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mi-nombre-es-ninguno
Producida por Sergio Leone y basada en una idea suya, aunque de acuerdo al mismo Terence Hill, una buena parte fue filmada por él aunque en los créditos conste su alumno Tonino Velerii, esta película es reconocida por muchos críticos como la última gran obra del spaghetti westernPero esto yo no sabía cuando la vi por primera vez  en una función de matiné siendo un muchacho de 12 años.  Era una reposición, eso también lo supe más tarde, cuando un tío mío me lo confió al relatársela todo emocionado.  Yo no sabía quién era Velerii,  ni Leone, ni  Morricone,  a Hill lo conocía por "Trinidad", y a lo mejor fui a ver la película pensando que era otra de aquel personaje, y a Fonda (MR. HENRY FONDA) lo identificaba como papá de Peter, quien estaba muy de moda en esos días. Volví a verla hace unos años ya convertido en cinéfilo y solo entonces pude comprender varias de las referencias que aparecen en este film.

La historia del pistolero, el más rápido del Oeste, Jack  Beauregar (Henry Fonda), quien al saberse en el crepúsculo de su vida decide retirarse y llevar una vida tranquila. Pero en eso aparece Ninguno (Terence Hill), su mayor admirador, quien no está de acuerdo con ello, o al menos en la forma, porque si el Oeste va a prescindir de Jack, alguien tiene que ocupar su lugar y quien mejor que él ya que ninguno es más rápido en desenfundar la pistola que el viejo justiciero. Tampoco es cuestión de acabar con un mito sin darle la oportunidad de una despedida grandiosa, por eso convence a enfrentarse con una banda de forajidos (más de 150) y cerrar con broche de oro su leyenda.

mi-nombre-es-ninguno

Ninguno es una figura cómica en el estilo de Trinidad ("Le llamaban Trinidad (1970)", "Le seguían llamando Trinidad (1971)"…) , no para de fanfarronear y dar trompocachetadas  a quien se le cruce en el camino aunque cuando lleva a sus espaldas una montura su imagen refiera a la de un ángel. Terence Hill, con su imagen simpática y pendenciera llenaba muy bien el papel y sirve de contrapunto con la solemnidad de Fonda, actor magnífico, donde los haya ( John Ford dijo alguna vez. "¿Qué es el cine? Mire caminar a Henry Fonda en la pantalla… Eso es cine." ).  Y Leone que ya había trabajado con él quería tenerlo de nuevo.  El cruce de dialógos entre los dos va desde el sarcasmo y la ironía hasta la nostalgia y el homenaje metacinematográfico.  Durante el metraje hallamos guiños a las mismas obras del gran Sergio desde  "Un puñado de dólares (1964)" y "La muerte tenía un precio (1965)"  y al gran Sam Peckinpah, una cruz en el cementerio donde está el hermano muerto de Jack tiene el nombre del cineasta ( En navajo tiene un precioso significado), y la escena de la confrontación con los matones rememora al "Grupo salvaje (1969)".  ¡Qué escena! El montaje de fotogramas congelados, ralentí y los ángulos de filmación es épico.  Todo esto acompañado por la música del maestro  Ennio  Morricone cuya adaptación del tema de la cabalgata de las Valkirias es sublime en este contexto.  Y perdónenme  si me equivoco, pero hasta me pareció oír alguna variante del "My way" de Sinatra el momento en el cual Fonda acepta su destino esa escena en la cual al lado de las rieles del tren teniendo una visión panorámica de los malhechores comienza a dispararles. Me parece también una declaración de principios de Leone acerca del Western: Al igual que Ford subraya que lo importante es lo legendario sobre lo verídico y de ahí lo irónico cuando Nadie asegura que la hazaña de Bouregar quedará impresa en todos los libros de historia.

Producto  redondo no es. Desafortunadamente parece que las fricciones entre Tonino y Leone resintieron el producto.  Ya hubo antecedentes  cinematográficos  de relaciones así entre productores más creativos que los propios realizadores:  Howard Hawks y Christian Niby en "La cosa"  y años más tarde entre Spielberg y Tobe Hooper  en "Poltergeist (1982)". Claro que la película de ciencia ficción es una obra maestra y la de Steven está correcta, sin embargo  Mi nombre es ninguno  aqueja irregularidad. Posiblemente en el extra del dvd  en que se realiza una entrevista a Hill se hallan algunas respuestas.


mi-nombre-es-ninguno

Título original: Il Mio Nome è Nessuno.

Director: Tonino Valerii.

Intérpretes: Terence Hill, Henry Fonda, Jean Martin, Piero Lulli, Mario Brega, Benito Stefanelli,Karl Braun, Leo Gordon, Marc Mazza.

