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Cuando uno lee semejante título, si es que no sabe nada de
esta película, se puede pensar en algún film de género bíblico. Nada más lejos
de la realidad.
La ira de Dios fue una de las películas
que pude grabar en mi VHS doméstico, creo recordar que la emitieron en la 2 de
televisión española, y aunque yo era muy pequeño, y no muy aficionado al
western hasta que no cumplí más edad, pude apreciar a mi juicio la mejor obra del
director Ralph Nelson. En tierras mejicanas en los
años 20, un vividor irlandés llamado Emmett es coaccionado por un sinvergüenza
y gordinflón que responde al nombre de Jennings para transportar un cargamento
de alcohol, dicho cargamento contiene en realidad armas, lo que desencadenará
el encarcelamiento de Emmett, Jennings y…un sacerdote con el cuerpo de Robert Mitchum, que de la noche a la mañana
serán reclutados por el coronel Santilla para liberar una pequeña población
asolada por un tirano llamado De la Plata (Frank Langella), que no tolera la
celebración de misas y se deshace de cualquier sacerdote que pise sus tierras.
La ira de Dios es un simpatiquísimo film que me atrajo sobre
todo por la cordialidad de los tres protagonistas, que entre engaños, honor,
amistad y valor se enfrentarán a un estupendo villano encarnado por un Langella
que hace de su personaje todo un hilarante malhechor de altura, y que, debido a
su rechazo a la religión, la locura, el nulo pestañeo de sus ojos, además de sus
muecas, no me extraña que años después interpretase aDrácula.
Por su parte Robert Mitchum era la tercera vez (que yo sepa)
que fingía ser sacerdote, después de La noche del cazador y El póker de la
muerte, mediante un personaje llamado Van Horn, un predicador simpático, con
chascarrillos memorables, que le hacen parecer algo que no es, un cura fingido
que ofrece sacramentos, y que da esperanza a un pueblo necesitado de la fe
necesaria para acabar con el sinsentido y la maldad que imprime De la Plata.
El pulso narrativo del director Ralph Nelson no decae en ningún
momento y, ya sea en escenas de corte íntimo, como la celebración de
confesiones, bodas y bautizos de los campesinos mediante la mano de Van Horn, y
la acción de las ráfagas de metralleta Thompson, los puñetazos, los chistes, y
escenas como la carga final contra la hacienda de De la Plata, todo ello, hace
que el conjunto sea digno de verse y disfrutarse.
Por otra parte, me quedaría a medias si no comentase que uno
de los ingredientes estrella de La ira de Dios es sin duda, la música del
argentino Lalo Schifrin (Misión Imposible, Harry el sucio), y dejo para el
final la guinda del pastel, al ser la película la última aparición en pantalla
de la gran y recordada Rita Hayworth (Gilda).
Frases para recordar: "¡¡Nos llevaremos estupendamente!! Prometo ser
bueno".
Título original: The Wrath of God.
Director: Ralph Nelson.
Intérpretes: Robert Mitchum,Frank Langella,Rita Hayworth,John Colicos,Victor Buono,Ken Hutchison,Paula Pritchett
Trailer:
Reseña escrita por Cristóbal Jiménez
Dedicado a José de Blas Pérez (Pepe), y a toda su familia de
Falces (Navarra)
Cuando uno lee semejante título, si es que no sabe nada de
esta película, se puede pensar en algún film de género bíblico. Nada más lejos
de la realidad.
La ira de Dios fue una de las películas
que pude grabar en mi VHS doméstico, creo recordar que la emitieron en la 2 de
televisión española, y aunque yo era muy pequeño, y no muy aficionado al
western hasta que no cumplí más edad, pude apreciar a mi juicio la mejor obra del
director Ralph Nelson. En tierras mejicanas en los
años 20, un vividor irlandés llamado Emmett es coaccionado por un sinvergüenza
y gordinflón que responde al nombre de Jennings para transportar un cargamento
de alcohol, dicho cargamento contiene en realidad armas, lo que desencadenará
el encarcelamiento de Emmett, Jennings y…un sacerdote con el cuerpo de Robert Mitchum, que de la noche a la mañana
serán reclutados por el coronel Santilla para liberar una pequeña población
asolada por un tirano llamado De la Plata (Frank Langella), que no tolera la
celebración de misas y se deshace de cualquier sacerdote que pise sus tierras.
La ira de Dios es un simpatiquísimo film que me atrajo sobre
todo por la cordialidad de los tres protagonistas, que entre engaños, honor,
amistad y valor se enfrentarán a un estupendo villano encarnado por un Langella
que hace de su personaje todo un hilarante malhechor de altura, y que, debido a
su rechazo a la religión, la locura, el nulo pestañeo de sus ojos, además de sus
muecas, no me extraña que años después interpretase aDrácula.
Por su parte Robert Mitchum era la tercera vez (que yo sepa)
que fingía ser sacerdote, después de La noche del cazador y El póker de la
muerte, mediante un personaje llamado Van Horn, un predicador simpático, con
chascarrillos memorables, que le hacen parecer algo que no es, un cura fingido
que ofrece sacramentos, y que da esperanza a un pueblo necesitado de la fe
necesaria para acabar con el sinsentido y la maldad que imprime De la Plata.
El pulso narrativo del director Ralph Nelson no decae en ningún
momento y, ya sea en escenas de corte íntimo, como la celebración de
confesiones, bodas y bautizos de los campesinos mediante la mano de Van Horn, y
la acción de las ráfagas de metralleta Thompson, los puñetazos, los chistes, y
escenas como la carga final contra la hacienda de De la Plata, todo ello, hace
que el conjunto sea digno de verse y disfrutarse.
Por otra parte, me quedaría a medias si no comentase que uno
de los ingredientes estrella de La ira de Dios es sin duda, la música del
argentino Lalo Schifrin (Misión Imposible, Harry el sucio), y dejo para el
final la guinda del pastel, al ser la película la última aparición en pantalla
de la gran y recordada Rita Hayworth (Gilda).
Frases para recordar: "¡¡Nos llevaremos estupendamente!! Prometo ser
bueno".
Título original: The Wrath of God.
Director: Ralph Nelson.
Intérpretes: Robert Mitchum,Frank Langella,Rita Hayworth,John Colicos,Victor Buono,Ken Hutchison,Paula Pritchett
Trailer:
Reseña escrita por Cristóbal Jiménez
Dedicado a José de Blas Pérez (Pepe), y a toda su familia de
Falces (Navarra)
Se trata de la segunda película como director de Robert Aldrich producida por su propio protagonista, Burt Lancaster y basada en la novela de Paul Wellman "Bronco Apache". A diferencia de algunos westerns en donde se nos presenta una imagen de los indios más secundaria, en "Apache" Aldrich construye un acercamiento a la figura de la tribu guerrera algo más respetuosa y más cercana al realismo que al misticismo o el maniqueísmo.
Massai (Lancaster), es el único de su tribu que se resiente a rendirse ante el hombre blanco, mantiene su orgullo de raza y reivindica mantener su forma de vida. Aun así, nunca se aleja de ser un ser humano complejo y lleno de contradicciones. Lancaster representa a la perfección a un líder apache de gran presencia y personalidad que sólo entiende el sentido de su propia vida como un guerrero: Fuerte, independiente y sin ningún tipo de sometimiento, lo cual considera una debilidad.
Después de la rendición del jefe Apache Gerónimo (Monte Blue), el ejército estadounidense envía a todos los varones jóvenes de la tribu apache muy lejos de donde viven sus familias. Apresados con grilletes son enviados bajo vigilancia hacia una reserva india de Florida. Massai, que desde el comienzo del film es apresado contra su voluntad para formar parte del grupo de rendidos, consigue escapar durante el trayecto el tren. Iniciará así un largo viaje de vuelta hacia sus tierras, con la esperanza de liderar nuevas luchas contra los soldados. Sin embargo, en su largo camino luchará por la supervivencia, recorrerá la dureza del desierto, el ajetreado mundo de la civilización y conocerá otras formas de vida, como la de los cheyennes que han conseguido sus propias plantaciones de maíz a pesar de haberse rendido y vivir en reservas. De vuelta a su poblado, intenta convencer al jefe indio y su hija Nalinle (Jean Peters), de que planten maíz para conseguir su libertad y autonomía frente al sometimiento del hombre blanco, pero de nuevo es capturado, iniciándose así su segunda gran escapada y aventura, convirtiéndose en un hombre cada vez más indómito, escurridizo, vengativo y cruel. Sin embargo, durante su vida itinerante, la presencia y compañía de Nalinle aportará una nueva perspectiva que les permita cambiar sus vidas sin perder su orgullo.
"Apache" junto a otros films como "Flecha rota" de Delmer Daves fueron de los pocos de la época que ensalzaron la figura de los indígenas en contra del hombre blanco. Aldrich consiguió una obra rica en matices, con una interpretación de Lancaster muy apropiada a su condición física de atleta. Son muy destacables las escenas de Lancaster corriendo y saltando entre las rocas, realizando verdaderas piruetas mientras salta y dispara al mismo tiempo.
La fotografía de Ernest Laszlo se encarga de ensalzar las cualidades de un paisaje que se extiende desde las llanuras pasando por los ríos hasta los montes más agrestes constituidos por rocas. Un paisaje de gran belleza que siempre está presente como representación de lo que significa para la tribu que habita dichas tierras, un sitio de donde pretende desplazarlo el hombre blanco y que Massai se niega a abandonar.
Aldrich repetiría con Lancaster en otro film de similar temática: "La venganza de Ulzana (1972)". En definitiva, un notable western olvidado e infravalorado.
Se trata de la segunda película como director de Robert Aldrich producida por su propio protagonista, Burt Lancaster y basada en la novela de Paul Wellman "Bronco Apache". A diferencia de algunos westerns en donde se nos presenta una imagen de los indios más secundaria, en "Apache" Aldrich construye un acercamiento a la figura de la tribu guerrera algo más respetuosa y más cercana al realismo que al misticismo o el maniqueísmo.
Massai (Lancaster), es el único de su tribu que se resiente a rendirse ante el hombre blanco, mantiene su orgullo de raza y reivindica mantener su forma de vida. Aun así, nunca se aleja de ser un ser humano complejo y lleno de contradicciones. Lancaster representa a la perfección a un líder apache de gran presencia y personalidad que sólo entiende el sentido de su propia vida como un guerrero: Fuerte, independiente y sin ningún tipo de sometimiento, lo cual considera una debilidad.
Después de la rendición del jefe Apache Gerónimo (Monte Blue), el ejército estadounidense envía a todos los varones jóvenes de la tribu apache muy lejos de donde viven sus familias. Apresados con grilletes son enviados bajo vigilancia hacia una reserva india de Florida. Massai, que desde el comienzo del film es apresado contra su voluntad para formar parte del grupo de rendidos, consigue escapar durante el trayecto el tren. Iniciará así un largo viaje de vuelta hacia sus tierras, con la esperanza de liderar nuevas luchas contra los soldados. Sin embargo, en su largo camino luchará por la supervivencia, recorrerá la dureza del desierto, el ajetreado mundo de la civilización y conocerá otras formas de vida, como la de los cheyennes que han conseguido sus propias plantaciones de maíz a pesar de haberse rendido y vivir en reservas. De vuelta a su poblado, intenta convencer al jefe indio y su hija Nalinle (Jean Peters), de que planten maíz para conseguir su libertad y autonomía frente al sometimiento del hombre blanco, pero de nuevo es capturado, iniciándose así su segunda gran escapada y aventura, convirtiéndose en un hombre cada vez más indómito, escurridizo, vengativo y cruel. Sin embargo, durante su vida itinerante, la presencia y compañía de Nalinle aportará una nueva perspectiva que les permita cambiar sus vidas sin perder su orgullo.
