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Se trata de un relato que intenta describir las claves principales que dieron lugar a un gran drama político e histórico que aconteció en la década de los sesenta en Yakarta. Con una muy libre adaptación de la novela de Christopher J. Koch, se nos muestra la crispación y el estallido de una gran masacre que vendría a constituir otra jugada más de ajedrez que enfrentaba ambos bloques en plena Guerra Fría Mundial. Con la excusa de relatar las peripecias de un joven y novato corresponsal de prensa que llega por primera vez a Yakarta, asistiremos como espectadores del gran entramado político global y se abrirá una reflexión acerca de la actitud personal de nuestros tres protagonistas.
Peter Weir adquirió los derechos sobre la novela de Christopher J. Koch, "El año que vivimos peligrosamente" en 1978, pero tardó un tiempo en conseguir el presupuesto necesario para recrear este complejo relato el cual requería de unos escenarios naturales que reflejaran a la perfección la sociedad, la cultura, el ambiente y la pobreza de esa zona del Sudeste Asiático. La novela narraba la tensa situación que se vivió en Yakarta en 1965 momentos antes de la caída de su dirigente, Achmed Sukarno, primer presidente de la República de Indonesia tras conseguir su independencia del gobierno de los Países Bajos en 1949.
Peter Weir intenta ofrecer al espectador una perspectiva visual y espiritual de aquella sociedad, su diversidad cultural, su miseria y la hambruna en la que vivía el pueblo mientras su líder político y espiritual experimentaba su personal y egoísta transformación dándole la espalda al mismo pueblo por el que tanto había luchado durante su juventud.
Sukarno fue un político indonesio y el primer presidente de la República de Indonesia (1945-1967) tras la independencia del archipiélago, anteriormente colonia de los Países Bajos. En 1927 fundó el Partido Nacional Indonesio. Detenido, desterrado y liberado por los japoneses en el marco de la Segunda Guerra Mundial, al final de ésta, el 17 de agosto de 1945, proclamó la independencia de Indonesia. En la década de los sesenta, instalado ya en el poder como gran líder, recibió el apoyo de Estados Unidos ante el progresivo crecimiento del Partido Comunista de Indonesia (PKI). En octubre del 1965, el ejército indonesio y su jefe, el general Suharto, dieron un golpe de Estado y tomaron el poder apartando al presidente Sukarno. Era el inicio de una represión brutal contra las masas indonesias y el Partido Comunista indonesio (PKI). Se ignora la cifra exacta de víctimas, de 500.000 a 2 millones de muertos, pero el PKI, el mayor partido comunista de Asia después del partido chino, fue liquidado con sus 3,5 millones de miembros. Todos sus dirigentes fueron asesinados. Las organizaciones de masas animadas por el PKI :sindicatos obreros, organizaciones juveniles, de mujeres o de campesinos pobres que sumaban de 15 a 20 millones de miembros, es decir un quinta parte de la población fueron también borradas del mapa. El PKI era el objetivo del ejército, de los terratenientes y de los grupos religiosos musulmanes profundamente anticomunistas, apoyados y animados por los Estados Unidos.
Peter Weir, dibuja una trama que oscila entre la descripción del ambiente social y la transformación íntima de sus personajes. Guy Hamilton (Mel Gibson) es el novato corresponsal de prensa australiano que aterriza en Jakarta con el objetivo de conseguir la gran primicia que haga despegar su carrera. Abandonado por su predecesor en un País tan bullicioso como diferente a su propia cultura y sin posibilidad de establecer contactos políticos o diplomáticos, se sitúa en clara desventaja frente al numeroso grupo de corresponsales Occidentales que siguen comportándose como presuntuosos colonialistas en un crisol de culturas que se descompone por la pobreza. Hamilton conocerá allí a dos personas que cambiarán su vida: el singular Billy Kwan, (Linda Hunt interpretando a un personaje masculino) un fotógrafo local comprometido con su pueblo, que busca una salida a la situación de hambre y pobreza de su País confiando que Sukarno sea el líder que Indonesia necesita; y la bellísima Jill Bryant, (Sigourney Weaver), ayudante del agregado militar en la embajada británica la cual pasará a convertirse en el objeto romántico de nuestro protagonista.
Desde los títulos de crédito iniciales y de forma repetida en numerosas escenas, el director dejará constancia del juego de luces y sombras típico de las representaciones con títeres, claramente con dobles mensajes. Se nos introduce así en el concepto del "wayang indonesio", ancestral teatro chinesco del país asiático sobre el que se construye tanto la novela de Koch (que abandonó la producción por irreconciliables diferencias creativas con respecto a los cambios en la historia original introducidos por Weir y Williamson) como el filme que nos ocupa.
Hay una escena clave en la que Billy Kwan narra a Hamilton una leyenda:
- Kwan: "Si quieres comprender Java tienes que entender el Wajang."
En el bungaló de Billy, éste le habla a Hamilton del juego sagrado de las sombras. Le presenta a tres de sus personajes, el Príncipe Arjuna que es el héroe, un hombre de luz, en ocasiones caprichoso y egoísta cegado por la vanidad. Arjuna se enamora de la Princesa Srikandi, noble y orgullosa pero también testaruda. Por último, el Enano Semar, servidor del Príncipe y que fácilmente identificamos con el propio Billy. El dalang o maestro que maneja los hilos es el papel que se asigna a Sukarno como equilibrador de las fuerzas que intentan resquebrajar su país: los militares por un lado y el partido comunista por el otro.
Con constantes juegos visuales que van asimilando y traduciendo el carácter de títeres y titiritero que Weir asigna a sus personajes, resulta brillante la forma en que, a lo largo del filme, se van distorsionando los roles que inicialmente han sido descritos por Kwan en el cuento narrado a Hamilton para ir revelando los verdaderos cambios que experimentarán cada uno de ellos frente al conflicto que se avecina.
Este entretenido y complejo film cuenta con una muy notable puesta en escena gracias a la maravillosa fotografía de Russell Boyd, que ya había colaborado con este director. David Williamson fue su tándem para adaptar la novela pese a sus diferencias con el propio autor del libro. La descripción en imágenes que consigue el director contiene el equilibrio justo entre belleza y denuncia social. Además, supuso la primera colaboración del cineasta australiano con Maurice Jarre, compositor con el que trabajaría en tres filmes más y que aquí escribe un trabajo de poca relevancia al que resta muchísimo protagonismo la inclusión de 'L'Enfant' magnífico tema del "Opera sauvage" de Vangelis que puntualiza dos de las secuencias de mayor relevancia en la trama.
Se trata de un relato que intenta describir las claves principales que dieron lugar a un gran drama político e histórico que aconteció en la década de los sesenta en Yakarta. Con una muy libre adaptación de la novela de Christopher J. Koch, se nos muestra la crispación y el estallido de una gran masacre que vendría a constituir otra jugada más de ajedrez que enfrentaba ambos bloques en plena Guerra Fría Mundial. Con la excusa de relatar las peripecias de un joven y novato corresponsal de prensa que llega por primera vez a Yakarta, asistiremos como espectadores del gran entramado político global y se abrirá una reflexión acerca de la actitud personal de nuestros tres protagonistas.
Peter Weir adquirió los derechos sobre la novela de Christopher J. Koch, "El año que vivimos peligrosamente" en 1978, pero tardó un tiempo en conseguir el presupuesto necesario para recrear este complejo relato el cual requería de unos escenarios naturales que reflejaran a la perfección la sociedad, la cultura, el ambiente y la pobreza de esa zona del Sudeste Asiático. La novela narraba la tensa situación que se vivió en Yakarta en 1965 momentos antes de la caída de su dirigente, Achmed Sukarno, primer presidente de la República de Indonesia tras conseguir su independencia del gobierno de los Países Bajos en 1949.
Peter Weir intenta ofrecer al espectador una perspectiva visual y espiritual de aquella sociedad, su diversidad cultural, su miseria y la hambruna en la que vivía el pueblo mientras su líder político y espiritual experimentaba su personal y egoísta transformación dándole la espalda al mismo pueblo por el que tanto había luchado durante su juventud.
