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"La propiedad de Irlanda entera,
moral y material, desde el sol hasta su centro, pertenece por derecho al pueblo
de Irlanda." (James Fintan Lalor, 1807-1849).
"Irlanda del Norte pertenece
al Reino Unido tanto como mi propio distrito electoral." (Margaret Thatcher, 1981).
Con estas antagónicas frases da
comienzo Agenda Oculta del siempre interesante y combativo Ken Loach. Dichas
disertaciones de un periodista revolucionario irlandés del siglo XIX por un
lado, y de la dama de hierro Thatcher por otro nos sitúan en un conflicto, el de
Irlanda del Norte, que si bien comprende un periodo de especial violencia entre
1968 y 1998, las divisiones sociales entre unionistas y republicanos irlandeses
tienen su origen en la invasión del condado de Wexford en 1169 por parte de
Inglaterra. Por lo tanto tal y como se afirma en el film de Ken Loach son mas de
800 años de conflictos, terrorismo, guerra de guerrillas al borde de una guerra
civil que se ha cobrado la vida de muchos inocentes y que incluso a día de hoy
y a pesar del alto el fuego la violencia continúa de forma ocasional. Ken Loach y su guionista Jim
Allen partiendo de un hecho real como es el "Stalker Affair" de 1982
construyen la historia orientándola hacia otras áreas de la operación que no se
habían hecho públicas. John Stalker fue un policía británico que investigó el
tiroteo a unos supuestos miembros del IRA basado en alegaciones falsas.
En
Agenda Oculta su homónimo seria Peter Kerrigan (Brian Cox) que investiga la
muerte de un abogado pro-derechos humanos, Paul Sullivan (Brad Dourif) a manos de
miembros del Ulster (RUC) mientras viajaba con un simpatizante del IRA. Loach con
su estilo cercano al documental arranca el film con las declaraciones reales de
republicanos irlandeses sometidos a torturas para extraerles falso testimonio
frente a cuatro abogados norteamericanos; el ya mencionado Sullivan, Ingrid
Jessner (Frances McDormand), Moa (Mai Zetterling) y Henri (Bernard Bloch). Incluso
para dotar de realismo las interpretaciones de los actores, Loach quiso que
visitaran Belfast antes del rodaje para que experimentaran en primera persona
la impresión de pasear por sus calles literalmente tomadas por el ejército
británico y sus soldados armados en las puertas de los hoteles, imágenes todas
ellas presentes en Agenda Oculta. Estamos ante una magnífica cinta
de intriga con grandes interpretaciones de la musa de los Cohen, Frances
McDormand, que en su reparto incluye también a Mai Zetterling, mítica actriz y
directora sueca desde los años 40. Para la música se eligió a Stewart
Copeland, el que fuese batería de The Police. Ganó el Premio del Jurado en el
Festival de Cannes de 1990 a
pesar de ser tildada pro IRA por algunas personalidades tanto irlandesas como británicas,
nada mas lejos de la realidad, ya que el film de Ken Loach además de ser un
exhaustivo estudio de la situación del momento en Irlanda del Norte analiza
sobre todo cuáles son las líneas legales que se pueden traspasar para mantener
la estabilidad de un estado y la ética y búsqueda de la verdad que deben
mantener sus mandatarios.
Título original: Hidden Agenda.
Director: Ken Loach.
Intérpretes: Frances
McDormand, Brian
Cox, Mai
Zetterling, Brad
Dourif, Michelle
Fairley, Brian
McCann.
"La propiedad de Irlanda entera,
moral y material, desde el sol hasta su centro, pertenece por derecho al pueblo
de Irlanda." (James Fintan Lalor, 1807-1849).
"Irlanda del Norte pertenece
al Reino Unido tanto como mi propio distrito electoral." (Margaret Thatcher, 1981).
Con estas antagónicas frases da
comienzo Agenda Oculta del siempre interesante y combativo Ken Loach. Dichas
disertaciones de un periodista revolucionario irlandés del siglo XIX por un
lado, y de la dama de hierro Thatcher por otro nos sitúan en un conflicto, el de
Irlanda del Norte, que si bien comprende un periodo de especial violencia entre
1968 y 1998, las divisiones sociales entre unionistas y republicanos irlandeses
tienen su origen en la invasión del condado de Wexford en 1169 por parte de
Inglaterra. Por lo tanto tal y como se afirma en el film de Ken Loach son mas de
800 años de conflictos, terrorismo, guerra de guerrillas al borde de una guerra
civil que se ha cobrado la vida de muchos inocentes y que incluso a día de hoy
y a pesar del alto el fuego la violencia continúa de forma ocasional. Ken Loach y su guionista Jim
Allen partiendo de un hecho real como es el "Stalker Affair" de 1982
construyen la historia orientándola hacia otras áreas de la operación que no se
habían hecho públicas. John Stalker fue un policía británico que investigó el
tiroteo a unos supuestos miembros del IRA basado en alegaciones falsas.
En
Agenda Oculta su homónimo seria Peter Kerrigan (Brian Cox) que investiga la
muerte de un abogado pro-derechos humanos, Paul Sullivan (Brad Dourif) a manos de
miembros del Ulster (RUC) mientras viajaba con un simpatizante del IRA. Loach con
su estilo cercano al documental arranca el film con las declaraciones reales de
republicanos irlandeses sometidos a torturas para extraerles falso testimonio
frente a cuatro abogados norteamericanos; el ya mencionado Sullivan, Ingrid
Jessner (Frances McDormand), Moa (Mai Zetterling) y Henri (Bernard Bloch). Incluso
para dotar de realismo las interpretaciones de los actores, Loach quiso que
visitaran Belfast antes del rodaje para que experimentaran en primera persona
la impresión de pasear por sus calles literalmente tomadas por el ejército
británico y sus soldados armados en las puertas de los hoteles, imágenes todas
ellas presentes en Agenda Oculta. Estamos ante una magnífica cinta
de intriga con grandes interpretaciones de la musa de los Cohen, Frances
McDormand, que en su reparto incluye también a Mai Zetterling, mítica actriz y
directora sueca desde los años 40. Para la música se eligió a Stewart
Copeland, el que fuese batería de The Police. Ganó el Premio del Jurado en el
Festival de Cannes de 1990 a
pesar de ser tildada pro IRA por algunas personalidades tanto irlandesas como británicas,
nada mas lejos de la realidad, ya que el film de Ken Loach además de ser un
exhaustivo estudio de la situación del momento en Irlanda del Norte analiza
sobre todo cuáles son las líneas legales que se pueden traspasar para mantener
la estabilidad de un estado y la ética y búsqueda de la verdad que deben
mantener sus mandatarios.
Título original: Hidden Agenda.
Director: Ken Loach.
Intérpretes: Frances
McDormand, Brian
Cox, Mai
Zetterling, Brad
Dourif, Michelle
Fairley, Brian
McCann.
Berlín, años 60, en plena Guerra
Fría, el representante de la Coca-Cola en la RFA, MacNamara (James Cagney), se
plantea la introducción de esa bebida en Alemania Oriental, pues quiere
fortalecer su difícil posición dentro de la compañía, que está reticente a su
plan económico. Una serie de enredos familiares y diplomáticos, entre los
cuales la hija de su jefe en EEUU, se casa en Berlín con Otto, un joven
comunista de la RDA que acaba detenido en el Este por presuntas actividades
subversivas,, crean serios compromisos políticos y comerciales entre las dos
potencias. Conflicto del que saldrá triunfador Otto, a quien nombrarán máximo
dirigente de la empresa en Europa, y el propio McNamara. Con guión del propio Billy Wilder e
I.A.L. Diamond, según la obra teatral "Egy, kettó, ha’ rom de Ferenc Molnár
(1929)", una pieza que había triunfado en Brodway treinta años antes, adaptada
al contexto de la época, Uno, dos, treses una de las más agudas y divertidas
sátiras de la Guerra Fría, realizada con ingenio y sarcasmo por el maestro
Billy Wilder. Ingenio que se destila en toda la cinta. Así, el apellido del
protagonista es el mismo del recién nombrado secretario de Defensa del gobierno
Kenney, Robert S. McNamara o, como el gobierno oriental le prohibió rodar en
Berlín Este, al acabar de levantar el muro, dividiendo a la Ciudad en dos
sectores, se reconstruyó una réplica exacta de la histórica puerta de
Brandemburgo, a cargo de su colaborador habitual Alexander Trauner. La cinta está impregnada toda
ella de una genial causticidad, en la que intencionadamente, se caricaturizan
las formas que tanto norteamericanos como rusos establecieron desde el primer
momento del cierre del muro de Berlín. Una sátira política con un ritmo
endiablado y frenético y unos diálogos brillantes, igualmente a un ritmo
vertiginoso:
"-No hay más que cruzar la frontera al Berlín Oeste.
-Para usted es fácil decirlo porque es soltero pero si yo deserto, ¿adivinan
que harían a mi familia? Colocarlos de espalda al paredón y fusilarlos, mi
esposa, y mi suegra también, mi cuñada y mi cuñado y... ¡camaradas hagámoslo!"
James Cagney, uno de los mejores
actores de la historia del cine, tuvo mucho que ver en el resultado final, ya
que el realiza una divertida y espectacular composición del personaje de
MacNamara. Así, la Alemania nazi, los comunistas y singularmente los norteamericanos son
puestos en la picota por la dialéctica corrosiva de Wilder, así como una feroz
crítica a los sistemas que presidían las dos más grandes fuerzas del mundo, del
sistema capitalista y comunista, de la Guerra Fría, en definitiva, y
especialmente del papel de los Estados Unidos como potencia del mundo
occidental. Nada mejor que la Coca-cola para encarnar no sólo los valores de la
economía de mercado sino también el papel de la potencia estadounidenses sobre
Europa. Y todo ello en clave de maravillosa y loca comedia. Uno, dos, tres, influida
probablemente por la obra maestra de Ernst Lubistch, "Ninotchka (1939)", de la
cual Billy Wilder fue co-guionista, requiere siempre una revisión periódica a sus
desternillantes gags, como cualquier obra del genial director, sirviendo ésta
como retrato de las mentalidades de un periodo pasado.
"-¿Lista?
- Siempre lista…
-Mmmmmm…¡Uno! Llame a Raindhart & Raindhart Sastrería, y quiero que nos
envíen todo lo que tengan en la tienda de bueno: tres botones, solapas
estrechas, gris o azul oscuro, talla el… 39 normal.
-¡Dos! Llame a Plesquer Camisero, quiero ver camisas. Camisas de hilo cuello
blanco duro talla 39 o 40, calzoncillos nylon algodón talla 32, calcetines
tonos oscuros número 11 y medio, corbatas ni anchas ni estrechas ni demasiado
llamativas, también pijamas, pañuelos, gemelos, tirantes, etc, etc…
-¡Tres! Llame a Hoster y que nos envíe algunos zapatos modelos italianos marrón
y negros del número 42.
-¡Cuatro! Pida a la mejor sombrerería un surtido de sombreros, ni deportivos ni
de esos tiroleses, número… 59. ¡Corrección!. Después de pelarle creo que con el
56 vale…
-¡Cinco! Llame a los almacenes de Latollensy Strasy y dí que nos envíe un juego
de maletas para caballero cerdo u otro.
-¡Seis! A la joyería Ritz que manden una selección de alianzas de oro y anillos
de pedida, también un solitario, no menos de 2 kilates ni más de 4... ¡¡Que se
refriegue bien las orejas!!
-¡Siete! Llame al restaurant Coteller y que envíen una comida doble de lujo y
un servicio completo de mesa.
-¡Ocho! A un florista que confeccione un ramo de crisantemos, también dos
boutonier, claveles blancos.
-¿Alguna pregunta?"
Título original: One, Two, Three.
Director: Billy Wilder.
Intérpretes: James
Cagney, Pamela
Tiffin, Horst
Buchholz, Arlene
Francis, Liselotte
Pulver, Howard
St. John, Hanns
Lothar.
Berlín, años 60, en plena Guerra
Fría, el representante de la Coca-Cola en la RFA, MacNamara (James Cagney), se
plantea la introducción de esa bebida en Alemania Oriental, pues quiere
fortalecer su difícil posición dentro de la compañía, que está reticente a su
plan económico. Una serie de enredos familiares y diplomáticos, entre los
cuales la hija de su jefe en EEUU, se casa en Berlín con Otto, un joven
comunista de la RDA que acaba detenido en el Este por presuntas actividades
subversivas,, crean serios compromisos políticos y comerciales entre las dos
potencias. Conflicto del que saldrá triunfador Otto, a quien nombrarán máximo
dirigente de la empresa en Europa, y el propio McNamara. Con guión del propio Billy Wilder e
I.A.L. Diamond, según la obra teatral "Egy, kettó, ha’ rom de Ferenc Molnár
(1929)", una pieza que había triunfado en Brodway treinta años antes, adaptada
al contexto de la época, Uno, dos, treses una de las más agudas y divertidas
sátiras de la Guerra Fría, realizada con ingenio y sarcasmo por el maestro
Billy Wilder. Ingenio que se destila en toda la cinta. Así, el apellido del
protagonista es el mismo del recién nombrado secretario de Defensa del gobierno
Kenney, Robert S. McNamara o, como el gobierno oriental le prohibió rodar en
Berlín Este, al acabar de levantar el muro, dividiendo a la Ciudad en dos
sectores, se reconstruyó una réplica exacta de la histórica puerta de
Brandemburgo, a cargo de su colaborador habitual Alexander Trauner. La cinta está impregnada toda
ella de una genial causticidad, en la que intencionadamente, se caricaturizan
las formas que tanto norteamericanos como rusos establecieron desde el primer
momento del cierre del muro de Berlín. Una sátira política con un ritmo
endiablado y frenético y unos diálogos brillantes, igualmente a un ritmo
vertiginoso:
"-No hay más que cruzar la frontera al Berlín Oeste.