Trailer:


Escena: 


B.S.O.:



Reseña escrita por Carlos Fernando Carrion Quezada

MI NOMBRE ES NINGUNO (1973). La última gran obra del spaghetti western.

mi-nombre-es-ninguno
Producida por Sergio Leone y basada en una idea suya, aunque de acuerdo al mismo Terence Hill, una buena parte fue filmada por él aunque en los créditos conste su alumno Tonino Velerii, esta película es reconocida por muchos críticos como la última gran obra del spaghetti westernPero esto yo no sabía cuando la vi por primera vez  en una función de matiné siendo un muchacho de 12 años.  Era una reposición, eso también lo supe más tarde, cuando un tío mío me lo confió al relatársela todo emocionado.  Yo no sabía quién era Velerii,  ni Leone, ni  Morricone,  a Hill lo conocía por "Trinidad", y a lo mejor fui a ver la película pensando que era otra de aquel personaje, y a Fonda (MR. HENRY FONDA) lo identificaba como papá de Peter, quien estaba muy de moda en esos días. Volví a verla hace unos años ya convertido en cinéfilo y solo entonces pude comprender varias de las referencias que aparecen en este film.

La historia del pistolero, el más rápido del Oeste, Jack  Beauregar (Henry Fonda), quien al saberse en el crepúsculo de su vida decide retirarse y llevar una vida tranquila. Pero en eso aparece Ninguno (Terence Hill), su mayor admirador, quien no está de acuerdo con ello, o al menos en la forma, porque si el Oeste va a prescindir de Jack, alguien tiene que ocupar su lugar y quien mejor que él ya que ninguno es más rápido en desenfundar la pistola que el viejo justiciero. Tampoco es cuestión de acabar con un mito sin darle la oportunidad de una despedida grandiosa, por eso convence a enfrentarse con una banda de forajidos (más de 150) y cerrar con broche de oro su leyenda.

mi-nombre-es-ninguno

Ninguno es una figura cómica en el estilo de Trinidad ("Le llamaban Trinidad (1970)", "Le seguían llamando Trinidad (1971)"…) , no para de fanfarronear y dar trompocachetadas  a quien se le cruce en el camino aunque cuando lleva a sus espaldas una montura su imagen refiera a la de un ángel. Terence Hill, con su imagen simpática y pendenciera llenaba muy bien el papel y sirve de contrapunto con la solemnidad de Fonda, actor magnífico, donde los haya ( John Ford dijo alguna vez. "¿Qué es el cine? Mire caminar a Henry Fonda en la pantalla… Eso es cine." ).  Y Leone que ya había trabajado con él quería tenerlo de nuevo.  El cruce de dialógos entre los dos va desde el sarcasmo y la ironía hasta la nostalgia y el homenaje metacinematográfico.  Durante el metraje hallamos guiños a las mismas obras del gran Sergio desde  "Un puñado de dólares (1964)" y "La muerte tenía un precio (1965)"  y al gran Sam Peckinpah, una cruz en el cementerio donde está el hermano muerto de Jack tiene el nombre del cineasta ( En navajo tiene un precioso significado), y la escena de la confrontación con los matones rememora al "Grupo salvaje (1969)".  ¡Qué escena! El montaje de fotogramas congelados, ralentí y los ángulos de filmación es épico.  Todo esto acompañado por la música del maestro  Ennio  Morricone cuya adaptación del tema de la cabalgata de las Valkirias es sublime en este contexto.  Y perdónenme  si me equivoco, pero hasta me pareció oír alguna variante del "My way" de Sinatra el momento en el cual Fonda acepta su destino esa escena en la cual al lado de las rieles del tren teniendo una visión panorámica de los malhechores comienza a dispararles. Me parece también una declaración de principios de Leone acerca del Western: Al igual que Ford subraya que lo importante es lo legendario sobre lo verídico y de ahí lo irónico cuando Nadie asegura que la hazaña de Bouregar quedará impresa en todos los libros de historia.

Producto  redondo no es. Desafortunadamente parece que las fricciones entre Tonino y Leone resintieron el producto.  Ya hubo antecedentes  cinematográficos  de relaciones así entre productores más creativos que los propios realizadores:  Howard Hawks y Christian Niby en "La cosa"  y años más tarde entre Spielberg y Tobe Hooper  en "Poltergeist (1982)". Claro que la película de ciencia ficción es una obra maestra y la de Steven está correcta, sin embargo  Mi nombre es ninguno  aqueja irregularidad. Posiblemente en el extra del dvd  en que se realiza una entrevista a Hill se hallan algunas respuestas.


mi-nombre-es-ninguno

Título original: Il Mio Nome è Nessuno.

Director: Tonino Valerii.

Intérpretes: Terence Hill, Henry Fonda, Jean Martin, Piero Lulli, Mario Brega, Benito Stefanelli,Karl Braun, Leo Gordon, Marc Mazza.

Trailer:


Escena: 


B.S.O.:



