de inspiración del cine británico ya que varias de sus novelas han sido llevadas al cine por James Ivory, responsable de películas como "Maurice", "Una habitación con vistas" o "Regreso a Howards End".
En "Pasaje a la India", escritor y director coinciden en describir y trasladar a la gran pantalla dos de los pilares sobre los que se articulan los relatos del novelista: las barreras sociales, el rígido convencionalismo británico y una sexualidad reprimida, características todas de una rígida educación británica de la que nuestros protagonistas pretenden escapar.
La dirección artística de la fotografía de Ernest Day nos traslada de forma directa a un mundo infravalorado desde la perspectiva occidental de la colonización, incapaz de detenerse a observar y comprender esa magia y espiritualidad que nace de un paisaje y unos antepasados acostumbrados a lidiar con la tierra y con el caluroso y húmedo clima de la India.
La música de Maurice Jarre es una pieza importante dentro del relato y obtuvo un merecido Oscar. La música y la fotografía, así como el vestuario y la puesta en escena son el acompañamiento técnico perfecto para que la película alcance una gran categoría artística.
En cuanto al trabajo de los actores, son las dos actrices protagonistas las que realizan la mejor parte. Especialmente, Judy Davis, como elemento conductor de una trama que va más allá de lo personal. El resto del elenco está correcto, pero para mí es el propio escenario natural el único personaje capaz de dar réplica al complejo personaje de Adela. La pequeña intervención que Lean quiso otorgar a uno de sus actores fetiche: Alec Guiness como Brahman y profesor de filosofía representativo de la nueva corriente pacifista que está por llegar, no queda del todo tan creíble como otras excelentes actuaciones que hemos visto de este magnífico actor.
Profundizando algo más en la segunda vertiente del film, en su parte épica, descubrimos que David Lean consigue dibujar en pantalla toda una realidad social e histórica acerca de las tensiones sociales y políticas que acontecieron entre hindúes y británicos durante los años 20. Años de tensión entre la administración colonial británica en la India y del creciente movimiento de independencia indio, que culminaría durante los años 40 con la figura de Gandhi.
David Lean dejó un hermoso testamento cinematográfico, una película con un ambiente sensual y extraño, con una visión crítica y sensible capaz de atrapar instantes de un mundo y una cultura que escapan a la mirada de Occidente.