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la-huella
Andrew Wyke (Laurence Olivier) es un famoso, distinguido, pomposo y elitista escritor de novelas de intriga y policiacas y muy aficionado a los juegos de ingenio y a los juguetes autómatas invita a su lujosa mansión inglesa a Milo Tindle (Michael Caine), un advenedizo peluquero de moda, de origen italiano y amante de la mujer del escritor. La idea de Milo es que Wyke le conceda el divorcio a su mujer, pero este a cambio le propone un extraño plan: ambos idearán un plan para simular en la mansión el robo de las joyas de la esposa, y así ambos saldrían beneficiados; Milo podría mantener el nivel de vida al que está acostumbrada la esposa y Wyke cobraría el seguro de las joyas.

A partir de aquí, nada es lo que parece y los hechos se sucederán hasta convertirse en una cacería entre gato y ratón, ¿o al revés?...

La película es una adaptación de la obra de teatro de Anthony Shaffer (Frenesí) con guión escrito por el propio dramaturgo y por ello, contiene un fuerte carácter teatral, conservando la esencia de la obra original, eso sí. El argumento es una mezcla de misterio y trhiller que encaja como piezas de un puzzle en un guion magistralmente construido para que esas piezas encajen a la perfección al tempo narrativo, y se puedan producir las sorpresas de guion escondidas de una forma tan sabia. Todo ello contribuye a que el espectador se mantenga expectante hasta el final.

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La Huella fue la última obra maestra de Mankiewicz, su testamento cinematográfico, que además de las magnificencias del guión, reside su maestría en el sublime duelo interpretativo que realizan, Laurence Olivier y Michael Caine, dos de los más grandes actores del cine británico, únicos actores en escena, rodada casi exclusivamente en el interior de la mansión, los cuales se enfrentarán dialécticamente durante algo más de dos horas sin rebajar un ápice el interés por nuestra parte; al contrario, la expectación crece a medida que se va sucediendo la trama, ni la intensidad por parte de los actores, ayudados por la característica BSO de Cole Porter y John Addison y por abundantes primeros planos.

Un enfrentamiento por parte de dos hombres de condición social tan distinta: Wyke, inglés, culto, y refinado. Un malicioso sádico con un gusto infantil por los trucos y una adicción a los rompecabezas. que se siente superior intelectual y socialmente; el otro, Milo Tindle, un advenedizo peluquero de origen italiano, que mantiene una relación con la descuidada esposa del escritor, aunque esto último sea lo que menos le importe a éste.

la-huella

En definitiva, se crea un juego psicológico entre ambos en una atmósfera tensa, densa, reforzada por todos los muñecos autómatas que decoran la recargada mansión, un cruel juego de venganza, una persecución enfermiza en busca únicamente de la humillación del adversario. Una lucha intelectual a tumba abierta que requiere nuestra máxima atención y concentración y en la que no se sabe, a priori, quién resultará ganador. Aunque al principio, uno de ellos, parece ampliamente superado por su oponente, Mankiewicz nos tiene preparadas unas cuantas sorpresas y giros de guión. Es muy interesante el cambio de actitud y roles de los protagonistas a medida que avanza la historia. Así, el antes opresor, el que ejercía el poder, pasa ahora a oprimido y humillado, aunque al final de la cinta no sabemos diferenciar de una manera clara, quién es quién.

Mankiewicz, guión en mano, solía exponer el guión con el actor y lo que esperaba de él. De esta forma lo hizo con Olivier y Caine. Así, cada uno de ellos, tenía una vaga idea de lo que el otro iba a hacer en el rodaje, y al revés. El objetivo era, que ambos actores se sorprendieran mutuamente con sus interpretaciones. Consiguiendo ambos, interpretaciones memorables. Como curiosidad, la risa de Laurence Olivier es utilizada para las carcajadas de Jolly, el marinero sonriente. La cinta tuvo cuatro nominaciones a los premios de la Academia en las categorias de mejor director, mejor actor (ambos nominados) y mejor banda sonora de John Addison.

