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Últimamente, es frecuente encontrarse con críticas de una película sin haberla visionado a fin de valorar lo acertado o desacertado de la propuesta, o, al menos, es la sensación que tengo. De hecho, se la suele poner a caldo "preventivamente" por si acaso, normalmente en función de que director o estrella esté al frente del proyecto. El caso de "La Leyenda de Tarzán" es uno de ellos, pues ha recibido muchos palos por el abuso de los efectos digitales, que, sinceramente, después de haberla visto esta noche, me parece lo habitual en cualquier superproducción hollywoodiense de la actualidad.
El imperialismo de las potencias europeas durante el XIX y su consecuente colonialismo me parece uno de los hechos más interesantes de la historia contemporánea ya que es una de las principales causas (tal vez la más importante) de los conflictos sociales, territoriales y económicos que se viven en el siglo XXI. Y es este transfondo histórico el aspecto que más me ha interesado al ver "La leyenda de Tarzán", porque lo que es la historia de John Clayton ya está muy trillada. No obstante, el film empieza bastante bien con la escena protagonizada por Cristoph Waltz y tampoco desmerece la presentación de John Clayton junto al personaje que interpreta Samuel L. Jackson. Y además cuenta con un guión incluso reflexivo para una propuesta de estas características, con un director sólido, aunque funcional, y un elenco entregado.
El "retorno del rey" a África tiene su atractivo, y su encuentro con viejos amigos, tan humanos como animales, anima el relato. Es uno de los aciertos de la propuesta, ese tono revisionista, y consigue un buen equilibrio entre drama reflexivo y film de acción/aventuras. También hay algunos flashbacks marca de fábrica para contar el origen del personaje a las nuevas generaciones, pero se agradece su brevedad y poca relevancia en la trama. Por lo demás, un elenco en el que brilla Margot Robbie y tanto Jackson como Waltz repiten sus papeles de siempre, aunque menos cargante de lo habitual en el caso del primero. "La leyenda de Tarzán" es una película fluida, que se deja ver sin bostezos ni quejas enfervorecidas. No es una obra maestra del séptimo arte, pero es entretenida, que es lo que se espera de una superproducción veraniega como ésta, para toda la familia.
Título original: The Legend of Tarzan.
Director: David Yates.
Intérpretes: Alexander Skarsgård, Margot Robbie, Christoph Waltz, Samuel L. Jackson, Djimon Hounsou, Jim Broadbent, John Hurt.
Últimamente, es frecuente encontrarse con críticas de una película sin haberla visionado a fin de valorar lo acertado o desacertado de la propuesta, o, al menos, es la sensación que tengo. De hecho, se la suele poner a caldo "preventivamente" por si acaso, normalmente en función de que director o estrella esté al frente del proyecto. El caso de "La Leyenda de Tarzán" es uno de ellos, pues ha recibido muchos palos por el abuso de los efectos digitales, que, sinceramente, después de haberla visto esta noche, me parece lo habitual en cualquier superproducción hollywoodiense de la actualidad.
El imperialismo de las potencias europeas durante el XIX y su consecuente colonialismo me parece uno de los hechos más interesantes de la historia contemporánea ya que es una de las principales causas (tal vez la más importante) de los conflictos sociales, territoriales y económicos que se viven en el siglo XXI. Y es este transfondo histórico el aspecto que más me ha interesado al ver "La leyenda de Tarzán", porque lo que es la historia de John Clayton ya está muy trillada. No obstante, el film empieza bastante bien con la escena protagonizada por Cristoph Waltz y tampoco desmerece la presentación de John Clayton junto al personaje que interpreta Samuel L. Jackson. Y además cuenta con un guión incluso reflexivo para una propuesta de estas características, con un director sólido, aunque funcional, y un elenco entregado.
El "retorno del rey" a África tiene su atractivo, y su encuentro con viejos amigos, tan humanos como animales, anima el relato. Es uno de los aciertos de la propuesta, ese tono revisionista, y consigue un buen equilibrio entre drama reflexivo y film de acción/aventuras. También hay algunos flashbacks marca de fábrica para contar el origen del personaje a las nuevas generaciones, pero se agradece su brevedad y poca relevancia en la trama. Por lo demás, un elenco en el que brilla Margot Robbie y tanto Jackson como Waltz repiten sus papeles de siempre, aunque menos cargante de lo habitual en el caso del primero. "La leyenda de Tarzán" es una película fluida, que se deja ver sin bostezos ni quejas enfervorecidas. No es una obra maestra del séptimo arte, pero es entretenida, que es lo que se espera de una superproducción veraniega como ésta, para toda la familia.
Título original: The Legend of Tarzan.
Director: David Yates.
Intérpretes: Alexander Skarsgård, Margot Robbie, Christoph Waltz, Samuel L. Jackson, Djimon Hounsou, Jim Broadbent, John Hurt.
Allá en el lejano año de 1983 en mi primer año de Universidad tuve como compañero y luego como mi mejor amigo al dueño de un aparato de alta tecnología llamado Betamax, en él Fausto y yo compartimos muchas horas de vuelo cinematográfico explorando cintas de distinta clase.
Jóvenes como éramos y con la novedad del aparatejo recién comprado nos atrevimos por primera vez con El exorcista (1973) y para tranquilizar los nervios optamos por una rareza llamada Vírgenes del espacio, de un género que ya podrán suponer, de la cual todavía él y yo guardamos algún grato recuerdo. La tercera película alquilada fue El expreso de medianoche.
Que en jerga carcelaria quiere decir evasión. En el filme no ocurre en el sentido grandilocuente pues el guión fue modificado muchas veces por cuestión de tensión dramática y por escasez de escenario, como Alan Parker relatara después, pues de las 3 cárceles originales de la novela se concentraría toda la acción en una sola y el escape de la misma que no es para nada épico ni espectacular no obstante en el contexto del filme funciona de maravilla y no puede ser concebido otro. Y aunque me he adelantado no creo que deje pistas spoiler porque más del 99% de los cinéfilos saben de lo que estoy hablando.
La banda sonora estaba a cargo de Giorgio Moroder y ya habíamos escuchado en la radio muchas de sus melodías. Había un latido de corazón que condicionaba el ritmo de los nuestros, y cuando el protagonista Billy Hayes empezaba a ponerse nervioso nosotros también, que él sudaba nosotros igual, que latía más rápido y nosotros éramos todo taquicardia. El guardia de la aduana abría el bolso y nada, estábamos en un aeropuerto en Estambul, capital de Turquía, Billy y su novia Susan iban a subirse en el avión y qué pasaba, otra revisión, el guardia escrutaba a Billy y encontraba algo, ¡una bomba! Todos al suelo, pero no, sólo es hachís pegado al cuerpo, un simple contrabandista que tendría que pagar su atrevimiento.
La historia de Billy Hayes (Brad Davis en el papel de su vida) fue relatada por él mismo con ayuda de un escritor llamado William Hoffer, que cuenta como por ser sorprendido con 2 kilos hachís para consumo personal y para sus amigotes, es usado como pretexto para dar un escarmiento a todos quienes se atrevieran a retar al gobierno turco. Un cargo de posesión de drogas se transforma en narcotráfico y se niega toda apelación y posibilidad de extradición. Y como la tensión política de Turquía con Estados Unidos estaba en plena efervescencia gracias al bocazas de Nixon, el joven americano fue chivo expiatorio de un odio intercultural e intolerancia mutua siendo sentenciado a 4 años de cárcel de los cuales faltando 53 días para concluirlos es sometido a un nuevo juicio y condenado a cadena perpetua (después le reducirían a 30 años, por la eficiente intervención de su corrupto abogado).
Sabiendo que todos sus esfuerzos y buen comportamiento les valía una lechuga a los turcos, luego de un fuerte y emotivo discurso (marca Oliver Stone) decide con sus compañeros de prisión Jimmy (Randy Quaid) y Max (John Hurt) tomar el expreso y valiéndose de un mapa que consiguió su compatriota intentarán evadirse por las catacumbas de la prisión, sin embargo son delatados por Rifki, un asqueroso prisionero que convive con ellos y hace dinero con todo lo que puede, ellos en retaliación lo depauperan y éste más horrible que una rata los inculpa con posesión de droga siendo castigados, en especial Jimmy que es molido a golpes por parte de los guardias. Billy loco de ira ejecutará uno de los actos de violencia más crudos y recordados de la historia: Le arrancará la lengua con sus dientes al soplón.
La película tiene muchas escenas impactantes que han sido homenajeadas, parodiadas e imitadas hasta la saciedad. La secuencia del intento de huida de Billy por las calles de Estambul , nuevamente acompasado de la música de Moroder solo para descubrir que va de nuevo a la cárcel. La presencia del jefe de prisión Hamidou un sádico pervertido a quien amaremos odiar. Otra en la cual mantiene un leve encuentro de ternura homosexual con un compañero que es resuelto con pura elegancia. Aquella, en la sección 13, el área destinada para los enfermos mentales, a la cual va a parar después de su venganza donde los enfermos giran cual noria hacia la derecha y él insiste en girar en sentido contrario como acto de rebeldía y, sobre todo, para mantener su cordura. Y la más dura, aquella del reencuentro con Susan, cuando va a visitarlo. Es posible que alguno de mis lectores no haya visto la película, así que no arruinaré el momento, pero para quienes la vieron saben de lo que hablo, qué escena más brutal.
Técnicamente la película nos brinda una atmósfera irreal, la iluminación a cargo de Michael Seresin nos lleva a ambientes fantasmales y de una dureza desgarradora. Y aunque todavía no se inventaba la steadycam, un camarógrafo, cuyo nombre no preciso, tomó la cámara al hombro e improvisó movimientos que aunque dan aspecto de peli casera son verdaderamente impresionantes. La imposibilidad de rodar en Turquía facultó a que lo hicieran en la isla de Malta y de ahí que tuvieron que improvisar en escenarios y ambientaciones como ya se ha mencionado.
A pesar de guardar poco con la historia verdadera se basa en eventos verídicos, cierto que como Parker dice tras cámaras la historia se modificó por la ira y el resentimiento de Hayes, luego fue enriquecido por la literatura de un escritor que debía condensar el dramatismo y hacerlo más novelesco, después Oliver Stone tendría que modificarlo para hacer carne de guión cinematográfico en 3 borradores y luego el director tendría que adaptarse a lo que tenía. El hecho que los gobiernos Turco y norteamericano estaban es sus peores momentos diplomáticos y en aquel tiempo los prisioneros fueron piezas de su ajedrez político sin importarles sus vidas, y como se indica en el epílogo que 41 días después de la exhibición de la película en Cannes, los 2 gobiernos empezaron la negociación para intercambio de prisioneros. Es cierto que los turcos se nos muestran como los malvados y no hay uno solo simpático a lo largo del metraje. El mismo Hayes y Stone se disculparían años más tarde en un arrebato de corrección política. No se toca sino tangencialmente las grandes diferencia ideológicas entre oriente y occidente, sin embargo dados los tiempos actuales, podemos darnos cuenta que hasta la actualidad no ha cambiado para nada esta situación si bien es cierto que en la peli no se menciona para nada al islamismo. Un detalle que estoy olvidando es que los actores que realizan papeles no angloparlantes hablan en un idioma inventado para la filmación, no es turco, sino una mezcla de éste con armenio, griego, italiano y chipriota, para desconcertar a los personajes principales y al público dándonos una atmósfera más irreal y pesadillezca.
Título original: Midnight Express.
Director: Alan Parker.
Intérpretes: Brad
Davis, John
Hurt, Bo
Hopkins, Irene
Miracle, Randy
Quaid, Paolo
Bonacelli, Mike
Kellin, Michael
Ensign.
Trailer:
Escena:
B.S.O.:
Reseña escrita por Carlos Fernando Carrión Quezada
Allá en el lejano año de 1983 en mi primer año de Universidad tuve como compañero y luego como mi mejor amigo al dueño de un aparato de alta tecnología llamado Betamax, en él Fausto y yo compartimos muchas horas de vuelo cinematográfico explorando cintas de distinta clase.
Jóvenes como éramos y con la novedad del aparatejo recién comprado nos atrevimos por primera vez con El exorcista (1973) y para tranquilizar los nervios optamos por una rareza llamada Vírgenes del espacio, de un género que ya podrán suponer, de la cual todavía él y yo guardamos algún grato recuerdo. La tercera película alquilada fue El expreso de medianoche.
Que en jerga carcelaria quiere decir evasión. En el filme no ocurre en el sentido grandilocuente pues el guión fue modificado muchas veces por cuestión de tensión dramática y por escasez de escenario, como Alan Parker relatara después, pues de las 3 cárceles originales de la novela se concentraría toda la acción en una sola y el escape de la misma que no es para nada épico ni espectacular no obstante en el contexto del filme funciona de maravilla y no puede ser concebido otro. Y aunque me he adelantado no creo que deje pistas spoiler porque más del 99% de los cinéfilos saben de lo que estoy hablando.
La banda sonora estaba a cargo de Giorgio Moroder y ya habíamos escuchado en la radio muchas de sus melodías. Había un latido de corazón que condicionaba el ritmo de los nuestros, y cuando el protagonista Billy Hayes empezaba a ponerse nervioso nosotros también, que él sudaba nosotros igual, que latía más rápido y nosotros éramos todo taquicardia. El guardia de la aduana abría el bolso y nada, estábamos en un aeropuerto en Estambul, capital de Turquía, Billy y su novia Susan iban a subirse en el avión y qué pasaba, otra revisión, el guardia escrutaba a Billy y encontraba algo, ¡una bomba! Todos al suelo, pero no, sólo es hachís pegado al cuerpo, un simple contrabandista que tendría que pagar su atrevimiento.
La historia de Billy Hayes (Brad Davis en el papel de su vida) fue relatada por él mismo con ayuda de un escritor llamado William Hoffer, que cuenta como por ser sorprendido con 2 kilos hachís para consumo personal y para sus amigotes, es usado como pretexto para dar un escarmiento a todos quienes se atrevieran a retar al gobierno turco. Un cargo de posesión de drogas se transforma en narcotráfico y se niega toda apelación y posibilidad de extradición. Y como la tensión política de Turquía con Estados Unidos estaba en plena efervescencia gracias al bocazas de Nixon, el joven americano fue chivo expiatorio de un odio intercultural e intolerancia mutua siendo sentenciado a 4 años de cárcel de los cuales faltando 53 días para concluirlos es sometido a un nuevo juicio y condenado a cadena perpetua (después le reducirían a 30 años, por la eficiente intervención de su corrupto abogado).
