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a propósito de lewyn davis
Nueva York, 1961. Llewyn Davis (Oscar Isaac) es un joven cantante de folk que intenta sobrevivir con su nuevo estilo de música cantando en pequeños garitos, sin casa, sin pertenencias y rechazando al amor de su vida. Es un idealista representativo del Greenwich Village de la época, donde los verdaderos artistas tenían todo menos lujos económicos.  Empeñado en su especial cruzada por defender un nuevo estilo musical decide emprender un viaje a Chicago, que vislumbra como su única oportunidad para que su música sea conocida. Su finalidad es una audición con el magnate de la música Bud Grossman. Al igual que en "Oh, Brother! (2000)" la temática del viaje se repite, esa búsqueda de la propia identidad a través de diferentes personajes que encuentra en su camino. No es por casualidad que un gato llamado Ulises decida acompañarlo. En su viaje sin recursos, compartirá coche con un muy singular músico de Jazz y su chófer. El músico es un espectacular John Goodman, uno de los secundarios de lujo habituales de los hermanos. En este film representa a un heroinómano, un gran músico de jazz que conoció sus días de gloria, pero que actualmente está demasiado deteriorado tanto física como mentalmente, quizás por una vida de lujo y excesos. Es incapaz de dar un solo paso por sí sólo, camina con la ayuda de muletas y de su chófer, que lo acompaña siempre. Es un individuo profundamente amargado que descarga toda su ira verbalmente contra nuestro protagonista. Durante el viaje en coche, Llewyn, tendrá que sufrir las burlas y las agresiones verbales de un afamado músico venido a menos por los excesos y las drogas. Unos diálogos absolutamente incisivos, críticos y brillantes, donde los Coen no pueden sino enfrentar la rivalidad entre dos generaciones, la joven y desconocida Folk frente a la afamada, bien conocida y llevada hasta la lujuria música Jazz. Este viaje en coche está rodado a modo de "road movie", incluída como una subtrama dentro del relato, funciona como elemento clarificador para las aspiraciones y forma de entender la vida de nuestro protagonista.

a propósito de lewyn davis

Técnicamente la película está dotada de una espectacular fotografía del maestro francés Bruno Delbonnel, responsable del colorido mundo de "Amelie (2001)", “Largo domingo de noviazgo ( 2004)", por la que fue nominado por la academia, al igual que en "Across the Universe (2007)" y en “Harry Potter y el misterio del príncipe (2009)". En esta cinta, la fotografía abandona ese tono colorista y casi mágico de sus otros films para limitar su escala de colores en tonos fríos y azulados de los exteriores perfectamente mezclados con contraluces y perfectos claro-oscuros en los interiores de los locales musicales. Consigue primeros planos espectaculares y una ambientación del Greenwich Village de esa época, entre decadente y romántico, difícil de olvidar. Pero el núcleo fundamental que acompaña a la imagen en esta cinta es la bellísima, singular e inolvidable banda sonora, que desde el comienzo cautiva completamente al espectador. La banda sonora original, cantada por el propio Oscar Isaac, adquiere casi tanto protagonismo como el relato en sí mismo, y es que muchas de sus letras, nos transmiten esa nueva forma de entender la vida y la música en aquélla época.

a propósito de lewyn davis

Para el papel protagonista, los hermanos optaron por el entonces no demasiado conocido Oscar Isaac, de madre hispana y con una buena formación musical que dejó apartada para dedicarse al mundo de la interpretación. La película descansa en buena medida en las interpretaciones musicales de Oscar Isaac, su voz y su forma de cantar. Desde que los Coen eligieran a Oscar Isaaac, aumentó su popularidad y fue requerido para varios films donde demuestra que es capaz de diferentes registros, como en "Las dos caras de Enero (2014)" o recientemente en "Ex machina (2015)". Actualmente triunfa con una miniserie de HBO, basada en una historia política de corrupción "Show me a Hero". La relación que mantiene con el amor de su vida, una excelente Carey Mulligan interpretando a Jean Berkey, que además es la novia de su amigo, Jim Berkey (Justin Timberlake), está destinada al fracaso, a mantenerse en el terreno platónico, tanto por su actitud, absolutamente absorbida por sus propósitos en la música, como por las circunstancias. Su torpeza en las relaciones íntimas es otro elemento descriptivo más que sumerge al protagonista en una soledad buscada y en una especie de autocastigo que se inflige, ya que su anterior compañero e inseparable amigo con el que publicó su único disco se suicidó meses atrás sin que él pudiera evitarlo.

a propósito de lewyn davis

Tenemos así todos los elementos de un personaje solitario, refugiado únicamente en su música y empeñado en demostrar que puede existir un nuevo estilo dentro del panorama musical, sin importarle el precio que tenga que pagar por ello, como si su música fuera más importante que él mismo. De forma curiosa se nos presenta su única grabación, ayudado por su amigo, formando un maravilloso dúo con Justin Timberlake, la cual le podía haber proporcionado suculentos ingresos económicos, pero su escasa visión comercial y su exclusivo interés por cantar en su propio estilo le hacen desperdiciar una oportunidad única. En mi opinión es un relato tremendamente romántico, ácido e incisivo, (como no podía ser de otra manera con los hermanos) que intenta brindar un homenaje, no a un perdedor, como muchos han afirmado, sino a todo un ideal, una nueva forma de música que intentaba abrirse camino en las cerradas mentes estadounidenses de la época.

más películas de los hermanos Coen

a propósito de lewyn davis

Frase para recordar: "Si nunca es lo más nuevo, y nunca envejece, entonces es una canción folk."