Sukarno fue un político indonesio y el primer presidente de la República de Indonesia (1945-1967) tras la independencia del archipiélago, anteriormente colonia de los Países Bajos. En 1927 fundó el Partido Nacional Indonesio. Detenido, desterrado y liberado por los japoneses en el marco de la Segunda Guerra Mundial, al final de ésta, el 17 de agosto de 1945, proclamó la independencia de Indonesia. En la década de los sesenta, instalado ya en el poder como gran líder, recibió el apoyo de Estados Unidos ante el progresivo crecimiento del Partido Comunista de Indonesia (PKI). En octubre del 1965, el ejército indonesio y su jefe, el general Suharto, dieron un golpe de Estado y tomaron el poder apartando al presidente Sukarno. Era el inicio de una represión brutal contra las masas indonesias y el Partido Comunista indonesio (PKI). Se ignora la cifra exacta de víctimas, de 500.000 a 2 millones de muertos, pero el PKI, el mayor partido comunista de Asia después del partido chino, fue liquidado con sus 3,5 millones de miembros. Todos sus dirigentes fueron asesinados. Las organizaciones de masas animadas por el PKI :sindicatos obreros, organizaciones juveniles, de mujeres o de campesinos pobres que sumaban de 15 a 20 millones de miembros, es decir un quinta parte de la población fueron también borradas del mapa. El PKI era el objetivo del ejército, de los terratenientes y de los grupos religiosos musulmanes profundamente anticomunistas, apoyados y animados por los Estados Unidos.
Peter Weir, dibuja una trama que oscila entre la descripción del ambiente social y la transformación íntima de sus personajes. Guy Hamilton (Mel Gibson) es el novato corresponsal de prensa australiano que aterriza en Jakarta con el objetivo de conseguir la gran primicia que haga despegar su carrera. Abandonado por su predecesor en un País tan bullicioso como diferente a su propia cultura y sin posibilidad de establecer contactos políticos o diplomáticos, se sitúa en clara desventaja frente al numeroso grupo de corresponsales Occidentales que siguen comportándose como presuntuosos colonialistas en un crisol de culturas que se descompone por la pobreza. Hamilton conocerá allí a dos personas que cambiarán su vida: el singular Billy Kwan, (Linda Hunt interpretando a un personaje masculino) un fotógrafo local comprometido con su pueblo, que busca una salida a la situación de hambre y pobreza de su País confiando que Sukarno sea el líder que Indonesia necesita; y la bellísima Jill Bryant, (Sigourney Weaver), ayudante del agregado militar en la embajada británica la cual pasará a convertirse en el objeto romántico de nuestro protagonista.
Desde los títulos de crédito iniciales y de forma repetida en numerosas escenas, el director dejará constancia del juego de luces y sombras típico de las representaciones con títeres, claramente con dobles mensajes. Se nos introduce así en el concepto del "wayang indonesio", ancestral teatro chinesco del país asiático sobre el que se construye tanto la novela de Koch (que abandonó la producción por irreconciliables diferencias creativas con respecto a los cambios en la historia original introducidos por Weir y Williamson) como el filme que nos ocupa.
Hay una escena clave en la que Billy Kwan narra a Hamilton una leyenda:
- Kwan: "Si quieres comprender Java tienes que entender el Wajang."
En el bungaló de Billy, éste le habla a Hamilton del juego sagrado de las sombras. Le presenta a tres de sus personajes, el Príncipe Arjuna que es el héroe, un hombre de luz, en ocasiones caprichoso y egoísta cegado por la vanidad. Arjuna se enamora de la Princesa Srikandi, noble y orgullosa pero también testaruda. Por último, el Enano Semar, servidor del Príncipe y que fácilmente identificamos con el propio Billy. El dalang o maestro que maneja los hilos es el papel que se asigna a Sukarno como equilibrador de las fuerzas que intentan resquebrajar su país: los militares por un lado y el partido comunista por el otro.
Con constantes juegos visuales que van asimilando y traduciendo el carácter de títeres y titiritero que Weir asigna a sus personajes, resulta brillante la forma en que, a lo largo del filme, se van distorsionando los roles que inicialmente han sido descritos por Kwan en el cuento narrado a Hamilton para ir revelando los verdaderos cambios que experimentarán cada uno de ellos frente al conflicto que se avecina.
Este entretenido y complejo film cuenta con una muy notable puesta en escena gracias a la maravillosa fotografía de Russell Boyd, que ya había colaborado con este director. David Williamson fue su tándem para adaptar la novela pese a sus diferencias con el propio autor del libro. La descripción en imágenes que consigue el director contiene el equilibrio justo entre belleza y denuncia social. Además, supuso la primera colaboración del cineasta australiano con Maurice Jarre, compositor con el que trabajaría en tres filmes más y que aquí escribe un trabajo de poca relevancia al que resta muchísimo protagonismo la inclusión de 'L'Enfant' magnífico tema del "Opera sauvage" de Vangelis que puntualiza dos de las secuencias de mayor relevancia en la trama.
Mucho se ha escrito estos días sobre el
regreso por la puerta grande y sobre el supuesto renacimiento de la carrera de Mel
Gibson. Creo que para ser precisos, Gibson nunca se ha ido. Cierto es que desde
2006 no se colocaba detrás de las cámaras. Pero no debemos olvidar que no ha
parado de desarrollar proyectos personales a través de su productora, ni que a
lo largo de la presente década ha intervenido como actor en seis largometrajes
de otros. Las excelentesAl Límite (Edge of Darkness, EEUU, 2010), de Martin
Campbell y El Castor (The Beaver, EEUU, 2011), dirigida por su
amiga personal, la también actriz y realizadora Jodie Foster (una de las
personas de la industria, junto con Robert Downey Jr, que han defendido a capa
y espada a Gibson durante estos años). También ha intervenido en dos filmes que
son dos auténticos "placerazos culpables", dos filmes altamente disfrutables: Vacaciones en El Infierno (Get The Gringo, EEUU, 2012), de Adrian
Grunberg y Blood Father (Francia,
2016), de Jean-Francois Rochet. Pero también ha participado en las soporíferas Machete Kills (EEUU, 2013), del
insufrible Robert Rodríguez y Los Mercenarios
3 (The Expendables 3, EEUU,
2014), de Patrick Hughes, donde Gibson, ex mercenario y villano de la función,
no tiene el menor de los problemas para "robar" la película a todos sus testosterónicos
compañeros de reparto.
A estos filmes hay que añadir la
intervención de Gibson en un filme de interés, The
Professor and The Madman, dirigido por el Co-guionista de Apocalypto (EEUU, 2006), Farhad Safinia,
sobre un guión en el que ha participado nada menos que el realizador John
Boorman, y donde la estrella comparte protagonismo con otro polémico actor y
realizador: Sean Penn.
Pese a toda la sobradamente conocida
polémica acerca de sus desafortunadas declaraciones, así como acerca de ciertos
aspectos igualmente desafortunados de su vida privada, de sobra aireados y
conocidos, el director deBraveheart (EEUU,1995) no ha estado quieto. Cierto es que no dirige desde la magnífica y
mencionada Apocalypto, y ha tenido
que lidiar con cierto boicot desde la propia industria, que, pese a su
desafortunado comportamiento, no deja de encerrar una gran hipocresía (sirva
como ejemplo el hecho de que los miembros del reparto de la saga Resacón en las Vegas se negaron en
redondo y ejercieron presión para evitar la entrada de Gibson en el reparto de
la primera secuela de la saga como el tatuador de Tailandia, como si el hecho
de que Gibson sea un bocazas influyera en su talento como actor y realizador).
A los filmes antes mencionados, hay que
añadir el desarrollo de muchísimos proyectos, algunos han visto la luz como Asylum (Stonehearst Asylum, EEUU, 2014),
de Brad Anderson, y otros que no han encontrado el cauce de financiación. El
boicot y el (relativo) cierre de puertas al cineasta, incluye la cancelación de
su filme como realizador sobre los vikingos hablado en el escandinavo del Siglo
XII, para el que el realizador ya tenía perfilado el casting y un guión
prácticamente listo para rodar, así como interesada a una estrella en el cenit
de su carrera, que se retiró discretamente, Leonardo di Caprio.
2. EL
QUINTO FILME.
¿Cómo
se adentra una persona en el lugar más terrible de la tierra sin llevar un
arma?. Este fue el Speech,
el resumen con gancho de un guión que se esgrime en los entresijos de la
industria, con el exclusivo fin de interesar a alguien de prestigio en el
proyecto. Con la mencionada frase, se logró captar la atención del cineasta Mel
Gibson para que se involucrase en el filme que nos ocupa. Ayudó el hecho de que
la tercera versión del guión que narra la historia del objetor de conciencia
Desmond Doss venía revisado y encabezado por Randall Wallace, amigo personal de
Gibson, guionista de Braveheart, y
guionista y realizador de Cuando éramos
soldados (We Were Soliders, EEUU,
2002), que protagonizó el intérprete de la saga cinematográfica de Arma Letal.
Gibson, que se reconoció en muchos aspectos
tratados por el filme, como el punto de vista religioso, o la poderosa figura
paterna del protagonista, revisó el borrador de Wallace junto a Andrew Knight
(guionista de El Maestro del Agua - The Water Diviner Australia, 2014-
protagonizada y dirigida por Russell Crowe) para reconducir el libreto a su
universo personal, mejorando los personajes y cuestionando las motivaciones del
protagonista, para que todo lo acontecido en la segunda mitad quedase
perfectamente explicado para la audiencia. El libreto final lo suscriben, el
mencionado Andrew Knight y Robert Schenkkan (guionista deEl Americano Impasible -The
Quiet American, EEUU, 2002-, de Phillip Noyce o de la excelente serie de
HBO The Pacific, que ya nos
adelantaba "el infierno en la tierra" que se vivió en Okinawa), firmante del
borrador original.
