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Filmada en blanco y negro en un estilo que mezcla el semidocumental con una especie de neorrealismo. La historia arranca en el bombardeo de Londres durante la Batalla de Bretaña en 1942 hasta la caída y división de Berlín en 1946 sirviendo como hilo conductor las desventuras de un escuadrón de soldados americanos liderados por el sargento Eli Wallach. En uno de los carteles promocionales se leía: No ha habido y no habrá una película como The Victors. Y gracias a Dios no la hubo.
Me explico. Este alegato antibélico a lo largo de sus casi 2 horas y media de metraje no expone ningún enfrentamiento bélico, salvo una emboscada a unos soldados alemanes que son masacrados por una pequeña división francesa. Lo que apreciamos es una Europa destruida, bombardeada, quemada, diezmada y los sobrevivientes que para serlo han tomado actitudes diversas desde el vasallaje más pordiosero hasta la explotación de sus congéneres. Ciertamente que el bando vencedor de los aliados avanza por el territorio del viejo continente a través de Inglaterra, Italia, Francia y Alemania, pero lo que vemos a su paso es una realidad dolorosa donde no cabe el heroísmo, el ser humano se ha convertido en su propio depredador y aunque vemos uno que otro rasgo de humanidad en alguno que otro personaje sabemos que ninguno es un superhombre y que si la oportunidad se da, mostrará su faceta dubitativa y que lo mejor que puede hacer es ser mudo testigo.
Observamos a nuestros soldados temblar llenos de miedo durante la caída de bombas en Londres, más tarde en Sicilia un acto de caridad le servirá a un soldado para aprovecharse de una mujer, el racismo queda manifiesto cuando los propios americanos ofendan y agredan a sus soldados de color, a su llegada a Francia expropian viviendas ya desbastadas para asentar sus cuarteles y no faltará el infeliz que prostituya a damas angustiadas, serán parte de un acto de disciplina castrense fuera de toda proporción, alguno será tentado por el dinero fácil aprovechándose del desastre y al final, en una Alemania vencida no dudarán en aprovecharse de las mujeres y sus familias aunque presuman de haberles llevado la libertad. En la guerra no hay vencedores ni vencidos, apenas víctimas como lo apreciaran quienes hayan visto o vayan a ver esta película, cuya última escena es desgarradora. Tan solo recuerdo una película que me ha dejado así con una sensación parecida, La hora final (1959) de Stanley Kramer.
Escrita, producida y realizada por Carl Foreman, basada en una serie de historias cortas de Alexander Baron reunidas en un volumen titulado The human kind, estructurada a manera de viñetas donde los citados soldados a veces son protagonistas y en otras meros testigos, con un plantel de actores que por ese tiempo todavía no eran estrellas desde George Peppard y George Hamilton hasta Albert Finney pasando por un jovencísimo Peter Fonda (nominado a un Globo de Oro como promesa cinematográfica) y el alarde de presentar a 6 actrices europeas en personajes marcados por la tragedia: Rossana Schiaffino, Jeanne Moreau, Romy Schneider, Melina Mercuri, Senta Bergen y Elke Sommers.
Advierto que no es para todos los gustos. Si van por cine espectáculo saldrán decepcionados. Para evitar la depresión post película lleven chocolates para nivelar la serotonina.
Título original: The Victors.
Director: Carl Foreman.
Intérpretes: Vince Edwards, Albert Finney, George Hamilton, Melina Mercouri, Jeanne Moreau, George Peppard, Maurice Ronet, Rosanna Schiaffino, Romy Schneider.
Escena:
Reseña escrita por Carlos Fernando Carrion Quezada
Filmada en blanco y negro en un estilo que mezcla el semidocumental con una especie de neorrealismo. La historia arranca en el bombardeo de Londres durante la Batalla de Bretaña en 1942 hasta la caída y división de Berlín en 1946 sirviendo como hilo conductor las desventuras de un escuadrón de soldados americanos liderados por el sargento Eli Wallach. En uno de los carteles promocionales se leía: No ha habido y no habrá una película como The Victors. Y gracias a Dios no la hubo.
Me explico. Este alegato antibélico a lo largo de sus casi 2 horas y media de metraje no expone ningún enfrentamiento bélico, salvo una emboscada a unos soldados alemanes que son masacrados por una pequeña división francesa. Lo que apreciamos es una Europa destruida, bombardeada, quemada, diezmada y los sobrevivientes que para serlo han tomado actitudes diversas desde el vasallaje más pordiosero hasta la explotación de sus congéneres. Ciertamente que el bando vencedor de los aliados avanza por el territorio del viejo continente a través de Inglaterra, Italia, Francia y Alemania, pero lo que vemos a su paso es una realidad dolorosa donde no cabe el heroísmo, el ser humano se ha convertido en su propio depredador y aunque vemos uno que otro rasgo de humanidad en alguno que otro personaje sabemos que ninguno es un superhombre y que si la oportunidad se da, mostrará su faceta dubitativa y que lo mejor que puede hacer es ser mudo testigo.
Observamos a nuestros soldados temblar llenos de miedo durante la caída de bombas en Londres, más tarde en Sicilia un acto de caridad le servirá a un soldado para aprovecharse de una mujer, el racismo queda manifiesto cuando los propios americanos ofendan y agredan a sus soldados de color, a su llegada a Francia expropian viviendas ya desbastadas para asentar sus cuarteles y no faltará el infeliz que prostituya a damas angustiadas, serán parte de un acto de disciplina castrense fuera de toda proporción, alguno será tentado por el dinero fácil aprovechándose del desastre y al final, en una Alemania vencida no dudarán en aprovecharse de las mujeres y sus familias aunque presuman de haberles llevado la libertad. En la guerra no hay vencedores ni vencidos, apenas víctimas como lo apreciaran quienes hayan visto o vayan a ver esta película, cuya última escena es desgarradora. Tan solo recuerdo una película que me ha dejado así con una sensación parecida, La hora final (1959) de Stanley Kramer.
Escrita, producida y realizada por Carl Foreman, basada en una serie de historias cortas de Alexander Baron reunidas en un volumen titulado The human kind, estructurada a manera de viñetas donde los citados soldados a veces son protagonistas y en otras meros testigos, con un plantel de actores que por ese tiempo todavía no eran estrellas desde George Peppard y George Hamilton hasta Albert Finney pasando por un jovencísimo Peter Fonda (nominado a un Globo de Oro como promesa cinematográfica) y el alarde de presentar a 6 actrices europeas en personajes marcados por la tragedia: Rossana Schiaffino, Jeanne Moreau, Romy Schneider, Melina Mercuri, Senta Bergen y Elke Sommers.
Advierto que no es para todos los gustos. Si van por cine espectáculo saldrán decepcionados. Para evitar la depresión post película lleven chocolates para nivelar la serotonina.
Título original: The Victors.
Director: Carl Foreman.
Intérpretes: Vince Edwards, Albert Finney, George Hamilton, Melina Mercouri, Jeanne Moreau, George Peppard, Maurice Ronet, Rosanna Schiaffino, Romy Schneider.
Escena:
Reseña escrita por Carlos Fernando Carrion Quezada
El puente (en alemán Die Brücke) es una película alemana de 1959, dirigida por Bernhard Wicki. El guion está basado en la novela homónima del escritor y periodista Gregor Dorfmeister, más conocido por su seudónimo Manfred Gregor.