Título original: Inside Llewyn Davis.

Directores: Joel Coen y Ethan Coen.

Intérpretes; Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Ethan Phillips, Garrett Hedlund, Justin Timberlake, Max Casella, F. Murray Abraham.

Trailer:


Escena:


B.S.O.:


Reseña escrita por Bárbara Valera Bestard

A PROPÓSITO DE LLEWYN DAVIS (2013). Los hermanos Coen a ritmo de folk.

a propósito de lewyn davis
Nueva York, 1961. Llewyn Davis (Oscar Isaac) es un joven cantante de folk que intenta sobrevivir con su nuevo estilo de música cantando en pequeños garitos, sin casa, sin pertenencias y rechazando al amor de su vida. Es un idealista representativo del Greenwich Village de la época, donde los verdaderos artistas tenían todo menos lujos económicos.  Empeñado en su especial cruzada por defender un nuevo estilo musical decide emprender un viaje a Chicago, que vislumbra como su única oportunidad para que su música sea conocida. Su finalidad es una audición con el magnate de la música Bud Grossman. Al igual que en "Oh, Brother! (2000)" la temática del viaje se repite, esa búsqueda de la propia identidad a través de diferentes personajes que encuentra en su camino. No es por casualidad que un gato llamado Ulises decida acompañarlo. En su viaje sin recursos, compartirá coche con un muy singular músico de Jazz y su chófer. El músico es un espectacular John Goodman, uno de los secundarios de lujo habituales de los hermanos. En este film representa a un heroinómano, un gran músico de jazz que conoció sus días de gloria, pero que actualmente está demasiado deteriorado tanto física como mentalmente, quizás por una vida de lujo y excesos. Es incapaz de dar un solo paso por sí sólo, camina con la ayuda de muletas y de su chófer, que lo acompaña siempre. Es un individuo profundamente amargado que descarga toda su ira verbalmente contra nuestro protagonista. Durante el viaje en coche, Llewyn, tendrá que sufrir las burlas y las agresiones verbales de un afamado músico venido a menos por los excesos y las drogas. Unos diálogos absolutamente incisivos, críticos y brillantes, donde los Coen no pueden sino enfrentar la rivalidad entre dos generaciones, la joven y desconocida Folk frente a la afamada, bien conocida y llevada hasta la lujuria música Jazz. Este viaje en coche está rodado a modo de "road movie", incluída como una subtrama dentro del relato, funciona como elemento clarificador para las aspiraciones y forma de entender la vida de nuestro protagonista.

a propósito de lewyn davis

Técnicamente la película está dotada de una espectacular fotografía del maestro francés Bruno Delbonnel, responsable del colorido mundo de "Amelie (2001)", “Largo domingo de noviazgo ( 2004)", por la que fue nominado por la academia, al igual que en "Across the Universe (2007)" y en “Harry Potter y el misterio del príncipe (2009)". En esta cinta, la fotografía abandona ese tono colorista y casi mágico de sus otros films para limitar su escala de colores en tonos fríos y azulados de los exteriores perfectamente mezclados con contraluces y perfectos claro-oscuros en los interiores de los locales musicales. Consigue primeros planos espectaculares y una ambientación del Greenwich Village de esa época, entre decadente y romántico, difícil de olvidar. Pero el núcleo fundamental que acompaña a la imagen en esta cinta es la bellísima, singular e inolvidable banda sonora, que desde el comienzo cautiva completamente al espectador. La banda sonora original, cantada por el propio Oscar Isaac, adquiere casi tanto protagonismo como el relato en sí mismo, y es que muchas de sus letras, nos transmiten esa nueva forma de entender la vida y la música en aquélla época.

a propósito de lewyn davis

Para el papel protagonista, los hermanos optaron por el entonces no demasiado conocido Oscar Isaac, de madre hispana y con una buena formación musical que dejó apartada para dedicarse al mundo de la interpretación. La película descansa en buena medida en las interpretaciones musicales de Oscar Isaac, su voz y su forma de cantar. Desde que los Coen eligieran a Oscar Isaaac, aumentó su popularidad y fue requerido para varios films donde demuestra que es capaz de diferentes registros, como en "Las dos caras de Enero (2014)" o recientemente en "Ex machina (2015)". Actualmente triunfa con una miniserie de HBO, basada en una historia política de corrupción "Show me a Hero". La relación que mantiene con el amor de su vida, una excelente Carey Mulligan interpretando a Jean Berkey, que además es la novia de su amigo, Jim Berkey (Justin Timberlake), está destinada al fracaso, a mantenerse en el terreno platónico, tanto por su actitud, absolutamente absorbida por sus propósitos en la música, como por las circunstancias. Su torpeza en las relaciones íntimas es otro elemento descriptivo más que sumerge al protagonista en una soledad buscada y en una especie de autocastigo que se inflige, ya que su anterior compañero e inseparable amigo con el que publicó su único disco se suicidó meses atrás sin que él pudiera evitarlo.

