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Se trata de la segunda película como director de Robert Aldrich producida por su propio protagonista, Burt Lancaster y basada en la novela de Paul Wellman "Bronco Apache". A diferencia de algunos westerns en donde se nos presenta una imagen de los indios más secundaria, en "Apache" Aldrich construye un acercamiento a la figura de la tribu guerrera algo más respetuosa y más cercana al realismo que al misticismo o el maniqueísmo.
Massai (Lancaster), es el único de su tribu que se resiente a rendirse ante el hombre blanco, mantiene su orgullo de raza y reivindica mantener su forma de vida. Aun así, nunca se aleja de ser un ser humano complejo y lleno de contradicciones. Lancaster representa a la perfección a un líder apache de gran presencia y personalidad que sólo entiende el sentido de su propia vida como un guerrero: Fuerte, independiente y sin ningún tipo de sometimiento, lo cual considera una debilidad.
Después de la rendición del jefe Apache Gerónimo (Monte Blue), el ejército estadounidense envía a todos los varones jóvenes de la tribu apache muy lejos de donde viven sus familias. Apresados con grilletes son enviados bajo vigilancia hacia una reserva india de Florida. Massai, que desde el comienzo del film es apresado contra su voluntad para formar parte del grupo de rendidos, consigue escapar durante el trayecto el tren. Iniciará así un largo viaje de vuelta hacia sus tierras, con la esperanza de liderar nuevas luchas contra los soldados. Sin embargo, en su largo camino luchará por la supervivencia, recorrerá la dureza del desierto, el ajetreado mundo de la civilización y conocerá otras formas de vida, como la de los cheyennes que han conseguido sus propias plantaciones de maíz a pesar de haberse rendido y vivir en reservas. De vuelta a su poblado, intenta convencer al jefe indio y su hija Nalinle (Jean Peters), de que planten maíz para conseguir su libertad y autonomía frente al sometimiento del hombre blanco, pero de nuevo es capturado, iniciándose así su segunda gran escapada y aventura, convirtiéndose en un hombre cada vez más indómito, escurridizo, vengativo y cruel. Sin embargo, durante su vida itinerante, la presencia y compañía de Nalinle aportará una nueva perspectiva que les permita cambiar sus vidas sin perder su orgullo.
"Apache" junto a otros films como "Flecha rota" de Delmer Daves fueron de los pocos de la época que ensalzaron la figura de los indígenas en contra del hombre blanco. Aldrich consiguió una obra rica en matices, con una interpretación de Lancaster muy apropiada a su condición física de atleta. Son muy destacables las escenas de Lancaster corriendo y saltando entre las rocas, realizando verdaderas piruetas mientras salta y dispara al mismo tiempo.
La fotografía de Ernest Laszlo se encarga de ensalzar las cualidades de un paisaje que se extiende desde las llanuras pasando por los ríos hasta los montes más agrestes constituidos por rocas. Un paisaje de gran belleza que siempre está presente como representación de lo que significa para la tribu que habita dichas tierras, un sitio de donde pretende desplazarlo el hombre blanco y que Massai se niega a abandonar.
Aldrich repetiría con Lancaster en otro film de similar temática: "La venganza de Ulzana (1972)". En definitiva, un notable western olvidado e infravalorado.
Se trata de la segunda película como director de Robert Aldrich producida por su propio protagonista, Burt Lancaster y basada en la novela de Paul Wellman "Bronco Apache". A diferencia de algunos westerns en donde se nos presenta una imagen de los indios más secundaria, en "Apache" Aldrich construye un acercamiento a la figura de la tribu guerrera algo más respetuosa y más cercana al realismo que al misticismo o el maniqueísmo.
Massai (Lancaster), es el único de su tribu que se resiente a rendirse ante el hombre blanco, mantiene su orgullo de raza y reivindica mantener su forma de vida. Aun así, nunca se aleja de ser un ser humano complejo y lleno de contradicciones. Lancaster representa a la perfección a un líder apache de gran presencia y personalidad que sólo entiende el sentido de su propia vida como un guerrero: Fuerte, independiente y sin ningún tipo de sometimiento, lo cual considera una debilidad.
Después de la rendición del jefe Apache Gerónimo (Monte Blue), el ejército estadounidense envía a todos los varones jóvenes de la tribu apache muy lejos de donde viven sus familias. Apresados con grilletes son enviados bajo vigilancia hacia una reserva india de Florida. Massai, que desde el comienzo del film es apresado contra su voluntad para formar parte del grupo de rendidos, consigue escapar durante el trayecto el tren. Iniciará así un largo viaje de vuelta hacia sus tierras, con la esperanza de liderar nuevas luchas contra los soldados. Sin embargo, en su largo camino luchará por la supervivencia, recorrerá la dureza del desierto, el ajetreado mundo de la civilización y conocerá otras formas de vida, como la de los cheyennes que han conseguido sus propias plantaciones de maíz a pesar de haberse rendido y vivir en reservas. De vuelta a su poblado, intenta convencer al jefe indio y su hija Nalinle (Jean Peters), de que planten maíz para conseguir su libertad y autonomía frente al sometimiento del hombre blanco, pero de nuevo es capturado, iniciándose así su segunda gran escapada y aventura, convirtiéndose en un hombre cada vez más indómito, escurridizo, vengativo y cruel. Sin embargo, durante su vida itinerante, la presencia y compañía de Nalinle aportará una nueva perspectiva que les permita cambiar sus vidas sin perder su orgullo.
"Apache" junto a otros films como "Flecha rota" de Delmer Daves fueron de los pocos de la época que ensalzaron la figura de los indígenas en contra del hombre blanco. Aldrich consiguió una obra rica en matices, con una interpretación de Lancaster muy apropiada a su condición física de atleta. Son muy destacables las escenas de Lancaster corriendo y saltando entre las rocas, realizando verdaderas piruetas mientras salta y dispara al mismo tiempo.
La fotografía de Ernest Laszlo se encarga de ensalzar las cualidades de un paisaje que se extiende desde las llanuras pasando por los ríos hasta los montes más agrestes constituidos por rocas. Un paisaje de gran belleza que siempre está presente como representación de lo que significa para la tribu que habita dichas tierras, un sitio de donde pretende desplazarlo el hombre blanco y que Massai se niega a abandonar.
Aldrich repetiría con Lancaster en otro film de similar temática: "La venganza de Ulzana (1972)". En definitiva, un notable western olvidado e infravalorado.
El biopic de Jim Thorpe cuyo nombre indio significa Camino Luminoso, es relatado por "Pope "Warner (Charles Bickford), su entrenador, quien en un homenaje a nuestro héroe, encarnado por un maravilloso Burt Lancaster, nos remonta a su niñez cuando para no asistir a clases corría 20 kilómetros a campo traviesa para malestar de sus progenitores aunque su padre le advierte que si quiere ser alguien tendrá que prepararse. Es así que dando un salto alto en el tiempo somos transportados a la universidad de Carlisle, institución a dónde van los nativos americanos para educarse y no desperdiciar su vida. Allí Jim además de encontrar el amor descubrirá también sus dotes atléticas en más de una disciplina deportiva y se convertirá en jugador estrella de beísbol y fútbol americano hasta cuando participe en las olimpiadas de Suecia en 1912 coronándose campeón mundial en pentatlón y decatlón, medallas que le serían despojadas por un tecnicismo pues él durante un verano para ganarse algo de dinero extra para su manutención jugó profesionalmente y según las normas eso era motivo para tal sanción. Una vez llegado a la cúspide comienza el drama y a pesar de ser uno de los atletas más completos de la historia del mundo, así como el ascenso llegó a lo más alto más dura fue la caída tanto personal como profesional.
Sin duda Burt Lancaster nació para este papel, muchas de las escenas de las hazañas deportivas las interpretó él mismo haciendo gala de sus destrezas atléticas y su carismática sonrisa. La historia obviamente concentra eventos para darle mayor fuerza y, como no, al ser un retrato de un héroe americano, la decrepitud es soslayada pues el filme termina con el citado homenaje al deportista como si su vida se hubiese redimido cuando en verdad el auténtico Thorpe falleció paupérrimo y alcoholizado. El Comité Olímpico Internacional, tres décadas después admitió su error y post mortem le fueron devueltas sus preseas olímpicas a los parientes que le sobrevivieron.
Michael Curtiz, conocido todoterreno en sus realizaciones firmó esta película en la que hizo uso de material de archivo sobre todo de las olimpiadas de Suecia en 1912 y la de Los ángeles en 1932. Es de ese tipo de filmes que se hacían hace muchos años, aquellos con una buena historia, bien narrada, con una gran estrella protagonista y que nos dejaba un buen sabor de boca al final, aunque, como anteriormente lo escribí, se adulteraban ciertos hechos.
Título original: Man of Bronze.
Director: Michael Curtiz.
Intérpretes: Burt Lancaster,Charles .Bickford,Steve Cochran,Phyllis Thaxter,Dick Wesson,Jack Big Head.
Trailer:
Reseña escrita por Carlos Fernando Carrión Quezada
El biopic de Jim Thorpe cuyo nombre indio significa Camino Luminoso, es relatado por "Pope "Warner (Charles Bickford), su entrenador, quien en un homenaje a nuestro héroe, encarnado por un maravilloso Burt Lancaster, nos remonta a su niñez cuando para no asistir a clases corría 20 kilómetros a campo traviesa para malestar de sus progenitores aunque su padre le advierte que si quiere ser alguien tendrá que prepararse. Es así que dando un salto alto en el tiempo somos transportados a la universidad de Carlisle, institución a dónde van los nativos americanos para educarse y no desperdiciar su vida. Allí Jim además de encontrar el amor descubrirá también sus dotes atléticas en más de una disciplina deportiva y se convertirá en jugador estrella de beísbol y fútbol americano hasta cuando participe en las olimpiadas de Suecia en 1912 coronándose campeón mundial en pentatlón y decatlón, medallas que le serían despojadas por un tecnicismo pues él durante un verano para ganarse algo de dinero extra para su manutención jugó profesionalmente y según las normas eso era motivo para tal sanción. Una vez llegado a la cúspide comienza el drama y a pesar de ser uno de los atletas más completos de la historia del mundo, así como el ascenso llegó a lo más alto más dura fue la caída tanto personal como profesional.
