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primera-plana
Ewan Williams, convicto por asesinar a un policía espera en la cárcel el momento de su hora final por muerte en la horca. En la sala de prensa del Tribunal Supremo, un grupo de periodistas espera el indulto o la confirmación de la sentencia, para publicar la noticia en "primera plana". Hilddy Johnson (Jack Lemmon), periodista estrella del rotativo que tendría que cubrir la información, va abandonar la carrera y la cobertura de la crónica para contraer matrimonio. Pero Walter Burns (Walter Matthau) el director del periódico, utilizará todo tipo de ardides y trucos para retenerlo y que abandone la idea de casarse.

Basada en una famosa pieza teatral de éxito en Brodway y que había sido llevada a la pantalla por Lewis Milestone y Howard Hawks, en 1931 y 1940, respectivamente, y de la mano de la Universal, Primera plana es una excelsa obra del cine americano realizada por el veterano Wilder. Una sensacional comedia de costumbres o, de malas costumbres, para ser más exactos, ambientada en la época previa a la Depresión USA, que burla burlando, pone en solfa a toda una sociedad, sistema judicial y prensa amarilla incluidos, mostrando a la prensa de una forma despiadada y sin escrúpulos. La acción se desarrolla en el Chicago de 1929, en vísperas de la ejecución de un supuesto anarquista. Wilder y Diamond situaron su Primera plana el 6 de junio de 1929 y ampliaron el área de los sucesos mencionados, que pasaron de Chicago y sus alrededores, a repasar toda la historia de Estados Unidos. Wilder vuelve a su vieja forma satírica utilizada en "Con faldas y a lo loco (1959)" "El apartamento (1960)" o "En bandeja de plata (1966)" logrando realizar un gran film, resucitando el no menos tradicional recurso de Hollywood: llevar al cine célebres obras escénicas, apoyadas en un notable plantel de actores y la colaboración habitual del adaptador y guionista I.A.L. Diamond.

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Con esta fórmula, el maestro Wilder no ha defraudado. Su aguda y afilada sátira que, ya lo hizo con creces en "El crepúsculo de los dioses (1950)", no deja títere con cabeza. Y si en algunos momentos se ensaña con la profesión periodística, tema que también se ocupó en la magistral "El gran carnaval (1951)", el film, nunca pierde el tono de farsa crítica y de divertimento propios del autor. De ahí que la cinta divierta enormemente, los gags sean continuos y muy eficaces y que guste más al espectador dispuesto a apreciar el carácter festivo de la película. Con toda seguridad que Wilder aportó su experiencia personal como reportero en Viena y Berlín en los años 20, al igual que Diamond, también ex periodista. Al igual que "El gran carnaval", Primera plana presenta un mundo en el que cualquiera con un cargo de poder es corrupto. El crudo retrato de la privilegiada relación entre la prensa y el poder político.

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La relación entre Hildy Johnson y Walter Burns, el director del Examiner y su periodista estrella se inspira directamente en los años en los que Charles MacArthur (autor de la obra teatral) trabajó bajo las órdenes de Walter Howey, su director en el Herald and Examiner de William Randolph Hearst. Como el propio Wilder afirmaba: "En aquellos días, un periodista era una mezcla de detective privado y poeta. Si eras bueno, podías mejorar la historia; te sentías como un inventor, un descubridor, un explorador, un dramaturgo...Dabas rienda suelta a lo que había en tu interior: la historia comenzaba con algo bastante simple y tú la convertías en Los tres mosqueteros.
Además, estaba la dedicación a tiempo completo –la noción de una familia era impossible para un lobo solitario–, y la camaradería y la rivalidad en la sala de prensa... Los reporteros solían tener problemas o colaborar con la policía, no había término medio. Como demostramos en Primera plana, la policía tiene la tendencia a proteger a los culpables..."

primera-plana

Menos exagerado que en otras ocasiones, aunque no con menos carga de acidez, el genial Wilder demuestra, una vez más, su talla como cineasta, su solidez narrativa, que evoca con precisión el contexto sociopolítico estadounidenses de los finales años 20, se reafirma con la dirección de actores: los sin par Jack Lemmon y Walter Matthau, bien secundados por un reparto de rostros conocidos. Sin embargo, pese a que la historia parecía ajustarse muy bien a su perfil como director, Wilder no fue la primera opción de la Universal para dirigir el proyecto. El ofrecimiento del ejecutivo Jennings Lang para ponerse de nuevo tras las cámaras con casi 70 años sólo le llegó tras la negativa de Joseph L. MankiewiczTodo ello hace de Primera plana, a pesar de su carga de cinismo, un film testimonial de categoría e imprescindible del género.