-Para usted es fácil decirlo porque es soltero pero si yo deserto, ¿adivinan
que harían a mi familia? Colocarlos de espalda al paredón y fusilarlos, mi
esposa, y mi suegra también, mi cuñada y mi cuñado y... ¡camaradas hagámoslo!"
James Cagney, uno de los mejores
actores de la historia del cine, tuvo mucho que ver en el resultado final, ya
que el realiza una divertida y espectacular composición del personaje de
MacNamara. Así, la Alemania nazi, los comunistas y singularmente los norteamericanos son
puestos en la picota por la dialéctica corrosiva de Wilder, así como una feroz
crítica a los sistemas que presidían las dos más grandes fuerzas del mundo, del
sistema capitalista y comunista, de la Guerra Fría, en definitiva, y
especialmente del papel de los Estados Unidos como potencia del mundo
occidental. Nada mejor que la Coca-cola para encarnar no sólo los valores de la
economía de mercado sino también el papel de la potencia estadounidenses sobre
Europa. Y todo ello en clave de maravillosa y loca comedia. Uno, dos, tres, influida
probablemente por la obra maestra de Ernst Lubistch, "Ninotchka (1939)", de la
cual Billy Wilder fue co-guionista, requiere siempre una revisión periódica a sus
desternillantes gags, como cualquier obra del genial director, sirviendo ésta
como retrato de las mentalidades de un periodo pasado.
"-¿Lista?
- Siempre lista…
-Mmmmmm…¡Uno! Llame a Raindhart & Raindhart Sastrería, y quiero que nos
envíen todo lo que tengan en la tienda de bueno: tres botones, solapas
estrechas, gris o azul oscuro, talla el… 39 normal.
-¡Dos! Llame a Plesquer Camisero, quiero ver camisas. Camisas de hilo cuello
blanco duro talla 39 o 40, calzoncillos nylon algodón talla 32, calcetines
tonos oscuros número 11 y medio, corbatas ni anchas ni estrechas ni demasiado
llamativas, también pijamas, pañuelos, gemelos, tirantes, etc, etc…
-¡Tres! Llame a Hoster y que nos envíe algunos zapatos modelos italianos marrón
y negros del número 42.
-¡Cuatro! Pida a la mejor sombrerería un surtido de sombreros, ni deportivos ni
de esos tiroleses, número… 59. ¡Corrección!. Después de pelarle creo que con el
56 vale…
-¡Cinco! Llame a los almacenes de Latollensy Strasy y dí que nos envíe un juego
de maletas para caballero cerdo u otro.
-¡Seis! A la joyería Ritz que manden una selección de alianzas de oro y anillos
de pedida, también un solitario, no menos de 2 kilates ni más de 4... ¡¡Que se
refriegue bien las orejas!!
-¡Siete! Llame al restaurant Coteller y que envíen una comida doble de lujo y
un servicio completo de mesa.
-¡Ocho! A un florista que confeccione un ramo de crisantemos, también dos
boutonier, claveles blancos.
-¿Alguna pregunta?"
Título original: One, Two, Three.
Director: Billy Wilder.
Intérpretes: James
Cagney, Pamela
Tiffin, Horst
Buchholz, Arlene
Francis, Liselotte
Pulver, Howard
St. John, Hanns
Lothar.
"Child 44" llegó a Cines de nuestro país de la mano de eOne
Films después de sufrir uno de los mayores fracasos de la historia reciente del
cine americano; producida por Ridley Scott y dirigida
por Daniel Espinosa ("Easy money (2010)",
"El invitado (2012)"), la adaptación de la novela basada en
los asesinatos reales de "El cirujano de Rostov" escrita en 1998
por Tom Rob Smith, apenas recaudo más de un millón de $ con un
presupuesto estimado entre 50/60 millones. Las razones de su fiasco se
relacionaron con las durísimas críticas negativas en la previa de su
lanzamiento y con el tono claramente desalentador de su historia, en estos
tiempos parece que nadie quiere ir a ver una película sobre un asesino de
niños, y menos aún si está ambientada en Europa. Pero, ojo, parece ser no fue
tomado en cuenta por sus productores, el hecho que desde 1990 con "La
caza del Octubre rojo" un film de (o con) actores americanos
dando vida a rusos o europeos con otro acento que no sea el suyo propio se han
contado por fiascos.
Analizando el film por su contenido y no por su
trayectoria, estamos ante un (buen, que no notable) drama de personajes
llevados al límite por sus creencias, acertadas o erróneas, y por sus
vivencias, y como un régimen cerrado, el de Stalin, destruyó enteramente una
nación por su obcecación por creerse perfecto y por querer crear un paraíso en
la tierra desde las cenizas de una Rusia caída. Lo mejor de El niño 44 pasa
por sus actores, desde un inmenso Tom Hardy, a una no menos
soberbia (herida en alma y vida) Noomi Rapace. En la segunda
escala a destacar encontraremos a Joel Kinnaman en un papel
hecho a su medida de inamovible rostro. Y al siempre enorme Gary Oldman como
un acabado general denostado en Volsk, a donde los azares del relato llevaran a
Leo Demidov (Hardy) por negarse a entregar a su mujer acusada sin pruebas de
traidora. Pequeños papeles para Vincent Cassel y Fares
Fares, este último en un personaje que promete mucho y luego se diluye como
un azucarillo. Menos tiempo de pantalla tiene Jason Clarke, el cual
han tenido la osadia de incluir en los carteles por lo menos en el momento de
su estreno en Cine cuando sale apenas en dos escenas y al comienzo del film,
dando vida a un hombre huido acusado de revolucionario. Cameo total es lo
de Charles Dance.
Desgranar el argumento de El niño 44 es
toda una odisea, tiene un gran número de sub-tramas todas ellas tremendamente
densas, y que pretende solventar en algo más de dos horas, una misión altamente
imposible. Los personajes centrales del relato son Leo Demidov (Hardy)
y su esposa Raisa (Rapace). El primero fue un superviviente proveniente de un
orfanato, adoptado por el régimen, y apodado Leo, como el Leon. Años después
Leo fue clave en la toma de Stalin de Rusia, y elevado a la categoría de héroe de
guerra. Recibió un puesto en la MGB, y se dedico a llevar a cabo su trabajo sin
cuestionar las ordenes, eso sí, no dispara un arma contra ningún ser humano en
toda la película. Algo que le costara numerosos enfrentamientos físicos y no
menos palizas. Cuando su vida parece ideal, aparece muerto el hijo de su mejor
amigo y compañero en el MGB, Alexei (Fares) con evidentes signos de haber sido
asesinado, la investigación dictamina que fue un accidente, y la autopsia es
manipulada, Leo es el encargado de leer el informe, aún sabiendo que en este
solo hay mentiras. Más tarde, tras mostrar sus (pequeñas) reticencias con el
caso, le instan a investigar a una sospechosa de traidora, su propia esposa.
Tras dudar de ella, e investigar, Leo dictamina ante sus superiores que Raisa
es inocente. Pero como respuesta recibe el destierro. Paralelamente se
alimentan las sub-tramas que siguen el oído acérrimo de Vasili (Joel Kinnaman)
hacia Leo, del que quiere su puesto en el MGB y su vida. Y los nuevos
asesinatos de sometidos por el ahora llamado ‘El cirujano’ que están dejando un
rastro de cadáveres siempre cerca de las vías del tren. Todo ello, mezclado con
los tremebundos azares que la vida les tiene guardados a Leo y Raisa,
condenados en vida a morir en el destierro de Volsk.
Con todos esos frentes abiertos, estaba
claro que una o varias de las historias paralelas de El niño 44 iban
a quedar o resultas rápida o fallidamente. Y eso es exactamente lo que sucede.
Solo la que sigue la vida en pareja de Leo y Raisa tiene un comienzo, un nudo y
desenlace claro, y bien resuelto, Magníficamente resuelto añadiría. Es tremenda
la entrega al personaje de Hardy (imprescindible su versión original) y la
fuerza para sobrevivir y adaptarse de Raisa, ojo a cuando le dice a su marido
las verdaderas razones por las que acepto casarse con él, tremendo testimonio.
Luego entra en escena Vasili, un tipo parco en palabras, con sed de sangre y
entregado totalmente al régimen, que odia de forma enfermiza a Leo, y cuya
misión será la de destruirle moral y luego físicamente. Pasa, que sus idas y
venidas en el metraje van restándole punch a su trama y a su
personaje, a favor del de ‘El cirujano’ cuya identidad en primera instancia es
escondida, y luego revelada de forma inesperada sin ningún tipo de sorpresa, y
con unas explicaciones casi nulas. No ayuda la desangelada interpretación del
actor elegido, y los motivos que da para hacer lo que hace. Todo eso, se mezcla
con la investigación de Leo para encontrar al asesino, y su vuelta a Moscú con
una identidad falsa. Hay un punto deno-retorno en El
niño 44 en donde el espectador pasa de creer que cualquier cosa puede
pasar a lo contrario. Es aquel en donde Leo, tras serle administrado el suero
de la verdad, es enviado en un vagón a Volsk de nuevo, pero con dos asesinos
que acabaran con su vida en mitad del camino. Es un momento tremendo, no tan
nítidamente filmado como debiera, pero conseguido en tensión. Pasa que si uno
acaba viendo como tras ser apalizado y acuchillados tanto Leo
como Raisa, siguen en la siguiente secuencia en pie, comienza a pensar que más
que supervivientes son inmortales.
Espinosa se apuntó un tanto con El invitado,
un thriller de acción que prometió hasta secuela. Pero aquí, en lugar de dar un
paso más allá, retrocede un peldaño, no sabiendo manejarse en una historia
demasiado densa, y a la vista de sus posibilidades, ambiciosa. Vale que nos da
una idea clara del Estado del miedo y la opresión que supuso el régimen de
Stalin. Y que su ambientación es sencillamente espectacular. Pero Espinosa, va
hilvanando escena de acción fallida (su toma de Rusia, con una set-pieces de
guerra en donde no se ve nada más que el fuego de los disparos) con otra
acertada (la caza al personaje de Jason Clarke) y así en sucesivas. Mientras
los actores, en su mayoría se entregan en cuerpo y alma a los personajes. Por
momentos parece que El niño 44 no sabe que quiere ser
sí un thriller de investigación o un drama de post-guerra, sí un film de acción
o una historia de odios arraigados al alma. Tiene un halo descarnado que
sobrevuela su historia, contiene momentos durísimos, pero navega en un mar de
dudas, e historias inconclusas. Eso sí, es un film que decididamente vale la
pena por la sobresaliente labor de Tom Hardy, con una de las mejores
interpretaciones del año. Una pena que casi nadie lo haya visto.
Título original: Child 44.
Director: Daniel Espinosa.
Reparto: Tom Hardy, Noomi Rapace, Gary Oldman, Fares
Fares, Joel Kinnaman, Vincent Cassel, Jason Clarke, Josef Altin, Ned Dennehy,
Charles Dance, Paddy Considine.
"Child 44" llegó a Cines de nuestro país de la mano de eOne
Films después de sufrir uno de los mayores fracasos de la historia reciente del
cine americano; producida por Ridley Scott y dirigida
por Daniel Espinosa ("Easy money (2010)",
"El invitado (2012)"), la adaptación de la novela basada en
los asesinatos reales de "El cirujano de Rostov" escrita en 1998
por Tom Rob Smith, apenas recaudo más de un millón de $ con un
presupuesto estimado entre 50/60 millones. Las razones de su fiasco se
relacionaron con las durísimas críticas negativas en la previa de su
lanzamiento y con el tono claramente desalentador de su historia, en estos
tiempos parece que nadie quiere ir a ver una película sobre un asesino de
niños, y menos aún si está ambientada en Europa. Pero, ojo, parece ser no fue
tomado en cuenta por sus productores, el hecho que desde 1990 con "La
caza del Octubre rojo" un film de (o con) actores americanos
dando vida a rusos o europeos con otro acento que no sea el suyo propio se han
contado por fiascos.
Analizando el film por su contenido y no por su
trayectoria, estamos ante un (buen, que no notable) drama de personajes
llevados al límite por sus creencias, acertadas o erróneas, y por sus
vivencias, y como un régimen cerrado, el de Stalin, destruyó enteramente una
nación por su obcecación por creerse perfecto y por querer crear un paraíso en
la tierra desde las cenizas de una Rusia caída. Lo mejor de El niño 44 pasa
por sus actores, desde un inmenso Tom Hardy, a una no menos
soberbia (herida en alma y vida) Noomi Rapace. En la segunda
escala a destacar encontraremos a Joel Kinnaman en un papel
hecho a su medida de inamovible rostro. Y al siempre enorme Gary Oldman como
un acabado general denostado en Volsk, a donde los azares del relato llevaran a
Leo Demidov (Hardy) por negarse a entregar a su mujer acusada sin pruebas de
traidora. Pequeños papeles para Vincent Cassel y Fares
Fares, este último en un personaje que promete mucho y luego se diluye como
un azucarillo. Menos tiempo de pantalla tiene Jason Clarke, el cual
han tenido la osadia de incluir en los carteles por lo menos en el momento de
su estreno en Cine cuando sale apenas en dos escenas y al comienzo del film,
dando vida a un hombre huido acusado de revolucionario. Cameo total es lo
de Charles Dance.
