EN BANDEJA DE PLATA (1966). Jack Lemmon y Walter Matthau en el clásico de Billy Wilder.

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La primera colaboración de una de las más notorias parejas de la historia del cine, el oriundo de Massachussets, Jack Lemmon y el neoyorkino Walter Matthau, llegó de la mano de la película número 21 del realizador centro europeo Billy Wilder. Probablemente el "viejo zorro" educado en Viena, fue el primero en percatarse de la potencial química que ambos desprenderían en pantalla. Ya había dirigido a Lemmon en tres memorables largometrajes. Para el papel protagonista de "Bésame Tonto (1964)", el filme previo de Wilder, tras el infarto de Peter Sellers, que lo descartó como intérprete principal, el director había tanteado a Matthau para el personaje del celoso compulsivo profesor de piano, Orville Spooner, papel que recaería finalmente en Ray Walston. Quien quiera que tuvo la idea de reunirlos delante de la cámara, no se equivocó, pues la pantalla desprende chispas ante su intercambio de misivas, cocinadas al punto exacto por Wilder y su guionista I.A.L. DiamondPese al fracaso económico del largometraje, Lemmon y Matthau desarrollaron una fructífera colaboración profesional, plagada de títulos memorables, y de otros que no lo fueron tanto. La compenetración rápidamente se convirtió en profunda amistad. Ambas facetas, colaboración profesional y amistad, perduraron hasta comienzos del milenio, hasta los fallecimientos respectivos. Matthau murió en el 2000 y Lemmon en 2001. La coordinación entre ambos actores llegó a tal extremo que Lemmon dirigió a Matthau en "Kotch (1971)" y el hijo de Matthau, Charles, los dirigió a ambos en el "Arpa de Hierba  (1995)". Un título emblemático del cine estadounidense de los años 90, la obra maestra "JFK, caso abierto (1991)", de Oliver Stone, contiene dos pequeñas, pero memorables interpretaciones de ambos. Sin duda, ninguno de ellos pasa desapercibido para el espectador atento, a pesar del prodigioso mosaico de interpretes que engrosan el sólido reparto del filme de Stone. Billy Wilder nació en 1906 en la actual Polonia, concretamente en Sucha Beskidzka, integrada en aquel entonces en el Imperio austro-húngaro. En Viena pasó su infancia y juventud, donde comenzó a estudiar la licenciatura de derecho, que rápidamente cambió por el periodismo. 

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En su juventud no pudo resistirse a la llamada de una ciudad bulliciosa y atractiva, plagada de posibilidades: la seductora Berlín de entreguerras. Wilder se instaló y ejerció el periodismo, entrando rápidamente a trabajar en los míticos estudios UFA como guionista, conociendo a los realizadores clave del momento. Con el ascenso del nazismo, pasó a engrosar las filas de tantos cineastas que huyeron del fatídico régimen nacional-socialista, que se instalaba a paso firme en Alemania, recalando en EEUU. A título de ejemplo, estos artistas europeos traerían las luces y sombras del expresionismo alemán a Hollywood, creando el film noir. Antes de cruzar el océano, Wilder se detuvo en Francia donde, curiosamente, tiene la oportunidad de debutar en la dirección. La película es "Curvas peligrosas  (1934)", una comedia romántica de cierto enredo y con gángsters, diseñada para la mayor gloria de la diva gala Danielle Darreaux, musa de Marcel Carné y Max Ophüls, entre otros. Wilder se instaló en EEUU y comenzó su andadura en la meca del cine como guionista, oficio que había aprendido en Alemania de manera óptima. Con el escritor, guionista y productor de cine natural de Nueva York, Charles Brackett, comenzó una colaboración que se extendió a 16 guiones. En tres participarían sin acreditar. Seis de ellos serían dirigidos por el propio Wilder. Ejemplos de guiones acreditados del tándem Brackett-Wilder para otros cineastas, son los que cristalizaron en películas memorables como "Ninotchka (1939)", de Ernst Lubisch, "Medianoche (1939)" de Mitchell Leisen, o "Bola de fuego (1941)", de Howard Hawks. Ejemplos de guiones escritos por ambos, y dirigidos por Billy Wilder son "Días sin Huella (1945)", "Berlín Occidente  (1948)", o la obra maestra "El Crepúsculo de los Dioses (1950)", último libreto suscrito a cuatro manos entre ambos prestidigitadores de la palabra. En 1957, el cineasta centro europeo comenzó una nueva y fructífera colaboración con otro guionista de excepción: el ya mencionado I.A.L. Diamond, natural de Rumanía. Esta memorable compenetración profesional comenzó con "Ariane (1957)" y se extendió hasta la regular "Aquí un Amigo (1981)". 12 guiones por lo general inolvidables marcan esa actividad conjunta, tan intensa, que a la muerte de Diamond en 1988, Wilder declaró que había perdido interés en volver a hacer cine. El cineasta necesitaba la réplica, el contrapunto, de Diamond en esos diálogos chorreantes de astuta comicidad. Ambos guionistas poseían sendos temperamentos poderosos y apasionados, que chocaron frontalmente alguna vez, como ocurrió en el diseño del libreto de "La vida Privada de Sherlock Holmes (1970)", en la que incluso interviene algún que otro guionista adicional, pero que ambos concluyeron en armonía siendo conscientes de que se comprendían y que funcionaban demasiado bien conjuntamente. 