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Frases para recordar:


"-Walter Burns: Al infierno el terremoto de Nicaragua. Me importa un pimiento que haya cien mil muertos. ¿El campeonato de liga? Inclúyelo. No, no, no. No toques al comandante Bart y a los pingüinos, es de interés humano.
Hildy Johnson: Menciono lo aficionado que es el alcalde a ese burdel chino?
Walter Burns: Menciónalo, no omitas nada. Eso será un buen golpe."

Título original: The Front Page

Director: Billy Wilder

Intérpretes: Jack Lemmon, Walter Matthau, Susan Sarandon, Vincent Gardenia, David WayneAllen Garfield, Austin Pendleton, Charles Durning, Herb Edelman, Martin Gabel.

Trailer:


Reseña escrita por Marilyn Rodríguez

PRIMERA PLANA (1974). Prensa y poder político.

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Ewan Williams, convicto por asesinar a un policía espera en la cárcel el momento de su hora final por muerte en la horca. En la sala de prensa del Tribunal Supremo, un grupo de periodistas espera el indulto o la confirmación de la sentencia, para publicar la noticia en "primera plana". Hilddy Johnson (Jack Lemmon), periodista estrella del rotativo que tendría que cubrir la información, va abandonar la carrera y la cobertura de la crónica para contraer matrimonio. Pero Walter Burns (Walter Matthau) el director del periódico, utilizará todo tipo de ardides y trucos para retenerlo y que abandone la idea de casarse.

Basada en una famosa pieza teatral de éxito en Brodway y que había sido llevada a la pantalla por Lewis Milestone y Howard Hawks, en 1931 y 1940, respectivamente, y de la mano de la Universal, Primera plana es una excelsa obra del cine americano realizada por el veterano Wilder. Una sensacional comedia de costumbres o, de malas costumbres, para ser más exactos, ambientada en la época previa a la Depresión USA, que burla burlando, pone en solfa a toda una sociedad, sistema judicial y prensa amarilla incluidos, mostrando a la prensa de una forma despiadada y sin escrúpulos. La acción se desarrolla en el Chicago de 1929, en vísperas de la ejecución de un supuesto anarquista. Wilder y Diamond situaron su Primera plana el 6 de junio de 1929 y ampliaron el área de los sucesos mencionados, que pasaron de Chicago y sus alrededores, a repasar toda la historia de Estados Unidos. Wilder vuelve a su vieja forma satírica utilizada en "Con faldas y a lo loco (1959)" "El apartamento (1960)" o "En bandeja de plata (1966)" logrando realizar un gran film, resucitando el no menos tradicional recurso de Hollywood: llevar al cine célebres obras escénicas, apoyadas en un notable plantel de actores y la colaboración habitual del adaptador y guionista I.A.L. Diamond.

primera-plana

Con esta fórmula, el maestro Wilder no ha defraudado. Su aguda y afilada sátira que, ya lo hizo con creces en "El crepúsculo de los dioses (1950)", no deja títere con cabeza. Y si en algunos momentos se ensaña con la profesión periodística, tema que también se ocupó en la magistral "El gran carnaval (1951)", el film, nunca pierde el tono de farsa crítica y de divertimento propios del autor. De ahí que la cinta divierta enormemente, los gags sean continuos y muy eficaces y que guste más al espectador dispuesto a apreciar el carácter festivo de la película. Con toda seguridad que Wilder aportó su experiencia personal como reportero en Viena y Berlín en los años 20, al igual que Diamond, también ex periodista. Al igual que "El gran carnaval", Primera plana presenta un mundo en el que cualquiera con un cargo de poder es corrupto. El crudo retrato de la privilegiada relación entre la prensa y el poder político.

primera-plana

La relación entre Hildy Johnson y Walter Burns, el director del Examiner y su periodista estrella se inspira directamente en los años en los que Charles MacArthur (autor de la obra teatral) trabajó bajo las órdenes de Walter Howey, su director en el Herald and Examiner de William Randolph Hearst. Como el propio Wilder afirmaba: "En aquellos días, un periodista era una mezcla de detective privado y poeta. Si eras bueno, podías mejorar la historia; te sentías como un inventor, un descubridor, un explorador, un dramaturgo...Dabas rienda suelta a lo que había en tu interior: la historia comenzaba con algo bastante simple y tú la convertías en Los tres mosqueteros.
Además, estaba la dedicación a tiempo completo –la noción de una familia era impossible para un lobo solitario–, y la camaradería y la rivalidad en la sala de prensa... Los reporteros solían tener problemas o colaborar con la policía, no había término medio. Como demostramos en Primera plana, la policía tiene la tendencia a proteger a los culpables..."