Reseña escrita por Carlos Fernando Carrion Quezada

el gran silencio
Tras ver morir a su marido a manos de un despiadado cazador de recompensas, una mujer contrata a un mercenario, apodado Silencio, para que acabe con el asesino de su marido. Hasta mediados de los sesenta, el western europeo era una copia del americano de serie B, el denominado eurowestern. Sin embargo, el director italiano Sergio Leone definiría algunas de las características del spaghetti western, es decir: usaría una exacerbada violencia en sus películas, ralentizaría los planos (sobre todo los planos de miradas, con el fin de poner al espectador en tensión), y daría un papel protagonista a la música, nacida de las manos y la sensibilidad del compositor italiano Ennio Morricone. De esta manera, el western europeo ya no copiaba a Hollywood, sino que tenía unas características propias. Si el western es por sí mismo el género cinematográfico por excelencia, me aventuro a defender  que el spaghetti es la sublimación de todos los valores de la leyenda, siendo una visión casi distópica de la historia del oeste norteamericano, que exagera los códigos característicos del género, con un halo poético bastante desvirtuado, que presenta como temática recurrente la venganza. Al hablar acerca del spaghetti western, resulta difícil no caer en el convencionalismo de focalizarlo en Sergio Leone, y es una valoración no demasiado errónea, debido a que es un subgénero que, casi todo lo que aportó al cine moderno, surgió de la mente del genio romano, tanto su gusto por la violencia seca y abrupta, como su brillante planificación, capaz de esculpir el tiempo de una manera primorosa, así como el regusto por la artificiosidad y el tono burlesco de su obra. 

el gran silencio

Fueron escasos los directores que consiguieron que sus cintas encajasen con brillantez, dentro de los cuales destaca Corbucci, suerte de remedo leoniano que tuvo notoriedad a raíz del triunfo de la irregular "Django (1966)", revolucionaria más por su exagerado hiperrealismo que por sus formas narrativas o su flojo guión. Parece apropiado pues acercarse brevemente a la figura de su director, Sergio Corbucci. Nacido el 06 de diciembre de 1927 en Roma y desaparecido el 01 de diciembre de 1990 también en Roma, fue un cineasta de talento, que supo sacar partido a los austeros presupuestos con los que contó, al menos en sus trabajos para el spaguetti western en la década de los 60. Destaca en el plano visual, sacando notable partido a la fotografía y la ambientación. En su cine se pueden discernir varios elementos que le colocan en un nivel superior a otros directores del subgénero, menos prolíficos (Sergio Sollima, al que recordamos por la serie de TV "Sandokan" y sus aportaciones al policiaco italiano), o más irregulares (Tonino Valieri, Enzo Castellari), como puede ser su gusto por la tragedia (de tono menos operística que Leone) o su preferencia por las situaciones altamente barrocas y paroxistas, aderezadas con notas de humor, aunque sin llegar a los excesos de Enzo Castellari, otro de los realizadores referentes del subgénero. Con cintas de prestigio crítico en el subgénero, destacan "Django (1966)", "Salario para matar (1968)", "Vamos a matar, compañeros (1970)", o "Los despiadados (1967)" y la más reputada, que no necesariamente la mejor, "El gran silencio (1968)", uno de los spaguetti westerns más extraños y pesimistas que se hayan realizado en la historia del cine, subgénero en el que las historias solían carecer de profundidad debido a que la principal función era entregar una ensalada de tiros, solían reconocerse por su final feliz, con personajes fanfarrones y chulescos, y un carácter que, más que misógino, algo de lo que Leone fue acusado, podría decirse asexuado, y cierto tono épico que era rebajado por la comicidad de varias secuencias. 

el gran silencio

Pues Corbucci rompió con esa tendencia en "El gran silencio" y realizó una cinta alejada de convencionalismos, ya que, para empezar, se lleva la historia del desierto a la nieve más extrema, y donde la profundidad de la historia triunfa por encima de la puesta en escena y la épica queda borrada de un plumazo debido al elemento negativista que pesa sobre toda la película. Aunque clasificada como un spaghetti western, que lo es, nos encontramos con unas marcas de identidad propias que la hacen diferente y original a las demás películas del subgénero. El film parece extraño a primera vista, y muy alejado de los tópicos habituales del sub-género. Corbucci se aleja voluntariamente de esos pueblos fronterizos sucios y polvorientos, y nos lleva a parajes gélidos, a zonas montañosas con varios metros nieve, en los que hasta las armas se congelan, y los caballos son plato de primera necesidad para los vagabundos que se esconden allí. Claro que lo extremo de las temperaturas les obliga a acercarse a los pueblos donde son atrapados por cazadores de recompensas como el llamado "loco" (Klaus Kinski).  A estos tipos ávidos de recompensas, que se amparan en el dudoso y ambiguo paraguas protector de la ley (personificado en el siniestro personaje del juez) se les enfrenta un pistolero muy curioso, llamado "Silencio" (Jean-Louis Trintignant), que además de ser rápido, es mudo debido a un trauma de su niñez. Es cierto que moralmente, la conducta del pistolero que interpreta es un tanto reprobable, puesto que aunque liquida a los cazadores de recompensa, no lo hace por un elevado sentido de la justicia ya que cobra por ello. Sin embargo, Corbucci rodea a este anti-héroe de un halo de misterio y de tragedia. Silencio mata, sí, pero con elegancia y hasta con piedad, y la violencia toma un aire menos sanguinario pero más tenebroso. 