Kenneth Branagh rodó un remake en el 2007, con bastantes cambios sustanciales. Sustituyó la recargada y agobiante mansión victoriana de la original por una fría casa inteligente y donde Jude Law interpretaba el personaje de Caine y el propio Caine el de Olivier. Sin pretender desmerecer el talento de Branagh, que sin duda lo tiene, sobre todo en las adaptaciones que ha realizado de Shakespeare, no consigue imprimir en el remake, la tensión ni los giros narrativos, ni la excelsa calidad de la original.

la-huella

Frase para recordar: "Tiene que convencerles de que sólo ha sido un juego".

Título original: Sleuth.

Director: Joseph L. Mankiewicz.

Intérpretes: Laurence Olivier, Michael Caine, Alec Cawthorne, John Matthews, Eve Channing,Teddy Martin.

Trailer:


Escena:


Reseña escrita por Marilyn Rodríguez

LA HUELLA (1972). El juego del gato y el ratón de Laurence Olivier y Michael Caine.


la-huella
Andrew Wyke (Laurence Olivier) es un famoso, distinguido, pomposo y elitista escritor de novelas de intriga y policiacas y muy aficionado a los juegos de ingenio y a los juguetes autómatas invita a su lujosa mansión inglesa a Milo Tindle (Michael Caine), un advenedizo peluquero de moda, de origen italiano y amante de la mujer del escritor. La idea de Milo es que Wyke le conceda el divorcio a su mujer, pero este a cambio le propone un extraño plan: ambos idearán un plan para simular en la mansión el robo de las joyas de la esposa, y así ambos saldrían beneficiados; Milo podría mantener el nivel de vida al que está acostumbrada la esposa y Wyke cobraría el seguro de las joyas.

A partir de aquí, nada es lo que parece y los hechos se sucederán hasta convertirse en una cacería entre gato y ratón, ¿o al revés?...

La película es una adaptación de la obra de teatro de Anthony Shaffer (Frenesí) con guión escrito por el propio dramaturgo y por ello, contiene un fuerte carácter teatral, conservando la esencia de la obra original, eso sí. El argumento es una mezcla de misterio y trhiller que encaja como piezas de un puzzle en un guion magistralmente construido para que esas piezas encajen a la perfección al tempo narrativo, y se puedan producir las sorpresas de guion escondidas de una forma tan sabia. Todo ello contribuye a que el espectador se mantenga expectante hasta el final.

la-huella

La Huella fue la última obra maestra de Mankiewicz, su testamento cinematográfico, que además de las magnificencias del guión, reside su maestría en el sublime duelo interpretativo que realizan, Laurence Olivier y Michael Caine, dos de los más grandes actores del cine británico, únicos actores en escena, rodada casi exclusivamente en el interior de la mansión, los cuales se enfrentarán dialécticamente durante algo más de dos horas sin rebajar un ápice el interés por nuestra parte; al contrario, la expectación crece a medida que se va sucediendo la trama, ni la intensidad por parte de los actores, ayudados por la característica BSO de Cole Porter y John Addison y por abundantes primeros planos.

Un enfrentamiento por parte de dos hombres de condición social tan distinta: Wyke, inglés, culto, y refinado. Un malicioso sádico con un gusto infantil por los trucos y una adicción a los rompecabezas. que se siente superior intelectual y socialmente; el otro, Milo Tindle, un advenedizo peluquero de origen italiano, que mantiene una relación con la descuidada esposa del escritor, aunque esto último sea lo que menos le importe a éste.

la-huella

En definitiva, se crea un juego psicológico entre ambos en una atmósfera tensa, densa, reforzada por todos los muñecos autómatas que decoran la recargada mansión, un cruel juego de venganza, una persecución enfermiza en busca únicamente de la humillación del adversario. Una lucha intelectual a tumba abierta que requiere nuestra máxima atención y concentración y en la que no se sabe, a priori, quién resultará ganador. Aunque al principio, uno de ellos, parece ampliamente superado por su oponente, Mankiewicz nos tiene preparadas unas cuantas sorpresas y giros de guión. Es muy interesante el cambio de actitud y roles de los protagonistas a medida que avanza la historia. Así, el antes opresor, el que ejercía el poder, pasa ahora a oprimido y humillado, aunque al final de la cinta no sabemos diferenciar de una manera clara, quién es quién.