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Menos exagerado que en otras ocasiones, aunque no con menos carga de acidez, el genial Wilder demuestra, una vez más, su talla como cineasta, su solidez narrativa, que evoca con precisión el contexto sociopolítico estadounidenses de los finales años 20, se reafirma con la dirección de actores: los sin par Jack Lemmon y Walter Matthau, bien secundados por un reparto de rostros conocidos. Sin embargo, pese a que la historia parecía ajustarse muy bien a su perfil como director, Wilder no fue la primera opción de la Universal para dirigir el proyecto. El ofrecimiento del ejecutivo Jennings Lang para ponerse de nuevo tras las cámaras con casi 70 años sólo le llegó tras la negativa de Joseph L. MankiewiczTodo ello hace de Primera plana, a pesar de su carga de cinismo, un film testimonial de categoría e imprescindible del género.

primera-plana

Frases para recordar:


"-Walter Burns: Al infierno el terremoto de Nicaragua. Me importa un pimiento que haya cien mil muertos. ¿El campeonato de liga? Inclúyelo. No, no, no. No toques al comandante Bart y a los pingüinos, es de interés humano.
Hildy Johnson: Menciono lo aficionado que es el alcalde a ese burdel chino?
Walter Burns: Menciónalo, no omitas nada. Eso será un buen golpe."

Título original: The Front Page

Director: Billy Wilder

Intérpretes: Jack Lemmon, Walter Matthau, Susan Sarandon, Vincent Gardenia, David WayneAllen Garfield, Austin Pendleton, Charles Durning, Herb Edelman, Martin Gabel.

Trailer:


Reseña escrita por Marilyn Rodríguez

viviendo-el-pasado
Única película dirigida por el actor Martin Gabel, habitual secundario en films tan populares como Marnie, la ladrona (Marnie, Alfred Hitchcock, 1964) o Primera plana (The Front Page, Billy Wilder, 1974), y un caso muy parecido al de Charles Laughton con La noche del cazador (The night of the hunter, 1955) por varios motivos: en ambos casos se trata de una ópera prima resuelta con maestría pero sin contar las respectivas carreras de sus realizadores con continuidad en el tiempo debido al mal funcionamiento en taquilla. Al igual que en el mítico film de Laughton, aunque nos encontremos ante un drama, la atmósfera fantástica se apodera del relato mediante un uso de luces y sombras casi expresionista, en este caso gracias a la sugerente fotografía en blanco y negro de Hal Mohr.

Basada en la novela corta de Henry James "Los papeles de Aspern" (The Aspern Papers, 1889), la película de Martin Gabel supone un precedente de The Innocents (Jack Clayton, 1961), no solo por la base literaria de una obra de Henry James en ambos films, sino por el protagonismo de una lóbrega mansión que ejerce un extaño magnetismo en sus moradores, tal y como le sucedía al personaje de Deborah Kerr en la magnífica película de Clayton.


viviendo-el-pasado

Un joven editor, Lewis Venable (Robert Cummings), viaja de Nueva York a Venecia al enterarse gracias a Charles Russell (John Archer), un poeta en decadencia, de que Juliana Bordereau (Agnes Moorehead), la amada del famoso poeta Jeffrey Ashton, sigue aún con vida aunque cuenta con ciento cinco años y se encuentra en un delicado estado de salud. Lewis es un amante de la literatura antigua y el motivo de su viaje no es otro que encontrar las cartas que el poeta escribió a Juliana en su juventud, ya que gracias a ello puede obtener un sonado éxito editorial. Para no levantar sospechas, solicita hospedarse en la mansión de Juliana bajo un nombre falso y el pretexto de encontrar un sitio tranquilo donde poder terminar su próxima novela. A pesar de no contar con el visto bueno de Tina Bordereau (Susan Hayward), la apática sobrina de Juliana, y de tener que pagar un alto precio por los meses de hospedaje (además de un intento de soborno por parte de Charles), Lewis acepta el trato, guiado por el interés en las cartas y haciendo caso omiso a los consejos del párroco del lugar, el Padre Rinaldo (Eduardo Ciannelli), quien le advierte de que su presencia en la casa puede alterar "el universo propio" que han creado tía y sobrina.


Tan evocadora premisa parte de una historia real, ya que la novela "Los papeles de Aspern" de Henry James recoge una anécdota que llegó a oídos del autor: en 1887 James había conocido en Florencia a la condesa Gamba, último romance de Lord Byron, que conservaba unas cartas de amor del poeta. James mostró interés por conocer el contenido de estas cartas, pero la condesa se negó a permitirle leerlas. Aproximadamente por la misma época tuvo noticias de la historia de un bostoniano llamado Silsbee, apasionado admirador del poeta romántico Percy B. Shelley, que se hospedó en casa de la anciana Claire Clairmont, también amante de Byron, con la esperanza de apoderarse de cartas de Shelley y de Byron.


viviendo-el-pasado

Todo ese oscuro mundo del Romanticismo inglés está perfectamente retratado en Viviendo el pasado, donde destaca el carácter gótico de su escenografía; la inmensa mansión de las Bordereau, de amplias estancias, interminables escaleras y pasillos repletos de telarañas que los hábiles movimientos de cámara nos muestran en todo momento, mediante un exacto seguimiento de los personajes al ambular de una habitación a otra; la confusión entre pasado y presente, que escenifican la anciana Juliana y la joven Tina, que tal y como asevera Lewis Venable en un momento de la película: "Debe de haber varias generaciones entre ustedes, es un caso muy extraño para ser tía y sobrina".