Sabiendo que todos sus esfuerzos y buen comportamiento les valía una lechuga a los turcos, luego de un fuerte y emotivo discurso (marca Oliver Stone) decide con sus compañeros de prisión Jimmy (Randy Quaid) y Max (John Hurt) tomar el expreso y valiéndose de un mapa que consiguió su compatriota intentarán evadirse por las catacumbas de la prisión, sin embargo son delatados por Rifki, un asqueroso prisionero que convive con ellos y hace dinero con todo lo que puede, ellos en retaliación lo depauperan y éste más horrible que una rata los inculpa con posesión de droga siendo castigados, en especial Jimmy que es molido a golpes por parte de los guardias. Billy loco de ira ejecutará uno de los actos de violencia más crudos y recordados de la historia: Le arrancará la lengua con sus dientes al soplón.
La película tiene muchas escenas impactantes que han sido homenajeadas, parodiadas e imitadas hasta la saciedad. La secuencia del intento de huida de Billy por las calles de Estambul , nuevamente acompasado de la música de Moroder solo para descubrir que va de nuevo a la cárcel. La presencia del jefe de prisión Hamidou un sádico pervertido a quien amaremos odiar. Otra en la cual mantiene un leve encuentro de ternura homosexual con un compañero que es resuelto con pura elegancia. Aquella, en la sección 13, el área destinada para los enfermos mentales, a la cual va a parar después de su venganza donde los enfermos giran cual noria hacia la derecha y él insiste en girar en sentido contrario como acto de rebeldía y, sobre todo, para mantener su cordura. Y la más dura, aquella del reencuentro con Susan, cuando va a visitarlo. Es posible que alguno de mis lectores no haya visto la película, así que no arruinaré el momento, pero para quienes la vieron saben de lo que hablo, qué escena más brutal.
Técnicamente la película nos brinda una atmósfera irreal, la iluminación a cargo de Michael Seresin nos lleva a ambientes fantasmales y de una dureza desgarradora. Y aunque todavía no se inventaba la steadycam, un camarógrafo, cuyo nombre no preciso, tomó la cámara al hombro e improvisó movimientos que aunque dan aspecto de peli casera son verdaderamente impresionantes. La imposibilidad de rodar en Turquía facultó a que lo hicieran en la isla de Malta y de ahí que tuvieron que improvisar en escenarios y ambientaciones como ya se ha mencionado.
A pesar de guardar poco con la historia verdadera se basa en eventos verídicos, cierto que como Parker dice tras cámaras la historia se modificó por la ira y el resentimiento de Hayes, luego fue enriquecido por la literatura de un escritor que debía condensar el dramatismo y hacerlo más novelesco, después Oliver Stone tendría que modificarlo para hacer carne de guión cinematográfico en 3 borradores y luego el director tendría que adaptarse a lo que tenía. El hecho que los gobiernos Turco y norteamericano estaban es sus peores momentos diplomáticos y en aquel tiempo los prisioneros fueron piezas de su ajedrez político sin importarles sus vidas, y como se indica en el epílogo que 41 días después de la exhibición de la película en Cannes, los 2 gobiernos empezaron la negociación para intercambio de prisioneros. Es cierto que los turcos se nos muestran como los malvados y no hay uno solo simpático a lo largo del metraje. El mismo Hayes y Stone se disculparían años más tarde en un arrebato de corrección política. No se toca sino tangencialmente las grandes diferencia ideológicas entre oriente y occidente, sin embargo dados los tiempos actuales, podemos darnos cuenta que hasta la actualidad no ha cambiado para nada esta situación si bien es cierto que en la peli no se menciona para nada al islamismo. Un detalle que estoy olvidando es que los actores que realizan papeles no angloparlantes hablan en un idioma inventado para la filmación, no es turco, sino una mezcla de éste con armenio, griego, italiano y chipriota, para desconcertar a los personajes principales y al público dándonos una atmósfera más irreal y pesadillezca.
Título original: Midnight Express.
Director: Alan Parker.
Intérpretes: Brad
Davis, John
Hurt, Bo
Hopkins, Irene
Miracle, Randy
Quaid, Paolo
Bonacelli, Mike
Kellin, Michael
Ensign.
Trailer:
Escena:
B.S.O.:
Reseña escrita por Carlos Fernando Carrión Quezada
El argumento parte del asunto
histórico centrado en las maniobras de Enrique VIII para poder repudiar y
divorciarse de su primera esposa, Catalina de Aragón, ya que ésta no le
proporciona la descendencia que desea. Además, el monarca ya tiene una nueva amante
con la que pretende establecer un matrimonio legal, reconocido por la Iglesia
católica. Con el pretexto de asegurar su linaje y, alegando que su primer
matrimonio no fue del todo honesto, pues era la viuda de su hermano, inicia una
batalla política y teológica contra el poder de la Iglesia católica. Pero sus
intenciones son más complejas y sobre ese conflicto Iglesia- Estado existe en
realidad todo un entramado geoestratégico contra potencias religiosas de la
época como España y Francia. La cinta se centra en el
conflicto que enfrenta al rey Enrique VIII (Robert Shaw) y a su reciente
nombrado Lord Canciller Tomas Moro (Paul Scofield) tras la muerte de su
predecesor, el Cardenal Thomas Wolsey (Orson Welles). Pero la historia nuclear,
en realidad, es la que nos cuenta el enfrentamiento de un individuo con
principios frente al poder reinante y el séquito que lo ampara, el cual excusa
su ambición en el caprichoso manejo de las leyes. La escena inicial del film nos
presenta a Tomas Moro como un hombre honesto, justo, buen conocedor de las
leyes, la cuales respeta sin dejarse intimidar por ningún obsequio o presión de
cualquier poder fáctico. Antes de morir su predecesor, su entrevista con el
personaje que lo representa, Orson Welles como Cardenal sibilino, nos hace una
interesante y global descripción de Moro.
- Cardenal Thomas Wolsey. "Si pudiérais ver los hechos sin tanta moral, con un
poco de sentido común, seríais un buen político."
En efecto, Tomas Moro es un
hombre que mantiene intacta su fe en dios y en la Iglesia católica, al mismo
tiempo que es capaz de razonar y rebatir utilizando su gran intelecto. Un
hombre honesto o un ingenuo, un dilema que cada cual debe resolver viendo la
cinta. En una gran escena con su hija
Margaret (Susannah York), cuando el cerco sobre él se va cerrando por llevarle
la contraria al rey y no querer admitir su divorcio, siguiendo las órdenes del
Papa que no cede ante el rey Enrique VIII, y viendo venir los difíciles
momentos que se avecinan, ya que le obligarán a jurar que acepta a la nueva
reina, Ana Bolena, como esposa según las leyes de la Iglesia, Tomas Moro
recitará un diálogo que refleja toda su condición de hombre erudito, capaz de
mantener un espíritu religioso y su razón.
-Tomás Moro: "Escucha, Meg. Dios
hizo a los ángeles para revelar su esplendor. A los animales por su inocencia,
a las plantas por su sencillez. Pero al hombre lo creó para que
inteligentemente le sirviera con su razón…debemos servirnos de nuestro
ingenio para escapar ante esta dificultad."
El dilema que se presenta
entonces está centrado entre mantener una conciencia individual, entre la
libertad personal frente al poder y la presión de las Instituciones. La
libertad de pensamiento y el criterio de Moro están por encima de todo (no de
Dios, pues, como acaba de declarar Moro, de Él recibe el hombre la capacidad
racional). Desde el momento en que Tomas Moro lleva la contraria al rey, sus
contrincantes, entre ellos Thomas Cromwell (Leo Mc Kem) elaborarán todo un
maquiavélico plan para conseguir que sea juzgado por traición . Mediante
turbias maniobras, supuestamente amparadas en la ley, se mantendrán
interesantes discursos dialécticos entre Moro y Cromwell. Sin embargo, aunque
Tomas Moro sea presentado como hombre ingenuo por pensar que se librará de la
ira del rey amparándose en el correcto uso de la Ley, sus conocimientos de la
misma conducirán hacia una ardua tarea para poder juzgarlo por deslealtad. Es presionado por el Monarca, el Cardenal, el Secretario real, los Lores.
Igualmente, lo hacen sus discípulos y criados. Unas veces por conveniencia y
otras por propia ambición de poder y riqueza, como el caso de su antiguo
discípulo, Richard/ Rich (John Hurt), elemento definitivo de la trama que
consigue llevarlo a la muerte por traición.
Tomás Moro es descrito como hombre firme y severo, empezando consigo mismo. No
es un fanático: «No tengo madera de mártir». Duda, flaquea, confiesa tener
miedo y sufrir ansiedad. Tampoco desea ser un héroe. Pero no se lamenta, jamás
maldice. Son conmovedoras y magníficamente interpretadas por Paul Scofield, las
escenas donde quedan de manifiesto sus temores y vacilaciones, incluso su
debilidad ante el temor de perder a su familia. Fred Zinnemann, con un guión
basado en la obra teatral de su mismo autor, Robert Bolt, consigue trasladar
grandes diálogos a la pantalla basándose en todo un magnífico elenco de
actores, pero su cinta va más allá de la teatralidad del texto, ya que la
excelente fotografía de Ted Moore nos regala unos paisajes y una puesta en
escena absolutamente épica. También es destacable el vestuario, la ambientación
y el magistral montaje que utiliza planos visuales bien para expresar ideas:
Planos detalle de gárgolas, escudos o primeros planos de actores, con otros más
paisajísticos que sirven de elipsis en la trama, como la visión a través de la
pequeña ventana desde la Torre donde está encerrado Moro, la cual nos permite
adivinar el paso del tiempo y las estaciones para hacernos conocer su larga
estancia en prisión hasta su juicio y posterior ejecución. Un film que nos habla de la
política, de las dinastías reinantes, de cómo se modificaban las leyes para
proteger los deseos de los poderosos y de cómo un erudito se mantuvo firme
hasta el final sin traicionar sus principios.
Título original: A Man for All Seasons.
Director: Fred
Zinnemann.
Intérpretes: Paul
Scofield, Wendy
Hiller, Leo
McKern, Robert
Shaw, Orson
Welles, Susannah
York, Nigel
Davenport, John
Hurt, Corin
Redgrave, Colin
Blakely, Cyril
Luckham,Jack
Gwillim.
El argumento parte del asunto
histórico centrado en las maniobras de Enrique VIII para poder repudiar y
divorciarse de su primera esposa, Catalina de Aragón, ya que ésta no le
proporciona la descendencia que desea. Además, el monarca ya tiene una nueva amante
con la que pretende establecer un matrimonio legal, reconocido por la Iglesia
católica. Con el pretexto de asegurar su linaje y, alegando que su primer
matrimonio no fue del todo honesto, pues era la viuda de su hermano, inicia una
batalla política y teológica contra el poder de la Iglesia católica. Pero sus
intenciones son más complejas y sobre ese conflicto Iglesia- Estado existe en
realidad todo un entramado geoestratégico contra potencias religiosas de la
época como España y Francia. La cinta se centra en el
conflicto que enfrenta al rey Enrique VIII (Robert Shaw) y a su reciente
nombrado Lord Canciller Tomas Moro (Paul Scofield) tras la muerte de su
predecesor, el Cardenal Thomas Wolsey (Orson Welles). Pero la historia nuclear,
en realidad, es la que nos cuenta el enfrentamiento de un individuo con
principios frente al poder reinante y el séquito que lo ampara, el cual excusa
su ambición en el caprichoso manejo de las leyes. La escena inicial del film nos
presenta a Tomas Moro como un hombre honesto, justo, buen conocedor de las
leyes, la cuales respeta sin dejarse intimidar por ningún obsequio o presión de
cualquier poder fáctico. Antes de morir su predecesor, su entrevista con el
personaje que lo representa, Orson Welles como Cardenal sibilino, nos hace una
interesante y global descripción de Moro.
- Cardenal Thomas Wolsey. "Si pudiérais ver los hechos sin tanta moral, con un
poco de sentido común, seríais un buen político."
En efecto, Tomas Moro es un
hombre que mantiene intacta su fe en dios y en la Iglesia católica, al mismo
tiempo que es capaz de razonar y rebatir utilizando su gran intelecto. Un
hombre honesto o un ingenuo, un dilema que cada cual debe resolver viendo la
cinta. En una gran escena con su hija
Margaret (Susannah York), cuando el cerco sobre él se va cerrando por llevarle
la contraria al rey y no querer admitir su divorcio, siguiendo las órdenes del
Papa que no cede ante el rey Enrique VIII, y viendo venir los difíciles
momentos que se avecinan, ya que le obligarán a jurar que acepta a la nueva
reina, Ana Bolena, como esposa según las leyes de la Iglesia, Tomas Moro
recitará un diálogo que refleja toda su condición de hombre erudito, capaz de
mantener un espíritu religioso y su razón.
-Tomás Moro: "Escucha, Meg. Dios
hizo a los ángeles para revelar su esplendor. A los animales por su inocencia,
a las plantas por su sencillez. Pero al hombre lo creó para que
inteligentemente le sirviera con su razón…debemos servirnos de nuestro
ingenio para escapar ante esta dificultad."
El dilema que se presenta
entonces está centrado entre mantener una conciencia individual, entre la
libertad personal frente al poder y la presión de las Instituciones. La
libertad de pensamiento y el criterio de Moro están por encima de todo (no de
Dios, pues, como acaba de declarar Moro, de Él recibe el hombre la capacidad
racional). Desde el momento en que Tomas Moro lleva la contraria al rey, sus
contrincantes, entre ellos Thomas Cromwell (Leo Mc Kem) elaborarán todo un
maquiavélico plan para conseguir que sea juzgado por traición . Mediante
turbias maniobras, supuestamente amparadas en la ley, se mantendrán
interesantes discursos dialécticos entre Moro y Cromwell. Sin embargo, aunque
Tomas Moro sea presentado como hombre ingenuo por pensar que se librará de la
ira del rey amparándose en el correcto uso de la Ley, sus conocimientos de la
misma conducirán hacia una ardua tarea para poder juzgarlo por deslealtad. Es presionado por el Monarca, el Cardenal, el Secretario real, los Lores.
Igualmente, lo hacen sus discípulos y criados. Unas veces por conveniencia y
otras por propia ambición de poder y riqueza, como el caso de su antiguo
discípulo, Richard/ Rich (John Hurt), elemento definitivo de la trama que
consigue llevarlo a la muerte por traición.