El regreso del controvertido y apasionante
actor y realizador Mel Gibson a la primera línea de actualidad detrás de las cámaras,
no puede ser más consecuente y coincidente con sus propias ideas e intereses. Su
quinto filme, pese a no estar gestado por él desde el comienzo, está plagado,
como ya hemos adelantado, de referencias inequívocas a la Religión, a La Biblia, al Dios Cristiano y
al No Matarás como uno de sus más destacados mandamientos. En definitiva, el
filme está trufado en su espina dorsal narrativa del conservadurismo más
recalcitrante, ecosistema en el que el cineasta se encuentra muy cómodo, y que
no es habitual observar en el cine comercial que nos llega de Hollywood en la
actualidad, o al menos, nos suele llegar con otros envoltorios menos directos y
evidentes. Nos guste más o menos, y pese a que en algún momento pueda resultar
un poco cargante, es evidente que las referencias conservadoras mencionadas, se
intercalan perfectamente en el discurso fílmico, pero también en la estructura
narrativa del filme. Toda esta parafernalia religiosa forma parte de las
motivaciones del protagonista, el objetor de conciencia Desmond Doss
(interpretado correctamente por Andrew Garfield), forma parte del forjado
ideológico del protagonista. En ese sentido, el filme introduce un factor poco
explotado en el género: un objetor de conciencia que se enrola voluntariamente
en el ejército, realizando el entrenamiento y siendo destinado al cuerpo
médico, autorizado expresamente por la corte militar que lo juzgó, con el fin
de pasearse por el escenario bélico más encarnizado, que se niega a empuñar
arma alguna, pero que desea ser útil salvando vidas. Resulta impresionante
comprobar cómo en EEUU en los años 40 del Siglo XX, la legislación emanada del
Congreso ya contemplaba la posibilidad de ser objetor de conciencia. La
decisión del soldado Doss le reportó la medalla de honor del Congreso del país,
siendo el primer objetor en recibirla.
La película contiene dos segmentos
diferenciados de manera meridiana. El primero es claramente biográfico del
personaje, y está ambientado en Virginia. La importancia del padre en la vida
del protagonista, veterano de la
Gran Guerra, alcohólico, maltratador, pero decisivo en su
odio a disparar; el efecto que causa en el personaje una confrontación cuerpo a
cuerpo con su hermano, que pudo terminar en tragedia para éste, son dos
circunstancias que tienen mucho que ver en la formación de sus convicciones.
Dicho segmento, más melodrama que filme de guerra, recuerda a la
estructura de largometrajes clásicos del género que también contenían una parte
introductoria, como El Sargento York(Sargeant York, EEUU, 1941), de
Howard Hawks o Más allá de las Lágrimas
(Battle Cry, EEUU, 1955), de Raoul
Walsh.
La segunda parte, puro enfrentamiento
bélico, recrea el infierno en la tierra en forma de colina (como aquella
película dirigida por Anthony Mann ambientada en Corea), o más bien de un
siniestro acantilado (el del título original del filme), por el que se asciende
a través de un entramado de cuerdas, que conduce hacia uno de los epicentros de
la Segunda Guerra
Mundial. Un lugar de niebla, muerte y desolación. El frente del Pacífico supuso
una dura campaña de desgaste, con combates encarnizados isla por isla. En la
isla de Okinawa, la defensa japonesa fue despiadada, desesperada y salvajemente
implacable. Había la consigna de resistir al coste que fuese, pues el siguiente
escenario a combatir ya sería el Japón. En este segmento del filme los
espectadores vamos literalmente a la guerra. La intensidad de los primeros treinta
minutos de Salvar al Soldado Ryan (Saving Private Ryan, EEUU, 1997), de
Steven Spielberg, Gibson la sostiene durante algo más de una hora. Las
secuencias bélicas no sólo son magistrales debido a esa intensidad, es que
además el cineasta logra construir unas imágenes muy personales, algunas
filmadas con su particular dominio de la cámara lenta, que contienen su
descarnado sentido de la violencia, del que hace gala en anteriores y ya
emblemáticos filmes de filmografía.
Por otra parte, para aquellos que ya han
atribuido al realizador la intención de enaltecer el conflicto bélico, quedan
los instantes donde se nos invita a reflexionar cómo en el peor lugar de la
tierra, donde la vida humana vale más bien poco, y es completamente efímera,
donde la muerte se enseñorea complacida, hay lugar para los actos más
sobrecogedores de solidaridad humana.
En resumen, Hasta el Último Hombrees un filme brillante, excelente en su
aspecto visual, al que se apuestan, como siempre en la filmografía de su realizador,
todas las bazas. Deliberadamente, los filmes de Gibson parecen muy rutinarios a
nivel de guión. Esa sensación obedece a que para el cineasta el libreto es
simplemente un punto de partida, una guía en el camino, un medio, un
instrumento, no el fin en sí mismo al que aferrarse a vida o muerte. El libreto
para Gibson puede, y debe, mutar. La palabra debe ceder ante la imagen, pues es
en el terreno visual donde se define el filme de un modo revelador. El filme es
apenas correcto en la interpretación. Sobresale el mencionado Hugo Weaving,
Garfield está simplemente correcto y los personajes a cargo de Vince Vaughn o Sam
Worthington, son de escasa complejidad y prácticamente meros estereotipos. El soldado
Smitty, interpretado por Luke Bracey, resulta ser un personaje con algunas aristas
de interés.
En mi opinión, el mérito de la intensidad
del filme, de cómo su visionado nos sobrecoge como espectadores, corresponde
por completo a su personal realizador. Secuencias como la del forjado de la
convicción del “no matarás” en el personaje central, tras ver cómo su padre
maltrata a su madre; o la del comienzo de la contienda bélica que abre la segunda
mitad del filme; o toda la set piece
del salvamento de los heridos compatriotas de Doss, que finaliza con ese plano
de éste en la camilla descendiendo gracias a unas cuerdas, suerte de metáfora
de Jesucristo en la crus por su sacrificio por sus semejantes, quedan para la
eternidad del séptimo arte.
Una gran noticia el regreso de Mel Gibson a
la puesta en escena, con un filme que despertó una merecida ovación, y
estupendas críticas, en su exhibición en el festival de cine de Venecia 2016.
Título original: Hacksaw Ridge.
Director: Mel Gibson.
Intérpretes: Andrew Garfield, Vince Vaughn, Hugo Weaving, Teresa Palmer, Sam Worthington, Luke Bracey, Rachel Griffiths.
Mucho se ha escrito estos días sobre el
regreso por la puerta grande y sobre el supuesto renacimiento de la carrera de Mel
Gibson. Creo que para ser precisos, Gibson nunca se ha ido. Cierto es que desde
2006 no se colocaba detrás de las cámaras. Pero no debemos olvidar que no ha
parado de desarrollar proyectos personales a través de su productora, ni que a
lo largo de la presente década ha intervenido como actor en seis largometrajes
de otros. Las excelentesAl Límite (Edge of Darkness, EEUU, 2010), de Martin
Campbell y El Castor (The Beaver, EEUU, 2011), dirigida por su
amiga personal, la también actriz y realizadora Jodie Foster (una de las
personas de la industria, junto con Robert Downey Jr, que han defendido a capa
y espada a Gibson durante estos años). También ha intervenido en dos filmes que
son dos auténticos "placerazos culpables", dos filmes altamente disfrutables: Vacaciones en El Infierno (Get The Gringo, EEUU, 2012), de Adrian
Grunberg y Blood Father (Francia,
2016), de Jean-Francois Rochet. Pero también ha participado en las soporíferas Machete Kills (EEUU, 2013), del
insufrible Robert Rodríguez y Los Mercenarios
3 (The Expendables 3, EEUU,
2014), de Patrick Hughes, donde Gibson, ex mercenario y villano de la función,
no tiene el menor de los problemas para "robar" la película a todos sus testosterónicos
compañeros de reparto.
A estos filmes hay que añadir la
intervención de Gibson en un filme de interés, The
Professor and The Madman, dirigido por el Co-guionista de Apocalypto (EEUU, 2006), Farhad Safinia,
sobre un guión en el que ha participado nada menos que el realizador John
Boorman, y donde la estrella comparte protagonismo con otro polémico actor y
realizador: Sean Penn.