Se trata de una producción de Walter Wanger (1) para Universal, muy en la línea de otros films fantásticos de los años cuarenta como El fantasma y la señora Muir (The Ghost and Mrs. Muir, Joseph L. Mankiewicz, 1947) o Jennie (Portrait of Jennie, William Dieterle,1948), y por supuesto muy cercana en espíritu al ciclo de Serie B de Jacques Tourneur y Val Lewton para la RKO, pero por desgracia mucho más desconocida y olvidada (2), aún teniendo una calidad similar a todos los magníficos films antes citados. Destaca el trabajo de maquillaje para "envejecer" a Agnes Moorehead en su rol de Juliana Bordereau, creando un enigmático personaje que la cámara apenas nos muestra con claridad, casi siempre mediante travellings laterales , muy pocos primeros planos, pero sin embargo con un destacado trabajo de modulación de su voz por parte de la actriz. La música, muy envolvente, firmada por Daniele Amfitheatrof conecta con el protagonista y su fascinación por el pasado, al declarar el joven editor cuando escucha a Tina tocando el piano a lo lejos: "Parecía música sacada de otro siglo".


viviendo-el-pasado

Narrada en flashback por Lewis Venable mediante una elegante evocación literaria, por medio de una romántica escenografía y los movimientos de cámara; el film se abre con un suntuoso travelling por la biblioteca del editor hasta detenerse en un hueco entre la bibliografía de Jeffrey Ashton, de algún modo incompleta hasta que se logren editar sus cartas de amor. La fascinación por la literatura del poeta y todo lo que tenga que ver con su vida, está en el centro de las acciones de Venable; desde sus conversaciones y transacciones monetarias con la anciana Juliana, hasta su enamoramiento con Tina, quien no deja de ser un trasunto de Juliana durante su juventud. Dos historias de amor en distintos espacios temporales: con final feliz la que se desarrolla en el presente, y con final trágico y misterioso la que nos descubre ese oscuro pasado que parece no haber abandonado nunca la mansión, incluído el jardín, donde no crece la hierba por algún extraño fenómeno. Aunque no estemos del todo ante una película sobre casas encantadas, el palacio de las Bordereau se convierte en absoluto protagonista, con un delicado gusto por la decoración escenográfica que no anda muy lejos del Max Ophüls de Carta de una desconocida (Letter from an Unknown Woman, 1948), otro clásico del cine de los años cuarenta. 


viviendo-el-pasado

Título original: The Lost Moment.

Director: Martin Gabel.

Intérpretes: Robert Cummings, Susan Hayward, Agnes Moorehead, Joan Lorring,Eduardo Ciannelli, John Archer, Frank Puglia, Minerva Urecal, William Edmunds.


Trailer:



Reseña escrita por Francisco Javier Arco Pérez

(1) Los escasos pero magníficos decorados, así como la modesta recreación de Venecia y sus canales, nos sugieren que, aunque distribuido por Universal, este film de Walter Wanger Pictures se trate de una producción de división B, tan en boga por aquellos años. Walter Wanger fue productor en títulos importantes como La Diligencia de John Ford (Stagecoach, 1939), Perversidad de Fritz Lang (Scarlet Street, 1945), La invasión de los ladrones de cuerpos de Don Siegel (Invasion of the Body Snatchers, 1956) o Cleopatra (Joseph L. Mankiewicz, 1963), entre muchos otros.

(2) Concretamente en España se ha podido ver en la 2 de TVE y como casi siempre, la revista Dirigido se ha encargado de recordarla en varias ocasiones, concretamente en el número 279 con un artículo firmado por Jose María Latorre y en el número 404 con el especial "Rare Cult Movies", con un artículo firmado por Juan Carlos Vizcaíno Martínez.

VIVIENDO EL PASADO (1947) La primera y única película de Martin Gabel.

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Única película dirigida por el actor Martin Gabel, habitual secundario en films tan populares como Marnie, la ladrona (Marnie, Alfred Hitchcock, 1964) o Primera plana (The Front Page, Billy Wilder, 1974), y un caso muy parecido al de Charles Laughton con La noche del cazador (The night of the hunter, 1955) por varios motivos: en ambos casos se trata de una ópera prima resuelta con maestría pero sin contar las respectivas carreras de sus realizadores con continuidad en el tiempo debido al mal funcionamiento en taquilla. Al igual que en el mítico film de Laughton, aunque nos encontremos ante un drama, la atmósfera fantástica se apodera del relato mediante un uso de luces y sombras casi expresionista, en este caso gracias a la sugerente fotografía en blanco y negro de Hal Mohr.