La película se sitúa en Alemania en 1945, en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. El conflicto bélico está llegando a su fin gracias al avance de las tropas aliadas, que ya están invadiendo Alemania. Mientras tanto, en un pequeño pueblo alejado del frente los niños y adolescentes que todavía van a la escuela y cumplen con sus labores del campo, siguen manteniendo la esperanza de un mundo mejor influidos por las ideas del Nacional- Socialismo. Ante la escasez de soldados para el frente, nuestro pequeño grupo de niños-adolescentes son reclutados y movilizados por la Wehrmacht. Los niños, fieles a sus ideales, a la educación recibida y con total ignorancia de lo que supone la guerra, deciden cumplir con su deber, dar el paso que socialmente se les exige para dejar de ser niños y entrar en el mundo de los adultos. De esta manera, perteneciendo ya al mundo adulto, piensan que podrán colaborar activamente, como los demás, en el desarrollo de un mundo mejor. El grupo recibe la orden de proteger un pequeño puente, de resistirse frente a la invasión extranjera en su propio territorio. Ellos se mueven entusiasmados, guiados por la idea de defender a su país y por la ideología nazi de "sangre y honor". Los chicos cumplirán las órdenes recibidas hasta sus últimas consecuencias.
Dirigida por el brillante y poco conocido realizador alemán Bernhard Wicki marca una gran diferencia con el resto de películas bélicas de la época. Para la adaptación del guion, el propio Wicki contó con la ayuda de Karl-Wilhelm Vivier y Michael Mansfeld.
En primer lugar, es una película destacable por su marcado, rotundo y demoledor mensaje antimilitarista, describiendo en la pantalla el sacrificio absurdo e inútil de un grupo de niños enviados a combatir como hombres por una causa perdida, lo cual realza el sinsentido de la guerra. Otro aspecto interesante es la visión que se ofrece de las tropas que han sido vencidas. Mientras la mayoría de las películas sobre la segunda Guerra Mundial se centran en el genocidio nazi, es interesante destacar que en las guerras sólo hay muertes y pérdidas. De este modo, el foco no se centra en la dualidad verdugos y víctimas, sino en el absurdo de los ideales que conducen a la muerte de cualquier tipo de personas.
También se refleja en el relato una dura crítica del propio ejército alemán y de sus mandos, capaces de enviar a la muerte de forma consciente a un grupo de niños.
Pero quizás uno de los dilemas más interesantes que se pretende mostrar es comprobar cómo la educación, apoyada en falsos ideales logra engañar y quedar enraizada en inocentes criaturas completamente desconocedoras de las consecuencias que podrán acarrear sus actos. Los chicos, en un intento de complacer a sus mayores, de integrarse en el mundo adulto, realizan ese "paso o ritual tribal" que los hará como los demás, sin ninguna capacidad de reflexión o crítica sobre las órdenes recibidas o el cumplimiento de lo que se espera de ellos.
La historia está contada con una gran sencillez narrativa y con un nítido lenguaje cinematográfico gracias a la impecable fotografía en blanco y negro de Gerd von Bonin, con encuadres metafóricos e imágenes imposibles de olvidar. También es destacable el montaje realizado por Carl Otto Bartning. Sin embargo, el film consigue trasmitir emociones muy fuertes que impactan en el espectador y ante las que es imposible quedar indiferente.
La película es una pequeña joya que conviene recordar de cuando en cuando porque en el mundo que vivimos, desgraciadamente, nunca se acaban las guerras, y las ideologías al servicio de unos pocos siguen llevando a los más jóvenes a la muerte, en cualquier lugar y en cualquier momento.
Título original: Die Brücke.
Director:Bernhard Wicki.
Intérpretes: Folker Bohnet, Fritz Wepper, Michael Hinz, Frank Glaubrecht, Karl Michael Balzer, Volker Lechtenbrink, Günther Hoffmann.
El puente (en alemán Die Brücke) es una película alemana de 1959, dirigida por Bernhard Wicki. El guion está basado en la novela homónima del escritor y periodista Gregor Dorfmeister, más conocido por su seudónimo Manfred Gregor.
La película se sitúa en Alemania en 1945, en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. El conflicto bélico está llegando a su fin gracias al avance de las tropas aliadas, que ya están invadiendo Alemania. Mientras tanto, en un pequeño pueblo alejado del frente los niños y adolescentes que todavía van a la escuela y cumplen con sus labores del campo, siguen manteniendo la esperanza de un mundo mejor influidos por las ideas del Nacional- Socialismo. Ante la escasez de soldados para el frente, nuestro pequeño grupo de niños-adolescentes son reclutados y movilizados por la Wehrmacht. Los niños, fieles a sus ideales, a la educación recibida y con total ignorancia de lo que supone la guerra, deciden cumplir con su deber, dar el paso que socialmente se les exige para dejar de ser niños y entrar en el mundo de los adultos. De esta manera, perteneciendo ya al mundo adulto, piensan que podrán colaborar activamente, como los demás, en el desarrollo de un mundo mejor. El grupo recibe la orden de proteger un pequeño puente, de resistirse frente a la invasión extranjera en su propio territorio. Ellos se mueven entusiasmados, guiados por la idea de defender a su país y por la ideología nazi de "sangre y honor". Los chicos cumplirán las órdenes recibidas hasta sus últimas consecuencias.
Dirigida por el brillante y poco conocido realizador alemán Bernhard Wicki marca una gran diferencia con el resto de películas bélicas de la época. Para la adaptación del guion, el propio Wicki contó con la ayuda de Karl-Wilhelm Vivier y Michael Mansfeld.
En primer lugar, es una película destacable por su marcado, rotundo y demoledor mensaje antimilitarista, describiendo en la pantalla el sacrificio absurdo e inútil de un grupo de niños enviados a combatir como hombres por una causa perdida, lo cual realza el sinsentido de la guerra. Otro aspecto interesante es la visión que se ofrece de las tropas que han sido vencidas. Mientras la mayoría de las películas sobre la segunda Guerra Mundial se centran en el genocidio nazi, es interesante destacar que en las guerras sólo hay muertes y pérdidas. De este modo, el foco no se centra en la dualidad verdugos y víctimas, sino en el absurdo de los ideales que conducen a la muerte de cualquier tipo de personas.
También se refleja en el relato una dura crítica del propio ejército alemán y de sus mandos, capaces de enviar a la muerte de forma consciente a un grupo de niños.
Pero quizás uno de los dilemas más interesantes que se pretende mostrar es comprobar cómo la educación, apoyada en falsos ideales logra engañar y quedar enraizada en inocentes criaturas completamente desconocedoras de las consecuencias que podrán acarrear sus actos. Los chicos, en un intento de complacer a sus mayores, de integrarse en el mundo adulto, realizan ese "paso o ritual tribal" que los hará como los demás, sin ninguna capacidad de reflexión o crítica sobre las órdenes recibidas o el cumplimiento de lo que se espera de ellos.
La historia está contada con una gran sencillez narrativa y con un nítido lenguaje cinematográfico gracias a la impecable fotografía en blanco y negro de Gerd von Bonin, con encuadres metafóricos e imágenes imposibles de olvidar. También es destacable el montaje realizado por Carl Otto Bartning. Sin embargo, el film consigue trasmitir emociones muy fuertes que impactan en el espectador y ante las que es imposible quedar indiferente.
La película es una pequeña joya que conviene recordar de cuando en cuando porque en el mundo que vivimos, desgraciadamente, nunca se acaban las guerras, y las ideologías al servicio de unos pocos siguen llevando a los más jóvenes a la muerte, en cualquier lugar y en cualquier momento.
Título original: Die Brücke.
Director:Bernhard Wicki.
Intérpretes: Folker Bohnet, Fritz Wepper, Michael Hinz, Frank Glaubrecht, Karl Michael Balzer, Volker Lechtenbrink, Günther Hoffmann.