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Uno de los 12 guiones perpetrados es, por supuesto, el de "En bandeja de plata"El largometraje parte desde el guión de un ingenioso mecanismo fragmentado, con perfecta delimitación. Wilder y Diamond tomaron la decisión de dividir la trama en 16 segmentos, cada uno de ellos con su propio título. La división narrativa proporciona cierta solemnidad y potencia la comicidad de las situaciones, así como la progresión, el in crescendo, de la trama. Algunos de los títulos de esos segmentos, imposibles de traducir con fidelidad al castellano, diluyen su eficacia en el doblaje (por otra parte excelente). En general los títulos de los 16 fragmentos que componen la trama están bien elegidos, pero destacan dos de ellos, cuyos enunciados juegan un papel preponderante en la narración. En ambos, ya se nos arranca a los espectadores de antemano, como mínimo, una sonrisa, adelantando secuencias memorables. Esos títulos son, el 2, titulado "El Cuñado" y el 14, titulado "El sabor del dinero". El film se abre con el episodio titulado "El Accidente", que termina con el cámara de la CBS, Harry Hinkle (Jack Lemmon) conducido al Hospital, después de haber sido arrollado por la estrella del equipo local de Cleveland, "Boom Boom" Jackson, en medio de un encuentro de rugby, tropezando, como consecuencia del embiste, con una lona enrollada, que había servido para tapar el césped del campo ante las recientes lluvias y evitar arruinar un encuentro que congregaba a una considerable multitud de espectadores. Pues bien, el segundo de los segmentos, "El Cuñado", nos introduce al memorable personaje interpretado por Walter Matthau, el letrado marrullero e indeseable, William H Gingrich. Se encuentra en uno de los pasillos previo a una sala de reconocimiento por rayos x del hospital donde la ambulancia ha conducido a Harry después del accidente. Gingrich manda a callar a su suegra, no ve inconveniente en que sus hijos jueguen con patines en el hospital ("de romperse una pierna que se la rompan aquí", le dice a su esposa) y se forma la convicción personal de que, en el accidente de su cuñado, y con la presencia de una vértebra comprimida desde la infancia, puede haber un inesperado golpe de suerte, un poco de prosperidad, según sus propias palabras. El episodio termina con Gingrich hurtando una de las monedas de una hucha instalada en el pasillo del hospital para ayudar a las madres solteras (monedas que previamente han depositado sus hijos) y llamando telefónicamente a la prensa, advirtiendo que va a demandar la CBS, al equipo Cleveland Browns y al Estadio Municipal, por un millón de dólares. Por su parte, el magnifico segmento 14, tiene igualmente un comienzo y desarrollo magnífico. El capítulo previo, titulado en castellano "La Fundación", en inglés se denomina "The Indian Givers", en alusión a la expresión americana que se emplea para describir a alguien que da algo, aparentemente de modo altruista, pero que realmente lo hace con la expectativa de recuperarlo con creces. Al menos, de manera equivalente. Este episodio 13, se cierra con el enfatizado discurso del avispado letrado, que ha descubierto que el detective Purkey, siguiendo las instrucciones de los abogados de la compañía aseguradora O’Brien, Thompson y Kincaid, ha colocado micrófonos en el apartamento de Hinkle. Gingrich le dice a su cuñado, asegurándose de ser captado perfectamente por uno de los micros, que anunciarán en breve que el dinero conseguido por la indemnización, excluidos los gastos médicos, se destinará a una fundación de ayuda a los desfavorecidos. El episodio 14, comienza con un plano de Gingrich en contrapicado, sentado en su destartalado despacho. Pacientemente, con los pies apoyados cerca del teléfono y mirando a éste, el letrado espera complacido la llamada del macro-bufete de la aseguradora, situado en la misma planta del suyo, una vez examinen la grabación, con el "anuncio". A al pie de la pantalla el título: "The taste of money", o sea, "El sabor del dinero". Para entender el aparentemente desorbitado planteamiento de la película, para aceptar la posibilidad de que un abogado "de pacotilla" tenga a todo un bufete y a una compañía de seguros en un puño, es importante tener en cuenta que EEUU es el país de lo que se denomina frivolous litigation, o pleitos con poca o ninguna base legal, tendentes a la obtención de enormes sumas de dinero en concepto de daños y perjuicios (damages). 