Basada en la novela corta de Henry James "Los papeles de Aspern" (The Aspern Papers, 1889), la película de Martin Gabel supone un precedente de The Innocents (Jack Clayton, 1961), no solo por la base literaria de una obra de Henry James en ambos films, sino por el protagonismo de una lóbrega mansión que ejerce un extaño magnetismo en sus moradores, tal y como le sucedía al personaje de Deborah Kerr en la magnífica película de Clayton.


viviendo-el-pasado

Un joven editor, Lewis Venable (Robert Cummings), viaja de Nueva York a Venecia al enterarse gracias a Charles Russell (John Archer), un poeta en decadencia, de que Juliana Bordereau (Agnes Moorehead), la amada del famoso poeta Jeffrey Ashton, sigue aún con vida aunque cuenta con ciento cinco años y se encuentra en un delicado estado de salud. Lewis es un amante de la literatura antigua y el motivo de su viaje no es otro que encontrar las cartas que el poeta escribió a Juliana en su juventud, ya que gracias a ello puede obtener un sonado éxito editorial. Para no levantar sospechas, solicita hospedarse en la mansión de Juliana bajo un nombre falso y el pretexto de encontrar un sitio tranquilo donde poder terminar su próxima novela. A pesar de no contar con el visto bueno de Tina Bordereau (Susan Hayward), la apática sobrina de Juliana, y de tener que pagar un alto precio por los meses de hospedaje (además de un intento de soborno por parte de Charles), Lewis acepta el trato, guiado por el interés en las cartas y haciendo caso omiso a los consejos del párroco del lugar, el Padre Rinaldo (Eduardo Ciannelli), quien le advierte de que su presencia en la casa puede alterar "el universo propio" que han creado tía y sobrina.


Tan evocadora premisa parte de una historia real, ya que la novela "Los papeles de Aspern" de Henry James recoge una anécdota que llegó a oídos del autor: en 1887 James había conocido en Florencia a la condesa Gamba, último romance de Lord Byron, que conservaba unas cartas de amor del poeta. James mostró interés por conocer el contenido de estas cartas, pero la condesa se negó a permitirle leerlas. Aproximadamente por la misma época tuvo noticias de la historia de un bostoniano llamado Silsbee, apasionado admirador del poeta romántico Percy B. Shelley, que se hospedó en casa de la anciana Claire Clairmont, también amante de Byron, con la esperanza de apoderarse de cartas de Shelley y de Byron.


viviendo-el-pasado

Todo ese oscuro mundo del Romanticismo inglés está perfectamente retratado en Viviendo el pasado, donde destaca el carácter gótico de su escenografía; la inmensa mansión de las Bordereau, de amplias estancias, interminables escaleras y pasillos repletos de telarañas que los hábiles movimientos de cámara nos muestran en todo momento, mediante un exacto seguimiento de los personajes al ambular de una habitación a otra; la confusión entre pasado y presente, que escenifican la anciana Juliana y la joven Tina, que tal y como asevera Lewis Venable en un momento de la película: "Debe de haber varias generaciones entre ustedes, es un caso muy extraño para ser tía y sobrina".


Se trata de una producción de Walter Wanger (1) para Universal, muy en la línea de otros films fantásticos de los años cuarenta como El fantasma y la señora Muir (The Ghost and Mrs. Muir, Joseph L. Mankiewicz, 1947) o Jennie (Portrait of Jennie, William Dieterle,1948), y por supuesto muy cercana en espíritu al ciclo de Serie B de Jacques Tourneur y Val Lewton para la RKO, pero por desgracia mucho más desconocida y olvidada (2), aún teniendo una calidad similar a todos los magníficos films antes citados. Destaca el trabajo de maquillaje para "envejecer" a Agnes Moorehead en su rol de Juliana Bordereau, creando un enigmático personaje que la cámara apenas nos muestra con claridad, casi siempre mediante travellings laterales , muy pocos primeros planos, pero sin embargo con un destacado trabajo de modulación de su voz por parte de la actriz. La música, muy envolvente, firmada por Daniele Amfitheatrof conecta con el protagonista y su fascinación por el pasado, al declarar el joven editor cuando escucha a Tina tocando el piano a lo lejos: "Parecía música sacada de otro siglo".


viviendo-el-pasado

Narrada en flashback por Lewis Venable mediante una elegante evocación literaria, por medio de una romántica escenografía y los movimientos de cámara; el film se abre con un suntuoso travelling por la biblioteca del editor hasta detenerse en un hueco entre la bibliografía de Jeffrey Ashton, de algún modo incompleta hasta que se logren editar sus cartas de amor. La fascinación por la literatura del poeta y todo lo que tenga que ver con su vida, está en el centro de las acciones de Venable; desde sus conversaciones y transacciones monetarias con la anciana Juliana, hasta su enamoramiento con Tina, quien no deja de ser un trasunto de Juliana durante su juventud. Dos historias de amor en distintos espacios temporales: con final feliz la que se desarrolla en el presente, y con final trágico y misterioso la que nos descubre ese oscuro pasado que parece no haber abandonado nunca la mansión, incluído el jardín, donde no crece la hierba por algún extraño fenómeno. Aunque no estemos del todo ante una película sobre casas encantadas, el palacio de las Bordereau se convierte en absoluto protagonista, con un delicado gusto por la decoración escenográfica que no anda muy lejos del Max Ophüls de Carta de una desconocida (Letter from an Unknown Woman, 1948), otro clásico del cine de los años cuarenta. 


viviendo-el-pasado

Título original: The Lost Moment.