-Un jinete cuyo nombre es muerte,
cabalga un caballo blanco y el infierno le seguía-. Y así es como empieza "Corazones de acero (Fury)", citando el Apocalipsis. Un oficial nazi a lomos de
un blanquecino corcel, paseando por un campo de batalla destartalado, será
abatido por un sargento Brad Pitt, que le apuñala los ojos. David Ayer, que
ya está más que acostumbrado a lidiar con un tipo de films muy masculinos y
violentos (el año que viene estrenará "Suicide Squad"), parece ser que le ha
tomado el gusto a las relaciones que se crean entre grotescos grupos de
convivencia, todos de recalcada virilidad. "Sabotage (2014)", la película interpretada
por Schwarzenegger y "Dueños de la calle (2008)" con Keanu Reeves sirven para recalcar
lo que digo. En esta ocasión con "Corazones de acero", los habituales policías
y traficantes de la filmografía de Ayer son cambiados por soldados americanos
y nazis. Hasta ahora yo conocía el subgénero de submarinos en las películas
bélicas, con temática de la segunda guerra mundial: "Das Boot (1981)" de Wolfang
Petersen, "U-571 (2000)" de Jonathan Mostow. "K-19 (2000)" de Kathryn Bigelow... pero en este
caso, el subgénero de tanques me ha resultado novedoso. En esta violentísima
película asistimos al bautizo de guerra del joven actor Logan Lerman (Percy
Jackson), que resultará ser la pieza de recambio inexperta y sensible en un
escuadrón de desalmados soldados americanos, conductores todos ellos del tanque
que le da título al film: "Fury", y comandados por El sargento chacal (Brad
Pitt).
"Corazones de acero" no destaca por la complejidad en su entramado
argumental, pero la caracterización dura, insensible y deshinibida de sus
personajes la hacen penetrante para el espectador, junto con sus impactantes a
la vez que descarnadas imágenes de batalla. De esta manera se puede asistir a
chocantes combates entre los tanques, que escupen proyectiles de vivos colores
pareciendo armas láser de Starwars, provocando multitud de explosiones
corporales con miembros humanos volando por los aires entre vísceras y barro.
El grupo de 4 soldados (exceptuando al joven recién llegado) muestra un
blindaje "humano", a base de deslenguados y brutos muestrarios de violento
comportamiento con los enemigos, mientras que entre ellos mantienen un peculiar
código de conducta, para mantener la moral y el aguante ante las numerosas
muestras de horror que les rodea, sirviendo "El chacal-Pitt" de baluarte para
soportar semejante encrucijada en los albores del fin de la guerra en Alemania.
Por otra parte "el tanque de la furia", es el blindaje metálico que les
mantiene a salvo y en el que cada uno deberá realizar su función (por muy dura
que sea), para que que el arma (del que ellos son las tripas y engranajes)
acabe con el enemigo nazi.
El film entre cortas calmas (la conversación antes
de la lucha final con todos refugiados en el tanque, una cena en buena
compañía, sonido de piano, idilio y apasionado romance adolescente), contiene
también abultadas tormentas, en una serie de dolorosos acontecimientos que
cambiarán la personalidad del personaje del pipiolo novato, interactuando éste
con sus compañeros, para aprender a utilizar la máquina de la furia, ganádose
la confianza de todos ellos a las órdenes del sargento de Brad Pitt. Un Brad
Pitt que en su papel, parece haberse visto algún film bélico de Lee Marvin
("Doce del patíbulo (1967)") o James Coburn ("La cruz de hierro (1977)"), con una fuerza
interpretativa de conducta agresiva, pero que también tiene un lado sensible,
al modo de Tom Hanks en "Salvar al soldado Ryan (1998)", buscando su momento de
soledad para desmoronarse en forma de válvula de escape y sosegarse, antes de
volver a infundir valor entre sus subordinados. Una película cruel, en la que
podemos ver el suicidio de un soldado para evitar el dolor de soportar las
quemaduras de las llamas que consumen su cuerpo, además de la dura clase de
aprendizaje para matar del sargento Chacal hacia el joven novato, provocándole
para disparar por la espalda a un nazi rendido, entre otros ejemplos de lo
cruenta que fue la segunda guerra mundial. Un film bélico que de algún modo me
recuerda a la batalla de las Termópilas vista en "300", siendo Brad Pitt y sus
muchachos los espartanos en minoría, los nazis el numeroso grupo de persas y el
tanque, el recordado estrecho que le dio nombre a esta inmortal batalla. 5
hombres blindados por el compromiso con sus compañeros y por el acero del taque
que manipulan, para enfrentarse a su particular cadalso.
Título original: Fury.
Director: David Ayer.
Intérpretes: Brad
Pitt, Logan
Lerman, Shia
LaBeouf, Jon
Bernthal, Michael
Peña, Xavier
Samuel, Scott
Eastwood, Jonathan
Bailey, Branko
Tomovic, Adam
Ganne, Jim
Parrack.
-Un jinete cuyo nombre es muerte,
cabalga un caballo blanco y el infierno le seguía-. Y así es como empieza "Corazones de acero (Fury)", citando el Apocalipsis. Un oficial nazi a lomos de
un blanquecino corcel, paseando por un campo de batalla destartalado, será
abatido por un sargento Brad Pitt, que le apuñala los ojos. David Ayer, que
ya está más que acostumbrado a lidiar con un tipo de films muy masculinos y
violentos (el año que viene estrenará "Suicide Squad"), parece ser que le ha
tomado el gusto a las relaciones que se crean entre grotescos grupos de
convivencia, todos de recalcada virilidad. "Sabotage (2014)", la película interpretada
por Schwarzenegger y "Dueños de la calle (2008)" con Keanu Reeves sirven para recalcar
lo que digo. En esta ocasión con "Corazones de acero", los habituales policías
y traficantes de la filmografía de Ayer son cambiados por soldados americanos
y nazis. Hasta ahora yo conocía el subgénero de submarinos en las películas
bélicas, con temática de la segunda guerra mundial: "Das Boot (1981)" de Wolfang
Petersen, "U-571 (2000)" de Jonathan Mostow. "K-19 (2000)" de Kathryn Bigelow... pero en este
caso, el subgénero de tanques me ha resultado novedoso. En esta violentísima
película asistimos al bautizo de guerra del joven actor Logan Lerman (Percy
Jackson), que resultará ser la pieza de recambio inexperta y sensible en un
escuadrón de desalmados soldados americanos, conductores todos ellos del tanque
que le da título al film: "Fury", y comandados por El sargento chacal (Brad
Pitt).
"Corazones de acero" no destaca por la complejidad en su entramado
argumental, pero la caracterización dura, insensible y deshinibida de sus
personajes la hacen penetrante para el espectador, junto con sus impactantes a
la vez que descarnadas imágenes de batalla. De esta manera se puede asistir a
chocantes combates entre los tanques, que escupen proyectiles de vivos colores
pareciendo armas láser de Starwars, provocando multitud de explosiones
corporales con miembros humanos volando por los aires entre vísceras y barro.
El grupo de 4 soldados (exceptuando al joven recién llegado) muestra un
blindaje "humano", a base de deslenguados y brutos muestrarios de violento
comportamiento con los enemigos, mientras que entre ellos mantienen un peculiar
código de conducta, para mantener la moral y el aguante ante las numerosas
muestras de horror que les rodea, sirviendo "El chacal-Pitt" de baluarte para
soportar semejante encrucijada en los albores del fin de la guerra en Alemania.
Por otra parte "el tanque de la furia", es el blindaje metálico que les
mantiene a salvo y en el que cada uno deberá realizar su función (por muy dura
que sea), para que que el arma (del que ellos son las tripas y engranajes)
acabe con el enemigo nazi.