"Apache" junto a otros films como "Flecha rota" de Delmer Daves fueron de los pocos de la época que ensalzaron la figura de los indígenas en contra del hombre blanco. Aldrich consiguió una obra rica en matices, con una interpretación de Lancaster muy apropiada a su condición física de atleta. Son muy destacables las escenas de Lancaster corriendo y saltando entre las rocas, realizando verdaderas piruetas mientras salta y dispara al mismo tiempo.
La fotografía de Ernest Laszlo se encarga de ensalzar las cualidades de un paisaje que se extiende desde las llanuras pasando por los ríos hasta los montes más agrestes constituidos por rocas. Un paisaje de gran belleza que siempre está presente como representación de lo que significa para la tribu que habita dichas tierras, un sitio de donde pretende desplazarlo el hombre blanco y que Massai se niega a abandonar.
Aldrich repetiría con Lancaster en otro film de similar temática: "La venganza de Ulzana (1972)". En definitiva, un notable western olvidado e infravalorado.
Joaquín
Luis Romero Hernández Marchent (Madrid, 26 de agosto de 1921 –
ibídem, 17 de agosto de 2012) nace en el seno de una familia
dedicada al cine: su padre, Joaquín Romero Marchent Gómez ejerció
de crítico cinematográfico y director de la revista "Radiocinema"
(1938 - 1963), además de productor en títulos como Cielo negro
(Manuel Mur Oti, 1951). Sus hermanos, Carlos Romero Marchent y Rafael
Romero Marchent se dedicaron a la interpretación, en algunas
ocasiones estuvieron dentro del reparto de las películas de Joaquín,
pero fue Rafael quien recogió el testigo pasándose a la dirección,
primero como ayudante de su hermano y luego asumiendo la realización
de sus propias películas; algunas de ellas con gran popularidad
dentro del denominado spaghetti western, tales como Garringo (1969) o
Manos torpes (1970). Por último, su hermana Ana María Romero
Marchent, ejerció de montadora en films como el ya citado Garringo,
así como de profesora de la materia en la Escuela Oficial de
Cinematografía (EOC).
Con
tales precedentes, sorprende que Joaquín en un principio quisiera
dedicarse al fútbol, una de sus grandes pasiones, que llegó a
convertirse en profesión al fichar por un equipo gallego de segunda
división. Una lesión de menisco le impidió seguir jugando y
gracias a los contactos de su padre se introduce en el cine, primero
como meritorio y después como segundo y primer ayudante de dirección
a las órdenes de directores como Luis Lucia o Francisco Rovira
Beleta.
Toda
esta información, se puede consultar en un magnífico libro de
Carlos Aguilar: "Joaquín Romero Marchent, la firmeza del
profesional" (Diputación de Almería, 1999), posiblemente el
estudio más completo que existe sobre el director español, ya que
está basado en una entrevista de Aguilar a Romero Marchent, y sus
declaraciones arrojan la luz suficiente para el acercamiento adecuado
a su figura. En vista del interés del libro y de que actualmente se
encuentra descatalogado, lo usaré como fuente principal para el
recuerdo a este excepcional cineasta, y en más de una ocasión sus
propias palabras servirán para ilustrar de manera inmejorable sus
distintas etapas, de las cuales me centraré solo en sus westerns;
por cantidad y calidad principalmente, así como para reivindicar a
Romero Marchent como un pionero del género en España y en Europa,
tal y como veremos a continuación.
Tras
debutar en la dirección con un policíaco, Juzgado Permanente
(1953) y acometer justo después una nueva versión de Sor Angélica
(1954), un drama muy popular de los años treinta, a Romero Marchent
le encargan la realización de dos películas que se rodarán
simultáneamente para aprovechar decorados, actores y gastos en
general: El Coyote y La justicia del Coyote (1955). Se trata de una
producción de Eduardo Manzanos, figura imprescindible dentro del
cine de género popular europeo de los años sesenta y setenta, en
coproducción con México (oficiosa, según cuenta Carlos Aguilar en
el libro, es decir, no declarada) y adaptando uno de los personajes
más conocidos de la literatura pulp española; "El Coyote"
de José Mallorquí. Se puede considerar a este díptico, y sin
murcho margen de error, como el primer western rodado en España, ya
que aunque existen ejemplos anteriores (1), se tratan en realidad de
parodias o segmentos al estilo de la simpática secuencia onírica
que aparece en ¡Bienvenido, Mr. Marshall! (Luis García Berlanga;
1953), mediante un sueño del personaje de José Isbert. Por otra
parte, el personaje creado por Mallorquí, aunque tiene
reminiscencias de "El Zorro" de Johnston McCulley, recrea
una especie de Oeste español, ya que la acción transcurre en
California durante el virreinato de Nueva España (1535-1821). El
ingrediente hispánico que añade Mallorquí, unido a su amplio
conocimiento del Oeste americano fue una de las claves del éxito de
sus novelas en España, y no sería descabellado afirmar que el
novelista primero, y Romero Marchent después como director de cine,
son los verdaderos pioneros del género en nuestro país.
Aunque
El Coyote y La justicia del Coyote no deja de ser un intento de
explotar el filón mexicano de héroes enmascarados de la época, con
el protagonismo del muy popular por entonces Abel Salazar (más aún
con la posterior El vampiro de Fernando Méndez; 1957), no carece del
todo de interés, en gran parte por la realización de Romero
Marchent, que suple con imaginación las carencias de presupuesto.
Jesús Franco, otro director importante dentro del cine de género
español, participa como guionista y no será la última vez que
colabore con Marchent en dicho cometido.
Inmediatamente
después de esta etapa, se ve obligado a trabajar en el género
español por excelencia: la comedia, realizando películas de
carácter casi neorrealista tan importantes como Fulano y Mengano
(1956), y no sería hasta 1962 cuando emprende el rodaje de un nuevo
western, La venganza del Zorro, en lo que viene a ser una renovación
del díptico sobre "El Coyote" pero en color y con más
medios de producción, manteniendo parte del equipo (el productor
Eduardo Manzanos, José Mallorquí y Jesús Franco en el guión).
Curiosamente de este personaje también surgiría un díptico, ya que
Alberto Grimaldi, mítico productor italiano que algunos años más
tarde alcanzaría el éxito con Sergio Leone primero, Federico
Fellini o Bernardo Bertolucci después, compró los derechos para su
explotación mundial y animado por los beneficios obtenidos impulsó
el segundo título con "El Zorro" como protagonista:
Cabalgando hacia la muerte (1962), de nuevo con Marchent y Mallorquí
en la dirección y el guión respectivamente. Al igual que los
Coyotes, el díptico sobre "El Zorro" no deja de ser un
western solo en parte, ya que son películas populares de acción,
cuya finalidad es la de ser explotadas como seriales, pero sin lugar
a dudas constituyen el inicio de una nueva industria en España: para
el rodaje de Cabalgando hacia la muerte, Grimaldi y Manzanos deciden
construir un poblado del Oeste, concretamente en Hoyo de Manzanares,
primera construcción de estas características en el país, con el
importante impacto que generó en el devenir del eurowestern o
spaghetti western.
También
sería producido por Grimaldi y Manzanos su siguiente western, Tres
hombres buenos (1963), adaptando José Mallorquí su propia novela
del mismo título, con el poblado de Hoyo de Manzanares ya a pleno
rendimiento y por primera vez afrontando el género de manera
clásica, sin influencias culturales externas. Fernando Sancho y Aldo
Sambrell, futuras estrellas del western europeo, aparecen por primera
vez en un reparto del género, del cual también forman parte Paul
Piaget y Robert Hundar (pseudónimo de Claudio Undari), dos de los
actores que más han trabajado con Romero Marchent y que repetirán
en sus siguientes películas.
A
estas alturas, por si fuera poco haber contribuido a la creación del
western español, e impulsar la construcción del primer poblado del
oeste en el país, para su siguiente película, El sabor de la
venganza (1963), primera obra maestra de su filmografía dentro del
género, hay que añadir otro logro pionero a la carrera de Marchent:
el descubrimiento de Almería como localización clave para el futuro
devenir del eurowestern. El propio director se lo cuenta así a
Carlos Aguilar:
"Antes
de El sabor de la venganza solo se había rodado un western en
Almería, Tierra Brutal (1962), dirigido por un inglés, Michael
Carreras. El director de fotografía, Alfredo Fraile, era muy amigo
mío y coincidimos en el estudio donde veían la proyección. Entré
con él en la sala, con interés ya que se trataba de un género que
estaba tocando yo, y me quedé alucinado con aquellos paisajes. Le
pregunté a Fraile dónde estaba rodado aquello y él me contestó
que en Almería. Como puedes imaginarte, me faltó tiempo para
decirle a Grimaldi que sabía de un sitio ideal en España para rodar
nuestros siguientes westerns. En Almería contacté con un taxista
maravilloso, Diego, que me enseñó la provincia de cabo a rabo. Fue
uno de los individuos más importantes de la historia del cine en
Almería, era capaz de meterse con el coche en los sitios más
demenciales para enseñarte la localización más insólita. Después
de mis películas, este hombre disparó su cotización y ganó mucho
dinero trabajando para toda la gente que fue a rodar durante la época
dorada de Almeria, empezando por Sergio Leone, por supuesto."
El
paisaje almeriense en El sabor de la venganza se convierte en un
elemento dramático de primer orden en manos de Romero Marchent, con
un nivel técnico muy notable ya dentro del género: una
planificación exquisita, un uso envidiable de la profundidad de
campo y una fotografía en color prodigiosa de Rafael Pacheco. La
música del italiano Riz Ortolani completa la función de manera
inmejorable. En el reparto; Richard Harrison, Gloria Milland,
Claudio Undari y Fernando Sancho inaugurando su clásico papel de
mexicano, tantas y tantas veces repetido en multitud de spaghettis
westerns. Se trata de la primera película producida a medias entre
Alberto Grimaldi y el propio director, mediante la recién creada
Centauro Films. Por primera vez Marchent también es el responsable
del guión junto a su hermano Rafael, con una historia de venganza,
muy habitual en el género, pero que resuelve a su manera mediante
una particular ética de la violencia; ya que conviene recordar que
el propio director madrileño se ha visto siempre más cercano al
estilo de John Ford o Anthony Mann que al del posterior y más
violento spaguetti western surgido a partir de 1964 con Por un puñado
de dólares de Sergio Leone.
Llegados
a este punto, y sin ánimo de polemizar, ya que tanto el estilo del
director madrileño, como el del italiano, me parecen magníficos
cada uno a su manera, no estaría mal recordar que Marchent fue
decisivo en el advenimiento del enorme éxito que obtendría Leone
con Por un puñado de dólares primero, e incluso después con La muerte tenía un precio (1965). A este respecto, las siguientes
declaraciones de Marchent así lo atestiguan:
"Hubo
que hacerlo todo, partir de cero. Los caballos salían corriendo a
derecha o izquierda del encuadre cuando oían "acción",
los "especialistas" se daban de morros con el suelo seis o
siete veces antes de caer sobre el jinete, nadie sabía desenfundar.
Tuvimos que hacerlo todo, hasta la última cartuchera. Cuando
llegaron los italianos para hacer los westerns, empezando por Sergio
Leone, se encontraron con toda la base profesional e industrial que
establecí yo. Es más, Leone rodó Por un puñado de dólares, al
noventa por ciento en el poblado de Hoyo de Manzanares y sus
alrededores. Y lo hizo con las cosas que nosotros fabricamos para
nuestros westerns, con nuestros decoradores, con nuestros
"especialistas". Su productor, Alberto Grimaldi, empezó
produciendo mis westerns y pudo emprender La muerte tenía un precio
gracias al dinero, mucho dinero, que ganó con todos ellos."