Pese a toda la sobradamente conocida
polémica acerca de sus desafortunadas declaraciones, así como acerca de ciertos
aspectos igualmente desafortunados de su vida privada, de sobra aireados y
conocidos, el director deBraveheart (EEUU,1995) no ha estado quieto. Cierto es que no dirige desde la magnífica y
mencionada Apocalypto, y ha tenido
que lidiar con cierto boicot desde la propia industria, que, pese a su
desafortunado comportamiento, no deja de encerrar una gran hipocresía (sirva
como ejemplo el hecho de que los miembros del reparto de la saga Resacón en las Vegas se negaron en
redondo y ejercieron presión para evitar la entrada de Gibson en el reparto de
la primera secuela de la saga como el tatuador de Tailandia, como si el hecho
de que Gibson sea un bocazas influyera en su talento como actor y realizador).
A los filmes antes mencionados, hay que
añadir el desarrollo de muchísimos proyectos, algunos han visto la luz como Asylum (Stonehearst Asylum, EEUU, 2014),
de Brad Anderson, y otros que no han encontrado el cauce de financiación. El
boicot y el (relativo) cierre de puertas al cineasta, incluye la cancelación de
su filme como realizador sobre los vikingos hablado en el escandinavo del Siglo
XII, para el que el realizador ya tenía perfilado el casting y un guión
prácticamente listo para rodar, así como interesada a una estrella en el cenit
de su carrera, que se retiró discretamente, Leonardo di Caprio.
2. EL
QUINTO FILME.
¿Cómo
se adentra una persona en el lugar más terrible de la tierra sin llevar un
arma?. Este fue el Speech,
el resumen con gancho de un guión que se esgrime en los entresijos de la
industria, con el exclusivo fin de interesar a alguien de prestigio en el
proyecto. Con la mencionada frase, se logró captar la atención del cineasta Mel
Gibson para que se involucrase en el filme que nos ocupa. Ayudó el hecho de que
la tercera versión del guión que narra la historia del objetor de conciencia
Desmond Doss venía revisado y encabezado por Randall Wallace, amigo personal de
Gibson, guionista de Braveheart, y
guionista y realizador de Cuando éramos
soldados (We Were Soliders, EEUU,
2002), que protagonizó el intérprete de la saga cinematográfica de Arma Letal.
Gibson, que se reconoció en muchos aspectos
tratados por el filme, como el punto de vista religioso, o la poderosa figura
paterna del protagonista, revisó el borrador de Wallace junto a Andrew Knight
(guionista de El Maestro del Agua - The Water Diviner Australia, 2014-
protagonizada y dirigida por Russell Crowe) para reconducir el libreto a su
universo personal, mejorando los personajes y cuestionando las motivaciones del
protagonista, para que todo lo acontecido en la segunda mitad quedase
perfectamente explicado para la audiencia. El libreto final lo suscriben, el
mencionado Andrew Knight y Robert Schenkkan (guionista deEl Americano Impasible -The
Quiet American, EEUU, 2002-, de Phillip Noyce o de la excelente serie de
HBO The Pacific, que ya nos
adelantaba "el infierno en la tierra" que se vivió en Okinawa), firmante del
borrador original.
El regreso del controvertido y apasionante
actor y realizador Mel Gibson a la primera línea de actualidad detrás de las cámaras,
no puede ser más consecuente y coincidente con sus propias ideas e intereses. Su
quinto filme, pese a no estar gestado por él desde el comienzo, está plagado,
como ya hemos adelantado, de referencias inequívocas a la Religión, a La Biblia, al Dios Cristiano y
al No Matarás como uno de sus más destacados mandamientos. En definitiva, el
filme está trufado en su espina dorsal narrativa del conservadurismo más
recalcitrante, ecosistema en el que el cineasta se encuentra muy cómodo, y que
no es habitual observar en el cine comercial que nos llega de Hollywood en la
actualidad, o al menos, nos suele llegar con otros envoltorios menos directos y
evidentes. Nos guste más o menos, y pese a que en algún momento pueda resultar
un poco cargante, es evidente que las referencias conservadoras mencionadas, se
intercalan perfectamente en el discurso fílmico, pero también en la estructura
narrativa del filme. Toda esta parafernalia religiosa forma parte de las
motivaciones del protagonista, el objetor de conciencia Desmond Doss
(interpretado correctamente por Andrew Garfield), forma parte del forjado
ideológico del protagonista. En ese sentido, el filme introduce un factor poco
explotado en el género: un objetor de conciencia que se enrola voluntariamente
en el ejército, realizando el entrenamiento y siendo destinado al cuerpo
médico, autorizado expresamente por la corte militar que lo juzgó, con el fin
de pasearse por el escenario bélico más encarnizado, que se niega a empuñar
arma alguna, pero que desea ser útil salvando vidas. Resulta impresionante
comprobar cómo en EEUU en los años 40 del Siglo XX, la legislación emanada del
Congreso ya contemplaba la posibilidad de ser objetor de conciencia. La
decisión del soldado Doss le reportó la medalla de honor del Congreso del país,
siendo el primer objetor en recibirla.
La película contiene dos segmentos
diferenciados de manera meridiana. El primero es claramente biográfico del
personaje, y está ambientado en Virginia. La importancia del padre en la vida
del protagonista, veterano de la
Gran Guerra, alcohólico, maltratador, pero decisivo en su
odio a disparar; el efecto que causa en el personaje una confrontación cuerpo a
cuerpo con su hermano, que pudo terminar en tragedia para éste, son dos
circunstancias que tienen mucho que ver en la formación de sus convicciones.
Dicho segmento, más melodrama que filme de guerra, recuerda a la
estructura de largometrajes clásicos del género que también contenían una parte
introductoria, como El Sargento York(Sargeant York, EEUU, 1941), de
Howard Hawks o Más allá de las Lágrimas
(Battle Cry, EEUU, 1955), de Raoul
Walsh.
La segunda parte, puro enfrentamiento
bélico, recrea el infierno en la tierra en forma de colina (como aquella
película dirigida por Anthony Mann ambientada en Corea), o más bien de un
siniestro acantilado (el del título original del filme), por el que se asciende
a través de un entramado de cuerdas, que conduce hacia uno de los epicentros de
la Segunda Guerra
Mundial. Un lugar de niebla, muerte y desolación. El frente del Pacífico supuso
una dura campaña de desgaste, con combates encarnizados isla por isla. En la
isla de Okinawa, la defensa japonesa fue despiadada, desesperada y salvajemente
implacable. Había la consigna de resistir al coste que fuese, pues el siguiente
escenario a combatir ya sería el Japón. En este segmento del filme los
espectadores vamos literalmente a la guerra. La intensidad de los primeros treinta
minutos de Salvar al Soldado Ryan (Saving Private Ryan, EEUU, 1997), de
Steven Spielberg, Gibson la sostiene durante algo más de una hora. Las
secuencias bélicas no sólo son magistrales debido a esa intensidad, es que
además el cineasta logra construir unas imágenes muy personales, algunas
filmadas con su particular dominio de la cámara lenta, que contienen su
descarnado sentido de la violencia, del que hace gala en anteriores y ya
emblemáticos filmes de filmografía.
Por otra parte, para aquellos que ya han
atribuido al realizador la intención de enaltecer el conflicto bélico, quedan
los instantes donde se nos invita a reflexionar cómo en el peor lugar de la
tierra, donde la vida humana vale más bien poco, y es completamente efímera,
donde la muerte se enseñorea complacida, hay lugar para los actos más
sobrecogedores de solidaridad humana.
En resumen, Hasta el Último Hombrees un filme brillante, excelente en su
aspecto visual, al que se apuestan, como siempre en la filmografía de su realizador,
todas las bazas. Deliberadamente, los filmes de Gibson parecen muy rutinarios a
nivel de guión. Esa sensación obedece a que para el cineasta el libreto es
simplemente un punto de partida, una guía en el camino, un medio, un
instrumento, no el fin en sí mismo al que aferrarse a vida o muerte. El libreto
para Gibson puede, y debe, mutar. La palabra debe ceder ante la imagen, pues es
en el terreno visual donde se define el filme de un modo revelador. El filme es
apenas correcto en la interpretación. Sobresale el mencionado Hugo Weaving,
Garfield está simplemente correcto y los personajes a cargo de Vince Vaughn o Sam
Worthington, son de escasa complejidad y prácticamente meros estereotipos. El soldado
Smitty, interpretado por Luke Bracey, resulta ser un personaje con algunas aristas
de interés.
En mi opinión, el mérito de la intensidad
del filme, de cómo su visionado nos sobrecoge como espectadores, corresponde
por completo a su personal realizador. Secuencias como la del forjado de la
convicción del “no matarás” en el personaje central, tras ver cómo su padre
maltrata a su madre; o la del comienzo de la contienda bélica que abre la segunda
mitad del filme; o toda la set piece
del salvamento de los heridos compatriotas de Doss, que finaliza con ese plano
de éste en la camilla descendiendo gracias a unas cuerdas, suerte de metáfora
de Jesucristo en la crus por su sacrificio por sus semejantes, quedan para la
eternidad del séptimo arte.