Desgranar el argumento de El niño 44 es
toda una odisea, tiene un gran número de sub-tramas todas ellas tremendamente
densas, y que pretende solventar en algo más de dos horas, una misión altamente
imposible. Los personajes centrales del relato son Leo Demidov (Hardy)
y su esposa Raisa (Rapace). El primero fue un superviviente proveniente de un
orfanato, adoptado por el régimen, y apodado Leo, como el Leon. Años después
Leo fue clave en la toma de Stalin de Rusia, y elevado a la categoría de héroe de
guerra. Recibió un puesto en la MGB, y se dedico a llevar a cabo su trabajo sin
cuestionar las ordenes, eso sí, no dispara un arma contra ningún ser humano en
toda la película. Algo que le costara numerosos enfrentamientos físicos y no
menos palizas. Cuando su vida parece ideal, aparece muerto el hijo de su mejor
amigo y compañero en el MGB, Alexei (Fares) con evidentes signos de haber sido
asesinado, la investigación dictamina que fue un accidente, y la autopsia es
manipulada, Leo es el encargado de leer el informe, aún sabiendo que en este
solo hay mentiras. Más tarde, tras mostrar sus (pequeñas) reticencias con el
caso, le instan a investigar a una sospechosa de traidora, su propia esposa.
Tras dudar de ella, e investigar, Leo dictamina ante sus superiores que Raisa
es inocente. Pero como respuesta recibe el destierro. Paralelamente se
alimentan las sub-tramas que siguen el oído acérrimo de Vasili (Joel Kinnaman)
hacia Leo, del que quiere su puesto en el MGB y su vida. Y los nuevos
asesinatos de sometidos por el ahora llamado ‘El cirujano’ que están dejando un
rastro de cadáveres siempre cerca de las vías del tren. Todo ello, mezclado con
los tremebundos azares que la vida les tiene guardados a Leo y Raisa,
condenados en vida a morir en el destierro de Volsk.
Con todos esos frentes abiertos, estaba
claro que una o varias de las historias paralelas de El niño 44 iban
a quedar o resultas rápida o fallidamente. Y eso es exactamente lo que sucede.
Solo la que sigue la vida en pareja de Leo y Raisa tiene un comienzo, un nudo y
desenlace claro, y bien resuelto, Magníficamente resuelto añadiría. Es tremenda
la entrega al personaje de Hardy (imprescindible su versión original) y la
fuerza para sobrevivir y adaptarse de Raisa, ojo a cuando le dice a su marido
las verdaderas razones por las que acepto casarse con él, tremendo testimonio.
Luego entra en escena Vasili, un tipo parco en palabras, con sed de sangre y
entregado totalmente al régimen, que odia de forma enfermiza a Leo, y cuya
misión será la de destruirle moral y luego físicamente. Pasa, que sus idas y
venidas en el metraje van restándole punch a su trama y a su
personaje, a favor del de ‘El cirujano’ cuya identidad en primera instancia es
escondida, y luego revelada de forma inesperada sin ningún tipo de sorpresa, y
con unas explicaciones casi nulas. No ayuda la desangelada interpretación del
actor elegido, y los motivos que da para hacer lo que hace. Todo eso, se mezcla
con la investigación de Leo para encontrar al asesino, y su vuelta a Moscú con
una identidad falsa. Hay un punto deno-retorno en El
niño 44 en donde el espectador pasa de creer que cualquier cosa puede
pasar a lo contrario. Es aquel en donde Leo, tras serle administrado el suero
de la verdad, es enviado en un vagón a Volsk de nuevo, pero con dos asesinos
que acabaran con su vida en mitad del camino. Es un momento tremendo, no tan
nítidamente filmado como debiera, pero conseguido en tensión. Pasa que si uno
acaba viendo como tras ser apalizado y acuchillados tanto Leo
como Raisa, siguen en la siguiente secuencia en pie, comienza a pensar que más
que supervivientes son inmortales.
Espinosa se apuntó un tanto con El invitado,
un thriller de acción que prometió hasta secuela. Pero aquí, en lugar de dar un
paso más allá, retrocede un peldaño, no sabiendo manejarse en una historia
demasiado densa, y a la vista de sus posibilidades, ambiciosa. Vale que nos da
una idea clara del Estado del miedo y la opresión que supuso el régimen de
Stalin. Y que su ambientación es sencillamente espectacular. Pero Espinosa, va
hilvanando escena de acción fallida (su toma de Rusia, con una set-pieces de
guerra en donde no se ve nada más que el fuego de los disparos) con otra
acertada (la caza al personaje de Jason Clarke) y así en sucesivas. Mientras
los actores, en su mayoría se entregan en cuerpo y alma a los personajes. Por
momentos parece que El niño 44 no sabe que quiere ser
sí un thriller de investigación o un drama de post-guerra, sí un film de acción
o una historia de odios arraigados al alma. Tiene un halo descarnado que
sobrevuela su historia, contiene momentos durísimos, pero navega en un mar de
dudas, e historias inconclusas. Eso sí, es un film que decididamente vale la
pena por la sobresaliente labor de Tom Hardy, con una de las mejores
interpretaciones del año. Una pena que casi nadie lo haya visto.
Título original: Child 44.
Director: Daniel Espinosa.
Reparto: Tom Hardy, Noomi Rapace, Gary Oldman, Fares
Fares, Joel Kinnaman, Vincent Cassel, Jason Clarke, Josef Altin, Ned Dennehy,
Charles Dance, Paddy Considine.
El argumento parte del asunto
histórico centrado en las maniobras de Enrique VIII para poder repudiar y
divorciarse de su primera esposa, Catalina de Aragón, ya que ésta no le
proporciona la descendencia que desea. Además, el monarca ya tiene una nueva amante
con la que pretende establecer un matrimonio legal, reconocido por la Iglesia
católica. Con el pretexto de asegurar su linaje y, alegando que su primer
matrimonio no fue del todo honesto, pues era la viuda de su hermano, inicia una
batalla política y teológica contra el poder de la Iglesia católica. Pero sus
intenciones son más complejas y sobre ese conflicto Iglesia- Estado existe en
realidad todo un entramado geoestratégico contra potencias religiosas de la
época como España y Francia. La cinta se centra en el
conflicto que enfrenta al rey Enrique VIII (Robert Shaw) y a su reciente
nombrado Lord Canciller Tomas Moro (Paul Scofield) tras la muerte de su
predecesor, el Cardenal Thomas Wolsey (Orson Welles). Pero la historia nuclear,
en realidad, es la que nos cuenta el enfrentamiento de un individuo con
principios frente al poder reinante y el séquito que lo ampara, el cual excusa
su ambición en el caprichoso manejo de las leyes. La escena inicial del film nos
presenta a Tomas Moro como un hombre honesto, justo, buen conocedor de las
leyes, la cuales respeta sin dejarse intimidar por ningún obsequio o presión de
cualquier poder fáctico. Antes de morir su predecesor, su entrevista con el
personaje que lo representa, Orson Welles como Cardenal sibilino, nos hace una
interesante y global descripción de Moro.
- Cardenal Thomas Wolsey. "Si pudiérais ver los hechos sin tanta moral, con un
poco de sentido común, seríais un buen político."
En efecto, Tomas Moro es un
hombre que mantiene intacta su fe en dios y en la Iglesia católica, al mismo
tiempo que es capaz de razonar y rebatir utilizando su gran intelecto. Un
hombre honesto o un ingenuo, un dilema que cada cual debe resolver viendo la
cinta. En una gran escena con su hija
Margaret (Susannah York), cuando el cerco sobre él se va cerrando por llevarle
la contraria al rey y no querer admitir su divorcio, siguiendo las órdenes del
Papa que no cede ante el rey Enrique VIII, y viendo venir los difíciles
momentos que se avecinan, ya que le obligarán a jurar que acepta a la nueva
reina, Ana Bolena, como esposa según las leyes de la Iglesia, Tomas Moro
recitará un diálogo que refleja toda su condición de hombre erudito, capaz de
mantener un espíritu religioso y su razón.
-Tomás Moro: "Escucha, Meg. Dios
hizo a los ángeles para revelar su esplendor. A los animales por su inocencia,
a las plantas por su sencillez. Pero al hombre lo creó para que
inteligentemente le sirviera con su razón…debemos servirnos de nuestro
ingenio para escapar ante esta dificultad."
El dilema que se presenta
entonces está centrado entre mantener una conciencia individual, entre la
libertad personal frente al poder y la presión de las Instituciones. La
libertad de pensamiento y el criterio de Moro están por encima de todo (no de
Dios, pues, como acaba de declarar Moro, de Él recibe el hombre la capacidad
racional). Desde el momento en que Tomas Moro lleva la contraria al rey, sus
contrincantes, entre ellos Thomas Cromwell (Leo Mc Kem) elaborarán todo un
maquiavélico plan para conseguir que sea juzgado por traición . Mediante
turbias maniobras, supuestamente amparadas en la ley, se mantendrán
interesantes discursos dialécticos entre Moro y Cromwell. Sin embargo, aunque
Tomas Moro sea presentado como hombre ingenuo por pensar que se librará de la
ira del rey amparándose en el correcto uso de la Ley, sus conocimientos de la
misma conducirán hacia una ardua tarea para poder juzgarlo por deslealtad. Es presionado por el Monarca, el Cardenal, el Secretario real, los Lores.
Igualmente, lo hacen sus discípulos y criados. Unas veces por conveniencia y
otras por propia ambición de poder y riqueza, como el caso de su antiguo
discípulo, Richard/ Rich (John Hurt), elemento definitivo de la trama que
consigue llevarlo a la muerte por traición.
Tomás Moro es descrito como hombre firme y severo, empezando consigo mismo. No
es un fanático: «No tengo madera de mártir». Duda, flaquea, confiesa tener
miedo y sufrir ansiedad. Tampoco desea ser un héroe. Pero no se lamenta, jamás
maldice. Son conmovedoras y magníficamente interpretadas por Paul Scofield, las
escenas donde quedan de manifiesto sus temores y vacilaciones, incluso su
debilidad ante el temor de perder a su familia. Fred Zinnemann, con un guión
basado en la obra teatral de su mismo autor, Robert Bolt, consigue trasladar
grandes diálogos a la pantalla basándose en todo un magnífico elenco de
actores, pero su cinta va más allá de la teatralidad del texto, ya que la
excelente fotografía de Ted Moore nos regala unos paisajes y una puesta en
escena absolutamente épica. También es destacable el vestuario, la ambientación
y el magistral montaje que utiliza planos visuales bien para expresar ideas:
Planos detalle de gárgolas, escudos o primeros planos de actores, con otros más
paisajísticos que sirven de elipsis en la trama, como la visión a través de la
pequeña ventana desde la Torre donde está encerrado Moro, la cual nos permite
adivinar el paso del tiempo y las estaciones para hacernos conocer su larga
estancia en prisión hasta su juicio y posterior ejecución. Un film que nos habla de la
política, de las dinastías reinantes, de cómo se modificaban las leyes para
proteger los deseos de los poderosos y de cómo un erudito se mantuvo firme
hasta el final sin traicionar sus principios.
Título original: A Man for All Seasons.
Director: Fred
Zinnemann.
Intérpretes: Paul
Scofield, Wendy
Hiller, Leo
McKern, Robert
Shaw, Orson
Welles, Susannah
York, Nigel
Davenport, John
Hurt, Corin
Redgrave, Colin
Blakely, Cyril
Luckham,Jack
Gwillim.
El argumento parte del asunto
histórico centrado en las maniobras de Enrique VIII para poder repudiar y
divorciarse de su primera esposa, Catalina de Aragón, ya que ésta no le
proporciona la descendencia que desea. Además, el monarca ya tiene una nueva amante
con la que pretende establecer un matrimonio legal, reconocido por la Iglesia
católica. Con el pretexto de asegurar su linaje y, alegando que su primer
matrimonio no fue del todo honesto, pues era la viuda de su hermano, inicia una
batalla política y teológica contra el poder de la Iglesia católica. Pero sus
intenciones son más complejas y sobre ese conflicto Iglesia- Estado existe en
realidad todo un entramado geoestratégico contra potencias religiosas de la
época como España y Francia. La cinta se centra en el
conflicto que enfrenta al rey Enrique VIII (Robert Shaw) y a su reciente
nombrado Lord Canciller Tomas Moro (Paul Scofield) tras la muerte de su
predecesor, el Cardenal Thomas Wolsey (Orson Welles). Pero la historia nuclear,
en realidad, es la que nos cuenta el enfrentamiento de un individuo con
principios frente al poder reinante y el séquito que lo ampara, el cual excusa
su ambición en el caprichoso manejo de las leyes. La escena inicial del film nos
presenta a Tomas Moro como un hombre honesto, justo, buen conocedor de las
leyes, la cuales respeta sin dejarse intimidar por ningún obsequio o presión de
cualquier poder fáctico. Antes de morir su predecesor, su entrevista con el
personaje que lo representa, Orson Welles como Cardenal sibilino, nos hace una
interesante y global descripción de Moro.
- Cardenal Thomas Wolsey. "Si pudiérais ver los hechos sin tanta moral, con un
poco de sentido común, seríais un buen político."
En efecto, Tomas Moro es un
hombre que mantiene intacta su fe en dios y en la Iglesia católica, al mismo
tiempo que es capaz de razonar y rebatir utilizando su gran intelecto. Un
hombre honesto o un ingenuo, un dilema que cada cual debe resolver viendo la
cinta. En una gran escena con su hija
Margaret (Susannah York), cuando el cerco sobre él se va cerrando por llevarle
la contraria al rey y no querer admitir su divorcio, siguiendo las órdenes del
Papa que no cede ante el rey Enrique VIII, y viendo venir los difíciles
momentos que se avecinan, ya que le obligarán a jurar que acepta a la nueva
reina, Ana Bolena, como esposa según las leyes de la Iglesia, Tomas Moro
recitará un diálogo que refleja toda su condición de hombre erudito, capaz de
mantener un espíritu religioso y su razón.