Sin duda Burt Lancaster nació para este papel, muchas de las escenas de las hazañas deportivas las interpretó él mismo haciendo gala de sus destrezas atléticas y su carismática sonrisa. La historia obviamente concentra eventos para darle mayor fuerza y, como no, al ser un retrato de un héroe americano, la decrepitud es soslayada pues el filme termina con el citado homenaje al deportista como si su vida se hubiese redimido cuando en verdad el auténtico Thorpe falleció paupérrimo y alcoholizado. El Comité Olímpico Internacional, tres décadas después admitió su error y post mortem le fueron devueltas sus preseas olímpicas a los parientes que le sobrevivieron.
Michael Curtiz, conocido todoterreno en sus realizaciones firmó esta película en la que hizo uso de material de archivo sobre todo de las olimpiadas de Suecia en 1912 y la de Los ángeles en 1932. Es de ese tipo de filmes que se hacían hace muchos años, aquellos con una buena historia, bien narrada, con una gran estrella protagonista y que nos dejaba un buen sabor de boca al final, aunque, como anteriormente lo escribí, se adulteraban ciertos hechos.
Título original: Man of Bronze.
Director: Michael Curtiz.
Intérpretes: Burt Lancaster,Charles .Bickford,Steve Cochran,Phyllis Thaxter,Dick Wesson,Jack Big Head.
Trailer:
Reseña escrita por Carlos Fernando Carrión Quezada
Probablemente "El nadador" esté lejos de ser una
película que trate a fondo una disciplina deportiva, ya que nos encontramos ante
un drama psicológico narrado de una manera muy atípica dentro del cine americano de los sesenta, de hecho su director
Frank Perry tiene más puntos en común con la "Generación de la
televisión" representada por nombres como John Frankenheimer o Sidney
Lumet, entre muchos otros, que con el cine clásico de Hollywood. Sin embargo el
film puede verse como uno de los pocos trabajos realizados por el cine en torno
a la natación, aunque como digo sea una excusa, casi una metáfora para
desarrollar una trama más compleja.
La secuencia de apertura y títulos de crédito del film nos
muestra un paraje natural idílico que más tarde sabremos que pertenece a Westport (Connecticut), donde los
animales que se encuentran en un bosque (vemos
un búho, un ciervo, pájaros en un río,...) huyen al advertir una presencia
extraña dentro de su hábitat. Se trata de Ned Merrill (Burt Lancaster), un
hombre de mediana edad que parece
encontrarse en una forma física envidiable ya que su travesía por el bosque la
realiza corriendo descalzo y ataviado con un escueto bañador como única vestimenta.
La cámara va siguiendo a Ned y en medio de la naturaleza se encuentra un lujoso
chalet con piscina, a la que sin dudarlo ni un momento se lanza nuestro
protagonista para hacerse unos largos con gran entusiasmo.
Al llegar al borde de
la piscina vemos a alguien que le ofrece un cocktail a Ned como bienvenida y descubrimos que se
trata de un viejo amigo suyo, Donald Westerhazy (Tony Bickley). Parecen llevar
tiempo sin verse y se saludan efusivamente, al igual que la esposa de Donald y
otros amigos que se encuentran en el chalet cuando advierten la presencia de
Ned. Por el ambiente cordial, parece que
mantuvieron una estrecha relación en el pasado y como es natural le preguntan
por su vida así como por el estado de salud de su esposa y su familia. Ned
responde escuetamente, casi con evasivas, afirmando que se encuentran todos muy
bien, mejor que nunca. De repente observando el paisaje de todo el condado se
le ocurre la original idea de ir visitando todas las piscinas de sus vecinos
para nadar en ellas hasta llegar a su
casa donde le espera su familia. Ante la
sorpresa de sus amigos les cuenta que todas las piscinas forman un río
imaginario al que llamará Lucinda, en honor a su esposa, y se despide de ellos.
En su siguiente parada llega a otro chalet con piscina donde
se encuentra a unos jóvenes entre los que Ned reconoce a Julie Hooper (Janet Landgard), una muchacha de 20
años que en su adolescencia ejerció como canguro para sus hijas. Julie queda
impresionada con la idea de recorrer todas las piscinas del condado y se ofrece
como acompañante de Ned en su singular odisea. En el trayecto Julie le cuenta
que en aquellos años que hizo de canguro estaba perdidamente enamorada de él y
pese a que le deja claro que se trataba una locura de adolescencia, Ned no
puede evitar sentirse atraído por la joven y al intentar besarla, Julie huye confusa y desorientada.
A partir de ese momento el relato adquiere un tono más
oscuro y lo que en un principio era jovialidad y hospitalidad en las visitas de
Ned a sus vecinos se va convirtiendo en frías bienvenidas y en ocasiones hasta será expulsado y humillado según se va acercando a su casa. Muy
representativo de ésta segunda parte sería cuando llega a una casa con piscina,
pero sin agua, en cuyo jardín se encuentra a un niño solitario con la
autoestima muy baja al que Ned no dudará en animar metiéndolo en la piscina con
él para simular que nadan en ella aunque no tenga ni una gota de agua en su
interior.
Película de culto, extraña y simbólica, protagonizada por un
Burt Lancaster en su habitual estado de gracia interpretando a un personaje del
que nada sabemos salvo por lo que los demás dicen de él o por sus preguntas y
reacciones ante su presencia. Parece ser un hombre de negocios que llevó un alto nivel de vida, devoto de su
familia pero también con continuos escarceos extramatrimoniales y que
actualmente añora su juventud hasta el punto de no poder ver la realidad: está
llegando a una edad madura y durante su vida pudo no ser tan buena persona como
él cree debido a algunos comentarios de la gente que se va encontrando en el
camino.
Dirigida con gran acierto por el poco conocido Frank Perry, con guión de su esposa Eleanor Perry,
adaptando una historia corta de John Cheever aparecida en The New Yorker. En su
rodaje surgieron varios problemas, entre ellos disputas de Lancaster y Perry lo
que ocasionó que la tuviera que terminar un joven Sidney Pollack. Sam Spiegel
fue su productor pero debido a esos problemas retiró su nombre de los créditos
en el último momento. Rodada enteramente en exteriores, la película cuenta con
una luz portentosa del operador de fotografía David L. Quaid, acompañado de
filtros y efectos de cámara muy originales en los momentos más experimentales
del film, creando una atmósfera extraña e hipnótica. A destacar también la
magnífica partitura de Marvin Hamlisch, épica y melodramática a partes iguales,
que funciona a la perfección tanto en los momentos más duros y reflexivos, como
en aquellos más poéticos.
Probablemente "El nadador" esté lejos de ser una
película que trate a fondo una disciplina deportiva, ya que nos encontramos ante
un drama psicológico narrado de una manera muy atípica dentro del cine americano de los sesenta, de hecho su director
Frank Perry tiene más puntos en común con la "Generación de la
televisión" representada por nombres como John Frankenheimer o Sidney
Lumet, entre muchos otros, que con el cine clásico de Hollywood. Sin embargo el
film puede verse como uno de los pocos trabajos realizados por el cine en torno
a la natación, aunque como digo sea una excusa, casi una metáfora para
desarrollar una trama más compleja.
La secuencia de apertura y títulos de crédito del film nos
muestra un paraje natural idílico que más tarde sabremos que pertenece a Westport (Connecticut), donde los
animales que se encuentran en un bosque (vemos
un búho, un ciervo, pájaros en un río,...) huyen al advertir una presencia
extraña dentro de su hábitat. Se trata de Ned Merrill (Burt Lancaster), un
hombre de mediana edad que parece
encontrarse en una forma física envidiable ya que su travesía por el bosque la
realiza corriendo descalzo y ataviado con un escueto bañador como única vestimenta.
La cámara va siguiendo a Ned y en medio de la naturaleza se encuentra un lujoso
chalet con piscina, a la que sin dudarlo ni un momento se lanza nuestro
protagonista para hacerse unos largos con gran entusiasmo.
Al llegar al borde de
la piscina vemos a alguien que le ofrece un cocktail a Ned como bienvenida y descubrimos que se
trata de un viejo amigo suyo, Donald Westerhazy (Tony Bickley). Parecen llevar
tiempo sin verse y se saludan efusivamente, al igual que la esposa de Donald y
otros amigos que se encuentran en el chalet cuando advierten la presencia de
Ned. Por el ambiente cordial, parece que
mantuvieron una estrecha relación en el pasado y como es natural le preguntan
por su vida así como por el estado de salud de su esposa y su familia. Ned
responde escuetamente, casi con evasivas, afirmando que se encuentran todos muy
bien, mejor que nunca. De repente observando el paisaje de todo el condado se
le ocurre la original idea de ir visitando todas las piscinas de sus vecinos
para nadar en ellas hasta llegar a su
casa donde le espera su familia. Ante la
sorpresa de sus amigos les cuenta que todas las piscinas forman un río
imaginario al que llamará Lucinda, en honor a su esposa, y se despide de ellos.
En su siguiente parada llega a otro chalet con piscina donde
se encuentra a unos jóvenes entre los que Ned reconoce a Julie Hooper (Janet Landgard), una muchacha de 20
años que en su adolescencia ejerció como canguro para sus hijas. Julie queda
impresionada con la idea de recorrer todas las piscinas del condado y se ofrece
como acompañante de Ned en su singular odisea. En el trayecto Julie le cuenta
que en aquellos años que hizo de canguro estaba perdidamente enamorada de él y
pese a que le deja claro que se trataba una locura de adolescencia, Ned no
puede evitar sentirse atraído por la joven y al intentar besarla, Julie huye confusa y desorientada.
A partir de ese momento el relato adquiere un tono más
oscuro y lo que en un principio era jovialidad y hospitalidad en las visitas de
Ned a sus vecinos se va convirtiendo en frías bienvenidas y en ocasiones hasta será expulsado y humillado según se va acercando a su casa. Muy
representativo de ésta segunda parte sería cuando llega a una casa con piscina,
pero sin agua, en cuyo jardín se encuentra a un niño solitario con la
autoestima muy baja al que Ned no dudará en animar metiéndolo en la piscina con
él para simular que nadan en ella aunque no tenga ni una gota de agua en su
interior.