a propósito de lewyn davis

Tenemos así todos los elementos de un personaje solitario, refugiado únicamente en su música y empeñado en demostrar que puede existir un nuevo estilo dentro del panorama musical, sin importarle el precio que tenga que pagar por ello, como si su música fuera más importante que él mismo. De forma curiosa se nos presenta su única grabación, ayudado por su amigo, formando un maravilloso dúo con Justin Timberlake, la cual le podía haber proporcionado suculentos ingresos económicos, pero su escasa visión comercial y su exclusivo interés por cantar en su propio estilo le hacen desperdiciar una oportunidad única. En mi opinión es un relato tremendamente romántico, ácido e incisivo, (como no podía ser de otra manera con los hermanos) que intenta brindar un homenaje, no a un perdedor, como muchos han afirmado, sino a todo un ideal, una nueva forma de música que intentaba abrirse camino en las cerradas mentes estadounidenses de la época.

más películas de los hermanos Coen

a propósito de lewyn davis

Frase para recordar: "Si nunca es lo más nuevo, y nunca envejece, entonces es una canción folk."

Título original: Inside Llewyn Davis.

Directores: Joel Coen y Ethan Coen.

Intérpretes; Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Ethan Phillips, Garrett Hedlund, Justin Timberlake, Max Casella, F. Murray Abraham.

Trailer:


Escena:


B.S.O.:


Reseña escrita por Bárbara Valera Bestard

irrational man
1. UN CINEASTA ADICTO AL TRABAJO.

En cierta ocasión, Heywood Allen Stewart Konigsberg, más conocido como Woody Allen, comentó a un periodista que lo peor que podía ocurrirle era morirse sin haber filmado todas las ideas que lleva dentro. Fiel a su cita anual en las carteleras de todo el mundo, el realizador norteamericano continúa derrochando y compartiendo con sus fans su inagotable fuente creativa. Nacido el 1 de diciembre de 1935, el cineasta neoyorkino parece pletórico en su vigor para escribir y rodar su filme anual, práctica que lleva realizando de manera estable desde los primeros años 80. Allen debutó detrás de la cámara a finales de los años 60 con el estupendo filme Toma el dinero ycorre (Take the Money and Run, EEUU, 1969) que él mismo denomina una sucesión de bromas que, para sostener la atención del público, cada una de ellas tenía que ser superior a la anterior. Su labor delante y tras la cámara, la ha compaginado con la televisión, el teatro, guiones e interpretaciones para otros cineastas y por supuesto, con el clarinete, pasión incompatible con acudir a la ceremonia de entrega de los premios Oscars de Hollywood.

El realizador lleva nada menos que cinco décadas acudiendo puntualmente a las carteleras de todo el mundo. Cinco décadas de intensa hiperactividad. En los años 50, desde muy joven, ya vendía chistes a famosos columnistas y cómicos profesionales como Ed Sullivan, Sid Cesar o Pat Boone. Durante los años 60 sorprendía con sus chispeantes monólogos y sketchs en clubes, salas de fiestas, revistas de Broadway y en programas de televisión. En estos años 60 comenzaban sus personales coqueteos con el cine en películas como ¿Qué tal Pussycat? (What´s new, Pussycat, 1965), de Clive Donner y Richard Talmage o Casino Royale (EEUU, 1967), esa comedia coral de actores y directores varios donde Allen interpreta a un paródico "Jimmy" Bond. La década termina, como decíamos, con la dirección de su opera prima. Desde sus primeros pasos, el artista hacía gala de su personal idiosincrasia cómica, que lo ha convertido en un icono de la cultura del siglo XX.

Tan sólo poder sostener ese ritmo, terapéutico para sí, como también ha confesado más de una vez, resulta particularmente meritorio. En los últimos años, se ha tenido que reinventar (como todos los ciudadanos de este universo en crisis) para conseguir la necesaria financiación para poder hacer su peliculita anual. De ahí ciertos paseos por las capitales europeas que han dado algunos títulos memorables, con Match Point (Reino Unido,2005) y Medianoche en París (Midnight In Paris, EEUU, 2011) a la cabeza.


irrational man

2. EL GUIONISTA PRESTIDIGITADOR.

Resulta particularmente asombroso cómo el cineasta mantiene intacta su capacidad de construir ingeniosos libretos, auténticos mecanismos de relojería, sin perder de vista la realidad vigente al momento de estreno de cada filme. Woody Allen es un atento espectador de su tiempo y un maravilloso"“prestidigitador" de los guiones. Conoce sus mecanismos, sus entrañas (como para no hacerlo después de tanto tiempo escribiendo libretos, que son estudiados meticulosamente en las universidades de cine). El cineasta sabe perfectamente lo que quiere de cada guión y siempre tiene claro cómo construir una trama de la manera más atractiva y eficaz posible, buscando el chiste intelectual, cierto, pero siempre armónico con la construcción o reacción del personaje o con la concreta necesidad de cada argumento. Maestros del cine clásico como Billy Wilder y su guionista habitual IAL Diamond se planteaban la escritura de esa manera.