Director: Martin Gabel.

Intérpretes: Robert Cummings, Susan Hayward, Agnes Moorehead, Joan Lorring,Eduardo Ciannelli, John Archer, Frank Puglia, Minerva Urecal, William Edmunds.


Trailer:



Reseña escrita por Francisco Javier Arco Pérez

(1) Los escasos pero magníficos decorados, así como la modesta recreación de Venecia y sus canales, nos sugieren que, aunque distribuido por Universal, este film de Walter Wanger Pictures se trate de una producción de división B, tan en boga por aquellos años. Walter Wanger fue productor en títulos importantes como La Diligencia de John Ford (Stagecoach, 1939), Perversidad de Fritz Lang (Scarlet Street, 1945), La invasión de los ladrones de cuerpos de Don Siegel (Invasion of the Body Snatchers, 1956) o Cleopatra (Joseph L. Mankiewicz, 1963), entre muchos otros.

(2) Concretamente en España se ha podido ver en la 2 de TVE y como casi siempre, la revista Dirigido se ha encargado de recordarla en varias ocasiones, concretamente en el número 279 con un artículo firmado por Jose María Latorre y en el número 404 con el especial "Rare Cult Movies", con un artículo firmado por Juan Carlos Vizcaíno Martínez.

marnie-la-ladrona
Marnie (Tippi Hedren) es una embaucadora y atractiva joven que se sirve de su físico y su trabajo como secretaria en diferentes empresas para perpetrar sus robos. Va cambiando de aspecto y de ciudad. Tras adquirir una nueva identidad, consigue trabajo en oficinas donde sea fácil cautivar a sus jefes y distraerlos mientras ella prepara un calculado plan para vaciar cajas fuertes. Su impecable y calculada rutina cambia el día en que un joven empresario, Mark Rutland (Sean Connery) queda completamente cautivado por ella. Accidentalmente, descubre sus hábitos delictivos, y pese a ello, se siente irremediablemente atraído por ella. Mark toma la extraña decisión de casarse con ella y tomarse como un reto personal resolver el enigma que esconde el cerebro de tan bella y extraña mujer. Asume un papel que oscila según el momento del metraje entre marido protector de una mujer con problemas y un individuo que se plantea descifrar un enigma.
De esta forma Alfred Hitchcock hace participar al espectador, identificándose con la figura del joven empresario, como si de un detective se tratara para intentar resolver el más complejo de los casos: lo que reside en el interior de una mente femenina tan fría y calculadora.

marnie-la-ladrona

El guión, escrito por Jay Presson está basado en la novela de Winston Graham, un afamado escritor británico responsable de más de 40 novelas, entre las que se encuentran las doce de la saga de los Poldark. Graham comenzó a escribir en la década de los 40 y fue un consumado autor de novelas de suspense, algunas de ellas llevadas al cine.

En este film el suspense no está basado en descifrar cuáles serán las piezas de un atraco, o si los ladrones conseguirán llevarse el botín. La trama se sustenta en un intento, tanto por parte del autor de la novela como por el propio Hitch, de investigar en el oscuro pasado, en posibles traumas de la infancia que nos descifren el origen de la conducta delictiva.

Parece que tras el éxito conseguido tras filmar "Psicosis (1960)" Alfred Hitchcock quiso mantener ese estilo cercano a la corriente psicoanalítica para conseguir sorprendernos desvelando oscuros secretos. El Maestro ya había hecho algún intento de adentrarse en la parte más explotada o conocida de una versión cuasipsicoanalítica en su film "Recuerda (1945)". En aquel film el interés radicaba en saber si el protagonista se mantenía en su sano juicio y solo una mujer enamorada sería la encargada de rescatarlo.

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Por el contrario, aquí será un varón el que represente de forma contradictoria, y por diferentes motivos, la figura de salvador. Se consigue así establecer un doble juego: Intentar esclarecer si realmente es amor lo que Mark siente por Marnie, o simple atracción física por un lado, y por otro, intentar descubrir si Marnie es sólo una joven fría y calculadora o una mujer torturada por su pasado. Al igual que en sus dos obras anteriores, las relaciones maternofiliales tienen una poderosa presencia en el relato. En "Marnie, la ladrona" da una vuelta de tuerca más, y sin tratar de ser profundo en los aspectos psicoanalíticos, algo que muchos han visto como un defecto, Hitchcock vuelve a demostrar su dominio de la cámara, de la imagen y, especialmente, del uso del color que asume un papel protagonista en la historia.