Película de culto, extraña y simbólica, protagonizada por un
Burt Lancaster en su habitual estado de gracia interpretando a un personaje del
que nada sabemos salvo por lo que los demás dicen de él o por sus preguntas y
reacciones ante su presencia. Parece ser un hombre de negocios que llevó un alto nivel de vida, devoto de su
familia pero también con continuos escarceos extramatrimoniales y que
actualmente añora su juventud hasta el punto de no poder ver la realidad: está
llegando a una edad madura y durante su vida pudo no ser tan buena persona como
él cree debido a algunos comentarios de la gente que se va encontrando en el
camino.
Dirigida con gran acierto por el poco conocido Frank Perry, con guión de su esposa Eleanor Perry,
adaptando una historia corta de John Cheever aparecida en The New Yorker. En su
rodaje surgieron varios problemas, entre ellos disputas de Lancaster y Perry lo
que ocasionó que la tuviera que terminar un joven Sidney Pollack. Sam Spiegel
fue su productor pero debido a esos problemas retiró su nombre de los créditos
en el último momento. Rodada enteramente en exteriores, la película cuenta con
una luz portentosa del operador de fotografía David L. Quaid, acompañado de
filtros y efectos de cámara muy originales en los momentos más experimentales
del film, creando una atmósfera extraña e hipnótica. A destacar también la
magnífica partitura de Marvin Hamlisch, épica y melodramática a partes iguales,
que funciona a la perfección tanto en los momentos más duros y reflexivos, como
en aquellos más poéticos.
"Si lo construyes, él vendrá". No me imagino qué reacción un simple mortal tendría si de la nada una voz inubicable le suelta estas palabras y si tiene una visión de un campo de béisbol dentro de un maizal a lo mejor ya debería estar buscando psiquiatra, sin embargo estamos en un subgénero cinematográfico deudor de Frank Capra pues hasta hay una aparición de Jimmy Stewart subliminal y el protagonista tiene una mujer del todo comprensiva (Amy Madigan) que aunque sabe que están yendo a la quiebra le permite esas cosas y luego más contagiada por las alucinaciones de su marido. Posiblemente este lugar no sea el Paraíso, pero sin duda es Iowa y si ya nos creímos la premisa lo demás viene por añadidura sobre todo cuando está tan ensoñadoramente contado.
La historia de Ray Kinsella (un entonces en plena forma Kevin Costner), un hombre con un propósito distinto al de los demás, de construir el primer campo de juego para fantasmas con una vanguardia representada por el mítico "Descalzo" Joe Jackson (Ray Liotta) y los Black Socks (medias negras) (Un equipo involucrado en un escándalo deportivo allá por 1919), que al inicio sólo él puede ver y luego su familia cuando van participando de esa ilusión, y que por una extraña razón el alejamiento de Ray con su difunto padre fueron sus puntos de vista distintos acerca de aquella agrupación.
Dicen que hay un dicho en el mundo del cine que los americanos aman el béisbol pero no las películas sobre ese deporte, obviamente con sus excepciones, así que en este filme el elemento fantástico permite que ellos se vean tal como quieren verse o como creen que deberían verse y a riesgo de parecer ingenuos lo compensan con el empuje de quienes tienen un sueño y van por él por difícil o descabellado que parezca.
Al cocktel le añadimos un poco de reivindicación de los derechos civiles representados por un escritor (James Earl Jones) que ha permanecido mucho tiempo en el anonimato, que también alguna vez quiso jugar a la pelota, pues Ray va a convencerlo por las buenas o por la malas a visitar su idílico parque a la voz de aliviar su dolor. Y también nos hallamos con aquel que una vez quiso perseguir un sueño pero las circunstancias de la vida lo llevaron por otro camino más altruista. No importa que hubiera fallecido tiempo atrás, porque para eso se hicieron los viajes en el tiempo y, mirando a la distancia, en una furgoneta vieja no se sube el anciano médico Burt Lancaster sino su personificación más joven Frank Whalley, al final, son el mismo Archibald "Moonlight" Graham dispuestos a tomar el bate.
Y como contábamos al inicio, la ruina económica se cierne sobre la familia Kinsella y el banco (malo por antonomasia) quiere llevarse sus tierras, solo un milagro podrá salvarlos, y siendo heredero del cine del gran siciliano, esta película está pletórica de ellos.
Fábula deportiva inspirada en el libro Shoeless Joe de W.P. Kinsella, que aunque usa como pretexto el béisbol nos habla de temas más profundos como las relaciones familiares y la reconciliación paterno filial, la redención, la recuperación de un sueño; con una hermosa música de James Horner inspirada en una banda sonora provisional del propio Robinson y fotografía de John Lindley. Phil Alden Robinson nunca repitió una película que estuviera a la altura, por lo que este film viene a engrosar el grupo de aquellas cintas extrañas en las que quizá la convergencia de varios factores la hicieron única e irrepetible. Y fue la última aparición de Burt Lancaster, motivo suficiente para no perdérsela.
Título original: Field of dreams.
Director: Phil Alden Robinson.
Intérpretes: Kevin Costner, Amy Madigan, James Earl Jones, Ray Liotta, Timothy Busfield, Burt Lancaster, Gaby Hoffmann.
Trailer:
Escena:
B.S.O.:
Reseña escrita por Carlos Fernando Carrión Quezada
"Si lo construyes, él vendrá". No me imagino qué reacción un simple mortal tendría si de la nada una voz inubicable le suelta estas palabras y si tiene una visión de un campo de béisbol dentro de un maizal a lo mejor ya debería estar buscando psiquiatra, sin embargo estamos en un subgénero cinematográfico deudor de Frank Capra pues hasta hay una aparición de Jimmy Stewart subliminal y el protagonista tiene una mujer del todo comprensiva (Amy Madigan) que aunque sabe que están yendo a la quiebra le permite esas cosas y luego más contagiada por las alucinaciones de su marido. Posiblemente este lugar no sea el Paraíso, pero sin duda es Iowa y si ya nos creímos la premisa lo demás viene por añadidura sobre todo cuando está tan ensoñadoramente contado.
La historia de Ray Kinsella (un entonces en plena forma Kevin Costner), un hombre con un propósito distinto al de los demás, de construir el primer campo de juego para fantasmas con una vanguardia representada por el mítico "Descalzo" Joe Jackson (Ray Liotta) y los Black Socks (medias negras) (Un equipo involucrado en un escándalo deportivo allá por 1919), que al inicio sólo él puede ver y luego su familia cuando van participando de esa ilusión, y que por una extraña razón el alejamiento de Ray con su difunto padre fueron sus puntos de vista distintos acerca de aquella agrupación.
Dicen que hay un dicho en el mundo del cine que los americanos aman el béisbol pero no las películas sobre ese deporte, obviamente con sus excepciones, así que en este filme el elemento fantástico permite que ellos se vean tal como quieren verse o como creen que deberían verse y a riesgo de parecer ingenuos lo compensan con el empuje de quienes tienen un sueño y van por él por difícil o descabellado que parezca.
Al cocktel le añadimos un poco de reivindicación de los derechos civiles representados por un escritor (James Earl Jones) que ha permanecido mucho tiempo en el anonimato, que también alguna vez quiso jugar a la pelota, pues Ray va a convencerlo por las buenas o por la malas a visitar su idílico parque a la voz de aliviar su dolor. Y también nos hallamos con aquel que una vez quiso perseguir un sueño pero las circunstancias de la vida lo llevaron por otro camino más altruista. No importa que hubiera fallecido tiempo atrás, porque para eso se hicieron los viajes en el tiempo y, mirando a la distancia, en una furgoneta vieja no se sube el anciano médico Burt Lancaster sino su personificación más joven Frank Whalley, al final, son el mismo Archibald "Moonlight" Graham dispuestos a tomar el bate.
Y como contábamos al inicio, la ruina económica se cierne sobre la familia Kinsella y el banco (malo por antonomasia) quiere llevarse sus tierras, solo un milagro podrá salvarlos, y siendo heredero del cine del gran siciliano, esta película está pletórica de ellos.
Fábula deportiva inspirada en el libro Shoeless Joe de W.P. Kinsella, que aunque usa como pretexto el béisbol nos habla de temas más profundos como las relaciones familiares y la reconciliación paterno filial, la redención, la recuperación de un sueño; con una hermosa música de James Horner inspirada en una banda sonora provisional del propio Robinson y fotografía de John Lindley. Phil Alden Robinson nunca repitió una película que estuviera a la altura, por lo que este film viene a engrosar el grupo de aquellas cintas extrañas en las que quizá la convergencia de varios factores la hicieron única e irrepetible. Y fue la última aparición de Burt Lancaster, motivo suficiente para no perdérsela.
Título original: Field of dreams.
Director: Phil Alden Robinson.
Intérpretes: Kevin Costner, Amy Madigan, James Earl Jones, Ray Liotta, Timothy Busfield, Burt Lancaster, Gaby Hoffmann.
Trailer:
Escena:
B.S.O.:
Reseña escrita por Carlos Fernando Carrión Quezada
El 27 de enero de 1901 nacen dos niños. El uno nieto de patrón dueño de las tierras, motivo de júbilo y desde ese instante sabemos tendrá su vida asegurada. El otro, hijo de campesinos, una boca más que alimentar, alguien que por más esfuerzos que haga no podrá cambiar su condición y posiblemente su vida estará destinada a ser un engranaje más para mantener en su sitio a los que están arriba de él. Alfredo Berlinghieri algún día será el patrón. Olmo Dalcò si tiene suerte de sobrevivir acabará pobre, enfermo y viejo. Al crecer juntos se convertirán en amigos, tendrán sus rivalidades propias de sus respectivas clases, sin embargo no contarán con el florecimiento del socialismo que proclama el fin de la explotación y la igualdad de las personas. Tampoco intuyen que los poderosos al verse amenazados darán lugar y alentarán al fascismo. Las primeras cinco décadas del siglo XX en Italia serán narradas durante 5 horas y poco más en esta ambiciosa producción Italo-franco-germana, con un Bernardo Bertolucci completamente inspirado dándonos un retrato de esta parte de la historia de una manera didáctica aunque excesivamente cargada de su ideología marxista.