Dentro de este objetivo de culto al guión (que muchos consideran, probablemente con cierta base de razón, que el artista es demasiado esclavo del mismo y da poco margen a la improvisación), Allen domina algo muy importante: que la resolución de su historia no chirríe, es decir que la resolución sea coherente y una consecuencia de la suma de ciertos detalles que ya nos ha facilitado previamente. Esos detalles se encuentran siempre hábilmente integrados y mimetizados con el resto de la trama. "El diablo está en los detalles", reza el proverbio anglosajón y el astuto cineasta lo lleva a sus últimas consecuencias. En el guión de Irrational Man es muy importante el sensacional uso de lo que en el argot de los escritores se denomina “el precedente”. Es aquel recurso o instrumento en la escritura del guión que es imperativo colocar en la trama. Hay que hacerlo con mucha astucia, pues se pretende facilitar al espectador una información necesaria para que todo encaje, sin desvelar la conclusión de la historia. Es un elemento fundamental, teniendo en cuenta lo astuto que es el espectador actual, curtido en miles de películas y por tanto capaz de prever (casi) todo. Colocar adecuadamente el precedente significa darle al espectador un detalle perceptible (un objeto, una habilidad, una experiencia vital), que sea relevante para la sorpresa en la secuencia final y la resolución de la trama. Lo importante en su introducción, es que, al ver ese precedente, no sepamos que se trata de un precedente. Al verlo, no debemos ni siquiera vislumbrar el final, o cómo el héroe solucionará la historia. Sólo debemos descubrirlo cuando nos reencontremos con ese detalle al final del filme. Si la conclusión nos sorprende, pero al mismo tiempo nos mostramos complacidos por caer en la cuenta en ese instante, en que ya nos habían dado el detalle relevante unas cuantas secuencias atrás, entonces el precedente habrá encajado de un modo perfecto. Pues bien, el precedente que determina la azarosa resolución del filme, está maravillosamente colocado en Irrational Man.


irrational man

3. EL CINEASTA ERUDITO.

El filme que analizamos comparte trama criminal con algunas de sus trabajos más brillantes como Delitos y faltas (Crime and Misdemeanors, EEUU, 1989), Misterioso Asesinato en Manhattan (Manhattan Murder Mistery, EEUU, 1993), la citada Match Point, Scoop (Reino Unido, 2006), o la no tan redonda El Sueño de Cassandra (Cassandra´s Dream, Reino Unido, 2007). También comparte algunos guiños un tanto simples, pero bien introducidos, al universo del escritor Fedor Dostoiewski en general. Así el protagonista del filme lee El Idiota y Jill, la protagonista femenina, dice en un momento determinado que ha leído toda la obra del escritor. Allen centra su homenaje al escritor ruso en la excelente novela Crimen y Castigo. Su pasión por esta novela ya apuntalaban las mencionadas Delitos y Faltas y Match Point. A diferencia de Raskolnikov, el protagonista de la densa novela rusa, Abe (un excelente Joaquín Phoenix), no quiere cometer un asesinato y salir impune para reforzar ese sentimiento de que es superior al resto de la humanidad, de que está por encima del bien y del mal, sino como una manera de revitalizarse, de recuperar la ilusión por vivir, como una forma de redimirse a sí mismo en relación a ese hastío vital del que hace gala desde su aparición en pantalla. La sola idea de matar a un personaje concreto, fruto de escuchar de manera casual una conversación en una cafetería, de su convencimiento de que el mundo será un lugar mejor sin ese Juez que ha retirado la custodia de sus hijos a una joven, hace que el profesor de filosofía protagonista recupere su plenitud sexual, disfuncional desde hace un año.