el gran silencio

El amor traspasa fronteras raciales (algo avanzadísimo en la mentalidad mediterránea de la época) y al final nadie sale victorioso, que es en realidad el resultado de cualquier batalla. Todo ello, acaba consiguiendo un efecto de realismo que favorece la historia que nos está contando. Tampoco hay que olvidar la excelente composición que nos ofrece Klaus Kinski, más contenido que en otras ocasiones, con un personaje claramente desagradable y falto de escrúpulos, que es la cabeza visible del grupo de cazadores de recompensas. Corbucci, como tantos otros realizadores del western antes, habla en esta película acerca de ese choque entre fuerzas, de la violencia imperante en una nación joven, y de cómo las leyes llegan al salvaje oeste, en el que tener un arma te posibilita poder matar a alguien si es en defensa propia. Otro de los puntos fuertes del film es su ambientación. Frente a los paisajes blancos, helados, tenemos unos interiores oscuros muy cerrados, casi claustrofóbicos, que parecen ser un reflejo de la dudosa moralidad de los personajes que los pueblan. De puertas para adentro, la ley encorseta a los hombres, los oprime. De puertas para fuera, lo extremo de su clima parece querer indicarnos que en situaciones extremas, los hombres también llevan hasta el extremos sus instintos más básicos, ya sea el de supervivencia, ya sea el de enriquecerse o el de la avaricia. Se trata de una narrativa realista, envolviéndolo todo de una cierta desazón y de un tremendo pesimismo que ni siquiera rompe en el tramo final del metraje y con el que nos acabamos quedando y que nos cala hasta los huesos. 

el gran silencio

Mientras que en los films de Sergio Leone la mujer no tenía sitio, aquí sí que tiene vital importancia. La relación entre Silencio (Trintignant) y la bellísima Pauline (Vonetta McGee), es más carnal que de amor, destacando la pulsión erótica entre ambos. Indudablemente, los personajes siguen siendo estereotipados, pero les aguarda un destino diferente al que estamos acostumbrados en el subgénero. Los diálogos no aportan gran cosa, pero es mucho más revelador el propio paisaje, cumbres nevadas y lagos congelados que nos dicen que de aquí nos vamos a salir de nuestra zona de confort. El realizador trata de huir de la espectacularidad y del ritual habitual de los duelos de pistoleros, aunque también es cierto que Corbucci tira de ralentí, en algunas ocasiones de forma innecesaria. Mención aparte merece la excelente banda sonora del gran Morricone que compone una partitura triste y desesperanzadora, dejando de lado sus chillonas trompetas y degüellos, y tomando preferencia por las melodías sobrias, intimistas y lejanas, con un tema principal magnífico. Recomendable visionar (está en youtube) el final alternativo que rodó Corbucci. Ésta película fue censurada (incluso no llegó a estrenarse en algunos países, cómo fue el caso de España) debido a su violencia explícita.

el gran silencio

Título original: Il grande silenzio.

Director: Sergio Corbucci.

Intérpretes: Jean-Louis Trintignant, Klaus Kinski, Luigi Pistilli, Marisa Merlini, Frank Wolff, Mario Brega, Raf Baldassarre.

Trailer:


B.S.O.:

 

Reseña escrita por Juan Gerardo Rodríguez Martín

Información complementaria:
Sergio Corbucci

EL GRAN SILENCIO (1968). El spaguetti western de Sergio Corbucci.

el gran silencio
Tras ver morir a su marido a manos de un despiadado cazador de recompensas, una mujer contrata a un mercenario, apodado Silencio, para que acabe con el asesino de su marido. Hasta mediados de los sesenta, el western europeo era una copia del americano de serie B, el denominado eurowestern. Sin embargo, el director italiano Sergio Leone definiría algunas de las características del spaghetti western, es decir: usaría una exacerbada violencia en sus películas, ralentizaría los planos (sobre todo los planos de miradas, con el fin de poner al espectador en tensión), y daría un papel protagonista a la música, nacida de las manos y la sensibilidad del compositor italiano Ennio Morricone. De esta manera, el western europeo ya no copiaba a Hollywood, sino que tenía unas características propias. Si el western es por sí mismo el género cinematográfico por excelencia, me aventuro a defender  que el spaghetti es la sublimación de todos los valores de la leyenda, siendo una visión casi distópica de la historia del oeste norteamericano, que exagera los códigos característicos del género, con un halo poético bastante desvirtuado, que presenta como temática recurrente la venganza. Al hablar acerca del spaghetti western, resulta difícil no caer en el convencionalismo de focalizarlo en Sergio Leone, y es una valoración no demasiado errónea, debido a que es un subgénero que, casi todo lo que aportó al cine moderno, surgió de la mente del genio romano, tanto su gusto por la violencia seca y abrupta, como su brillante planificación, capaz de esculpir el tiempo de una manera primorosa, así como el regusto por la artificiosidad y el tono burlesco de su obra. 