El film entre cortas calmas (la conversación antes
de la lucha final con todos refugiados en el tanque, una cena en buena
compañía, sonido de piano, idilio y apasionado romance adolescente), contiene
también abultadas tormentas, en una serie de dolorosos acontecimientos que
cambiarán la personalidad del personaje del pipiolo novato, interactuando éste
con sus compañeros, para aprender a utilizar la máquina de la furia, ganádose
la confianza de todos ellos a las órdenes del sargento de Brad Pitt. Un Brad
Pitt que en su papel, parece haberse visto algún film bélico de Lee Marvin
("Doce del patíbulo (1967)") o James Coburn ("La cruz de hierro (1977)"), con una fuerza
interpretativa de conducta agresiva, pero que también tiene un lado sensible,
al modo de Tom Hanks en "Salvar al soldado Ryan (1998)", buscando su momento de
soledad para desmoronarse en forma de válvula de escape y sosegarse, antes de
volver a infundir valor entre sus subordinados. Una película cruel, en la que
podemos ver el suicidio de un soldado para evitar el dolor de soportar las
quemaduras de las llamas que consumen su cuerpo, además de la dura clase de
aprendizaje para matar del sargento Chacal hacia el joven novato, provocándole
para disparar por la espalda a un nazi rendido, entre otros ejemplos de lo
cruenta que fue la segunda guerra mundial. Un film bélico que de algún modo me
recuerda a la batalla de las Termópilas vista en "300", siendo Brad Pitt y sus
muchachos los espartanos en minoría, los nazis el numeroso grupo de persas y el
tanque, el recordado estrecho que le dio nombre a esta inmortal batalla. 5
hombres blindados por el compromiso con sus compañeros y por el acero del taque
que manipulan, para enfrentarse a su particular cadalso.
Título original: Fury.
Director: David Ayer.
Intérpretes: Brad
Pitt, Logan
Lerman, Shia
LaBeouf, Jon
Bernthal, Michael
Peña, Xavier
Samuel, Scott
Eastwood, Jonathan
Bailey, Branko
Tomovic, Adam
Ganne, Jim
Parrack.
La
película de Coppola se considera como la odisea cinematográfica más dificil de
rodar en toda la historia del cine. Las adversidades atmosféricas, la
complicada situación geográfica y política, los delirios de Marlon Brando y una
multitud de problemas encadenados estuvieron a punto de dar al traste con esta
producción que adapta la obra: En el corazón de las tinieblas de Joseph Conrad,
que Coppola guionizó junto al portentoso e infravalorado John Milius ("Conan enBárbaro (1982)", "Adiós al rey (1988)"...). De alguna manera la travesía que hace el personaje de
Martin Sheen para encontrar a Brando-Kurtz y matarlo debido a su locura y
depravación de militar de alto rango que se ha convertido en un semidios de la
guerra, me recueda al viaje que realizan los muertos en la mitología griega por
el río Estigio en la barca de Caronte para llegar al inframundo. La enajenación
de los militares americanos en el infierno de Vietnam es más que palpable, de
ahí se traduce su mensaje de recalcado antibelicismo. Robert Duvall dirigiendo
esa marcha de libélulas mecánicas disparando y bombardeando con la marcha
Valkiria de Wagner, centrando más interés en el las olas que en el asalto para
hacer surf, con ese monólogo sobre el olor a victoria del napalm, que resuena
todavía en todo aficionado al cine que se precie. Los compañeros de Sheen
surfeando y bailando al son de los Rolling Stone y Jim Morrison son la imágen
de una época que EEUU trató de ocultar y tergiversar. El violento e
injustificado abordaje a un barco matando a todos los tripulantes para sólo
salvar a un cachorrito de perro muestran el salvajismo y sinsentido de aquella
guerra. La llegada al infierno del que Brando es dueño y señor con sus palabras
de inclasiflicable metalingüística hablando de las contradicciones del hombre y
los traumas de experiencias en la batalla son toda una alegoría sobre el
absurdo del ser humano belicoso.
Toda la película se convierte por obra y
gracia de unos selváticos ambientes oscuros y apocalípticos en una muestra de
denuncia en contra de cualquier conflicto. Las sombras y claroscuros del
director Vittorio Storaro intensifican las tinieblas en las interpretaciones de
la película, los planos de Coppola favorecen una especie de estado de
ensoñación continua a causa de una posible aspiración opiácea. Apocalypse Now
clarifica que el desastre, la locura y la muerte son la única recompensa para
aquellos que luchan por ideales de dudosa finalidad....Y esa finalidad (como el
coronel Kurtz susurra entre sombras) es el HORROR. Un horror rodado tanto fuera
como dentro de plano para todos los integrantes del film, como para todos
aquellos espectadores que tengan la ocasión de apreciarlo. Una película que
sufrió los caprichos de Marlon Brando dadas sus reiteradas ausencias en el
rodaje, el sorprendente cambio de aspecto que mostró con sobrepeso y rapada de
cráneo (que Coppola intentó disimular con la oscuridad en su rostro), las
repetidas improvisaciones y la obstinación por reflejar su propia personalidad
desquiciada en el personaje de Kurtz, intensificaron la leyenda de un film
bélico mítico, que se postula en un primer lugar seguido a mi juicio de "Platoon (1986)"
y "La chaqueta metálica (1987)".
Director: Francis Ford Coppola.
Intérpretes: Martin
Sheen, Marlon Brando, Robert Duvall, Frederic Forrest, Laurence Fishburne, Sam
Bottoms, Albert Hall, Dennis Hopper, G.D Spradlin, Christian Marquand.
La
película de Coppola se considera como la odisea cinematográfica más dificil de
rodar en toda la historia del cine. Las adversidades atmosféricas, la
complicada situación geográfica y política, los delirios de Marlon Brando y una
multitud de problemas encadenados estuvieron a punto de dar al traste con esta
producción que adapta la obra: En el corazón de las tinieblas de Joseph Conrad,
que Coppola guionizó junto al portentoso e infravalorado John Milius ("Conan enBárbaro (1982)", "Adiós al rey (1988)"...). De alguna manera la travesía que hace el personaje de
Martin Sheen para encontrar a Brando-Kurtz y matarlo debido a su locura y
depravación de militar de alto rango que se ha convertido en un semidios de la
guerra, me recueda al viaje que realizan los muertos en la mitología griega por
el río Estigio en la barca de Caronte para llegar al inframundo. La enajenación
de los militares americanos en el infierno de Vietnam es más que palpable, de
ahí se traduce su mensaje de recalcado antibelicismo. Robert Duvall dirigiendo
esa marcha de libélulas mecánicas disparando y bombardeando con la marcha
Valkiria de Wagner, centrando más interés en el las olas que en el asalto para
hacer surf, con ese monólogo sobre el olor a victoria del napalm, que resuena
todavía en todo aficionado al cine que se precie. Los compañeros de Sheen
surfeando y bailando al son de los Rolling Stone y Jim Morrison son la imágen
de una época que EEUU trató de ocultar y tergiversar. El violento e
injustificado abordaje a un barco matando a todos los tripulantes para sólo
salvar a un cachorrito de perro muestran el salvajismo y sinsentido de aquella
guerra. La llegada al infierno del que Brando es dueño y señor con sus palabras
de inclasiflicable metalingüística hablando de las contradicciones del hombre y
los traumas de experiencias en la batalla son toda una alegoría sobre el
absurdo del ser humano belicoso.
Toda la película se convierte por obra y
gracia de unos selváticos ambientes oscuros y apocalípticos en una muestra de
denuncia en contra de cualquier conflicto. Las sombras y claroscuros del
director Vittorio Storaro intensifican las tinieblas en las interpretaciones de
la película, los planos de Coppola favorecen una especie de estado de
ensoñación continua a causa de una posible aspiración opiácea. Apocalypse Now
clarifica que el desastre, la locura y la muerte son la única recompensa para
aquellos que luchan por ideales de dudosa finalidad....Y esa finalidad (como el
coronel Kurtz susurra entre sombras) es el HORROR. Un horror rodado tanto fuera
como dentro de plano para todos los integrantes del film, como para todos
aquellos espectadores que tengan la ocasión de apreciarlo. Una película que
sufrió los caprichos de Marlon Brando dadas sus reiteradas ausencias en el
rodaje, el sorprendente cambio de aspecto que mostró con sobrepeso y rapada de
cráneo (que Coppola intentó disimular con la oscuridad en su rostro), las
repetidas improvisaciones y la obstinación por reflejar su propia personalidad
desquiciada en el personaje de Kurtz, intensificaron la leyenda de un film
bélico mítico, que se postula en un primer lugar seguido a mi juicio de "Platoon (1986)"
y "La chaqueta metálica (1987)".