Tomás Moro es descrito como hombre firme y severo, empezando consigo mismo. No
es un fanático: «No tengo madera de mártir». Duda, flaquea, confiesa tener
miedo y sufrir ansiedad. Tampoco desea ser un héroe. Pero no se lamenta, jamás
maldice. Son conmovedoras y magníficamente interpretadas por Paul Scofield, las
escenas donde quedan de manifiesto sus temores y vacilaciones, incluso su
debilidad ante el temor de perder a su familia. Fred Zinnemann, con un guión
basado en la obra teatral de su mismo autor, Robert Bolt, consigue trasladar
grandes diálogos a la pantalla basándose en todo un magnífico elenco de
actores, pero su cinta va más allá de la teatralidad del texto, ya que la
excelente fotografía de Ted Moore nos regala unos paisajes y una puesta en
escena absolutamente épica. También es destacable el vestuario, la ambientación
y el magistral montaje que utiliza planos visuales bien para expresar ideas:
Planos detalle de gárgolas, escudos o primeros planos de actores, con otros más
paisajísticos que sirven de elipsis en la trama, como la visión a través de la
pequeña ventana desde la Torre donde está encerrado Moro, la cual nos permite
adivinar el paso del tiempo y las estaciones para hacernos conocer su larga
estancia en prisión hasta su juicio y posterior ejecución. Un film que nos habla de la
política, de las dinastías reinantes, de cómo se modificaban las leyes para
proteger los deseos de los poderosos y de cómo un erudito se mantuvo firme
hasta el final sin traicionar sus principios.
Título original: A Man for All Seasons.
Director: Fred
Zinnemann.
Intérpretes: Paul
Scofield, Wendy
Hiller, Leo
McKern, Robert
Shaw, Orson
Welles, Susannah
York, Nigel
Davenport, John
Hurt, Corin
Redgrave, Colin
Blakely, Cyril
Luckham,Jack
Gwillim.
El mundo de Colin Diamond (Ray
Winstone) se ha vuelto del revés está profundamente enamorado de su mujer, Liz
(Joanne Whalley) pero ella va a abandonarlo por un camarero francés, Loverboy,
con el que tiene una aventura. ¿Qué ha hecho Colin para merecer algo así? La
amaba, se preocupaba por ella, a veces le llevaba flores… ¿y ahora va ella y
hace esto? ¿Le arranca el corazón y lo tira como si nada? Está disgustado, está
destrozado pero, sobre todo, está muy enfadado. No logra soportar el dolor,
acaba explotando y ataca a su mujer.Ella huye. Sus amigos, una pandilla de
individuos cuanto menos poco recomendables, se juntan para brindarle su apoyo
Archie (Tom Wilkinson), quien aún vive con su madre, pese a la edad, Meredith
(Ian McShane) un playboy homosexual, Peanut (John Hurt) el mayor de todos, y
que demuestra una inagotable sed de sangre todo el tiempo y Mal (Stephen
Dillane), de quien apenas llegamos a saber nada, Secuestran a Loverboy (Melvin
Poupaud), se lo llevan a rastras a una vieja y ruinosa casa de Londres y lo
encierran en un armario. Ahora Colin podrá darle su merecido a esa rata
traidora. Incitado por su variopinto grupo de amigos, el ofendido marido deberá
tomar una decisión. ¿Tiene intención de reparar el daño que ha sufrido? ¿Tiene
intención de matar a sangre fría al amante de su mujer?
Si llegados a este punto no he
conseguido llamar vuestra atención es que tenéis un problema y de los gordos.
porque un reparto de bestias pardas como el que tiene este film es tan difícil
de encontrar como un trébol de cinco hojas y solo leer sus nombres ya provoca
una sonrisa de satisfacción y unas expectativas desmedidas a cualquier cinéfilo
que se precie. Dirigida en su debut tras las
cámaras por el realizador Malcolm Venville "44 Inch Chest" es una pequeña gran obra
de cámara casi teatral, un puñado de personajes en un prácticamente escenario
único, brillantes diálogos y una estructura simple y elegante, de finos cortes
bien engrasados por unos personajes que se complementan unos a otros como si de
un puzzle se tratara. Los diálogos, con reminiscencias Tarantinianas, son la
invitación más irresistible para hacerse acompañar de tan radical grupo de
amigos durante hora y media. Pero al igual que como que ellos carecen de
escrúpulos y remordimientos, el espectador acabará enganchado a tan siniestra
compañía, y no querrá bajo ningún concepto que el The End aparezca en la
pantalla. No hay cuestiones éticas,
morales, o reflexiones filosóficas, ni buenos ni malos. No intenta dar un
mensaje, ni siquiera busca la reflexión: tan solo expone el derrumbamiento de
un hombre.
No hay enjuiciamiento de las acciones, solo exposición de ellas, la
incesante tensión de no saber qué pasará y, sobre todo, cuándo pasará, es lo
que la hace imprescindible en su visionado. Porque puede pasar todo o nada,
porque puede pasar lo que desde un principio se sabe que va a pasar, o lo que
nadie espera. Es esa adictiva sensación de miedo, de impaciencia, de
incertidumbre lo que te enganchará a la butaca. Y son sus geniales atmósferas
las que te moverán de un sentimiento a otro hasta casi rozar la locura y
preguntarte si lo que estás viendo es real o imaginado. Del reparto al que he aludido
antes, poco mas me puedo extender....un grupo de actores británicos en estado
de gracia y sabemos lo que eso significa, encabezados por Ray Winstone el
despechado y vengativo marido que nos mostrará todo el dolor, rabia y emoción
que el destrozado Colin sentirá, o más bien expondrá, secuencia a secuencia.
Del resto de actores todos brillan a un gran nivel un John Hurt intolerante y
violento, un Ian McShane afectado y cínico, un Tom Wilkinson inseguro y
pusilánime y un Stephen Dillane enigmático y críptico, ya los tenemos a todos
juntos en un escenario y podemos hablar del amor, del fin de este, de la
infidelidad y de los verdaderos culpables del final de una relación y como no
de una venganza, que de eso al final es de lo que se trata y muy bien escrita
por cierto, por los guionistas Louis Mellis y David Scinto autores asimismo del
guión de la película británica de culto "Sexy Beast (2000)" con la que
guarda no pocas similitudes.
Director: Malcolm
Venville.
Intérpretes: John
Hurt, Ray
Winstone, Ian
McShane, Tom
Wilkinson, Stephen
Dillane, Melvil
Poupaud, Joanne
Whalley.
El mundo de Colin Diamond (Ray
Winstone) se ha vuelto del revés está profundamente enamorado de su mujer, Liz
(Joanne Whalley) pero ella va a abandonarlo por un camarero francés, Loverboy,
con el que tiene una aventura. ¿Qué ha hecho Colin para merecer algo así? La
amaba, se preocupaba por ella, a veces le llevaba flores… ¿y ahora va ella y
hace esto? ¿Le arranca el corazón y lo tira como si nada? Está disgustado, está
destrozado pero, sobre todo, está muy enfadado. No logra soportar el dolor,
acaba explotando y ataca a su mujer.Ella huye. Sus amigos, una pandilla de
individuos cuanto menos poco recomendables, se juntan para brindarle su apoyo
Archie (Tom Wilkinson), quien aún vive con su madre, pese a la edad, Meredith
(Ian McShane) un playboy homosexual, Peanut (John Hurt) el mayor de todos, y
que demuestra una inagotable sed de sangre todo el tiempo y Mal (Stephen
Dillane), de quien apenas llegamos a saber nada, Secuestran a Loverboy (Melvin
Poupaud), se lo llevan a rastras a una vieja y ruinosa casa de Londres y lo
encierran en un armario. Ahora Colin podrá darle su merecido a esa rata
traidora. Incitado por su variopinto grupo de amigos, el ofendido marido deberá
tomar una decisión. ¿Tiene intención de reparar el daño que ha sufrido? ¿Tiene
intención de matar a sangre fría al amante de su mujer?
Si llegados a este punto no he
conseguido llamar vuestra atención es que tenéis un problema y de los gordos.
porque un reparto de bestias pardas como el que tiene este film es tan difícil
de encontrar como un trébol de cinco hojas y solo leer sus nombres ya provoca
una sonrisa de satisfacción y unas expectativas desmedidas a cualquier cinéfilo
que se precie. Dirigida en su debut tras las
cámaras por el realizador Malcolm Venville "44 Inch Chest" es una pequeña gran obra
de cámara casi teatral, un puñado de personajes en un prácticamente escenario
único, brillantes diálogos y una estructura simple y elegante, de finos cortes
bien engrasados por unos personajes que se complementan unos a otros como si de
un puzzle se tratara. Los diálogos, con reminiscencias Tarantinianas, son la
invitación más irresistible para hacerse acompañar de tan radical grupo de
amigos durante hora y media. Pero al igual que como que ellos carecen de
escrúpulos y remordimientos, el espectador acabará enganchado a tan siniestra
compañía, y no querrá bajo ningún concepto que el The End aparezca en la
pantalla. No hay cuestiones éticas,
morales, o reflexiones filosóficas, ni buenos ni malos. No intenta dar un
mensaje, ni siquiera busca la reflexión: tan solo expone el derrumbamiento de
un hombre.
No hay enjuiciamiento de las acciones, solo exposición de ellas, la
incesante tensión de no saber qué pasará y, sobre todo, cuándo pasará, es lo
que la hace imprescindible en su visionado. Porque puede pasar todo o nada,
porque puede pasar lo que desde un principio se sabe que va a pasar, o lo que
nadie espera. Es esa adictiva sensación de miedo, de impaciencia, de
incertidumbre lo que te enganchará a la butaca. Y son sus geniales atmósferas
las que te moverán de un sentimiento a otro hasta casi rozar la locura y
preguntarte si lo que estás viendo es real o imaginado. Del reparto al que he aludido
antes, poco mas me puedo extender....un grupo de actores británicos en estado
de gracia y sabemos lo que eso significa, encabezados por Ray Winstone el
despechado y vengativo marido que nos mostrará todo el dolor, rabia y emoción
que el destrozado Colin sentirá, o más bien expondrá, secuencia a secuencia.
Del resto de actores todos brillan a un gran nivel un John Hurt intolerante y
violento, un Ian McShane afectado y cínico, un Tom Wilkinson inseguro y
pusilánime y un Stephen Dillane enigmático y críptico, ya los tenemos a todos
juntos en un escenario y podemos hablar del amor, del fin de este, de la
infidelidad y de los verdaderos culpables del final de una relación y como no
de una venganza, que de eso al final es de lo que se trata y muy bien escrita
por cierto, por los guionistas Louis Mellis y David Scinto autores asimismo del
guión de la película británica de culto "Sexy Beast (2000)" con la que
guarda no pocas similitudes.
Director: Malcolm
Venville.
Intérpretes: John
Hurt, Ray
Winstone, Ian
McShane, Tom
Wilkinson, Stephen
Dillane, Melvil
Poupaud, Joanne
Whalley.
Resultó cuanto menos sorprendente
(es posible que su esposa Anne Bancroft que actúa en "The Elephant Man" tuviera
algo que ver) que el reconocido comediante Mel Brooks, fuera quien produjera
esta bella y aleccionadora obra de David Lynch después de que este dirigiera
la inclasificable "Cabeza Borradora (1977)". El rechazo ante lo "estéticamente
extraño, feo y considerado como horrible" son bajo mi punto de vista
sensaciones arraigadas al ser humano, que pueden llevar a desastrosos
equívocos. Por poner algunos ejemplos, tanto el jorobado de Notre Damme de
Víctor Hugo como el Fantasma de la Ópera de Gaston Leroux, guardaban bajo su
deforme aspecto, y en ocasiones violenta actitud, almas cándidas capaces de
encontrar gusto y reciprocidad ante virtudes humanas. Pero el conocido como
Hombre Elefante "John Merrick", a diferencia de los personajes de Hugo y Leroux
existió. A finales del Siglo XIX un hombre afectado por una grave enfermedad, que
provocó en él una deformidad que plagaba todo su físico de excrecencias y
tumoraciones tales que instigaban al rechazo de absolutamente casi todo el
mundo de su época, fue mostrado durante años como atracción de circo, hasta que
el doctor Frederick Treves (Anthony Hopkins) halló a este "apestado social" para hacerse cargo de él como objeto de estudio. Treves es testigo de la
vulneración de la humanidad de John Merrick (John Hurt), que es expuesto a modo
de "freak" como espectáculo circense además de ser sometido a malos tratos,
burlas y esclavismo.
Los consumidores de la deforme visión de Merrick ignoran
en su mayoría, la infinidad de virtudes de sencillez, ternura, y la capacidad
de aprender educación que muchos humanos querrían para sí. Treves acentuará,
cuidará y educará en sensibilidad y modales al llamado hombre elefante, hasta
ahondar en un alma atormentada, apartada y maltratada, simplemente por su
destacada apariencia física. La historia del antiestético humano, se llevó al
cine con distinguida maestría por David Lynch e interpretada por un John Hurt
que tuvo que soportar un pesado maquillaje protésico que cubría todo su cuerpo,
provocándole más de un quebradero de cabeza convirtiéndose detrás de su
esfuerzo actoral que le llevó a la nominación al Oscar, en una perfecta
imitación de la fisonomía de Merrick. El espectador poco a poco descubrirá bajo
la distinguida dirección de Lynch en "El Hombre Elefante", el duro mundo de las
ferias ambulantes que ya nos había desvelado anteriormente Tod Browning con "Freaks, laparada de los monstruos (1932)", pero en esta ocasión en la desigual e
industrial época Victoriana. El maltrato de sus semejantes, la incomunicación y
el sometimiento animal al que se ve forzado en el circo, todo envuelto en un
neutro blanco y negro hacen de "El Hombre Elefante" una película triste y
demoledora, pero a la vez también, un esperanzador mensaje que hace que el
hombre como ser humano, sea capaz de mirar más allá de las ideas preconcebidas,
y las hirientes etiquetas hacia lo que no comprendemos y tachamos injustamente,
para profundizar en la sensibilidad y espiritualidad por encima de lo que vemos
y juzgamos con nuestros ojos.
John Merrick era único en su malformación, pero
también en cuanto a timidez y callada personalidad. Internado en un hospital
tras el sufrimiento como burla en ferias ambulantes, la ternura desembocará en
un sentimiento de solidaridad tutorial del doctor Treves hacia John, a través
de unas ganas de comunicarse para ganarse la confianza y el cariño de un
Merrick que se adaptará a un mundo que no está preparado para su "atípico
aspecto". Un mundo que aborrece todo "lo distinto", que es incapaz de mostrar
interés por lo que desconoce, y que seguirá con su hipócrita y superficial
actitud ante un ser humano maravilloso, que en cuanto ganó popularidad tuvo el
respeto de todos (destacando el que le toma el personaje de Bancroft). Un
hombre que maravilló por su afable personalidad haciendo que fuera conocido por
su aspecto, pero más conocido aún por su admirable bondad y sus protocolarias
formas una vez educado por su sensible mentor, un mentor capaz de ver mas allá
de su deformidad para encontrar a un hombre estupendo, al hombre elefante, el
sr. John Merrick, una historia real. Como curiosidad, a modo de mayor
afloramiento sensitivo, la música de Samuel Barber "Adagio for Strings" sirvió
tanto para "El Hombre Elefante" como para los desastres de la guerra de Vietnam
en "Platoon (1986)".