el gran silencio

Fueron escasos los directores que consiguieron que sus cintas encajasen con brillantez, dentro de los cuales destaca Corbucci, suerte de remedo leoniano que tuvo notoriedad a raíz del triunfo de la irregular "Django (1966)", revolucionaria más por su exagerado hiperrealismo que por sus formas narrativas o su flojo guión. Parece apropiado pues acercarse brevemente a la figura de su director, Sergio Corbucci. Nacido el 06 de diciembre de 1927 en Roma y desaparecido el 01 de diciembre de 1990 también en Roma, fue un cineasta de talento, que supo sacar partido a los austeros presupuestos con los que contó, al menos en sus trabajos para el spaguetti western en la década de los 60. Destaca en el plano visual, sacando notable partido a la fotografía y la ambientación. En su cine se pueden discernir varios elementos que le colocan en un nivel superior a otros directores del subgénero, menos prolíficos (Sergio Sollima, al que recordamos por la serie de TV "Sandokan" y sus aportaciones al policiaco italiano), o más irregulares (Tonino Valieri, Enzo Castellari), como puede ser su gusto por la tragedia (de tono menos operística que Leone) o su preferencia por las situaciones altamente barrocas y paroxistas, aderezadas con notas de humor, aunque sin llegar a los excesos de Enzo Castellari, otro de los realizadores referentes del subgénero. Con cintas de prestigio crítico en el subgénero, destacan "Django (1966)", "Salario para matar (1968)", "Vamos a matar, compañeros (1970)", o "Los despiadados (1967)" y la más reputada, que no necesariamente la mejor, "El gran silencio (1968)", uno de los spaguetti westerns más extraños y pesimistas que se hayan realizado en la historia del cine, subgénero en el que las historias solían carecer de profundidad debido a que la principal función era entregar una ensalada de tiros, solían reconocerse por su final feliz, con personajes fanfarrones y chulescos, y un carácter que, más que misógino, algo de lo que Leone fue acusado, podría decirse asexuado, y cierto tono épico que era rebajado por la comicidad de varias secuencias. 

el gran silencio

Pues Corbucci rompió con esa tendencia en "El gran silencio" y realizó una cinta alejada de convencionalismos, ya que, para empezar, se lleva la historia del desierto a la nieve más extrema, y donde la profundidad de la historia triunfa por encima de la puesta en escena y la épica queda borrada de un plumazo debido al elemento negativista que pesa sobre toda la película. Aunque clasificada como un spaghetti western, que lo es, nos encontramos con unas marcas de identidad propias que la hacen diferente y original a las demás películas del subgénero. El film parece extraño a primera vista, y muy alejado de los tópicos habituales del sub-género. Corbucci se aleja voluntariamente de esos pueblos fronterizos sucios y polvorientos, y nos lleva a parajes gélidos, a zonas montañosas con varios metros nieve, en los que hasta las armas se congelan, y los caballos son plato de primera necesidad para los vagabundos que se esconden allí. Claro que lo extremo de las temperaturas les obliga a acercarse a los pueblos donde son atrapados por cazadores de recompensas como el llamado "loco" (Klaus Kinski).  A estos tipos ávidos de recompensas, que se amparan en el dudoso y ambiguo paraguas protector de la ley (personificado en el siniestro personaje del juez) se les enfrenta un pistolero muy curioso, llamado "Silencio" (Jean-Louis Trintignant), que además de ser rápido, es mudo debido a un trauma de su niñez. Es cierto que moralmente, la conducta del pistolero que interpreta es un tanto reprobable, puesto que aunque liquida a los cazadores de recompensa, no lo hace por un elevado sentido de la justicia ya que cobra por ello. Sin embargo, Corbucci rodea a este anti-héroe de un halo de misterio y de tragedia. Silencio mata, sí, pero con elegancia y hasta con piedad, y la violencia toma un aire menos sanguinario pero más tenebroso. 

el gran silencio

El amor traspasa fronteras raciales (algo avanzadísimo en la mentalidad mediterránea de la época) y al final nadie sale victorioso, que es en realidad el resultado de cualquier batalla. Todo ello, acaba consiguiendo un efecto de realismo que favorece la historia que nos está contando. Tampoco hay que olvidar la excelente composición que nos ofrece Klaus Kinski, más contenido que en otras ocasiones, con un personaje claramente desagradable y falto de escrúpulos, que es la cabeza visible del grupo de cazadores de recompensas. Corbucci, como tantos otros realizadores del western antes, habla en esta película acerca de ese choque entre fuerzas, de la violencia imperante en una nación joven, y de cómo las leyes llegan al salvaje oeste, en el que tener un arma te posibilita poder matar a alguien si es en defensa propia. Otro de los puntos fuertes del film es su ambientación. Frente a los paisajes blancos, helados, tenemos unos interiores oscuros muy cerrados, casi claustrofóbicos, que parecen ser un reflejo de la dudosa moralidad de los personajes que los pueblan. De puertas para adentro, la ley encorseta a los hombres, los oprime. De puertas para fuera, lo extremo de su clima parece querer indicarnos que en situaciones extremas, los hombres también llevan hasta el extremos sus instintos más básicos, ya sea el de supervivencia, ya sea el de enriquecerse o el de la avaricia. Se trata de una narrativa realista, envolviéndolo todo de una cierta desazón y de un tremendo pesimismo que ni siquiera rompe en el tramo final del metraje y con el que nos acabamos quedando y que nos cala hasta los huesos. 