Director: Francis Ford Coppola.
Intérpretes: Martin
Sheen, Marlon Brando, Robert Duvall, Frederic Forrest, Laurence Fishburne, Sam
Bottoms, Albert Hall, Dennis Hopper, G.D Spradlin, Christian Marquand.
Quentin
Tarantino recoge el fruto de maestros que le dejaron huella: Robert Aldrich con "Doce del patíbulo (1967)" y Sam Peckinpah "La cruz de hierro (1977)" entre otros, para abordar
un género cinematográfico (el bélico) reinventando la historia en La Segunda Guerra Mundial a la vez que utiliza un film italiano de Enzo Castellari con el
mismo título "Inglorious Bastards (1978)", que en España se tituló "Aquel
maldito tren blindado" para hacer su película. Este "Malditos Bastardos" habla
del cine utilizado por el ministro de propaganda de Hitler "Goebbels"
(apareciendo también como personaje en "La niña de tus ojos (1998)" de Frenando
Trueba) para insuflar valor al pueblo alemán a través del séptimo arte con el
estreno de una cinta llamada "El orgullo de la nación" que acabará estrenándose
en un pequeño cine, cuya dueña es una chica que vio cómo los nazis asesinaban a
toda su familia por orden de un cazajudíos al que interpreta un magistral
conversador abyecto y repulsivamente carismático con la cara del ganador del
Óscar por esta película al mejor actor secundario (Cristopher Waltz)
interpretando a Hans Landa. El estreno de este film que ensalzará el valor
alemán reunirá a todas las personalidades de primer orden en la alemania nazi
incluyendo al mismísimo Hitler, lo que desencadenará una operación que
comandará el grupo liderado por Aldo Raine (Brad Pitt) y sus bastardos que
ignoran que la dueña del cine también trama su propia venganza. Tarantino juega
con la historia, el cine bélico de La Segunda Guerra Mundial, un plantel de
actores variado de calidad, la mezcla de distintos cortes musicales, sentido
del humor, violencia y una trama enrevesada para crear una película que no deja
de ser un espectáculo al que no hay que tomarse demasiado en serio, pero que
deja huella por el interés y el descaro para suscitar la atención general del
espectador amante del cine "Tarantiniano".
En lo referente a la banda sonora de "Malditos Bastardos", la batidora nostálgica en la caja de música alojada en la
cabeza de Quentin saca a la luz referencias directas a Ennio Morricone, a
David Bowie (utilizando la banda sonora de "Cat People" de Paul Schrader) y el
acompañamiento musical en unos pequeños cortes, del film "El Ente (1982)" de Sidney
Furie, resaltando una vez más que el director de "Pulp Fiction (1994)" disfruta
homenajeando no solo las películas que guarda en su subconsciente sino también
la banda sonora de las mismas. "Inglorious Bastards" con Tarantino a los mandos
y con las exageraciones y cambios radicales históricos mezclando personajes
reales y ficticios, moldea una masilla cinematográfica en la que destaca su
particular estilo para homenajear a los films que a él le gustaban cuando era
joven. Me quedo con secuencias tan intensas como la del principio con Landa
interrogando a un granjero francés desvelando sus crueles intenciones,
comparando a los judíos con las ratas, los nazis golpeados, ultrajados y
avergonzados por el grupo liderado por Brad Pitt, la peliaguda y rocambolesca
situación en el sótano de un bar con los bastardos tramando su conspiración con
una actriz-espía (Diane Kruger) rodeada de oficiales y soldados alemanes
jugando a un divertido juego de adivinanzas y el final de la película que
termina con una orgía de disparos, explosiones y el curioso plan final ideado
por el malvado Landa para sortear el resultado de la guerra."Malditos
bastardos" cuenta con la participación actoral de un desatado Eli Roth
(director de "Hostel (2005)") que aprovechándose de su amistad con Tarantino consiguió
el papel de "El oso" armado con su bate de béisbol (uno de los Bastardos) y que
dirigío el corte del film "El orgullo de la nación" que los nazis ven antes de
que se desate el desenfreno de fuego y sangre. Tarantino revienta la historia
dentro del cine y lo hace a lo bestia.
Título original: Inglourious Basterds.
Director: Quentin Tarantino.
Intérpretes: Brad Pitt, Christoph Waltz, Mélanie Laurent, Diane Kruger, Michael Fassbender, Daniel Brühl, Eli Roth, Til Schweiger, B. J. Novak, August Dieh.
Quentin
Tarantino recoge el fruto de maestros que le dejaron huella: Robert Aldrich con "Doce del patíbulo (1967)" y Sam Peckinpah "La cruz de hierro (1977)" entre otros, para abordar
un género cinematográfico (el bélico) reinventando la historia en La Segunda Guerra Mundial a la vez que utiliza un film italiano de Enzo Castellari con el
mismo título "Inglorious Bastards (1978)", que en España se tituló "Aquel
maldito tren blindado" para hacer su película. Este "Malditos Bastardos" habla
del cine utilizado por el ministro de propaganda de Hitler "Goebbels"
(apareciendo también como personaje en "La niña de tus ojos (1998)" de Frenando
Trueba) para insuflar valor al pueblo alemán a través del séptimo arte con el
estreno de una cinta llamada "El orgullo de la nación" que acabará estrenándose
en un pequeño cine, cuya dueña es una chica que vio cómo los nazis asesinaban a
toda su familia por orden de un cazajudíos al que interpreta un magistral
conversador abyecto y repulsivamente carismático con la cara del ganador del
Óscar por esta película al mejor actor secundario (Cristopher Waltz)
interpretando a Hans Landa. El estreno de este film que ensalzará el valor
alemán reunirá a todas las personalidades de primer orden en la alemania nazi
incluyendo al mismísimo Hitler, lo que desencadenará una operación que
comandará el grupo liderado por Aldo Raine (Brad Pitt) y sus bastardos que
ignoran que la dueña del cine también trama su propia venganza. Tarantino juega
con la historia, el cine bélico de La Segunda Guerra Mundial, un plantel de
actores variado de calidad, la mezcla de distintos cortes musicales, sentido
del humor, violencia y una trama enrevesada para crear una película que no deja
de ser un espectáculo al que no hay que tomarse demasiado en serio, pero que
deja huella por el interés y el descaro para suscitar la atención general del
espectador amante del cine "Tarantiniano".