El filme, como todos los de la filmografía de su autor, tiende la mano hacia multitud de referencias. Así, las citas a Dostoiewski, se mezclan armónicamente a las alusiones a la filósofa alemana de origen judío, Hannah Arendt y su revolucionario Estudio sobre la Banalidad del mal, o a reflexiones ácidas en torno a Kant, Kierkegald y la filosofía en general (que para el protagonista no es más que una gran paja mental). Las referencias son utilizadas por los personajes como auténticos dardos verbales que componen los chispeantes diálogos y el devenir de los personajes a lo largo de la trama. En el terreno de la cinefilia, palpable es también la influencia del cineasta británico Alfred Hitchcock y sus dos filmes Extraños en un tren (1951) (la idea del crimen ajeno, con el que no puedan relacionar a su autor, al no tener la menor relación con la víctima ni un móvil para ejecutar tal acto) y La Sombra de una duda (1943) (la labor detectivesca de Teresa Wright, que va enlazando todos los cabos que llevan hacia los crímenes de su tío Joseph Cotten). Todo este mestizaje tiene lugar sin abandonar el tono de comedia de enredos sexuales, objetivo en el que el personaje interpretado por la excelente actriz Parker Posey, presente también en el reparto de su siguiente filme, cobra pleno protagonismo. Pocas veces hemos visto a un personaje con tanta carga sexual en un filme de Woody Allen.


irrational man

4. EL CINEASTA RACIONAL.

Como realizador, Allen es un cineasta eficaz. Sus primeros filmes rezumaban cierta frescura en esa mencionada sucesión de gags, sin coherencia narrativa. El devenir de los años le ha dado, obviamente, un inmenso bagaje a sus espaldas. Allen se ha convertido en un cineasta técnico, cuya elaborada puesta en escena obedece a un método y un objetivo armónicos. Tiene un ojo muy especial no sólo para escoger actores (ve películas y está al día respecto a ellos), sino también para algo muy importante: para escoger y utilizar las localizaciones más adecuadas para cada escena. Es algo que puede parecer absolutamente baladí, pero que deviene en magistral en el cine de Allen. Su anterior película, Magia a la Luz de la luna (Magic in the Moonlight, EEUU, 2014), ese delicioso homenaje a la comedia de los años 30, es especialmente memorable en cuanto a las localizaciones y la colorida iluminación de las mismas. La fotografía del iraní Darius Khonji en las andanzas de Colin Firth y Emma Stone por la costa francesa en la década de entreguerras, no puede ser más diferente que en las andanzas de Joaquín Phoenix y nuevamente Emma Stone por el Campus Universitario de Newport, Rhode Island en la actualidad. Sin embargo en ambas películas el escenario donde se mueven los personajes tiene un particular peso específico. Dos filmes completamente diferentes, tanto en cuanto a puesta en escena como en cuanto a iluminación. Mucho más colorida aquella, más claro oscuro ésta, que pone de relieve la memorable labor del operador habitual en los últimos filmes de Allen, regularmente desde la mencionada Medianoche en París, pero que ya había fotografiado Todo lo demás (Anything Else, EEUU, 2003).

La pericia narrativa del veterano cineasta nos regala en Irrational Man instantes como ese plano medio de Abe (Joaquín Phoenix) en la playa desde el punto de vista de la joven Jill (Emma Stone), las charlas en los bares universitarios, los paseos de Abe y Jill por el campus, la secuencia del crimen en el parque (sencillamente memorable), el cambio de escenario en la conversación de la cafetería, que comienza con una de las charlas de los dos protagonistas y en un momento dado la joven invita a su profesor a escuchar la conversación que tienen lugar en la mesa de detrás. Allen traslada sutilmente la secuencia a dicha mesa. Cada escena, por tanto, cumple una específica y clave función escalonada y meticulosamente planeada en el todo de la trama. Los actores, como siempre en Allen, cumplen y ejecutan su labor con mucha comprensión y entrega.


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5. EL CINEASTA ATENTO OBSERVADOR DE SU TIEMPO.

Pese a la edad que tiene el cineasta sorprende del visionado de Irrational Man, lo bien que conoce y está al corriente acerca de las actuales confusas relaciones amorosas-sentimentales, tan inciertas, hirientes e impersonales, propias de estos "días extraños" (que diría el cantante y poeta Jim Morrison) que vivimos. Si el escritor W. Somerset Maugham afirmaba que se percataba acerca de lo mayor que se estaba haciendo por el implacable hecho de que perdía la consciencia de aquello que acontecía a su alrededor, podemos afirmar que Woody Allen, pese a ser octogenario, es un hombre joven. (Billy Wilder se definió a si mismo en la recogida de un premio como un joven de 90 años).

El capricho-atracción incontenible que hoy caracterizan a las relaciones, donde damos una rienda suelta nada reflexiva a esa momentánea atracción hacia otra persona, queda notablemente expuesto en el filme. Hablamos de esa atracción visceral que, por la vía del dolo eventual (o daño colateral), hace que la persona cuente con la posibilidad de hacer daño, bien a su pareja estable, bien a la persona objeto de atracción. Esa posibilidad que en la mayoría de los casos es gestionada como un pensamiento incómodo que rápidamente se quiere expiar con un simple encogerse de hombros y un "no puedo evitarlo" que nos susurramos a nosotros mismos. Pues bien, ese irracional capricho-atracción de hoy, es la huida despavorida, igualmente irracional, de mañana. Hoy te deseo y estoy enamorado/a de ti, mañana te acompaño en tu sufrimiento, "pero sólo como amigo/a, ¿eh?". Cuidado con los espejismos y los cantos de sirenas. Cuidado con los aparentes afectos desproporcionados que no soporten la menor criba de la razón. Debemos atrincherarnos en nuestros sensibles corazones y no permitamos que unas meras lisonjas y halagos sin venir a cuento, nos arrastren a decisiones irracionales que a corto plazo nos harán sufrir y a largo plazo pueden llevarnos a la permanente desilusión y escepticismo, convirtiéndonos en náufragos emocionales.