Uno
de esos westerns de Romero Marchent con los que obtuvo grandes
beneficios en todo el mundo Grimaldi, fue el inmediatamente posterior
a El sabor de la venganza, Antes llega la muerte (1964). Se trata de
la segunda obra maestra de su director en el género, toda una
superproducción para la época en el cine español: en total, doce
semanas de rodaje, alternando localizaciones en Madrid, Almería y
Picos de Europa. En Madrid, cerca de Colmenar Viejo se construyó un
fuerte que costó más de tres millones de pesetas. Según Marchent:
"...que
era el presupuesto completo de muchas películas españolas de la
época. Para que luego digan que mis westerns eran películas
menores. Precisamente se hacían en coproducción porque en el cine
español no había manera de abordarlos. Por ser demasiado caros, que
es justo lo contrario de menores."
El
argumento de Antes llega la muerte está basado en una historia real,
sobre la muerte de la madre de Joaquín, y repiten Rafael Pacheco y
Riz Ortolani, en el cometido fotográfico y musical respectivamente,
manteniendo el alto nivel ya alcanzado en El sabor de la venganza.
En el reparto nos encontramos con sus habituales Paul Piaget, Claudio
Undari, Fernando Sancho, Gloria Milland y la incorporación de Jesús
Puente en un rol protagonista. Para el público español, lógicamente
Jesús Puente es bastante más conocido a día de hoy por otros
cometidos televisivos, mucho más cercanos para el gran público.
Como anécdota, Romero Marchent lo deja bastante claro, de esta
manera:
"...me
parece indignante el tipo de crítica breve que se hace ahora en los
periódicos, de cara a las películas que emiten en televisión. Se
nota claramente que no han visto casi ninguna de las películas que
emiten, se expresan con ironía y hasta desprecio. Recuerdo una vez
que se pasó por televisión Antes llega la muerte y la crítica,
corta e ignorante, finalizaba diciendo: "Mala, y encima con
Jesús Puente". Lo que aquel imbécil claramente ignoraba es que
cuando yo hice la película, Jesús Puente era un completo
desconocido. Por que no era precisamente el Jesús Puente de los
concursos amorosos de la tele, de ahí que se le pudiera escoger para
el reparto de un western."
Acto
seguido, comienza aquí una etapa algo más floja por parte del
director, pero aún dentro del western, con Aventuras del oeste
(1965), La muerte cumple condena (1966) y Fedra West (1968). La
primera, aún contando con un nivel de producción muy similar a El
sabor de la venganza y Antes llega la muerte resulta bastante más
fallida, como fallido fue el intento de contratar al legendario y
polémico actor alemán Klaus Kinski para el film. Hay una anécdota
muy particular sobre ello, que no puedo dejar de recordar mediante
estas declaraciones que aparecen, de nuevo, en el libro de Carlos
Aguilar sobre su figura:
"Yo no sabía absolutamente nada de él, ni le había visto en ninguna
película. Pero me habían comentado que en Alemania daba que hablar
por que cuando estaba haciendo un monólogo en el teatro le había
partido la cara a un espectador. A mí no me hacía gracia que me
trajeran a un tipo así de irascible, pero bueno. El caso es que ya
llegó al aeropuerto en plan fanfarrón, y el intérprete me advirtió
de lo antipático que era, apenas llegaron a Hoyo de Manzanares. De
entrada, insistió en maquillarse él solo. Y lo hizo, pero tirando
por el suelo y por los aires todas las cosas de las maquilladoras.
Cuando por fin salió maquillado y caracterizado de bandido, dijo que
su expresividad era tan especial que exigía un sombrero especial, y
no el que habíamos dispuesto para él. Me armé de paciencia, y pedí
a las mujeres de vestuario que le mostraran los sombreros que
quedaban por adjudicar. Se fue probando los sombreros, uno detrás de
otro y tirándolos al suelo. A mí ya me tenía hasta los cojones, y
entonces le quitó el sombrero a otro actor diciendo que ese era el
que le gustaba. Yo, al borde del disparadero, le dije que ese no
podía usarlo, por que tenía raccord. Él respondió que ni raccord
ni nada, que él era una estrella y que yo repitiera los planos que
ya había hecho con ese actor, poniéndole otro sombrero. Justo ahí
fue cuando estallé y le solté cuatro puñetazos que le dejaron
medio inconsciente en el suelo. A continuación hice que le
devolvieran al aeropuerto. Siendo yo el director y coproductor de la
película, un cretino de tal calibre no podía trabajar conmigo. Yo
no consiento chulerías ni a Klaus Kinski ni a nadie."
Este
carácter colérico de Romero Marchent ha sido muy comentado dentro
del cine español, como se puede comprobar en el incidente con Klaus
Kinski, aunque a buen seguro también le marcó para siempre, y sin
remedio, cuando dirigió sus iras contra Alberto Grimaldi y el
spaguetti western en general:
"Un
socio de Grimaldi, Salvatore Alabiso, me dijo que por su cuenta había
contratado a un par de actores para papeles importantes. Yo le dije
que él no era quien para decidir actores, que para eso estaba el
director. Estábamos en Roma, en la oficina de Grimaldi, por lo cual
me planté en su despacho, le expuse mi indignación y rompí mi
contrato en sus narices. Además le dije que estaba hasta los cojones
del spaguetti western y de las películas que él hacía con Leone,
Corbucci, Sollima y todos los demás italianos. Además, el éxito de
Leone había endiosado a Grimaldi en exceso. Se había cambiado a una
oficina gigantesca, toda de marmol y lujosísima hasta la locura,
hacía películas con Fellini y Bertolucci, se traía a Marlon Brando
de Hollywood, se había convertido en el productor más importante e
internacional del cine italiano, y lo sabía muy bien."
La
última colaboración entre Grimaldi y Marchent se produjo en La
muerte cumple condena, un western que si bien no se encuentra entre
lo mejor de lo filmado por el madrileño, es bastante superior a
Aventuras del oeste y como curiosidad, cuenta con Sergio Donati como
guionista, uno de los artífices del argumento de la exitosa La
muerte tenía un precio. Caso parecido es el de Fedra West, un
encargo del productor José Frade a Romero Marchent, que adapta la
tragedia de Eurípides al Oeste, algo que ya habían hecho
anteriormente, pero en otros géneros: Manuel Mur Oti en Fedra
(1956) y Jules Dassin en Phaedra (1962), pero que en su traslación
al western gana en sugerencia; en especial por esa relación casi
incestuosa entre los personajes interpretados por Norma Bengell y
Simón Andreu.
Hubo
que esperar a 1972 para asistir a su tercera obra maestra dentro del
género, que también sería su último western para la gran
pantalla: Condenados a vivir, que propone una ruptura total con el
clasicismo de sus anteriores títulos del Oeste y apuesta por ese
estilo violento que Sam Peckinpah había popularizado por esos años.
Aunque en principio el tratamiento del film es la antítesis de lo
anteriormente realizado por Marchent; el protagonismo del habitual
Claudio Undari y los impresionantes parajes naturales nevados de los
Picos de Europa (perfectamente retratados en la fotografía de Luis
Cuadrado) nos remiten al uso del paisaje como un personaje más, algo
que el madrileño siempre había explotado muy bien. Una película
sangrienta, que por momentos se acerca al thriller o al terror, con
un guión muy bien hilvanado por Santiago Moncada y Romero Marchent,
y con la presencia de una joven Emma Cohen como única presencia
femenina entre un grupo de condenados a muerte guiados por su padre
(Undari) a través de la nieve. Posiblemente la película guarde
algún parecido con El gran silencio (Il grande silenzio, SergioCorbucci; 1968), aunque posee identidad propia y lo que sí es más
que probable es que Quentin Tarantino se inspirase en ella para
llevar a cabo Los odiosos ocho (The Hateful Eight; 2015).
Con
todo, Joaquín Romero Marchent volvería al género aunque fuera de
manera tangencial, ya que participó en la dirección, creación,
producción y coordinación general de Curro Jimenéz, la serie de
Televisión Española que arrasó desde 1976 a 1978. Su experiencia
en el cine del Oeste, a buen seguro le sirvió para encarar las
peripecias serranas del bandolero andaluz, en lo que no deja de ser
un western más o menos encubierto.
En
definitiva, Joaquín Romero Marchent supone un personaje
imprescindible dentro del cine español, pero como ocurre demasiado a
menudo con otros profesionales que se tuvieron que dedicar al cine de
género en España (Jesús Franco y Eugenio Martín por ejemplo),
debían trabajar bajo circunstancias que no eran las más adecuadas,
tal y como se lo explica el propio director a Carlos Aguilar:
"...había
que rodar acción y aventuras, ya que Censura no te dejaba hacer otra
cosa..."
Precisamente
del director granadino Eugenio Martín, veo apropiado recuperar unas
declaraciones que ilustran a la perfección lo que suponía trabajar
en la industria cinematográfica española de los sesenta y setenta:
"Particularmente,
me agobiaba la gran responsabilidad de mantener a mi familia. Hay que
considerar que haciendo una película como director, ganaba para
vivir un año. Pero como para preparar la siguiente podías tardar
otro, o rodabas dos películas al año o ganabas menos que un
albañil, por muy director de cine que fueras." (2)
Sirvan
las palabras de Eugenio Martín como epílogo inmejorable para este
recorrido por la vida y obra de Joaquín Romero Marchent, ya que, no
por casualidad, el director granadino firmó otro gran clásico del
western español como es El precio de un hombre (1966).
(1)
Para más información, ver el artículo de Carlos Aguilar "Entre
Zorros y Coyotes: la extraña raíz del western hispano-italiano de
los años 60"
http://www.cervantesvirtual.com/obra/entre-zorros-y-coyotes-la-extrana-raiz-del-western-hispanoitaliano-de-los-anos-60--0/
(2)
Extraído de "Eugenio Martín, un autor para todos los géneros",
Carlos Aguilar y Anita Haas (Retroback y Séptimo Vicio, 2008)
Joaquín
Luis Romero Hernández Marchent (Madrid, 26 de agosto de 1921 –
ibídem, 17 de agosto de 2012) nace en el seno de una familia
dedicada al cine: su padre, Joaquín Romero Marchent Gómez ejerció
de crítico cinematográfico y director de la revista "Radiocinema"
(1938 - 1963), además de productor en títulos como Cielo negro
(Manuel Mur Oti, 1951). Sus hermanos, Carlos Romero Marchent y Rafael
Romero Marchent se dedicaron a la interpretación, en algunas
ocasiones estuvieron dentro del reparto de las películas de Joaquín,
pero fue Rafael quien recogió el testigo pasándose a la dirección,
primero como ayudante de su hermano y luego asumiendo la realización
de sus propias películas; algunas de ellas con gran popularidad
dentro del denominado spaghetti western, tales como Garringo (1969) o
Manos torpes (1970). Por último, su hermana Ana María Romero
Marchent, ejerció de montadora en films como el ya citado Garringo,
así como de profesora de la materia en la Escuela Oficial de
Cinematografía (EOC).
Con
tales precedentes, sorprende que Joaquín en un principio quisiera
dedicarse al fútbol, una de sus grandes pasiones, que llegó a
convertirse en profesión al fichar por un equipo gallego de segunda
división. Una lesión de menisco le impidió seguir jugando y
gracias a los contactos de su padre se introduce en el cine, primero
como meritorio y después como segundo y primer ayudante de dirección
a las órdenes de directores como Luis Lucia o Francisco Rovira
Beleta.
