Usamos cookies propias y de terceros para ayudarte en tu navegación. Si continuas navegando consideramos que aceptas el uso de cookies.OKMás información
Falso documental sobre Leonard Zelig, el hombre camaleón que asombró a la sociedad norteamericana de la era del jazz . Su historia arranca el día que miente al afirmar que ha leído Moby Dick, sólo para no sentirse excluido. Desde entonces, su necesidad de ser aceptado lo lleva a transformarse físicamente en las personas que lo rodean, convirtiéndose así en un fenómeno mediático, en una celebridad sin esencia. Testigo de algunos de los acontecimientos más importantes de los años treinta, encaja a la perfección en todas partes porque asume las características tanto físicas como psíquicas de las personas con quien está para caerles bien.
"Zelig ha vendido a Hollywood por una buena cantidad de dinero, la historia de su vida. Cuando estalla el escándalo, el estudio cinematográfico pide la devolución del dinero. Zelig solo puede devolver la mitad, ya que se ha gastado el resto. Furioso, el estudio le devuelve solo la mitad de su vida. Se quedan con lo mejor y solo le devuelven las horas de sueño y de comida."
Zelig es la historia de un hombre dotado de una cualidad tal que le permite asimilar los rasgos físicos y culturales de todo aquél que le rodea. Pero es obvio que Zelig es mucho más que esto. Por un lado es una comedia hilarante; por otro, una crítica ácida y sin compasión de numerosos aspectos de la sociedad. También es una historia de amor, pero no deja de lado la denuncia política y de paso arremete contra la religión. Es un divertimento, el reflejo de una época desenfadada y en apariencia feliz. Pero también alerta sobre los peligros de la comodidad y el conformismo.plantea numerosos interrogantes sin responder abiertamente a ninguno. Se limita a exponer y diseñar situaciones extremas hasta la exageración, pero lo hace con gran maestría y en el puzzle no falta ninguna pieza. Es un falso documental impregnado por todas y cada una de las obsesiones del neoyorquino, Zelig es la invención del "hombre camaleón" que no es nadie, quizá porque es todo el mundo.
La extraordinaria fotografía de Gordon Willis y una cuidada técnica cinematográfica lograron crear un universo en blanco y negro en el que Zelig-Woody se codeaba con algunas de las figuras más representativas de la sociedad. Todo ello en un tiempo en el que cualquiera (incluido Al Capone) era susceptible de convertirse en héroe. Marion Davies, Josephine Baker, Pío XI, Herbert Hoover e incluso Aldolf Hitler, entre otros, forman parte del reducido grupo de escogidos que estuvieron a unos centímetros del fenómeno del siglo XX, el camaleón. Pero Woody no se limita a utilizar la técnica para jugar con la Historia (así, en mayúsculas). También el sentido y lúcido homenaje a una época que le fascina le permite parodiar un tema que le obsesiona continuamente en su filmografía, la psiquiatría y los psiquiatras.
"Trabajo de psiquiatra. Actualmente estoy tratando a dos parejas de hermanos siameses que sufren de doble personalidad. Me pagan 8 personas."
Woody Allen dedicó casi dos años a repasar los millones de metros de documentales que su equipo de investigación le iba proporcionando. A medida que se topaba con nuevos descubrimientos el guión sufría modificaciones. Para dar impresión de veracidad Gordon Willis utilizó objetivos de los años veinte, cámaras viejas y antiguos equipos de sonido. Además rodaron con el tipo exacto de iluminación que hubieran utilizado en esa época. También fabricaron tramas de destellos para que la película tuviera luz parpadeante. Willis llegó incluso a arañar y pisotear el negativo para remarcar la sensación de documento del pasado. Para las tomas trucada en las que el protagonista era incluido en películas antiguas se recurrió a la pantalla azul.
Inteligente en el fondo y en la forma, el director decidió incluir testimonios de famosos intelectuales contemporáneos para certificar la autenticidad del falso documental. Junto a personajes ficticios como periodistas, un camarero o la propia Eudora Fletcher, su hermana y su primo (a quienes está dedicado el filme para parecer aún más convincente), Susan Sontag, Saul Bellow y Bruno Bettelheim reflexionan sobre la vida de Zelig y sus circunstancias como si hubieran dedicado años de estudio a comprender su historia. Solo Greta Garbo, como máximo exponente de una época esplendorosa, rehusó colaborar. Tampoco tuvo suerte Woody con Lillian Gish que, aunque accedió a la entrevista, no fue incluida en el montaje final ya que al exigente Woody no le satisfizo el resultado.
Zelig significa en yiddish "bendito". No quisiéramos convertirnos en camaleones, probablemente todos queremos pensar por nuestra cuenta para no convertirnos en una masa amorfa. Pero quizá sí tenemos algo en común. Todos queremos ser queridos, eso nos hace sentirnos seguros. Por si acaso, deberíamos terminar de leer Moby Dick, no vaya a ser que desaparezcamos sin haber llegado al final o nos veamos obligados a comenzar a mentir.
"En su lecho de muerte les dijo a los doctores que tuvo una buena vida y lo que le molestaba de morir era que acababa de empezar a leer Moby Dick y quería ver qué pasaba."
Director: Woody Allen.
Intérpretes: Woody
Allen, Mia
Farrow, Gale
Hansen, Stephanie
Farrow, Garrett
Brown, Mary
Louise Wilson, Sol
Lomita, John
Rothman.
Falso documental sobre Leonard Zelig, el hombre camaleón que asombró a la sociedad norteamericana de la era del jazz . Su historia arranca el día que miente al afirmar que ha leído Moby Dick, sólo para no sentirse excluido. Desde entonces, su necesidad de ser aceptado lo lleva a transformarse físicamente en las personas que lo rodean, convirtiéndose así en un fenómeno mediático, en una celebridad sin esencia. Testigo de algunos de los acontecimientos más importantes de los años treinta, encaja a la perfección en todas partes porque asume las características tanto físicas como psíquicas de las personas con quien está para caerles bien.
"Zelig ha vendido a Hollywood por una buena cantidad de dinero, la historia de su vida. Cuando estalla el escándalo, el estudio cinematográfico pide la devolución del dinero. Zelig solo puede devolver la mitad, ya que se ha gastado el resto. Furioso, el estudio le devuelve solo la mitad de su vida. Se quedan con lo mejor y solo le devuelven las horas de sueño y de comida."
Zelig es la historia de un hombre dotado de una cualidad tal que le permite asimilar los rasgos físicos y culturales de todo aquél que le rodea. Pero es obvio que Zelig es mucho más que esto. Por un lado es una comedia hilarante; por otro, una crítica ácida y sin compasión de numerosos aspectos de la sociedad. También es una historia de amor, pero no deja de lado la denuncia política y de paso arremete contra la religión. Es un divertimento, el reflejo de una época desenfadada y en apariencia feliz. Pero también alerta sobre los peligros de la comodidad y el conformismo.plantea numerosos interrogantes sin responder abiertamente a ninguno. Se limita a exponer y diseñar situaciones extremas hasta la exageración, pero lo hace con gran maestría y en el puzzle no falta ninguna pieza. Es un falso documental impregnado por todas y cada una de las obsesiones del neoyorquino, Zelig es la invención del "hombre camaleón" que no es nadie, quizá porque es todo el mundo.
La extraordinaria fotografía de Gordon Willis y una cuidada técnica cinematográfica lograron crear un universo en blanco y negro en el que Zelig-Woody se codeaba con algunas de las figuras más representativas de la sociedad. Todo ello en un tiempo en el que cualquiera (incluido Al Capone) era susceptible de convertirse en héroe. Marion Davies, Josephine Baker, Pío XI, Herbert Hoover e incluso Aldolf Hitler, entre otros, forman parte del reducido grupo de escogidos que estuvieron a unos centímetros del fenómeno del siglo XX, el camaleón. Pero Woody no se limita a utilizar la técnica para jugar con la Historia (así, en mayúsculas). También el sentido y lúcido homenaje a una época que le fascina le permite parodiar un tema que le obsesiona continuamente en su filmografía, la psiquiatría y los psiquiatras.
"Trabajo de psiquiatra. Actualmente estoy tratando a dos parejas de hermanos siameses que sufren de doble personalidad. Me pagan 8 personas."
Woody Allen dedicó casi dos años a repasar los millones de metros de documentales que su equipo de investigación le iba proporcionando. A medida que se topaba con nuevos descubrimientos el guión sufría modificaciones. Para dar impresión de veracidad Gordon Willis utilizó objetivos de los años veinte, cámaras viejas y antiguos equipos de sonido. Además rodaron con el tipo exacto de iluminación que hubieran utilizado en esa época. También fabricaron tramas de destellos para que la película tuviera luz parpadeante. Willis llegó incluso a arañar y pisotear el negativo para remarcar la sensación de documento del pasado. Para las tomas trucada en las que el protagonista era incluido en películas antiguas se recurrió a la pantalla azul.
Inteligente en el fondo y en la forma, el director decidió incluir testimonios de famosos intelectuales contemporáneos para certificar la autenticidad del falso documental. Junto a personajes ficticios como periodistas, un camarero o la propia Eudora Fletcher, su hermana y su primo (a quienes está dedicado el filme para parecer aún más convincente), Susan Sontag, Saul Bellow y Bruno Bettelheim reflexionan sobre la vida de Zelig y sus circunstancias como si hubieran dedicado años de estudio a comprender su historia. Solo Greta Garbo, como máximo exponente de una época esplendorosa, rehusó colaborar. Tampoco tuvo suerte Woody con Lillian Gish que, aunque accedió a la entrevista, no fue incluida en el montaje final ya que al exigente Woody no le satisfizo el resultado.
Zelig significa en yiddish "bendito". No quisiéramos convertirnos en camaleones, probablemente todos queremos pensar por nuestra cuenta para no convertirnos en una masa amorfa. Pero quizá sí tenemos algo en común. Todos queremos ser queridos, eso nos hace sentirnos seguros. Por si acaso, deberíamos terminar de leer Moby Dick, no vaya a ser que desaparezcamos sin haber llegado al final o nos veamos obligados a comenzar a mentir.