Para mí, este film, considerado incompleto por el mismo Hitchcock e infravalorado por la mayoría, adquiere gran relevancia por el uso magistral de un lenguaje visual muy elaborado.

La descripción inicial del personaje, sin necesidad de una sola palabra me parece descomunal. La secuencia de apertura donde se tardan bastantes minutos en mostrarnos la verdadera cara de la protagonista tras habernos mostrado su magnífico cuerpo, sus largas piernas, sus impecables ademanes y una elegante vestimenta me parece genial. Sabemos mucho de la protagonista antes incluso de conseguir ver su rostro saliendo de ese charco negro de agua, de donde surge una mujer rubia.

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Las escenas en campo abierto montando acaballo, saber resaltar con planos detalle elementos como el color que son piezas clave o presentarnos a los protagonistas en diferentes ángulos que revelan su estado anímico sin palabras son una delicia. Al igual que ese magnífico primer plano donde Mark intenta vencer la fobia al contacto de una mujer que lo rechaza sexualmente en repetidas ocasiones y finalmente consigue arrancarle un beso.

En definitiva, una película que juega con las percepciones visuales del espectador para establecer alegorías, para incitar a deducir e interpretar sin necesidad de diálogos. Imágenes con mucho contenido emocional, ya sea entre los actores o con los animales, utilizando la forma que tiene la protagonista de relacionarse con los caballos, sus recuerdos de la infancia y los filtros de color en determinadas escenas clave.

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Robert Burks, como responsable de fotografía, vuelve a bañar de luminosidad la obra de Hitchcock, con decisiones tan efectivas como sencillas, como el viraje de color cuando Marnie ve el color rojo. Ayudado por el montaje de George Tomasini, que fallecería ese mismo año, hay instantes milimétricamente medidos como el del interrogatorio/terapia por parte de Mark a Marnie en el camarote del barco. Una vez más el lenguaje cinematográfico demostrando la vital importancia de la narración fílmica por encima de cualquier línea de diálogo.

"Marnie, la ladrona" supuso la última colaboración entre el maestro y uno de sus colaboradores habituales, el insigne Bernard Herrmann, el compositor por excelencia de la música cinematográfica. Su banda sonora ocupa parte de la trama del film y es la responsable de vestir adecuadamente los momentos culminantes de la trama.

También fue la última colaboración de Tippi Hedren con Alfred Hitchcock. No sabemos si porque el papel le cayó de rebote o por otros asuntos pendientes, pero su relación terminó abruptamente. Se comenta que la relación entre ellos empeoró tanto y de forma tan manifiesta durante el rodaje que, en los últimos días del mismo Hitchcock acabó por darle instrucciones a través de intermediarios, a pesar de que Hedren ha negado en su biografía que tal cosa llegara a suceder. Sin ser de las mejores del maestro, sigue siendo una gran película.

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Título original: Marnie.

Director: Alfred Hitchcock.

Intérpretes: Tippi Hedren, Sean Connery, Diane Baker, Martin Gabel, Louise Latham, Alan Napier, Bruce Dern. 

Trailer:


B.S.O.:


Reseña escrita por Bárbara Valera Bestard

MARNIE LA LADRONA (1964). Los robos de Tippi Hedren.

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Marnie (Tippi Hedren) es una embaucadora y atractiva joven que se sirve de su físico y su trabajo como secretaria en diferentes empresas para perpetrar sus robos. Va cambiando de aspecto y de ciudad. Tras adquirir una nueva identidad, consigue trabajo en oficinas donde sea fácil cautivar a sus jefes y distraerlos mientras ella prepara un calculado plan para vaciar cajas fuertes. Su impecable y calculada rutina cambia el día en que un joven empresario, Mark Rutland (Sean Connery) queda completamente cautivado por ella. Accidentalmente, descubre sus hábitos delictivos, y pese a ello, se siente irremediablemente atraído por ella. Mark toma la extraña decisión de casarse con ella y tomarse como un reto personal resolver el enigma que esconde el cerebro de tan bella y extraña mujer. Asume un papel que oscila según el momento del metraje entre marido protector de una mujer con problemas y un individuo que se plantea descifrar un enigma.
De esta forma Alfred Hitchcock hace participar al espectador, identificándose con la figura del joven empresario, como si de un detective se tratara para intentar resolver el más complejo de los casos: lo que reside en el interior de una mente femenina tan fría y calculadora.

marnie-la-ladrona

El guión, escrito por Jay Presson está basado en la novela de Winston Graham, un afamado escritor británico responsable de más de 40 novelas, entre las que se encuentran las doce de la saga de los Poldark. Graham comenzó a escribir en la década de los 40 y fue un consumado autor de novelas de suspense, algunas de ellas llevadas al cine.