Influenciado notablemente por Passolini y Visconti "Novecento" es una película enorme, épica y por su contenido y duración no apreciada por el gran público. Carne de festival cinematográfico en su época y convertida en miniserie televisiva posteriormente. Un reparto multiestelar donde brillan Robert De Niro como Alfredo, Gerard Depardieu como Olmo, Burt Lancaster como el abuelo Berlinghieri, Dominique Sanda como Ada, la burguesa idealista esposa del personaje de Bobby, Stefania Sandrelli ,el progresista amor de Olmo, Laura Betti, Regina, prima de Alfredo, mujer de insanas costumbres, Sterling Hayden el abuelo jornalero y Donald Sutherland, el malvado camisanegra. En la hacienda los trabajadores reciben su paga, pero aquel año las cosechas no han ido bien, entonces el patrón, Giovanni Berlinghieri (segundo hijo de Don Alfredo, quien a su muerte ha heredado su lugar luego de favorecerse a sí mismo con un testamento falso, pues el primogénito, Vittorio, prefiere andar de juerga y dedicado a actividades licenciosas), manifiesta a sus jornaleros que por efectos de la pésima producción se les reducirá la paga, ellos protestan y cuándo mejoran las cosechas por qué no nos pagas más. Germen del descontento social que los lleva a organizarse y rebelarse contra los terratenientes. Giovanni contrata a Attila Melanchini como capataz y este sembrando terror controla a los sublevados. Olmo que regresa de la guerra halla que todo está mal y se erige como líder de los revolucionarios.
A Alfredo poco le importan las tierras, su ritmo de vida lo ha llevado a las ciudades iluminadas y bohemias, no obstante debe regresar a casa cuando su padre muere y ser entronado como el nuevo señor de su reino. Las tensiones se vuelven mayores entre él y Olmo, a pesar de que Ada intenta tender un puente entre ellos. La pasividad y quemeimportismo de Alfredo molesta a su esposa y este rechazo hace que se acerque sentimentalmente al amigo proletario, algo que sospecha pero no está seguro el primero, con resentimiento y envidia da paso a una mayor represión por parte de los fascistas. Attila está relacionado con Regina y entre los dos llevan a cabo actos pecaminosos y crueles que culminan con el asesinato de un niño, crimen que inculpan a Olmo. La clase pudiente continúa en el poder con el apoyo de los camisas negras, reemplazan a los campesinos por máquinas, al ser obsoletos se los vende como ganado cualquiera, mientras tanto el pueblo se ha convocado en busca de una organización distinta que finalmente el día de la liberación, 25 de Abril de 1945, se hace justicia. La hija de Olmo montada en una carroza alienta a sus compañeros bajo un cielo rojo y llevando una bandera carmesí a castigar a sus opresores. Attila es perseguido y dado muerte. Alfredo es llevado a un juicio popular (donde apreciamos 2 grupos muy definidos: los campesinos y los miembros del comité de liberación) escoltado por un muchachito que ha tomado el nombre de su ídolo, Olmo, quien llega para juzgar a su antiguo amigo: El patrón debe morir, el patrón ha muerto. Alfredo desafiante le comunica que no, que está vivo. Dos ancianos juegan y pelean en el campo. Uno de ellos se coloca en las vías del tren, un desafío que nunca cumplió de niño. Vemos que la máquina llena de emblemas rojos avanza sobre él. Destacar la fotografía de Vittorio Storaro y la música de Ennio Morricone. Una palabra más: Utopía.
Director: Bernardo
Bertolucci.
Intérpretes: Gérard
Depardieu, Robert
De Niro, Dominique
Sanda, Stefania
Sandrelli, Donald
Sutherland, Burt
Lancaster, Sterling
Hayden.
Escena:
B.S.O.:
Reseña escrita por Carlos Fernando Carrión Quesada
El 27 de enero de 1901 nacen dos niños. El uno nieto de patrón dueño de las tierras, motivo de júbilo y desde ese instante sabemos tendrá su vida asegurada. El otro, hijo de campesinos, una boca más que alimentar, alguien que por más esfuerzos que haga no podrá cambiar su condición y posiblemente su vida estará destinada a ser un engranaje más para mantener en su sitio a los que están arriba de él. Alfredo Berlinghieri algún día será el patrón. Olmo Dalcò si tiene suerte de sobrevivir acabará pobre, enfermo y viejo. Al crecer juntos se convertirán en amigos, tendrán sus rivalidades propias de sus respectivas clases, sin embargo no contarán con el florecimiento del socialismo que proclama el fin de la explotación y la igualdad de las personas. Tampoco intuyen que los poderosos al verse amenazados darán lugar y alentarán al fascismo. Las primeras cinco décadas del siglo XX en Italia serán narradas durante 5 horas y poco más en esta ambiciosa producción Italo-franco-germana, con un Bernardo Bertolucci completamente inspirado dándonos un retrato de esta parte de la historia de una manera didáctica aunque excesivamente cargada de su ideología marxista.
Influenciado notablemente por Passolini y Visconti "Novecento" es una película enorme, épica y por su contenido y duración no apreciada por el gran público. Carne de festival cinematográfico en su época y convertida en miniserie televisiva posteriormente. Un reparto multiestelar donde brillan Robert De Niro como Alfredo, Gerard Depardieu como Olmo, Burt Lancaster como el abuelo Berlinghieri, Dominique Sanda como Ada, la burguesa idealista esposa del personaje de Bobby, Stefania Sandrelli ,el progresista amor de Olmo, Laura Betti, Regina, prima de Alfredo, mujer de insanas costumbres, Sterling Hayden el abuelo jornalero y Donald Sutherland, el malvado camisanegra. En la hacienda los trabajadores reciben su paga, pero aquel año las cosechas no han ido bien, entonces el patrón, Giovanni Berlinghieri (segundo hijo de Don Alfredo, quien a su muerte ha heredado su lugar luego de favorecerse a sí mismo con un testamento falso, pues el primogénito, Vittorio, prefiere andar de juerga y dedicado a actividades licenciosas), manifiesta a sus jornaleros que por efectos de la pésima producción se les reducirá la paga, ellos protestan y cuándo mejoran las cosechas por qué no nos pagas más. Germen del descontento social que los lleva a organizarse y rebelarse contra los terratenientes. Giovanni contrata a Attila Melanchini como capataz y este sembrando terror controla a los sublevados. Olmo que regresa de la guerra halla que todo está mal y se erige como líder de los revolucionarios.
A Alfredo poco le importan las tierras, su ritmo de vida lo ha llevado a las ciudades iluminadas y bohemias, no obstante debe regresar a casa cuando su padre muere y ser entronado como el nuevo señor de su reino. Las tensiones se vuelven mayores entre él y Olmo, a pesar de que Ada intenta tender un puente entre ellos. La pasividad y quemeimportismo de Alfredo molesta a su esposa y este rechazo hace que se acerque sentimentalmente al amigo proletario, algo que sospecha pero no está seguro el primero, con resentimiento y envidia da paso a una mayor represión por parte de los fascistas. Attila está relacionado con Regina y entre los dos llevan a cabo actos pecaminosos y crueles que culminan con el asesinato de un niño, crimen que inculpan a Olmo. La clase pudiente continúa en el poder con el apoyo de los camisas negras, reemplazan a los campesinos por máquinas, al ser obsoletos se los vende como ganado cualquiera, mientras tanto el pueblo se ha convocado en busca de una organización distinta que finalmente el día de la liberación, 25 de Abril de 1945, se hace justicia. La hija de Olmo montada en una carroza alienta a sus compañeros bajo un cielo rojo y llevando una bandera carmesí a castigar a sus opresores. Attila es perseguido y dado muerte. Alfredo es llevado a un juicio popular (donde apreciamos 2 grupos muy definidos: los campesinos y los miembros del comité de liberación) escoltado por un muchachito que ha tomado el nombre de su ídolo, Olmo, quien llega para juzgar a su antiguo amigo: El patrón debe morir, el patrón ha muerto. Alfredo desafiante le comunica que no, que está vivo. Dos ancianos juegan y pelean en el campo. Uno de ellos se coloca en las vías del tren, un desafío que nunca cumplió de niño. Vemos que la máquina llena de emblemas rojos avanza sobre él. Destacar la fotografía de Vittorio Storaro y la música de Ennio Morricone. Una palabra más: Utopía.
Director: Bernardo
Bertolucci.
Intérpretes: Gérard
Depardieu, Robert
De Niro, Dominique
Sanda, Stefania
Sandrelli, Donald
Sutherland, Burt
Lancaster, Sterling
Hayden.
Escena:
B.S.O.:
Reseña escrita por Carlos Fernando Carrión Quesada
Nuremberg, la ciudad que fuera capital del nacionalsocialismo, la que en 1934 celebró el sexto Congreso de Nuremberg organizado por el nazismo triunfante, tras la toma del poder, la misma ciudad que se convirtió en un gigantesco estudio y plató de cine, renovando su fachada para rodar "El triunfo de la voluntad (1935)", Leni Riefenstahl en esa misma ciudad, en 1948, un tribunal formado por las autoridades estadounidenses que vencieron en la Segunda Guerra Mundial se dispondrá a juzgar a un grupo de criminales de guerra nazis, los representantes de la ley durante el gobierno hitleriano: los jueces del III Reich, responsables de las atrocidades cometidas en la Alemania nazi.
El relato se centra en las acusaciones que recaen sobre cuatro magistrados referentes a las esterilizaciones realizadas en presos, así como en las condenas racistas que tales jueces dictaron. Los juicios de Nuremberg es un film de reconstrucción histórica, que evoca las mentalidades de la primera posguerra, desde la perspectiva judeo-norteamericana; y no la crónica del célebre proceso de Nuremberg, que se sucedió desde el 20 de noviembre de 1945 al 1 de octubre de 1946, celebrado contra los jerarcas del nazismo.
Los juicios de Nuremberg es un film de categoría realizada bastantes años después de aquellos procesos, que debate no tanto la culpabilidad de unos ex jueces nazis, sino las presiones ejercidas sobre un viejo magistrado liberal, en los inicios de la Guerra Fría, para que atenúe las sentencias de los acusados, pues Berlín estaba aislada por los soviéticos y los aliados necesitaban la colaboración del pueblo germano.
Es famoso el discurso del honesto juez Haywood (Tracy): "Crímenes y atrocidades no constituyen el punto más grave de los cargos formulados. Lo grave es el hecho de haber tomado parte en un sistema esencialmente inhumano".