"En su lecho de muerte les dijo a los doctores que tuvo una buena vida y lo que le molestaba de morir era que acababa de empezar a leer Moby Dick y quería ver qué pasaba."
Director: Woody Allen.
Intérpretes: Woody
Allen, Mia
Farrow, Gale
Hansen, Stephanie
Farrow, Garrett
Brown, Mary
Louise Wilson, Sol
Lomita, John
Rothman.
Sweet and Lowdown que traducido
al español es algo así como "Dulce y Melancólico" es también el título de una
canción de George Gershwin incluida en varios musicales de Broadway. A su vez es
el título de un film de 1944 dirigido por Archie Mayo e interpretado por el
clarinetista Benny Goodman, más conocido como "King of Swing". Woody
Allen como buen aficionado al jazz y también clarinetista tal y como lo
demuestra en el documental "Wild man blues (1998)" seguramente escogió
dicho título bajo la influencia de alguna de estas referencias.
Inspirado libremente en "La
Strada (1954)" de Federico Fellini y al igual que otro de sus títulos mas
acertados, "Zelig (1983)". "Acordes y Desacuerdos" sigue la estructura de un falso
documental, interrumpido ocasionalmente por los testimonios de críticos (entre ellos
el propio Allen) que comentan la trama de la película como si se tratase de una
historia real. En ella se narran las andanzas ficticias de un talentoso
guitarrista de jazz llamado Emmet Ray (increíble Sean Penn), personaje con
extrañas aficiones como observar trenes o matar ratas en el vertedero, tal y
como se muestra en la maravillosa secuencia donde conoce a su nueva novia
sordomuda, Hattie (Samantha Morton). Al bueno de Emmet ante la falta de
comunicación en un principio no se le ocurre otra cosa que pasar el rato enseñándole
a Hattie como disparar a los pobres roedores. Aunque Emmet puede parecer
un personaje rudo, su personalidad esconde cierta fragilidad e inseguridad,
como cuando sufre de miedo escénico ante el falso rumor extendido en un club
antes de un concierto suyo, en el que se le informa de la presencia de Django
Reindhart, mítico guitarrista e icono del jazz europeo, no en vano en un momento
previo del film el propio Ray se presenta así mismo como "el segundo mejor
guitarrista del mundo, después de Django Reindhart".
Sin dudas el personaje
de Sean Penn está inspirado en el mítico guitarrista francés de origen gitano
ya que Reindhart tenia una dudosa reputación entre algunos fans y dueños de
locales al haberse saltado más de un concierto con todas las entradas vendidas
alegando que le apetecía "caminar por la playa" o por que
"quería oler el rocío de la mañana". Aunque Ray es feliz con Hattie,
su particular filosofía no le permite ser hombre de una sola mujer así que la
abandona por Blanche (Uma Thurman), una dama de la alta sociedad que en realidad
el único interés que tiene por Ray no es más que usarlo como inspiración para
sus escritos literarios. Cuando Blanche engaña a Ray con el mafioso Al
Torrio (Anthony Lapaglia), éste decide que es el momento de volver con
Hattie, pero al encontrarla verá sus planes frustrados ya que ella ha rehecho su
vida y tiene una familia. Desde ese momento Ray comprende que su filosofía de
vida estaba equivocada y gritando "¡He cometido un error!" destroza
su guitarra hasta hacerla añicos.
Entrañable y divertida comedia
dramática de Woody Allen, uno de sus mejores trabajos en los años 90, con el
gran acierto de elegir a Sean Penn para el papel principal y una impecable
factura de ambientación y vestuarios de los años 30. Por último mencionar la
fantástica banda sonora repleta de swing y jazz manouche pero también con
composiciones de nombres clave en el jazz de la época como Duke Ellington.
Sweet and Lowdown que traducido
al español es algo así como "Dulce y Melancólico" es también el título de una
canción de George Gershwin incluida en varios musicales de Broadway. A su vez es
el título de un film de 1944 dirigido por Archie Mayo e interpretado por el
clarinetista Benny Goodman, más conocido como "King of Swing". Woody
Allen como buen aficionado al jazz y también clarinetista tal y como lo
demuestra en el documental "Wild man blues (1998)" seguramente escogió
dicho título bajo la influencia de alguna de estas referencias.
Inspirado libremente en "La
Strada (1954)" de Federico Fellini y al igual que otro de sus títulos mas
acertados, "Zelig (1983)". "Acordes y Desacuerdos" sigue la estructura de un falso
documental, interrumpido ocasionalmente por los testimonios de críticos (entre ellos
el propio Allen) que comentan la trama de la película como si se tratase de una
historia real. En ella se narran las andanzas ficticias de un talentoso
guitarrista de jazz llamado Emmet Ray (increíble Sean Penn), personaje con
extrañas aficiones como observar trenes o matar ratas en el vertedero, tal y
como se muestra en la maravillosa secuencia donde conoce a su nueva novia
sordomuda, Hattie (Samantha Morton). Al bueno de Emmet ante la falta de
comunicación en un principio no se le ocurre otra cosa que pasar el rato enseñándole
a Hattie como disparar a los pobres roedores. Aunque Emmet puede parecer
un personaje rudo, su personalidad esconde cierta fragilidad e inseguridad,
como cuando sufre de miedo escénico ante el falso rumor extendido en un club
antes de un concierto suyo, en el que se le informa de la presencia de Django
Reindhart, mítico guitarrista e icono del jazz europeo, no en vano en un momento
previo del film el propio Ray se presenta así mismo como "el segundo mejor
guitarrista del mundo, después de Django Reindhart".
Sin dudas el personaje
de Sean Penn está inspirado en el mítico guitarrista francés de origen gitano
ya que Reindhart tenia una dudosa reputación entre algunos fans y dueños de
locales al haberse saltado más de un concierto con todas las entradas vendidas
alegando que le apetecía "caminar por la playa" o por que
"quería oler el rocío de la mañana". Aunque Ray es feliz con Hattie,
su particular filosofía no le permite ser hombre de una sola mujer así que la
abandona por Blanche (Uma Thurman), una dama de la alta sociedad que en realidad
el único interés que tiene por Ray no es más que usarlo como inspiración para
sus escritos literarios. Cuando Blanche engaña a Ray con el mafioso Al
Torrio (Anthony Lapaglia), éste decide que es el momento de volver con
Hattie, pero al encontrarla verá sus planes frustrados ya que ella ha rehecho su
vida y tiene una familia. Desde ese momento Ray comprende que su filosofía de
vida estaba equivocada y gritando "¡He cometido un error!" destroza
su guitarra hasta hacerla añicos.
Entrañable y divertida comedia
dramática de Woody Allen, uno de sus mejores trabajos en los años 90, con el
gran acierto de elegir a Sean Penn para el papel principal y una impecable
factura de ambientación y vestuarios de los años 30. Por último mencionar la
fantástica banda sonora repleta de swing y jazz manouche pero también con
composiciones de nombres clave en el jazz de la época como Duke Ellington.
En cierta ocasión, Heywood Allen Stewart
Konigsberg, más conocido como Woody Allen, comentó a un periodista que lo peor
que podía ocurrirle era morirse sin haber filmado todas las ideas que lleva
dentro. Fiel a su cita anual en las carteleras de todo el mundo, el realizador
norteamericano continúa derrochando y compartiendo con sus fans su inagotable
fuente creativa. Nacido el 1 de diciembre de 1935, el cineasta neoyorkino parece
pletórico en su vigor para escribir y rodar su filme anual, práctica que lleva
realizando de manera estable desde los primeros años 80. Allen debutó detrás de
la cámara a finales de los años 60 con el estupendo filme Toma el dinero ycorre (Take the Money and Run, EEUU, 1969) que él mismo denomina una sucesión
de bromas que, para sostener la atención del público, cada una de ellas tenía
que ser superior a la anterior. Su labor delante y tras la cámara, la ha
compaginado con la televisión, el teatro, guiones e interpretaciones para otros
cineastas y por supuesto, con el clarinete, pasión incompatible con acudir a la
ceremonia de entrega de los premios Oscars de Hollywood.
El realizador lleva nada menos que cinco
décadas acudiendo puntualmente a las carteleras de todo el mundo. Cinco décadas
de intensa hiperactividad. En los años 50, desde muy joven, ya vendía chistes a
famosos columnistas y cómicos profesionales como Ed Sullivan, Sid Cesar o Pat
Boone. Durante los años 60 sorprendía con sus chispeantes monólogos y sketchs
en clubes, salas de fiestas, revistas de Broadway y en programas de televisión.
En estos años 60 comenzaban sus personales coqueteos con el cine en películas como
¿Qué tal Pussycat? (What´s new, Pussycat, 1965), de Clive Donner y Richard
Talmage o Casino Royale (EEUU, 1967), esa comedia coral de actores y directores
varios donde Allen interpreta a un paródico "Jimmy" Bond. La década termina,
como decíamos, con la dirección de su opera prima. Desde sus primeros pasos, el
artista hacía gala de su personal idiosincrasia cómica, que lo ha convertido en
un icono de la cultura del siglo XX.
Tan sólo poder sostener ese ritmo, terapéutico
para sí, como también ha confesado más de una vez, resulta particularmente
meritorio. En los últimos años, se ha tenido que reinventar (como todos los
ciudadanos de este universo en crisis) para conseguir la necesaria financiación
para poder hacer su peliculita anual. De ahí ciertos paseos por las capitales
europeas que han dado algunos títulos memorables, con Match Point (Reino Unido,2005) y Medianoche en París (Midnight In Paris, EEUU, 2011) a la cabeza.