En este film el suspense no está basado en descifrar cuáles serán las piezas de un atraco, o si los ladrones conseguirán llevarse el botín. La trama se sustenta en un intento, tanto por parte del autor de la novela como por el propio Hitch, de investigar en el oscuro pasado, en posibles traumas de la infancia que nos descifren el origen de la conducta delictiva.

Parece que tras el éxito conseguido tras filmar "Psicosis (1960)" Alfred Hitchcock quiso mantener ese estilo cercano a la corriente psicoanalítica para conseguir sorprendernos desvelando oscuros secretos. El Maestro ya había hecho algún intento de adentrarse en la parte más explotada o conocida de una versión cuasipsicoanalítica en su film "Recuerda (1945)". En aquel film el interés radicaba en saber si el protagonista se mantenía en su sano juicio y solo una mujer enamorada sería la encargada de rescatarlo.

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Por el contrario, aquí será un varón el que represente de forma contradictoria, y por diferentes motivos, la figura de salvador. Se consigue así establecer un doble juego: Intentar esclarecer si realmente es amor lo que Mark siente por Marnie, o simple atracción física por un lado, y por otro, intentar descubrir si Marnie es sólo una joven fría y calculadora o una mujer torturada por su pasado. Al igual que en sus dos obras anteriores, las relaciones maternofiliales tienen una poderosa presencia en el relato. En "Marnie, la ladrona" da una vuelta de tuerca más, y sin tratar de ser profundo en los aspectos psicoanalíticos, algo que muchos han visto como un defecto, Hitchcock vuelve a demostrar su dominio de la cámara, de la imagen y, especialmente, del uso del color que asume un papel protagonista en la historia.

Para mí, este film, considerado incompleto por el mismo Hitchcock e infravalorado por la mayoría, adquiere gran relevancia por el uso magistral de un lenguaje visual muy elaborado.

La descripción inicial del personaje, sin necesidad de una sola palabra me parece descomunal. La secuencia de apertura donde se tardan bastantes minutos en mostrarnos la verdadera cara de la protagonista tras habernos mostrado su magnífico cuerpo, sus largas piernas, sus impecables ademanes y una elegante vestimenta me parece genial. Sabemos mucho de la protagonista antes incluso de conseguir ver su rostro saliendo de ese charco negro de agua, de donde surge una mujer rubia.

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Las escenas en campo abierto montando acaballo, saber resaltar con planos detalle elementos como el color que son piezas clave o presentarnos a los protagonistas en diferentes ángulos que revelan su estado anímico sin palabras son una delicia. Al igual que ese magnífico primer plano donde Mark intenta vencer la fobia al contacto de una mujer que lo rechaza sexualmente en repetidas ocasiones y finalmente consigue arrancarle un beso.

En definitiva, una película que juega con las percepciones visuales del espectador para establecer alegorías, para incitar a deducir e interpretar sin necesidad de diálogos. Imágenes con mucho contenido emocional, ya sea entre los actores o con los animales, utilizando la forma que tiene la protagonista de relacionarse con los caballos, sus recuerdos de la infancia y los filtros de color en determinadas escenas clave.

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Robert Burks, como responsable de fotografía, vuelve a bañar de luminosidad la obra de Hitchcock, con decisiones tan efectivas como sencillas, como el viraje de color cuando Marnie ve el color rojo. Ayudado por el montaje de George Tomasini, que fallecería ese mismo año, hay instantes milimétricamente medidos como el del interrogatorio/terapia por parte de Mark a Marnie en el camarote del barco. Una vez más el lenguaje cinematográfico demostrando la vital importancia de la narración fílmica por encima de cualquier línea de diálogo.

"Marnie, la ladrona" supuso la última colaboración entre el maestro y uno de sus colaboradores habituales, el insigne Bernard Herrmann, el compositor por excelencia de la música cinematográfica. Su banda sonora ocupa parte de la trama del film y es la responsable de vestir adecuadamente los momentos culminantes de la trama.

También fue la última colaboración de Tippi Hedren con Alfred Hitchcock. No sabemos si porque el papel le cayó de rebote o por otros asuntos pendientes, pero su relación terminó abruptamente. Se comenta que la relación entre ellos empeoró tanto y de forma tan manifiesta durante el rodaje que, en los últimos días del mismo Hitchcock acabó por darle instrucciones a través de intermediarios, a pesar de que Hedren ha negado en su biografía que tal cosa llegara a suceder. Sin ser de las mejores del maestro, sigue siendo una gran película.

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Título original: Marnie.

Director: Alfred Hitchcock.

Intérpretes: Tippi Hedren, Sean Connery, Diane Baker, Martin Gabel, Louise Latham, Alan Napier, Bruce Dern. 

Trailer:


B.S.O.:


Reseña escrita por Bárbara Valera Bestard

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