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Como quiera que los jurados en ese país suelen ser imprevisibles y les encanta otorgar escarmientos en los tribunales a las corporaciones poderosas (punitive damages), en numerosas ocasiones estos litigios civiles se transan extrajudicialmente por cuantiosas sumas económicas. En EEUU y el Derecho Anglosajón en general, el sistema judicial de la Responsabilidad Civil se canaliza o incardina por un tipo de Acción Civil denominada Tort, o Tortlaw. La palabra Tort proviene del latín torquere, que significa literalmente "entuerto", es decir, "Actos realizados sin razón ni derecho para ello”. El Tort, en este sentido, es un término jurídico. En concreto, es un procedimiento judicial que se genera como consecuencia de una acción u omisión, un mal proceder (wrongdoing), de una persona o personas, contra la otra y, como consecuencia de ese mal proceder, hay una persona afectada que puede emprender acciones legales contra la otra. El Tort supone, en definitiva, "La invasión de un interés personal o real, que puede producirse también por la invasión o incumplimiento de una norma, ley o precedente vinculante, invasión que genera el deber de indemnizar". La parte que sufre el daño sería El Demandante (The Plaintiff, también denominado The Injured party) y la parte que ha causado el daño sería El Demandado (The Defendant, también denominado, The Tortfeasor, The Negligent Party, o The Wrongdoer). Los Torts pueden clasificarse, a groso modo, en tres tipos. The Intentional Torts, que requieren una acción claramente intencional, marcada por el propósito de causar daño (es el caso de la responsabilidad civil derivada de un delito doloso o intencional, que en los países de Derecho anglosajón se ejercita siempre en procedimiento civil aparte). The Negligence Torts, que se producen, o entrarían en juego, cuando una de las partes fracasa a la hora de demostrar el deber de cuidado que una persona prudente debería haber tomado en determinada situación causando resultado dañosos como consecuencia de la acción u omisión. Finalmente, el tercer grupo, Strict Liability Torts, tienen lugar cuando el demandado será responsable de los daños causados, aunque no mediase conducta negligente por su parte. El equivalente en España a éste último, sería la denominada Responsabilidad Objetiva. La trama, o la farsa montada en la película En Bandeja de Plata, se mueve en el segundo de los procedimientos referenciados, los Negligence Torts, que parten de los siguientes presupuestos, imprescindibles para encontrarnos ante un caso flagrante de negligencia:

1. Una situación que genera un deber de cuidado razonable (Duty of reasonable  care);

2. El futuro demandado no se comporta de una manera razonable, que demuestre ese cuidado, y por lo tanto, se produce una ruptura de dicho deber (breach of the duty of care), que genera la culpa o responsabilidad;

3. El demandante, o persona perjudicada, sufre unos daños, en su persona o en su esfera patrimonial, como consecuencia de la acción u omisión del demandado;

4. Se produce un nexo causal (proximate cause) entre la acción u omisión del demandado y el daño producido (remoteness of damage) en la esfera personal o patrimonial del perjudicado;

5. Dichos Daños, y la conducta del futuro demandado, generan conjuntamente el deber de indemnizar económicamente al perjudicado;