Asimismo, el abogado defensor era un patriota, que sentía la necesidad de salvaguardar el prestigio moral de unos hombres, ahora procesados, a quienes los ciudadanos alemanes habían asignado la administración de la justicia durante el régimen hitleriano. Este personaje fue interpretado por Maximilian Shell, que ganó el Oscar de Hollywoow al mejor actor y también al mejor guión adaptado. Kramer reunió a un reparto antológico donde destacan Spencer Tracy, como Juez, Burt Lancaster, como ex juez nazi, Richard Widmark, como fiscal y Montgomery Clift, como un pobre deficiente mental esterilizado. También aparece Marlene Dietrich y Judy Garland.
La cinta es una sucesión de magníficas interpretaciones individuales, todas ellas, de actores consagrados, en la que pudieron lucirse prácticamente todos ellos. Pero especialmente Clift, que incluso parece ser, que improvisó frases a su papel, aunque se llegó a rumorear que en algunas ocasiones no podía recordar el diálogo y hubo de recibir ayuda de parte de Tracy. Ambos fueron nominados.
Se rodó entre enero y abril de 1961, con un presupuesto bastante estimable y con tres horas de metraje se fotografío en blanco y negro de la mano de Ernest Laszlo y Ernest Gold firmó la música. En Alemania se estrenó en diciembre de 1961, en el Konjgress Halle, a cuatro pasos del telón de acero. En España se exhibió por primera vez en 1962 y repuesta en 1980, bajo el ambiguo título de Vencedores o vencidos, con varios cortes de censura, abreviando la parte documental de los campos de exterminio y se cambiaron algunas expresiones comprometedoras.
Su director, Stanley Kramer es uno de los clásicos productores de Hollywood que se pasó después a la dirección, destacando con diversos filmes comprometidos como "Fugitivos (1958)" "Adivina quién viene esta noche (1967)" sobre la discriminación racial , "La hora final (1959)" acerca del peligro de guerra nuclear, o "La herencia del viento (1960)" sobre las teorías evolucionistas.
Vencedores o vencidos era la adaptación al cine en clave de superproducción para pantalla grande de una producción televisiva, Nuremberg (Judgement at Nuremberg), que dirigió en 1959 George Roy Hill, con Melvyn Douglas, Paul Lucas, Claude Rains y Maximilian Shell repitiendo el papel de Hans Rolfe. Por otra parte, antes de que la ficción cinematográfica se interesara por los hechos de Nuremberg, el cine documental ya se había ocupado del asunto con el film Nuremberg, dirigido en 1946 por Pare Lorentz, utilizando secuencias filmadas en el juicio real contra los criminales nazis.
Título original: Judgment at Nuremberg .
Director: Stanley
Kramer.
Intérpretes: Spencer
Tracy, Burt
Lancaster, Richard
Widmark, Marlene
Dietrich, Maximilian
Schell, Judy
Garland, Montgomery
Clift.
Nuremberg, la ciudad que fuera capital del nacionalsocialismo, la que en 1934 celebró el sexto Congreso de Nuremberg organizado por el nazismo triunfante, tras la toma del poder, la misma ciudad que se convirtió en un gigantesco estudio y plató de cine, renovando su fachada para rodar "El triunfo de la voluntad (1935)", Leni Riefenstahl en esa misma ciudad, en 1948, un tribunal formado por las autoridades estadounidenses que vencieron en la Segunda Guerra Mundial se dispondrá a juzgar a un grupo de criminales de guerra nazis, los representantes de la ley durante el gobierno hitleriano: los jueces del III Reich, responsables de las atrocidades cometidas en la Alemania nazi.
El relato se centra en las acusaciones que recaen sobre cuatro magistrados referentes a las esterilizaciones realizadas en presos, así como en las condenas racistas que tales jueces dictaron. Los juicios de Nuremberg es un film de reconstrucción histórica, que evoca las mentalidades de la primera posguerra, desde la perspectiva judeo-norteamericana; y no la crónica del célebre proceso de Nuremberg, que se sucedió desde el 20 de noviembre de 1945 al 1 de octubre de 1946, celebrado contra los jerarcas del nazismo.
Los juicios de Nuremberg es un film de categoría realizada bastantes años después de aquellos procesos, que debate no tanto la culpabilidad de unos ex jueces nazis, sino las presiones ejercidas sobre un viejo magistrado liberal, en los inicios de la Guerra Fría, para que atenúe las sentencias de los acusados, pues Berlín estaba aislada por los soviéticos y los aliados necesitaban la colaboración del pueblo germano.
Es famoso el discurso del honesto juez Haywood (Tracy): "Crímenes y atrocidades no constituyen el punto más grave de los cargos formulados. Lo grave es el hecho de haber tomado parte en un sistema esencialmente inhumano".
Asimismo, el abogado defensor era un patriota, que sentía la necesidad de salvaguardar el prestigio moral de unos hombres, ahora procesados, a quienes los ciudadanos alemanes habían asignado la administración de la justicia durante el régimen hitleriano. Este personaje fue interpretado por Maximilian Shell, que ganó el Oscar de Hollywoow al mejor actor y también al mejor guión adaptado. Kramer reunió a un reparto antológico donde destacan Spencer Tracy, como Juez, Burt Lancaster, como ex juez nazi, Richard Widmark, como fiscal y Montgomery Clift, como un pobre deficiente mental esterilizado. También aparece Marlene Dietrich y Judy Garland.
La cinta es una sucesión de magníficas interpretaciones individuales, todas ellas, de actores consagrados, en la que pudieron lucirse prácticamente todos ellos. Pero especialmente Clift, que incluso parece ser, que improvisó frases a su papel, aunque se llegó a rumorear que en algunas ocasiones no podía recordar el diálogo y hubo de recibir ayuda de parte de Tracy. Ambos fueron nominados.
Se rodó entre enero y abril de 1961, con un presupuesto bastante estimable y con tres horas de metraje se fotografío en blanco y negro de la mano de Ernest Laszlo y Ernest Gold firmó la música. En Alemania se estrenó en diciembre de 1961, en el Konjgress Halle, a cuatro pasos del telón de acero. En España se exhibió por primera vez en 1962 y repuesta en 1980, bajo el ambiguo título de Vencedores o vencidos, con varios cortes de censura, abreviando la parte documental de los campos de exterminio y se cambiaron algunas expresiones comprometedoras.
Su director, Stanley Kramer es uno de los clásicos productores de Hollywood que se pasó después a la dirección, destacando con diversos filmes comprometidos como "Fugitivos (1958)" "Adivina quién viene esta noche (1967)" sobre la discriminación racial , "La hora final (1959)" acerca del peligro de guerra nuclear, o "La herencia del viento (1960)" sobre las teorías evolucionistas.
Vencedores o vencidos era la adaptación al cine en clave de superproducción para pantalla grande de una producción televisiva, Nuremberg (Judgement at Nuremberg), que dirigió en 1959 George Roy Hill, con Melvyn Douglas, Paul Lucas, Claude Rains y Maximilian Shell repitiendo el papel de Hans Rolfe. Por otra parte, antes de que la ficción cinematográfica se interesara por los hechos de Nuremberg, el cine documental ya se había ocupado del asunto con el film Nuremberg, dirigido en 1946 por Pare Lorentz, utilizando secuencias filmadas en el juicio real contra los criminales nazis.
Título original: Judgment at Nuremberg .
Director: Stanley
Kramer.
Intérpretes: Spencer
Tracy, Burt
Lancaster, Richard
Widmark, Marlene
Dietrich, Maximilian
Schell, Judy
Garland, Montgomery
Clift.
Hay
varias razones que me impulsan a escribir esta reseña. La primera, que en
Pamplona (de los días 19 al 23 de Enero del presente año) se celebró una
exposición con gran éxito de público llamada "Pamplona Negra", en la que se
recordó este género tan específico y amado por los entusiastas del cine .La
segunda, que este año se conmemora el 25 aniversario de la muerte de Ava
Gardner, actriz protagonista de la película de la que hablaré a continuación.
La tercera, que "Forajidos" (The Killers) fue el debut de Burt Lancaster, y la
cuarta y última que al leer la biografía de mi adorado Schwarzenegger ("Total recall (1990)"), éste expresó como deseo que le hubiera gustado debutar en el cine con
el papel que hizo Lancaster en este film, interpretando a "El Sueco". El género
negro que tiene en "Forajidos" un ejemplo irreprochable, utilizaba las
directrices de un cine que utilizaba ciertos aspectos del expresionismo alemán
con sus sombrías maneras, una pizca de cine de terror en su aspecto, alguna
misteriosa muerte acompañada de rocambolesca historia recompuesta mediante
recuerdos, la inclusión del espectador que descubría poco a poco junto con el
/los protagonistas, todo el entramado del film y por supuesto la esencial "Femme Fatale". Todos los entresijos y muestras del género negro, me fueron
desvelados desde el punto de vista de un amigo personal "Mario Delgado", a
través de su libro "El Cine Negro: los grandes olvidados" y del visionado de la
película del año 46 de Robert Siodmak. "Forajidos" de Siodmak es una adaptación
del relato corto del atormentado Ernest Hemingway de su obra "The Killers",
en la que como ya he comentado, haría su debut el portentoso acróbata
convertido en estupendo actor Burt Lancaster con el que Siodmak volvería a
colaborar en la genial, aventurera y pirata: "El temible burlón (1952)".
En un corto
pero intenso papel en el que un hombre espera a ser asesinado sin oponer
resistencia alguna, Lancaster llenaba la pantalla de enigmas y tragedia. A
partir del principio, tan inclasificable como inesperado de la película, el
relato adaptado de Hemingway sería tomado por Siodmak imaginando y
desarrollando una historia con un investigador que desvela a modo de flashbacks
revelados por las personas a las que va interrogando, toda la historia
salpicada de atracos, mafiosos, fatalistas personajes, engaños y desencuentros
amorosos. Toda historia de cine negro tiene que tener la presencia de una "femme fatale" que aquí está interpretada por una Ava Gardner (la Venus hecha
mujer), que atrae e hipnotiza al personaje de Lancaster, con su irresistible
presencia. La escena en la que "El Sueco" ve por primera vez a Gardner, es
totalmente reveladora de lo que es una mujer fatal que llevará por un camino de
perdición a todo aquel que ponga sus ojos e intente cortejar a la Venus morena.