Mankiewicz, guión en mano, solía exponer el guión con el actor y lo que esperaba de él. De esta forma lo hizo con Olivier y Caine. Así, cada uno de ellos, tenía una vaga idea de lo que el otro iba a hacer en el rodaje, y al revés. El objetivo era, que ambos actores se sorprendieran mutuamente con sus interpretaciones. Consiguiendo ambos, interpretaciones memorables. Como curiosidad, la risa de Laurence Olivier es utilizada para las carcajadas de Jolly, el marinero sonriente. La cinta tuvo cuatro nominaciones a los premios de la Academia en las categorias de mejor director, mejor actor (ambos nominados) y mejor banda sonora de John Addison.

Kenneth Branagh rodó un remake en el 2007, con bastantes cambios sustanciales. Sustituyó la recargada y agobiante mansión victoriana de la original por una fría casa inteligente y donde Jude Law interpretaba el personaje de Caine y el propio Caine el de Olivier. Sin pretender desmerecer el talento de Branagh, que sin duda lo tiene, sobre todo en las adaptaciones que ha realizado de Shakespeare, no consigue imprimir en el remake, la tensión ni los giros narrativos, ni la excelsa calidad de la original.

la-huella

Frase para recordar: "Tiene que convencerles de que sólo ha sido un juego".

Título original: Sleuth.

Director: Joseph L. Mankiewicz.

Intérpretes: Laurence Olivier, Michael Caine, Alec Cawthorne, John Matthews, Eve Channing,Teddy Martin.

Trailer:


Escena:


Reseña escrita por Marilyn Rodríguez

espartaco
Existe un dicho que promulga que la historia la escriben los vencedores de las batallas. Quien escribió esto obviamente no pensó en Espartaco. El mítico y heróico, el luchador, el indómito, el revolucionario, el amante, el hombre. Él escribió su propia historia enfrentándose junto a los suyos a un enemigo superior, y es que hubo durante el apogeo del imperio romano un hombre nacido bajo la condición de esclavo en la localidad de Tracia que fue destinado de unas minas a una escuela de gladiadores y obligado a luchar para divertir a la nobleza. Este esclavo verídico se rebeló unido a sus compañeros gladiadores contra el gobierno romano establecido, y lo colocó contra las cuerdas reafirmándose contra el esclavista y convirtiéndose en la primera voz de una palabra hasta entonces desconocida por un esclavo en el impero romano. "La libertad". Aún fracasando en el empeño de conseguirla, fue crucificado con el resto de sus colegas rebeldes no sin antes pelear hasta el final, de mostrar su valía, esfuerzo y autoestima, suficientes para levantar un ejército para encararse contra el pueblo que antes les había sometido y negado la condición de ciudadanos y seres humanos. "Espartaco" siempre ha sido, es y será el mayor símbolo de libertad en el que reflejarse. Su historia fue contada con maestría por el meticuloso, genial y primerizo por aquella época "Stanley kubrick" que sustituyó al no menos eficaz Anthony Mann por las desaveniencias con el también productor y protagonista Kirk Douglas, que con el guión del perseguido por la caza de brujas en contra del comunismo en Hollywood "Dalton Trumbo" consiguió materializar el sueño de Douglas de llevar la apoteósica historia del inmortal esclavo de Tracia al celuloide. 

espartaco

Junto a un elenco espectacular de antología compuesto por Tony Curtis, Jean Simmons,  Laurence Olivier, Woody Strode, Charles Laughton y el ganador del Óscar por el film Peter Ustinov se logra cinematográficamente de la mano de Kubrick escenas que alcanzan grandiosidad e intimismo tanto en las magníficas batallas estupendamente detalladas como en los admirables diálogos. Las pugnas de espada y lanza se mezclan a la perfección con los entresijos acaecidos en el senado romano y las secuencias románticas entre la bella "Simmons" y el guerrero enamorado de "Douglas" resutan emotivas y románticamente impecables al unísono de la bella e increíble música compuesta por Alex North. La censura de la época mutiló secuencias como la insinuación homosexual de Laurence Olivier a Tony Curtis con el comentario sobre las conchas y los caracoles además de el deseo de Jean Simmons de que su enamorado héroe no prolongue su sufrimiento en la cruz haciendo referencia directa a la Eutanasia. En definitiva, un hito en el péplum basado en una historia tan real como grandiosa con una frase memorable para el recuerdo....... ¡¡Yo soy Espartaco!!

espartaco


Título original: Spartacus.