2. EL GUIONISTA PRESTIDIGITADOR.
Resulta particularmente asombroso cómo el
cineasta mantiene intacta su capacidad de construir ingeniosos libretos, auténticos
mecanismos de relojería, sin perder de vista la realidad vigente al momento de
estreno de cada filme. Woody Allen es un atento espectador de su tiempo y un
maravilloso"“prestidigitador" de los guiones. Conoce sus mecanismos, sus entrañas
(como para no hacerlo después de tanto tiempo escribiendo libretos, que son
estudiados meticulosamente en las universidades de cine). El cineasta sabe
perfectamente lo que quiere de cada guión y siempre tiene claro cómo construir
una trama de la manera más atractiva y eficaz posible, buscando el chiste
intelectual, cierto, pero siempre armónico con la construcción o reacción del
personaje o con la concreta necesidad de cada argumento. Maestros del cine clásico
como Billy Wilder y su guionista habitual IAL Diamond se planteaban la
escritura de esa manera.
Dentro de este objetivo de culto al guión
(que muchos consideran, probablemente con cierta base de razón, que el artista es
demasiado esclavo del mismo y da poco margen a la improvisación), Allen domina
algo muy importante: que la resolución de su historia no chirríe, es decir que
la resolución sea coherente y una consecuencia de la suma de ciertos detalles
que ya nos ha facilitado previamente. Esos detalles se encuentran siempre hábilmente
integrados y mimetizados con el resto de la trama. "El diablo está en los
detalles", reza el proverbio anglosajón y el astuto cineasta lo lleva a sus últimas
consecuencias. En el guión de Irrational Man es muy importante el sensacional
uso de lo que en el argot de los escritores se denomina “el precedente”. Es
aquel recurso o instrumento en la escritura del guión que es imperativo colocar
en la trama. Hay que hacerlo con mucha astucia, pues se pretende facilitar al
espectador una información necesaria para que todo encaje, sin desvelar la
conclusión de la historia. Es un elemento fundamental, teniendo en cuenta lo astuto
que es el espectador actual, curtido en miles de películas y por tanto capaz de
prever (casi) todo. Colocar adecuadamente el precedente significa darle al
espectador un detalle perceptible (un objeto, una habilidad, una experiencia
vital), que sea relevante para la sorpresa en la secuencia final y la resolución
de la trama. Lo importante en su introducción, es que, al ver ese precedente,
no sepamos que se trata de un precedente. Al verlo, no debemos ni siquiera vislumbrar
el final, o cómo el héroe solucionará la historia. Sólo debemos descubrirlo
cuando nos reencontremos con ese detalle al final del filme. Si la conclusión
nos sorprende, pero al mismo tiempo nos mostramos complacidos por caer en la
cuenta en ese instante, en que ya nos habían dado el detalle relevante unas
cuantas secuencias atrás, entonces el precedente habrá encajado de un modo
perfecto. Pues bien, el precedente que determina la azarosa resolución del
filme, está maravillosamente colocado en Irrational Man.
3. EL CINEASTA ERUDITO.
El filme que analizamos comparte trama
criminal con algunas de sus trabajos más brillantes como Delitos y faltas
(Crime and Misdemeanors, EEUU, 1989), Misterioso Asesinato en Manhattan (Manhattan
Murder Mistery, EEUU, 1993), la citada Match Point, Scoop (Reino Unido, 2006), o
la no tan redonda El Sueño de Cassandra (Cassandra´s Dream, Reino Unido, 2007).
También comparte algunos guiños un tanto simples, pero bien introducidos, al
universo del escritor Fedor Dostoiewski en general. Así el protagonista del
filme lee El Idiota y Jill, la protagonista femenina, dice en un momento determinado
que ha leído toda la obra del escritor. Allen centra su homenaje al escritor
ruso en la excelente novela Crimen y Castigo. Su pasión por esta novela ya
apuntalaban las mencionadas Delitos y Faltas y Match Point. A diferencia de
Raskolnikov, el protagonista de la densa novela rusa, Abe (un excelente Joaquín
Phoenix), no quiere cometer un asesinato y salir impune para reforzar ese
sentimiento de que es superior al resto de la humanidad, de que está por encima
del bien y del mal, sino como una manera de revitalizarse, de recuperar la ilusión
por vivir, como una forma de redimirse a sí mismo en relación a ese hastío
vital del que hace gala desde su aparición en pantalla. La sola idea de matar a
un personaje concreto, fruto de escuchar de manera casual una conversación en
una cafetería, de su convencimiento de que el mundo será un lugar mejor sin ese
Juez que ha retirado la custodia de sus hijos a una joven, hace que el profesor
de filosofía protagonista recupere su plenitud sexual, disfuncional desde hace
un año.
El filme, como todos los de la filmografía
de su autor, tiende la mano hacia multitud de referencias. Así, las citas a
Dostoiewski, se mezclan armónicamente a las alusiones a la filósofa alemana de
origen judío, Hannah Arendt y su revolucionario Estudio sobre la Banalidad del mal, o a
reflexiones ácidas en torno a Kant, Kierkegald y la filosofía en general (que
para el protagonista no es más que una gran paja mental). Las referencias son utilizadas
por los personajes como auténticos dardos verbales que componen los chispeantes
diálogos y el devenir de los personajes a lo largo de la trama. En el terreno
de la cinefilia, palpable es también la influencia del cineasta británico
Alfred Hitchcock y sus dos filmes Extraños en un tren (1951) (la idea del crimen
ajeno, con el que no puedan relacionar a su autor, al no tener la menor relación
con la víctima ni un móvil para ejecutar tal acto) y La Sombra de una duda (1943) (la labor
detectivesca de Teresa Wright, que va enlazando todos los cabos que llevan
hacia los crímenes de su tío Joseph Cotten). Todo este mestizaje tiene lugar sin
abandonar el tono de comedia de enredos sexuales, objetivo en el que el
personaje interpretado por la excelente actriz Parker Posey, presente también
en el reparto de su siguiente filme, cobra pleno protagonismo. Pocas veces
hemos visto a un personaje con tanta carga sexual en un filme de Woody Allen.
4. EL CINEASTA RACIONAL.
Como realizador, Allen es un cineasta
eficaz. Sus primeros filmes rezumaban cierta frescura en esa mencionada sucesión
de gags, sin coherencia narrativa. El devenir de los años le ha dado,
obviamente, un inmenso bagaje a sus espaldas. Allen se ha convertido en un
cineasta técnico, cuya elaborada puesta en escena obedece a un método y un
objetivo armónicos. Tiene un ojo muy especial no sólo para escoger actores (ve
películas y está al día respecto a ellos), sino también para algo muy importante:
para escoger y utilizar las localizaciones más adecuadas para cada escena. Es
algo que puede parecer absolutamente baladí, pero que deviene en magistral en
el cine de Allen. Su anterior película, Magia a la Luz de la luna (Magic in the
Moonlight, EEUU, 2014), ese delicioso homenaje a la comedia de los años 30, es
especialmente memorable en cuanto a las localizaciones y la colorida iluminación
de las mismas. La fotografía del iraní Darius Khonji en las andanzas de Colin Firth
y Emma Stone por la costa francesa en la década de entreguerras, no puede ser más
diferente que en las andanzas de Joaquín Phoenix y nuevamente Emma Stone por el
Campus Universitario de Newport, Rhode Island en la actualidad. Sin embargo en
ambas películas el escenario donde se mueven los personajes tiene un particular
peso específico. Dos filmes completamente diferentes, tanto en cuanto a puesta
en escena como en cuanto a iluminación. Mucho más colorida aquella, más claro
oscuro ésta, que pone de relieve la memorable labor del operador habitual en
los últimos filmes de Allen, regularmente desde la mencionada Medianoche en París,
pero que ya había fotografiado Todo lo demás (Anything Else, EEUU, 2003).
La pericia narrativa del veterano
cineasta nos regala en Irrational Man instantes como ese plano medio de Abe
(Joaquín Phoenix) en la playa desde el punto de vista de la joven Jill (Emma
Stone), las charlas en los bares universitarios, los paseos de Abe y Jill por
el campus, la secuencia del crimen en el parque (sencillamente memorable), el
cambio de escenario en la conversación de la cafetería, que comienza con una de
las charlas de los dos protagonistas y en un momento dado la joven invita a su
profesor a escuchar la conversación que tienen lugar en la mesa de detrás.
Allen traslada sutilmente la secuencia a dicha mesa. Cada escena, por tanto,
cumple una específica y clave función escalonada y meticulosamente planeada en
el todo de la trama. Los actores, como siempre en Allen, cumplen y ejecutan su
labor con mucha comprensión y entrega.
5. EL CINEASTA ATENTO OBSERVADOR DE SU
TIEMPO.
Pese a la edad que tiene el cineasta
sorprende del visionado de Irrational Man, lo bien que conoce y está al
corriente acerca de las actuales confusas relaciones amorosas-sentimentales,
tan inciertas, hirientes e impersonales, propias de estos "días extraños" (que
diría el cantante y poeta Jim Morrison) que vivimos. Si el escritor W. Somerset
Maugham afirmaba que se percataba acerca de lo mayor que se estaba haciendo por
el implacable hecho de que perdía la consciencia de aquello que acontecía a su
alrededor, podemos afirmar que Woody Allen, pese a ser octogenario, es un hombre
joven. (Billy Wilder se definió a si mismo en la recogida de un premio como un
joven de 90 años).
El capricho-atracción incontenible que
hoy caracterizan a las relaciones, donde damos una rienda suelta nada reflexiva
a esa momentánea atracción hacia otra persona, queda notablemente expuesto en
el filme. Hablamos de esa atracción visceral que, por la vía del dolo eventual (o
daño colateral), hace que la persona cuente con la posibilidad de hacer daño,
bien a su pareja estable, bien a la persona objeto de atracción. Esa
posibilidad que en la mayoría de los casos es gestionada como un pensamiento
incómodo que rápidamente se quiere expiar con un simple encogerse de hombros y un "no puedo evitarlo" que nos susurramos a nosotros mismos. Pues bien, ese
irracional capricho-atracción de hoy, es la huida despavorida, igualmente
irracional, de mañana. Hoy te deseo y estoy enamorado/a de ti, mañana te acompaño
en tu sufrimiento, "pero sólo como amigo/a, ¿eh?". Cuidado con los espejismos y
los cantos de sirenas. Cuidado con los aparentes afectos desproporcionados que
no soporten la menor criba de la razón. Debemos atrincherarnos en nuestros
sensibles corazones y no permitamos que unas meras lisonjas y halagos sin venir
a cuento, nos arrastren a decisiones irracionales que a corto plazo nos harán
sufrir y a largo plazo pueden llevarnos a la permanente desilusión y
escepticismo, convirtiéndonos en náufragos emocionales.