Título original: The Elephant Man.
Director: David Lynch.
Intérpretes: Anthony
Hopkins, John
Hurt, Anne
Bancroft, John
Gielgud, Wendy
Hiller, Freddie
Jones, Dexter
Fletcher.
Resultó cuanto menos sorprendente
(es posible que su esposa Anne Bancroft que actúa en "The Elephant Man" tuviera
algo que ver) que el reconocido comediante Mel Brooks, fuera quien produjera
esta bella y aleccionadora obra de David Lynch después de que este dirigiera
la inclasificable "Cabeza Borradora (1977)". El rechazo ante lo "estéticamente
extraño, feo y considerado como horrible" son bajo mi punto de vista
sensaciones arraigadas al ser humano, que pueden llevar a desastrosos
equívocos. Por poner algunos ejemplos, tanto el jorobado de Notre Damme de
Víctor Hugo como el Fantasma de la Ópera de Gaston Leroux, guardaban bajo su
deforme aspecto, y en ocasiones violenta actitud, almas cándidas capaces de
encontrar gusto y reciprocidad ante virtudes humanas. Pero el conocido como
Hombre Elefante "John Merrick", a diferencia de los personajes de Hugo y Leroux
existió. A finales del Siglo XIX un hombre afectado por una grave enfermedad, que
provocó en él una deformidad que plagaba todo su físico de excrecencias y
tumoraciones tales que instigaban al rechazo de absolutamente casi todo el
mundo de su época, fue mostrado durante años como atracción de circo, hasta que
el doctor Frederick Treves (Anthony Hopkins) halló a este "apestado social" para hacerse cargo de él como objeto de estudio. Treves es testigo de la
vulneración de la humanidad de John Merrick (John Hurt), que es expuesto a modo
de "freak" como espectáculo circense además de ser sometido a malos tratos,
burlas y esclavismo.
Los consumidores de la deforme visión de Merrick ignoran
en su mayoría, la infinidad de virtudes de sencillez, ternura, y la capacidad
de aprender educación que muchos humanos querrían para sí. Treves acentuará,
cuidará y educará en sensibilidad y modales al llamado hombre elefante, hasta
ahondar en un alma atormentada, apartada y maltratada, simplemente por su
destacada apariencia física. La historia del antiestético humano, se llevó al
cine con distinguida maestría por David Lynch e interpretada por un John Hurt
que tuvo que soportar un pesado maquillaje protésico que cubría todo su cuerpo,
provocándole más de un quebradero de cabeza convirtiéndose detrás de su
esfuerzo actoral que le llevó a la nominación al Oscar, en una perfecta
imitación de la fisonomía de Merrick. El espectador poco a poco descubrirá bajo
la distinguida dirección de Lynch en "El Hombre Elefante", el duro mundo de las
ferias ambulantes que ya nos había desvelado anteriormente Tod Browning con "Freaks, laparada de los monstruos (1932)", pero en esta ocasión en la desigual e
industrial época Victoriana. El maltrato de sus semejantes, la incomunicación y
el sometimiento animal al que se ve forzado en el circo, todo envuelto en un
neutro blanco y negro hacen de "El Hombre Elefante" una película triste y
demoledora, pero a la vez también, un esperanzador mensaje que hace que el
hombre como ser humano, sea capaz de mirar más allá de las ideas preconcebidas,
y las hirientes etiquetas hacia lo que no comprendemos y tachamos injustamente,
para profundizar en la sensibilidad y espiritualidad por encima de lo que vemos
y juzgamos con nuestros ojos.
John Merrick era único en su malformación, pero
también en cuanto a timidez y callada personalidad. Internado en un hospital
tras el sufrimiento como burla en ferias ambulantes, la ternura desembocará en
un sentimiento de solidaridad tutorial del doctor Treves hacia John, a través
de unas ganas de comunicarse para ganarse la confianza y el cariño de un
Merrick que se adaptará a un mundo que no está preparado para su "atípico
aspecto". Un mundo que aborrece todo "lo distinto", que es incapaz de mostrar
interés por lo que desconoce, y que seguirá con su hipócrita y superficial
actitud ante un ser humano maravilloso, que en cuanto ganó popularidad tuvo el
respeto de todos (destacando el que le toma el personaje de Bancroft). Un
hombre que maravilló por su afable personalidad haciendo que fuera conocido por
su aspecto, pero más conocido aún por su admirable bondad y sus protocolarias
formas una vez educado por su sensible mentor, un mentor capaz de ver mas allá
de su deformidad para encontrar a un hombre estupendo, al hombre elefante, el
sr. John Merrick, una historia real. Como curiosidad, a modo de mayor
afloramiento sensitivo, la música de Samuel Barber "Adagio for Strings" sirvió
tanto para "El Hombre Elefante" como para los desastres de la guerra de Vietnam
en "Platoon (1986)".
Título original: The Elephant Man.
Director: David Lynch.
Intérpretes: Anthony
Hopkins, John
Hurt, Anne
Bancroft, John
Gielgud, Wendy
Hiller, Freddie
Jones, Dexter
Fletcher.
La nave comercial Nostromo, compuesta por siete tripulantes, se dirige rumbo a La Tierra después de terminar su misión en el espacio. Durante el trayecto, detectan una señal de socorro procedente de un planeta, en teoría, deshabitado. Una vez en el planeta, Kane y Lambert (dos de los tripulantes) descubren una nave de gigantescas dimensiones. En ella, se encuentran unos enormes huevos en donde de uno de ellos saldrá un extraño ser que atacará a Kane pegándose fuertemente en su rostro. Ante la desesperación de salvar a Kane es llevado a la nave, todo un error ya que el peligroso ser hará de las suyas en el interior del Nostromo al ir eliminando uno a uno a los miembros de la expedición. A finales de la década de los años 70, en plena fiebre del género de la ciencia ficción, gracias en gran medida a George Lucas y "La guerra de las galaxias (1977)" y los "Encuentros en la tercera fase (1977)" de Steven Spielberg, surgiría "Alien, el octavo pasajero", un indiscutible clásico de la historia del cine y obra magna en relación a la temática alienígena. El estadounidense Dan O´Bannon fue el encargado de llevar a cabo el guión del film, un polifacético cineasta que trabajó durante su carrera cinematográfica como director, guionista y actor e incluso participó en los efectos visuales de la mencionada "La guerra de las galaxias".
Aunque "Alien, el octavo pasajero" fue su obra más representativa destacan en su trayectoria profesional "El trueno azul (1983)" dirigida por John Badham (película que tendría su propia serie televisiva en el año 1984) y "Desafío total (1990)", título de culto realizada por el holandés Paul Verhoeven e interpretada por el musculoso Arnold Schwarzenegger. Muchos tildaron el guión de O´Bannon como una copia de "El terror del más allá (1958)" y "Terror en el espacio (1965)", dos películas de serie B (una norteamericana y otra italiana) creadas en los años 50 y 60. En cierta manera tenían parte de razón ya que "Alien, el octavo pasajero" cuenta con muchas similitudes respecto a estas dos películas. A pesar de ello la historia de O´Bannon destaca sobre las dos mencionadas, no sólo por su guión, más oscuro y terrorífico, sino por la buena realización de Ridley Scott ("Blade runner (1982)"), un cineasta que a pesar del poco bagaje que tenía (por aquel entonces) en esto del séptimo demostraría sus grandes dotes como director.
"Alien, el octavo pasajero" fue su segunda (o primera, si se ve desde el punto de vista de sus trabajos en tierras norteamericanas) después de debutar en el territorio británico con "Los duelistas (1977)"). Antes de su elección para llevar a cabo las riendas de la dirección se barajó el nombre de Walter Hill (director que nos haría disfrutar ese mismo año con "The Warriors (1979)", todo un clásico del cine de bandas callejeras). Walter Hill finalmente no la dirigiría pero iba a tener una estrecha relación con la película al ser uno de los productores del film, y la verdad que no le fue nada mal, ya que "Alien, el octavo pasajero" tuvo una fuerte aceptación por parte del público hasta el extremo de convertirse en uno de los films más taquilleros del año 1.979. Para la confección del alien se contó con los servicios de H.R.Giger para que fuera el encargado del diseño. Giger, incorporado por el propio Dan O´Bannon, fue para los que no lo conozcan un artista de nacionalidad suiza que dedicó parte de su vida al mundo de la pintura, la escultura y al diseño en general.
No fue la única incursión cinematográfica de este gran artista también participaría en los diseños de "Dune (1984)", "Poltergeist II (1986)" y en los de "Species (1995)" y su posterior secuela "Species II (1998)". Este año tristemente nos dejaría a la edad de 74 años. El italiano Cario Rambaldi (también recordado por crear a otro de los populares alienígenas de la historia del cine como fue "E.T. El extraterrestre (1982)" de Steven Spielberg) sería el encargado de hacer realidad el diseño de Giger fabricándolo, mientras que el bailarín de origen nigeriano Bolaji Badejo de más de dos metros de altura le daría vida poniéndose bajo la piel de la criatura. Otro de los elementos destacados en el terreno visual, aparte del alien, sería la nave Nostromo, una nave diseñada por Jean Giraud y Ron Cobb y cuyo interiores fueron desarrollados en los estudios cinematográfico Shepperton de Inglaterra. Dentro de la nave pueden verse las escenas más angustiantes de la película, donde a través de unos dinámicos movimientos de cámara nos guiarían por cada uno de sus rincones y recovecos.
A parte de los apartados técnicos hay que hacer mención la maravillosa partitura de Jerry Goldsmith, una banda sonora que alimentaría la atmósfera de terror y angustia que se respira en la película. El hecho de que gran parte del presupuesto del film fuera a parar a la confección de los decorados y a la realización de los efectos especiales hizo que no se reuniera un reparto de actores especialmente conocidos, siendo los nombres de John Hurt ("El hombre elefante (1980)", "La puerta del cielo (1980)") y Ian Holm ("Robin y Marian (1976)", "El señor de los anillos (2001)") los de mayor peso en la película. Para el papel principal y la que iba a ser a la postre la heroína en cuestión, se escogería a Sigourney Weaver (tras rechazarlo Meryl Streep), un actriz prácticamente desconocida por aquel entonces, donde sólo la habíamos visto en un breve papel en "Annie Hall (1977)" de Woody Allen. Para la actriz su personaje de la teniente Ripley le iba a suponer la consagraración en el entorno del séptimo arte al mismo tiempo de inmortalizarse como una de las grandes heroínas de la historia del cine, como lo fueron Jane Fonda en "Barbarella (1967)", Linda Hamilton en "Terminator (1984)") o Carrie-Anne Moss en "Matrix (1999)", entre otras.
Acompañando a Sigourney Weaver y a los mencionados John Hurt e Ian Holm completarían el grupo de los siete (bueno 8 si contamos al gato) tripulantes del Nostradamos, estos fueron Yaphet Kotto ("Vive y deja morir (1973)", "Perseguido (1987)"), Tom Skerritt ("M.A.S.H. (1970)", "Top Gun (1986)"), Harry Dean Stanton ("1997: Rescate en Nueva York (1981)") y a la actriz Veronica Cartwrigt ("La invasión de los ultracuerpos (1978)"), cuyo nombre también fue barajado para encarnar a la teniente Ripley. Entre sus escenas del film destacó el momento del alien saliendo del pecho de Kane o ese instante de la teniente Ripley en camisilla y bragas haciendo frente al bicho en cuestión. Sin lugar a dudas, "Alien, el octavo pasajero" fue una película que marcaría a obras posteriores del género de la ciencia ficción, donde emularían su formula sin conseguir con ello los resultados esperados, entre estas obras nos encontraríamos películas como "La galaxia del terror (1981)" o "Leviathan. El demonio del abismo (1989)". La mayoria de penosa calidad.
De igual forma, "Alien, el octavo pasajero" iba a ser continuada por tres secuelas (sin contar la secuela no autorizada "Alien 2: Sobre la tierra (1980)") donde iba a seguir describiendo las aventuras de la teniente Ripley frente a los peligrosos aliens. Las secuelas en cuestión fueron: "Aliens el regreso (1986)" rodada por James Cameron, donde el realizador aumentaría el nivel de acción de su predecesora, "Alien 3 (1991)" donde un debutante David Fincher, antes de consagrarse en sus dos obras junto a Brad Pitt, "Seven (1995)" y "El club de la lucha (1999)", daría un toque "videoclipero" a la saga y el francés Jean-Pierre Jeunet (autor de la maravillosa "Amelie (2001)" cerraría la franquicia (hasta el momento) con "Alien resurrection (1997)", un mediocre film donde ponían a la teniente Ripley como un clon.
A parte de estas secuelas, los productores quisieron seguir obteniendo beneficios de esta criatura espacial enfrentándola con otro de los monstruos populares de los años 80 como fue "Depredador", una formula que también usaron con dos iconos del cine de terror como fueron Jason Voorhees y Freddy Krueger en "Freddy contra Jason (2003)". La película en cuestión se tituló "Aliens vs Predator (2004)" y a pesar de sus malas criticas (fue nominada a los premios razzies) se creó una segunda parte, "Aliens vs Predator (2007)", peor aún que su predecesora. En el 2012, Ridley Scott crearía un especie de precuela titulada "Prometheus" que también defraudaría a los seguidores de la saga y mostraría la decadencia que esta teniendo el realizador en la etapa actual. Abandonando el apartado cinematográfico "Alien" aprovecharía su tirón comercial para también incorporarse al mundo del cómic y los videojuegos donde fue muy bien recibido por la legión de seguidores que cuenta.
Frase para recordar: "En el espacio nadie te oirá gritar".
Titulo original: Alien. Director: Ridley Scott. Intérpretes: Sigourney Weaver, John Hurt, Yaphet Kotto, Tom Skerritt, Veronica Cartwright,Harry Dean Stanton, Ian Holm.