Director: Stanley Kubrick.

Intérpretes: Kirk Douglas, Tony Curtis, Laurence Olivier, Peter Ustinov, Charles Laughton, Jean Simmons, John Gavin.

Trailer:


Escena:


B.S.O.:



Reseña escrita por Cristóbal Jiménez

Información complementaria:
Jean Simmons

ESPARTACO (1960). El péplum de Stanley Kubrick.

espartaco
Existe un dicho que promulga que la historia la escriben los vencedores de las batallas. Quien escribió esto obviamente no pensó en Espartaco. El mítico y heróico, el luchador, el indómito, el revolucionario, el amante, el hombre. Él escribió su propia historia enfrentándose junto a los suyos a un enemigo superior, y es que hubo durante el apogeo del imperio romano un hombre nacido bajo la condición de esclavo en la localidad de Tracia que fue destinado de unas minas a una escuela de gladiadores y obligado a luchar para divertir a la nobleza. Este esclavo verídico se rebeló unido a sus compañeros gladiadores contra el gobierno romano establecido, y lo colocó contra las cuerdas reafirmándose contra el esclavista y convirtiéndose en la primera voz de una palabra hasta entonces desconocida por un esclavo en el impero romano. "La libertad". Aún fracasando en el empeño de conseguirla, fue crucificado con el resto de sus colegas rebeldes no sin antes pelear hasta el final, de mostrar su valía, esfuerzo y autoestima, suficientes para levantar un ejército para encararse contra el pueblo que antes les había sometido y negado la condición de ciudadanos y seres humanos. "Espartaco" siempre ha sido, es y será el mayor símbolo de libertad en el que reflejarse. Su historia fue contada con maestría por el meticuloso, genial y primerizo por aquella época "Stanley kubrick" que sustituyó al no menos eficaz Anthony Mann por las desaveniencias con el también productor y protagonista Kirk Douglas, que con el guión del perseguido por la caza de brujas en contra del comunismo en Hollywood "Dalton Trumbo" consiguió materializar el sueño de Douglas de llevar la apoteósica historia del inmortal esclavo de Tracia al celuloide. 

espartaco

Junto a un elenco espectacular de antología compuesto por Tony Curtis, Jean Simmons,  Laurence Olivier, Woody Strode, Charles Laughton y el ganador del Óscar por el film Peter Ustinov se logra cinematográficamente de la mano de Kubrick escenas que alcanzan grandiosidad e intimismo tanto en las magníficas batallas estupendamente detalladas como en los admirables diálogos. Las pugnas de espada y lanza se mezclan a la perfección con los entresijos acaecidos en el senado romano y las secuencias románticas entre la bella "Simmons" y el guerrero enamorado de "Douglas" resutan emotivas y románticamente impecables al unísono de la bella e increíble música compuesta por Alex North. La censura de la época mutiló secuencias como la insinuación homosexual de Laurence Olivier a Tony Curtis con el comentario sobre las conchas y los caracoles además de el deseo de Jean Simmons de que su enamorado héroe no prolongue su sufrimiento en la cruz haciendo referencia directa a la Eutanasia. En definitiva, un hito en el péplum basado en una historia tan real como grandiosa con una frase memorable para el recuerdo....... ¡¡Yo soy Espartaco!!

espartaco


Título original: Spartacus.

Director: Stanley Kubrick.

Intérpretes: Kirk Douglas, Tony Curtis, Laurence Olivier, Peter Ustinov, Charles Laughton, Jean Simmons, John Gavin.