el gran silencio

Mientras que en los films de Sergio Leone la mujer no tenía sitio, aquí sí que tiene vital importancia. La relación entre Silencio (Trintignant) y la bellísima Pauline (Vonetta McGee), es más carnal que de amor, destacando la pulsión erótica entre ambos. Indudablemente, los personajes siguen siendo estereotipados, pero les aguarda un destino diferente al que estamos acostumbrados en el subgénero. Los diálogos no aportan gran cosa, pero es mucho más revelador el propio paisaje, cumbres nevadas y lagos congelados que nos dicen que de aquí nos vamos a salir de nuestra zona de confort. El realizador trata de huir de la espectacularidad y del ritual habitual de los duelos de pistoleros, aunque también es cierto que Corbucci tira de ralentí, en algunas ocasiones de forma innecesaria. Mención aparte merece la excelente banda sonora del gran Morricone que compone una partitura triste y desesperanzadora, dejando de lado sus chillonas trompetas y degüellos, y tomando preferencia por las melodías sobrias, intimistas y lejanas, con un tema principal magnífico. Recomendable visionar (está en youtube) el final alternativo que rodó Corbucci. Ésta película fue censurada (incluso no llegó a estrenarse en algunos países, cómo fue el caso de España) debido a su violencia explícita.

el gran silencio

Título original: Il grande silenzio.

Director: Sergio Corbucci.

Intérpretes: Jean-Louis Trintignant, Klaus Kinski, Luigi Pistilli, Marisa Merlini, Frank Wolff, Mario Brega, Raf Baldassarre.

Trailer:


B.S.O.:

 

Reseña escrita por Juan Gerardo Rodríguez Martín

Información complementaria:
Sergio Corbucci

el bueno, el feo y el malo
Con el spaguetti-western surgiría de nuevo el gusto por ver cine del Oeste, un género ya gastado a principios de la década de los 60 y donde el público había perdido el interés por ver filmes de este tipo, ya que sus películas tendían a repetir hasta la saciedad historias donde el pistolero "bueno" se enfrentaba al pistolero "malo" de turno, siempre resaltando en demasía la bondad frente la maldad de cada uno de sus personajes. Con el spaguetti-western se aplica un radical lavado de cara sobre este género cinematográfico, ofreciéndonos un Oeste más salvaje y violento del que nos tenía acostumbrados hasta el momento, presentándonos héroes (bueno, mejor dicho antihéroes) menos bondadosos en cuanto a ayudar al prójimo y más egoístas en el plano de conseguir sus objetivos. Los villanos son pistoleros rudos al que no les tiembla el pulso a la hora de apretar el gatillo de sus revólveres. Un cambio de imagen que chocaba con la suavizada e inocente acción de los western procedentes del territorio norteamericano que habían gustado mucho en su momento pero que en los años 60 parecían demasiados ingenuos en cuestión de su tratamiento.

el bueno, el feo y el malo

Hubieron realizadores como Sergio Corbucci ("Django (1966)"), Ducci Tessari ("Una pistola para Ringo (1965)") o Enzo G. Castellari ("Mátalos y vuelve (1968)") pero fue Sergio Leone con la "Trilogía del dólar" y "Hasta que llegó su hora (1968)" quien encumbraría la popularidad de este subgénero cinematográfico. La mítica trilogía se iniciaría con "Un puñado de dólares (1964)", un film de modesto presupuesto que lanzaría a la fama a un joven Clint Eastwood que había estado acomodado durante siete años en una seria televisiva titulada "Rawhide". No fue la primera incursión de Eastwood en la gran pantalla ya que había tenido anteriormente sus pinitos cinematográficos en películas como "La venganza del monstruo (1955)", "Tarántula (1955)" o "La escuadrilla Lafayette (1958)", todas éstas ejerciendo una breve aparición que ni si quieran le acreditaban su participación.

el bueno, el feo y el malo

La particularidad del personaje de Eastwood, que continuaría en el resto de la trilogía, es que es un pistolero con la ausencia de un nombre que le identificara. Además de poseer un rostro inexpresivo, llevar una barba de varios días, usar poncho donde esconder su revolver y por tener una excesiva afición al consumo de tabaco (una afición que se trasladaría a la vida real ya que se comenta que Leone le obligaba a fumar de verdad para dar mayor realismo a su personaje). Tras "Por un puñado de dólares" la trilogía proseguiría con "La muerte tenía un precio (1965)", mi favorita de las tres películas, para finalmente terminar con la monumental "El bueno, el feo y el malo", un film que a diferencia del primero contaría con un enorme presupuesto (más de un millón de dólares y donde Eastwood se llevaría para su bolsillo la más que respetable cantidad de 250.000 dólares).

el bueno, el feo y el malo

"El bueno, el feo y el malo", película en la que me centro en esta ocasión, fue escrita por el propio Leone en colaboración con Luciano Vicenzoni, también conocido como "el médico de los guiones", un guionista donde escribió durante su trayectoria profesional para más de 60 películas italianas. La película nos situaría en La Guerra de Secesión donde un pistolero de pocas palabras con el apodo de "El Rubio" (El bueno) y su compañero Tuco (El feo), un buscado bandido donde ambos utilizan su condición para sacar partido de ella (Rubio captura a Tuco, cobra su recompensa y en el momento de su ejecución lo salva para posteriormente repartirse entre los dos la preciada recompensa) y un peligroso pistolero a sueldo llamado "Sentencia" (El malo) luchan por conseguir un tesoro compuesto por monedas de oro pertenecientes al ejercito confederado y donde yace escondido en la tumba de un cementerio.