Todo esto, entre otras cosas, parece querer decirnos Woody Allen en su nueva obra maestra, nada irracional. Una película tan premeditada como el meticuloso asesinato del filme: a plena luz del día y en un escenario público, pero modélico en cuanto su discreción y eficacia.


irrational man

Director: Woody Allen.

Intérpretes: Joaquin Phoenix, Emma Stone, Jamie Blackley, Parker Posey, Ethan Phillips, Julie Ann Dawson, Mark Burzenski, Gary Wilmes, Geoff Schuppert.

Trailer:


B.S.O.:


Reseña escrita por Manuel García de Mesa

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IRRATIONAL MAN (2015). Crimen y resbalón.

irrational man
1. UN CINEASTA ADICTO AL TRABAJO.

En cierta ocasión, Heywood Allen Stewart Konigsberg, más conocido como Woody Allen, comentó a un periodista que lo peor que podía ocurrirle era morirse sin haber filmado todas las ideas que lleva dentro. Fiel a su cita anual en las carteleras de todo el mundo, el realizador norteamericano continúa derrochando y compartiendo con sus fans su inagotable fuente creativa. Nacido el 1 de diciembre de 1935, el cineasta neoyorkino parece pletórico en su vigor para escribir y rodar su filme anual, práctica que lleva realizando de manera estable desde los primeros años 80. Allen debutó detrás de la cámara a finales de los años 60 con el estupendo filme Toma el dinero ycorre (Take the Money and Run, EEUU, 1969) que él mismo denomina una sucesión de bromas que, para sostener la atención del público, cada una de ellas tenía que ser superior a la anterior. Su labor delante y tras la cámara, la ha compaginado con la televisión, el teatro, guiones e interpretaciones para otros cineastas y por supuesto, con el clarinete, pasión incompatible con acudir a la ceremonia de entrega de los premios Oscars de Hollywood.

El realizador lleva nada menos que cinco décadas acudiendo puntualmente a las carteleras de todo el mundo. Cinco décadas de intensa hiperactividad. En los años 50, desde muy joven, ya vendía chistes a famosos columnistas y cómicos profesionales como Ed Sullivan, Sid Cesar o Pat Boone. Durante los años 60 sorprendía con sus chispeantes monólogos y sketchs en clubes, salas de fiestas, revistas de Broadway y en programas de televisión. En estos años 60 comenzaban sus personales coqueteos con el cine en películas como ¿Qué tal Pussycat? (What´s new, Pussycat, 1965), de Clive Donner y Richard Talmage o Casino Royale (EEUU, 1967), esa comedia coral de actores y directores varios donde Allen interpreta a un paródico "Jimmy" Bond. La década termina, como decíamos, con la dirección de su opera prima. Desde sus primeros pasos, el artista hacía gala de su personal idiosincrasia cómica, que lo ha convertido en un icono de la cultura del siglo XX.

Tan sólo poder sostener ese ritmo, terapéutico para sí, como también ha confesado más de una vez, resulta particularmente meritorio. En los últimos años, se ha tenido que reinventar (como todos los ciudadanos de este universo en crisis) para conseguir la necesaria financiación para poder hacer su peliculita anual. De ahí ciertos paseos por las capitales europeas que han dado algunos títulos memorables, con Match Point (Reino Unido,2005) y Medianoche en París (Midnight In Paris, EEUU, 2011) a la cabeza.


irrational man

2. EL GUIONISTA PRESTIDIGITADOR.

Resulta particularmente asombroso cómo el cineasta mantiene intacta su capacidad de construir ingeniosos libretos, auténticos mecanismos de relojería, sin perder de vista la realidad vigente al momento de estreno de cada filme. Woody Allen es un atento espectador de su tiempo y un maravilloso"“prestidigitador" de los guiones. Conoce sus mecanismos, sus entrañas (como para no hacerlo después de tanto tiempo escribiendo libretos, que son estudiados meticulosamente en las universidades de cine). El cineasta sabe perfectamente lo que quiere de cada guión y siempre tiene claro cómo construir una trama de la manera más atractiva y eficaz posible, buscando el chiste intelectual, cierto, pero siempre armónico con la construcción o reacción del personaje o con la concreta necesidad de cada argumento. Maestros del cine clásico como Billy Wilder y su guionista habitual IAL Diamond se planteaban la escritura de esa manera.