Todo esto, entre otras cosas, parece
querer decirnos Woody Allen en su nueva obra maestra, nada irracional. Una película
tan premeditada como el meticuloso asesinato del filme: a plena luz del día y
en un escenario público, pero modélico en cuanto su discreción y eficacia.
Director: Woody Allen.
Intérpretes: Joaquin
Phoenix, Emma
Stone, Jamie
Blackley, Parker
Posey, Ethan
Phillips, Julie
Ann Dawson, Mark
Burzenski, Gary
Wilmes, Geoff
Schuppert.
En cierta ocasión, Heywood Allen Stewart
Konigsberg, más conocido como Woody Allen, comentó a un periodista que lo peor
que podía ocurrirle era morirse sin haber filmado todas las ideas que lleva
dentro. Fiel a su cita anual en las carteleras de todo el mundo, el realizador
norteamericano continúa derrochando y compartiendo con sus fans su inagotable
fuente creativa. Nacido el 1 de diciembre de 1935, el cineasta neoyorkino parece
pletórico en su vigor para escribir y rodar su filme anual, práctica que lleva
realizando de manera estable desde los primeros años 80. Allen debutó detrás de
la cámara a finales de los años 60 con el estupendo filme Toma el dinero ycorre (Take the Money and Run, EEUU, 1969) que él mismo denomina una sucesión
de bromas que, para sostener la atención del público, cada una de ellas tenía
que ser superior a la anterior. Su labor delante y tras la cámara, la ha
compaginado con la televisión, el teatro, guiones e interpretaciones para otros
cineastas y por supuesto, con el clarinete, pasión incompatible con acudir a la
ceremonia de entrega de los premios Oscars de Hollywood.
El realizador lleva nada menos que cinco
décadas acudiendo puntualmente a las carteleras de todo el mundo. Cinco décadas
de intensa hiperactividad. En los años 50, desde muy joven, ya vendía chistes a
famosos columnistas y cómicos profesionales como Ed Sullivan, Sid Cesar o Pat
Boone. Durante los años 60 sorprendía con sus chispeantes monólogos y sketchs
en clubes, salas de fiestas, revistas de Broadway y en programas de televisión.
En estos años 60 comenzaban sus personales coqueteos con el cine en películas como
¿Qué tal Pussycat? (What´s new, Pussycat, 1965), de Clive Donner y Richard
Talmage o Casino Royale (EEUU, 1967), esa comedia coral de actores y directores
varios donde Allen interpreta a un paródico "Jimmy" Bond. La década termina,
como decíamos, con la dirección de su opera prima. Desde sus primeros pasos, el
artista hacía gala de su personal idiosincrasia cómica, que lo ha convertido en
un icono de la cultura del siglo XX.
Tan sólo poder sostener ese ritmo, terapéutico
para sí, como también ha confesado más de una vez, resulta particularmente
meritorio. En los últimos años, se ha tenido que reinventar (como todos los
ciudadanos de este universo en crisis) para conseguir la necesaria financiación
para poder hacer su peliculita anual. De ahí ciertos paseos por las capitales
europeas que han dado algunos títulos memorables, con Match Point (Reino Unido,2005) y Medianoche en París (Midnight In Paris, EEUU, 2011) a la cabeza.
2. EL GUIONISTA PRESTIDIGITADOR.
Resulta particularmente asombroso cómo el
cineasta mantiene intacta su capacidad de construir ingeniosos libretos, auténticos
mecanismos de relojería, sin perder de vista la realidad vigente al momento de
estreno de cada filme. Woody Allen es un atento espectador de su tiempo y un
maravilloso"“prestidigitador" de los guiones. Conoce sus mecanismos, sus entrañas
(como para no hacerlo después de tanto tiempo escribiendo libretos, que son
estudiados meticulosamente en las universidades de cine). El cineasta sabe
perfectamente lo que quiere de cada guión y siempre tiene claro cómo construir
una trama de la manera más atractiva y eficaz posible, buscando el chiste
intelectual, cierto, pero siempre armónico con la construcción o reacción del
personaje o con la concreta necesidad de cada argumento. Maestros del cine clásico
como Billy Wilder y su guionista habitual IAL Diamond se planteaban la
escritura de esa manera.
Dentro de este objetivo de culto al guión
(que muchos consideran, probablemente con cierta base de razón, que el artista es
demasiado esclavo del mismo y da poco margen a la improvisación), Allen domina
algo muy importante: que la resolución de su historia no chirríe, es decir que
la resolución sea coherente y una consecuencia de la suma de ciertos detalles
que ya nos ha facilitado previamente. Esos detalles se encuentran siempre hábilmente
integrados y mimetizados con el resto de la trama. "El diablo está en los
detalles", reza el proverbio anglosajón y el astuto cineasta lo lleva a sus últimas
consecuencias. En el guión de Irrational Man es muy importante el sensacional
uso de lo que en el argot de los escritores se denomina “el precedente”. Es
aquel recurso o instrumento en la escritura del guión que es imperativo colocar
en la trama. Hay que hacerlo con mucha astucia, pues se pretende facilitar al
espectador una información necesaria para que todo encaje, sin desvelar la
conclusión de la historia. Es un elemento fundamental, teniendo en cuenta lo astuto
que es el espectador actual, curtido en miles de películas y por tanto capaz de
prever (casi) todo. Colocar adecuadamente el precedente significa darle al
espectador un detalle perceptible (un objeto, una habilidad, una experiencia
vital), que sea relevante para la sorpresa en la secuencia final y la resolución
de la trama. Lo importante en su introducción, es que, al ver ese precedente,
no sepamos que se trata de un precedente. Al verlo, no debemos ni siquiera vislumbrar
el final, o cómo el héroe solucionará la historia. Sólo debemos descubrirlo
cuando nos reencontremos con ese detalle al final del filme. Si la conclusión
nos sorprende, pero al mismo tiempo nos mostramos complacidos por caer en la
cuenta en ese instante, en que ya nos habían dado el detalle relevante unas
cuantas secuencias atrás, entonces el precedente habrá encajado de un modo
perfecto. Pues bien, el precedente que determina la azarosa resolución del
filme, está maravillosamente colocado en Irrational Man.
3. EL CINEASTA ERUDITO.
El filme que analizamos comparte trama
criminal con algunas de sus trabajos más brillantes como Delitos y faltas
(Crime and Misdemeanors, EEUU, 1989), Misterioso Asesinato en Manhattan (Manhattan
Murder Mistery, EEUU, 1993), la citada Match Point, Scoop (Reino Unido, 2006), o
la no tan redonda El Sueño de Cassandra (Cassandra´s Dream, Reino Unido, 2007).
También comparte algunos guiños un tanto simples, pero bien introducidos, al
universo del escritor Fedor Dostoiewski en general. Así el protagonista del
filme lee El Idiota y Jill, la protagonista femenina, dice en un momento determinado
que ha leído toda la obra del escritor. Allen centra su homenaje al escritor
ruso en la excelente novela Crimen y Castigo. Su pasión por esta novela ya
apuntalaban las mencionadas Delitos y Faltas y Match Point. A diferencia de
Raskolnikov, el protagonista de la densa novela rusa, Abe (un excelente Joaquín
Phoenix), no quiere cometer un asesinato y salir impune para reforzar ese
sentimiento de que es superior al resto de la humanidad, de que está por encima
del bien y del mal, sino como una manera de revitalizarse, de recuperar la ilusión
por vivir, como una forma de redimirse a sí mismo en relación a ese hastío
vital del que hace gala desde su aparición en pantalla. La sola idea de matar a
un personaje concreto, fruto de escuchar de manera casual una conversación en
una cafetería, de su convencimiento de que el mundo será un lugar mejor sin ese
Juez que ha retirado la custodia de sus hijos a una joven, hace que el profesor
de filosofía protagonista recupere su plenitud sexual, disfuncional desde hace
un año.
El filme, como todos los de la filmografía
de su autor, tiende la mano hacia multitud de referencias. Así, las citas a
Dostoiewski, se mezclan armónicamente a las alusiones a la filósofa alemana de
origen judío, Hannah Arendt y su revolucionario Estudio sobre la Banalidad del mal, o a
reflexiones ácidas en torno a Kant, Kierkegald y la filosofía en general (que
para el protagonista no es más que una gran paja mental). Las referencias son utilizadas
por los personajes como auténticos dardos verbales que componen los chispeantes
diálogos y el devenir de los personajes a lo largo de la trama. En el terreno
de la cinefilia, palpable es también la influencia del cineasta británico
Alfred Hitchcock y sus dos filmes Extraños en un tren (1951) (la idea del crimen
ajeno, con el que no puedan relacionar a su autor, al no tener la menor relación
con la víctima ni un móvil para ejecutar tal acto) y La Sombra de una duda (1943) (la labor
detectivesca de Teresa Wright, que va enlazando todos los cabos que llevan
hacia los crímenes de su tío Joseph Cotten). Todo este mestizaje tiene lugar sin
abandonar el tono de comedia de enredos sexuales, objetivo en el que el
personaje interpretado por la excelente actriz Parker Posey, presente también
en el reparto de su siguiente filme, cobra pleno protagonismo. Pocas veces
hemos visto a un personaje con tanta carga sexual en un filme de Woody Allen.