Una historia que unos años más tarde sería reversionada por el director Don
Siegel en "El Código del hampa (1964)", y que en sus inicios cinematográficos en
Hollywood al igual que Robert Siodmak, los dos directores se introducirían en
el género de terror (referente en el cine negro) con "El hijo de Drácula (1943)" en el
caso de Siodmak y "La invasión de los ladrones de cuerpos (1956)" en la de Siegel. Para
concluir, diré que fue una satisfacción visionar "Forajidos" y que tuve la
oportunidad de compartir el entusiasmo y sabiduría cinéfila de un escritor
experto en cine como es Mario Delgado, a través de este cine negro ejemplar.
Título original: The killers.
Director: Robert Siodmak.
Intérpretes: Burt Lancaster, Ava Gardner, Albert Dekker, Sam
Levene.
Hay
varias razones que me impulsan a escribir esta reseña. La primera, que en
Pamplona (de los días 19 al 23 de Enero del presente año) se celebró una
exposición con gran éxito de público llamada "Pamplona Negra", en la que se
recordó este género tan específico y amado por los entusiastas del cine .La
segunda, que este año se conmemora el 25 aniversario de la muerte de Ava
Gardner, actriz protagonista de la película de la que hablaré a continuación.
La tercera, que "Forajidos" (The Killers) fue el debut de Burt Lancaster, y la
cuarta y última que al leer la biografía de mi adorado Schwarzenegger ("Total recall (1990)"), éste expresó como deseo que le hubiera gustado debutar en el cine con
el papel que hizo Lancaster en este film, interpretando a "El Sueco". El género
negro que tiene en "Forajidos" un ejemplo irreprochable, utilizaba las
directrices de un cine que utilizaba ciertos aspectos del expresionismo alemán
con sus sombrías maneras, una pizca de cine de terror en su aspecto, alguna
misteriosa muerte acompañada de rocambolesca historia recompuesta mediante
recuerdos, la inclusión del espectador que descubría poco a poco junto con el
/los protagonistas, todo el entramado del film y por supuesto la esencial "Femme Fatale". Todos los entresijos y muestras del género negro, me fueron
desvelados desde el punto de vista de un amigo personal "Mario Delgado", a
través de su libro "El Cine Negro: los grandes olvidados" y del visionado de la
película del año 46 de Robert Siodmak. "Forajidos" de Siodmak es una adaptación
del relato corto del atormentado Ernest Hemingway de su obra "The Killers",
en la que como ya he comentado, haría su debut el portentoso acróbata
convertido en estupendo actor Burt Lancaster con el que Siodmak volvería a
colaborar en la genial, aventurera y pirata: "El temible burlón (1952)".
En un corto
pero intenso papel en el que un hombre espera a ser asesinado sin oponer
resistencia alguna, Lancaster llenaba la pantalla de enigmas y tragedia. A
partir del principio, tan inclasificable como inesperado de la película, el
relato adaptado de Hemingway sería tomado por Siodmak imaginando y
desarrollando una historia con un investigador que desvela a modo de flashbacks
revelados por las personas a las que va interrogando, toda la historia
salpicada de atracos, mafiosos, fatalistas personajes, engaños y desencuentros
amorosos. Toda historia de cine negro tiene que tener la presencia de una "femme fatale" que aquí está interpretada por una Ava Gardner (la Venus hecha
mujer), que atrae e hipnotiza al personaje de Lancaster, con su irresistible
presencia. La escena en la que "El Sueco" ve por primera vez a Gardner, es
totalmente reveladora de lo que es una mujer fatal que llevará por un camino de
perdición a todo aquel que ponga sus ojos e intente cortejar a la Venus morena.
Una historia que unos años más tarde sería reversionada por el director Don
Siegel en "El Código del hampa (1964)", y que en sus inicios cinematográficos en
Hollywood al igual que Robert Siodmak, los dos directores se introducirían en
el género de terror (referente en el cine negro) con "El hijo de Drácula (1943)" en el
caso de Siodmak y "La invasión de los ladrones de cuerpos (1956)" en la de Siegel. Para
concluir, diré que fue una satisfacción visionar "Forajidos" y que tuve la
oportunidad de compartir el entusiasmo y sabiduría cinéfila de un escritor
experto en cine como es Mario Delgado, a través de este cine negro ejemplar.
Título original: The killers.
Director: Robert Siodmak.
Intérpretes: Burt Lancaster, Ava Gardner, Albert Dekker, Sam
Levene.
Dentro del género del western hay directores que se
destacan aunque solamente realicen una o tres películas del género, como fue el
caso del director de esta obra maestra del género: Richard Brooks. Cada una de
sus películas erran imprevisibles, eléctricas y desbordantes, porque te
permitían disfrutarlas una vez al año como si nunca las hubieras visto. Este
western crepuscular lo tiene todo: grandes diálogos, grandes personajes que
llenan la pantalla tanto con su presencia como con sus diálogos llenos de ingenio
y decepción vital y humana. Muestra a una serie de personajes desencantados de
la vida embarcados en un viaje geográficos por las áridas tierras mexicanas
analizando su propio interior para encontrar las nueva motivaciones que le haga
ver porque están dentro de una aventura peligrosa. Bajo una apariencia liviana "Los Profesionales" oculta un trayecto amargo y terrible que le da la vuelta al
género para retratar el doloroso marco de unas amistades traicionadas. A través
de sus hechos y de sus palabras, los personajes hablan de las amistades que
ahora son parte del pasado, los sueños que fueron más allá del peligro, del
amor por una vida infinita llena de pequeños momentos de ida y de vuelta en
donde todo vale ya sea por dinero o por lealtad. La película está llena de
grandes momentos como el tiroteo entre los hombres de Jack Palance y el
personaje de Burt Lancaster en paisaje desolado mientras disertan a gritos
sobre el sentido de la revolución. O como Lee Marvin demuestra que ellos son
mejores que aquellos que se creen mejores por estar una posición social más
alta. Un western crepuscular en más alto sentido de la palabra que queda
resumido en estas palabras que pronuncia uno de los personajes: "Nos
quedamos porque nos enamoramos. Nos vamos porque nos desencantamos. Regresamos
porque nos sentimos solos. Morimos porque es inevitable. Son ustedes unos hijos
de puta. Sí, señor, pero lo nuestro es de nacimiento y, sin embargo, usted se
ha hecho a sí mismo". Vean esta película si aman el cine porque con ella
descubrirán que el género es la ropa que puede guardar en su interior obras
cinematográficas que llenan nuestras vidas.
Título original: The professionals.
Director: Richard Brooks.
Intérpretes: Lee Marvin, Burt Lancaster, Robert Ryan, Claudia Cardinale, Jack Palance.
Trailer:
Escena:
B.S.O.:
Reseña escrita por Victoriano Javier Santana Cabrera
Dentro del género del western hay directores que se
destacan aunque solamente realicen una o tres películas del género, como fue el
caso del director de esta obra maestra del género: Richard Brooks. Cada una de
sus películas erran imprevisibles, eléctricas y desbordantes, porque te
permitían disfrutarlas una vez al año como si nunca las hubieras visto. Este
western crepuscular lo tiene todo: grandes diálogos, grandes personajes que
llenan la pantalla tanto con su presencia como con sus diálogos llenos de ingenio
y decepción vital y humana. Muestra a una serie de personajes desencantados de
la vida embarcados en un viaje geográficos por las áridas tierras mexicanas
analizando su propio interior para encontrar las nueva motivaciones que le haga
ver porque están dentro de una aventura peligrosa. Bajo una apariencia liviana "Los Profesionales" oculta un trayecto amargo y terrible que le da la vuelta al
género para retratar el doloroso marco de unas amistades traicionadas. A través
de sus hechos y de sus palabras, los personajes hablan de las amistades que
ahora son parte del pasado, los sueños que fueron más allá del peligro, del
amor por una vida infinita llena de pequeños momentos de ida y de vuelta en
donde todo vale ya sea por dinero o por lealtad. La película está llena de
grandes momentos como el tiroteo entre los hombres de Jack Palance y el
personaje de Burt Lancaster en paisaje desolado mientras disertan a gritos
sobre el sentido de la revolución. O como Lee Marvin demuestra que ellos son
mejores que aquellos que se creen mejores por estar una posición social más
alta. Un western crepuscular en más alto sentido de la palabra que queda
resumido en estas palabras que pronuncia uno de los personajes: "Nos
quedamos porque nos enamoramos. Nos vamos porque nos desencantamos. Regresamos
porque nos sentimos solos. Morimos porque es inevitable. Son ustedes unos hijos
de puta. Sí, señor, pero lo nuestro es de nacimiento y, sin embargo, usted se
ha hecho a sí mismo". Vean esta película si aman el cine porque con ella
descubrirán que el género es la ropa que puede guardar en su interior obras
cinematográficas que llenan nuestras vidas.
Título original: The professionals.
Director: Richard Brooks.
Intérpretes: Lee Marvin, Burt Lancaster, Robert Ryan, Claudia Cardinale, Jack Palance.
Trailer:
Escena:
B.S.O.:
Reseña escrita por Victoriano Javier Santana Cabrera
La cuarta colaboración
entre la superestrella Burt Lancaster y el realizador John Frankenheimer, vio
luz verde a la deriva del éxito descomunal de "Los Cañones de Navarone (1961)" de Jack Lee Thompson, así como por el
empeño personal del actor-productor, equiparable al tesón y la terquedad de su
personaje, Labiche, en que "el tren del arte" no abandonase Francia hacia la
Alemania nazi durante los últimos días de la ocupación. En un principio, se contrató a Arthur Penn,
realizador que, junto a Frankenheimer o Sidney Lumet, es uno de los máximos
exponentes de esa generación de cineastas curtidos en los albores de la
televisión estadounidense, donde se rodaba en vivo y en directo. Penn fue
despedido con base en las socorridas "diferencias creativas". Rápidamente fue
sustituido por Frankenheimer, quien ya había dirigido a Lancaster en "Jóvenes
Salvajes (1961)", "El Hombre de Alcatraz (1962)" y "Siete días de mayo (1964)", rodajes donde las fricciones de actor y director se habían hecho
más que patentes. Sin embargo, la pericia técnica y la profesionalidad de
Frankenheimer, así como su perfecto conocimiento del idioma francés y de sus
contactos entre destacados miembros de la cinematografía gala, lo convertían en
una excelente opción para tomar las riendas de este enfrentamiento, filmado
íntegramente en suelo francés, entre un tosco ferroviario, miembro activo de la
resistencia francesa (Burt Lancaster, haciendo gala de una destreza física
impresionante) y el Coronel Von Waldheim (interpretado con mucha solvencia,
elegancia y dignidad por el actor inglés Paul Scofield), un desencantado
oficial nazi que, sabedor de la inminente liberación de Francia, decide
expoliar el museo Jeu de Paume, regentado por Mademoiselle Villardy cargar un tren con cuadros de Cezanne,
Renoir, Picaso, Lautrec, Mathise, etc, artistas impresionistas, enmarcados en
la categoría de “arte degenerado”, prohibido por Decreto del Tercer Reich.