Una gran noticia el regreso de Mel Gibson a
la puesta en escena, con un filme que despertó una merecida ovación, y
estupendas críticas, en su exhibición en el festival de cine de Venecia 2016.
Título original: Hacksaw Ridge.
Director: Mel Gibson.
Intérpretes: Andrew Garfield, Vince Vaughn, Hugo Weaving, Teresa Palmer, Sam Worthington, Luke Bracey, Rachel Griffiths.
Uno de los discursos más emotivos previos a una batalla es el que ostenta esta película. En el un lado tenemos al ejército inglés y en el otro extremo los rebeldes escoceses liderados por William Wallace. Siglo XIV, Stirling, Escocia:
"Luchen, y puede que mueran. Huyan y vivirán… un tiempo al menos. Y cuando estén en su lecho de muerte dentro de muchos años, ¿no cambiarán todos los días desde aquí hasta entonces por una oportunidad, solo una oportunidad, de volver aquí y matar a nuestros enemigos? Puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán… ¡la libertad!".
En 1995 el público se rindió ante este largometraje de 3 horas realizado, producido y protagonizado por Mel Gibson. Había mucho de egolatría en él, pero el resultado, que a fin de cuentas, es lo que importa, fue impresionante.
Como toda película épica sacrificaba el rigor histórico en beneficio de la espectacularidad y por supuesto que había espectáculo, mucho espectáculo. Tomas impresionantes, batallas impactantes, gran música,excelente cinematografía, montaje inmejorable, un héroe de voluntad inquebrantable cuya motivación se despierta cuando el amor de su vida es muerta por manos de los opresores, malvados y traidores y un némesis colosal.
Siendo niño William es testigo de la maldad de la corona inglesa, primero amigos, luego su propio padre y hermano serán masacrados, llega un tío suyo que lo lleva lejos a educarse y cuando regresa se da cuenta que nada bueno ha pasado, que es incluso peor, pues el Rey Eduardo I alias piernas largas para comprarse la buena voluntad y fidelidad de los nobles escoceses les ha llenado de sobornos y prebendas, coronando el pastel con la atribución del derecho de pernada.
Wallace reconoce en una joven al amor de su vida y para evitar que se aplique la ley, se casan en secreto, no obstante la mujer sufre un intento de violación por parte de los soldados del rey y en su huida es asesinada por un sheriff. Es en ese momento que cegado por la ira nuestro héroe ataca a los soldados y los liquida, sabe que no hay vuelta atrás y que ha comenzado la rebelión. Los demás campesinos hartos de los abusos de la corona lo apoyan, pero son los nobles quienes no se deciden, son débiles y corruptos, quizá el único que desea la independencia es Robert de Bruce, sin embargo su padre, el leproso, le aconseja que no es prudente, que puede ser el rey de Escocia si pacta con Eduardo, rey vasallo, pero rey a fin de cuentas.
Se ha acusado que hay demasiadas licencias en el guión a cargo de Randall Wallace (que al parecer no tiene parentesco con William), sin embargo es muy común que una película épica se las tome en instancia de darle agilidad a los hechos y que muchas veces el número de personas involucradas en uno o más eventos deban ser resumidos. Las escenas de batalla están rodadas de forma impecable y el enfrentamiento cuerpo a cuerpo de los soldados de cada bando resulta impactante a pesar de cierto tufillo gore, que, por otra parte, imagino debió ser así de crudo aunque no con tanta agilidad pues el peso de las armaduras y espadas debía ralentizar los movimientos de los guerreros, incluso las crónicas mencionan que la mayoría de los soldados no morían en la batalla sino a consecuencia de las heridas infectadas tiempo después, bueno, aquí el despliegue de sangre y violencia responden a la espectacularidad y nos invitan a seguir pegados a la pantalla. Otro detalle inexacto es la importancia de Robert Bruce, que es el verdadero Corazón Valiente, de la historia escocesa, aquí se lo muestra débil y manipulable por parte de su padre y que solo tomará las armas al final para redimirse luego de haberle fallado al protagonista.
Habrá posiblemente gente a la que no le haya gustado Brave heart. Yo pertenezco a los que sí. Es una película excesiva pero muy bien llevada a término, habrá mucho de sentimentalismo en una que otra escena pero sirven para equilibrar la desmesurada violencia que nos ofrecen otras. La secuencia de tortura y ejecución de Wallace como un nuevo Cristo es un ejemplo. Sabemos que lo que le están haciendo es horrible, pero la forma en que Gibson director resuelve aquel instante es sublime, el contrapicado del pañuelo precipitándose al suelo es, al menos para mí, majestuoso.
Mel Gibson se reservó el protagonista y lo hace bien, funcionó taquilleramente hablando y su carisma es trasmitido a su personaje con éxito. Patrick McGohan como Enrique I el despiadado monarca es antológico, maldad majestuosa sin duda, su mirada llena de odio cuando su nuera le confirma que su linaje termina es más elocuente que cualquier discurso o alarde de histrionismo. Ian Bannen, como el rey leproso se gana enseguida nuestro desprecio, lo cual sin duda, habla del buen oficio del actor. Sophie Marceu es Isabel de Francia, consorte del heredero al trono, homosexual que nula atención le da, cuya simpatía con el héroe la lleva a la complicidad y al adulterio. Completan el reparto Brendan Gleeson, mano derecha de WW; Agnus Mc Fayden, el dubitativo Bruce; David O´hara, el irlandés loco y Catherine Mc Cormack, Murron, el gran amor y motor pasional para nuestro héroe.
Música de James Horner, fotografía de Jon Toll, edición de Steven Rosenblum, su montaje durante la muerte de Wallace, fundamental para que uno como espectador una vez terminada la película salga a la calle con el corazón sublevado y gritando: ¡Libertad!
Director: Mel Gibson.
Intérpretes: Mel Gibson, Sophie Marceau, Patrick McGoohan, Angus MacFadyen, Catherine McCormack, Brendan Gleeson, David O'Hara.
Trailer:
Escena:
B.S.O.:
Reseña escrita por Carlos Fernando Carrión Quezada
Uno de los discursos más emotivos previos a una batalla es el que ostenta esta película. En el un lado tenemos al ejército inglés y en el otro extremo los rebeldes escoceses liderados por William Wallace. Siglo XIV, Stirling, Escocia:
"Luchen, y puede que mueran. Huyan y vivirán… un tiempo al menos. Y cuando estén en su lecho de muerte dentro de muchos años, ¿no cambiarán todos los días desde aquí hasta entonces por una oportunidad, solo una oportunidad, de volver aquí y matar a nuestros enemigos? Puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán… ¡la libertad!".
En 1995 el público se rindió ante este largometraje de 3 horas realizado, producido y protagonizado por Mel Gibson. Había mucho de egolatría en él, pero el resultado, que a fin de cuentas, es lo que importa, fue impresionante.
Como toda película épica sacrificaba el rigor histórico en beneficio de la espectacularidad y por supuesto que había espectáculo, mucho espectáculo. Tomas impresionantes, batallas impactantes, gran música,excelente cinematografía, montaje inmejorable, un héroe de voluntad inquebrantable cuya motivación se despierta cuando el amor de su vida es muerta por manos de los opresores, malvados y traidores y un némesis colosal.
Siendo niño William es testigo de la maldad de la corona inglesa, primero amigos, luego su propio padre y hermano serán masacrados, llega un tío suyo que lo lleva lejos a educarse y cuando regresa se da cuenta que nada bueno ha pasado, que es incluso peor, pues el Rey Eduardo I alias piernas largas para comprarse la buena voluntad y fidelidad de los nobles escoceses les ha llenado de sobornos y prebendas, coronando el pastel con la atribución del derecho de pernada.
Wallace reconoce en una joven al amor de su vida y para evitar que se aplique la ley, se casan en secreto, no obstante la mujer sufre un intento de violación por parte de los soldados del rey y en su huida es asesinada por un sheriff. Es en ese momento que cegado por la ira nuestro héroe ataca a los soldados y los liquida, sabe que no hay vuelta atrás y que ha comenzado la rebelión. Los demás campesinos hartos de los abusos de la corona lo apoyan, pero son los nobles quienes no se deciden, son débiles y corruptos, quizá el único que desea la independencia es Robert de Bruce, sin embargo su padre, el leproso, le aconseja que no es prudente, que puede ser el rey de Escocia si pacta con Eduardo, rey vasallo, pero rey a fin de cuentas.