Dentro de este objetivo de culto al guión (que muchos consideran, probablemente con cierta base de razón, que el artista es demasiado esclavo del mismo y da poco margen a la improvisación), Allen domina algo muy importante: que la resolución de su historia no chirríe, es decir que la resolución sea coherente y una consecuencia de la suma de ciertos detalles que ya nos ha facilitado previamente. Esos detalles se encuentran siempre hábilmente integrados y mimetizados con el resto de la trama. "El diablo está en los detalles", reza el proverbio anglosajón y el astuto cineasta lo lleva a sus últimas consecuencias. En el guión de Irrational Man es muy importante el sensacional uso de lo que en el argot de los escritores se denomina “el precedente”. Es aquel recurso o instrumento en la escritura del guión que es imperativo colocar en la trama. Hay que hacerlo con mucha astucia, pues se pretende facilitar al espectador una información necesaria para que todo encaje, sin desvelar la conclusión de la historia. Es un elemento fundamental, teniendo en cuenta lo astuto que es el espectador actual, curtido en miles de películas y por tanto capaz de prever (casi) todo. Colocar adecuadamente el precedente significa darle al espectador un detalle perceptible (un objeto, una habilidad, una experiencia vital), que sea relevante para la sorpresa en la secuencia final y la resolución de la trama. Lo importante en su introducción, es que, al ver ese precedente, no sepamos que se trata de un precedente. Al verlo, no debemos ni siquiera vislumbrar el final, o cómo el héroe solucionará la historia. Sólo debemos descubrirlo cuando nos reencontremos con ese detalle al final del filme. Si la conclusión nos sorprende, pero al mismo tiempo nos mostramos complacidos por caer en la cuenta en ese instante, en que ya nos habían dado el detalle relevante unas cuantas secuencias atrás, entonces el precedente habrá encajado de un modo perfecto. Pues bien, el precedente que determina la azarosa resolución del filme, está maravillosamente colocado en Irrational Man.


irrational man

3. EL CINEASTA ERUDITO.

El filme que analizamos comparte trama criminal con algunas de sus trabajos más brillantes como Delitos y faltas (Crime and Misdemeanors, EEUU, 1989), Misterioso Asesinato en Manhattan (Manhattan Murder Mistery, EEUU, 1993), la citada Match Point, Scoop (Reino Unido, 2006), o la no tan redonda El Sueño de Cassandra (Cassandra´s Dream, Reino Unido, 2007). También comparte algunos guiños un tanto simples, pero bien introducidos, al universo del escritor Fedor Dostoiewski en general. Así el protagonista del filme lee El Idiota y Jill, la protagonista femenina, dice en un momento determinado que ha leído toda la obra del escritor. Allen centra su homenaje al escritor ruso en la excelente novela Crimen y Castigo. Su pasión por esta novela ya apuntalaban las mencionadas Delitos y Faltas y Match Point. A diferencia de Raskolnikov, el protagonista de la densa novela rusa, Abe (un excelente Joaquín Phoenix), no quiere cometer un asesinato y salir impune para reforzar ese sentimiento de que es superior al resto de la humanidad, de que está por encima del bien y del mal, sino como una manera de revitalizarse, de recuperar la ilusión por vivir, como una forma de redimirse a sí mismo en relación a ese hastío vital del que hace gala desde su aparición en pantalla. La sola idea de matar a un personaje concreto, fruto de escuchar de manera casual una conversación en una cafetería, de su convencimiento de que el mundo será un lugar mejor sin ese Juez que ha retirado la custodia de sus hijos a una joven, hace que el profesor de filosofía protagonista recupere su plenitud sexual, disfuncional desde hace un año.

El filme, como todos los de la filmografía de su autor, tiende la mano hacia multitud de referencias. Así, las citas a Dostoiewski, se mezclan armónicamente a las alusiones a la filósofa alemana de origen judío, Hannah Arendt y su revolucionario Estudio sobre la Banalidad del mal, o a reflexiones ácidas en torno a Kant, Kierkegald y la filosofía en general (que para el protagonista no es más que una gran paja mental). Las referencias son utilizadas por los personajes como auténticos dardos verbales que componen los chispeantes diálogos y el devenir de los personajes a lo largo de la trama. En el terreno de la cinefilia, palpable es también la influencia del cineasta británico Alfred Hitchcock y sus dos filmes Extraños en un tren (1951) (la idea del crimen ajeno, con el que no puedan relacionar a su autor, al no tener la menor relación con la víctima ni un móvil para ejecutar tal acto) y La Sombra de una duda (1943) (la labor detectivesca de Teresa Wright, que va enlazando todos los cabos que llevan hacia los crímenes de su tío Joseph Cotten). Todo este mestizaje tiene lugar sin abandonar el tono de comedia de enredos sexuales, objetivo en el que el personaje interpretado por la excelente actriz Parker Posey, presente también en el reparto de su siguiente filme, cobra pleno protagonismo. Pocas veces hemos visto a un personaje con tanta carga sexual en un filme de Woody Allen.