4. EL CINEASTA RACIONAL.
Como realizador, Allen es un cineasta
eficaz. Sus primeros filmes rezumaban cierta frescura en esa mencionada sucesión
de gags, sin coherencia narrativa. El devenir de los años le ha dado,
obviamente, un inmenso bagaje a sus espaldas. Allen se ha convertido en un
cineasta técnico, cuya elaborada puesta en escena obedece a un método y un
objetivo armónicos. Tiene un ojo muy especial no sólo para escoger actores (ve
películas y está al día respecto a ellos), sino también para algo muy importante:
para escoger y utilizar las localizaciones más adecuadas para cada escena. Es
algo que puede parecer absolutamente baladí, pero que deviene en magistral en
el cine de Allen. Su anterior película, Magia a la Luz de la luna (Magic in the
Moonlight, EEUU, 2014), ese delicioso homenaje a la comedia de los años 30, es
especialmente memorable en cuanto a las localizaciones y la colorida iluminación
de las mismas. La fotografía del iraní Darius Khonji en las andanzas de Colin Firth
y Emma Stone por la costa francesa en la década de entreguerras, no puede ser más
diferente que en las andanzas de Joaquín Phoenix y nuevamente Emma Stone por el
Campus Universitario de Newport, Rhode Island en la actualidad. Sin embargo en
ambas películas el escenario donde se mueven los personajes tiene un particular
peso específico. Dos filmes completamente diferentes, tanto en cuanto a puesta
en escena como en cuanto a iluminación. Mucho más colorida aquella, más claro
oscuro ésta, que pone de relieve la memorable labor del operador habitual en
los últimos filmes de Allen, regularmente desde la mencionada Medianoche en París,
pero que ya había fotografiado Todo lo demás (Anything Else, EEUU, 2003).
La pericia narrativa del veterano
cineasta nos regala en Irrational Man instantes como ese plano medio de Abe
(Joaquín Phoenix) en la playa desde el punto de vista de la joven Jill (Emma
Stone), las charlas en los bares universitarios, los paseos de Abe y Jill por
el campus, la secuencia del crimen en el parque (sencillamente memorable), el
cambio de escenario en la conversación de la cafetería, que comienza con una de
las charlas de los dos protagonistas y en un momento dado la joven invita a su
profesor a escuchar la conversación que tienen lugar en la mesa de detrás.
Allen traslada sutilmente la secuencia a dicha mesa. Cada escena, por tanto,
cumple una específica y clave función escalonada y meticulosamente planeada en
el todo de la trama. Los actores, como siempre en Allen, cumplen y ejecutan su
labor con mucha comprensión y entrega.
5. EL CINEASTA ATENTO OBSERVADOR DE SU
TIEMPO.
Pese a la edad que tiene el cineasta
sorprende del visionado de Irrational Man, lo bien que conoce y está al
corriente acerca de las actuales confusas relaciones amorosas-sentimentales,
tan inciertas, hirientes e impersonales, propias de estos "días extraños" (que
diría el cantante y poeta Jim Morrison) que vivimos. Si el escritor W. Somerset
Maugham afirmaba que se percataba acerca de lo mayor que se estaba haciendo por
el implacable hecho de que perdía la consciencia de aquello que acontecía a su
alrededor, podemos afirmar que Woody Allen, pese a ser octogenario, es un hombre
joven. (Billy Wilder se definió a si mismo en la recogida de un premio como un
joven de 90 años).
El capricho-atracción incontenible que
hoy caracterizan a las relaciones, donde damos una rienda suelta nada reflexiva
a esa momentánea atracción hacia otra persona, queda notablemente expuesto en
el filme. Hablamos de esa atracción visceral que, por la vía del dolo eventual (o
daño colateral), hace que la persona cuente con la posibilidad de hacer daño,
bien a su pareja estable, bien a la persona objeto de atracción. Esa
posibilidad que en la mayoría de los casos es gestionada como un pensamiento
incómodo que rápidamente se quiere expiar con un simple encogerse de hombros y un "no puedo evitarlo" que nos susurramos a nosotros mismos. Pues bien, ese
irracional capricho-atracción de hoy, es la huida despavorida, igualmente
irracional, de mañana. Hoy te deseo y estoy enamorado/a de ti, mañana te acompaño
en tu sufrimiento, "pero sólo como amigo/a, ¿eh?". Cuidado con los espejismos y
los cantos de sirenas. Cuidado con los aparentes afectos desproporcionados que
no soporten la menor criba de la razón. Debemos atrincherarnos en nuestros
sensibles corazones y no permitamos que unas meras lisonjas y halagos sin venir
a cuento, nos arrastren a decisiones irracionales que a corto plazo nos harán
sufrir y a largo plazo pueden llevarnos a la permanente desilusión y
escepticismo, convirtiéndonos en náufragos emocionales.
Todo esto, entre otras cosas, parece
querer decirnos Woody Allen en su nueva obra maestra, nada irracional. Una película
tan premeditada como el meticuloso asesinato del filme: a plena luz del día y
en un escenario público, pero modélico en cuanto su discreción y eficacia.
Director: Woody Allen.
Intérpretes: Joaquin
Phoenix, Emma
Stone, Jamie
Blackley, Parker
Posey, Ethan
Phillips, Julie
Ann Dawson, Mark
Burzenski, Gary
Wilmes, Geoff
Schuppert.
Chris Wilton (Jonathan
Rhys-Meyers) es un joven irlandés, ambicioso y de origen humilde al
que la vida le ha negado el éxito como tenista profesional. Obligado a dar
clases de tenis a familias adineradas en un famoso club privado, sigue sin
perder ese espíritu competitivo, esas aspiraciones por progresar socialmente y,
especialmente, por abandonar una vida de precariedades económicas. Es allí, en el club de tenis
donde el azar hace su primera aparición para modificar su gris destino: Se hace
amigo del millonario Tom Hewett (Matthew Goode), otro joven como él con quien
establece pronto varias afinidades. Tom Hewett introduce a Chris en la vida de
las familias más ricas de Londres. Chris aprovecha su suerte para
enamorar a la hermana de Tom, Chloe Hewett (Emily Mortimer), entrando a formar
parte de la élite londinense. Ahora todo es perfecto, ha conseguido su sueño,
es rico, no tiene que trabajar y puede disfrutar de todos los caprichos que le
fueron negados debido a su humilde condición. Pero la vida no puede ser tan
perfecta y el destino se encarga de colocar en su camino a la bella Nola Rice
(Scarlett Johansson) una actriz estadounidense, que no cumple los requisitos
suficientes como para ser aceptada formalmente como la pareja de Tom, y por la
que Chris se siente irremediablemente atraído desde un primer momento. Chris se debatirá entre
satisfacer sus deseos sexuales o mantener las apariencias y seguir con su vida
cómoda y lujosa, ésa que tanto ha soñado por conseguir. Woody Allen, con esta cinta nos
deja una gran reflexión sobre la importancia del azar y la buena suerte en
nuestras vidas.
Ya es conocido por todos el existencialismo pesimista del este
autor, los grandes dilemas humanos sobre los que le gusta indagar, planteando
nuestra incapacidad para resolverlos. Tan sólo el humor y la capacidad
de disfrutar los breves momentos de felicidad, nos rescatan de nuestra limitada
existencia. Match Point es un relato
dramático, ambientado en Londres, que toma como escenario la vida de la
aristocracia británica y que plagia de las antiguas tragedias griegas la
conocida confrontación de las pasiones humanas frente al poder del destino. Además, el director se permite el
lujo de homenajear clarísimamente, y de forma prodigiosa a su admirado Bergman
y a Hitchcock. Aunque el homenaje más redondo es el dedicado a Jack Clayton y
su impresionante "Un Lugar en la Cumbre (1959)", todo un clásico representativo del "Free
Cinema Británico". Allen consigue también una
excelente ambientación y una sorprendente puesta en escena que utiliza sutiles
y elegantes movimientos de cámara, no mostrando más de lo necesario, y dotando
al film de un ritmo impecable donde el interés nunca decae, gracias a un guión
absolutamente preciso, sin fisuras, en el que no falta ni sobra nada con una
parte final desgarradora y brutal, en la que suceden fuertes acontecimientos
sobre los que Allen no moraliza ni emite juicio alguno, dejando esa difícil
labor al abrumado espectador. Todo el rodaje fue en Londres,
como comienzo de su periplo europeo, consiguiendo retratar a la capital
británica como se merece, con bellísimas panorámicas y cuidados detalles
guiados por la mirada de su director de fotografía Remi Adefarasin.
La potencia
visual del entorno es tan fuerte que se respira la atmósfera de la capital
británica en cada fotograma. Remi Adefarasin es un director de
fotografía londinense que consiguió el BAFTA a la mejor fotografía por su
trabajo en el film británico "Elisabeth (1998)". Además fue el responsable de
la fotografía de "Onegin (1999)", una cinta británica de época basado en la
ópera del mismo nombre y colaboró como segundo equipo de fotografía en "El
paciente Inglés(1996)". Como buen melómano, Allen
selecciona cuidadosamente las piezas de la banda sonora que acompañan a la
excelente fotografía de Remi Adefarasin. De esta forma, al ritmo de los
fragmentos de ópera se desarrolla un relato de suspense. Con esta cinta Allen se estrena
rodando en Europa su primera película fuera de su amado Nueva York. Más tarde
seguiría su recorrido por el viejo Continente en España con "Vicky Cristina Barcelona (2008)"; En París,"Midnight Paris (2011)" y en Italia, "A Roma
con amor ( 2012)". Pero ésta es su mejor cinta fuera de su habitual entorno
neoyorkino, donde además parece haber recuperado la garra y el ingenio
componiendo un drama complejo que difícilmente nos deja indiferentes. Respecto al elenco de actores,
todos están extraordinarios, pero merece especial mención la colosal
interpretación de Jonathan Rhys-Meyers, que carga con gran parte del peso de la
trama y nos deleita con una interpretación excelente que le valió su pasaporte
a la fama. Un joven atractivo que sabe transmitir con sus miradas y sus gestos
su tormento interior, sus pasiones, sus ambiciones y sus miserias. Con Scarlett
Johansson, forma una pareja cuya química desborda en la pantalla, juntos
transmiten emociones con la intensidad necesaria para que el espectador pueda
sumergirse en la historia, pueda vivir las pasiones que ellos sienten y hasta
puedan introducirse en los mismos dilemas que ellos están viviendo. Una vez
más, Woody Allen nos deja un entretenido y complejo relato con un poderoso y
sorprendente final con el que consigue además la proeza de cerrar el círculo de
su planteamiento inicial. Una reflexión a la que no podemos dar ninguna
respuesta.