-Tomás Moro: "Escucha, Meg. Dios
hizo a los ángeles para revelar su esplendor. A los animales por su inocencia,
a las plantas por su sencillez. Pero al hombre lo creó para que
inteligentemente le sirviera con su razón…debemos servirnos de nuestro
ingenio para escapar ante esta dificultad."
El dilema que se presenta
entonces está centrado entre mantener una conciencia individual, entre la
libertad personal frente al poder y la presión de las Instituciones. La
libertad de pensamiento y el criterio de Moro están por encima de todo (no de
Dios, pues, como acaba de declarar Moro, de Él recibe el hombre la capacidad
racional). Desde el momento en que Tomas Moro lleva la contraria al rey, sus
contrincantes, entre ellos Thomas Cromwell (Leo Mc Kem) elaborarán todo un
maquiavélico plan para conseguir que sea juzgado por traición . Mediante
turbias maniobras, supuestamente amparadas en la ley, se mantendrán
interesantes discursos dialécticos entre Moro y Cromwell. Sin embargo, aunque
Tomas Moro sea presentado como hombre ingenuo por pensar que se librará de la
ira del rey amparándose en el correcto uso de la Ley, sus conocimientos de la
misma conducirán hacia una ardua tarea para poder juzgarlo por deslealtad. Es presionado por el Monarca, el Cardenal, el Secretario real, los Lores.
Igualmente, lo hacen sus discípulos y criados. Unas veces por conveniencia y
otras por propia ambición de poder y riqueza, como el caso de su antiguo
discípulo, Richard/ Rich (John Hurt), elemento definitivo de la trama que
consigue llevarlo a la muerte por traición.
Tomás Moro es descrito como hombre firme y severo, empezando consigo mismo. No
es un fanático: «No tengo madera de mártir». Duda, flaquea, confiesa tener
miedo y sufrir ansiedad. Tampoco desea ser un héroe. Pero no se lamenta, jamás
maldice. Son conmovedoras y magníficamente interpretadas por Paul Scofield, las
escenas donde quedan de manifiesto sus temores y vacilaciones, incluso su
debilidad ante el temor de perder a su familia. Fred Zinnemann, con un guión
basado en la obra teatral de su mismo autor, Robert Bolt, consigue trasladar
grandes diálogos a la pantalla basándose en todo un magnífico elenco de
actores, pero su cinta va más allá de la teatralidad del texto, ya que la
excelente fotografía de Ted Moore nos regala unos paisajes y una puesta en
escena absolutamente épica. También es destacable el vestuario, la ambientación
y el magistral montaje que utiliza planos visuales bien para expresar ideas:
Planos detalle de gárgolas, escudos o primeros planos de actores, con otros más
paisajísticos que sirven de elipsis en la trama, como la visión a través de la
pequeña ventana desde la Torre donde está encerrado Moro, la cual nos permite
adivinar el paso del tiempo y las estaciones para hacernos conocer su larga
estancia en prisión hasta su juicio y posterior ejecución. Un film que nos habla de la
política, de las dinastías reinantes, de cómo se modificaban las leyes para
proteger los deseos de los poderosos y de cómo un erudito se mantuvo firme
hasta el final sin traicionar sus principios.
Título original: A Man for All Seasons.
Director: Fred
Zinnemann.
Intérpretes: Paul
Scofield, Wendy
Hiller, Leo
McKern, Robert
Shaw, Orson
Welles, Susannah
York, Nigel
Davenport, John
Hurt, Corin
Redgrave, Colin
Blakely, Cyril
Luckham,Jack
Gwillim.
Principios de la década del
setenta, el mundo del rock se verá convulsionado por la irrupción del color, de
la fantasía y de la provocación. El glam rock, se apoderó de la escena musical
londinense, con sus fantasías interespaciales y su ambigüedad sexual. La figura que encabezaba este movimiento, había nacido en Londres el 8 de enero
de 1947 bajo el nombre de David Robert Jones; alcanzando popularidad como David
Bowie, quien en su papel de Ziggy Stardust (que terminaba asesinado por sus
fans), llevaría al glam rock a su máxima expresión. Ante el ascetismo de los músicos de fines de la década del sesenta, surgía un
mundo lleno de rimmel, lentejuelas, provocación, exhibicionismo, excesivo
maquillaje, brillos, homosexualidad, bisexualidad, voyeurismo, frivolidad,
fantasía... Pero bajo esta faceta de supuesta frivolidad, el glam puso en jaque
los valores sociales imperantes en la Londres de comienzos de los setenta,
teniendo una fuerza subversiva aún mayor de la que tendría el punk rock años
después. El film toma de manera muy libre
la estructura narrativa de Ciudadano Kane. En aquel film, se le encargaba a un
periodista la tarea de averiguar el significado de la última palabra de Charles
Foster Kane, la mítica Rosebud. Entrevistando a los más íntimos del magnate de
los medios y a través de estas miradas parciales y subjetivas, irá surgiendo la
compleja figura de Kane.
En Velvet Goldmine, el periodista Arthur Stuart
(Christian Bale) debe investigar qué ha sido de la estrella del glam Brian
Slade (John Rhys Davies) figura claramente inspirada en Bowie, diez años
después de su asesinato simulado en escena y desenmascarado 24 horas después.
Stuart entrevistará al primer manager de Slade (Eddie Izzard), a su ex mujer
(Toni Collette) y a Curt Wild (Ewan McGregor) alter ego del mismo, amante de
Slade y figura basada en Iggy Pop. Pero también, la investigación representará
un viaje al pasado (que había querido olvidar) para el periodista, quien supo
ser un ferviente en el sentido literal del término admirador de Slade y Wild;
reviviendo la época donde descubrió su incipiente homosexualidad, mientras se
masturbaba con las tapas de los discos de Slade. Velvet Goldmine es, también,
una historia de amor. Haynes lleva la bisexualidad del glam hacia lo más
profundo de las emociones, con un romance de explícita entrega entre Slade y
Wild.
Estamos en 1984, el desenfreno
vivido en los setenta ha quedado atrás, ahora se vive una época reaccionaria y
conservadora: aparece Reagan, Tatcher y el sida. Haynes contrapone la libertad
y los excesos de los setenta con una puesta en escena gris y fría en la Nueva
York de los ochenta. Pero Velvet Goldmine, no es una exaltación de la época del
glam en sí misma (ni un film nostálgico por lo que fue y nunca va a volver a
ser), sino que es utilizada por Haynes para demostrar cómo el poder y la
cultura no pueden tolerar los movimientos artísticos que se enfrentan a los
valores morales y sociales imperantes. Velvet Goldmine es un film
plagado de excesos, fantasía, colores estridentes y mucha música, con una banda
sonora antológica Los productores (entre los que figura Michael Stipe de REM)
sufrieron un revés cuando Bowie se negó a ceder sus canciones, lo que les dejó
un vacío difícil de llenar. Pero lo resolvieron hábilmente. Por un lado, incluyeron
gemas de artistas fundamentales de la época como T Rex, Roxy Music, Lou Reed y
Brian Eno. Además, armaron dos "super bandas" para que grabaran nuevas versiones
de algunos clásicos. Estas bandas eran "The Wylde Rattz" y sobre todo
"Venus in Furs" banda creada para la ocasión con miembros de
Radiohead, Roxy Music y Suede, que se encarga de tocar el repertorio de Brian
Slade. Por último, sumaron nuevas composiciones de grupos actuales como Pulp o
Shuder to Think hechas especialmente para la película, que lograron captar el
sonido característico del glam.
Frase para recordar:"El se llama Lucy y es muy
hermoso; se viste como una reina,
pero puede pegar como una mula,
un tipo rudo."
Director: Todd Haynes.
Intérpretes: Jonathan
Rhys Meyers, Ewan
McGregor, Toni
Collette, Christian
Bale, Eddie
Izzard, Emily
Woof.
Principios de la década del
setenta, el mundo del rock se verá convulsionado por la irrupción del color, de
la fantasía y de la provocación. El glam rock, se apoderó de la escena musical
londinense, con sus fantasías interespaciales y su ambigüedad sexual. La figura que encabezaba este movimiento, había nacido en Londres el 8 de enero
de 1947 bajo el nombre de David Robert Jones; alcanzando popularidad como David
Bowie, quien en su papel de Ziggy Stardust (que terminaba asesinado por sus
fans), llevaría al glam rock a su máxima expresión. Ante el ascetismo de los músicos de fines de la década del sesenta, surgía un
mundo lleno de rimmel, lentejuelas, provocación, exhibicionismo, excesivo
maquillaje, brillos, homosexualidad, bisexualidad, voyeurismo, frivolidad,
fantasía... Pero bajo esta faceta de supuesta frivolidad, el glam puso en jaque
los valores sociales imperantes en la Londres de comienzos de los setenta,
teniendo una fuerza subversiva aún mayor de la que tendría el punk rock años
después. El film toma de manera muy libre
la estructura narrativa de Ciudadano Kane. En aquel film, se le encargaba a un
periodista la tarea de averiguar el significado de la última palabra de Charles
Foster Kane, la mítica Rosebud. Entrevistando a los más íntimos del magnate de
los medios y a través de estas miradas parciales y subjetivas, irá surgiendo la
compleja figura de Kane.
En Velvet Goldmine, el periodista Arthur Stuart
(Christian Bale) debe investigar qué ha sido de la estrella del glam Brian
Slade (John Rhys Davies) figura claramente inspirada en Bowie, diez años
después de su asesinato simulado en escena y desenmascarado 24 horas después.
Stuart entrevistará al primer manager de Slade (Eddie Izzard), a su ex mujer
(Toni Collette) y a Curt Wild (Ewan McGregor) alter ego del mismo, amante de
Slade y figura basada en Iggy Pop. Pero también, la investigación representará
un viaje al pasado (que había querido olvidar) para el periodista, quien supo
ser un ferviente en el sentido literal del término admirador de Slade y Wild;
reviviendo la época donde descubrió su incipiente homosexualidad, mientras se
masturbaba con las tapas de los discos de Slade. Velvet Goldmine es, también,
una historia de amor. Haynes lleva la bisexualidad del glam hacia lo más
profundo de las emociones, con un romance de explícita entrega entre Slade y
Wild.
Estamos en 1984, el desenfreno
vivido en los setenta ha quedado atrás, ahora se vive una época reaccionaria y
conservadora: aparece Reagan, Tatcher y el sida. Haynes contrapone la libertad
y los excesos de los setenta con una puesta en escena gris y fría en la Nueva
York de los ochenta. Pero Velvet Goldmine, no es una exaltación de la época del
glam en sí misma (ni un film nostálgico por lo que fue y nunca va a volver a
ser), sino que es utilizada por Haynes para demostrar cómo el poder y la
cultura no pueden tolerar los movimientos artísticos que se enfrentan a los
valores morales y sociales imperantes. Velvet Goldmine es un film
plagado de excesos, fantasía, colores estridentes y mucha música, con una banda
sonora antológica Los productores (entre los que figura Michael Stipe de REM)
sufrieron un revés cuando Bowie se negó a ceder sus canciones, lo que les dejó
un vacío difícil de llenar. Pero lo resolvieron hábilmente. Por un lado, incluyeron
gemas de artistas fundamentales de la época como T Rex, Roxy Music, Lou Reed y
Brian Eno. Además, armaron dos "super bandas" para que grabaran nuevas versiones
de algunos clásicos. Estas bandas eran "The Wylde Rattz" y sobre todo
"Venus in Furs" banda creada para la ocasión con miembros de
Radiohead, Roxy Music y Suede, que se encarga de tocar el repertorio de Brian
Slade. Por último, sumaron nuevas composiciones de grupos actuales como Pulp o
Shuder to Think hechas especialmente para la película, que lograron captar el
sonido característico del glam.
Frase para recordar:"El se llama Lucy y es muy
hermoso; se viste como una reina,
pero puede pegar como una mula,
un tipo rudo."
Director: Todd Haynes.
Intérpretes: Jonathan
Rhys Meyers, Ewan
McGregor, Toni
Collette, Christian
Bale, Eddie
Izzard, Emily
Woof.
En cierta ocasión, Heywood Allen Stewart
Konigsberg, más conocido como Woody Allen, comentó a un periodista que lo peor
que podía ocurrirle era morirse sin haber filmado todas las ideas que lleva
dentro. Fiel a su cita anual en las carteleras de todo el mundo, el realizador
norteamericano continúa derrochando y compartiendo con sus fans su inagotable
fuente creativa. Nacido el 1 de diciembre de 1935, el cineasta neoyorkino parece
pletórico en su vigor para escribir y rodar su filme anual, práctica que lleva
realizando de manera estable desde los primeros años 80. Allen debutó detrás de
la cámara a finales de los años 60 con el estupendo filme Toma el dinero ycorre (Take the Money and Run, EEUU, 1969) que él mismo denomina una sucesión
de bromas que, para sostener la atención del público, cada una de ellas tenía
que ser superior a la anterior. Su labor delante y tras la cámara, la ha
compaginado con la televisión, el teatro, guiones e interpretaciones para otros
cineastas y por supuesto, con el clarinete, pasión incompatible con acudir a la
ceremonia de entrega de los premios Oscars de Hollywood.