irrational man

4. EL CINEASTA RACIONAL.

Como realizador, Allen es un cineasta eficaz. Sus primeros filmes rezumaban cierta frescura en esa mencionada sucesión de gags, sin coherencia narrativa. El devenir de los años le ha dado, obviamente, un inmenso bagaje a sus espaldas. Allen se ha convertido en un cineasta técnico, cuya elaborada puesta en escena obedece a un método y un objetivo armónicos. Tiene un ojo muy especial no sólo para escoger actores (ve películas y está al día respecto a ellos), sino también para algo muy importante: para escoger y utilizar las localizaciones más adecuadas para cada escena. Es algo que puede parecer absolutamente baladí, pero que deviene en magistral en el cine de Allen. Su anterior película, Magia a la Luz de la luna (Magic in the Moonlight, EEUU, 2014), ese delicioso homenaje a la comedia de los años 30, es especialmente memorable en cuanto a las localizaciones y la colorida iluminación de las mismas. La fotografía del iraní Darius Khonji en las andanzas de Colin Firth y Emma Stone por la costa francesa en la década de entreguerras, no puede ser más diferente que en las andanzas de Joaquín Phoenix y nuevamente Emma Stone por el Campus Universitario de Newport, Rhode Island en la actualidad. Sin embargo en ambas películas el escenario donde se mueven los personajes tiene un particular peso específico. Dos filmes completamente diferentes, tanto en cuanto a puesta en escena como en cuanto a iluminación. Mucho más colorida aquella, más claro oscuro ésta, que pone de relieve la memorable labor del operador habitual en los últimos filmes de Allen, regularmente desde la mencionada Medianoche en París, pero que ya había fotografiado Todo lo demás (Anything Else, EEUU, 2003).

La pericia narrativa del veterano cineasta nos regala en Irrational Man instantes como ese plano medio de Abe (Joaquín Phoenix) en la playa desde el punto de vista de la joven Jill (Emma Stone), las charlas en los bares universitarios, los paseos de Abe y Jill por el campus, la secuencia del crimen en el parque (sencillamente memorable), el cambio de escenario en la conversación de la cafetería, que comienza con una de las charlas de los dos protagonistas y en un momento dado la joven invita a su profesor a escuchar la conversación que tienen lugar en la mesa de detrás. Allen traslada sutilmente la secuencia a dicha mesa. Cada escena, por tanto, cumple una específica y clave función escalonada y meticulosamente planeada en el todo de la trama. Los actores, como siempre en Allen, cumplen y ejecutan su labor con mucha comprensión y entrega.


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5. EL CINEASTA ATENTO OBSERVADOR DE SU TIEMPO.

Pese a la edad que tiene el cineasta sorprende del visionado de Irrational Man, lo bien que conoce y está al corriente acerca de las actuales confusas relaciones amorosas-sentimentales, tan inciertas, hirientes e impersonales, propias de estos "días extraños" (que diría el cantante y poeta Jim Morrison) que vivimos. Si el escritor W. Somerset Maugham afirmaba que se percataba acerca de lo mayor que se estaba haciendo por el implacable hecho de que perdía la consciencia de aquello que acontecía a su alrededor, podemos afirmar que Woody Allen, pese a ser octogenario, es un hombre joven. (Billy Wilder se definió a si mismo en la recogida de un premio como un joven de 90 años).

El capricho-atracción incontenible que hoy caracterizan a las relaciones, donde damos una rienda suelta nada reflexiva a esa momentánea atracción hacia otra persona, queda notablemente expuesto en el filme. Hablamos de esa atracción visceral que, por la vía del dolo eventual (o daño colateral), hace que la persona cuente con la posibilidad de hacer daño, bien a su pareja estable, bien a la persona objeto de atracción. Esa posibilidad que en la mayoría de los casos es gestionada como un pensamiento incómodo que rápidamente se quiere expiar con un simple encogerse de hombros y un "no puedo evitarlo" que nos susurramos a nosotros mismos. Pues bien, ese irracional capricho-atracción de hoy, es la huida despavorida, igualmente irracional, de mañana. Hoy te deseo y estoy enamorado/a de ti, mañana te acompaño en tu sufrimiento, "pero sólo como amigo/a, ¿eh?". Cuidado con los espejismos y los cantos de sirenas. Cuidado con los aparentes afectos desproporcionados que no soporten la menor criba de la razón. Debemos atrincherarnos en nuestros sensibles corazones y no permitamos que unas meras lisonjas y halagos sin venir a cuento, nos arrastren a decisiones irracionales que a corto plazo nos harán sufrir y a largo plazo pueden llevarnos a la permanente desilusión y escepticismo, convirtiéndonos en náufragos emocionales.

Todo esto, entre otras cosas, parece querer decirnos Woody Allen en su nueva obra maestra, nada irracional. Una película tan premeditada como el meticuloso asesinato del filme: a plena luz del día y en un escenario público, pero modélico en cuanto su discreción y eficacia.


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Director: Woody Allen.

Intérpretes: Joaquin Phoenix, Emma Stone, Jamie Blackley, Parker Posey, Ethan Phillips, Julie Ann Dawson, Mark Burzenski, Gary Wilmes, Geoff Schuppert.

Trailer:


B.S.O.:


Reseña escrita por Manuel García de Mesa

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