Frases para recordar:
"Aquel que dijo: Más vale tener
suerte que talento conocía la esencia de la vida."
"La gente tiene miedo a reconocer
que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuántas cosas
escapan a nuestro control. En un partido de tenis hay momentos en que la pelota
golpea el borde de la red y durante una fracción de segundo puede que la pelota
siga hacia delante o puede que la pelota caiga hacia atrás. Con un poco de
suerte, la pelota sigue, atraviesa la red y ganas o bien no lo hace y pierdes
el partido."
Director: Woody Allen.
Intérpretes: Jonathan
Rhys Meyers, Scarlett
Johansson, Emily
Mortimer, Matthew
Goode, Brian
Cox, Penelope
Wilton.
Chris Wilton (Jonathan
Rhys-Meyers) es un joven irlandés, ambicioso y de origen humilde al
que la vida le ha negado el éxito como tenista profesional. Obligado a dar
clases de tenis a familias adineradas en un famoso club privado, sigue sin
perder ese espíritu competitivo, esas aspiraciones por progresar socialmente y,
especialmente, por abandonar una vida de precariedades económicas. Es allí, en el club de tenis
donde el azar hace su primera aparición para modificar su gris destino: Se hace
amigo del millonario Tom Hewett (Matthew Goode), otro joven como él con quien
establece pronto varias afinidades. Tom Hewett introduce a Chris en la vida de
las familias más ricas de Londres. Chris aprovecha su suerte para
enamorar a la hermana de Tom, Chloe Hewett (Emily Mortimer), entrando a formar
parte de la élite londinense. Ahora todo es perfecto, ha conseguido su sueño,
es rico, no tiene que trabajar y puede disfrutar de todos los caprichos que le
fueron negados debido a su humilde condición. Pero la vida no puede ser tan
perfecta y el destino se encarga de colocar en su camino a la bella Nola Rice
(Scarlett Johansson) una actriz estadounidense, que no cumple los requisitos
suficientes como para ser aceptada formalmente como la pareja de Tom, y por la
que Chris se siente irremediablemente atraído desde un primer momento. Chris se debatirá entre
satisfacer sus deseos sexuales o mantener las apariencias y seguir con su vida
cómoda y lujosa, ésa que tanto ha soñado por conseguir. Woody Allen, con esta cinta nos
deja una gran reflexión sobre la importancia del azar y la buena suerte en
nuestras vidas.
Ya es conocido por todos el existencialismo pesimista del este
autor, los grandes dilemas humanos sobre los que le gusta indagar, planteando
nuestra incapacidad para resolverlos. Tan sólo el humor y la capacidad
de disfrutar los breves momentos de felicidad, nos rescatan de nuestra limitada
existencia. Match Point es un relato
dramático, ambientado en Londres, que toma como escenario la vida de la
aristocracia británica y que plagia de las antiguas tragedias griegas la
conocida confrontación de las pasiones humanas frente al poder del destino. Además, el director se permite el
lujo de homenajear clarísimamente, y de forma prodigiosa a su admirado Bergman
y a Hitchcock. Aunque el homenaje más redondo es el dedicado a Jack Clayton y
su impresionante "Un Lugar en la Cumbre (1959)", todo un clásico representativo del "Free
Cinema Británico". Allen consigue también una
excelente ambientación y una sorprendente puesta en escena que utiliza sutiles
y elegantes movimientos de cámara, no mostrando más de lo necesario, y dotando
al film de un ritmo impecable donde el interés nunca decae, gracias a un guión
absolutamente preciso, sin fisuras, en el que no falta ni sobra nada con una
parte final desgarradora y brutal, en la que suceden fuertes acontecimientos
sobre los que Allen no moraliza ni emite juicio alguno, dejando esa difícil
labor al abrumado espectador. Todo el rodaje fue en Londres,
como comienzo de su periplo europeo, consiguiendo retratar a la capital
británica como se merece, con bellísimas panorámicas y cuidados detalles
guiados por la mirada de su director de fotografía Remi Adefarasin.
La potencia
visual del entorno es tan fuerte que se respira la atmósfera de la capital
británica en cada fotograma. Remi Adefarasin es un director de
fotografía londinense que consiguió el BAFTA a la mejor fotografía por su
trabajo en el film británico "Elisabeth (1998)". Además fue el responsable de
la fotografía de "Onegin (1999)", una cinta británica de época basado en la
ópera del mismo nombre y colaboró como segundo equipo de fotografía en "El
paciente Inglés(1996)". Como buen melómano, Allen
selecciona cuidadosamente las piezas de la banda sonora que acompañan a la
excelente fotografía de Remi Adefarasin. De esta forma, al ritmo de los
fragmentos de ópera se desarrolla un relato de suspense. Con esta cinta Allen se estrena
rodando en Europa su primera película fuera de su amado Nueva York. Más tarde
seguiría su recorrido por el viejo Continente en España con "Vicky Cristina Barcelona (2008)"; En París,"Midnight Paris (2011)" y en Italia, "A Roma
con amor ( 2012)". Pero ésta es su mejor cinta fuera de su habitual entorno
neoyorkino, donde además parece haber recuperado la garra y el ingenio
componiendo un drama complejo que difícilmente nos deja indiferentes. Respecto al elenco de actores,
todos están extraordinarios, pero merece especial mención la colosal
interpretación de Jonathan Rhys-Meyers, que carga con gran parte del peso de la
trama y nos deleita con una interpretación excelente que le valió su pasaporte
a la fama. Un joven atractivo que sabe transmitir con sus miradas y sus gestos
su tormento interior, sus pasiones, sus ambiciones y sus miserias. Con Scarlett
Johansson, forma una pareja cuya química desborda en la pantalla, juntos
transmiten emociones con la intensidad necesaria para que el espectador pueda
sumergirse en la historia, pueda vivir las pasiones que ellos sienten y hasta
puedan introducirse en los mismos dilemas que ellos están viviendo. Una vez
más, Woody Allen nos deja un entretenido y complejo relato con un poderoso y
sorprendente final con el que consigue además la proeza de cerrar el círculo de
su planteamiento inicial. Una reflexión a la que no podemos dar ninguna
respuesta.
Frases para recordar:
"Aquel que dijo: Más vale tener
suerte que talento conocía la esencia de la vida."
"La gente tiene miedo a reconocer
que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuántas cosas
escapan a nuestro control. En un partido de tenis hay momentos en que la pelota
golpea el borde de la red y durante una fracción de segundo puede que la pelota
siga hacia delante o puede que la pelota caiga hacia atrás. Con un poco de
suerte, la pelota sigue, atraviesa la red y ganas o bien no lo hace y pierdes
el partido."
Director: Woody Allen.
Intérpretes: Jonathan
Rhys Meyers, Scarlett
Johansson, Emily
Mortimer, Matthew
Goode, Brian
Cox, Penelope
Wilton.
Esta cinta supuso el debut de
Woody Allen como director y guionista. Protagonizada por él mismo, Allen
consiguió el reconocimiento que tanto había buscado al saber combinar de forma
inteligente la más pura tradición humorística de los icónicos: Chaplin, Keaton
y los Hermanos Marx con una novedosa forma de narración llamada "mockumentary":
Un falso documental que, en clave de comedia, pretende ser la autobiografía de
una gran antihéroe, de un tipo con buenas intenciones que fracasa en cada tarea
que emprende en la vida y que carece de las cualidades necesarias para alcanzar
el prototipo standar del sueño americano. Se construye así un relato que
sabe alternar varios recursos narrativos: la voz en off, las entrevistas de los
que lo conocieron desde su infancia y las peripecias de nuestro protagonista en
su vida real. La narración en off nos advierte
desde el principio que el relato estará cargado de cinismo e ironía al
describir al torpe y neurótico criminal Virgil Starkwell (Woody Allen) como un
delincuente incomprendido:
"Virgil nunca dejará de ser el
angelito de los cielos que quizás nunca recibió el suficiente cariño de sus
padres".
Cada uno de los sucesos que
conforman su vida representa la incisiva crítica de cada uno de los mitos
sociales de la época, con mención u homenaje a distintos referentes
cinematográficos. Su infancia refleja la
marginalidad y la delincuencia de bandas callejeras, donde más que ser un
delincuente consigue ser objeto de burlas, ya que sus escasas dotes físicas lo
convirtieron en un desastre hasta para cometer malicias en la infancia. Su juventud se convierte en una
frustración permanente, sin alcanzar su sueño de ser músico en una banda. La
sentencia del profesor entrevistado es contundente "No hay nada bueno que pueda
decir de él…No tenía ni idea de lo que era la armonía". Finalmente cuando se establece
son su esposa, los pocos ingresos económicos lo conducen a un intento fallido
de robo a un camión blindado.