Trailer:
B.S.O.:
Información complementaria: Sigourney Weaver Reseña escrita por Jesús Fariña
La nave comercial Nostromo, compuesta por siete tripulantes, se dirige rumbo a La Tierra después de terminar su misión en el espacio. Durante el trayecto, detectan una señal de socorro procedente de un planeta, en teoría, deshabitado. Una vez en el planeta, Kane y Lambert (dos de los tripulantes) descubren una nave de gigantescas dimensiones. En ella, se encuentran unos enormes huevos en donde de uno de ellos saldrá un extraño ser que atacará a Kane pegándose fuertemente en su rostro. Ante la desesperación de salvar a Kane es llevado a la nave, todo un error ya que el peligroso ser hará de las suyas en el interior del Nostromo al ir eliminando uno a uno a los miembros de la expedición. A finales de la década de los años 70, en plena fiebre del género de la ciencia ficción, gracias en gran medida a George Lucas y "La guerra de las galaxias (1977)" y los "Encuentros en la tercera fase (1977)" de Steven Spielberg, surgiría "Alien, el octavo pasajero", un indiscutible clásico de la historia del cine y obra magna en relación a la temática alienígena. El estadounidense Dan O´Bannon fue el encargado de llevar a cabo el guión del film, un polifacético cineasta que trabajó durante su carrera cinematográfica como director, guionista y actor e incluso participó en los efectos visuales de la mencionada "La guerra de las galaxias".
Aunque "Alien, el octavo pasajero" fue su obra más representativa destacan en su trayectoria profesional "El trueno azul (1983)" dirigida por John Badham (película que tendría su propia serie televisiva en el año 1984) y "Desafío total (1990)", título de culto realizada por el holandés Paul Verhoeven e interpretada por el musculoso Arnold Schwarzenegger. Muchos tildaron el guión de O´Bannon como una copia de "El terror del más allá (1958)" y "Terror en el espacio (1965)", dos películas de serie B (una norteamericana y otra italiana) creadas en los años 50 y 60. En cierta manera tenían parte de razón ya que "Alien, el octavo pasajero" cuenta con muchas similitudes respecto a estas dos películas. A pesar de ello la historia de O´Bannon destaca sobre las dos mencionadas, no sólo por su guión, más oscuro y terrorífico, sino por la buena realización de Ridley Scott ("Blade runner (1982)"), un cineasta que a pesar del poco bagaje que tenía (por aquel entonces) en esto del séptimo demostraría sus grandes dotes como director.
"Alien, el octavo pasajero" fue su segunda (o primera, si se ve desde el punto de vista de sus trabajos en tierras norteamericanas) después de debutar en el territorio británico con "Los duelistas (1977)"). Antes de su elección para llevar a cabo las riendas de la dirección se barajó el nombre de Walter Hill (director que nos haría disfrutar ese mismo año con "The Warriors (1979)", todo un clásico del cine de bandas callejeras). Walter Hill finalmente no la dirigiría pero iba a tener una estrecha relación con la película al ser uno de los productores del film, y la verdad que no le fue nada mal, ya que "Alien, el octavo pasajero" tuvo una fuerte aceptación por parte del público hasta el extremo de convertirse en uno de los films más taquilleros del año 1.979. Para la confección del alien se contó con los servicios de H.R.Giger para que fuera el encargado del diseño. Giger, incorporado por el propio Dan O´Bannon, fue para los que no lo conozcan un artista de nacionalidad suiza que dedicó parte de su vida al mundo de la pintura, la escultura y al diseño en general.
No fue la única incursión cinematográfica de este gran artista también participaría en los diseños de "Dune (1984)", "Poltergeist II (1986)" y en los de "Species (1995)" y su posterior secuela "Species II (1998)". Este año tristemente nos dejaría a la edad de 74 años. El italiano Cario Rambaldi (también recordado por crear a otro de los populares alienígenas de la historia del cine como fue "E.T. El extraterrestre (1982)" de Steven Spielberg) sería el encargado de hacer realidad el diseño de Giger fabricándolo, mientras que el bailarín de origen nigeriano Bolaji Badejo de más de dos metros de altura le daría vida poniéndose bajo la piel de la criatura. Otro de los elementos destacados en el terreno visual, aparte del alien, sería la nave Nostromo, una nave diseñada por Jean Giraud y Ron Cobb y cuyo interiores fueron desarrollados en los estudios cinematográfico Shepperton de Inglaterra. Dentro de la nave pueden verse las escenas más angustiantes de la película, donde a través de unos dinámicos movimientos de cámara nos guiarían por cada uno de sus rincones y recovecos.
A parte de los apartados técnicos hay que hacer mención la maravillosa partitura de Jerry Goldsmith, una banda sonora que alimentaría la atmósfera de terror y angustia que se respira en la película. El hecho de que gran parte del presupuesto del film fuera a parar a la confección de los decorados y a la realización de los efectos especiales hizo que no se reuniera un reparto de actores especialmente conocidos, siendo los nombres de John Hurt ("El hombre elefante (1980)", "La puerta del cielo (1980)") y Ian Holm ("Robin y Marian (1976)", "El señor de los anillos (2001)") los de mayor peso en la película. Para el papel principal y la que iba a ser a la postre la heroína en cuestión, se escogería a Sigourney Weaver (tras rechazarlo Meryl Streep), un actriz prácticamente desconocida por aquel entonces, donde sólo la habíamos visto en un breve papel en "Annie Hall (1977)" de Woody Allen. Para la actriz su personaje de la teniente Ripley le iba a suponer la consagraración en el entorno del séptimo arte al mismo tiempo de inmortalizarse como una de las grandes heroínas de la historia del cine, como lo fueron Jane Fonda en "Barbarella (1967)", Linda Hamilton en "Terminator (1984)") o Carrie-Anne Moss en "Matrix (1999)", entre otras.
Acompañando a Sigourney Weaver y a los mencionados John Hurt e Ian Holm completarían el grupo de los siete (bueno 8 si contamos al gato) tripulantes del Nostradamos, estos fueron Yaphet Kotto ("Vive y deja morir (1973)", "Perseguido (1987)"), Tom Skerritt ("M.A.S.H. (1970)", "Top Gun (1986)"), Harry Dean Stanton ("1997: Rescate en Nueva York (1981)") y a la actriz Veronica Cartwrigt ("La invasión de los ultracuerpos (1978)"), cuyo nombre también fue barajado para encarnar a la teniente Ripley. Entre sus escenas del film destacó el momento del alien saliendo del pecho de Kane o ese instante de la teniente Ripley en camisilla y bragas haciendo frente al bicho en cuestión. Sin lugar a dudas, "Alien, el octavo pasajero" fue una película que marcaría a obras posteriores del género de la ciencia ficción, donde emularían su formula sin conseguir con ello los resultados esperados, entre estas obras nos encontraríamos películas como "La galaxia del terror (1981)" o "Leviathan. El demonio del abismo (1989)". La mayoria de penosa calidad.
De igual forma, "Alien, el octavo pasajero" iba a ser continuada por tres secuelas (sin contar la secuela no autorizada "Alien 2: Sobre la tierra (1980)") donde iba a seguir describiendo las aventuras de la teniente Ripley frente a los peligrosos aliens. Las secuelas en cuestión fueron: "Aliens el regreso (1986)" rodada por James Cameron, donde el realizador aumentaría el nivel de acción de su predecesora, "Alien 3 (1991)" donde un debutante David Fincher, antes de consagrarse en sus dos obras junto a Brad Pitt, "Seven (1995)" y "El club de la lucha (1999)", daría un toque "videoclipero" a la saga y el francés Jean-Pierre Jeunet (autor de la maravillosa "Amelie (2001)" cerraría la franquicia (hasta el momento) con "Alien resurrection (1997)", un mediocre film donde ponían a la teniente Ripley como un clon.
A parte de estas secuelas, los productores quisieron seguir obteniendo beneficios de esta criatura espacial enfrentándola con otro de los monstruos populares de los años 80 como fue "Depredador", una formula que también usaron con dos iconos del cine de terror como fueron Jason Voorhees y Freddy Krueger en "Freddy contra Jason (2003)". La película en cuestión se tituló "Aliens vs Predator (2004)" y a pesar de sus malas criticas (fue nominada a los premios razzies) se creó una segunda parte, "Aliens vs Predator (2007)", peor aún que su predecesora. En el 2012, Ridley Scott crearía un especie de precuela titulada "Prometheus" que también defraudaría a los seguidores de la saga y mostraría la decadencia que esta teniendo el realizador en la etapa actual. Abandonando el apartado cinematográfico "Alien" aprovecharía su tirón comercial para también incorporarse al mundo del cómic y los videojuegos donde fue muy bien recibido por la legión de seguidores que cuenta.
Frase para recordar: "En el espacio nadie te oirá gritar".
Titulo original: Alien. Director: Ridley Scott. Intérpretes: Sigourney Weaver, John Hurt, Yaphet Kotto, Tom Skerritt, Veronica Cartwright,Harry Dean Stanton, Ian Holm.
Trailer:
B.S.O.:
Información complementaria: Sigourney Weaver Reseña escrita por Jesús Fariña
"En 1919,
Charles Chaplin, Mary Pickford, Douglas Fairbanks y D.W. Griffith, quizás
cuatro de las personas más famosas sobre la tierra, fundaron su propio estudio:
United Artists. Hollywood no había visto nada igual. Una compañía de cine que
iba a ser dirigida por el talento. Pero en el invierno de 1979, dos jóvenes
ejecutivos, desesperados por producir películas que les proporcionasen los
premios de la academia, decidieron hacer el film que destruiría la compañía...". Es el comienzo de "Final
Cut: The making and unmaking Heaven’s gate (2004)" de Michael
Epstein. Magnífico documental de 55 minutos, narrado por
Willem Dafoe, que repasa los avatares y complejidades alrededor de este
majestuoso film, punto de inflexión en la implacable caída en desgracia del
realizador Michael Cimino, juzgado, condenado, y declarado culpable, sin
redención posible, del hundimiento de la major de Hollywood. United
Artists fue vendida en 1981 por su propietaria, Transamerica Corporation
(conglomerado empresarial dedicado principalmente a seguros e inversiones, que
la había adquirido en 1967), a Metro Goldwyn Mayer. Ambas fueron
reconvertidas (bajo las siglas MGM/UA) en distribuidoras de su inmenso catálogo
durante años (surtiendo televisiones de pago, como la del magnate Ted Turner, Turner
Classics Movies). En noviembre de 2006 Tom Cruise y su socia, la productora
Paula Wagner, promovieron la resurrección, con el nombre de United Artists
Entertainment LLC. El paso del tiempo ha demostrado que la venta de United
Artists fue más una cuestión de imagen y estrategia empresarial que una
colosal ruina en sí, pues el Holding Transamerica Corporation, podía
afrontar sin problemas las pérdidas económicas derivadas de la película.
Michael
Cimino había comenzado su carrera en el mundo del cine como guionista, firmando
los libretos de "Naves Misteriosas(1972)" de
Douglas Trumbull y "Harry el Fuerte(1973)" de Ted
Post. Probablemente, debido a su trabajo en esta última (firmado junto al
guionista y también futuro realizador, John Milius), Clint Eastwood le produjo
su debut en la dirección, la excelente "Un Botín de 500.000 dólares(1974)", perfecto vehículo de lucimiento
para Eastwood actor y para su compañero de reparto Jeff Bridges (por cuya
interpretación recibió una nominación al Óscar de la academia como mejor actor
secundario). Cimino cosechó un enorme éxito de público y crítica con su
siguiente film, "El Cazador (1978)". Constituye una
reposada, compleja y nada complaciente mirada a la juventud estadounidense de
entonces y particularmente a la influencia en las vidas de los desencantados
protagonistas de un conflicto tan contradictorio y anti-heroico, como la
impopular guerra de Vietnam. Un filme muy equilibrado con ecos de la prosa
nostálgica de los novelistas de la llamada generación perdida (la de autores
tan ilustres como Ernest Hemingway o Scott Fitzgerald), que prevalece como una
de las grandes películas del cine americano de entonces. Cimino recibió de
manos de Francis Ford Coppola la estatuilla al mejor director y de las de John
Wayne, el oscar a la mejor película del año 1979. La industria del cine estaba
rendida incondicionalmente a sus pies.
Para
su siguiente trabajo, el laureado realizador llega a un acuerdo con United
Artists para la realización de un guión escrito por aquél desde 1971
denominado entonces "The Johnson’s county War", inspirado en un suceso
real acontecido en el estado de Wyoming en 1892, donde los todopoderosos
caciques y tratantes de ganado, emprendieron una lucha sin cuartel para
expulsar de sus tierras a emigrantes venidos desde Centro-Europa y Rusia, en
busca de la tierra prometida. Cimino recibió un “cheque en blanco” por parte de
la productora y suscribió uno de los contratos más blindados y ventajosos para
un director de cine hasta ese momento, que le permitió contar su particular visión
del hecho histórico, enquistado en la cultura popular americana, a su entero
capricho. Significó un control total sobre las decisiones de producción, así
como sobre el montaje final. United Artists sufría un profundo cambio en
la cúpula directiva, pues, a consecuencia de una prolongada disputa salarial,
muchos ejecutivos de la compañía la abandonaron para formar Orion Pictures,
al auspicio de la todo poderosa Warner, con distribución de Metro
Goldwin Mayer. Los nuevos ejecutivos necesitaban producir grandes películas
para afincarse en sus cargos. Para ello fichaban jóvenes cineastas con talento.
Cimino, sin duda uno de los cineastas del momento, traía un guión que él mismo
definía como "Grandes esperanzas a la americana", pero que la 20th
Century Fox había rechazado, calificándolo como "... un trabajo
insatisfactorio, carente de ritmo y humor, oscuro y oblícuo...".
Existe
muchísima literatura acerca de la arrogancia de Cimino a la hora de gastar y
triplicar el presupuesto inicial, a la hora de repetir una y otra vez las
tomas, incluso las más sencillas, respecto a cómo se empeñó en vestir casi
personalmente a todos y cada uno de los extras (más de 1200), el maltrato a
éstos, que sufrían accidentes por doquier, provocando su deserción y el
consiguiente retraso en el rodaje, sobre cómo ordenó la demolición de los
edificios construidos en una calle del set levantado en el Glacier
National Park de Montana, porque necesitaba una mayor amplitud para los
movimientos de cámara que tenía en mente... Todo era poco en esa neurótica
búsqueda hacia la perfección que subyace en la realización de la película. El
Ayatolá Cimino, apodo recibido por el equipo de producción, se retrasó
considerablemente en el calendario de rodaje (causando unos gastos adicionales
diarios de 200.000 dólares), tanto, que a punto estuvo de perder el derecho
sobre el montaje final. Se dejaron de filmar otros proyectos de la compañía que
tenían luz verde, para insuflar presupuesto adicional, a lo que era ya un
despropósito financiero. Todo parecía poco para "La Puerta del Cielo". Los
productores cedieron, pensando que sería imposible que otro director acabase la
película. Cedieron, en la idea de que tendrían una obra maestra en sus manos
que compensaría todos los sinsabores de rodaje y la petulancia del director.