En lo referente a la banda sonora de "Malditos Bastardos", la batidora nostálgica en la caja de música alojada en la
cabeza de Quentin saca a la luz referencias directas a Ennio Morricone, a
David Bowie (utilizando la banda sonora de "Cat People" de Paul Schrader) y el
acompañamiento musical en unos pequeños cortes, del film "El Ente (1982)" de Sidney
Furie, resaltando una vez más que el director de "Pulp Fiction (1994)" disfruta
homenajeando no solo las películas que guarda en su subconsciente sino también
la banda sonora de las mismas. "Inglorious Bastards" con Tarantino a los mandos
y con las exageraciones y cambios radicales históricos mezclando personajes
reales y ficticios, moldea una masilla cinematográfica en la que destaca su
particular estilo para homenajear a los films que a él le gustaban cuando era
joven. Me quedo con secuencias tan intensas como la del principio con Landa
interrogando a un granjero francés desvelando sus crueles intenciones,
comparando a los judíos con las ratas, los nazis golpeados, ultrajados y
avergonzados por el grupo liderado por Brad Pitt, la peliaguda y rocambolesca
situación en el sótano de un bar con los bastardos tramando su conspiración con
una actriz-espía (Diane Kruger) rodeada de oficiales y soldados alemanes
jugando a un divertido juego de adivinanzas y el final de la película que
termina con una orgía de disparos, explosiones y el curioso plan final ideado
por el malvado Landa para sortear el resultado de la guerra."Malditos
bastardos" cuenta con la participación actoral de un desatado Eli Roth
(director de "Hostel (2005)") que aprovechándose de su amistad con Tarantino consiguió
el papel de "El oso" armado con su bate de béisbol (uno de los Bastardos) y que
dirigío el corte del film "El orgullo de la nación" que los nazis ven antes de
que se desate el desenfreno de fuego y sangre. Tarantino revienta la historia
dentro del cine y lo hace a lo bestia.
Título original: Inglourious Basterds.
Director: Quentin Tarantino.
Intérpretes: Brad Pitt, Christoph Waltz, Mélanie Laurent, Diane Kruger, Michael Fassbender, Daniel Brühl, Eli Roth, Til Schweiger, B. J. Novak, August Dieh.
La cuarta colaboración
entre la superestrella Burt Lancaster y el realizador John Frankenheimer, vio
luz verde a la deriva del éxito descomunal de "Los Cañones de Navarone (1961)" de Jack Lee Thompson, así como por el
empeño personal del actor-productor, equiparable al tesón y la terquedad de su
personaje, Labiche, en que "el tren del arte" no abandonase Francia hacia la
Alemania nazi durante los últimos días de la ocupación. En un principio, se contrató a Arthur Penn,
realizador que, junto a Frankenheimer o Sidney Lumet, es uno de los máximos
exponentes de esa generación de cineastas curtidos en los albores de la
televisión estadounidense, donde se rodaba en vivo y en directo. Penn fue
despedido con base en las socorridas "diferencias creativas". Rápidamente fue
sustituido por Frankenheimer, quien ya había dirigido a Lancaster en "Jóvenes
Salvajes (1961)", "El Hombre de Alcatraz (1962)" y "Siete días de mayo (1964)", rodajes donde las fricciones de actor y director se habían hecho
más que patentes. Sin embargo, la pericia técnica y la profesionalidad de
Frankenheimer, así como su perfecto conocimiento del idioma francés y de sus
contactos entre destacados miembros de la cinematografía gala, lo convertían en
una excelente opción para tomar las riendas de este enfrentamiento, filmado
íntegramente en suelo francés, entre un tosco ferroviario, miembro activo de la
resistencia francesa (Burt Lancaster, haciendo gala de una destreza física
impresionante) y el Coronel Von Waldheim (interpretado con mucha solvencia,
elegancia y dignidad por el actor inglés Paul Scofield), un desencantado
oficial nazi que, sabedor de la inminente liberación de Francia, decide
expoliar el museo Jeu de Paume, regentado por Mademoiselle Villardy cargar un tren con cuadros de Cezanne,
Renoir, Picaso, Lautrec, Mathise, etc, artistas impresionistas, enmarcados en
la categoría de “arte degenerado”, prohibido por Decreto del Tercer Reich.
La
arrogancia de Adolf Hitler llegaba hasta el punto de decidir, de manera tan
eficientemente reglada como discrecional, cuales debían ser los gustos
imperantes en el arte. Frankenheimer se esfuerza en eludir las tentaciones
maniqueístas del relato. Labiche no es un hombre instruido capaz de apreciar el
arte. De hecho gran parte de la película se ocupa del particular proceso interior
del personaje por tratar de entender la importancia de salvar el patrimonio
cultual de Francia. El villano, el oficial alemán Von Waldheim, por el
contrario, es una rara avis, entre los oficiales nazis, pues admira ese
arte prohibido. Es un hombre de gran sensibilidad artística, que le sirve de
motor, desde el inicio, de su no menor empeño en que el tren llegue a Alemania. El realizador neoyorquino, se preocupa igualmente en
mostrar el absurdo de la guerra, subrayando narrativamente el alto coste en
vidas humanas, totalmente innecesario desde la perspectiva de que la acción se
enmarca en los últimos días de la guerra, cuando los nazis se repliegan hacia
su país, ante la inminente entrada de los aliados en París.
La pericia técnica del realizador, latente en esta
película, fue adquirida desde su temprana juventud. A principios de los años
50, es movilizado en el servicio militar, y le toca servir en una base militar
en Burbank, California, donde descubre un equipo completo de cámaras de 16
milímetros y material como moviolas, focos, micrófonos, etc, arreglándoselas
para convencer a los altos mandos de la conveniencia de realizar documentales
sobre maniobras militares, y demás actos rutinarios castrenses, que rueda con
pasión. En 1952 entra a trabajar para la CBS, introducido en el medio por quien
sería su mentor profesional, Sidney Lumet, para quien ejercería labor de
ayudante de producción en numerosas ocasiones. Entre 1954 y 1960, colabora en
un aluvión de producciones para el medio, alrededor de 152, que incluye
dirección de programas de actualidad y de debates, en los que dispone de una
libertad creativa impensable en la actualidad, y que compagina con su temprano
debut en el cine, con la película "The young Stranger (1956)",
experiencia que le decepciona, por la lentitud de rodaje, en relación a lo
trepidante de la filmación el medio televisivo.
En ese año de 1956, ingresa en
la élite de la televisión, figurando en la nómina de realizadores del programa Playhouse
90, programas dramáticos filmados y emitidos en directo, donde rueda, entre
otros, una versión de "El último magnate", según la novela de Scott
Fitzgerald, con Jack Palance de protagonista, de "Días de vino y Rosas"
con Cliff Robertson y Piper Laurie, o de "Por quien doblan las campanas",
según la novela de Ernest Hemingway, con Jasón Robards lierando el reparto. Una
auténtica superproducción televisiva de la época, ésta última, emitida en dos
partes, que contó con el astronómico presupuesto de 40.000 dólares. Frankenheimer
afronta la realización de esta formidable película bélica, combinando instantes
espectaculares, con otros marcadamente intimistas. En ambos casos, constituyen
secuencias de enorme complejidad y despliegue. Entre las primeras, destacamos
el prolongado travelling-plano secuencia que acompaña a Labiche en los primeros
momentos del metraje, por las vías ferroviarias alrededor de trenes, tanques, o
soldados transportando material diverso. Son secuencias muy difíciles de
filmar, en unos tiempos donde no había Steadycam, y en los que era
necesario montar raíles para deslizar las, por otro lado, enormes y pesadas
cámaras de filmación.
Destaca también por derecho propio la secuencia de choque
entre dos trenes, fruto del sabotaje de los miembros de la resistencia. La
secuencia es filmada con una eficiencia tal, que se percibe en cada uno de los
planos elegidos de la misma en la sala de montaje, en un trabajo de edición,
por otro lado, sensacional. Entre las secuencias más intimistas, Frankenheimer
resalta las emociones de los personajes con sus reconocibles primerísimos
planos rodados con la lente gran angular, que potencia el tono asfixiante de
tales planos, donde la tensión en el ambiente sobrecoge al espectador, así como
con el empleo de la técnica, vinculada casi de modo inconsciente a Orson
Welles, conocida como profundidad de campo. Se trata de encuadres donde un
personaje está en primer plano y al fondo vemos a otro u otros personajes, cuya
presencia es narrativamente relevante. Un ejemplo de ello, es la primera y
única secuencia que transcurre en el interior del museo Jeu de Paume. Waldheim
observa admirado los hermosos cuadros.