Armado con
una simple pistola de juguete fracasa estrepitosamente y es detenido en el
acto. Tras ser encarcelado, consigue
escapar de prisión e iniciar una nueva vida con su adorada esposa, pero esta
vez el director, homenajeando a la esencia de los films "Noir", nos muestra un
individuo con un pasado delictivo que lo persigue sin que pueda escapar de él. Son muchas las escenas con gran chispa
y brillo, sin abandonar el espíritu crítico, como por ejemplo, la escena donde intenta
conseguir un trabajo “decente”. Para un gran amante del cine como Allen, tampoco podían faltar los intertextos sobre
figuras míticas de la pantalla, como la escena del atraco bajo la dirección
artística del mismísimo Fritz Lang. Volverá a una prisión de alta
seguridad, esta vez, rememorando la película de "La leyenda del indomable" y
protagonizará una "Gran evasión" en grupo. Otro gran punto importante lo
representan los entrevistados: Sus padres disfrazados que se avergüenzan de él,
su psiquiatra con interpretaciones peregrinas sobre su personalidad, o el
propio agente del FBI que consigue su final detención (amigo de J. Edgar
Hoover, hablando sobre una conspiración ateo-comunista). Todos los grandes
tópicos de la sociedad estadounidense del momento, ridiculizados y criticados
sobre el hilo argumental de la biografía del permanente hombre sin éxito, sin
fama y sin fortuna. Tal como dijo una vecina tras su
final detención: "Y pensar que ese idiota era el gángster del año...".
Con este primer gran éxito de
Allen se marca el comienzo de una serie de películas donde la ficción y la
realidad se intercambian continuamente, y donde sus protagonistas principales
funden persona y personaje sin que acertemos a distinguir dónde empieza uno y
acaba el otro. Es un bonita y original manera de hacernos participar de todas
sus reflexiones y de su visión existencialista de la vida, recubriendo siempre
de un fino humor sus diálogos. Con los años, este tipo de humor surrealista y
alocado de los comienzos del cine ha ido depurándose y formando un estilo
propio, con visibles inspiraciones en los grandes cineastas. Podríamos decir
que Allen es el mejor heredero del humor de los films clásicos. En su vida real, Allen tuvo
grandes dificultades para salir adelante en el mundo del espectáculo. Incluso
fracasó para graduarse como productor cinematográfico: "Hasta los caballos
consiguen acabar una carrera". Dedicado durante años a escribir
chistes para los demás, tampoco tuvo suerte en su programa de humor para la TV.
Pero no cedió en su empeño y continuó escribiendo para televisión y haciendo
monólogos humorísticos por los teatros de NYC. El guión de esta cinta, escrito
junto a su amigo de la infancia Mickey Rose, estaba destinado para que Jerry
Lewis lo dirigiera. Aunque tuvo que ser él mismo el que acabara escribiendo
dirigiendo y protagonizando su primer film apoyado por una nueva y modesta productora, "Palomar
Pictures". Sin duda, lo más llamativo de "Toma el dinero y corre" es la apuesta narrativa por el "mockumentary", siendo
este film uno de las grandes referencias dentro del subgénero. Consigue una gran comedia
relatando la vida de un perdedor neoyorkino. Construida con muchos de los
miedos que deben afrontar todos los que desean aparentar ese ideal de
estereotipo triunfador dentro de una sociedad exigente y cruel con los que no
lo consiguen. Y lo consigue gracias a un humor ágil y alocado, lleno de gags y
situaciones absurdas bajo la seria y realista apariencia de un documental.
Esta cinta supuso el debut de
Woody Allen como director y guionista. Protagonizada por él mismo, Allen
consiguió el reconocimiento que tanto había buscado al saber combinar de forma
inteligente la más pura tradición humorística de los icónicos: Chaplin, Keaton
y los Hermanos Marx con una novedosa forma de narración llamada "mockumentary":
Un falso documental que, en clave de comedia, pretende ser la autobiografía de
una gran antihéroe, de un tipo con buenas intenciones que fracasa en cada tarea
que emprende en la vida y que carece de las cualidades necesarias para alcanzar
el prototipo standar del sueño americano. Se construye así un relato que
sabe alternar varios recursos narrativos: la voz en off, las entrevistas de los
que lo conocieron desde su infancia y las peripecias de nuestro protagonista en
su vida real. La narración en off nos advierte
desde el principio que el relato estará cargado de cinismo e ironía al
describir al torpe y neurótico criminal Virgil Starkwell (Woody Allen) como un
delincuente incomprendido:
"Virgil nunca dejará de ser el
angelito de los cielos que quizás nunca recibió el suficiente cariño de sus
padres".
Cada uno de los sucesos que
conforman su vida representa la incisiva crítica de cada uno de los mitos
sociales de la época, con mención u homenaje a distintos referentes
cinematográficos. Su infancia refleja la
marginalidad y la delincuencia de bandas callejeras, donde más que ser un
delincuente consigue ser objeto de burlas, ya que sus escasas dotes físicas lo
convirtieron en un desastre hasta para cometer malicias en la infancia. Su juventud se convierte en una
frustración permanente, sin alcanzar su sueño de ser músico en una banda. La
sentencia del profesor entrevistado es contundente "No hay nada bueno que pueda
decir de él…No tenía ni idea de lo que era la armonía". Finalmente cuando se establece
son su esposa, los pocos ingresos económicos lo conducen a un intento fallido
de robo a un camión blindado.
Armado con
una simple pistola de juguete fracasa estrepitosamente y es detenido en el
acto. Tras ser encarcelado, consigue
escapar de prisión e iniciar una nueva vida con su adorada esposa, pero esta
vez el director, homenajeando a la esencia de los films "Noir", nos muestra un
individuo con un pasado delictivo que lo persigue sin que pueda escapar de él. Son muchas las escenas con gran chispa
y brillo, sin abandonar el espíritu crítico, como por ejemplo, la escena donde intenta
conseguir un trabajo “decente”. Para un gran amante del cine como Allen, tampoco podían faltar los intertextos sobre
figuras míticas de la pantalla, como la escena del atraco bajo la dirección
artística del mismísimo Fritz Lang. Volverá a una prisión de alta
seguridad, esta vez, rememorando la película de "La leyenda del indomable" y
protagonizará una "Gran evasión" en grupo. Otro gran punto importante lo
representan los entrevistados: Sus padres disfrazados que se avergüenzan de él,
su psiquiatra con interpretaciones peregrinas sobre su personalidad, o el
propio agente del FBI que consigue su final detención (amigo de J. Edgar
Hoover, hablando sobre una conspiración ateo-comunista). Todos los grandes
tópicos de la sociedad estadounidense del momento, ridiculizados y criticados
sobre el hilo argumental de la biografía del permanente hombre sin éxito, sin
fama y sin fortuna. Tal como dijo una vecina tras su
final detención: "Y pensar que ese idiota era el gángster del año...".
Con este primer gran éxito de
Allen se marca el comienzo de una serie de películas donde la ficción y la
realidad se intercambian continuamente, y donde sus protagonistas principales
funden persona y personaje sin que acertemos a distinguir dónde empieza uno y
acaba el otro. Es un bonita y original manera de hacernos participar de todas
sus reflexiones y de su visión existencialista de la vida, recubriendo siempre
de un fino humor sus diálogos. Con los años, este tipo de humor surrealista y
alocado de los comienzos del cine ha ido depurándose y formando un estilo
propio, con visibles inspiraciones en los grandes cineastas. Podríamos decir
que Allen es el mejor heredero del humor de los films clásicos. En su vida real, Allen tuvo
grandes dificultades para salir adelante en el mundo del espectáculo. Incluso
fracasó para graduarse como productor cinematográfico: "Hasta los caballos
consiguen acabar una carrera". Dedicado durante años a escribir
chistes para los demás, tampoco tuvo suerte en su programa de humor para la TV.
Pero no cedió en su empeño y continuó escribiendo para televisión y haciendo
monólogos humorísticos por los teatros de NYC. El guión de esta cinta, escrito
junto a su amigo de la infancia Mickey Rose, estaba destinado para que Jerry
Lewis lo dirigiera. Aunque tuvo que ser él mismo el que acabara escribiendo
dirigiendo y protagonizando su primer film apoyado por una nueva y modesta productora, "Palomar
Pictures". Sin duda, lo más llamativo de "Toma el dinero y corre" es la apuesta narrativa por el "mockumentary", siendo
este film uno de las grandes referencias dentro del subgénero. Consigue una gran comedia
relatando la vida de un perdedor neoyorkino. Construida con muchos de los
miedos que deben afrontar todos los que desean aparentar ese ideal de
estereotipo triunfador dentro de una sociedad exigente y cruel con los que no
lo consiguen. Y lo consigue gracias a un humor ágil y alocado, lleno de gags y
situaciones absurdas bajo la seria y realista apariencia de un documental.
A pesar del gran nivel que presentaron sus primeras obras ("Toma el dinero y corre (1969)", "Bananas (1971)"...), el éxito y consagración definitiva de Woody Allen llegaría con la realización de "Annie Hall", una película de tono autobiográfico basado en los problemas sentimentales y donde el cineasta obtendría el primer Óscar de su carrera. La historia nos relataría los altibajos que sufre una pareja estadounidense de los años setenta desde el flechazo inicial y correspondiente proceso de enamoramiento, pasando por los conflictos de convivencia hasta la definitiva y drástica ruptura sentimental. El realizador llevando también a cabo el peso interpretativo del film estaría acompañado por una genial Diane Keaton ("Rojos (1981)"), antigua pareja de éste en la vida real y que colaboraría con él en muchas de sus películas, entre ellas la inolvidable "Manhattan (1979)". Allen representaría al cómico Alvy Singer un tipo paranoico e inseguro, con tendencia a la autocompasión y con cierta obsesión hacia el tema de la muerte mientras que Diane Keaton se pondría en la piel de Annie Hall (como detalle anecdótico Hall es el apellido real de la actriz mientras que Annie es su apodo) una mujer independiente, urbana y abierta a descubrir nuevos caminos personales, algo que chocaría con la manera de ser de Alvy.