Toda
esta información, se puede consultar en un magnífico libro de
Carlos Aguilar: "Joaquín Romero Marchent, la firmeza del
profesional" (Diputación de Almería, 1999), posiblemente el
estudio más completo que existe sobre el director español, ya que
está basado en una entrevista de Aguilar a Romero Marchent, y sus
declaraciones arrojan la luz suficiente para el acercamiento adecuado
a su figura. En vista del interés del libro y de que actualmente se
encuentra descatalogado, lo usaré como fuente principal para el
recuerdo a este excepcional cineasta, y en más de una ocasión sus
propias palabras servirán para ilustrar de manera inmejorable sus
distintas etapas, de las cuales me centraré solo en sus westerns;
por cantidad y calidad principalmente, así como para reivindicar a
Romero Marchent como un pionero del género en España y en Europa,
tal y como veremos a continuación.
Tras
debutar en la dirección con un policíaco, Juzgado Permanente
(1953) y acometer justo después una nueva versión de Sor Angélica
(1954), un drama muy popular de los años treinta, a Romero Marchent
le encargan la realización de dos películas que se rodarán
simultáneamente para aprovechar decorados, actores y gastos en
general: El Coyote y La justicia del Coyote (1955). Se trata de una
producción de Eduardo Manzanos, figura imprescindible dentro del
cine de género popular europeo de los años sesenta y setenta, en
coproducción con México (oficiosa, según cuenta Carlos Aguilar en
el libro, es decir, no declarada) y adaptando uno de los personajes
más conocidos de la literatura pulp española; "El Coyote"
de José Mallorquí. Se puede considerar a este díptico, y sin
murcho margen de error, como el primer western rodado en España, ya
que aunque existen ejemplos anteriores (1), se tratan en realidad de
parodias o segmentos al estilo de la simpática secuencia onírica
que aparece en ¡Bienvenido, Mr. Marshall! (Luis García Berlanga;
1953), mediante un sueño del personaje de José Isbert. Por otra
parte, el personaje creado por Mallorquí, aunque tiene
reminiscencias de "El Zorro" de Johnston McCulley, recrea
una especie de Oeste español, ya que la acción transcurre en
California durante el virreinato de Nueva España (1535-1821). El
ingrediente hispánico que añade Mallorquí, unido a su amplio
conocimiento del Oeste americano fue una de las claves del éxito de
sus novelas en España, y no sería descabellado afirmar que el
novelista primero, y Romero Marchent después como director de cine,
son los verdaderos pioneros del género en nuestro país.
Aunque
El Coyote y La justicia del Coyote no deja de ser un intento de
explotar el filón mexicano de héroes enmascarados de la época, con
el protagonismo del muy popular por entonces Abel Salazar (más aún
con la posterior El vampiro de Fernando Méndez; 1957), no carece del
todo de interés, en gran parte por la realización de Romero
Marchent, que suple con imaginación las carencias de presupuesto.
Jesús Franco, otro director importante dentro del cine de género
español, participa como guionista y no será la última vez que
colabore con Marchent en dicho cometido.
Inmediatamente
después de esta etapa, se ve obligado a trabajar en el género
español por excelencia: la comedia, realizando películas de
carácter casi neorrealista tan importantes como Fulano y Mengano
(1956), y no sería hasta 1962 cuando emprende el rodaje de un nuevo
western, La venganza del Zorro, en lo que viene a ser una renovación
del díptico sobre "El Coyote" pero en color y con más
medios de producción, manteniendo parte del equipo (el productor
Eduardo Manzanos, José Mallorquí y Jesús Franco en el guión).
Curiosamente de este personaje también surgiría un díptico, ya que
Alberto Grimaldi, mítico productor italiano que algunos años más
tarde alcanzaría el éxito con Sergio Leone primero, Federico
Fellini o Bernardo Bertolucci después, compró los derechos para su
explotación mundial y animado por los beneficios obtenidos impulsó
el segundo título con "El Zorro" como protagonista:
Cabalgando hacia la muerte (1962), de nuevo con Marchent y Mallorquí
en la dirección y el guión respectivamente. Al igual que los
Coyotes, el díptico sobre "El Zorro" no deja de ser un
western solo en parte, ya que son películas populares de acción,
cuya finalidad es la de ser explotadas como seriales, pero sin lugar
a dudas constituyen el inicio de una nueva industria en España: para
el rodaje de Cabalgando hacia la muerte, Grimaldi y Manzanos deciden
construir un poblado del Oeste, concretamente en Hoyo de Manzanares,
primera construcción de estas características en el país, con el
importante impacto que generó en el devenir del eurowestern o
spaghetti western.
También
sería producido por Grimaldi y Manzanos su siguiente western, Tres
hombres buenos (1963), adaptando José Mallorquí su propia novela
del mismo título, con el poblado de Hoyo de Manzanares ya a pleno
rendimiento y por primera vez afrontando el género de manera
clásica, sin influencias culturales externas. Fernando Sancho y Aldo
Sambrell, futuras estrellas del western europeo, aparecen por primera
vez en un reparto del género, del cual también forman parte Paul
Piaget y Robert Hundar (pseudónimo de Claudio Undari), dos de los
actores que más han trabajado con Romero Marchent y que repetirán
en sus siguientes películas.
A
estas alturas, por si fuera poco haber contribuido a la creación del
western español, e impulsar la construcción del primer poblado del
oeste en el país, para su siguiente película, El sabor de la
venganza (1963), primera obra maestra de su filmografía dentro del
género, hay que añadir otro logro pionero a la carrera de Marchent:
el descubrimiento de Almería como localización clave para el futuro
devenir del eurowestern. El propio director se lo cuenta así a
Carlos Aguilar:
"Antes
de El sabor de la venganza solo se había rodado un western en
Almería, Tierra Brutal (1962), dirigido por un inglés, Michael
Carreras. El director de fotografía, Alfredo Fraile, era muy amigo
mío y coincidimos en el estudio donde veían la proyección. Entré
con él en la sala, con interés ya que se trataba de un género que
estaba tocando yo, y me quedé alucinado con aquellos paisajes. Le
pregunté a Fraile dónde estaba rodado aquello y él me contestó
que en Almería. Como puedes imaginarte, me faltó tiempo para
decirle a Grimaldi que sabía de un sitio ideal en España para rodar
nuestros siguientes westerns. En Almería contacté con un taxista
maravilloso, Diego, que me enseñó la provincia de cabo a rabo. Fue
uno de los individuos más importantes de la historia del cine en
Almería, era capaz de meterse con el coche en los sitios más
demenciales para enseñarte la localización más insólita. Después
de mis películas, este hombre disparó su cotización y ganó mucho
dinero trabajando para toda la gente que fue a rodar durante la época
dorada de Almeria, empezando por Sergio Leone, por supuesto."
El
paisaje almeriense en El sabor de la venganza se convierte en un
elemento dramático de primer orden en manos de Romero Marchent, con
un nivel técnico muy notable ya dentro del género: una
planificación exquisita, un uso envidiable de la profundidad de
campo y una fotografía en color prodigiosa de Rafael Pacheco. La
música del italiano Riz Ortolani completa la función de manera
inmejorable. En el reparto; Richard Harrison, Gloria Milland,
Claudio Undari y Fernando Sancho inaugurando su clásico papel de
mexicano, tantas y tantas veces repetido en multitud de spaghettis
westerns. Se trata de la primera película producida a medias entre
Alberto Grimaldi y el propio director, mediante la recién creada
Centauro Films. Por primera vez Marchent también es el responsable
del guión junto a su hermano Rafael, con una historia de venganza,
muy habitual en el género, pero que resuelve a su manera mediante
una particular ética de la violencia; ya que conviene recordar que
el propio director madrileño se ha visto siempre más cercano al
estilo de John Ford o Anthony Mann que al del posterior y más
violento spaguetti western surgido a partir de 1964 con Por un puñado
de dólares de Sergio Leone.
Llegados
a este punto, y sin ánimo de polemizar, ya que tanto el estilo del
director madrileño, como el del italiano, me parecen magníficos
cada uno a su manera, no estaría mal recordar que Marchent fue
decisivo en el advenimiento del enorme éxito que obtendría Leone
con Por un puñado de dólares primero, e incluso después con La muerte tenía un precio (1965). A este respecto, las siguientes
declaraciones de Marchent así lo atestiguan:
"Hubo
que hacerlo todo, partir de cero. Los caballos salían corriendo a
derecha o izquierda del encuadre cuando oían "acción",
los "especialistas" se daban de morros con el suelo seis o
siete veces antes de caer sobre el jinete, nadie sabía desenfundar.
Tuvimos que hacerlo todo, hasta la última cartuchera. Cuando
llegaron los italianos para hacer los westerns, empezando por Sergio
Leone, se encontraron con toda la base profesional e industrial que
establecí yo. Es más, Leone rodó Por un puñado de dólares, al
noventa por ciento en el poblado de Hoyo de Manzanares y sus
alrededores. Y lo hizo con las cosas que nosotros fabricamos para
nuestros westerns, con nuestros decoradores, con nuestros
"especialistas". Su productor, Alberto Grimaldi, empezó
produciendo mis westerns y pudo emprender La muerte tenía un precio
gracias al dinero, mucho dinero, que ganó con todos ellos."
Uno
de esos westerns de Romero Marchent con los que obtuvo grandes
beneficios en todo el mundo Grimaldi, fue el inmediatamente posterior
a El sabor de la venganza, Antes llega la muerte (1964). Se trata de
la segunda obra maestra de su director en el género, toda una
superproducción para la época en el cine español: en total, doce
semanas de rodaje, alternando localizaciones en Madrid, Almería y
Picos de Europa. En Madrid, cerca de Colmenar Viejo se construyó un
fuerte que costó más de tres millones de pesetas. Según Marchent:
"...que
era el presupuesto completo de muchas películas españolas de la
época. Para que luego digan que mis westerns eran películas
menores. Precisamente se hacían en coproducción porque en el cine
español no había manera de abordarlos. Por ser demasiado caros, que
es justo lo contrario de menores."
El
argumento de Antes llega la muerte está basado en una historia real,
sobre la muerte de la madre de Joaquín, y repiten Rafael Pacheco y
Riz Ortolani, en el cometido fotográfico y musical respectivamente,
manteniendo el alto nivel ya alcanzado en El sabor de la venganza.
En el reparto nos encontramos con sus habituales Paul Piaget, Claudio
Undari, Fernando Sancho, Gloria Milland y la incorporación de Jesús
Puente en un rol protagonista. Para el público español, lógicamente
Jesús Puente es bastante más conocido a día de hoy por otros
cometidos televisivos, mucho más cercanos para el gran público.
Como anécdota, Romero Marchent lo deja bastante claro, de esta
manera:
"...me
parece indignante el tipo de crítica breve que se hace ahora en los
periódicos, de cara a las películas que emiten en televisión. Se
nota claramente que no han visto casi ninguna de las películas que
emiten, se expresan con ironía y hasta desprecio. Recuerdo una vez
que se pasó por televisión Antes llega la muerte y la crítica,
corta e ignorante, finalizaba diciendo: "Mala, y encima con
Jesús Puente". Lo que aquel imbécil claramente ignoraba es que
cuando yo hice la película, Jesús Puente era un completo
desconocido. Por que no era precisamente el Jesús Puente de los
concursos amorosos de la tele, de ahí que se le pudiera escoger para
el reparto de un western."