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El filme contiene frases, expresiones y situaciones que han pasado a engrosar el imaginario colectivo anglosajón, muy suspicaz respecto a los abogados, pero que, al mismo tiempo, tiene muy clara la presencia del litigio en el desenvolvimiento de la vida en sociedad. Frases referidas al personaje de Gingrich, como "Le sugiero que después de darle la mano se cuente bien los dedos", que menciona uno de los letrados de la aseguradora a otro, ante la inminente llegada aquél; o la pronunciada por Sandy, la ex mujer de Harry "Ya sabes como es Willy, encontraría un cabo suelto en los 10 Mandamientos", navegan en la trama poniendo de relieve esa filosofía colectiva sobre los abogados en un país tan dado al litigio como EEUU. Wilder y Diamond se ocupan, por otra parte, de colocar algún chiste a costa de algunos juristas célebres. En un momento determinado, en el capítulo 5, "El Almuerzo chino", Harry Hinkle, en el hospital donde está postrado, ve una antigua película de la televisión sobre Abraham Lincoln, donde éste expresa una de sus frases más famosas: "Se puede engañar a uno todo el tiempo. Se puede engañar a todos algún tiempo. Pero nadie puede engañar a todo el mundo todo el tiempo". La frase desata en Harry visibles problemas de conciencia. Gingrich resuelve la conversación diciendo: "buen presidente, mal abogado". Probablemente la extrema honradez del personaje, expuesta, entre otros, en el memorable filme de John Ford, "El Joven Lincoln (1939)", motiva esa reflexión en un abogado sin escrúpulos como es William Gingrich. En el mismo episodio, cuando Hinkle abre una galleta de la suerte (el título original de la película), observa escrita, exactamente, la misma frase del Presidente número 16 de EEUU. Gingrich recoge la nota, se acerca a primer plano de la cámara, alejándose de los demás personajes, al fondo del encuadre, y reflexiona en voz alta "malditos chinos ¿se habrán dado cuenta?". La otra broma a costa de un personaje célebre es la que tiene lugar en el capítulo 7,"El Plan Géminis". El chiste, esta vez gira en torno al famoso letrado Clarence Darrow, célebre abogado laboralista reconvertido en penalista. Su famosa figura se encuentra detrás de los personajes interpretados por Orson Welles en "Impulso Criminal (1959)", de Richard Fleischer, o "La Herencia del Viento (1960)", de Stanley Kramer, dos clásicos del cine de tribunales estadounidense. El personaje de Matthau, en un diálogo que sólo se aprecia con autenticidad viendo la película en su versión original, improvisa una broma a costa de Darrow. El sastre que en su despacho le está confeccionando un traje a medida, a cuenta del dinero que recibirán por la indemnización, le pregunta si quiere tirantes. El letrado le replica "¿Suspenders? They went out with Clarence Darrow. Great lawyer, lousy dresser". La traducción podría ser la siguiente: "¿Tirantes? se extinguieron con Clarence Darrow. Gran abogado, pésimo en el vestir"