El realizador lleva nada menos que cinco
décadas acudiendo puntualmente a las carteleras de todo el mundo. Cinco décadas
de intensa hiperactividad. En los años 50, desde muy joven, ya vendía chistes a
famosos columnistas y cómicos profesionales como Ed Sullivan, Sid Cesar o Pat
Boone. Durante los años 60 sorprendía con sus chispeantes monólogos y sketchs
en clubes, salas de fiestas, revistas de Broadway y en programas de televisión.
En estos años 60 comenzaban sus personales coqueteos con el cine en películas como
¿Qué tal Pussycat? (What´s new, Pussycat, 1965), de Clive Donner y Richard
Talmage o Casino Royale (EEUU, 1967), esa comedia coral de actores y directores
varios donde Allen interpreta a un paródico "Jimmy" Bond. La década termina,
como decíamos, con la dirección de su opera prima. Desde sus primeros pasos, el
artista hacía gala de su personal idiosincrasia cómica, que lo ha convertido en
un icono de la cultura del siglo XX.
Tan sólo poder sostener ese ritmo, terapéutico
para sí, como también ha confesado más de una vez, resulta particularmente
meritorio. En los últimos años, se ha tenido que reinventar (como todos los
ciudadanos de este universo en crisis) para conseguir la necesaria financiación
para poder hacer su peliculita anual. De ahí ciertos paseos por las capitales
europeas que han dado algunos títulos memorables, con Match Point (Reino Unido,2005) y Medianoche en París (Midnight In Paris, EEUU, 2011) a la cabeza.
2. EL GUIONISTA PRESTIDIGITADOR.
Resulta particularmente asombroso cómo el
cineasta mantiene intacta su capacidad de construir ingeniosos libretos, auténticos
mecanismos de relojería, sin perder de vista la realidad vigente al momento de
estreno de cada filme. Woody Allen es un atento espectador de su tiempo y un
maravilloso"“prestidigitador" de los guiones. Conoce sus mecanismos, sus entrañas
(como para no hacerlo después de tanto tiempo escribiendo libretos, que son
estudiados meticulosamente en las universidades de cine). El cineasta sabe
perfectamente lo que quiere de cada guión y siempre tiene claro cómo construir
una trama de la manera más atractiva y eficaz posible, buscando el chiste
intelectual, cierto, pero siempre armónico con la construcción o reacción del
personaje o con la concreta necesidad de cada argumento. Maestros del cine clásico
como Billy Wilder y su guionista habitual IAL Diamond se planteaban la
escritura de esa manera.
Dentro de este objetivo de culto al guión
(que muchos consideran, probablemente con cierta base de razón, que el artista es
demasiado esclavo del mismo y da poco margen a la improvisación), Allen domina
algo muy importante: que la resolución de su historia no chirríe, es decir que
la resolución sea coherente y una consecuencia de la suma de ciertos detalles
que ya nos ha facilitado previamente. Esos detalles se encuentran siempre hábilmente
integrados y mimetizados con el resto de la trama. "El diablo está en los
detalles", reza el proverbio anglosajón y el astuto cineasta lo lleva a sus últimas
consecuencias. En el guión de Irrational Man es muy importante el sensacional
uso de lo que en el argot de los escritores se denomina “el precedente”. Es
aquel recurso o instrumento en la escritura del guión que es imperativo colocar
en la trama. Hay que hacerlo con mucha astucia, pues se pretende facilitar al
espectador una información necesaria para que todo encaje, sin desvelar la
conclusión de la historia. Es un elemento fundamental, teniendo en cuenta lo astuto
que es el espectador actual, curtido en miles de películas y por tanto capaz de
prever (casi) todo. Colocar adecuadamente el precedente significa darle al
espectador un detalle perceptible (un objeto, una habilidad, una experiencia
vital), que sea relevante para la sorpresa en la secuencia final y la resolución
de la trama. Lo importante en su introducción, es que, al ver ese precedente,
no sepamos que se trata de un precedente. Al verlo, no debemos ni siquiera vislumbrar
el final, o cómo el héroe solucionará la historia. Sólo debemos descubrirlo
cuando nos reencontremos con ese detalle al final del filme. Si la conclusión
nos sorprende, pero al mismo tiempo nos mostramos complacidos por caer en la
cuenta en ese instante, en que ya nos habían dado el detalle relevante unas
cuantas secuencias atrás, entonces el precedente habrá encajado de un modo
perfecto. Pues bien, el precedente que determina la azarosa resolución del
filme, está maravillosamente colocado en Irrational Man.
3. EL CINEASTA ERUDITO.
El filme que analizamos comparte trama
criminal con algunas de sus trabajos más brillantes como Delitos y faltas
(Crime and Misdemeanors, EEUU, 1989), Misterioso Asesinato en Manhattan (Manhattan
Murder Mistery, EEUU, 1993), la citada Match Point, Scoop (Reino Unido, 2006), o
la no tan redonda El Sueño de Cassandra (Cassandra´s Dream, Reino Unido, 2007).
También comparte algunos guiños un tanto simples, pero bien introducidos, al
universo del escritor Fedor Dostoiewski en general. Así el protagonista del
filme lee El Idiota y Jill, la protagonista femenina, dice en un momento determinado
que ha leído toda la obra del escritor. Allen centra su homenaje al escritor
ruso en la excelente novela Crimen y Castigo. Su pasión por esta novela ya
apuntalaban las mencionadas Delitos y Faltas y Match Point. A diferencia de
Raskolnikov, el protagonista de la densa novela rusa, Abe (un excelente Joaquín
Phoenix), no quiere cometer un asesinato y salir impune para reforzar ese
sentimiento de que es superior al resto de la humanidad, de que está por encima
del bien y del mal, sino como una manera de revitalizarse, de recuperar la ilusión
por vivir, como una forma de redimirse a sí mismo en relación a ese hastío
vital del que hace gala desde su aparición en pantalla. La sola idea de matar a
un personaje concreto, fruto de escuchar de manera casual una conversación en
una cafetería, de su convencimiento de que el mundo será un lugar mejor sin ese
Juez que ha retirado la custodia de sus hijos a una joven, hace que el profesor
de filosofía protagonista recupere su plenitud sexual, disfuncional desde hace
un año.
El filme, como todos los de la filmografía
de su autor, tiende la mano hacia multitud de referencias. Así, las citas a
Dostoiewski, se mezclan armónicamente a las alusiones a la filósofa alemana de
origen judío, Hannah Arendt y su revolucionario Estudio sobre la Banalidad del mal, o a
reflexiones ácidas en torno a Kant, Kierkegald y la filosofía en general (que
para el protagonista no es más que una gran paja mental). Las referencias son utilizadas
por los personajes como auténticos dardos verbales que componen los chispeantes
diálogos y el devenir de los personajes a lo largo de la trama. En el terreno
de la cinefilia, palpable es también la influencia del cineasta británico
Alfred Hitchcock y sus dos filmes Extraños en un tren (1951) (la idea del crimen
ajeno, con el que no puedan relacionar a su autor, al no tener la menor relación
con la víctima ni un móvil para ejecutar tal acto) y La Sombra de una duda (1943) (la labor
detectivesca de Teresa Wright, que va enlazando todos los cabos que llevan
hacia los crímenes de su tío Joseph Cotten). Todo este mestizaje tiene lugar sin
abandonar el tono de comedia de enredos sexuales, objetivo en el que el
personaje interpretado por la excelente actriz Parker Posey, presente también
en el reparto de su siguiente filme, cobra pleno protagonismo. Pocas veces
hemos visto a un personaje con tanta carga sexual en un filme de Woody Allen.
4. EL CINEASTA RACIONAL.
Como realizador, Allen es un cineasta
eficaz. Sus primeros filmes rezumaban cierta frescura en esa mencionada sucesión
de gags, sin coherencia narrativa. El devenir de los años le ha dado,
obviamente, un inmenso bagaje a sus espaldas. Allen se ha convertido en un
cineasta técnico, cuya elaborada puesta en escena obedece a un método y un
objetivo armónicos. Tiene un ojo muy especial no sólo para escoger actores (ve
películas y está al día respecto a ellos), sino también para algo muy importante:
para escoger y utilizar las localizaciones más adecuadas para cada escena. Es
algo que puede parecer absolutamente baladí, pero que deviene en magistral en
el cine de Allen. Su anterior película, Magia a la Luz de la luna (Magic in the
Moonlight, EEUU, 2014), ese delicioso homenaje a la comedia de los años 30, es
especialmente memorable en cuanto a las localizaciones y la colorida iluminación
de las mismas. La fotografía del iraní Darius Khonji en las andanzas de Colin Firth
y Emma Stone por la costa francesa en la década de entreguerras, no puede ser más
diferente que en las andanzas de Joaquín Phoenix y nuevamente Emma Stone por el
Campus Universitario de Newport, Rhode Island en la actualidad. Sin embargo en
ambas películas el escenario donde se mueven los personajes tiene un particular
peso específico. Dos filmes completamente diferentes, tanto en cuanto a puesta
en escena como en cuanto a iluminación. Mucho más colorida aquella, más claro
oscuro ésta, que pone de relieve la memorable labor del operador habitual en
los últimos filmes de Allen, regularmente desde la mencionada Medianoche en París,
pero que ya había fotografiado Todo lo demás (Anything Else, EEUU, 2003).
La pericia narrativa del veterano
cineasta nos regala en Irrational Man instantes como ese plano medio de Abe
(Joaquín Phoenix) en la playa desde el punto de vista de la joven Jill (Emma
Stone), las charlas en los bares universitarios, los paseos de Abe y Jill por
el campus, la secuencia del crimen en el parque (sencillamente memorable), el
cambio de escenario en la conversación de la cafetería, que comienza con una de
las charlas de los dos protagonistas y en un momento dado la joven invita a su
profesor a escuchar la conversación que tienen lugar en la mesa de detrás.
Allen traslada sutilmente la secuencia a dicha mesa. Cada escena, por tanto,
cumple una específica y clave función escalonada y meticulosamente planeada en
el todo de la trama. Los actores, como siempre en Allen, cumplen y ejecutan su
labor con mucha comprensión y entrega.
5. EL CINEASTA ATENTO OBSERVADOR DE SU
TIEMPO.
Pese a la edad que tiene el cineasta
sorprende del visionado de Irrational Man, lo bien que conoce y está al
corriente acerca de las actuales confusas relaciones amorosas-sentimentales,
tan inciertas, hirientes e impersonales, propias de estos "días extraños" (que
diría el cantante y poeta Jim Morrison) que vivimos. Si el escritor W. Somerset
Maugham afirmaba que se percataba acerca de lo mayor que se estaba haciendo por
el implacable hecho de que perdía la consciencia de aquello que acontecía a su
alrededor, podemos afirmar que Woody Allen, pese a ser octogenario, es un hombre
joven. (Billy Wilder se definió a si mismo en la recogida de un premio como un
joven de 90 años).
El capricho-atracción incontenible que
hoy caracterizan a las relaciones, donde damos una rienda suelta nada reflexiva
a esa momentánea atracción hacia otra persona, queda notablemente expuesto en
el filme. Hablamos de esa atracción visceral que, por la vía del dolo eventual (o
daño colateral), hace que la persona cuente con la posibilidad de hacer daño,
bien a su pareja estable, bien a la persona objeto de atracción. Esa
posibilidad que en la mayoría de los casos es gestionada como un pensamiento
incómodo que rápidamente se quiere expiar con un simple encogerse de hombros y un "no puedo evitarlo" que nos susurramos a nosotros mismos. Pues bien, ese
irracional capricho-atracción de hoy, es la huida despavorida, igualmente
irracional, de mañana. Hoy te deseo y estoy enamorado/a de ti, mañana te acompaño
en tu sufrimiento, "pero sólo como amigo/a, ¿eh?". Cuidado con los espejismos y
los cantos de sirenas. Cuidado con los aparentes afectos desproporcionados que
no soporten la menor criba de la razón. Debemos atrincherarnos en nuestros
sensibles corazones y no permitamos que unas meras lisonjas y halagos sin venir
a cuento, nos arrastren a decisiones irracionales que a corto plazo nos harán
sufrir y a largo plazo pueden llevarnos a la permanente desilusión y
escepticismo, convirtiéndonos en náufragos emocionales.
Todo esto, entre otras cosas, parece
querer decirnos Woody Allen en su nueva obra maestra, nada irracional. Una película
tan premeditada como el meticuloso asesinato del filme: a plena luz del día y
en un escenario público, pero modélico en cuanto su discreción y eficacia.
Director: Woody Allen.
Intérpretes: Joaquin
Phoenix, Emma
Stone, Jamie
Blackley, Parker
Posey, Ethan
Phillips, Julie
Ann Dawson, Mark
Burzenski, Gary
Wilmes, Geoff
Schuppert.
En cierta ocasión, Heywood Allen Stewart
Konigsberg, más conocido como Woody Allen, comentó a un periodista que lo peor
que podía ocurrirle era morirse sin haber filmado todas las ideas que lleva
dentro. Fiel a su cita anual en las carteleras de todo el mundo, el realizador
norteamericano continúa derrochando y compartiendo con sus fans su inagotable
fuente creativa. Nacido el 1 de diciembre de 1935, el cineasta neoyorkino parece
pletórico en su vigor para escribir y rodar su filme anual, práctica que lleva
realizando de manera estable desde los primeros años 80. Allen debutó detrás de
la cámara a finales de los años 60 con el estupendo filme Toma el dinero ycorre (Take the Money and Run, EEUU, 1969) que él mismo denomina una sucesión
de bromas que, para sostener la atención del público, cada una de ellas tenía
que ser superior a la anterior. Su labor delante y tras la cámara, la ha
compaginado con la televisión, el teatro, guiones e interpretaciones para otros
cineastas y por supuesto, con el clarinete, pasión incompatible con acudir a la
ceremonia de entrega de los premios Oscars de Hollywood.