La
arrogancia de Adolf Hitler llegaba hasta el punto de decidir, de manera tan
eficientemente reglada como discrecional, cuales debían ser los gustos
imperantes en el arte. Frankenheimer se esfuerza en eludir las tentaciones
maniqueístas del relato. Labiche no es un hombre instruido capaz de apreciar el
arte. De hecho gran parte de la película se ocupa del particular proceso interior
del personaje por tratar de entender la importancia de salvar el patrimonio
cultual de Francia. El villano, el oficial alemán Von Waldheim, por el
contrario, es una rara avis, entre los oficiales nazis, pues admira ese
arte prohibido. Es un hombre de gran sensibilidad artística, que le sirve de
motor, desde el inicio, de su no menor empeño en que el tren llegue a Alemania. El realizador neoyorquino, se preocupa igualmente en
mostrar el absurdo de la guerra, subrayando narrativamente el alto coste en
vidas humanas, totalmente innecesario desde la perspectiva de que la acción se
enmarca en los últimos días de la guerra, cuando los nazis se repliegan hacia
su país, ante la inminente entrada de los aliados en París.
La pericia técnica del realizador, latente en esta
película, fue adquirida desde su temprana juventud. A principios de los años
50, es movilizado en el servicio militar, y le toca servir en una base militar
en Burbank, California, donde descubre un equipo completo de cámaras de 16
milímetros y material como moviolas, focos, micrófonos, etc, arreglándoselas
para convencer a los altos mandos de la conveniencia de realizar documentales
sobre maniobras militares, y demás actos rutinarios castrenses, que rueda con
pasión. En 1952 entra a trabajar para la CBS, introducido en el medio por quien
sería su mentor profesional, Sidney Lumet, para quien ejercería labor de
ayudante de producción en numerosas ocasiones. Entre 1954 y 1960, colabora en
un aluvión de producciones para el medio, alrededor de 152, que incluye
dirección de programas de actualidad y de debates, en los que dispone de una
libertad creativa impensable en la actualidad, y que compagina con su temprano
debut en el cine, con la película "The young Stranger (1956)",
experiencia que le decepciona, por la lentitud de rodaje, en relación a lo
trepidante de la filmación el medio televisivo.
En ese año de 1956, ingresa en
la élite de la televisión, figurando en la nómina de realizadores del programa Playhouse
90, programas dramáticos filmados y emitidos en directo, donde rueda, entre
otros, una versión de "El último magnate", según la novela de Scott
Fitzgerald, con Jack Palance de protagonista, de "Días de vino y Rosas"
con Cliff Robertson y Piper Laurie, o de "Por quien doblan las campanas",
según la novela de Ernest Hemingway, con Jasón Robards lierando el reparto. Una
auténtica superproducción televisiva de la época, ésta última, emitida en dos
partes, que contó con el astronómico presupuesto de 40.000 dólares. Frankenheimer
afronta la realización de esta formidable película bélica, combinando instantes
espectaculares, con otros marcadamente intimistas. En ambos casos, constituyen
secuencias de enorme complejidad y despliegue. Entre las primeras, destacamos
el prolongado travelling-plano secuencia que acompaña a Labiche en los primeros
momentos del metraje, por las vías ferroviarias alrededor de trenes, tanques, o
soldados transportando material diverso. Son secuencias muy difíciles de
filmar, en unos tiempos donde no había Steadycam, y en los que era
necesario montar raíles para deslizar las, por otro lado, enormes y pesadas
cámaras de filmación.
Destaca también por derecho propio la secuencia de choque
entre dos trenes, fruto del sabotaje de los miembros de la resistencia. La
secuencia es filmada con una eficiencia tal, que se percibe en cada uno de los
planos elegidos de la misma en la sala de montaje, en un trabajo de edición,
por otro lado, sensacional. Entre las secuencias más intimistas, Frankenheimer
resalta las emociones de los personajes con sus reconocibles primerísimos
planos rodados con la lente gran angular, que potencia el tono asfixiante de
tales planos, donde la tensión en el ambiente sobrecoge al espectador, así como
con el empleo de la técnica, vinculada casi de modo inconsciente a Orson
Welles, conocida como profundidad de campo. Se trata de encuadres donde un
personaje está en primer plano y al fondo vemos a otro u otros personajes, cuya
presencia es narrativamente relevante. Un ejemplo de ello, es la primera y
única secuencia que transcurre en el interior del museo Jeu de Paume. Waldheim
observa admirado los hermosos cuadros.
Frankenheimer comienza con el sencillo
plano y contraplano, aunque lo hace de un modo poco convencional: la sala del
museo está en la penumbra, iluminándose sólo los cuadros que el oficial alemán
observa con nostalgia y desencanto. La cámara se recrea necesariamente, pues se
trata de aquello por lo que se va a combatir las próximas dos horas. Entra a la
izquierda del encuadre Mademoiselle Villard, la directora del Museo. La cámara
gira, no en panorámica, sino en travelling, para colocar al oficial de perfil,
en primer plano, y al fondo a la directora del museo. El personaje de mademoiselle Villard, interpretado
por la actriz francesa Suzanne Flon, es claramente un sosias del personaje real
de Rose Valland, colaboradora de la Resistencia, a quien la posteridad bautizó
como “la heroína del Jeu de Paume”. Directora de ese museo, esta valiente mujer
tuvo el enorme mérito de memorizar primero y copiar después las listas y
fotografías de las piezas de arte que los nazis se llevaban de París destino a
Berlín, gracias a lo cual se recuperaron muchísimas de esas obras.
El personaje
aparece en la película "The Monuments men (2014)", de George Clooney,
interpretado por Cate Blanchett, que en la película se llama Claire Simon. A
mademoiselle Valland se le concedió la Legión de honor (distinción que se
concede por méritos extraordinarios dentro del ámbito civil o militar), y es
una de las mujeres más condecoradas de toda Francia. Este personaje escribió un
libro de memorias, Le front de l’art, en el que se inspira el guión de
esta película. La fructífera colaboración entre Lancaster y
Frankenheimer, comprendería un título más, "Los Temerarios del Aire (1969)", un drama
sobre un grupo de paracaidistas especialistas en atracciones circenses aéreas. El director de "ElMensajero del Miedo (1962)", entraría en la
década de los noventa con la película "La Cuarta Guerra (1990)", que narra un enfrentamiento personal, igual de obsesivo que en "El
Tren", entre un oficial estadounidense (Roy Scheider) y otro ruso (Jürgen
Prochnov), en las postrimerías de la guerra fría, en el escenario del
desmoronamiento de la Alemania del Este. Ambas películas comparten similares
propósitos antibelicistas, pero obtienen resultados marcadamente desiguales.
"- A veces nos
arriesgamos. No malgastaré más vidas por unos cuadros.
- No se malgastarían...
Discúleme, sé que es algo
terrible de decir, pero esos cuadros son parte de Francia. Los alemanes quieren
llevárselos todos. Nos han quitado nuestra tierra y nuestra comida, viven en
nuestras casas... y ahora quieren quitarnos nuestro arte, esa belleza... esa
visión de la vida nacida en Francia, nuestra especial visión... nuestro Tesoro.
Es nuestro legado para el mundo ¿no lo ve?, para todos... es nuestro orgullo,
lo que creamos y atesoramos para el mundo.
Se me ocurren peores cosas
por las que arriesgar su vida."
(Conversación entre Mademoiselle Villard (Suzanne
Flon) Y Labiche (Burt Lancaster)
"- Admiro su eficiencia,
Labiche... y su sentido de la supervivencia.
Supongo que no suele tener
problemas con los saboteadores, ¿Verdad?
¿Cree que habrá intentos
de sabotaje de este tren?
- Soy un ferroviario, no
un profeta·".
(Conversación entre el Coronel Von Waldheim (Paul
Scofield) y Labiche (Burt Lancaster)
"Labiche. Aquí tiene su
recompensa, Labiche... algunos de los más grandes cuadros del mundo.
¿Le agrada, Labiche?
¿Siente una gran emoción
sólo con estar cerca de ellos?
Un cuadro significa para
usted tanto como un collar de perlas para un mono. Ha ganado por pura suerte.
Me ha detenido sin saber lo que hacía ni porqué. Usted no es nada, Labiche,
sólo un cúmulo de carne.
Los cuadros son míos.
Siempre lo serán. La belleza pertenece al hombre que puede apreciarla. Siempre
me pertenecerá a mí o a un hombre como yo. Ahora, en este minuto, no podría
decirme porqué ha hecho lo que ha hecho".
(Coronel Von
Waldheim (Paul Scofield) a Labiche (Burt
Lancaster).
Título original: The train. Director: John Frankenheimer. Interpretes: Burt Lancaster, Paul Scofield, Jeanne Moreau, Michel Simon, Howard Vernon,Suzanne Flon.