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Resulta absolutamente modélica, desde el punto de vista jurídico, la estrategia empleada de Gingrich tendente a obtener una transacción extrajudicial lucrativa, partiendo de una situación que para nada se prestaba a ello. Sus actos principales van tendentes a provocar una reacción en sus oponentes, es decir, a que sean éstos los que le llamen e inicien las conversaciones extrajudiciales, pese a que quien realmente quiere iniciar la vía de diálogo es él. Sin duda éticamente, su comportamiento y actuación, es completamente reprochable, y probablemente encaje, con todas las letras, en el delito de Estafa, tal y como se concibe en el ordenamiento jurídico español, al menos en grado de Tentativa. El manejo de los tiempos y de los instrumentos de negociación por parte del astuto letrado, deviene en memorable. A posicionarnos de su lado como espectadores, contribuyen las plumas de Wilder y de Diamond, que consiguen que ambos granujas, uno con determinación de ganar dinero, el otro por el irracional amor a su ex esposa, no pierdan la simpatía y complicidad de la audiencia. Al fin y al cabo, las compañías aseguradoras "tienen tanto dinero que no saben que hacer con él. Les falta sitio para almacenarlo y tienen que microfilmarlo. ¿Qué es un cuarto de millón para ellos?. Lo sacan de los gastos menores, ¡no me vengas con escrúpulos!...". Palabras del personaje de Matthau. Por si estos mecanismos de conquista del espectador fuesen pocos, los tres letrados de la aseguradora, no son precisamente simpáticos y hacen gala de comportamientos igualmente, poco ortodoxos. O’Brien, Thompson y Kincaid no dudan en dar el visto bueno al detective Purkey, para que realice una invasión clara de la privacidad de Harry Hinkle, colocando de manera ilegal e inconstitucional, micrófonos por el apartamento de éste. Dicha vulneración de la intimidad del domicilio, deja abierta la puerta a una broma, prácticamente fuera de campo, la que seguiría al speech final de Gingrich donde, desmantelado el engaño, habla nuevamente a uno de los micrófonos, pretendiendo salvar su cara, la de su cuñado Hinky, y, además, anuncia, con su pasión habitual, que reclamará a los tres abogados O’Brien, Thompson y Kincaid, por la violación de la Cuarta Enmienda a la constitución de EEUU, y la Ley Federal de Comunicaciones de 1934, de protección de la mencionada Cuarta Enmienda, sobre escuchas ilegales y privacidad e inviolabilidad del domicilio. Gingrich anuncia igualmente que denunciará al detective Purkey (que profirió insultos raciales frente a Hinkle dirigidos al jugador de color Jackson, para provocar la reacción de indignación de aquél y desmantelar la farsa), ante la NAACP (National Asociation for the Advance of colored People), la asociación Estadounidense por el progreso de la gente de color, muy en auge en la fecha de realización de la película, entre otras razones, por la Sentencia del Tribunal Supremo de EEUU, Brown v. Board of Education, de mayo de 1954, que proscribió la segregación racial en las escuelas en todo el país, y que necesitó décadas para su cumplimiento. El único inconveniente que presenta, a mi juicio, el guión de Wilder y Diamond radica en que, cuando Harry Hinky debe de resolver sus dos conflictos, el personaje de Gingrich desaparece de escena y, en consecuencia, la película se ralentiza y pierde interés. Harry debe de superar sus emociones respecto a su ex mujer Sandy (Judi West), reclutada por su cuñado para terminar de convencer al pobre Harry de llevar a cabo la mascarada contra la compañía aseguradora. Resulta memorable el momento en que Gingrich, en cuanto Harry termina de exponerle las razones por las que terminó su matrimonio, y por las que no quiere saber nada de su ex, le dice "Mira, Harry, he visto a otros llevar antes la antorcha, pero tú eres el campeón", en clara referencia a lo irremediablemente enamorado que sigue de ex mujer. Sandy es una “trepa” sin escrúpulos, que encaja perfectamente en los planes del letrado, y que sólo desea 20.000 dólares para reavivar su alicaída carrera musical. El segundo de los conflictos de Harry es con el jugador de Rugby Luther "Boom Boom" Jackson (Ron Rich), carcomido por el remordimiento que le causa haber lesionado a Harry. Jackson empieza a tener problemas con el alcohol, y es detenido por intervenir en una pelea. Harry no soporta ver a su amigo el deportista desmoronándose por la farsa que tiene montada con su cuñado el picapleitos. Ambos conflictos, necesarios para el desenlace, tardan demasiado en ser resueltos, lo que exilia de la pantalla al personaje de Gingrich, alma y cuerpo de la película. Wilder y Diamond, probablemente conscientes de ese handicap, tratan de resolver el problema con secuencias como la llamada telefónica, un tanto gratuita, pero agradecida por el espectador, ante la entrada nuevamente de Matthau. El letrado se limita a dejarle claro a su cuñado que no puede hacer el amor con su ex esposa, por el servicio de vigilancia que la compañía aseguradora tiene montado en su apartamento. La secuencia termina con una broma fuera del plano motivada por el choque entre la esposa y los hijos del abogado, que intuimos por la pista de sonido, con el primer plano del circunspecto Matthau. Un accidente en su propio hogar, del que no va a poder sacar un céntimo. Nada de lo expuesto es óbice para que nos encontremos ante uno de esos guiones memorables de la historia del cine. El mismo está dosificadamente plagado de diálogos frescos, chispeantes, que salpican la pantalla con la misma intensidad que una ametralladora haría con su munición. La ironía, el drama, la comicidad, la histeria y la inteligencia, se dan la mano con una puesta en escena absolutamente memorable, obra de uno de los maestros del cine, cuya carrera es de las más completas. El subrayado musical del memorable pianista, director de orquesta y compositor André Previn (Andreas Ludwin Previn, nacido en Alemania en el seno de familia judía), muy compenetrado con las imágenes de Wilder, contribuye sin duda al aseguramiento de la carcajada al otro lado de la pantalla. En bandeja de Plata no fue acogida por la crítica y público como mereció, pero la perspectiva del paso del tiempo le reserva el merecido lugar entre las obras maestras del maltratado género de la comedia estadounidense, género que vivió con Wilder y Diamond, un considerable número de sus mejores instantes. 


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Título original: The fortune cookie.

Director: Billy Wilder.

Intérpretes: Jack Lemmon, Walter Matthau, Ron Rich, Cliff Osmond, Judi 
West, Lurene Tuttle,Harry Holcombe.                                                                                                                                                                   

                                                                               Trailer:
                                                
                                                                                                                                                                                                                                                                                          
Reseña escrita por Manuel García de Mesa                                                                                                                                                                                                      
Información complementaria:                                                                                  


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1 opiniones :

Anónimo dijo...

Interesantísimo.
Gracias y que viva el cine.

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