Acto
seguido, comienza aquí una etapa algo más floja por parte del
director, pero aún dentro del western, con Aventuras del oeste
(1965), La muerte cumple condena (1966) y Fedra West (1968). La
primera, aún contando con un nivel de producción muy similar a El
sabor de la venganza y Antes llega la muerte resulta bastante más
fallida, como fallido fue el intento de contratar al legendario y
polémico actor alemán Klaus Kinski para el film. Hay una anécdota
muy particular sobre ello, que no puedo dejar de recordar mediante
estas declaraciones que aparecen, de nuevo, en el libro de Carlos
Aguilar sobre su figura:
"Yo no sabía absolutamente nada de él, ni le había visto en ninguna
película. Pero me habían comentado que en Alemania daba que hablar
por que cuando estaba haciendo un monólogo en el teatro le había
partido la cara a un espectador. A mí no me hacía gracia que me
trajeran a un tipo así de irascible, pero bueno. El caso es que ya
llegó al aeropuerto en plan fanfarrón, y el intérprete me advirtió
de lo antipático que era, apenas llegaron a Hoyo de Manzanares. De
entrada, insistió en maquillarse él solo. Y lo hizo, pero tirando
por el suelo y por los aires todas las cosas de las maquilladoras.
Cuando por fin salió maquillado y caracterizado de bandido, dijo que
su expresividad era tan especial que exigía un sombrero especial, y
no el que habíamos dispuesto para él. Me armé de paciencia, y pedí
a las mujeres de vestuario que le mostraran los sombreros que
quedaban por adjudicar. Se fue probando los sombreros, uno detrás de
otro y tirándolos al suelo. A mí ya me tenía hasta los cojones, y
entonces le quitó el sombrero a otro actor diciendo que ese era el
que le gustaba. Yo, al borde del disparadero, le dije que ese no
podía usarlo, por que tenía raccord. Él respondió que ni raccord
ni nada, que él era una estrella y que yo repitiera los planos que
ya había hecho con ese actor, poniéndole otro sombrero. Justo ahí
fue cuando estallé y le solté cuatro puñetazos que le dejaron
medio inconsciente en el suelo. A continuación hice que le
devolvieran al aeropuerto. Siendo yo el director y coproductor de la
película, un cretino de tal calibre no podía trabajar conmigo. Yo
no consiento chulerías ni a Klaus Kinski ni a nadie."
Este
carácter colérico de Romero Marchent ha sido muy comentado dentro
del cine español, como se puede comprobar en el incidente con Klaus
Kinski, aunque a buen seguro también le marcó para siempre, y sin
remedio, cuando dirigió sus iras contra Alberto Grimaldi y el
spaguetti western en general:
"Un
socio de Grimaldi, Salvatore Alabiso, me dijo que por su cuenta había
contratado a un par de actores para papeles importantes. Yo le dije
que él no era quien para decidir actores, que para eso estaba el
director. Estábamos en Roma, en la oficina de Grimaldi, por lo cual
me planté en su despacho, le expuse mi indignación y rompí mi
contrato en sus narices. Además le dije que estaba hasta los cojones
del spaguetti western y de las películas que él hacía con Leone,
Corbucci, Sollima y todos los demás italianos. Además, el éxito de
Leone había endiosado a Grimaldi en exceso. Se había cambiado a una
oficina gigantesca, toda de marmol y lujosísima hasta la locura,
hacía películas con Fellini y Bertolucci, se traía a Marlon Brando
de Hollywood, se había convertido en el productor más importante e
internacional del cine italiano, y lo sabía muy bien."
La
última colaboración entre Grimaldi y Marchent se produjo en La
muerte cumple condena, un western que si bien no se encuentra entre
lo mejor de lo filmado por el madrileño, es bastante superior a
Aventuras del oeste y como curiosidad, cuenta con Sergio Donati como
guionista, uno de los artífices del argumento de la exitosa La
muerte tenía un precio. Caso parecido es el de Fedra West, un
encargo del productor José Frade a Romero Marchent, que adapta la
tragedia de Eurípides al Oeste, algo que ya habían hecho
anteriormente, pero en otros géneros: Manuel Mur Oti en Fedra
(1956) y Jules Dassin en Phaedra (1962), pero que en su traslación
al western gana en sugerencia; en especial por esa relación casi
incestuosa entre los personajes interpretados por Norma Bengell y
Simón Andreu.
Hubo
que esperar a 1972 para asistir a su tercera obra maestra dentro del
género, que también sería su último western para la gran
pantalla: Condenados a vivir, que propone una ruptura total con el
clasicismo de sus anteriores títulos del Oeste y apuesta por ese
estilo violento que Sam Peckinpah había popularizado por esos años.
Aunque en principio el tratamiento del film es la antítesis de lo
anteriormente realizado por Marchent; el protagonismo del habitual
Claudio Undari y los impresionantes parajes naturales nevados de los
Picos de Europa (perfectamente retratados en la fotografía de Luis
Cuadrado) nos remiten al uso del paisaje como un personaje más, algo
que el madrileño siempre había explotado muy bien. Una película
sangrienta, que por momentos se acerca al thriller o al terror, con
un guión muy bien hilvanado por Santiago Moncada y Romero Marchent,
y con la presencia de una joven Emma Cohen como única presencia
femenina entre un grupo de condenados a muerte guiados por su padre
(Undari) a través de la nieve. Posiblemente la película guarde
algún parecido con El gran silencio (Il grande silenzio, SergioCorbucci; 1968), aunque posee identidad propia y lo que sí es más
que probable es que Quentin Tarantino se inspirase en ella para
llevar a cabo Los odiosos ocho (The Hateful Eight; 2015).
Con
todo, Joaquín Romero Marchent volvería al género aunque fuera de
manera tangencial, ya que participó en la dirección, creación,
producción y coordinación general de Curro Jimenéz, la serie de
Televisión Española que arrasó desde 1976 a 1978. Su experiencia
en el cine del Oeste, a buen seguro le sirvió para encarar las
peripecias serranas del bandolero andaluz, en lo que no deja de ser
un western más o menos encubierto.
En
definitiva, Joaquín Romero Marchent supone un personaje
imprescindible dentro del cine español, pero como ocurre demasiado a
menudo con otros profesionales que se tuvieron que dedicar al cine de
género en España (Jesús Franco y Eugenio Martín por ejemplo),
debían trabajar bajo circunstancias que no eran las más adecuadas,
tal y como se lo explica el propio director a Carlos Aguilar:
"...había
que rodar acción y aventuras, ya que Censura no te dejaba hacer otra
cosa..."
Precisamente
del director granadino Eugenio Martín, veo apropiado recuperar unas
declaraciones que ilustran a la perfección lo que suponía trabajar
en la industria cinematográfica española de los sesenta y setenta:
"Particularmente,
me agobiaba la gran responsabilidad de mantener a mi familia. Hay que
considerar que haciendo una película como director, ganaba para
vivir un año. Pero como para preparar la siguiente podías tardar
otro, o rodabas dos películas al año o ganabas menos que un
albañil, por muy director de cine que fueras." (2)
Sirvan
las palabras de Eugenio Martín como epílogo inmejorable para este
recorrido por la vida y obra de Joaquín Romero Marchent, ya que, no
por casualidad, el director granadino firmó otro gran clásico del
western español como es El precio de un hombre (1966).
(1)
Para más información, ver el artículo de Carlos Aguilar "Entre
Zorros y Coyotes: la extraña raíz del western hispano-italiano de
los años 60"
http://www.cervantesvirtual.com/obra/entre-zorros-y-coyotes-la-extrana-raiz-del-western-hispanoitaliano-de-los-anos-60--0/
(2)
Extraído de "Eugenio Martín, un autor para todos los géneros",
Carlos Aguilar y Anita Haas (Retroback y Séptimo Vicio, 2008)
El western a partir de mitades de los 70's y los 80´s era un género maldito, desgastado y prácticamente en extinción hasta que apareció "Silverado" de Lawrence Kasdan que devolvió (durante poco tiempo) a crítica y público a la edad dorada de los vaqueros a caballo.
Tuvieron que transcurrir casi 10 años hasta que George Pan Cosmatos, el director de Rambo 2, se armara con el suficiente valor para actualizar el famosísimo duelo del O.K. Corral (que según tengo entendido sólo duró unos segundos). Wyatt Earp, los Clanton, Doc Holliday y todos los destacados acontecimientos ocurridos en la ciudad de Tombstone, hicieron que las películas de pistoleros se pusieran de nuevo en el candelero, abriendo una interesante brecha que llevaría a nuevos títulos como "El tren de las 3:10", "Appaloosa", "El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford", y otros....
Diré a priori, dado el destacado reparto de Tombstone que uno se sorprende gratamente, nada menos que Kurt Rusell, Val Kilmer, Sam Elliott, Bill Paxton, Michael Bienh y hasta el mismísimo Charlton Heston, y el recientemente fallecido Power Boothe formaron una reinterpretación de los hechos repetidos en Cine hasta la saciedad, pero que gracias a la pericia y el arrojo de todo el elenco, una cuidadísima ambientación, una estupenda dirección y un aura polvorienta y salvaje, convirtieron esta cinta en un lujo para todo amante del género de revólver y balas.
Así pues, salvando las distancias, Tombstone es al western, lo que Gladiator fue al péplum, teniendo Tombstone incluso una competidora (La leyenda de Wyatt Earp) que no alcanzó el éxito, compartiendo la misma historia de Earp con Kevin Conster a la cabeza y estrenándose prácticamente a la vez, y que como curiosidad y capricho del destino, contaba con el director que había intentado ya despuntar en el oeste con la mencionada "Silverado", el gran Lawrence Kasdan.
Veo Tombstone como un resurgimiento del género a la altura de "Gladiator", dado que en su momento (al igual que con las sandalias romanas a principios del nuevo milenio), nadie en su sano juicio hubiera arriesgado para llevar a la pantalla películas del oeste, cuando éstas ya estaban denostadas y olvidadas. Parece ser que todo género de Cine merece una segunda oportunidad, después de un largo letargo, para resurgir y asentarse de nuevo como inspiración a más cineastas que exploten las nueva betas de oro que hay en las viejas minas del Hollywood actual.
Duelos impactantes, exhibiciones
de destreza armamentística, desafíos verbales de altura, una bella historia de
amor, honor, amistad, compromiso y todo ello con una fidedigna historia real de
por medio, convierten Tombstone en una joya que debe apreciarse de principio a
fin. Tombstone es un lujo para saborearse de principio a fín con torturados
pistoleros enfrentados a su destino, unos agentes de la ley que deben debatirse
entre enriquecerse en casinos viendo las injusticias impuestas por los cowboys
(los principios del crímen organizado) o enfrentarse al abuso de poder,
impartiendo la justicia de la estrella de sheriff aún a riesgo de perder la
vida y poner en peligro a sus familias-
Val Kilmer realiza aquí a mi entender el mejor trabajo de toda su carrera con
su tísico y borracho de Doc Holliday, con una caracterización del personaje
excepcional, al igual que un Kurt Rusell en estado de gracia que ha declarado
que Tombstone es la interpretación de la que más orgulloso está, llegando
incluso a ponerle el nombre de Wyatt a su hijo.
Dedicado a la cafetería La Tahona en Huarte Navarra.
Director: George Pan Cosmatos.
Intérpretes: Kurt Russell, Val Kilmer, Sam Elliott, Bill Paxton, Powers Boothe, Dana Delany,Michael Biehn, Stephen Lang, Michael Rooker, Charlton Heston.
El western a partir de mitades de los 70's y los 80´s era un género maldito, desgastado y prácticamente en extinción hasta que apareció "Silverado" de Lawrence Kasdan que devolvió (durante poco tiempo) a crítica y público a la edad dorada de los vaqueros a caballo.
Tuvieron que transcurrir casi 10 años hasta que George Pan Cosmatos, el director de Rambo 2, se armara con el suficiente valor para actualizar el famosísimo duelo del O.K. Corral (que según tengo entendido sólo duró unos segundos). Wyatt Earp, los Clanton, Doc Holliday y todos los destacados acontecimientos ocurridos en la ciudad de Tombstone, hicieron que las películas de pistoleros se pusieran de nuevo en el candelero, abriendo una interesante brecha que llevaría a nuevos títulos como "El tren de las 3:10", "Appaloosa", "El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford", y otros....