Una
vez concluyó el rodaje, el realizador se encerró en la sala de montaje y
contrató un guardia de seguridad para que impidiera que nadie, ni siquiera los
productores, interfirieran en su labor. Tras múltiples quebraderos de cabeza
(sobre todo para los productores) y un presupuesto final de alrededor de 40
millones de dólares de entonces (sobre uno inicial de 11.6 millones), y entre
220 y 500 horas (según la fuente), de metraje filmados, Cimino presentó en
Nueva York, el 18 de noviembre de 1980 un montaje de 219 minutos (en reducción
del inicial de 325 minutos por exigencias de los productores), que fue ignorado
por el público y recibió demoledoras reseñas por parte de la crítica
especializada. Se
retiró la película, cancelando los estrenos por todo el país. Cimino se volvió
a encerrar en la sala de montaje y de ahí salió una versión de unos 149 minutos
que se estrenó el 23 de abril de 1981, en la Exposición Internacional de Cine
de Los Ángeles. Abucheos y críticas implacables volvieron a liderar la
recepción de la película.
El
New york Times abrió la veda publicando la opinión del crítico Vincent
Canby: "La puerta del cielo fracasa tan completamente, que uno sospecha que
Cimino vendió su alma al diablo para conseguir el éxito de El Cazador, y ahora
el diablo ha venido a cobrarse la deuda... la puerta del cielo en un desastre
incalificable". Canby afirma en su crítica, que Cimino debería devolver sus
oscars, y que contó en el rodaje con un presupuesto de 50.000 dólares
para cocaína. Este último aspecto ha sido desmentido categóricamente por el
realizador.Por
su parte el carismático y agudo crítico de Chicago, Roger Ebert, escribió: " ...Si la película carecía de forma con cuatro horas, resulta insípida con
140 minutos. En cualquiera de sus longitudes está fotografiada y montada con
tanta incompetencia que hay veces en las que ni siquiera estamos seguros de qué
personajes estamos viendo...", "... esta película representa cómo tirar
36 millones de dólares por la ventana. Es el más escandaloso desperdicio de
cine que he visto nunca...".
En
nuestro país, el periodista y director de la Semana Internacional de Cine de
Valladolid, Fernando, Lara escribió para La Calle, en octubre de 1981,
que la película "... falla estrepitosamente por sus cuatro costados, desde
un guión que nunca se centra en lo que quiere decir hasta una realización
incapaz de ocultar su torpeza, pasando por unos majestuosos baches narrativos y
una descompensación entre los medios utilizados y aquello que se pretendía
contar...". Continúa Lara: "... Cimino, uno de los “niños bonitos” del
Hollywood de hoy, ensoberbecido por el éxito de su odisea El Cazador, ha
seguido para mal, aquello que dijo Orson Welles de que había entrado en los
estudios como un crío al que le han dejado un montón de juguetes que ni
siquiera sabe manejar... la diferencia es que a Welles le salió Ciudadano Kane
y a Cimino algo tan superfallido como La Puerta del Cielo...".
Carlos
Aguilar en su Guía del cine (Ediciones Cátedra, 1995), afirma: "El tercer
largometraje de Cimino, célebre por la hecatombe económica que precipitó sobre
sus productores. Puede entenderse: el exceso de medios no basta para disipar el
cúmulo de errores que comete el film al intentar aunar en un “western”
crepuscular, la revisión histórica, la baza social y la autocontemplación
esteticista" .Por
su parte Juan Tejero en su libro ¡Este Rodaje es la guerra! (T&B
editores, 2003), dispone "... lo que hace todo más triste son los
ocasionales destellos de brillantez que sugieren que, en algún lugar de este
indigesto material, había una buena película luchando por tomar forma...".
Sentencia Tejero: “... el abreviado montaje final de la puerta del cielo
confirma que, en realidad, los árboles nunca le dejaron ver el bosque. Y no fue
hasta que hubo podado todos esos árboles cuando descubrió que no había ningún
bosque en absoluto. Nunca lo había habido”.
El inmediato y estrepitoso fracaso
de la película (1.300.000 dólares de recaudación el primer fin de semana, y
alrededor de 3.500.000 dólares en toda su andadura comercial, sobre un coste
final inconfesado, incluyendo gastos de promoción y distribución, de más de
cien millones), acabó con la carrera del recién nombrado presidente de la United
Artists, Andy Albeck, quien dimitió resignado, y con la del jefe de
producción Steven Bach, que fue despedido, junto a otros cuatro ejecutivos de
la compañía. Bach
escribió el libro "Final Cut, Art, money and ego in the making of Heaven´s
gate" .La guinda del pastel, vino dada por unas declaraciones del propio
Cimino, totalmente desafortunadas. El realizador afirmó. “... un amigo me
dijo que hicimos la película para la generación errónea... Una vez fuimos un
país que valoraba la habilidad y el individualismo. Creo que estamos en el
proceso gradual de perder la importancia que dábamos a esas cualidades”.
Tales declaraciones que hacen pensar que probablemente Cimino habría hecho una
aproximación muy personal a la novela El Manantial de Ayn Rand, todo un
canto al individualismo y la integridad, frente a la mediocridad colectiva que,
se supone, sería su siguiente proyecto para United Artists.
La
estrategia de la industria ante el desastre fue diáfana y contundente: cerrar
filas en torno al megalómano realizador. Como quiera que Michael Cimino tuvo el
control total de la producción, la culpa del debacle era por completo suya, y
de su arrogancia. Cimino, según los productores, había olvidado que la
finalidad del cine de Hollywood era entretener y ser rentable. Este
fracaso, unido al estrepitoso del año siguiente, el de Francis Ford Coppola con
su película-empeño personal, la excelente "Corazonada(1982)", que acabó con el sueño de su estudio alternativo Zoetrope,
supusieron las excusas perfectas para rediseñar la manera de hacer cine en la
industria. Lejos, bien lejos, quedaba la megalomanía de los realizadores del
denominado new Hollywood, ese cine surgido a finales de los 60, cuyo
origen muchos teóricos del cine lo sitúan en "Bonnie & Clyde(1967)", de Arthur Penn, que eclosionó en los 70 (con la generación de Spielberg,
Coppola, De Palma, o Scorsese), que combina el tono marcadamente intelectual,
con el espectáculo y entretenimiento y que, al responder la taquilla, otorgó a
los realizadores, el control total sobre los productos. El control sobre
las decisiones y el resultado final, volvía irremisiblemente a los ejecutivos
de los estudios, como antaño, en los tiempos de Louis B. Mayer. La diferencia,
sin embargo era notoria. Meyer o Irving Thalberg, eran hombres de cine,
mientras que en los 80, las productoras llevaban años en manos de conglomerados
empresariales cuyos ejecutivos no tenían la más remota idea del proceso de
hacer cine. Es el modelo que prevalece en la actualidad.
Se
coloca a Michael Cimino en la inconfesable lista negra, la que le cierra todas
las puertas del negocio del cine para futuros proyectos. Se le otorga el premio
Razzie al peor director de 1982 y su carrera es lanzada a la deriva del
ostracismo, salvada ocasionalmente por algún productor avispado como Dino de
Laurentiis, quien le produciría largometrajes magníficos como "Manhattan Sur(1984)" y "37 horas desesperadas (1990)", que el director afrontó con encomiable
oficio. Será ese hermoso poema visual titulado "Sunchaser (1996)" su
último trabajo tras las cámaras, sin contar su participación en el filme
colectivo "A cada uno su cine (2007)", donde
se recopilan 35 cortometrajes, dirigidos por realizadores como Theo
Angelopoulos, Chen Kaige, Olivier Assayas, los Hermanos Cohen o Manoel de
Oliveira, con ocasión al 60 aniversario del Festival de Cannes. Cimino continúa
en la actualidad hablando de cine con su entusiasmo casi intacto. Ha continuado
escribiendo guiones y planificando películas (tiene escrito un libreto en el
dialecto Sioux, con el que pretende, nada menos, que la reconciliación
de América con la nación india), pero nadie toca a su puerta. Michael Cimino
estaba convencido que "La Puerta del Cielo" le daría su lugar en la
historia del cine... tenía razón.
Analizando
esta obra, más de 30 años después, en su versión íntegra (que pudimos ver en
España por vez primera gracias a un cuidado pase en TVE, en los tiempos en los
que su directora era la realizadora Pilar Miró), quizá sea momento de ir al
valor de la obra en sí, pues el tiempo coloca todo en su preciso lugar. Las
críticas sufridas por la película en su momento, algunas de las cuales hemos
citado más arriba, se centraron prácticamente en la arrogancia del gasto, en la
prepotencia del realizador y en cierto anecdotario “rosa” del rodaje. Tales
circunstancias, sin duda, nublaron el buen juicio. Tal vez, parafraseando a
Juan Tejera en su excelente libro, los árboles no dejaron a los críticos ver el
bosque. Durante
el visionado de esta compleja película, es inevitable pensar en que era
imposible que este western claramente “de izquierdas”, filmado, además,
en unos tiempos donde el género no gozaba del favor del público, pudiese
triunfar en la taquilla. Es un western rebelde, que trata de sacudir
conciencias, que navega a contracorriente, contra el poder establecido.
"La
puerta del cielo" narra con énfasis la guerra emprendida por la acaudalada y
todopoderosa Asociación de Criadores de Ganado, liderados por Frank
Canton (Sam Waterston), contra unos humildes granjeros rusos, alemanes y
eslavos, que han viajado a América para tratar de obtener su “pedazo” del sueño
americano, a quienes consideran “Emigrantes que se hacen pasar por
granjeros. Ladrones y anarquistas que explotan nuestros campos”. Apoyados
por el Gobernador del Estado de Wyoming, el Senado, el Congreso y por el mismo
Presidente de EEUU, la Asociación posee una lista de 125 nombres de personas a
exterminar. La película convierte a la “respetable” Asociación de ganaderos, en
un grupo de asesinos, amparado por altas personalidades de la política y
estamentos sociales del país. Cuando la Caballería irrumpe en el enfrentamiento
final (que van ganando los emigrantes) y acude al rescate, enarbolando una
enorme bandera americana, lo hace para proteger a los villanos de la función.
Canton había dicho en su primera secuencia, ante los integrantes de la
Asociación “si fracasamos, fracasará la bandera de los EEUU”. En los
instantes que preceden la irrupción de los soldados, hemos visto a las mujeres
y niños armados y en lucha por una vida mejor, en un enfrentamiento que no
buscaron, muriendo acribilladas salvajemente. Asesinos precisos y bien
entrenados y bien pagados, contra famélicos e inexpertos campesinos emigrantes,
en los que se ceba la crueldad y la desgracia.
Cimino destroza los cánones del western
clásico en la narración de enfrentamientos hasta entonces arquetípicos. Toda
una carga de profundidad dentro del propio sistema, que acabó estallando ante
el propio creador. La culpa del fiasco, debe de ser sin duda, compartida con
los productores, obnubilados por los oscars amasados por la anterior
película del guionista y realizador. Es
evidente que Cimino dio todo lo que era capaz en esta película, culto excesivo
a la búsqueda de la perfección. Narrada con la ambición de quien pretende estar
narrando la película definitiva, es
una mezcla de western crepuscular y epopeya histórica, con un triangulo
amoroso, como concesión a la comercialidad, pero triunfa como retrato del
sufrimiento humano y del desencanto de las causas perdidas, ante el triunfo de
la impunidad legal. Los personajes principales están bien delimitados. El Marshall
James Averill (inexpresivo pero carismático Kris Kristoferson), estudiante de
Yale, un hombre idealista, íntegro y justo, prototipo de Aristócrata que
traiciona a los suyos (así se lo reprochará Canton), luchando a favor de la
plebe desfavorecida contra el intolerante establishment.
El mercenario
Nathan D. Champion (Christopher Walken, un tanto inadaptado en pantalla, como su
personaje), asesino de emigrantes, que encontrará su integridad perdida al
saber que el amor de su vida, la prostituta Ella Watson (Isabelle Huppert) está
en la lista de la Asociación por aceptar en su burdel cabezas de ganado robadas
a los todopoderosos ganaderos. El bloque central (tras el enorme prólogo en
Yale, en 1870), transcurre en 1892, los días del asalto del Condado de Johnson,
en los alrededores de la ciudad de Casper, en el estado de Wyoming, por parte
de la Asociación y sus asesinos. La versión de 219 minutos comprende un epílogo
que transcurre en un Yate en Newport, Rhode Island, donde Averill reflexiona
sobre los hechos acontecidos. Cimino
se toma su tiempo entre bellísimos paisajes del cielo y la inmensa llanura (en
estupendas localizaciones repartidas entre Montana, Idaho, Oxford y Rhode
Island), bailes sobre patines, o el bellísimo baile de James y Ella en
solitario, entre solemnes cabalgadas, románticos paseos en carruaje, secuencias
íntimas de pareja, polémicas asambleas y la batalla épica final. Concede
atractivos diálogos para actores como John Hurt, Jeff Bridges, Terry O´Quinn,
Geoffrey Lewis, Mickey Rourke o Brad Dourif, que enriquecen cada plano en el
que intervienen. La predilección del realizador pasa por secuencias largas, por
el gusto por introducir multitudes en el plano, mostrando un absoluto dominio
del espacio y del encuadre, por ciertas citas pictóricas (no es difícil
reconocer en la secuencia donde Ella se baña en un riachuelo, los famosos
cuadros de las bañistas de Renoir), sin terminar de encontrar siempre un tono
equilibrado, que sí estaba en las tres horas de "El Cazador (1979)".
La
película posee una bellísima banda sonora, a cargo del joven David Mansfield,
que cuenta con un pequeño papel en la película (el violinista sobre patines que
abre el baile en el local Heaven’s gate), inseparable a la filmografía
de Cimino. La música, que utiliza en muchos pasajes la balalaika,
instrumento de cuerda empleado por Maurice Jarre para "Doctor Zhivago (1965)", de David Lean, está maravillosamente integrada en la trama, casi a
modo de musical clásico. Destaca el empleo trágico del hermoso Vals Danubio
Azul, de Johann Strauss, al que se recurre en diferentes tempos
durante la cinta. El realizador cuenta en ese apartado con la ayuda inestimable
de músicos como T-Bone Burnett, con el que consigue un fascinante uso de
cierta música tradicional que luce en todo su esplendor en la sensacional
secuencia del baile-patinaje. Esta
hermosa película cuenta igualmente con una magnífica fotografía, muy criticada
en su momento (Ebert fue demoledor al respecto), obra del Húngaro Vilmos
Zsigmond, unos de los grandes operadores de Hollywood, que retrata
magistralmente la épica del sufrimiento, con esos apropiados tonos sepia, que
lo invaden todo, junto al polvo y tierra, es decir, aquello por lo que se lucha
en la película.