Frankenheimer comienza con el sencillo
plano y contraplano, aunque lo hace de un modo poco convencional: la sala del
museo está en la penumbra, iluminándose sólo los cuadros que el oficial alemán
observa con nostalgia y desencanto. La cámara se recrea necesariamente, pues se
trata de aquello por lo que se va a combatir las próximas dos horas. Entra a la
izquierda del encuadre Mademoiselle Villard, la directora del Museo. La cámara
gira, no en panorámica, sino en travelling, para colocar al oficial de perfil,
en primer plano, y al fondo a la directora del museo. El personaje de mademoiselle Villard, interpretado
por la actriz francesa Suzanne Flon, es claramente un sosias del personaje real
de Rose Valland, colaboradora de la Resistencia, a quien la posteridad bautizó
como “la heroína del Jeu de Paume”. Directora de ese museo, esta valiente mujer
tuvo el enorme mérito de memorizar primero y copiar después las listas y
fotografías de las piezas de arte que los nazis se llevaban de París destino a
Berlín, gracias a lo cual se recuperaron muchísimas de esas obras.
El personaje
aparece en la película "The Monuments men (2014)", de George Clooney,
interpretado por Cate Blanchett, que en la película se llama Claire Simon. A
mademoiselle Valland se le concedió la Legión de honor (distinción que se
concede por méritos extraordinarios dentro del ámbito civil o militar), y es
una de las mujeres más condecoradas de toda Francia. Este personaje escribió un
libro de memorias, Le front de l’art, en el que se inspira el guión de
esta película. La fructífera colaboración entre Lancaster y
Frankenheimer, comprendería un título más, "Los Temerarios del Aire (1969)", un drama
sobre un grupo de paracaidistas especialistas en atracciones circenses aéreas. El director de "ElMensajero del Miedo (1962)", entraría en la
década de los noventa con la película "La Cuarta Guerra (1990)", que narra un enfrentamiento personal, igual de obsesivo que en "El
Tren", entre un oficial estadounidense (Roy Scheider) y otro ruso (Jürgen
Prochnov), en las postrimerías de la guerra fría, en el escenario del
desmoronamiento de la Alemania del Este. Ambas películas comparten similares
propósitos antibelicistas, pero obtienen resultados marcadamente desiguales.
"- A veces nos
arriesgamos. No malgastaré más vidas por unos cuadros.
- No se malgastarían...
Discúleme, sé que es algo
terrible de decir, pero esos cuadros son parte de Francia. Los alemanes quieren
llevárselos todos. Nos han quitado nuestra tierra y nuestra comida, viven en
nuestras casas... y ahora quieren quitarnos nuestro arte, esa belleza... esa
visión de la vida nacida en Francia, nuestra especial visión... nuestro Tesoro.
Es nuestro legado para el mundo ¿no lo ve?, para todos... es nuestro orgullo,
lo que creamos y atesoramos para el mundo.
Se me ocurren peores cosas
por las que arriesgar su vida."
(Conversación entre Mademoiselle Villard (Suzanne
Flon) Y Labiche (Burt Lancaster)
"- Admiro su eficiencia,
Labiche... y su sentido de la supervivencia.
Supongo que no suele tener
problemas con los saboteadores, ¿Verdad?
¿Cree que habrá intentos
de sabotaje de este tren?
- Soy un ferroviario, no
un profeta·".
(Conversación entre el Coronel Von Waldheim (Paul
Scofield) y Labiche (Burt Lancaster)
"Labiche. Aquí tiene su
recompensa, Labiche... algunos de los más grandes cuadros del mundo.
¿Le agrada, Labiche?
¿Siente una gran emoción
sólo con estar cerca de ellos?
Un cuadro significa para
usted tanto como un collar de perlas para un mono. Ha ganado por pura suerte.
Me ha detenido sin saber lo que hacía ni porqué. Usted no es nada, Labiche,
sólo un cúmulo de carne.
Los cuadros son míos.
Siempre lo serán. La belleza pertenece al hombre que puede apreciarla. Siempre
me pertenecerá a mí o a un hombre como yo. Ahora, en este minuto, no podría
decirme porqué ha hecho lo que ha hecho".
(Coronel Von
Waldheim (Paul Scofield) a Labiche (Burt
Lancaster).
Título original: The train. Director: John Frankenheimer. Interpretes: Burt Lancaster, Paul Scofield, Jeanne Moreau, Michel Simon, Howard Vernon,Suzanne Flon.
Trailer:
Escena:
B.S.O.:
Información complementaria: Paul Scofield Reseña escrita por Manuel García de Mesa QUIERES COMPRAR EL TREN
La cuarta colaboración
entre la superestrella Burt Lancaster y el realizador John Frankenheimer, vio
luz verde a la deriva del éxito descomunal de "Los Cañones de Navarone (1961)" de Jack Lee Thompson, así como por el
empeño personal del actor-productor, equiparable al tesón y la terquedad de su
personaje, Labiche, en que "el tren del arte" no abandonase Francia hacia la
Alemania nazi durante los últimos días de la ocupación. En un principio, se contrató a Arthur Penn,
realizador que, junto a Frankenheimer o Sidney Lumet, es uno de los máximos
exponentes de esa generación de cineastas curtidos en los albores de la
televisión estadounidense, donde se rodaba en vivo y en directo. Penn fue
despedido con base en las socorridas "diferencias creativas". Rápidamente fue
sustituido por Frankenheimer, quien ya había dirigido a Lancaster en "Jóvenes
Salvajes (1961)", "El Hombre de Alcatraz (1962)" y "Siete días de mayo (1964)", rodajes donde las fricciones de actor y director se habían hecho
más que patentes. Sin embargo, la pericia técnica y la profesionalidad de
Frankenheimer, así como su perfecto conocimiento del idioma francés y de sus
contactos entre destacados miembros de la cinematografía gala, lo convertían en
una excelente opción para tomar las riendas de este enfrentamiento, filmado
íntegramente en suelo francés, entre un tosco ferroviario, miembro activo de la
resistencia francesa (Burt Lancaster, haciendo gala de una destreza física
impresionante) y el Coronel Von Waldheim (interpretado con mucha solvencia,
elegancia y dignidad por el actor inglés Paul Scofield), un desencantado
oficial nazi que, sabedor de la inminente liberación de Francia, decide
expoliar el museo Jeu de Paume, regentado por Mademoiselle Villardy cargar un tren con cuadros de Cezanne,
Renoir, Picaso, Lautrec, Mathise, etc, artistas impresionistas, enmarcados en
la categoría de “arte degenerado”, prohibido por Decreto del Tercer Reich.
La
arrogancia de Adolf Hitler llegaba hasta el punto de decidir, de manera tan
eficientemente reglada como discrecional, cuales debían ser los gustos
imperantes en el arte. Frankenheimer se esfuerza en eludir las tentaciones
maniqueístas del relato. Labiche no es un hombre instruido capaz de apreciar el
arte. De hecho gran parte de la película se ocupa del particular proceso interior
del personaje por tratar de entender la importancia de salvar el patrimonio
cultual de Francia. El villano, el oficial alemán Von Waldheim, por el
contrario, es una rara avis, entre los oficiales nazis, pues admira ese
arte prohibido. Es un hombre de gran sensibilidad artística, que le sirve de
motor, desde el inicio, de su no menor empeño en que el tren llegue a Alemania. El realizador neoyorquino, se preocupa igualmente en
mostrar el absurdo de la guerra, subrayando narrativamente el alto coste en
vidas humanas, totalmente innecesario desde la perspectiva de que la acción se
enmarca en los últimos días de la guerra, cuando los nazis se repliegan hacia
su país, ante la inminente entrada de los aliados en París.