Se ha acusado que hay demasiadas licencias en el guión a cargo de Randall Wallace (que al parecer no tiene parentesco con William), sin embargo es muy común que una película épica se las tome en instancia de darle agilidad a los hechos y que muchas veces el número de personas involucradas en uno o más eventos deban ser resumidos. Las escenas de batalla están rodadas de forma impecable y el enfrentamiento cuerpo a cuerpo de los soldados de cada bando resulta impactante a pesar de cierto tufillo gore, que, por otra parte, imagino debió ser así de crudo aunque no con tanta agilidad pues el peso de las armaduras y espadas debía ralentizar los movimientos de los guerreros, incluso las crónicas mencionan que la mayoría de los soldados no morían en la batalla sino a consecuencia de las heridas infectadas tiempo después, bueno, aquí el despliegue de sangre y violencia responden a la espectacularidad y nos invitan a seguir pegados a la pantalla. Otro detalle inexacto es la importancia de Robert Bruce, que es el verdadero Corazón Valiente, de la historia escocesa, aquí se lo muestra débil y manipulable por parte de su padre y que solo tomará las armas al final para redimirse luego de haberle fallado al protagonista.
Habrá posiblemente gente a la que no le haya gustado Brave heart. Yo pertenezco a los que sí. Es una película excesiva pero muy bien llevada a término, habrá mucho de sentimentalismo en una que otra escena pero sirven para equilibrar la desmesurada violencia que nos ofrecen otras. La secuencia de tortura y ejecución de Wallace como un nuevo Cristo es un ejemplo. Sabemos que lo que le están haciendo es horrible, pero la forma en que Gibson director resuelve aquel instante es sublime, el contrapicado del pañuelo precipitándose al suelo es, al menos para mí, majestuoso.
Mel Gibson se reservó el protagonista y lo hace bien, funcionó taquilleramente hablando y su carisma es trasmitido a su personaje con éxito. Patrick McGohan como Enrique I el despiadado monarca es antológico, maldad majestuosa sin duda, su mirada llena de odio cuando su nuera le confirma que su linaje termina es más elocuente que cualquier discurso o alarde de histrionismo. Ian Bannen, como el rey leproso se gana enseguida nuestro desprecio, lo cual sin duda, habla del buen oficio del actor. Sophie Marceu es Isabel de Francia, consorte del heredero al trono, homosexual que nula atención le da, cuya simpatía con el héroe la lleva a la complicidad y al adulterio. Completan el reparto Brendan Gleeson, mano derecha de WW; Agnus Mc Fayden, el dubitativo Bruce; David O´hara, el irlandés loco y Catherine Mc Cormack, Murron, el gran amor y motor pasional para nuestro héroe.
Música de James Horner, fotografía de Jon Toll, edición de Steven Rosenblum, su montaje durante la muerte de Wallace, fundamental para que uno como espectador una vez terminada la película salga a la calle con el corazón sublevado y gritando: ¡Libertad!
Director: Mel Gibson.
Intérpretes: Mel Gibson, Sophie Marceau, Patrick McGoohan, Angus MacFadyen, Catherine McCormack, Brendan Gleeson, David O'Hara.
Trailer:
Escena:
B.S.O.:
Reseña escrita por Carlos Fernando Carrión Quezada
En estas fechas tan señaladas para todos (seamos o
no creyentes), dado que todo el mundo toma unas merecidas vacaciones,
comenzando la Semana Santa quiero rememorar un film emblemático para estos días
que llegan: "La Pasión". Yo tenía 24 años cuando se estrenó "La pasión de
Cristo" de Mel Gibson, y todavía me atrevo a calificarla como profundamente
conmovedora, no sólo por ser el film definitivo sobre una película fundamentada
en Cristo, sino por mostrar lo que sus antecesoras con tan variados cineastas (Zeffirelli,
Nicholas Ray, Scorsese, Pasolini y otros..) fueron incapaces de realizar,
enseñando al mundo la verdadera razón por la cual el hijo de Dios vino al
mundo. El señor se hizo hombre para limpiar nuestros pecados, ésto al menos
para los creyentes, sí ésos pecados a los que habitualmente no les damos
importancia: La soberbia, la ira, la pereza...Véase mi anterior crítica de "Seven". Y no únicamente nuestros pecados, sino los de nuestros antecesores y
de los de aquellos que están por venir. Por eso cada castigo, golpe, marca y
herida fueron necesarios para esta redención universal de alguien que existió
tan indudablemente como cualquier otro personaje histórico. La sábana santa
recientemente aprobada como documento verídico del paso de Jesucristo por el mundo,
es la señal sangrienta y desgarradora del sufrimiento reconvertido en salvación
universal: -No ves madre, estoy haciéndolo todo nuevo-. Jim Caviezel a través
de unos ojos infográficos de color miel, inspiran en su personaje fuerza,
convicción y cariño para levantarse en cada caída y postración.
Mientras la
naturaleza humana de Jesús se quiebra, se refuerza su invulnerabilidad divina.
Gibson recreó de una manera profunda y visceral los hechos que aparecen en el
nuevo testamento, y para ello no escatimó en esforzarse en hacerlo de la manera
más fidedigna posible, utilizando el latín y el arameo como vínculo narrativo
para el espectador actual, además se encargó de que sus propias manos fueran
las que aparecen en pantalla para clavar a Cristo en el madero, dejando claro
su volcado esfuerzo por mostrar una perfecta catequesis para aquellos que son
incapaces de reconocer que el hijo del hombre se entregó por nosotros, incluso
por aquellos que no quieren verle como tal. Una película ejemplar que al
parecer no ha hecho mella en la vida personal de su director, que últimamente
anda un poco perdido en el cine, en busca de una nueva resurrección y que en el
Hollywood actual parece cubierto todavía por el manto del Satán asexuado y
horrible de su plasmación de su pasión en pantalla.
Su película se tildó de,
extremadamente gore, antijudía, polémica, extrema y reaccionaria (a ello
contribuyeron las controvertidas declaraciones del director de "Apocalypto (2006)").
Pero la dudosa personalidad de Mel Gibson, no altera ni un ápice el mensaje
redentor de su film. Quiero remarcar en "La Pasión", la entrega a su personaje
de un Jim Caviezel, que en la piel del hijo de Dios, sufrió lo indecible en sus
carnes: En una de las escenas de su crucifixión le cayó un rayo y en otra en la
que está siendo golpeado a latigazos en la columna, un descuido le provocó una
herida tan horrible que los maquilladores la copiaron, para darle más realismo
a sus desgarradas cicatrices. Sangre, sudor y lágrimas para mandar un mensaje
cinematográfico: Jesús en su sufrimiento es el cordero de Dios que quita el
pecado del mundo. Amén.
Título original: The Passion of the Christ.
Director: Mel Gibson.
Intérpretes: Jim Caviezel, Monica
Bellucci, Maïa
Morgenstern, Francesco
Cabras.
En estas fechas tan señaladas para todos (seamos o
no creyentes), dado que todo el mundo toma unas merecidas vacaciones,
comenzando la Semana Santa quiero rememorar un film emblemático para estos días
que llegan: "La Pasión". Yo tenía 24 años cuando se estrenó "La pasión de
Cristo" de Mel Gibson, y todavía me atrevo a calificarla como profundamente
conmovedora, no sólo por ser el film definitivo sobre una película fundamentada
en Cristo, sino por mostrar lo que sus antecesoras con tan variados cineastas (Zeffirelli,
Nicholas Ray, Scorsese, Pasolini y otros..) fueron incapaces de realizar,
enseñando al mundo la verdadera razón por la cual el hijo de Dios vino al
mundo. El señor se hizo hombre para limpiar nuestros pecados, ésto al menos
para los creyentes, sí ésos pecados a los que habitualmente no les damos
importancia: La soberbia, la ira, la pereza...Véase mi anterior crítica de "Seven". Y no únicamente nuestros pecados, sino los de nuestros antecesores y
de los de aquellos que están por venir. Por eso cada castigo, golpe, marca y
herida fueron necesarios para esta redención universal de alguien que existió
tan indudablemente como cualquier otro personaje histórico. La sábana santa
recientemente aprobada como documento verídico del paso de Jesucristo por el mundo,
es la señal sangrienta y desgarradora del sufrimiento reconvertido en salvación
universal: -No ves madre, estoy haciéndolo todo nuevo-. Jim Caviezel a través
de unos ojos infográficos de color miel, inspiran en su personaje fuerza,
convicción y cariño para levantarse en cada caída y postración.
Mientras la
naturaleza humana de Jesús se quiebra, se refuerza su invulnerabilidad divina.