Diré a priori, dado el destacado reparto de Tombstone que uno se sorprende gratamente, nada menos que Kurt Rusell, Val Kilmer, Sam Elliott, Bill Paxton, Michael Bienh y hasta el mismísimo Charlton Heston, y el recientemente fallecido Power Boothe formaron una reinterpretación de los hechos repetidos en Cine hasta la saciedad, pero que gracias a la pericia y el arrojo de todo el elenco, una cuidadísima ambientación, una estupenda dirección y un aura polvorienta y salvaje, convirtieron esta cinta en un lujo para todo amante del género de revólver y balas.
Así pues, salvando las distancias, Tombstone es al western, lo que Gladiator fue al péplum, teniendo Tombstone incluso una competidora (La leyenda de Wyatt Earp) que no alcanzó el éxito, compartiendo la misma historia de Earp con Kevin Conster a la cabeza y estrenándose prácticamente a la vez, y que como curiosidad y capricho del destino, contaba con el director que había intentado ya despuntar en el oeste con la mencionada "Silverado", el gran Lawrence Kasdan.
Veo Tombstone como un resurgimiento del género a la altura de "Gladiator", dado que en su momento (al igual que con las sandalias romanas a principios del nuevo milenio), nadie en su sano juicio hubiera arriesgado para llevar a la pantalla películas del oeste, cuando éstas ya estaban denostadas y olvidadas. Parece ser que todo género de Cine merece una segunda oportunidad, después de un largo letargo, para resurgir y asentarse de nuevo como inspiración a más cineastas que exploten las nueva betas de oro que hay en las viejas minas del Hollywood actual.
Duelos impactantes, exhibiciones
de destreza armamentística, desafíos verbales de altura, una bella historia de
amor, honor, amistad, compromiso y todo ello con una fidedigna historia real de
por medio, convierten Tombstone en una joya que debe apreciarse de principio a
fin. Tombstone es un lujo para saborearse de principio a fín con torturados
pistoleros enfrentados a su destino, unos agentes de la ley que deben debatirse
entre enriquecerse en casinos viendo las injusticias impuestas por los cowboys
(los principios del crímen organizado) o enfrentarse al abuso de poder,
impartiendo la justicia de la estrella de sheriff aún a riesgo de perder la
vida y poner en peligro a sus familias-
Val Kilmer realiza aquí a mi entender el mejor trabajo de toda su carrera con
su tísico y borracho de Doc Holliday, con una caracterización del personaje
excepcional, al igual que un Kurt Rusell en estado de gracia que ha declarado
que Tombstone es la interpretación de la que más orgulloso está, llegando
incluso a ponerle el nombre de Wyatt a su hijo.
Dedicado a la cafetería La Tahona en Huarte Navarra.
Director: George Pan Cosmatos.
Intérpretes: Kurt Russell, Val Kilmer, Sam Elliott, Bill Paxton, Powers Boothe, Dana Delany,Michael Biehn, Stephen Lang, Michael Rooker, Charlton Heston.
No lo voy a negar, adoro a la famosa "Cuadrilla del parche" que tantas y tan buenas películas nos han dejado como legado. Decantarse por alguno de sus excelsos miembros es una dura decisión, aunque mi "yo actual" lo haga por Fritz Lang mi "yo infantil" es más poderoso y lo hace por Raoul Walsh, respetando a Ford, para mí el gran maestro del cine de acción y aventuras del periodo clásico. Una época en la que el cine era romance e ingenuidad, en el mejor sentido de la expresión. Y no un maestro cualquiera sino el maestro absoluto del cine de aventuras, que es el que mejor le define. Walsh fue poco a poco imprimiendo el sello indeleble de su personalidad en todos sus filmes tocando todos los géneros desde el cine negro, bélico… hasta la comedia o el musical. Pero no queda aquí la cosa, también era un auténtico experto obteniendo una película nueva en la forma pero auténticamente un remake en el fondo. En 1949 reconvirtió la estupenda obra de cine negro "El último refugio (1941)" en un western tan espléndido como sombrío llamado "Juntos hasta la muerte" donde la historia de Burnett alcanza nuevas dimensiones. En 1951 hizo algo muy parecido con una de sus obras maestras "Objetivo: Birmania (1945)" la cual tomo como fuente poco disimulada para Tambores lejanos un atípico western, un southeastern diría yo, ya que este transcurre en los pantanos de Florida durante la segunda Guerra Seminola.
Walsh, como de costumbre, imprime a los ciento y pico minutos de duración de la película un ritmo narrativo vigoroso, trepidante, sin concesiones, amplificado por la grandiosa partitura de Max Steiner y la colorista fotografía de Sid Hickox. La historia y sus personajes es lo de menos, aunque no por ello estén descuidados. El teniente Tufts de la marina estadounidense con voz en off nos narra en forma de flash back como en 1840, en la Península de Florida, el intrépido capitán Quincy Wyatt (Gary Cooper) y su pequeño batallón, tropas especiales en el combate en pantanos tienen la difícil misión de destruir una fortaleza en la que un grupo de contrabandistas guarda fusiles, munición, pólvora y explosivos que suministra a los indígenas. Las explosiones empleadas en la destrucción de dicha fortaleza pone en pie de guerra al jefe Ocala y sus fieros seminolas que hostigaran a nuestro protagonista y sus tropas que verán su marcha ralentizada por la necesidad de llevar consigo un grupo de rehenes rescatados del fuerte hasta tal punto que les es imposible coger el transporte que les debería llevar de vuelta. Solo les queda una única salida, emprender una apresurada huida a través de los temidos manglares y los pantanos de los everglades hacia las líneas norteamericanas.
Llegando a ser una encarnizada lucha de supervivencia en un terreno tan hostil. Walsh presenta una naturaleza tan feroz como cautivadora humanizada simbólicamente en los plumajes, las vestimentas y el sonido remoto de los tambores de los seminolas que son retratados como parte de esa amenaza permanente del entorno natural, como una fuerza más de la naturaleza hostil que se niega al avance civilizador de los blancos. A todo esto a nuestro valiente, buen luchador, guapo, Sr. Cooper cuya vida en la jungla representa la anhelada conjunción con la naturaleza, de una existencia armónica entre el hombre y su entorno le da tiempo en mitad de la vibrante persecución a afeitarse con cuchillo y encandilar a una de las cautivas rescatadas del fuerte, Judy Beckett (Mari Aldon) sin pestañear.
Tambores lejanos lejos de ser una de las mejores obras de Walsh no deja de ser un producto agradable a la vista, vibrante en su construcción pero sobre todo en lo que más destaca es en su originalidad, un western donde no hay caballos (por supuesto tampoco grandes cabalgadas) ni vacas, ni grandes paisajes abiertos en las verdes praderas o en el árido desierto. Al contrario, nos sumergimos rápidamente en el ambiente asfixiante y cerrado de una jungla tropical, con cocodrilos, pájaros multicolores y los indios Seminolas, que no tienen absolutamente nada que ver con el típico apache, sioux, comanche, Cheyenne,…. Aquí los encontramos vestidos de brillantes colores.
Aparte como casi todos los filmes de este gran cineasta, hay un montón de anécdotas que la rodean desde la conocida por todos los cinéfilos de que fue en esta cinta la primera vez que se utilizó el conocido grito Wilhem (por dos veces, a falta de una), hasta que la mayoría de los indios eran semínolas de verdad, y que estos se rebelaron durante el rodaje estando a punto de lastimar a mi adorado Walsh.
Título original: Distant Drums.
Director: Raoul Walsh.
Intérpretes: Gary Cooper, Mari Aldon, Richard Webb, Arthur Hunnicutt, Ray Teal, Robert Barrat, Clancy Cooper.
No lo voy a negar, adoro a la famosa "Cuadrilla del parche" que tantas y tan buenas películas nos han dejado como legado. Decantarse por alguno de sus excelsos miembros es una dura decisión, aunque mi "yo actual" lo haga por Fritz Lang mi "yo infantil" es más poderoso y lo hace por Raoul Walsh, respetando a Ford, para mí el gran maestro del cine de acción y aventuras del periodo clásico. Una época en la que el cine era romance e ingenuidad, en el mejor sentido de la expresión. Y no un maestro cualquiera sino el maestro absoluto del cine de aventuras, que es el que mejor le define. Walsh fue poco a poco imprimiendo el sello indeleble de su personalidad en todos sus filmes tocando todos los géneros desde el cine negro, bélico… hasta la comedia o el musical. Pero no queda aquí la cosa, también era un auténtico experto obteniendo una película nueva en la forma pero auténticamente un remake en el fondo. En 1949 reconvirtió la estupenda obra de cine negro "El último refugio (1941)" en un western tan espléndido como sombrío llamado "Juntos hasta la muerte" donde la historia de Burnett alcanza nuevas dimensiones. En 1951 hizo algo muy parecido con una de sus obras maestras "Objetivo: Birmania (1945)" la cual tomo como fuente poco disimulada para Tambores lejanos un atípico western, un southeastern diría yo, ya que este transcurre en los pantanos de Florida durante la segunda Guerra Seminola.
Walsh, como de costumbre, imprime a los ciento y pico minutos de duración de la película un ritmo narrativo vigoroso, trepidante, sin concesiones, amplificado por la grandiosa partitura de Max Steiner y la colorista fotografía de Sid Hickox. La historia y sus personajes es lo de menos, aunque no por ello estén descuidados. El teniente Tufts de la marina estadounidense con voz en off nos narra en forma de flash back como en 1840, en la Península de Florida, el intrépido capitán Quincy Wyatt (Gary Cooper) y su pequeño batallón, tropas especiales en el combate en pantanos tienen la difícil misión de destruir una fortaleza en la que un grupo de contrabandistas guarda fusiles, munición, pólvora y explosivos que suministra a los indígenas. Las explosiones empleadas en la destrucción de dicha fortaleza pone en pie de guerra al jefe Ocala y sus fieros seminolas que hostigaran a nuestro protagonista y sus tropas que verán su marcha ralentizada por la necesidad de llevar consigo un grupo de rehenes rescatados del fuerte hasta tal punto que les es imposible coger el transporte que les debería llevar de vuelta. Solo les queda una única salida, emprender una apresurada huida a través de los temidos manglares y los pantanos de los everglades hacia las líneas norteamericanas.
Llegando a ser una encarnizada lucha de supervivencia en un terreno tan hostil. Walsh presenta una naturaleza tan feroz como cautivadora humanizada simbólicamente en los plumajes, las vestimentas y el sonido remoto de los tambores de los seminolas que son retratados como parte de esa amenaza permanente del entorno natural, como una fuerza más de la naturaleza hostil que se niega al avance civilizador de los blancos. A todo esto a nuestro valiente, buen luchador, guapo, Sr. Cooper cuya vida en la jungla representa la anhelada conjunción con la naturaleza, de una existencia armónica entre el hombre y su entorno le da tiempo en mitad de la vibrante persecución a afeitarse con cuchillo y encandilar a una de las cautivas rescatadas del fuerte, Judy Beckett (Mari Aldon) sin pestañear.
Tambores lejanos lejos de ser una de las mejores obras de Walsh no deja de ser un producto agradable a la vista, vibrante en su construcción pero sobre todo en lo que más destaca es en su originalidad, un western donde no hay caballos (por supuesto tampoco grandes cabalgadas) ni vacas, ni grandes paisajes abiertos en las verdes praderas o en el árido desierto. Al contrario, nos sumergimos rápidamente en el ambiente asfixiante y cerrado de una jungla tropical, con cocodrilos, pájaros multicolores y los indios Seminolas, que no tienen absolutamente nada que ver con el típico apache, sioux, comanche, Cheyenne,…. Aquí los encontramos vestidos de brillantes colores.