el bueno, el feo y el malo

Escenas de primeros planos y largos silencios, centrados en las miradas, la mayor parte de ellas de desafío, adornadas de paisajes áridos y polvorientos dominarían el metraje extenso de la película (2 horas y media). Escenas, todas ellas, realizadas meticulosamente por Sergio Leone y acompañadas por la mítica música del maestro Ennio Morricone, un elemento imprescindible en el cine de Leone, caracterizada en esta obra por la mezcla de dramáticas melodías y el uso de estridentes voces y sonidos de silbidos. Uno de los detalles de la composición musical de Morricone en el film es que esta dividida de diferentes partituras, aplicadas según el personaje que hace aparición en la escena (para el personaje de Eastwood el sonido de una flauta, para el de Tuco el uso de voces y para Sentencia la utilización de una ocarina). En el panel interpretativo acompañando a Clint Eastwood nos encontraríamos con Eli Wallach (genial actor visto en clásicos del western norteamericano como son "Los siete magníficos (1960)" y "La conquista del Oeste (1962)") representando a Tuco, un personaje que aporta los momentos cómicos del film y a pesar de su condición de bandido sabe ganarnos por el carisma y simpatía que transmite.

el bueno, el feo y el malo


Para el papel de el malo, el de Sentencia, Leone escogería a Lee Van Cleef, actor que ya había tenido en sus filas en "La muerte tenía un precio" y del que siempre tuvo predilección después de verlo de villano en "Sólo ante el peligro (1952)" y "El hombre que mató a Liberty Valance (1962)". Gracias a Leone, Lee Van Cleef recuperaría importancia en la meca del cine convertiéndose en un actor clave en el spaguetti western. "El bueno, el feo y el malo", al igual que el resto de la trilogía, fue un gran escaparate para España ya que la mayor parte de los filmes fue rodada en tierras españolas. El desierto de Tabernas (situado en Almeria), también conocido por formar parte de los decorados de "Lawrence de Arabia (1962)", "Cleopatra (1963)" y recientemente en "Exodus" de Ridley Scott, fue fundamental en la acción de la película.

el bueno, el feo y el malo

Completando los decorados de "El bueno, el feo y el malo" habría que mencionar, La Sierra de Demanda y el río Arlanza, situados en la provincia de Burgos. Entre sus escenas más recordadas, el duelo a tres bandas entre Eastwood, Wallach y Lee Van Cleef, una secuencia homenajeada por Quentin Tarantino en "Reservoir dogs (1992)". Otros de los momentos para el recuerdo, la explosión del puente de Langston, secuencia donde el puente fue construido por ingenieros del ejercito español y que tuvo como anécdota su explosión sin haberse grabado por ninguna cámara. Un malentendido entre el capitán encargado de volar el puente y Sergio Leone fue el causante, por lo que se tuvo, muy a su pesar, construir de nuevo el puente para el escena.

Frases para recordar:

"Duermo tranquilo porque mi peor enemigo vela por mí".

"El mundo se divide en dos, Tuco. Los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tengo yo así que ya puedes coger la pala".

"En donde nacimos, para no morir de hambre había que elegir ser cura o bandido".


el bueno, el feo y el malo
el bueno, el feo y el malo













Título original: ll buono, il brutto, il cattivo.

Director: Sergio Leone.

Interpretes: Clint EastwoodLee Van CleefEli WallachAldo GiuffrèMario BregaRada Rassimov.

Trailer:


Escena:


B.S.O.:



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Reseña escrita por Jesús Fariña 

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EL BUENO, EL FEO Y EL MALO (1966). Capítulo final de la trilogía del dólar.

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Con el spaguetti-western surgiría de nuevo el gusto por ver cine del Oeste, un género ya gastado a principios de la década de los 60 y donde el público había perdido el interés por ver filmes de este tipo, ya que sus películas tendían a repetir hasta la saciedad historias donde el pistolero "bueno" se enfrentaba al pistolero "malo" de turno, siempre resaltando en demasía la bondad frente la maldad de cada uno de sus personajes. Con el spaguetti-western se aplica un radical lavado de cara sobre este género cinematográfico, ofreciéndonos un Oeste más salvaje y violento del que nos tenía acostumbrados hasta el momento, presentándonos héroes (bueno, mejor dicho antihéroes) menos bondadosos en cuanto a ayudar al prójimo y más egoístas en el plano de conseguir sus objetivos. Los villanos son pistoleros rudos al que no les tiembla el pulso a la hora de apretar el gatillo de sus revólveres. Un cambio de imagen que chocaba con la suavizada e inocente acción de los western procedentes del territorio norteamericano que habían gustado mucho en su momento pero que en los años 60 parecían demasiados ingenuos en cuestión de su tratamiento.

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Hubieron realizadores como Sergio Corbucci ("Django (1966)"), Ducci Tessari ("Una pistola para Ringo (1965)") o Enzo G. Castellari ("Mátalos y vuelve (1968)") pero fue Sergio Leone con la "Trilogía del dólar" y "Hasta que llegó su hora (1968)" quien encumbraría la popularidad de este subgénero cinematográfico. La mítica trilogía se iniciaría con "Un puñado de dólares (1964)", un film de modesto presupuesto que lanzaría a la fama a un joven Clint Eastwood que había estado acomodado durante siete años en una seria televisiva titulada "Rawhide". No fue la primera incursión de Eastwood en la gran pantalla ya que había tenido anteriormente sus pinitos cinematográficos en películas como "La venganza del monstruo (1955)", "Tarántula (1955)" o "La escuadrilla Lafayette (1958)", todas éstas ejerciendo una breve aparición que ni si quieran le acreditaban su participación.