Trailer:


Escena:


B.S.O.:



Reseña escrita por Cristóbal Jiménez

Información complementaria:
Jean Simmons

Rebeca 1940
Tras el éxito cosechado en su tierra natal (Inglaterra) con títulos como "El hombre que sabía demasiado (1934)", "39 escalones (1935)" o "Sabotaje (1936)", Alfred Hitchcock se marcharía, de manos del productor David O. Selznick ("Lo que el viento se llevó (1939)"), a Hollywood para rodar su primera película en territorio norteamericano ("Rebeca"), una decisión que no le iría nada mal dada que la obra fue galardonada con el Óscar (y único dentro de la filmografía de este grandioso director) de mejor película en la ceremonia de aquel año. El film, basado en la  novela homónima de la británica Daphene du Maurier (de otro de sus relatos también surgiría otra obra maestra de Hitchcock, "Los pájaros (1963)") nos contaría la historia de una joven humilde (papel encarnado por Joan Fontaine)  que se enamoraría perdidamente del rico aristocrático Maxim de Winter. Su relación con él sería perfecta sino fuera porque éste le lleva a vivir, después de casarse, a la mansión (Manderley) donde murió ahogada su primera esposa, un lugar donde Maxim volverá a revivir drásticos recuerdos del pasado. Sin lugar a dudas, nos encontramos con una de las obras magnas del maestro Hitchcock, donde romanticismo e intriga se unirían para ofrecernos unas de las mejores películas que podemos ver dentro de la historia del séptimo arte.

Rebeca 1940

La mencionada Joan Fontaine, hermana pequeña de la también mítica Olivia de Havilland ("Robin de los bosques (1938)") y actriz que volvería a trabajar con Hitchcock al año siguiente en "Sospecha (1941)", acompañaría al galán inglés Laurence Olivier ("Marathon man (1976)") para representar a la atormentada pareja protagonista.Fenomenal trabajo de estas dos estrellas del celuloide pero que en cierto modo estuvo eclipsado por la presencia de Judith Anderson ("Diez negritos (1945)"), y es que esta actriz australiana de nacimiento daría vida a una de las sirvientas más aterradoras que podemos ver en una pantalla cinematográfica, la señora Danvers, un siniestro personaje (el de perversa ama de llaves) que haría pasar canutas a la tímida protagonista durante su matrimonio con Maxim. Cabe destacar la fotografía en blanco y negro de George Barnes (primer y único Óscar de este todoterreno de la fotografía cinematográfica el cuál trabajó durante su carrera profesional con cineastas de la talla de King Vidor, Cecil B. de Mille,  Frank Capra o el propio Hitchcock, entre otros) que recalca a través del uso de sombras la atmósfera fantasmal que transmite la mansión de Manderley, la composición musical de Franz Waxman ("El crepúsculo de los dioses (1950)") que llena el metraje tanto de cortes dramático-románticos como de otros de mayor tensión y suspense lo que nos hace vivir perfectamente en cada momento las distintas emociones de los personajes de la historia.

Rebeca 1940

Otro de los detalles interesantes de la obra (bajo mi punto de vista) son los movimientos de cámara que realiza Hitchcock en algunas secuencias, la cámara se fija en uno de los actores para posteriormente irse alejándose del objetivo y presentarnos un plano completo de la escena. Entre sus secuencias hago mención el momento de la llegada de Joan Fontaine completamente mojada por la lluvia a la mansión de Manderley donde conoce por primera vez a la inquietante señora Danvers (ese primer plano de Judith mirando a la cámara es espeluznante) o esa famoso instante de la silueta de la mencionada Danvers envuelta por las llamas del fuego de la casa. Como curiosidad, el personaje de Joan Fontaine no tiene un nombre propio en la película (siempre se le menciona durante la trama como la señora de Winters), un detalle que el realizador respetaría de la novela original.

Frase para recordar: "¿Verdad que no se puede estar cuerdo viviendo con el diablo?".

Rebeca 1940Rebeca 1940

Título original: Rebecca.

Director: Alfred Hitchcock.

Interpretes: Laurence Olivier, Joan Fontaine, Judith Anderson, George Sanders, Nigel Bruce.

B.S.O.: 



Película completa en V.O.: 




Información complementaria.
Joan Fontaine

Reseña escrita por Jesús Fariña

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REBECA (1940). Romance y suspense en un clásico de Hitchcock.