Aparte como casi todos los filmes de este gran cineasta, hay un montón de anécdotas que la rodean desde la conocida por todos los cinéfilos de que fue en esta cinta la primera vez que se utilizó el conocido grito Wilhem (por dos veces, a falta de una), hasta que la mayoría de los indios eran semínolas de verdad, y que estos se rebelaron durante el rodaje estando a punto de lastimar a mi adorado Walsh.
Título original: Distant Drums.
Director: Raoul Walsh.
Intérpretes: Gary Cooper, Mari Aldon, Richard Webb, Arthur Hunnicutt, Ray Teal, Robert Barrat, Clancy Cooper.
Antoine Fuqua vuelve con su actor por excelencia; Denzel Washington, para rehacer uno de los grandes clásicos del cine del Oeste; Los siete magníficos (1960) de John Sturges; Una cuadrilla de hombres, vagabundos, pistoleros, renegados, forajidos, se unen para ayudar a los que no pueden valerse por sí mismos, en este caso el poblado de Rose Creek, que esta siendo saqueado por un cacique llamado Bogue. El nombre del protagonista cambia, pero sigue siendo el "jefe" Sam Chilsum, aunque no es un vagabundo que lo único que tiene es un revolver y un arma, sino un agente de la ley con autoridad en siete estados, contratado por la gente de un humilde poblado por todo lo que tienen. Chilsum (Denzel) reúne a su antiguo compañero confederado Goodnight Robicheaux (Ethan Hawke), un ex-soldado quemado por las heridas psicológicas de la guerra, que se hace acompañar de Billy Rocks (Buyng hun-Lee). Sumemos a Josh Farraday (Chris Pratt) un liante con labia infinita, Jack Horne (D' Onofrio) un trampero solitario, Vasquez (Garcia-Rulfo) un forajido y por el camino se les une; un indio Red Harvest (Martin Semsmeier). Todos, de la mano de la joven Emma Cullen (Haley Bennett) llegan hasta Rose Creek, acaban con los allí apostados por Bogue y le mandan un mensaje a este, el pueblo ahora tiene vigilancia, si tiene algo que decir; allí estarán dispuestos a dejar que las balas hablen.
Fuqua para su primera incursión en el cine del Oeste toma parte de Los 7 de Sturges, aunque en realidad sus personajes bien podrían ser más deudores del Grupo salvaje (1969) de Sam Peckinpah, guarda realmente más similitudes con el estilo Peckinpah de hombres que desean servir para recuperar lo que un día fueron, que al estilo de diversión por la diversión de Sturges, aunque ojo, el guión de la de 1960 contenía una buena ración de amargos cantos al fin del cowboy que luego Bloody Sam bañaría en su estilo de perdedores sentenciados desde Duelo en Alta Sierra (1962) en adelante. Fuqua bebe de Peckinpah sobre todo pero también de Ford y de Leone, quienes siempre han formado parte de su catalogo de influencias, se nota en el director de Training Day o The Equalizer sus ganas por acercarse con tremendo cariño al genero -como buen director uno debe saber tocar todos los palos- y su respeto por las leyendas que lo pueblan. Es Los siete magníficos 2016, un film que se puede catalogar de estilo clásico, pues en todo momento va transitando por caminos conocidos... en cuanto a su villano, ya en la presentación, se gana el odio rápidamente con una inquietante primera aparición, dando un discurso retador en la Iglesia de Rose Creek, El Bogue de Sarsgaard es un roba-tierras, un auto-adjudica terrenos que se hace acompañar de un ejercito y que hace del miedo su carta de presentación. Los magníficos no son santos precisamente, pero si tienen honor, y tras incentivar a los habitantes del lugar, montan su plan para ganar la ultima y gran batalla de sus vidas.
En cuanto a los actores, obviamente ninguna alcanza el carisma de los McQueen, Bronson o Coburn, o el aplomo inalterable de Brynner; pero tienen sus momentos para lucirse. Hawke como Goodnight va más allá del tópico, es un tipo al que hoy le cuesta apretar el gatillo que vive de su fama pasada y de las rentas. D'Onofrio es un gigante con aspecto de oso y Pratt sigue explotando convenientemente su registro de antihéroe simpático, a ellos se le suman los casi-desconocidos Garcia-Rulfo y Sensmeier como "el mexicano" y "indio del grupo, por aquello de la diversidad tan de moda hoy día. Todos cumplen con su cometido y se pliegan al show de Washington, quien es sin duda el rey de la función: el método Denzel nunca falla, con su particular estilo de moverse, su pose retadora y su inconfundible estilo, se permite el lujo de hacer virguerias a lomos de su caballo.
Conviene aclarar, que como se esperaba, no mejora a la original, aunque tampoco lo pretende, simplemente busca en el argumento del original, un claro reflejo de la actualidad. Y es tan cierto que su cometido es divertir y entretener al por mayor, y por ello lo termina de dar todo en su clímax, un despliegue de pirotecnia digno de verse en pantalla grande. Al final es tanto una revisión de la obra de la que bebe, como un homenaje al genero americano por excelencia.
Título original: The Magnificent Seven.
Director: Antoine Fuqua.
Intérpretes: Denzel Washington, Chris Pratt, Ethan Hawke, Vincent D' Onofrio, Buyng hun-Lee, Manuel Garcia Rulfo, Martin Sensmeier, Peter Sarsgaard, Haley Bennet, Luke Grimes, Matt Bomer, Cam Gigandet.
Antoine Fuqua vuelve con su actor por excelencia; Denzel Washington, para rehacer uno de los grandes clásicos del cine del Oeste; Los siete magníficos (1960) de John Sturges; Una cuadrilla de hombres, vagabundos, pistoleros, renegados, forajidos, se unen para ayudar a los que no pueden valerse por sí mismos, en este caso el poblado de Rose Creek, que esta siendo saqueado por un cacique llamado Bogue. El nombre del protagonista cambia, pero sigue siendo el "jefe" Sam Chilsum, aunque no es un vagabundo que lo único que tiene es un revolver y un arma, sino un agente de la ley con autoridad en siete estados, contratado por la gente de un humilde poblado por todo lo que tienen. Chilsum (Denzel) reúne a su antiguo compañero confederado Goodnight Robicheaux (Ethan Hawke), un ex-soldado quemado por las heridas psicológicas de la guerra, que se hace acompañar de Billy Rocks (Buyng hun-Lee). Sumemos a Josh Farraday (Chris Pratt) un liante con labia infinita, Jack Horne (D' Onofrio) un trampero solitario, Vasquez (Garcia-Rulfo) un forajido y por el camino se les une; un indio Red Harvest (Martin Semsmeier). Todos, de la mano de la joven Emma Cullen (Haley Bennett) llegan hasta Rose Creek, acaban con los allí apostados por Bogue y le mandan un mensaje a este, el pueblo ahora tiene vigilancia, si tiene algo que decir; allí estarán dispuestos a dejar que las balas hablen.
Fuqua para su primera incursión en el cine del Oeste toma parte de Los 7 de Sturges, aunque en realidad sus personajes bien podrían ser más deudores del Grupo salvaje (1969) de Sam Peckinpah, guarda realmente más similitudes con el estilo Peckinpah de hombres que desean servir para recuperar lo que un día fueron, que al estilo de diversión por la diversión de Sturges, aunque ojo, el guión de la de 1960 contenía una buena ración de amargos cantos al fin del cowboy que luego Bloody Sam bañaría en su estilo de perdedores sentenciados desde Duelo en Alta Sierra (1962) en adelante. Fuqua bebe de Peckinpah sobre todo pero también de Ford y de Leone, quienes siempre han formado parte de su catalogo de influencias, se nota en el director de Training Day o The Equalizer sus ganas por acercarse con tremendo cariño al genero -como buen director uno debe saber tocar todos los palos- y su respeto por las leyendas que lo pueblan. Es Los siete magníficos 2016, un film que se puede catalogar de estilo clásico, pues en todo momento va transitando por caminos conocidos... en cuanto a su villano, ya en la presentación, se gana el odio rápidamente con una inquietante primera aparición, dando un discurso retador en la Iglesia de Rose Creek, El Bogue de Sarsgaard es un roba-tierras, un auto-adjudica terrenos que se hace acompañar de un ejercito y que hace del miedo su carta de presentación. Los magníficos no son santos precisamente, pero si tienen honor, y tras incentivar a los habitantes del lugar, montan su plan para ganar la ultima y gran batalla de sus vidas.
En cuanto a los actores, obviamente ninguna alcanza el carisma de los McQueen, Bronson o Coburn, o el aplomo inalterable de Brynner; pero tienen sus momentos para lucirse. Hawke como Goodnight va más allá del tópico, es un tipo al que hoy le cuesta apretar el gatillo que vive de su fama pasada y de las rentas. D'Onofrio es un gigante con aspecto de oso y Pratt sigue explotando convenientemente su registro de antihéroe simpático, a ellos se le suman los casi-desconocidos Garcia-Rulfo y Sensmeier como "el mexicano" y "indio del grupo, por aquello de la diversidad tan de moda hoy día. Todos cumplen con su cometido y se pliegan al show de Washington, quien es sin duda el rey de la función: el método Denzel nunca falla, con su particular estilo de moverse, su pose retadora y su inconfundible estilo, se permite el lujo de hacer virguerias a lomos de su caballo.
Conviene aclarar, que como se esperaba, no mejora a la original, aunque tampoco lo pretende, simplemente busca en el argumento del original, un claro reflejo de la actualidad. Y es tan cierto que su cometido es divertir y entretener al por mayor, y por ello lo termina de dar todo en su clímax, un despliegue de pirotecnia digno de verse en pantalla grande. Al final es tanto una revisión de la obra de la que bebe, como un homenaje al genero americano por excelencia.
Título original: The Magnificent Seven.
Director: Antoine Fuqua.
Intérpretes: Denzel Washington, Chris Pratt, Ethan Hawke, Vincent D' Onofrio, Buyng hun-Lee, Manuel Garcia Rulfo, Martin Sensmeier, Peter Sarsgaard, Haley Bennet, Luke Grimes, Matt Bomer, Cam Gigandet.
En 1959, John Ford estrenaba Río Bravo, y solo un año después, John Sturges de la mano de la United Artist firmaba Los siete magníficos, remake USA de Los Siete Samuráis de Akira Kurosawa, a su vez un cineasta claramente influenciado por Ford. Estas cintas, junto a Los profesionales y Grupo salvaje, serian los últimos grandes emblemas del western clásico americano antes de la llegada del spaguetti western.
La historia de cómo se gesto Los siete magníficos es tan apasionante como la propia película. El primero en hacerse con los derechos del film fue un productor modesto; Lou Morheim, quien se anticipo a Yul Brynner, y por solo 250 $ adquirió los derechos del film para llevar a cabo una idea similar en EEUU. Brynner conoció el film por mediación de Anthony Quinn, y en una fase previa de producción era Quinn el asignado como protagonista, mientras que Brynner debutaría como director, devolviendo así la jugada de un largometraje anterior. Cuando Brynner se entero de que Morheim era quien tenía la opción para USA, le recompro los derechos a Morheim, y le prometió que figuraría como productor único, pero claro, eso no se firmo en papeles, luego, la cosa cambiaría cuando Brynner dio entrada a Walter Mirisch, productor freelance, habitualmente unido a la United Artist. Mirisch hizo que Brynner acabara cambiando de idea, dejara aquella locura de dirigir, y se postulara como el protagonista, por encima de Anthony Quinn. El primer director asignado fue Martin Ritt, pero a la vista de que el film avanzaba muy lentamente su fase de producción, y había una huelga a la vuelta de la esquina que podía pararlo todo indefinidamente, Ritt se desentendió del mismo, y así fue como entro en liza John Sturges, quien acabaría llevándose gran parte del merito y la fama. Sturges contrato rápidamente a dos jóvenes en ascenso; Steve McQueen y Charles Bronson, con quien ya había trabajado previamente. La entrada de McQueen no fue nada fácil, ya que para librarse de su contrato televisivo tuvo que fingir un accidente de coche, que luego relataría una novia suya de la época.