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La particularidad del personaje de Eastwood, que continuaría en el resto de la trilogía, es que es un pistolero con la ausencia de un nombre que le identificara. Además de poseer un rostro inexpresivo, llevar una barba de varios días, usar poncho donde esconder su revolver y por tener una excesiva afición al consumo de tabaco (una afición que se trasladaría a la vida real ya que se comenta que Leone le obligaba a fumar de verdad para dar mayor realismo a su personaje). Tras "Por un puñado de dólares" la trilogía proseguiría con "La muerte tenía un precio (1965)", mi favorita de las tres películas, para finalmente terminar con la monumental "El bueno, el feo y el malo", un film que a diferencia del primero contaría con un enorme presupuesto (más de un millón de dólares y donde Eastwood se llevaría para su bolsillo la más que respetable cantidad de 250.000 dólares).

el bueno, el feo y el malo

"El bueno, el feo y el malo", película en la que me centro en esta ocasión, fue escrita por el propio Leone en colaboración con Luciano Vicenzoni, también conocido como "el médico de los guiones", un guionista donde escribió durante su trayectoria profesional para más de 60 películas italianas. La película nos situaría en La Guerra de Secesión donde un pistolero de pocas palabras con el apodo de "El Rubio" (El bueno) y su compañero Tuco (El feo), un buscado bandido donde ambos utilizan su condición para sacar partido de ella (Rubio captura a Tuco, cobra su recompensa y en el momento de su ejecución lo salva para posteriormente repartirse entre los dos la preciada recompensa) y un peligroso pistolero a sueldo llamado "Sentencia" (El malo) luchan por conseguir un tesoro compuesto por monedas de oro pertenecientes al ejercito confederado y donde yace escondido en la tumba de un cementerio.


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Escenas de primeros planos y largos silencios, centrados en las miradas, la mayor parte de ellas de desafío, adornadas de paisajes áridos y polvorientos dominarían el metraje extenso de la película (2 horas y media). Escenas, todas ellas, realizadas meticulosamente por Sergio Leone y acompañadas por la mítica música del maestro Ennio Morricone, un elemento imprescindible en el cine de Leone, caracterizada en esta obra por la mezcla de dramáticas melodías y el uso de estridentes voces y sonidos de silbidos. Uno de los detalles de la composición musical de Morricone en el film es que esta dividida de diferentes partituras, aplicadas según el personaje que hace aparición en la escena (para el personaje de Eastwood el sonido de una flauta, para el de Tuco el uso de voces y para Sentencia la utilización de una ocarina). En el panel interpretativo acompañando a Clint Eastwood nos encontraríamos con Eli Wallach (genial actor visto en clásicos del western norteamericano como son "Los siete magníficos (1960)" y "La conquista del Oeste (1962)") representando a Tuco, un personaje que aporta los momentos cómicos del film y a pesar de su condición de bandido sabe ganarnos por el carisma y simpatía que transmite.

el bueno, el feo y el malo


Para el papel de el malo, el de Sentencia, Leone escogería a Lee Van Cleef, actor que ya había tenido en sus filas en "La muerte tenía un precio" y del que siempre tuvo predilección después de verlo de villano en "Sólo ante el peligro (1952)" y "El hombre que mató a Liberty Valance (1962)". Gracias a Leone, Lee Van Cleef recuperaría importancia en la meca del cine convertiéndose en un actor clave en el spaguetti western. "El bueno, el feo y el malo", al igual que el resto de la trilogía, fue un gran escaparate para España ya que la mayor parte de los filmes fue rodada en tierras españolas. El desierto de Tabernas (situado en Almeria), también conocido por formar parte de los decorados de "Lawrence de Arabia (1962)", "Cleopatra (1963)" y recientemente en "Exodus" de Ridley Scott, fue fundamental en la acción de la película.

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Completando los decorados de "El bueno, el feo y el malo" habría que mencionar, La Sierra de Demanda y el río Arlanza, situados en la provincia de Burgos. Entre sus escenas más recordadas, el duelo a tres bandas entre Eastwood, Wallach y Lee Van Cleef, una secuencia homenajeada por Quentin Tarantino en "Reservoir dogs (1992)". Otros de los momentos para el recuerdo, la explosión del puente de Langston, secuencia donde el puente fue construido por ingenieros del ejercito español y que tuvo como anécdota su explosión sin haberse grabado por ninguna cámara. Un malentendido entre el capitán encargado de volar el puente y Sergio Leone fue el causante, por lo que se tuvo, muy a su pesar, construir de nuevo el puente para el escena.

Frases para recordar:

"Duermo tranquilo porque mi peor enemigo vela por mí".

"El mundo se divide en dos, Tuco. Los que encañonan y los que cavan. El revólver lo tengo yo así que ya puedes coger la pala".

"En donde nacimos, para no morir de hambre había que elegir ser cura o bandido".


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