Gibson recreó de una manera profunda y visceral los hechos que aparecen en el
nuevo testamento, y para ello no escatimó en esforzarse en hacerlo de la manera
más fidedigna posible, utilizando el latín y el arameo como vínculo narrativo
para el espectador actual, además se encargó de que sus propias manos fueran
las que aparecen en pantalla para clavar a Cristo en el madero, dejando claro
su volcado esfuerzo por mostrar una perfecta catequesis para aquellos que son
incapaces de reconocer que el hijo del hombre se entregó por nosotros, incluso
por aquellos que no quieren verle como tal. Una película ejemplar que al
parecer no ha hecho mella en la vida personal de su director, que últimamente
anda un poco perdido en el cine, en busca de una nueva resurrección y que en el
Hollywood actual parece cubierto todavía por el manto del Satán asexuado y
horrible de su plasmación de su pasión en pantalla.
Su película se tildó de,
extremadamente gore, antijudía, polémica, extrema y reaccionaria (a ello
contribuyeron las controvertidas declaraciones del director de "Apocalypto (2006)").
Pero la dudosa personalidad de Mel Gibson, no altera ni un ápice el mensaje
redentor de su film. Quiero remarcar en "La Pasión", la entrega a su personaje
de un Jim Caviezel, que en la piel del hijo de Dios, sufrió lo indecible en sus
carnes: En una de las escenas de su crucifixión le cayó un rayo y en otra en la
que está siendo golpeado a latigazos en la columna, un descuido le provocó una
herida tan horrible que los maquilladores la copiaron, para darle más realismo
a sus desgarradas cicatrices. Sangre, sudor y lágrimas para mandar un mensaje
cinematográfico: Jesús en su sufrimiento es el cordero de Dios que quita el
pecado del mundo. Amén.
Título original: The Passion of the Christ.
Director: Mel Gibson.
Intérpretes: Jim Caviezel, Monica
Bellucci, Maïa
Morgenstern, Francesco
Cabras.
Max el guerrero de la carretera,
que con el tremendo rugido de una máquina lo perdió todo. Y todo empieza con el
caso de la Clave 3, cuando un miembro de la banda del cortauñas, El Jinete
Nocturno (Vince Gil) es detenido, mata a un joven policía en Saint City,
logrando zafarse de la policía y así empezar una huida a través del páramo con
su chica (Lulu Pinkus). La patrulla Bailarín recibe el aviso de que el Jinete
se dirige hacía ellos. Y lo hace al volante de un Ford Monaro de 8 cilindros. Un coche especial de persecución robado en las dependencias de la comisaría de
la ciudad Santa. Pronto queda patente la habilidad del Jinete al volante,
empieza su exibición dejando en la cuneta a dos patrullas y a una undidad
motorizada que responde al nombre de El Ganso (Steve Bisley) . Dejándole de
recuerdo una fractura en la pierna. Acto seguido Max se lanza a la caza del
Jinete. Unos kilómetros más tarde ambos se retan a un duelo donde dirigen sus
coches a toda velocidad el uno contra el otro. El Jinete se arruga y gira
bruscamente para evitar la colisión con Max. Con el ego y su reputación herida,
The Nightrider hundido en si mismo hace caso omiso a un señal de advertencia y
tras un aparatoso accidente acaba por dejar su vida y la de su chica en el asfalto.
La banda del Cortauñas no tardará en reclamar venganza y la cabeza de Max será
el precio a pagar y con lo único que podrán redimir su sed de odio. Así es como da comienzo una de las joyas del cine Australiano de los 70. El
culpable de esta Gesta se llamaba George Miller.
Un tipo al que le entregaron
un cheque por un valor de 350 mil dólares Australianos y que sacó petrolio de
tan vergonzante presupuesto. Años más tarde, la película sigue conservando su
esencia y maquillando la precariedad de su presupuesto. A Miller no le llegaba
el dinero ni para poder lucir un vestuario digno, teniendo que usar derivados
sintéticos para confeccionar el cuero que debían lucir sus personajes. Tampoco
podía disponer de la tencnología suficiente como para manejarse en campo
técnico. O poder ser generoso con los vehículos utilizados en el filme,
teniendo que pedir prestadas algunas de las motocicletas que aparecen en
pantalla. ¿Y qué hace Miller? Consigue una obra excelsa, pura y mítica. Cine en
crudo. Una historia de sucesivas venganzas situadas en un futuro pre
apocalíptico, en el que las bandas de motoristas nómadas se están adueñando de
la carretera nutriéndose de la falta de medios y motivación que azota el cuerpo
de policía. Mad Max 1, imprime una fuerza visual e interpretativa asombrosa. Acompañada por
la potente BSO del ya fallecido compositor Australiano Brian May.
El manejo de
Miller a la cámara en esas persecuciones y planos infinitos sobre la carretera
son exquisitos. El ritmo narrativo es vertiginoso. A pesar de la sencillez de
su argumento. Hay que destacar los personajes que aparecen en ella. Desde un
recién despuntado Mel Gibson, que se entrega por completo como demuestra en la
parte final de la cinta, cuando herido de gravedad hace que Johnny el Niño, se
tenga que amputar un tobillo para salvar su vida. Ese momento en el que Max
exhala desencajado y arrástrándo su pierna mutilada, es un recital que le
brindaría un futuro prometedor en el mundo del cine. Pero la verdadera fuerza
reside en sus enemigos. Una banda de motoristas liderada por El Cortauñas, que
está interpretado por Hugh Keays Byrne. La exibición de talento de este actor
resulta apabullante e inolvidable. Los caprichos de la industria nos han
privado de poder disfrutar de este intérprete. Merecía algo más, habría podido
con lo que le hubieran ofrecido para deleite del espectador. Uno de los puntos
fuertes de esta película reside en su figura. Y su mano derecha Bubba Zanetti
el tipo de la Mauser interpretado por el recién fallecido Geoff Parry.
El sistema económico ha fracasado, los líderes perdieron para dar paso al caos:
''Por razones olvidadas hace largo tiempo, dos poderosas tribus guerreras se
declararon la guerra, provocando un incendio que devoró a las ciudades. Sin
combustible ya no eran nada. Construyeron una casa de paja. Las máquinas
rugientes jadearon y se detuvieron. Los líderes hablaron... y hablaron... y
hablaron. Pero nada pudo detener la avalancha. El mundo se tambaleó. Las
ciudades estallaron en un vendaval de pillaje, en una tormenta de miedo. Los
hombres se comieron a los hombres. Los caminos eran pesadillas interminables.
Sólo sobrevivían los que se adaptaban a vivir de los desechos o eran tan
brutales como para dedicarse al pillaje. Ciudades desaparecidas, barridas''.
Director: George Miller.
Intérpretes: Mel
Gibson, Joanne
Samuel, Steve
Bisley, Hugh
Keays-Byrne, Roger
Ward, Tim
Burns, Geoff
Parry.
Max el guerrero de la carretera,
que con el tremendo rugido de una máquina lo perdió todo. Y todo empieza con el
caso de la Clave 3, cuando un miembro de la banda del cortauñas, El Jinete
Nocturno (Vince Gil) es detenido, mata a un joven policía en Saint City,
logrando zafarse de la policía y así empezar una huida a través del páramo con
su chica (Lulu Pinkus). La patrulla Bailarín recibe el aviso de que el Jinete
se dirige hacía ellos. Y lo hace al volante de un Ford Monaro de 8 cilindros. Un coche especial de persecución robado en las dependencias de la comisaría de
la ciudad Santa. Pronto queda patente la habilidad del Jinete al volante,
empieza su exibición dejando en la cuneta a dos patrullas y a una undidad
motorizada que responde al nombre de El Ganso (Steve Bisley) . Dejándole de
recuerdo una fractura en la pierna. Acto seguido Max se lanza a la caza del
Jinete. Unos kilómetros más tarde ambos se retan a un duelo donde dirigen sus
coches a toda velocidad el uno contra el otro. El Jinete se arruga y gira
bruscamente para evitar la colisión con Max. Con el ego y su reputación herida,
The Nightrider hundido en si mismo hace caso omiso a un señal de advertencia y
tras un aparatoso accidente acaba por dejar su vida y la de su chica en el asfalto.
La banda del Cortauñas no tardará en reclamar venganza y la cabeza de Max será
el precio a pagar y con lo único que podrán redimir su sed de odio. Así es como da comienzo una de las joyas del cine Australiano de los 70. El
culpable de esta Gesta se llamaba George Miller.
Un tipo al que le entregaron
un cheque por un valor de 350 mil dólares Australianos y que sacó petrolio de
tan vergonzante presupuesto. Años más tarde, la película sigue conservando su
esencia y maquillando la precariedad de su presupuesto. A Miller no le llegaba
el dinero ni para poder lucir un vestuario digno, teniendo que usar derivados
sintéticos para confeccionar el cuero que debían lucir sus personajes. Tampoco
podía disponer de la tencnología suficiente como para manejarse en campo
técnico. O poder ser generoso con los vehículos utilizados en el filme,
teniendo que pedir prestadas algunas de las motocicletas que aparecen en
pantalla. ¿Y qué hace Miller? Consigue una obra excelsa, pura y mítica. Cine en
crudo. Una historia de sucesivas venganzas situadas en un futuro pre
apocalíptico, en el que las bandas de motoristas nómadas se están adueñando de
la carretera nutriéndose de la falta de medios y motivación que azota el cuerpo
de policía. Mad Max 1, imprime una fuerza visual e interpretativa asombrosa. Acompañada por
la potente BSO del ya fallecido compositor Australiano Brian May.