Sturges se alejo de la idea original de Los siete magníficos que quería hacer Ritt –sobre un grupo de ex-soldados de la guerra civil en la cuesta abajo de sus vidas- y centro la trama en algo más ligero, con un grupo de hombres liderados por una especie de vagabundo; Chris Chilsum (Brynner); es un tipo que no tiene nada limpio, salvo su revólver y su alma, dijo Brynner de su personaje. Acompañando a Brynner, además de los ya citados McQueen y Bronson; Robert Vaughn –recién nominado al Oscar- Brad Dexter, Horst Buchholz y James Coburn, quien entro en la cinta cuando; un dia se encontró en una tienda a Vaughn y le pregunto que andaba haciendo, este le dijo que acababa de firmar para el remake de Los siete samuráis, y que aún buscaban actores para completar el elenco, así, Coburn llamó a su agente, concertó una entrevista con Sturges, y al día siguiente el papel de Britt (el tipo de la navaja) era de él. Para el papel de villano, Sturges lo tenía claro, solo quería a un hombre, a Eli Wallach, un actor de teatro de Broadway, que luego acabaría siendo un mito del spaghetti western.
El groso mayor de la filmación tuvo lugar en Cuernavaca (México) y no fue nada fácil, puesto que los lugareños andaban a la gresca por como los habían retratado en Vera Cruz western precedente protagonizado por Gary Cooper, Burt Lancaster y Sara Montiel. Sturges tuvo que interceder, y concedió un buen número de papeles de reparto a actores mexicanos, además de puestos técnicos y del resto del crew. La producción tuvo que lidiar con un censor impuesto por el sindicato de Actores y Directores Mexicanos, que debía velar por la imagen del país en el cine. Incluso la premisa fue cambiada, en lugar de ir a contratar a unos pistoleros, los mexicanos campesinos fueron a comprar armas…Esa fue una imposición del censor, de la misma manera que los campesinos no debían salir con los ropajes sucios. En Los Siete magnificos los únicos que se ensucian son los pistoleros de Chilsum.
El 1 de Marzo, dio comienzo el rodaje, y ya desde el comienzo todos empezaron a recelar del trato de favor hacia Brynner; Tenia el caballo más grande, tenía el revólver más grande, y el favor de los encargados de las luces iba comentando a todo aquel que le quisiera escuchar Steve McQueen, como recuerda Robert Vaughn. McQueen a pesar de su juventud, se sabía unos cuantos buenos trucos de actor, y fue entonces cuando comenzó a boicotear los primeros planos de Brynner, moviendo la cabeza, cazando moscas ficticias, quitándose el sombrero, acariciando la cuerda de su sombrero…todo ello en segundo plano mientras Brynner delante no se daba cuenta de la jugada…Hasta que todo llegó a oídos de este;“Mira Steve, si sigues haciendo eso, entonces, cuando vengan tus escenas, yo solo tendré que quitarme el sombrero y nadie te prestara atención “en alusión a una de sus grandes marcas registradas, su cabeza rasurada, entonces, McQueen, lejos de rendirse recluto a James Coburn y Charles Bronson para su equipo, y fueron ellos los que tomaron su relevo. Solo hace falta ver el film para darse cuenta del boicot entre machos, del que Sturges salió ganando.
Uno de los aspectos más criticados de Los siete magníficos en su día, y que aún hoy pueden dar lugar a un irritante misterio es que ningún mexicano podía matar o disparar a matar a ninguno de los americanos, por eso nunca vemos las balas que alcanzan a los magníficos en el clímax final. A pesar de lo que se pueda pensar, el film no fue un éxito instantáneo, en USA, fue lanzada en primera instancia en puntos estratégicos, pero no funciono, tras una semana fue quitada de la cartelera, y la United Artist, temerosa de salir perdiendo lanzo la cinta primero en Europa de forma masiva, cuando fue un éxito europeo, entonces re-lanzaron en América, y ya entonces nadie puro pararles. Su resonancia fue legendaria, y acabo dando lugar a tres secuelas; El regreso de los siete magníficos, La furia de los siete magníficos y El desafío de los siete magníficos, incluso a una serie de televisión. Además de la aparición de Brynner en la segunda parte, el actor también llevó su personaje a Almas de metal(Westworld, 1973 Michael Crichton).
Los siete magníficos no es el mejor western de la historia, no es el más trascendente, ni el definitivo, pero siempre será uno de los más endiablados entretenimientos del género, con un reparto imponente, un guión perfectamente hilvanado y una banda sonora inolvidable.
Título original: The Magnificent Seven. Director: John Sturges. Intérpretes: Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson, Eli Wallach, James Coburn, Horst Buchholz, Robert Vaughn.
En 1959, John Ford estrenaba Río Bravo, y solo un año después, John Sturges de la mano de la United Artist firmaba Los siete magníficos, remake USA de Los Siete Samuráis de Akira Kurosawa, a su vez un cineasta claramente influenciado por Ford. Estas cintas, junto a Los profesionales y Grupo salvaje, serian los últimos grandes emblemas del western clásico americano antes de la llegada del spaguetti western.
La historia de cómo se gesto Los siete magníficos es tan apasionante como la propia película. El primero en hacerse con los derechos del film fue un productor modesto; Lou Morheim, quien se anticipo a Yul Brynner, y por solo 250 $ adquirió los derechos del film para llevar a cabo una idea similar en EEUU. Brynner conoció el film por mediación de Anthony Quinn, y en una fase previa de producción era Quinn el asignado como protagonista, mientras que Brynner debutaría como director, devolviendo así la jugada de un largometraje anterior. Cuando Brynner se entero de que Morheim era quien tenía la opción para USA, le recompro los derechos a Morheim, y le prometió que figuraría como productor único, pero claro, eso no se firmo en papeles, luego, la cosa cambiaría cuando Brynner dio entrada a Walter Mirisch, productor freelance, habitualmente unido a la United Artist. Mirisch hizo que Brynner acabara cambiando de idea, dejara aquella locura de dirigir, y se postulara como el protagonista, por encima de Anthony Quinn. El primer director asignado fue Martin Ritt, pero a la vista de que el film avanzaba muy lentamente su fase de producción, y había una huelga a la vuelta de la esquina que podía pararlo todo indefinidamente, Ritt se desentendió del mismo, y así fue como entro en liza John Sturges, quien acabaría llevándose gran parte del merito y la fama. Sturges contrato rápidamente a dos jóvenes en ascenso; Steve McQueen y Charles Bronson, con quien ya había trabajado previamente. La entrada de McQueen no fue nada fácil, ya que para librarse de su contrato televisivo tuvo que fingir un accidente de coche, que luego relataría una novia suya de la época.
Sturges se alejo de la idea original de Los siete magníficos que quería hacer Ritt –sobre un grupo de ex-soldados de la guerra civil en la cuesta abajo de sus vidas- y centro la trama en algo más ligero, con un grupo de hombres liderados por una especie de vagabundo; Chris Chilsum (Brynner); es un tipo que no tiene nada limpio, salvo su revólver y su alma, dijo Brynner de su personaje. Acompañando a Brynner, además de los ya citados McQueen y Bronson; Robert Vaughn –recién nominado al Oscar- Brad Dexter, Horst Buchholz y James Coburn, quien entro en la cinta cuando; un dia se encontró en una tienda a Vaughn y le pregunto que andaba haciendo, este le dijo que acababa de firmar para el remake de Los siete samuráis, y que aún buscaban actores para completar el elenco, así, Coburn llamó a su agente, concertó una entrevista con Sturges, y al día siguiente el papel de Britt (el tipo de la navaja) era de él. Para el papel de villano, Sturges lo tenía claro, solo quería a un hombre, a Eli Wallach, un actor de teatro de Broadway, que luego acabaría siendo un mito del spaghetti western.
El groso mayor de la filmación tuvo lugar en Cuernavaca (México) y no fue nada fácil, puesto que los lugareños andaban a la gresca por como los habían retratado en Vera Cruz western precedente protagonizado por Gary Cooper, Burt Lancaster y Sara Montiel. Sturges tuvo que interceder, y concedió un buen número de papeles de reparto a actores mexicanos, además de puestos técnicos y del resto del crew. La producción tuvo que lidiar con un censor impuesto por el sindicato de Actores y Directores Mexicanos, que debía velar por la imagen del país en el cine. Incluso la premisa fue cambiada, en lugar de ir a contratar a unos pistoleros, los mexicanos campesinos fueron a comprar armas…Esa fue una imposición del censor, de la misma manera que los campesinos no debían salir con los ropajes sucios. En Los Siete magnificos los únicos que se ensucian son los pistoleros de Chilsum.
El 1 de Marzo, dio comienzo el rodaje, y ya desde el comienzo todos empezaron a recelar del trato de favor hacia Brynner; Tenia el caballo más grande, tenía el revólver más grande, y el favor de los encargados de las luces iba comentando a todo aquel que le quisiera escuchar Steve McQueen, como recuerda Robert Vaughn. McQueen a pesar de su juventud, se sabía unos cuantos buenos trucos de actor, y fue entonces cuando comenzó a boicotear los primeros planos de Brynner, moviendo la cabeza, cazando moscas ficticias, quitándose el sombrero, acariciando la cuerda de su sombrero…todo ello en segundo plano mientras Brynner delante no se daba cuenta de la jugada…Hasta que todo llegó a oídos de este;“Mira Steve, si sigues haciendo eso, entonces, cuando vengan tus escenas, yo solo tendré que quitarme el sombrero y nadie te prestara atención “en alusión a una de sus grandes marcas registradas, su cabeza rasurada, entonces, McQueen, lejos de rendirse recluto a James Coburn y Charles Bronson para su equipo, y fueron ellos los que tomaron su relevo. Solo hace falta ver el film para darse cuenta del boicot entre machos, del que Sturges salió ganando.
Uno de los aspectos más criticados de Los siete magníficos en su día, y que aún hoy pueden dar lugar a un irritante misterio es que ningún mexicano podía matar o disparar a matar a ninguno de los americanos, por eso nunca vemos las balas que alcanzan a los magníficos en el clímax final. A pesar de lo que se pueda pensar, el film no fue un éxito instantáneo, en USA, fue lanzada en primera instancia en puntos estratégicos, pero no funciono, tras una semana fue quitada de la cartelera, y la United Artist, temerosa de salir perdiendo lanzo la cinta primero en Europa de forma masiva, cuando fue un éxito europeo, entonces re-lanzaron en América, y ya entonces nadie puro pararles. Su resonancia fue legendaria, y acabo dando lugar a tres secuelas; El regreso de los siete magníficos, La furia de los siete magníficos y El desafío de los siete magníficos, incluso a una serie de televisión. Además de la aparición de Brynner en la segunda parte, el actor también llevó su personaje a Almas de metal(Westworld, 1973 Michael Crichton).
Los siete magníficos no es el mejor western de la historia, no es el más trascendente, ni el definitivo, pero siempre será uno de los más endiablados entretenimientos del género, con un reparto imponente, un guión perfectamente hilvanado y una banda sonora inolvidable.
Título original: The Magnificent Seven. Director: John Sturges. Intérpretes: Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson, Eli Wallach, James Coburn, Horst Buchholz, Robert Vaughn.