Trailer:
Escena:
B.S.O.:
Información complementaria: Paul Scofield Reseña escrita por Manuel García de Mesa QUIERES COMPRAR EL TREN
La cuarta colaboración
entre la superestrella Burt Lancaster y el realizador John Frankenheimer, vio
luz verde a la deriva del éxito descomunal de "Los Cañones de Navarone (1961)" de Jack Lee Thompson, así como por el
empeño personal del actor-productor, equiparable al tesón y la terquedad de su
personaje, Labiche, en que "el tren del arte" no abandonase Francia hacia la
Alemania nazi durante los últimos días de la ocupación. En un principio, se contrató a Arthur Penn,
realizador que, junto a Frankenheimer o Sidney Lumet, es uno de los máximos
exponentes de esa generación de cineastas curtidos en los albores de la
televisión estadounidense, donde se rodaba en vivo y en directo. Penn fue
despedido con base en las socorridas "diferencias creativas". Rápidamente fue
sustituido por Frankenheimer, quien ya había dirigido a Lancaster en "Jóvenes
Salvajes (1961)", "El Hombre de Alcatraz (1962)" y "Siete días de mayo (1964)", rodajes donde las fricciones de actor y director se habían hecho
más que patentes. Sin embargo, la pericia técnica y la profesionalidad de
Frankenheimer, así como su perfecto conocimiento del idioma francés y de sus
contactos entre destacados miembros de la cinematografía gala, lo convertían en
una excelente opción para tomar las riendas de este enfrentamiento, filmado
íntegramente en suelo francés, entre un tosco ferroviario, miembro activo de la
resistencia francesa (Burt Lancaster, haciendo gala de una destreza física
impresionante) y el Coronel Von Waldheim (interpretado con mucha solvencia,
elegancia y dignidad por el actor inglés Paul Scofield), un desencantado
oficial nazi que, sabedor de la inminente liberación de Francia, decide
expoliar el museo Jeu de Paume, regentado por Mademoiselle Villardy cargar un tren con cuadros de Cezanne,
Renoir, Picaso, Lautrec, Mathise, etc, artistas impresionistas, enmarcados en
la categoría de “arte degenerado”, prohibido por Decreto del Tercer Reich.
La
arrogancia de Adolf Hitler llegaba hasta el punto de decidir, de manera tan
eficientemente reglada como discrecional, cuales debían ser los gustos
imperantes en el arte. Frankenheimer se esfuerza en eludir las tentaciones
maniqueístas del relato. Labiche no es un hombre instruido capaz de apreciar el
arte. De hecho gran parte de la película se ocupa del particular proceso interior
del personaje por tratar de entender la importancia de salvar el patrimonio
cultual de Francia. El villano, el oficial alemán Von Waldheim, por el
contrario, es una rara avis, entre los oficiales nazis, pues admira ese
arte prohibido. Es un hombre de gran sensibilidad artística, que le sirve de
motor, desde el inicio, de su no menor empeño en que el tren llegue a Alemania. El realizador neoyorquino, se preocupa igualmente en
mostrar el absurdo de la guerra, subrayando narrativamente el alto coste en
vidas humanas, totalmente innecesario desde la perspectiva de que la acción se
enmarca en los últimos días de la guerra, cuando los nazis se repliegan hacia
su país, ante la inminente entrada de los aliados en París.
La pericia técnica del realizador, latente en esta
película, fue adquirida desde su temprana juventud. A principios de los años
50, es movilizado en el servicio militar, y le toca servir en una base militar
en Burbank, California, donde descubre un equipo completo de cámaras de 16
milímetros y material como moviolas, focos, micrófonos, etc, arreglándoselas
para convencer a los altos mandos de la conveniencia de realizar documentales
sobre maniobras militares, y demás actos rutinarios castrenses, que rueda con
pasión. En 1952 entra a trabajar para la CBS, introducido en el medio por quien
sería su mentor profesional, Sidney Lumet, para quien ejercería labor de
ayudante de producción en numerosas ocasiones. Entre 1954 y 1960, colabora en
un aluvión de producciones para el medio, alrededor de 152, que incluye
dirección de programas de actualidad y de debates, en los que dispone de una
libertad creativa impensable en la actualidad, y que compagina con su temprano
debut en el cine, con la película "The young Stranger (1956)",
experiencia que le decepciona, por la lentitud de rodaje, en relación a lo
trepidante de la filmación el medio televisivo.
En ese año de 1956, ingresa en
la élite de la televisión, figurando en la nómina de realizadores del programa Playhouse
90, programas dramáticos filmados y emitidos en directo, donde rueda, entre
otros, una versión de "El último magnate", según la novela de Scott
Fitzgerald, con Jack Palance de protagonista, de "Días de vino y Rosas"
con Cliff Robertson y Piper Laurie, o de "Por quien doblan las campanas",
según la novela de Ernest Hemingway, con Jasón Robards lierando el reparto. Una
auténtica superproducción televisiva de la época, ésta última, emitida en dos
partes, que contó con el astronómico presupuesto de 40.000 dólares. Frankenheimer
afronta la realización de esta formidable película bélica, combinando instantes
espectaculares, con otros marcadamente intimistas. En ambos casos, constituyen
secuencias de enorme complejidad y despliegue. Entre las primeras, destacamos
el prolongado travelling-plano secuencia que acompaña a Labiche en los primeros
momentos del metraje, por las vías ferroviarias alrededor de trenes, tanques, o
soldados transportando material diverso. Son secuencias muy difíciles de
filmar, en unos tiempos donde no había Steadycam, y en los que era
necesario montar raíles para deslizar las, por otro lado, enormes y pesadas
cámaras de filmación.
Destaca también por derecho propio la secuencia de choque
entre dos trenes, fruto del sabotaje de los miembros de la resistencia. La
secuencia es filmada con una eficiencia tal, que se percibe en cada uno de los
planos elegidos de la misma en la sala de montaje, en un trabajo de edición,
por otro lado, sensacional. Entre las secuencias más intimistas, Frankenheimer
resalta las emociones de los personajes con sus reconocibles primerísimos
planos rodados con la lente gran angular, que potencia el tono asfixiante de
tales planos, donde la tensión en el ambiente sobrecoge al espectador, así como
con el empleo de la técnica, vinculada casi de modo inconsciente a Orson
Welles, conocida como profundidad de campo. Se trata de encuadres donde un
personaje está en primer plano y al fondo vemos a otro u otros personajes, cuya
presencia es narrativamente relevante. Un ejemplo de ello, es la primera y
única secuencia que transcurre en el interior del museo Jeu de Paume. Waldheim
observa admirado los hermosos cuadros.
Frankenheimer comienza con el sencillo
plano y contraplano, aunque lo hace de un modo poco convencional: la sala del
museo está en la penumbra, iluminándose sólo los cuadros que el oficial alemán
observa con nostalgia y desencanto. La cámara se recrea necesariamente, pues se
trata de aquello por lo que se va a combatir las próximas dos horas. Entra a la
izquierda del encuadre Mademoiselle Villard, la directora del Museo. La cámara
gira, no en panorámica, sino en travelling, para colocar al oficial de perfil,
en primer plano, y al fondo a la directora del museo. El personaje de mademoiselle Villard, interpretado
por la actriz francesa Suzanne Flon, es claramente un sosias del personaje real
de Rose Valland, colaboradora de la Resistencia, a quien la posteridad bautizó
como “la heroína del Jeu de Paume”. Directora de ese museo, esta valiente mujer
tuvo el enorme mérito de memorizar primero y copiar después las listas y
fotografías de las piezas de arte que los nazis se llevaban de París destino a
Berlín, gracias a lo cual se recuperaron muchísimas de esas obras.
El personaje
aparece en la película "The Monuments men (2014)", de George Clooney,
interpretado por Cate Blanchett, que en la película se llama Claire Simon. A
mademoiselle Valland se le concedió la Legión de honor (distinción que se
concede por méritos extraordinarios dentro del ámbito civil o militar), y es
una de las mujeres más condecoradas de toda Francia. Este personaje escribió un
libro de memorias, Le front de l’art, en el que se inspira el guión de
esta película. La fructífera colaboración entre Lancaster y
Frankenheimer, comprendería un título más, "Los Temerarios del Aire (1969)", un drama
sobre un grupo de paracaidistas especialistas en atracciones circenses aéreas. El director de "ElMensajero del Miedo (1962)", entraría en la
década de los noventa con la película "La Cuarta Guerra (1990)", que narra un enfrentamiento personal, igual de obsesivo que en "El
Tren", entre un oficial estadounidense (Roy Scheider) y otro ruso (Jürgen
Prochnov), en las postrimerías de la guerra fría, en el escenario del
desmoronamiento de la Alemania del Este. Ambas películas comparten similares
propósitos antibelicistas, pero obtienen resultados marcadamente desiguales.
"- A veces nos
arriesgamos. No malgastaré más vidas por unos cuadros.
- No se malgastarían...
Discúleme, sé que es algo
terrible de decir, pero esos cuadros son parte de Francia. Los alemanes quieren
llevárselos todos. Nos han quitado nuestra tierra y nuestra comida, viven en
nuestras casas... y ahora quieren quitarnos nuestro arte, esa belleza... esa
visión de la vida nacida en Francia, nuestra especial visión... nuestro Tesoro.
Es nuestro legado para el mundo ¿no lo ve?, para todos... es nuestro orgullo,
lo que creamos y atesoramos para el mundo.
Se me ocurren peores cosas
por las que arriesgar su vida."
(Conversación entre Mademoiselle Villard (Suzanne
Flon) Y Labiche (Burt Lancaster)
"- Admiro su eficiencia,
Labiche... y su sentido de la supervivencia.
Supongo que no suele tener
problemas con los saboteadores, ¿Verdad?
¿Cree que habrá intentos
de sabotaje de este tren?
- Soy un ferroviario, no
un profeta·".
(Conversación entre el Coronel Von Waldheim (Paul
Scofield) y Labiche (Burt Lancaster)
"Labiche. Aquí tiene su
recompensa, Labiche... algunos de los más grandes cuadros del mundo.
¿Le agrada, Labiche?
¿Siente una gran emoción
sólo con estar cerca de ellos?
Un cuadro significa para
usted tanto como un collar de perlas para un mono. Ha ganado por pura suerte.
Me ha detenido sin saber lo que hacía ni porqué. Usted no es nada, Labiche,
sólo un cúmulo de carne.
Los cuadros son míos.
Siempre lo serán. La belleza pertenece al hombre que puede apreciarla. Siempre
me pertenecerá a mí o a un hombre como yo. Ahora, en este minuto, no podría
decirme porqué ha hecho lo que ha hecho".
(Coronel Von
Waldheim (Paul Scofield) a Labiche (Burt
Lancaster).
Título original: The train. Director: John Frankenheimer. Interpretes: Burt Lancaster, Paul Scofield, Jeanne Moreau, Michel Simon, Howard Vernon,Suzanne Flon.
Trailer:
Escena:
B.S.O.:
Información complementaria: Paul Scofield Reseña escrita por Manuel García de Mesa QUIERES COMPRAR EL TREN