El realizador lleva nada menos que cinco
décadas acudiendo puntualmente a las carteleras de todo el mundo. Cinco décadas
de intensa hiperactividad. En los años 50, desde muy joven, ya vendía chistes a
famosos columnistas y cómicos profesionales como Ed Sullivan, Sid Cesar o Pat
Boone. Durante los años 60 sorprendía con sus chispeantes monólogos y sketchs
en clubes, salas de fiestas, revistas de Broadway y en programas de televisión.
En estos años 60 comenzaban sus personales coqueteos con el cine en películas como
¿Qué tal Pussycat? (What´s new, Pussycat, 1965), de Clive Donner y Richard
Talmage o Casino Royale (EEUU, 1967), esa comedia coral de actores y directores
varios donde Allen interpreta a un paródico "Jimmy" Bond. La década termina,
como decíamos, con la dirección de su opera prima. Desde sus primeros pasos, el
artista hacía gala de su personal idiosincrasia cómica, que lo ha convertido en
un icono de la cultura del siglo XX.
Tan sólo poder sostener ese ritmo, terapéutico
para sí, como también ha confesado más de una vez, resulta particularmente
meritorio. En los últimos años, se ha tenido que reinventar (como todos los
ciudadanos de este universo en crisis) para conseguir la necesaria financiación
para poder hacer su peliculita anual. De ahí ciertos paseos por las capitales
europeas que han dado algunos títulos memorables, con Match Point (Reino Unido,2005) y Medianoche en París (Midnight In Paris, EEUU, 2011) a la cabeza.
2. EL GUIONISTA PRESTIDIGITADOR.
Resulta particularmente asombroso cómo el
cineasta mantiene intacta su capacidad de construir ingeniosos libretos, auténticos
mecanismos de relojería, sin perder de vista la realidad vigente al momento de
estreno de cada filme. Woody Allen es un atento espectador de su tiempo y un
maravilloso"“prestidigitador" de los guiones. Conoce sus mecanismos, sus entrañas
(como para no hacerlo después de tanto tiempo escribiendo libretos, que son
estudiados meticulosamente en las universidades de cine). El cineasta sabe
perfectamente lo que quiere de cada guión y siempre tiene claro cómo construir
una trama de la manera más atractiva y eficaz posible, buscando el chiste
intelectual, cierto, pero siempre armónico con la construcción o reacción del
personaje o con la concreta necesidad de cada argumento. Maestros del cine clásico
como Billy Wilder y su guionista habitual IAL Diamond se planteaban la
escritura de esa manera.
Dentro de este objetivo de culto al guión
(que muchos consideran, probablemente con cierta base de razón, que el artista es
demasiado esclavo del mismo y da poco margen a la improvisación), Allen domina
algo muy importante: que la resolución de su historia no chirríe, es decir que
la resolución sea coherente y una consecuencia de la suma de ciertos detalles
que ya nos ha facilitado previamente. Esos detalles se encuentran siempre hábilmente
integrados y mimetizados con el resto de la trama. "El diablo está en los
detalles", reza el proverbio anglosajón y el astuto cineasta lo lleva a sus últimas
consecuencias. En el guión de Irrational Man es muy importante el sensacional
uso de lo que en el argot de los escritores se denomina “el precedente”. Es
aquel recurso o instrumento en la escritura del guión que es imperativo colocar
en la trama. Hay que hacerlo con mucha astucia, pues se pretende facilitar al
espectador una información necesaria para que todo encaje, sin desvelar la
conclusión de la historia. Es un elemento fundamental, teniendo en cuenta lo astuto
que es el espectador actual, curtido en miles de películas y por tanto capaz de
prever (casi) todo. Colocar adecuadamente el precedente significa darle al
espectador un detalle perceptible (un objeto, una habilidad, una experiencia
vital), que sea relevante para la sorpresa en la secuencia final y la resolución
de la trama. Lo importante en su introducción, es que, al ver ese precedente,
no sepamos que se trata de un precedente. Al verlo, no debemos ni siquiera vislumbrar
el final, o cómo el héroe solucionará la historia. Sólo debemos descubrirlo
cuando nos reencontremos con ese detalle al final del filme. Si la conclusión
nos sorprende, pero al mismo tiempo nos mostramos complacidos por caer en la
cuenta en ese instante, en que ya nos habían dado el detalle relevante unas
cuantas secuencias atrás, entonces el precedente habrá encajado de un modo
perfecto. Pues bien, el precedente que determina la azarosa resolución del
filme, está maravillosamente colocado en Irrational Man.
3. EL CINEASTA ERUDITO.
El filme que analizamos comparte trama
criminal con algunas de sus trabajos más brillantes como Delitos y faltas
(Crime and Misdemeanors, EEUU, 1989), Misterioso Asesinato en Manhattan (Manhattan
Murder Mistery, EEUU, 1993), la citada Match Point, Scoop (Reino Unido, 2006), o
la no tan redonda El Sueño de Cassandra (Cassandra´s Dream, Reino Unido, 2007).
También comparte algunos guiños un tanto simples, pero bien introducidos, al
universo del escritor Fedor Dostoiewski en general. Así el protagonista del
filme lee El Idiota y Jill, la protagonista femenina, dice en un momento determinado
que ha leído toda la obra del escritor. Allen centra su homenaje al escritor
ruso en la excelente novela Crimen y Castigo. Su pasión por esta novela ya
apuntalaban las mencionadas Delitos y Faltas y Match Point. A diferencia de
Raskolnikov, el protagonista de la densa novela rusa, Abe (un excelente Joaquín
Phoenix), no quiere cometer un asesinato y salir impune para reforzar ese
sentimiento de que es superior al resto de la humanidad, de que está por encima
del bien y del mal, sino como una manera de revitalizarse, de recuperar la ilusión
por vivir, como una forma de redimirse a sí mismo en relación a ese hastío
vital del que hace gala desde su aparición en pantalla. La sola idea de matar a
un personaje concreto, fruto de escuchar de manera casual una conversación en
una cafetería, de su convencimiento de que el mundo será un lugar mejor sin ese
Juez que ha retirado la custodia de sus hijos a una joven, hace que el profesor
de filosofía protagonista recupere su plenitud sexual, disfuncional desde hace
un año.
El filme, como todos los de la filmografía
de su autor, tiende la mano hacia multitud de referencias. Así, las citas a
Dostoiewski, se mezclan armónicamente a las alusiones a la filósofa alemana de
origen judío, Hannah Arendt y su revolucionario Estudio sobre la Banalidad del mal, o a
reflexiones ácidas en torno a Kant, Kierkegald y la filosofía en general (que
para el protagonista no es más que una gran paja mental). Las referencias son utilizadas
por los personajes como auténticos dardos verbales que componen los chispeantes
diálogos y el devenir de los personajes a lo largo de la trama. En el terreno
de la cinefilia, palpable es también la influencia del cineasta británico
Alfred Hitchcock y sus dos filmes Extraños en un tren (1951) (la idea del crimen
ajeno, con el que no puedan relacionar a su autor, al no tener la menor relación
con la víctima ni un móvil para ejecutar tal acto) y La Sombra de una duda (1943) (la labor
detectivesca de Teresa Wright, que va enlazando todos los cabos que llevan
hacia los crímenes de su tío Joseph Cotten). Todo este mestizaje tiene lugar sin
abandonar el tono de comedia de enredos sexuales, objetivo en el que el
personaje interpretado por la excelente actriz Parker Posey, presente también
en el reparto de su siguiente filme, cobra pleno protagonismo. Pocas veces
hemos visto a un personaje con tanta carga sexual en un filme de Woody Allen.
4. EL CINEASTA RACIONAL.
Como realizador, Allen es un cineasta
eficaz. Sus primeros filmes rezumaban cierta frescura en esa mencionada sucesión
de gags, sin coherencia narrativa. El devenir de los años le ha dado,
obviamente, un inmenso bagaje a sus espaldas. Allen se ha convertido en un
cineasta técnico, cuya elaborada puesta en escena obedece a un método y un
objetivo armónicos. Tiene un ojo muy especial no sólo para escoger actores (ve
películas y está al día respecto a ellos), sino también para algo muy importante:
para escoger y utilizar las localizaciones más adecuadas para cada escena. Es
algo que puede parecer absolutamente baladí, pero que deviene en magistral en
el cine de Allen. Su anterior película, Magia a la Luz de la luna (Magic in the
Moonlight, EEUU, 2014), ese delicioso homenaje a la comedia de los años 30, es
especialmente memorable en cuanto a las localizaciones y la colorida iluminación
de las mismas. La fotografía del iraní Darius Khonji en las andanzas de Colin Firth
y Emma Stone por la costa francesa en la década de entreguerras, no puede ser más
diferente que en las andanzas de Joaquín Phoenix y nuevamente Emma Stone por el
Campus Universitario de Newport, Rhode Island en la actualidad. Sin embargo en
ambas películas el escenario donde se mueven los personajes tiene un particular
peso específico. Dos filmes completamente diferentes, tanto en cuanto a puesta
en escena como en cuanto a iluminación. Mucho más colorida aquella, más claro
oscuro ésta, que pone de relieve la memorable labor del operador habitual en
los últimos filmes de Allen, regularmente desde la mencionada Medianoche en París,
pero que ya había fotografiado Todo lo demás (Anything Else, EEUU, 2003).
La pericia narrativa del veterano
cineasta nos regala en Irrational Man instantes como ese plano medio de Abe
(Joaquín Phoenix) en la playa desde el punto de vista de la joven Jill (Emma
Stone), las charlas en los bares universitarios, los paseos de Abe y Jill por
el campus, la secuencia del crimen en el parque (sencillamente memorable), el
cambio de escenario en la conversación de la cafetería, que comienza con una de
las charlas de los dos protagonistas y en un momento dado la joven invita a su
profesor a escuchar la conversación que tienen lugar en la mesa de detrás.
Allen traslada sutilmente la secuencia a dicha mesa. Cada escena, por tanto,
cumple una específica y clave función escalonada y meticulosamente planeada en
el todo de la trama. Los actores, como siempre en Allen, cumplen y ejecutan su
labor con mucha comprensión y entrega.
5. EL CINEASTA ATENTO OBSERVADOR DE SU
TIEMPO.
Pese a la edad que tiene el cineasta
sorprende del visionado de Irrational Man, lo bien que conoce y está al
corriente acerca de las actuales confusas relaciones amorosas-sentimentales,
tan inciertas, hirientes e impersonales, propias de estos "días extraños" (que
diría el cantante y poeta Jim Morrison) que vivimos. Si el escritor W. Somerset
Maugham afirmaba que se percataba acerca de lo mayor que se estaba haciendo por
el implacable hecho de que perdía la consciencia de aquello que acontecía a su
alrededor, podemos afirmar que Woody Allen, pese a ser octogenario, es un hombre
joven. (Billy Wilder se definió a si mismo en la recogida de un premio como un
joven de 90 años).
El capricho-atracción incontenible que
hoy caracterizan a las relaciones, donde damos una rienda suelta nada reflexiva
a esa momentánea atracción hacia otra persona, queda notablemente expuesto en
el filme. Hablamos de esa atracción visceral que, por la vía del dolo eventual (o
daño colateral), hace que la persona cuente con la posibilidad de hacer daño,
bien a su pareja estable, bien a la persona objeto de atracción. Esa
posibilidad que en la mayoría de los casos es gestionada como un pensamiento
incómodo que rápidamente se quiere expiar con un simple encogerse de hombros y un "no puedo evitarlo" que nos susurramos a nosotros mismos. Pues bien, ese
irracional capricho-atracción de hoy, es la huida despavorida, igualmente
irracional, de mañana. Hoy te deseo y estoy enamorado/a de ti, mañana te acompaño
en tu sufrimiento, "pero sólo como amigo/a, ¿eh?". Cuidado con los espejismos y
los cantos de sirenas. Cuidado con los aparentes afectos desproporcionados que
no soporten la menor criba de la razón. Debemos atrincherarnos en nuestros
sensibles corazones y no permitamos que unas meras lisonjas y halagos sin venir
a cuento, nos arrastren a decisiones irracionales que a corto plazo nos harán
sufrir y a largo plazo pueden llevarnos a la permanente desilusión y
escepticismo, convirtiéndonos en náufragos emocionales.
Todo esto, entre otras cosas, parece
querer decirnos Woody Allen en su nueva obra maestra, nada irracional. Una película
tan premeditada como el meticuloso asesinato del filme: a plena luz del día y
en un escenario público, pero modélico en cuanto su discreción y eficacia.
Director: Woody Allen.
Intérpretes: Joaquin
Phoenix, Emma
Stone, Jamie
Blackley, Parker
Posey, Ethan
Phillips, Julie
Ann Dawson, Mark
Burzenski, Gary
Wilmes, Geoff
Schuppert.
El argumento corto de
Adivina quién viene esta noche (Guess who´s coming to dinner, 1967)
vendría a ser algo así;La joven Joanna Drayton, hija del editor
Matthew Drayton, a sus 23 años está a punto de darles una gran noticia a sus
padres ha conocido al hombre su vida, se ha prometido y quiere casarse. El
afortunado es John Wade Prentice un distinguido medico que se dedica a dar
convenciones y fomentar el conocimiento en África, su único problema es que es
negro, y ella es blanca. Ambos forman una historia de amor de hoy en día.