Rebeca 1940
Tras el éxito cosechado en su tierra natal (Inglaterra) con títulos como "El hombre que sabía demasiado (1934)", "39 escalones (1935)" o "Sabotaje (1936)", Alfred Hitchcock se marcharía, de manos del productor David O. Selznick ("Lo que el viento se llevó (1939)"), a Hollywood para rodar su primera película en territorio norteamericano ("Rebeca"), una decisión que no le iría nada mal dada que la obra fue galardonada con el Óscar (y único dentro de la filmografía de este grandioso director) de mejor película en la ceremonia de aquel año. El film, basado en la  novela homónima de la británica Daphene du Maurier (de otro de sus relatos también surgiría otra obra maestra de Hitchcock, "Los pájaros (1963)") nos contaría la historia de una joven humilde (papel encarnado por Joan Fontaine)  que se enamoraría perdidamente del rico aristocrático Maxim de Winter. Su relación con él sería perfecta sino fuera porque éste le lleva a vivir, después de casarse, a la mansión (Manderley) donde murió ahogada su primera esposa, un lugar donde Maxim volverá a revivir drásticos recuerdos del pasado. Sin lugar a dudas, nos encontramos con una de las obras magnas del maestro Hitchcock, donde romanticismo e intriga se unirían para ofrecernos unas de las mejores películas que podemos ver dentro de la historia del séptimo arte.

Rebeca 1940

La mencionada Joan Fontaine, hermana pequeña de la también mítica Olivia de Havilland ("Robin de los bosques (1938)") y actriz que volvería a trabajar con Hitchcock al año siguiente en "Sospecha (1941)", acompañaría al galán inglés Laurence Olivier ("Marathon man (1976)") para representar a la atormentada pareja protagonista.Fenomenal trabajo de estas dos estrellas del celuloide pero que en cierto modo estuvo eclipsado por la presencia de Judith Anderson ("Diez negritos (1945)"), y es que esta actriz australiana de nacimiento daría vida a una de las sirvientas más aterradoras que podemos ver en una pantalla cinematográfica, la señora Danvers, un siniestro personaje (el de perversa ama de llaves) que haría pasar canutas a la tímida protagonista durante su matrimonio con Maxim. Cabe destacar la fotografía en blanco y negro de George Barnes (primer y único Óscar de este todoterreno de la fotografía cinematográfica el cuál trabajó durante su carrera profesional con cineastas de la talla de King Vidor, Cecil B. de Mille,  Frank Capra o el propio Hitchcock, entre otros) que recalca a través del uso de sombras la atmósfera fantasmal que transmite la mansión de Manderley, la composición musical de Franz Waxman ("El crepúsculo de los dioses (1950)") que llena el metraje tanto de cortes dramático-románticos como de otros de mayor tensión y suspense lo que nos hace vivir perfectamente en cada momento las distintas emociones de los personajes de la historia.

Rebeca 1940

Otro de los detalles interesantes de la obra (bajo mi punto de vista) son los movimientos de cámara que realiza Hitchcock en algunas secuencias, la cámara se fija en uno de los actores para posteriormente irse alejándose del objetivo y presentarnos un plano completo de la escena. Entre sus secuencias hago mención el momento de la llegada de Joan Fontaine completamente mojada por la lluvia a la mansión de Manderley donde conoce por primera vez a la inquietante señora Danvers (ese primer plano de Judith mirando a la cámara es espeluznante) o esa famoso instante de la silueta de la mencionada Danvers envuelta por las llamas del fuego de la casa. Como curiosidad, el personaje de Joan Fontaine no tiene un nombre propio en la película (siempre se le menciona durante la trama como la señora de Winters), un detalle que el realizador respetaría de la novela original.

Frase para recordar: "¿Verdad que no se puede estar cuerdo viviendo con el diablo?".

Rebeca 1940Rebeca 1940

Título original: Rebecca.

Director: Alfred Hitchcock.

Interpretes: Laurence Olivier, Joan Fontaine, Judith Anderson, George Sanders, Nigel Bruce.

B.S.O.: 



Película completa en V.O.: 




Información complementaria.
Joan Fontaine

Reseña escrita por Jesús Fariña

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