La
obra, pese a todos sus límites, defectos e irregularidades, es definitivamente
apasionante, en su versión de 219 minutos. El remontaje de 140 minutos, que
reordena escenas, añade confusión, y resta sutileza con una inapropiada voz en
off del protagonista, no hace justicia a la solemnidad y belleza que su
realizador quiere expresar. El metraje completo es una obra muy bien pensada,
que rebosa poética y lirismo, rodada con sensibilidad y elegancia, con un uso
dramático del paisaje (un poco a la manera de Anthony Mann), en el que son
perceptibles los ecos del cine de Sergei M. Eisenstein, en el tratamiento
trágico de la desclasada población emigrante. Un buen ejemplo de esa influencia
es la secuencia de la mujer eslava, una de las prostitutas de Ella, que ha
tenido que matar a su esposo, retorcido por el dolor (un carro ha pasado
repetidamente sobre sus piernas), se coloca una pistola en la boca y se pega un
tiro, al ver a la Caballería con la bandera norteamericana ondeante socorriendo
a los asesinos de la Asociación. El brazo fuerte de la ley ayuda al poderoso.
No hay cabida para la “insoportable levedad” del sueño americano. No existen
imágenes muy diferentes en "El Acorazado Potemkin(1925)" de
Eisestein.
Otra
secuencia magnífica es la primera aparición de Nathan D. Champion, mercenario
inicialmente al servicio de la Asociación de ganaderos. Champion irrumpe
furtivamente en la granja de los Kovach, una familia de emigrantes que han
robado una cabeza de ganado. La silueta de Champion se vislumbra tras una
sábana de tela tendida para ocultar el destripamiento del animal. Empuña un
fusil. Dispara a través de la tela y mata a Kovach. La cámara enfoca a Champion
a través de la tela desgarrada. Tras la llegada de la esposa gritando a asistir
a su esposo moribundo, vemos al mercenario darse la vuelta e irse, a través del
mismo agujero de la sábana destrozada por su disparo. Es
imposible permanecer impasible ante la solemnidad y belleza de las imágenes de
esta incomprendida obra de arte, aunque reivindicada actualmente, en parte
gracias a flamantes ediciones en formato doméstico, en EEUU e Inglaterra, que
respetan y enaltecen la visión de su realizador. Un apasionante fresco
histórico, monumento a la ambición y la arrogancia, sin duda, pero que
permanece como un canto a la personalidad del director de cine (para lo bueno y
para lo malo) y se erige en una de las obras imprescindibles del séptimo arte.
Frases para recordar:
"-Esto es
propiedad privada. Podríamos dispararle legalmente.
-Legalmente,
bastardos, tienen derecho a proteger su propiedad, pero, a menos que tengan una
orden judicial por cada nombre de esa lista, ¡permanezcan fuera de mi condado!
-Usted estorba
cualquier esfuerzo para proteger nuestra propiedad y la de los miembros de su
propia clase.
-Usted no es de
mi clase, Canton y nunca lo será. Primero tendría que morir y volver a nacer."
"... Este ya no
es un país de pobres...".
"-Empieza a
ser peligroso ser pobre en este país ¿verdad?
-Siempre lo
fue".
"¿Sabes lo menos
que me gusta de ti, Jim? Eres un hombre rico, tienes un buen nombre... sólo
finges ser pobre."
"¡Se
oponen... a... a cualquiera que se asiente y mejore las cosas en este país!
O al que
intente hacer algo más que pastos de ganado... para... para los especuladores
del este. ¡Ellos instauraron la idea de que los pobres no tienen nada que decir
sobre los asuntos de este país!".
Frase de Michael Cimino para la revista Sofilm en el número nº3 julio/agosto 2.013:
"El
ritmo de la película es lo más importante y eso se implanta desde el principio.
Cuando uno escribe, no deja nunca de dirigir, y cuando dirige ha de estar
totalmente implicado. En La puerta del cielo, no necesitaba ni mirar el guión,
sabía lo que estaba haciendo con todo detalle."
Título original: Heaven´s gate.
Director: Michael Cimino.
Intérpretes: Kris Kristofferson, Isabelle Huppert, Christopher Walken, Jeff Bridge, John Hurt.
"En 1919,
Charles Chaplin, Mary Pickford, Douglas Fairbanks y D.W. Griffith, quizás
cuatro de las personas más famosas sobre la tierra, fundaron su propio estudio:
United Artists. Hollywood no había visto nada igual. Una compañía de cine que
iba a ser dirigida por el talento. Pero en el invierno de 1979, dos jóvenes
ejecutivos, desesperados por producir películas que les proporcionasen los
premios de la academia, decidieron hacer el film que destruiría la compañía...". Es el comienzo de "Final
Cut: The making and unmaking Heaven’s gate (2004)" de Michael
Epstein. Magnífico documental de 55 minutos, narrado por
Willem Dafoe, que repasa los avatares y complejidades alrededor de este
majestuoso film, punto de inflexión en la implacable caída en desgracia del
realizador Michael Cimino, juzgado, condenado, y declarado culpable, sin
redención posible, del hundimiento de la major de Hollywood. United
Artists fue vendida en 1981 por su propietaria, Transamerica Corporation
(conglomerado empresarial dedicado principalmente a seguros e inversiones, que
la había adquirido en 1967), a Metro Goldwyn Mayer. Ambas fueron
reconvertidas (bajo las siglas MGM/UA) en distribuidoras de su inmenso catálogo
durante años (surtiendo televisiones de pago, como la del magnate Ted Turner, Turner
Classics Movies). En noviembre de 2006 Tom Cruise y su socia, la productora
Paula Wagner, promovieron la resurrección, con el nombre de United Artists
Entertainment LLC. El paso del tiempo ha demostrado que la venta de United
Artists fue más una cuestión de imagen y estrategia empresarial que una
colosal ruina en sí, pues el Holding Transamerica Corporation, podía
afrontar sin problemas las pérdidas económicas derivadas de la película.
Michael
Cimino había comenzado su carrera en el mundo del cine como guionista, firmando
los libretos de "Naves Misteriosas(1972)" de
Douglas Trumbull y "Harry el Fuerte(1973)" de Ted
Post. Probablemente, debido a su trabajo en esta última (firmado junto al
guionista y también futuro realizador, John Milius), Clint Eastwood le produjo
su debut en la dirección, la excelente "Un Botín de 500.000 dólares(1974)", perfecto vehículo de lucimiento
para Eastwood actor y para su compañero de reparto Jeff Bridges (por cuya
interpretación recibió una nominación al Óscar de la academia como mejor actor
secundario). Cimino cosechó un enorme éxito de público y crítica con su
siguiente film, "El Cazador (1978)". Constituye una
reposada, compleja y nada complaciente mirada a la juventud estadounidense de
entonces y particularmente a la influencia en las vidas de los desencantados
protagonistas de un conflicto tan contradictorio y anti-heroico, como la
impopular guerra de Vietnam. Un filme muy equilibrado con ecos de la prosa
nostálgica de los novelistas de la llamada generación perdida (la de autores
tan ilustres como Ernest Hemingway o Scott Fitzgerald), que prevalece como una
de las grandes películas del cine americano de entonces. Cimino recibió de
manos de Francis Ford Coppola la estatuilla al mejor director y de las de John
Wayne, el oscar a la mejor película del año 1979. La industria del cine estaba
rendida incondicionalmente a sus pies.
Para
su siguiente trabajo, el laureado realizador llega a un acuerdo con United
Artists para la realización de un guión escrito por aquél desde 1971
denominado entonces "The Johnson’s county War", inspirado en un suceso
real acontecido en el estado de Wyoming en 1892, donde los todopoderosos
caciques y tratantes de ganado, emprendieron una lucha sin cuartel para
expulsar de sus tierras a emigrantes venidos desde Centro-Europa y Rusia, en
busca de la tierra prometida. Cimino recibió un “cheque en blanco” por parte de
la productora y suscribió uno de los contratos más blindados y ventajosos para
un director de cine hasta ese momento, que le permitió contar su particular visión
del hecho histórico, enquistado en la cultura popular americana, a su entero
capricho. Significó un control total sobre las decisiones de producción, así
como sobre el montaje final. United Artists sufría un profundo cambio en
la cúpula directiva, pues, a consecuencia de una prolongada disputa salarial,
muchos ejecutivos de la compañía la abandonaron para formar Orion Pictures,
al auspicio de la todo poderosa Warner, con distribución de Metro
Goldwin Mayer. Los nuevos ejecutivos necesitaban producir grandes películas
para afincarse en sus cargos. Para ello fichaban jóvenes cineastas con talento.
Cimino, sin duda uno de los cineastas del momento, traía un guión que él mismo
definía como "Grandes esperanzas a la americana", pero que la 20th
Century Fox había rechazado, calificándolo como "... un trabajo
insatisfactorio, carente de ritmo y humor, oscuro y oblícuo...".
Existe
muchísima literatura acerca de la arrogancia de Cimino a la hora de gastar y
triplicar el presupuesto inicial, a la hora de repetir una y otra vez las
tomas, incluso las más sencillas, respecto a cómo se empeñó en vestir casi
personalmente a todos y cada uno de los extras (más de 1200), el maltrato a
éstos, que sufrían accidentes por doquier, provocando su deserción y el
consiguiente retraso en el rodaje, sobre cómo ordenó la demolición de los
edificios construidos en una calle del set levantado en el Glacier
National Park de Montana, porque necesitaba una mayor amplitud para los
movimientos de cámara que tenía en mente... Todo era poco en esa neurótica
búsqueda hacia la perfección que subyace en la realización de la película. El
Ayatolá Cimino, apodo recibido por el equipo de producción, se retrasó
considerablemente en el calendario de rodaje (causando unos gastos adicionales
diarios de 200.000 dólares), tanto, que a punto estuvo de perder el derecho
sobre el montaje final. Se dejaron de filmar otros proyectos de la compañía que
tenían luz verde, para insuflar presupuesto adicional, a lo que era ya un
despropósito financiero. Todo parecía poco para "La Puerta del Cielo". Los
productores cedieron, pensando que sería imposible que otro director acabase la
película. Cedieron, en la idea de que tendrían una obra maestra en sus manos
que compensaría todos los sinsabores de rodaje y la petulancia del director.
Una
vez concluyó el rodaje, el realizador se encerró en la sala de montaje y
contrató un guardia de seguridad para que impidiera que nadie, ni siquiera los
productores, interfirieran en su labor. Tras múltiples quebraderos de cabeza
(sobre todo para los productores) y un presupuesto final de alrededor de 40
millones de dólares de entonces (sobre uno inicial de 11.6 millones), y entre
220 y 500 horas (según la fuente), de metraje filmados, Cimino presentó en
Nueva York, el 18 de noviembre de 1980 un montaje de 219 minutos (en reducción
del inicial de 325 minutos por exigencias de los productores), que fue ignorado
por el público y recibió demoledoras reseñas por parte de la crítica
especializada. Se
retiró la película, cancelando los estrenos por todo el país. Cimino se volvió
a encerrar en la sala de montaje y de ahí salió una versión de unos 149 minutos
que se estrenó el 23 de abril de 1981, en la Exposición Internacional de Cine
de Los Ángeles. Abucheos y críticas implacables volvieron a liderar la
recepción de la película.
El
New york Times abrió la veda publicando la opinión del crítico Vincent
Canby: "La puerta del cielo fracasa tan completamente, que uno sospecha que
Cimino vendió su alma al diablo para conseguir el éxito de El Cazador, y ahora
el diablo ha venido a cobrarse la deuda... la puerta del cielo en un desastre
incalificable". Canby afirma en su crítica, que Cimino debería devolver sus
oscars, y que contó en el rodaje con un presupuesto de 50.000 dólares
para cocaína. Este último aspecto ha sido desmentido categóricamente por el
realizador.Por
su parte el carismático y agudo crítico de Chicago, Roger Ebert, escribió: " ...Si la película carecía de forma con cuatro horas, resulta insípida con
140 minutos. En cualquiera de sus longitudes está fotografiada y montada con
tanta incompetencia que hay veces en las que ni siquiera estamos seguros de qué
personajes estamos viendo...", "... esta película representa cómo tirar
36 millones de dólares por la ventana. Es el más escandaloso desperdicio de
cine que he visto nunca...".
En
nuestro país, el periodista y director de la Semana Internacional de Cine de
Valladolid, Fernando, Lara escribió para La Calle, en octubre de 1981,
que la película "... falla estrepitosamente por sus cuatro costados, desde
un guión que nunca se centra en lo que quiere decir hasta una realización
incapaz de ocultar su torpeza, pasando por unos majestuosos baches narrativos y
una descompensación entre los medios utilizados y aquello que se pretendía
contar...". Continúa Lara: "... Cimino, uno de los “niños bonitos” del
Hollywood de hoy, ensoberbecido por el éxito de su odisea El Cazador, ha
seguido para mal, aquello que dijo Orson Welles de que había entrado en los
estudios como un crío al que le han dejado un montón de juguetes que ni
siquiera sabe manejar... la diferencia es que a Welles le salió Ciudadano Kane
y a Cimino algo tan superfallido como La Puerta del Cielo...".
Carlos
Aguilar en su Guía del cine (Ediciones Cátedra, 1995), afirma: "El tercer
largometraje de Cimino, célebre por la hecatombe económica que precipitó sobre
sus productores. Puede entenderse: el exceso de medios no basta para disipar el
cúmulo de errores que comete el film al intentar aunar en un “western”
crepuscular, la revisión histórica, la baza social y la autocontemplación
esteticista" .Por
su parte Juan Tejero en su libro ¡Este Rodaje es la guerra! (T&B
editores, 2003), dispone "... lo que hace todo más triste son los
ocasionales destellos de brillantez que sugieren que, en algún lugar de este
indigesto material, había una buena película luchando por tomar forma...".
Sentencia Tejero: “... el abreviado montaje final de la puerta del cielo
confirma que, en realidad, los árboles nunca le dejaron ver el bosque. Y no fue
hasta que hubo podado todos esos árboles cuando descubrió que no había ningún
bosque en absoluto. Nunca lo había habido”.