Vaya por delante un alegato muy claro que debo y quiero
hacer; para que una película conserve su vigencia durante más de 60 años
después de su estreno, debe de haber en ella mucho talento involucrado, debe de
haber algo que la hace grande, un pensamiento más allá del dinero que tenían
pensado hacer en taquilla, de la última estrella que querían presentar al
publico o del despliegue definitivo de efectos especiales que buscaba. Debe de
haber una historia comprometida, unos actores que creen en ella, un director
dispuesto a contarla sin tapujos, y un productor a no interceder negativamente
en todo ello; Adivina quién viene esta
noche tiene todo eso. Y por ello es un film vigente aún hoy en 2015, y lo
será por siempre, hoy por el conflicto
de los refugiados sirios -que ha vuelto a dejar claro el postureo, la falsedad y la hipocresía de la sociedad en la que
vivimos- el día de mañana el ser humano ya se encargara de encontrar un motivo
para que el mensaje de Adivina… vuelve a revolver nuestras
conciencias.
Siempre recuerdo esta película por el descomunal soliloquio
de (un gigantesco) Sidney Poitier
delante de su padre en la ficción (Roy
E. Glen Sr) que ahora transcribiré, no sin antes un inciso aclaratorio; en
1967, EEUU aún vivía un estado de opresión contra los negros, no terminaban de
poder integrarse en la sociedad y ser de igual a igual como los blancos, venían
de vivir un infierno y no querían que eso volviera a aflorar. Para hacerse una
idea de lo que suponía Adivina quién
viene esta noche, cuando el film se estrenó en USA el matrimonio entre una
pareja interracial estaba aún prohibido en catorce estados, y no en 17 como
dicen en un momento de la película.
Dicho esto; Te voy a decir una cosa;
no te debo nada si cargaste con tu cartera durante miles de millas para criarme
era porque tenias la obligación de hacerlo. Tú me trajiste a este mundo; desde
ese día te debías el deber moral contigo mismo de hacer por mi todo lo que
pudieras, como yo con mi hijo si lo tengo en un futuro. ¡Pero tú no eres mi
dueño! No puedes decirme cuando o donde me paso de la raya, o como debo vivir
mi vida, ni obligarme a vivir bajo tus normas. ¡Tú ni siquiera sabes cómo soy, no sabes quién soy! ¡Como
siento, lo que pienso!...Tienes treinta y siete años más que yo. Tú y
tu generación estáis convencidos de que el mundo debe seguir marchando según
vuestros principios, ¡y hasta todo vuestra generación no haya desaparecido no
podremos librarnos del peso muerto que llevamos a cuestas! ¡El que tu quieres
cargar sobre mis espaldas!... Papa, eres mi padre y yo tu hijo. Te quiero.
Siempre te he querido y siempre te querré. Pero tú te consideras un hombre de
color, y yo me considero un hombre.
Poco más se puede añadir a semejante momento pleno de dolor,
sentimiento y verdad, que mostraba al mundo un alegato justo y necesario por
parte de todo un baluarte de los derechos humanos como Sidney Poitier, también protagonista de "Fugitivos (1958)" y "En el calor dela noche (1967)",y eternamente implicado
en lograr la igualdad tanto en el ámbito del cine como de la vida. La labor de
Poitier, nunca premiada con un Oscar a mejor actor protagonista –sí al de
reparto en "Los lirios del Valle (1963)"- a pesar de sus recitales en esos tres
films citados y muchos más, abrió la puerta para que en 2001, Denzel Washington y Halle Berry se coronaran como los
primeros actores negros en lograr el máximo galardón. Parte de esas estatuillas
eran de Poitier. Un Poitier que tuvo la suerte de lograr la afinidad de Stanley Kramer
productor/director tanto de "Fugitivos (1958)" como de este film, un hombre de poder que
ayudo en mucho a que el mensaje de Poitier de igualdad fuera escuchado.
En su momento Adivina
quién viene esta noche ganó dos Oscar´s de la Academia, Poitier como ya
digo no se llevó ninguno, aunque lo merecía por su papel de John Wade Prentice, un prestigioso
médico, considerado una eminencia en su campo, pero al que no ven con buenos
ojos que contraiga matrimonio con una joven blanca de familia bien. Los
galardones los logró por mejor guion original (William Rose) y a la mejor actriz de reparto para Katharine Hepburn. Se quedan
cortos los halagos para la interpretación de Hepburn en este film, la
impresionante presencia física que demostraba delante de la cámara, su
impecable estilo de caminar y vestir con cualquier cosa que se pusiera es ya
mítica. Su casi cuadrado rostro, bello y marcado, y su petrificante mirada aquí
estaban totalmente al servicio del personaje, atención a los pocos minutos en
donde cambia el registro del resto del film, aquellos en donde su hija aún no
le ha comunicado que acaba de conocer al
hombre de su vida y que este es negro, pues esos momentos son interrumpidos sin
corte alguno con la aparición en segundo plano de Prentice (Poitier) y de un
primer plano sostenido del rostro de la Hepburn, ese momento solo ya era
valedor para que recibiera el Oscar. Sin duda estamos ante la mejor actriz del cine. Ganadora de cuatro
premios de la Academia y nominada en 8 ocasiones más. Atención a sus ojos a
punto de romper a llorar desde ese momento, y a como pone firme a su ayudante
en el museo, cuando acude a su casa a ver quién es el negro que quiere
emparejarse con la hija de esta.
Spencer Tracy es Matthew
Drayton, y lleva a cabo un papel digno de ser mencionado, el del honorable
editor del periódico número uno, que por un momento se creyó demasiado bueno
para tener un yerno negro, a pesar de considerarse un liberal y un luchador por
la igualdad. Claro está, todo eso antes de que venga a tocarte a tu puerta y
pida entrar y llevarse a su hija. El hecho de que Adivina quién viene esta noche, transcurra en menos de 24 horas
hará que el mundo antes conocido por él comience a desmoronarse ante sus ojos,
sin que parezca que nada de lo que puede hacer o decir logre detenerlo. Quizás
el único pero que se le puede poner su papel son los momentos de humor que le
tocan, unos toques que vienen en misión de salvamento para aligerar una trama
con un fondo durísimo, pero que no siempre están logrados, digamos que la
secuencia del helado es bastante esclarecedora, pero no tanto el momento de los
calcetines, en medio de un “combate de boxeo” dialectico entre Drayton y su
buen amigo el Monseñor Ryan. De resto ninguna pega, y sobre todo
estén atentos a su perorata final, con Hepburn en segundo plano, sin duda uno
de los grandes momentos de la historia del cine.Conviene resaltar que
Tracy rodó este film ya en la recta final de la enfermedad que acabaría
llevándoselo solo 17 días después de terminar de filmar, todo el calendario de
rodaje se diseño a partir de la disponibilidad de Tracy para poder estar en el
set. Como pequeño homenaje a Tracy, sirva este extracto de su monologo final; No
hay nada que su hijo sienta por mi hija, que yo no haya sentido por mi mujer; Viejo,
si. Acabado, sin duda. Pero puede asegurarle que mis recuerdos siguen vivos,
claros, intactos e indestructibles. Y seguirán vivos aunque llegue a los 110
años.
La última en importancia es Katharine Houghton, en su primera película y con la famosa
coletilla de "and introducing" normalmente, este añadido no suele ser buen medidor de una carrera, y del mismo
modo que en ese film son presentados como futuras estrellas sus carreras, en la
mayoría de los casos no pasan de ese film como su mayor logro. Houghton aquí da
un recital de vitalidad y alegría a su personaje de Joanna, una mujer impulsiva
que no se detiene ante nada, y que parece no callarse nunca, hasta que en
determinado momento su padre la manda a callar para que el pueda decir lo que
piensa de una (¿ultima?) vez. Pasamos a la dirección de Kramer, también productor y máximo
responsable del producto final. Es obvio que nadie le discutió a Kramer lo que
tenía que hacer con este film, tenia libertad total para maniobrar, y claro, en
determinados momentos se juntan el “Kramer
director” con el “Kramer productor”,
y acaba el segundo metiendo sus (típicas) "cuñas" humorísticas y ligeras para
que el film no parezca tan duro y demoledor como es. Ejemplos perfectos son esa
música, la escena del chico de los recados que se pone a bailar música de moda
mientras le entrega la carne a la ama de llaves y la del club con los amigos de
Joanna. Momentos que parecen no casar con el resto del film, que en su práctica
totalidad se desarrolla en la casa de los Drayton encima de las colinas de San
Francisco, una de las ciudades más cinematográficas de Estados Unidos. Quitando
esos "peros" Kramer lleva a cabo una labor que roza el notable, no dejando
nunca decaer el ritmo, y mostrando a la perfección como el mundo de los Drayton
se va desmoronando delante de ellos. Ah! Ojo a un apunte sensacional; la propia
desconfianza del resto de personajes negros de sí terminaría prosperando un
matrimonio interracial, tanto del padre del Doctor como de la ama de llaves
Tillie (Isabel Sanford) que
demuestra un desprecio tremebundo al Doctor al que tilda de embaucador y
farsante. Tremendo detalle.
Termino esta reseña de Adivina quién viene esta noche
siendo claro; estamos ante un film imprescindible, todo un clásico filmado en
el momento justo en plena liberación y
lucha por los derechos humanos, y antes de que el conflicto del Vietnam
estallase de forma irremediable. Aún conserva toda su vigencia, y lo hace con
un mensaje claro y directo, que vale para no solo las diferencias entre negros
y blancos, sino para la lucha por la igualdad en general entre seres humanos de
cualquier raza y condición. Su guión y sus actores, todos ellos están a un
nivel excelso. Atención a las peroratas de las "madres" del film, que
demuestran la peculiaridad y el amor verdadero de una madre hacia sus hijos,
siendo esta una mirada al corazón de las madres preciosa y muy bien hilada.
También es de alabar su doblaje en castellano, que no desmerece en nada a la
versión original. Si algo puede catalogarse como “lo peor” es cierto mensaje
algo moralista y molesto en donde el personaje de Poitier debe ser presentado
con todos los honores laborales posibles y con un pasado triste (es viudo) para
que pueda empatizar más con el espectador.
Esta reseña ésta dedicada a la memoria de Spencer Tracy y Katharine Hepburn.
Título original:Guess who´s coming to dinner.
Director: Stanley Kramer.
Intérpretes: Spencer Tracy, Sidney Poitier, Katharine Hepburn,
Katharine Houghton, Cecil Kellaway, Beah Richards, Isabel Sanford, Roy E. Glen
Sr, Virginia Christine, Barbara Randolph, John Hudkins, Alexandra Hay,
D´Urville Martin, Skip Martin.
El argumento corto de
Adivina quién viene esta noche (Guess who´s coming to dinner, 1967)
vendría a ser algo así;La joven Joanna Drayton, hija del editor
Matthew Drayton, a sus 23 años está a punto de darles una gran noticia a sus
padres ha conocido al hombre su vida, se ha prometido y quiere casarse. El
afortunado es John Wade Prentice un distinguido medico que se dedica a dar
convenciones y fomentar el conocimiento en África, su único problema es que es
negro, y ella es blanca. Ambos forman una historia de amor de hoy en día.
Vaya por delante un alegato muy claro que debo y quiero
hacer; para que una película conserve su vigencia durante más de 60 años
después de su estreno, debe de haber en ella mucho talento involucrado, debe de
haber algo que la hace grande, un pensamiento más allá del dinero que tenían
pensado hacer en taquilla, de la última estrella que querían presentar al
publico o del despliegue definitivo de efectos especiales que buscaba. Debe de
haber una historia comprometida, unos actores que creen en ella, un director
dispuesto a contarla sin tapujos, y un productor a no interceder negativamente
en todo ello; Adivina quién viene esta
noche tiene todo eso. Y por ello es un film vigente aún hoy en 2015, y lo
será por siempre, hoy por el conflicto
de los refugiados sirios -que ha vuelto a dejar claro el postureo, la falsedad y la hipocresía de la sociedad en la que
vivimos- el día de mañana el ser humano ya se encargara de encontrar un motivo
para que el mensaje de Adivina… vuelve a revolver nuestras
conciencias.
Siempre recuerdo esta película por el descomunal soliloquio
de (un gigantesco) Sidney Poitier
delante de su padre en la ficción (Roy
E. Glen Sr) que ahora transcribiré, no sin antes un inciso aclaratorio; en
1967, EEUU aún vivía un estado de opresión contra los negros, no terminaban de
poder integrarse en la sociedad y ser de igual a igual como los blancos, venían
de vivir un infierno y no querían que eso volviera a aflorar. Para hacerse una
idea de lo que suponía Adivina quién
viene esta noche, cuando el film se estrenó en USA el matrimonio entre una
pareja interracial estaba aún prohibido en catorce estados, y no en 17 como
dicen en un momento de la película.
Dicho esto; Te voy a decir una cosa;
no te debo nada si cargaste con tu cartera durante miles de millas para criarme
era porque tenias la obligación de hacerlo. Tú me trajiste a este mundo; desde
ese día te debías el deber moral contigo mismo de hacer por mi todo lo que
pudieras, como yo con mi hijo si lo tengo en un futuro. ¡Pero tú no eres mi
dueño! No puedes decirme cuando o donde me paso de la raya, o como debo vivir
mi vida, ni obligarme a vivir bajo tus normas. ¡Tú ni siquiera sabes cómo soy, no sabes quién soy! ¡Como
siento, lo que pienso!...Tienes treinta y siete años más que yo. Tú y
tu generación estáis convencidos de que el mundo debe seguir marchando según
vuestros principios, ¡y hasta todo vuestra generación no haya desaparecido no
podremos librarnos del peso muerto que llevamos a cuestas! ¡El que tu quieres
cargar sobre mis espaldas!... Papa, eres mi padre y yo tu hijo. Te quiero.