El manejo de
Miller a la cámara en esas persecuciones y planos infinitos sobre la carretera
son exquisitos. El ritmo narrativo es vertiginoso. A pesar de la sencillez de
su argumento. Hay que destacar los personajes que aparecen en ella. Desde un
recién despuntado Mel Gibson, que se entrega por completo como demuestra en la
parte final de la cinta, cuando herido de gravedad hace que Johnny el Niño, se
tenga que amputar un tobillo para salvar su vida. Ese momento en el que Max
exhala desencajado y arrástrándo su pierna mutilada, es un recital que le
brindaría un futuro prometedor en el mundo del cine. Pero la verdadera fuerza
reside en sus enemigos. Una banda de motoristas liderada por El Cortauñas, que
está interpretado por Hugh Keays Byrne. La exibición de talento de este actor
resulta apabullante e inolvidable. Los caprichos de la industria nos han
privado de poder disfrutar de este intérprete. Merecía algo más, habría podido
con lo que le hubieran ofrecido para deleite del espectador. Uno de los puntos
fuertes de esta película reside en su figura. Y su mano derecha Bubba Zanetti
el tipo de la Mauser interpretado por el recién fallecido Geoff Parry.
El sistema económico ha fracasado, los líderes perdieron para dar paso al caos:
''Por razones olvidadas hace largo tiempo, dos poderosas tribus guerreras se
declararon la guerra, provocando un incendio que devoró a las ciudades. Sin
combustible ya no eran nada. Construyeron una casa de paja. Las máquinas
rugientes jadearon y se detuvieron. Los líderes hablaron... y hablaron... y
hablaron. Pero nada pudo detener la avalancha. El mundo se tambaleó. Las
ciudades estallaron en un vendaval de pillaje, en una tormenta de miedo. Los
hombres se comieron a los hombres. Los caminos eran pesadillas interminables.
Sólo sobrevivían los que se adaptaban a vivir de los desechos o eran tan
brutales como para dedicarse al pillaje. Ciudades desaparecidas, barridas''.
Director: George Miller.
Intérpretes: Mel
Gibson, Joanne
Samuel, Steve
Bisley, Hugh
Keays-Byrne, Roger
Ward, Tim
Burns, Geoff
Parry.
Corría el año 1979, cuando un joven Mel Gibson junto al director australiano, George Miller (ganador hace 4 años de la mejor película de animación con su "Happy Feet (2006)" y guionista de aquel sorprendente largometraje como fue "Babe (2005)", título que se coló entre los cinco finalistas que optaban a la mejor película de aquel año) que debutaba en la dirección, iniciaban la saga apocalyptica con toques de western: "Mad Max", en ella reflejaban un futuro anárquico dominado por el caos en un mundo desolado después del holocausto nuclear. La saga que estuvo compuesto de 3 películas (bueno de momento, muy pronto se espera de una cuarta con Charlize Theron en el plantel de actores) destacaría su segunda parte , que a pesar de que continuaciones no superan al original, este caso es una excepción, siendo bajo mi punto de vista la mejor de la trilogía. El film, con un guión del propio Miller, supuso el lanzamiento al estrellato de Mel Gibson (que curiosamente en los trailers promocionales de la obra, se centraron más en las escenas de acción que al actor ya que por aquella época su nombre era todavía de un autentico desconocido). El argumento pondría a Mel Gibson en el papel de Max Rockatansky, un héroe solitario y atormentado en un mundo donde la gasolina se convertiría en el poder más preciado. A pesar de la reducción del grado de violencia respecto a la primera parte, de la cual en países como Francia y Suecia fue prohibida su distribución, en esta secuela aumentaría el grado de espectacularidad, con memorables escenas de persecución y acción (todas ellas sin hacer uso del efectos digitales) detalle que fue de bastante agrado para los seguidores de esta saga. Destacó la genial introducción del film donde narra como el mundo inicia su destrucción, a la vez que hago mención de la interesante banda sonora compuesta por Brian May sin olvidarme el elenco de villanos que podemos ver: entre ellos, Humungus y su acompañante,Wez (interpretado por Vernon Wells). Como curiosidad, en un inicio George Miller, quería que el personaje interpretado por Mel Gibson llevara un parche en el ojo, hecho que no se llevó a cabo por la negativa del actor, esa idea la llevaría John Carpenter ese mismo año con Kurt Russell para realizar el papel de "serpiente" Plissken en "1997: Rescate en Nueva York (1981)".
Frase para recordar: "Mi vida se apaga...mi vista se oscurece...sólo me quedan recuerdos. Recuerdos que evocan el pasado. Una época de caos, de sueños frustrados, éste páramo. Pero sobre todo, recuerdo al Guerrero de la Carretera, al hombre que llamábamos Max".
Título original: Mad Max 2: The road warrior. Director: George Miller Intérpretes: Mel Gibson, Bruce Spencer, Vernon Wells.
Corría el año 1979, cuando un joven Mel Gibson junto al director australiano, George Miller (ganador hace 4 años de la mejor película de animación con su "Happy Feet (2006)" y guionista de aquel sorprendente largometraje como fue "Babe (2005)", título que se coló entre los cinco finalistas que optaban a la mejor película de aquel año) que debutaba en la dirección, iniciaban la saga apocalyptica con toques de western: "Mad Max", en ella reflejaban un futuro anárquico dominado por el caos en un mundo desolado después del holocausto nuclear. La saga que estuvo compuesto de 3 películas (bueno de momento, muy pronto se espera de una cuarta con Charlize Theron en el plantel de actores) destacaría su segunda parte , que a pesar de que continuaciones no superan al original, este caso es una excepción, siendo bajo mi punto de vista la mejor de la trilogía. El film, con un guión del propio Miller, supuso el lanzamiento al estrellato de Mel Gibson (que curiosamente en los trailers promocionales de la obra, se centraron más en las escenas de acción que al actor ya que por aquella época su nombre era todavía de un autentico desconocido). El argumento pondría a Mel Gibson en el papel de Max Rockatansky, un héroe solitario y atormentado en un mundo donde la gasolina se convertiría en el poder más preciado. A pesar de la reducción del grado de violencia respecto a la primera parte, de la cual en países como Francia y Suecia fue prohibida su distribución, en esta secuela aumentaría el grado de espectacularidad, con memorables escenas de persecución y acción (todas ellas sin hacer uso del efectos digitales) detalle que fue de bastante agrado para los seguidores de esta saga. Destacó la genial introducción del film donde narra como el mundo inicia su destrucción, a la vez que hago mención de la interesante banda sonora compuesta por Brian May sin olvidarme el elenco de villanos que podemos ver: entre ellos, Humungus y su acompañante,Wez (interpretado por Vernon Wells). Como curiosidad, en un inicio George Miller, quería que el personaje interpretado por Mel Gibson llevara un parche en el ojo, hecho que no se llevó a cabo por la negativa del actor, esa idea la llevaría John Carpenter ese mismo año con Kurt Russell para realizar el papel de "serpiente" Plissken en "1997: Rescate en Nueva York (1981)".
Frase para recordar: "Mi vida se apaga...mi vista se oscurece...sólo me quedan recuerdos. Recuerdos que evocan el pasado. Una época de caos, de sueños frustrados, éste páramo. Pero sobre todo, recuerdo al Guerrero de la Carretera, al hombre que llamábamos Max".
Título original: Mad Max 2: The road warrior. Director: George Miller Intérpretes: Mel Gibson, Bruce Spencer, Vernon Wells.
Historia maya por el siempre polémico en cuanto en las direcciones de sus películas Mel Gibson.Compagina acción,aventuras y amor envuelto con una dura violencia en sus imágenes ambientada en territorios mexicanos antes de su conquista por los españoles.
Motivo de polémica por historiadores del mundo maya y activistas indígenas de Guatemala que intentaron evitar la proyección de la película aún asi no quita el gran trabajo de Gibson,espéctacular y visualmente realista.
Historia maya por el siempre polémico en cuanto en las direcciones de sus películas Mel Gibson.Compagina acción,aventuras y amor envuelto con una dura violencia en sus imágenes ambientada en territorios mexicanos antes de su conquista por los españoles.
Motivo de polémica por historiadores del mundo maya y activistas indígenas de Guatemala que intentaron evitar la proyección de la película aún asi no quita el gran trabajo de Gibson,espéctacular y visualmente realista.