Con un estilo narrativo de estructura poco definida, el film se caracterizaría por la introdución de flashback (donde se compaginarían recuerdos de la infancia del protagonista con otros vinculados con relaciones que mantuvo con ex-parejas pasadas), por mostrarnos frecuentes secuencias donde Allen habla de sus pensamientos en voz alta mirando hacia la cámara y por presentarnos infinidad de secuencias cargadas de ironía, humor inteligente e ingeniosos diálogos tan habituales en la filmografía del realizador. Otro de los elementos destacables del film es el vestuario que presenta Diane Keaton en la obra, un tipo de ropa (ideada por la diseñadora Ruth Morley) compuesta de holgados pantalones, camisas masculinas, sombreros de ala ancha y corbata que causaría sensación entre las mujeres de la época y que se le denominó el "estilo Annie Hall". Entre las memorables escenas que nos dejó la película para el recuerdo hago mención la secuencia que abre el film, un monólogo donde Allen con un chiste hace una sarcástica reflexión sobre la vida, el momento de discusión de la pareja en la cola de un cine con la presencia de un señor que saca de quicio al protagonista, el divertido estornudo de Alvy sobre una bandeja de cocaína o esa original secuencia de animación donde un Allen caricaturesco aparece con la bruja de Blancanieves.
Referencias al cine Fellini y Bergman (dos directores predilectos de Woody Allen) y un recorrido por las principales calles de Norteamérica serían otros de los detalles que apreciaríamos durante el visionado del film. Entre los secundarios que forman parte de la obra destacaría a Tony Roberts ("Serpico (1973)") como Rob, el mejor amigo de Alvy y a un desconocido Christopher Walken (poco antes de consagrarse con su magistral interpretación en "El cazador (1978)") dando vida al extraño hermano de Annie sin olvidarme de las fugaces apariciones de unos jóvenes Jeff Goldblum ("La mosca (1986)") y Sigourney Weaver (la mítica Teniente Ripley de "Alien").
Como curiosidad, esta sería la segunda obra más corta en la historia del cine en ganar el óscar de mejor película, la primera fue "Marty (1955)" de Delbert Mann.
Frase para recordar: "El sexo es lo más divertido que he hecho sin sonreír."
Director: Woody Allen.
Intérpretes: Woody Allen, Diane Keaton, Tony Roberts, Paul Simons.
A pesar del gran nivel que presentaron sus primeras obras ("Toma el dinero y corre (1969)", "Bananas (1971)"...), el éxito y consagración definitiva de Woody Allen llegaría con la realización de "Annie Hall", una película de tono autobiográfico basado en los problemas sentimentales y donde el cineasta obtendría el primer Óscar de su carrera. La historia nos relataría los altibajos que sufre una pareja estadounidense de los años setenta desde el flechazo inicial y correspondiente proceso de enamoramiento, pasando por los conflictos de convivencia hasta la definitiva y drástica ruptura sentimental. El realizador llevando también a cabo el peso interpretativo del film estaría acompañado por una genial Diane Keaton ("Rojos (1981)"), antigua pareja de éste en la vida real y que colaboraría con él en muchas de sus películas, entre ellas la inolvidable "Manhattan (1979)". Allen representaría al cómico Alvy Singer un tipo paranoico e inseguro, con tendencia a la autocompasión y con cierta obsesión hacia el tema de la muerte mientras que Diane Keaton se pondría en la piel de Annie Hall (como detalle anecdótico Hall es el apellido real de la actriz mientras que Annie es su apodo) una mujer independiente, urbana y abierta a descubrir nuevos caminos personales, algo que chocaría con la manera de ser de Alvy.
Con un estilo narrativo de estructura poco definida, el film se caracterizaría por la introdución de flashback (donde se compaginarían recuerdos de la infancia del protagonista con otros vinculados con relaciones que mantuvo con ex-parejas pasadas), por mostrarnos frecuentes secuencias donde Allen habla de sus pensamientos en voz alta mirando hacia la cámara y por presentarnos infinidad de secuencias cargadas de ironía, humor inteligente e ingeniosos diálogos tan habituales en la filmografía del realizador. Otro de los elementos destacables del film es el vestuario que presenta Diane Keaton en la obra, un tipo de ropa (ideada por la diseñadora Ruth Morley) compuesta de holgados pantalones, camisas masculinas, sombreros de ala ancha y corbata que causaría sensación entre las mujeres de la época y que se le denominó el "estilo Annie Hall". Entre las memorables escenas que nos dejó la película para el recuerdo hago mención la secuencia que abre el film, un monólogo donde Allen con un chiste hace una sarcástica reflexión sobre la vida, el momento de discusión de la pareja en la cola de un cine con la presencia de un señor que saca de quicio al protagonista, el divertido estornudo de Alvy sobre una bandeja de cocaína o esa original secuencia de animación donde un Allen caricaturesco aparece con la bruja de Blancanieves.
Referencias al cine Fellini y Bergman (dos directores predilectos de Woody Allen) y un recorrido por las principales calles de Norteamérica serían otros de los detalles que apreciaríamos durante el visionado del film. Entre los secundarios que forman parte de la obra destacaría a Tony Roberts ("Serpico (1973)") como Rob, el mejor amigo de Alvy y a un desconocido Christopher Walken (poco antes de consagrarse con su magistral interpretación en "El cazador (1978)") dando vida al extraño hermano de Annie sin olvidarme de las fugaces apariciones de unos jóvenes Jeff Goldblum ("La mosca (1986)") y Sigourney Weaver (la mítica Teniente Ripley de "Alien").
Como curiosidad, esta sería la segunda obra más corta en la historia del cine en ganar el óscar de mejor película, la primera fue "Marty (1955)" de Delbert Mann.
Frase para recordar: "El sexo es lo más divertido que he hecho sin sonreír."
Director: Woody Allen.
Intérpretes: Woody Allen, Diane Keaton, Tony Roberts, Paul Simons.
Sin caracterizarse por poseer un físico atractivo según los cánones de belleza, el gran Woody Allen ha solido demostrar en su trayectoria profesional el alto poder de seducción de sus personajes interpretados entre el género femenino. En este mítico título rodado en Nueva York (buen tributo a la ciudad de los rascacielos que hizo el realizador) no iba a ser menos representando a Isaac, un escritor de gags televisivos divorciado de una mujer empeñada en publicar un libro con sus experiencias sexuales y que se cuestiona su amor entre una adolescente llamada Tracy (papel realizado por una precoz Mariel Hemingway, actriz y nieta del escritor Ernest Hemingway ("El viejo y el mar")) y Mary ( personaje interpretado por Diane Keaton, en una década, la de los setenta, marcada por sus acertadas colaboraciones en el cine de Woody Allen y "El padrino" de Coppola), la amante de su mejor amigo. La película analizaría las relaciones de pareja y las infidelidades con ese rasgo tan personal y particular que nos tiene acostumbrado el realizador en todas sus fims: ingeniosos diálogos y sarcásticas reflexiones. Destaca la presencia de una joven Meryl Streep en uno de sus primeros trabajos cinematográficos encarnando a la ex-esposa de Isaac, en un mismo año donde la actriz pisaba fuerte en el mundo del celuloide ganando el primer óscar de su carrera con el drama familiar de Robert Benton: "Kramer vs. Kramer (1979)". Con una bella fotografía en blanco y negro a cargo de Gordon Willis ("El padrino (1972)"), la película también será recordada por dejarnos la mítica secuencia de Woody Allen y Diane Keaton sentados en un banco bajo el fondo del puente de Queensboro, una imagen que también quedaría plasmada en el propio cartel de la película. Se comenta que después del montaje final, Woody Allen salió tan defraudado de su trabajo realizado que pidió a la productora que destruyera la película, paradojas de la vida, con el paso de los años la obra se ha convertido en una de las mejores películas del director y de los denominados títulos clásicos dentro de la historia cine.
Frase para recordar: "Tuve un impulso loco de tumbarte sobre la superficie lunar y cometer una perversión interestelar contigo".
Director: Woody Allen.
Intérpretes: Woody Allen, Diane Keaton, Mariel Hemingway, Michael Murphy.
Sin caracterizarse por poseer un físico atractivo según los cánones de belleza, el gran Woody Allen ha solido demostrar en su trayectoria profesional el alto poder de seducción de sus personajes interpretados entre el género femenino. En este mítico título rodado en Nueva York (buen tributo a la ciudad de los rascacielos que hizo el realizador) no iba a ser menos representando a Isaac, un escritor de gags televisivos divorciado de una mujer empeñada en publicar un libro con sus experiencias sexuales y que se cuestiona su amor entre una adolescente llamada Tracy (papel realizado por una precoz Mariel Hemingway, actriz y nieta del escritor Ernest Hemingway ("El viejo y el mar")) y Mary ( personaje interpretado por Diane Keaton, en una década, la de los setenta, marcada por sus acertadas colaboraciones en el cine de Woody Allen y "El padrino" de Coppola), la amante de su mejor amigo. La película analizaría las relaciones de pareja y las infidelidades con ese rasgo tan personal y particular que nos tiene acostumbrado el realizador en todas sus fims: ingeniosos diálogos y sarcásticas reflexiones. Destaca la presencia de una joven Meryl Streep en uno de sus primeros trabajos cinematográficos encarnando a la ex-esposa de Isaac, en un mismo año donde la actriz pisaba fuerte en el mundo del celuloide ganando el primer óscar de su carrera con el drama familiar de Robert Benton: "Kramer vs. Kramer (1979)". Con una bella fotografía en blanco y negro a cargo de Gordon Willis ("El padrino (1972)"), la película también será recordada por dejarnos la mítica secuencia de Woody Allen y Diane Keaton sentados en un banco bajo el fondo del puente de Queensboro, una imagen que también quedaría plasmada en el propio cartel de la película. Se comenta que después del montaje final, Woody Allen salió tan defraudado de su trabajo realizado que pidió a la productora que destruyera la película, paradojas de la vida, con el paso de los años la obra se ha convertido en una de las mejores películas del director y de los denominados títulos clásicos dentro de la historia cine.
Frase para recordar: "Tuve un impulso loco de tumbarte sobre la superficie lunar y cometer una perversión interestelar contigo".
Director: Woody Allen.
Intérpretes: Woody Allen, Diane Keaton, Mariel Hemingway, Michael Murphy.