El inmediato y estrepitoso fracaso
de la película (1.300.000 dólares de recaudación el primer fin de semana, y
alrededor de 3.500.000 dólares en toda su andadura comercial, sobre un coste
final inconfesado, incluyendo gastos de promoción y distribución, de más de
cien millones), acabó con la carrera del recién nombrado presidente de la United
Artists, Andy Albeck, quien dimitió resignado, y con la del jefe de
producción Steven Bach, que fue despedido, junto a otros cuatro ejecutivos de
la compañía. Bach
escribió el libro "Final Cut, Art, money and ego in the making of Heaven´s
gate" .La guinda del pastel, vino dada por unas declaraciones del propio
Cimino, totalmente desafortunadas. El realizador afirmó. “... un amigo me
dijo que hicimos la película para la generación errónea... Una vez fuimos un
país que valoraba la habilidad y el individualismo. Creo que estamos en el
proceso gradual de perder la importancia que dábamos a esas cualidades”.
Tales declaraciones que hacen pensar que probablemente Cimino habría hecho una
aproximación muy personal a la novela El Manantial de Ayn Rand, todo un
canto al individualismo y la integridad, frente a la mediocridad colectiva que,
se supone, sería su siguiente proyecto para United Artists.
La
estrategia de la industria ante el desastre fue diáfana y contundente: cerrar
filas en torno al megalómano realizador. Como quiera que Michael Cimino tuvo el
control total de la producción, la culpa del debacle era por completo suya, y
de su arrogancia. Cimino, según los productores, había olvidado que la
finalidad del cine de Hollywood era entretener y ser rentable. Este
fracaso, unido al estrepitoso del año siguiente, el de Francis Ford Coppola con
su película-empeño personal, la excelente "Corazonada(1982)", que acabó con el sueño de su estudio alternativo Zoetrope,
supusieron las excusas perfectas para rediseñar la manera de hacer cine en la
industria. Lejos, bien lejos, quedaba la megalomanía de los realizadores del
denominado new Hollywood, ese cine surgido a finales de los 60, cuyo
origen muchos teóricos del cine lo sitúan en "Bonnie & Clyde(1967)", de Arthur Penn, que eclosionó en los 70 (con la generación de Spielberg,
Coppola, De Palma, o Scorsese), que combina el tono marcadamente intelectual,
con el espectáculo y entretenimiento y que, al responder la taquilla, otorgó a
los realizadores, el control total sobre los productos. El control sobre
las decisiones y el resultado final, volvía irremisiblemente a los ejecutivos
de los estudios, como antaño, en los tiempos de Louis B. Mayer. La diferencia,
sin embargo era notoria. Meyer o Irving Thalberg, eran hombres de cine,
mientras que en los 80, las productoras llevaban años en manos de conglomerados
empresariales cuyos ejecutivos no tenían la más remota idea del proceso de
hacer cine. Es el modelo que prevalece en la actualidad.
Se
coloca a Michael Cimino en la inconfesable lista negra, la que le cierra todas
las puertas del negocio del cine para futuros proyectos. Se le otorga el premio
Razzie al peor director de 1982 y su carrera es lanzada a la deriva del
ostracismo, salvada ocasionalmente por algún productor avispado como Dino de
Laurentiis, quien le produciría largometrajes magníficos como "Manhattan Sur(1984)" y "37 horas desesperadas (1990)", que el director afrontó con encomiable
oficio. Será ese hermoso poema visual titulado "Sunchaser (1996)" su
último trabajo tras las cámaras, sin contar su participación en el filme
colectivo "A cada uno su cine (2007)", donde
se recopilan 35 cortometrajes, dirigidos por realizadores como Theo
Angelopoulos, Chen Kaige, Olivier Assayas, los Hermanos Cohen o Manoel de
Oliveira, con ocasión al 60 aniversario del Festival de Cannes. Cimino continúa
en la actualidad hablando de cine con su entusiasmo casi intacto. Ha continuado
escribiendo guiones y planificando películas (tiene escrito un libreto en el
dialecto Sioux, con el que pretende, nada menos, que la reconciliación
de América con la nación india), pero nadie toca a su puerta. Michael Cimino
estaba convencido que "La Puerta del Cielo" le daría su lugar en la
historia del cine... tenía razón.
Analizando
esta obra, más de 30 años después, en su versión íntegra (que pudimos ver en
España por vez primera gracias a un cuidado pase en TVE, en los tiempos en los
que su directora era la realizadora Pilar Miró), quizá sea momento de ir al
valor de la obra en sí, pues el tiempo coloca todo en su preciso lugar. Las
críticas sufridas por la película en su momento, algunas de las cuales hemos
citado más arriba, se centraron prácticamente en la arrogancia del gasto, en la
prepotencia del realizador y en cierto anecdotario “rosa” del rodaje. Tales
circunstancias, sin duda, nublaron el buen juicio. Tal vez, parafraseando a
Juan Tejera en su excelente libro, los árboles no dejaron a los críticos ver el
bosque. Durante
el visionado de esta compleja película, es inevitable pensar en que era
imposible que este western claramente “de izquierdas”, filmado, además,
en unos tiempos donde el género no gozaba del favor del público, pudiese
triunfar en la taquilla. Es un western rebelde, que trata de sacudir
conciencias, que navega a contracorriente, contra el poder establecido.
"La
puerta del cielo" narra con énfasis la guerra emprendida por la acaudalada y
todopoderosa Asociación de Criadores de Ganado, liderados por Frank
Canton (Sam Waterston), contra unos humildes granjeros rusos, alemanes y
eslavos, que han viajado a América para tratar de obtener su “pedazo” del sueño
americano, a quienes consideran “Emigrantes que se hacen pasar por
granjeros. Ladrones y anarquistas que explotan nuestros campos”. Apoyados
por el Gobernador del Estado de Wyoming, el Senado, el Congreso y por el mismo
Presidente de EEUU, la Asociación posee una lista de 125 nombres de personas a
exterminar. La película convierte a la “respetable” Asociación de ganaderos, en
un grupo de asesinos, amparado por altas personalidades de la política y
estamentos sociales del país. Cuando la Caballería irrumpe en el enfrentamiento
final (que van ganando los emigrantes) y acude al rescate, enarbolando una
enorme bandera americana, lo hace para proteger a los villanos de la función.
Canton había dicho en su primera secuencia, ante los integrantes de la
Asociación “si fracasamos, fracasará la bandera de los EEUU”. En los
instantes que preceden la irrupción de los soldados, hemos visto a las mujeres
y niños armados y en lucha por una vida mejor, en un enfrentamiento que no
buscaron, muriendo acribilladas salvajemente. Asesinos precisos y bien
entrenados y bien pagados, contra famélicos e inexpertos campesinos emigrantes,
en los que se ceba la crueldad y la desgracia.
Cimino destroza los cánones del western
clásico en la narración de enfrentamientos hasta entonces arquetípicos. Toda
una carga de profundidad dentro del propio sistema, que acabó estallando ante
el propio creador. La culpa del fiasco, debe de ser sin duda, compartida con
los productores, obnubilados por los oscars amasados por la anterior
película del guionista y realizador. Es
evidente que Cimino dio todo lo que era capaz en esta película, culto excesivo
a la búsqueda de la perfección. Narrada con la ambición de quien pretende estar
narrando la película definitiva, es
una mezcla de western crepuscular y epopeya histórica, con un triangulo
amoroso, como concesión a la comercialidad, pero triunfa como retrato del
sufrimiento humano y del desencanto de las causas perdidas, ante el triunfo de
la impunidad legal. Los personajes principales están bien delimitados. El Marshall
James Averill (inexpresivo pero carismático Kris Kristoferson), estudiante de
Yale, un hombre idealista, íntegro y justo, prototipo de Aristócrata que
traiciona a los suyos (así se lo reprochará Canton), luchando a favor de la
plebe desfavorecida contra el intolerante establishment.
El mercenario
Nathan D. Champion (Christopher Walken, un tanto inadaptado en pantalla, como su
personaje), asesino de emigrantes, que encontrará su integridad perdida al
saber que el amor de su vida, la prostituta Ella Watson (Isabelle Huppert) está
en la lista de la Asociación por aceptar en su burdel cabezas de ganado robadas
a los todopoderosos ganaderos. El bloque central (tras el enorme prólogo en
Yale, en 1870), transcurre en 1892, los días del asalto del Condado de Johnson,
en los alrededores de la ciudad de Casper, en el estado de Wyoming, por parte
de la Asociación y sus asesinos. La versión de 219 minutos comprende un epílogo
que transcurre en un Yate en Newport, Rhode Island, donde Averill reflexiona
sobre los hechos acontecidos. Cimino
se toma su tiempo entre bellísimos paisajes del cielo y la inmensa llanura (en
estupendas localizaciones repartidas entre Montana, Idaho, Oxford y Rhode
Island), bailes sobre patines, o el bellísimo baile de James y Ella en
solitario, entre solemnes cabalgadas, románticos paseos en carruaje, secuencias
íntimas de pareja, polémicas asambleas y la batalla épica final. Concede
atractivos diálogos para actores como John Hurt, Jeff Bridges, Terry O´Quinn,
Geoffrey Lewis, Mickey Rourke o Brad Dourif, que enriquecen cada plano en el
que intervienen. La predilección del realizador pasa por secuencias largas, por
el gusto por introducir multitudes en el plano, mostrando un absoluto dominio
del espacio y del encuadre, por ciertas citas pictóricas (no es difícil
reconocer en la secuencia donde Ella se baña en un riachuelo, los famosos
cuadros de las bañistas de Renoir), sin terminar de encontrar siempre un tono
equilibrado, que sí estaba en las tres horas de "El Cazador (1979)".
La
película posee una bellísima banda sonora, a cargo del joven David Mansfield,
que cuenta con un pequeño papel en la película (el violinista sobre patines que
abre el baile en el local Heaven’s gate), inseparable a la filmografía
de Cimino. La música, que utiliza en muchos pasajes la balalaika,
instrumento de cuerda empleado por Maurice Jarre para "Doctor Zhivago (1965)", de David Lean, está maravillosamente integrada en la trama, casi a
modo de musical clásico. Destaca el empleo trágico del hermoso Vals Danubio
Azul, de Johann Strauss, al que se recurre en diferentes tempos
durante la cinta. El realizador cuenta en ese apartado con la ayuda inestimable
de músicos como T-Bone Burnett, con el que consigue un fascinante uso de
cierta música tradicional que luce en todo su esplendor en la sensacional
secuencia del baile-patinaje. Esta
hermosa película cuenta igualmente con una magnífica fotografía, muy criticada
en su momento (Ebert fue demoledor al respecto), obra del Húngaro Vilmos
Zsigmond, unos de los grandes operadores de Hollywood, que retrata
magistralmente la épica del sufrimiento, con esos apropiados tonos sepia, que
lo invaden todo, junto al polvo y tierra, es decir, aquello por lo que se lucha
en la película.
La
obra, pese a todos sus límites, defectos e irregularidades, es definitivamente
apasionante, en su versión de 219 minutos. El remontaje de 140 minutos, que
reordena escenas, añade confusión, y resta sutileza con una inapropiada voz en
off del protagonista, no hace justicia a la solemnidad y belleza que su
realizador quiere expresar. El metraje completo es una obra muy bien pensada,
que rebosa poética y lirismo, rodada con sensibilidad y elegancia, con un uso
dramático del paisaje (un poco a la manera de Anthony Mann), en el que son
perceptibles los ecos del cine de Sergei M. Eisenstein, en el tratamiento
trágico de la desclasada población emigrante. Un buen ejemplo de esa influencia
es la secuencia de la mujer eslava, una de las prostitutas de Ella, que ha
tenido que matar a su esposo, retorcido por el dolor (un carro ha pasado
repetidamente sobre sus piernas), se coloca una pistola en la boca y se pega un
tiro, al ver a la Caballería con la bandera norteamericana ondeante socorriendo
a los asesinos de la Asociación. El brazo fuerte de la ley ayuda al poderoso.
No hay cabida para la “insoportable levedad” del sueño americano. No existen
imágenes muy diferentes en "El Acorazado Potemkin(1925)" de
Eisestein.
Otra
secuencia magnífica es la primera aparición de Nathan D. Champion, mercenario
inicialmente al servicio de la Asociación de ganaderos. Champion irrumpe
furtivamente en la granja de los Kovach, una familia de emigrantes que han
robado una cabeza de ganado. La silueta de Champion se vislumbra tras una
sábana de tela tendida para ocultar el destripamiento del animal. Empuña un
fusil. Dispara a través de la tela y mata a Kovach. La cámara enfoca a Champion
a través de la tela desgarrada. Tras la llegada de la esposa gritando a asistir
a su esposo moribundo, vemos al mercenario darse la vuelta e irse, a través del
mismo agujero de la sábana destrozada por su disparo. Es
imposible permanecer impasible ante la solemnidad y belleza de las imágenes de
esta incomprendida obra de arte, aunque reivindicada actualmente, en parte
gracias a flamantes ediciones en formato doméstico, en EEUU e Inglaterra, que
respetan y enaltecen la visión de su realizador. Un apasionante fresco
histórico, monumento a la ambición y la arrogancia, sin duda, pero que
permanece como un canto a la personalidad del director de cine (para lo bueno y
para lo malo) y se erige en una de las obras imprescindibles del séptimo arte.
Frases para recordar:
"-Esto es
propiedad privada. Podríamos dispararle legalmente.
-Legalmente,
bastardos, tienen derecho a proteger su propiedad, pero, a menos que tengan una
orden judicial por cada nombre de esa lista, ¡permanezcan fuera de mi condado!
-Usted estorba
cualquier esfuerzo para proteger nuestra propiedad y la de los miembros de su
propia clase.
-Usted no es de
mi clase, Canton y nunca lo será. Primero tendría que morir y volver a nacer."
"... Este ya no
es un país de pobres...".
"-Empieza a
ser peligroso ser pobre en este país ¿verdad?
-Siempre lo
fue".
"¿Sabes lo menos
que me gusta de ti, Jim? Eres un hombre rico, tienes un buen nombre... sólo
finges ser pobre."
"¡Se
oponen... a... a cualquiera que se asiente y mejore las cosas en este país!
O al que
intente hacer algo más que pastos de ganado... para... para los especuladores
del este. ¡Ellos instauraron la idea de que los pobres no tienen nada que decir
sobre los asuntos de este país!".
Frase de Michael Cimino para la revista Sofilm en el número nº3 julio/agosto 2.013:
"El
ritmo de la película es lo más importante y eso se implanta desde el principio.
Cuando uno escribe, no deja nunca de dirigir, y cuando dirige ha de estar
totalmente implicado. En La puerta del cielo, no necesitaba ni mirar el guión,
sabía lo que estaba haciendo con todo detalle."
Título original: Heaven´s gate.
Director: Michael Cimino.
Intérpretes: Kris Kristofferson, Isabelle Huppert, Christopher Walken, Jeff Bridge, John Hurt.