La pericia técnica del realizador, latente en esta
película, fue adquirida desde su temprana juventud. A principios de los años
50, es movilizado en el servicio militar, y le toca servir en una base militar
en Burbank, California, donde descubre un equipo completo de cámaras de 16
milímetros y material como moviolas, focos, micrófonos, etc, arreglándoselas
para convencer a los altos mandos de la conveniencia de realizar documentales
sobre maniobras militares, y demás actos rutinarios castrenses, que rueda con
pasión. En 1952 entra a trabajar para la CBS, introducido en el medio por quien
sería su mentor profesional, Sidney Lumet, para quien ejercería labor de
ayudante de producción en numerosas ocasiones. Entre 1954 y 1960, colabora en
un aluvión de producciones para el medio, alrededor de 152, que incluye
dirección de programas de actualidad y de debates, en los que dispone de una
libertad creativa impensable en la actualidad, y que compagina con su temprano
debut en el cine, con la película "The young Stranger (1956)",
experiencia que le decepciona, por la lentitud de rodaje, en relación a lo
trepidante de la filmación el medio televisivo.
En ese año de 1956, ingresa en
la élite de la televisión, figurando en la nómina de realizadores del programa Playhouse
90, programas dramáticos filmados y emitidos en directo, donde rueda, entre
otros, una versión de "El último magnate", según la novela de Scott
Fitzgerald, con Jack Palance de protagonista, de "Días de vino y Rosas"
con Cliff Robertson y Piper Laurie, o de "Por quien doblan las campanas",
según la novela de Ernest Hemingway, con Jasón Robards lierando el reparto. Una
auténtica superproducción televisiva de la época, ésta última, emitida en dos
partes, que contó con el astronómico presupuesto de 40.000 dólares. Frankenheimer
afronta la realización de esta formidable película bélica, combinando instantes
espectaculares, con otros marcadamente intimistas. En ambos casos, constituyen
secuencias de enorme complejidad y despliegue. Entre las primeras, destacamos
el prolongado travelling-plano secuencia que acompaña a Labiche en los primeros
momentos del metraje, por las vías ferroviarias alrededor de trenes, tanques, o
soldados transportando material diverso. Son secuencias muy difíciles de
filmar, en unos tiempos donde no había Steadycam, y en los que era
necesario montar raíles para deslizar las, por otro lado, enormes y pesadas
cámaras de filmación.
Destaca también por derecho propio la secuencia de choque
entre dos trenes, fruto del sabotaje de los miembros de la resistencia. La
secuencia es filmada con una eficiencia tal, que se percibe en cada uno de los
planos elegidos de la misma en la sala de montaje, en un trabajo de edición,
por otro lado, sensacional. Entre las secuencias más intimistas, Frankenheimer
resalta las emociones de los personajes con sus reconocibles primerísimos
planos rodados con la lente gran angular, que potencia el tono asfixiante de
tales planos, donde la tensión en el ambiente sobrecoge al espectador, así como
con el empleo de la técnica, vinculada casi de modo inconsciente a Orson
Welles, conocida como profundidad de campo. Se trata de encuadres donde un
personaje está en primer plano y al fondo vemos a otro u otros personajes, cuya
presencia es narrativamente relevante. Un ejemplo de ello, es la primera y
única secuencia que transcurre en el interior del museo Jeu de Paume. Waldheim
observa admirado los hermosos cuadros.
Frankenheimer comienza con el sencillo
plano y contraplano, aunque lo hace de un modo poco convencional: la sala del
museo está en la penumbra, iluminándose sólo los cuadros que el oficial alemán
observa con nostalgia y desencanto. La cámara se recrea necesariamente, pues se
trata de aquello por lo que se va a combatir las próximas dos horas. Entra a la
izquierda del encuadre Mademoiselle Villard, la directora del Museo. La cámara
gira, no en panorámica, sino en travelling, para colocar al oficial de perfil,
en primer plano, y al fondo a la directora del museo. El personaje de mademoiselle Villard, interpretado
por la actriz francesa Suzanne Flon, es claramente un sosias del personaje real
de Rose Valland, colaboradora de la Resistencia, a quien la posteridad bautizó
como “la heroína del Jeu de Paume”. Directora de ese museo, esta valiente mujer
tuvo el enorme mérito de memorizar primero y copiar después las listas y
fotografías de las piezas de arte que los nazis se llevaban de París destino a
Berlín, gracias a lo cual se recuperaron muchísimas de esas obras.
El personaje
aparece en la película "The Monuments men (2014)", de George Clooney,
interpretado por Cate Blanchett, que en la película se llama Claire Simon. A
mademoiselle Valland se le concedió la Legión de honor (distinción que se
concede por méritos extraordinarios dentro del ámbito civil o militar), y es
una de las mujeres más condecoradas de toda Francia. Este personaje escribió un
libro de memorias, Le front de l’art, en el que se inspira el guión de
esta película. La fructífera colaboración entre Lancaster y
Frankenheimer, comprendería un título más, "Los Temerarios del Aire (1969)", un drama
sobre un grupo de paracaidistas especialistas en atracciones circenses aéreas. El director de "ElMensajero del Miedo (1962)", entraría en la
década de los noventa con la película "La Cuarta Guerra (1990)", que narra un enfrentamiento personal, igual de obsesivo que en "El
Tren", entre un oficial estadounidense (Roy Scheider) y otro ruso (Jürgen
Prochnov), en las postrimerías de la guerra fría, en el escenario del
desmoronamiento de la Alemania del Este. Ambas películas comparten similares
propósitos antibelicistas, pero obtienen resultados marcadamente desiguales.
"- A veces nos
arriesgamos. No malgastaré más vidas por unos cuadros.
- No se malgastarían...
Discúleme, sé que es algo
terrible de decir, pero esos cuadros son parte de Francia. Los alemanes quieren
llevárselos todos. Nos han quitado nuestra tierra y nuestra comida, viven en
nuestras casas... y ahora quieren quitarnos nuestro arte, esa belleza... esa
visión de la vida nacida en Francia, nuestra especial visión... nuestro Tesoro.
Es nuestro legado para el mundo ¿no lo ve?, para todos... es nuestro orgullo,
lo que creamos y atesoramos para el mundo.
Se me ocurren peores cosas
por las que arriesgar su vida."
(Conversación entre Mademoiselle Villard (Suzanne
Flon) Y Labiche (Burt Lancaster)
"- Admiro su eficiencia,
Labiche... y su sentido de la supervivencia.
Supongo que no suele tener
problemas con los saboteadores, ¿Verdad?
¿Cree que habrá intentos
de sabotaje de este tren?
- Soy un ferroviario, no
un profeta·".
(Conversación entre el Coronel Von Waldheim (Paul
Scofield) y Labiche (Burt Lancaster)
"Labiche. Aquí tiene su
recompensa, Labiche... algunos de los más grandes cuadros del mundo.
¿Le agrada, Labiche?
¿Siente una gran emoción
sólo con estar cerca de ellos?
Un cuadro significa para
usted tanto como un collar de perlas para un mono. Ha ganado por pura suerte.
Me ha detenido sin saber lo que hacía ni porqué. Usted no es nada, Labiche,
sólo un cúmulo de carne.
Los cuadros son míos.
Siempre lo serán. La belleza pertenece al hombre que puede apreciarla. Siempre
me pertenecerá a mí o a un hombre como yo. Ahora, en este minuto, no podría
decirme porqué ha hecho lo que ha hecho".
(Coronel Von
Waldheim (Paul Scofield) a Labiche (Burt
Lancaster).
Título original: The train. Director: John Frankenheimer. Interpretes: Burt Lancaster, Paul Scofield, Jeanne Moreau, Michel Simon, Howard Vernon,Suzanne Flon.
Trailer:
Escena:
B.S.O.:
Información complementaria: Paul Scofield Reseña escrita por Manuel García de Mesa QUIERES COMPRAR EL TREN