Siempre te he querido y siempre te querré. Pero tú te consideras un hombre de
color, y yo me considero un hombre.
Poco más se puede añadir a semejante momento pleno de dolor,
sentimiento y verdad, que mostraba al mundo un alegato justo y necesario por
parte de todo un baluarte de los derechos humanos como Sidney Poitier, también protagonista de "Fugitivos (1958)" y "En el calor dela noche (1967)",y eternamente implicado
en lograr la igualdad tanto en el ámbito del cine como de la vida. La labor de
Poitier, nunca premiada con un Oscar a mejor actor protagonista –sí al de
reparto en "Los lirios del Valle (1963)"- a pesar de sus recitales en esos tres
films citados y muchos más, abrió la puerta para que en 2001, Denzel Washington y Halle Berry se coronaran como los
primeros actores negros en lograr el máximo galardón. Parte de esas estatuillas
eran de Poitier. Un Poitier que tuvo la suerte de lograr la afinidad de Stanley Kramer
productor/director tanto de "Fugitivos (1958)" como de este film, un hombre de poder que
ayudo en mucho a que el mensaje de Poitier de igualdad fuera escuchado.
En su momento Adivina
quién viene esta noche ganó dos Oscar´s de la Academia, Poitier como ya
digo no se llevó ninguno, aunque lo merecía por su papel de John Wade Prentice, un prestigioso
médico, considerado una eminencia en su campo, pero al que no ven con buenos
ojos que contraiga matrimonio con una joven blanca de familia bien. Los
galardones los logró por mejor guion original (William Rose) y a la mejor actriz de reparto para Katharine Hepburn. Se quedan
cortos los halagos para la interpretación de Hepburn en este film, la
impresionante presencia física que demostraba delante de la cámara, su
impecable estilo de caminar y vestir con cualquier cosa que se pusiera es ya
mítica. Su casi cuadrado rostro, bello y marcado, y su petrificante mirada aquí
estaban totalmente al servicio del personaje, atención a los pocos minutos en
donde cambia el registro del resto del film, aquellos en donde su hija aún no
le ha comunicado que acaba de conocer al
hombre de su vida y que este es negro, pues esos momentos son interrumpidos sin
corte alguno con la aparición en segundo plano de Prentice (Poitier) y de un
primer plano sostenido del rostro de la Hepburn, ese momento solo ya era
valedor para que recibiera el Oscar. Sin duda estamos ante la mejor actriz del cine. Ganadora de cuatro
premios de la Academia y nominada en 8 ocasiones más. Atención a sus ojos a
punto de romper a llorar desde ese momento, y a como pone firme a su ayudante
en el museo, cuando acude a su casa a ver quién es el negro que quiere
emparejarse con la hija de esta.
Spencer Tracy es Matthew
Drayton, y lleva a cabo un papel digno de ser mencionado, el del honorable
editor del periódico número uno, que por un momento se creyó demasiado bueno
para tener un yerno negro, a pesar de considerarse un liberal y un luchador por
la igualdad. Claro está, todo eso antes de que venga a tocarte a tu puerta y
pida entrar y llevarse a su hija. El hecho de que Adivina quién viene esta noche, transcurra en menos de 24 horas
hará que el mundo antes conocido por él comience a desmoronarse ante sus ojos,
sin que parezca que nada de lo que puede hacer o decir logre detenerlo. Quizás
el único pero que se le puede poner su papel son los momentos de humor que le
tocan, unos toques que vienen en misión de salvamento para aligerar una trama
con un fondo durísimo, pero que no siempre están logrados, digamos que la
secuencia del helado es bastante esclarecedora, pero no tanto el momento de los
calcetines, en medio de un “combate de boxeo” dialectico entre Drayton y su
buen amigo el Monseñor Ryan. De resto ninguna pega, y sobre todo
estén atentos a su perorata final, con Hepburn en segundo plano, sin duda uno
de los grandes momentos de la historia del cine.Conviene resaltar que
Tracy rodó este film ya en la recta final de la enfermedad que acabaría
llevándoselo solo 17 días después de terminar de filmar, todo el calendario de
rodaje se diseño a partir de la disponibilidad de Tracy para poder estar en el
set. Como pequeño homenaje a Tracy, sirva este extracto de su monologo final; No
hay nada que su hijo sienta por mi hija, que yo no haya sentido por mi mujer; Viejo,
si. Acabado, sin duda. Pero puede asegurarle que mis recuerdos siguen vivos,
claros, intactos e indestructibles. Y seguirán vivos aunque llegue a los 110
años.
La última en importancia es Katharine Houghton, en su primera película y con la famosa
coletilla de "and introducing" normalmente, este añadido no suele ser buen medidor de una carrera, y del mismo
modo que en ese film son presentados como futuras estrellas sus carreras, en la
mayoría de los casos no pasan de ese film como su mayor logro. Houghton aquí da
un recital de vitalidad y alegría a su personaje de Joanna, una mujer impulsiva
que no se detiene ante nada, y que parece no callarse nunca, hasta que en
determinado momento su padre la manda a callar para que el pueda decir lo que
piensa de una (¿ultima?) vez. Pasamos a la dirección de Kramer, también productor y máximo
responsable del producto final. Es obvio que nadie le discutió a Kramer lo que
tenía que hacer con este film, tenia libertad total para maniobrar, y claro, en
determinados momentos se juntan el “Kramer
director” con el “Kramer productor”,
y acaba el segundo metiendo sus (típicas) "cuñas" humorísticas y ligeras para
que el film no parezca tan duro y demoledor como es. Ejemplos perfectos son esa
música, la escena del chico de los recados que se pone a bailar música de moda
mientras le entrega la carne a la ama de llaves y la del club con los amigos de
Joanna. Momentos que parecen no casar con el resto del film, que en su práctica
totalidad se desarrolla en la casa de los Drayton encima de las colinas de San
Francisco, una de las ciudades más cinematográficas de Estados Unidos. Quitando
esos "peros" Kramer lleva a cabo una labor que roza el notable, no dejando
nunca decaer el ritmo, y mostrando a la perfección como el mundo de los Drayton
se va desmoronando delante de ellos. Ah! Ojo a un apunte sensacional; la propia
desconfianza del resto de personajes negros de sí terminaría prosperando un
matrimonio interracial, tanto del padre del Doctor como de la ama de llaves
Tillie (Isabel Sanford) que
demuestra un desprecio tremebundo al Doctor al que tilda de embaucador y
farsante. Tremendo detalle.
Termino esta reseña de Adivina quién viene esta noche
siendo claro; estamos ante un film imprescindible, todo un clásico filmado en
el momento justo en plena liberación y
lucha por los derechos humanos, y antes de que el conflicto del Vietnam
estallase de forma irremediable. Aún conserva toda su vigencia, y lo hace con
un mensaje claro y directo, que vale para no solo las diferencias entre negros
y blancos, sino para la lucha por la igualdad en general entre seres humanos de
cualquier raza y condición. Su guión y sus actores, todos ellos están a un
nivel excelso. Atención a las peroratas de las "madres" del film, que
demuestran la peculiaridad y el amor verdadero de una madre hacia sus hijos,
siendo esta una mirada al corazón de las madres preciosa y muy bien hilada.
También es de alabar su doblaje en castellano, que no desmerece en nada a la
versión original. Si algo puede catalogarse como “lo peor” es cierto mensaje
algo moralista y molesto en donde el personaje de Poitier debe ser presentado
con todos los honores laborales posibles y con un pasado triste (es viudo) para
que pueda empatizar más con el espectador.
Esta reseña ésta dedicada a la memoria de Spencer Tracy y Katharine Hepburn.
Título original:Guess who´s coming to dinner.
Director: Stanley Kramer.
Intérpretes: Spencer Tracy, Sidney Poitier, Katharine Hepburn,
Katharine Houghton, Cecil Kellaway, Beah Richards, Isabel Sanford, Roy E. Glen
Sr, Virginia Christine, Barbara Randolph, John Hudkins, Alexandra Hay,
D´Urville Martin, Skip Martin.
Hard Candy es una película única
dentro de las venganzas fílmicas, ya que te puede gustar más o menos el
tratamiento que su director David Slade le confiere a sus imágenes, posiblemente
cercanas al mundo del vídeo-clip (término que no tiene por que ser despectivo), de
hecho este director británico se dedicaba a rodar vídeos musicales para
un buen número de bandas conocidas antes de acometer ésta su opera prima .A
parte del siempre odioso símil "videoclipero" la película contiene
originales efectos de color y cambios de intensidad lumínica que como mínimo
demuestran el esfuerzo de dotarla de una atmósfera única. Como decía te pueden
gustar más o menos este tipo de experimentos postmodernos pero no cabe
duda de que lo más atrevido en Hard Candy es su historia, la de Hayley
(impresionante Ellen Page) una adolescente que tras enredar a Jeff (Patrick
Wilson), un pedófilo que ha conocido chateando y que consigue someterlo en su propia
casa a toda clase de torturas y poco a poco hacerlo confesar sus crímenes,
entre ellos el de Donna Mauer, una adolescente local desaparecida y principal
motivo de venganza para Hayley. Jeff se convierte así en el cazador cazado y
Hayley en todo un ejemplo de justiciera juvenil. Con apenas tres personajes y tres
escenarios diferentes (la cafetería donde se conocen, la casa y el tejado de
Jeff), un presupuesto ínfimo debido a la controversia que rodea a la historia,
un excelente guión de Brian Nelson repleto de inolvidables diálogos entre
Hayley y Jeff que llegan a convertirse en un estudio sobre la pedofilia
y la maravillosa interpretación de una jovencísima Ellen Page que prácticamente
soporta ella sola todo el peso narrativo del film.
El frenético montaje cargado
de efectos de postproducción digitales y sonidos ambientales hacen que el
espectador mantenga la tensión en todo momento, una pena que su director David
Slade no siguiera la línea de su ópera prima, llegando a haber firmado la
tercera entrega de la saga Crepúsculo y dedicado a día de hoy a la dirección de
series de televisión, que tan buenos resultados económicos reporta. Hard Candy obtuvo diversos
premios en prestigiosos festivales como Sundance o Sitges y fue el
descubrimiento aún no explotado de Ellen Page, una de las actrices actuales con
más posibilidades. Inolvidable el final del film, cuando Hayley se aleja de la
casa de Jeff a través del bosque para mas adelante ponerse la capucha de su
sudadera roja, lo que puede ser visto como una alusión al cuento
Caperucita Roja, aunque sus responsables declararon que esta elección de
vestuario fue totalmente casual y no repararon en la similitud de las
historias.Sin duda en Hard Candy Caperucita atrapa al lobo en su propio juego.
Director: David
Slade.
Intérpretes: Patrick
Wilson, Ellen
Page, Sandra
Oh, Odessa
Rae, G.J.
Echternkamp.
Hard Candy es una película única
dentro de las venganzas fílmicas, ya que te puede gustar más o menos el
tratamiento que su director David Slade le confiere a sus imágenes, posiblemente
cercanas al mundo del vídeo-clip (término que no tiene por que ser despectivo), de
hecho este director británico se dedicaba a rodar vídeos musicales para
un buen número de bandas conocidas antes de acometer ésta su opera prima .A
parte del siempre odioso símil "videoclipero" la película contiene
originales efectos de color y cambios de intensidad lumínica que como mínimo
demuestran el esfuerzo de dotarla de una atmósfera única. Como decía te pueden
gustar más o menos este tipo de experimentos postmodernos pero no cabe
duda de que lo más atrevido en Hard Candy es su historia, la de Hayley
(impresionante Ellen Page) una adolescente que tras enredar a Jeff (Patrick
Wilson), un pedófilo que ha conocido chateando y que consigue someterlo en su propia
casa a toda clase de torturas y poco a poco hacerlo confesar sus crímenes,
entre ellos el de Donna Mauer, una adolescente local desaparecida y principal
motivo de venganza para Hayley. Jeff se convierte así en el cazador cazado y
Hayley en todo un ejemplo de justiciera juvenil. Con apenas tres personajes y tres
escenarios diferentes (la cafetería donde se conocen, la casa y el tejado de
Jeff), un presupuesto ínfimo debido a la controversia que rodea a la historia,
un excelente guión de Brian Nelson repleto de inolvidables diálogos entre
Hayley y Jeff que llegan a convertirse en un estudio sobre la pedofilia
y la maravillosa interpretación de una jovencísima Ellen Page que prácticamente
soporta ella sola todo el peso narrativo del film.
El frenético montaje cargado
de efectos de postproducción digitales y sonidos ambientales hacen que el
espectador mantenga la tensión en todo momento, una pena que su director David
Slade no siguiera la línea de su ópera prima, llegando a haber firmado la
tercera entrega de la saga Crepúsculo y dedicado a día de hoy a la dirección de
series de televisión, que tan buenos resultados económicos reporta. Hard Candy obtuvo diversos
premios en prestigiosos festivales como Sundance o Sitges y fue el
descubrimiento aún no explotado de Ellen Page, una de las actrices actuales con
más posibilidades. Inolvidable el final del film, cuando Hayley se aleja de la
casa de Jeff a través del bosque para mas adelante ponerse la capucha de su
sudadera roja, lo que puede ser visto como una alusión al cuento
Caperucita Roja, aunque sus responsables declararon que esta elección de
vestuario fue totalmente casual y no repararon en la similitud de las
historias.Sin duda en Hard Candy Caperucita atrapa al lobo en su propio juego.
Director: David
Slade.
Intérpretes: Patrick
Wilson, Ellen
Page, Sandra
Oh, Odessa
Rae, G.J.
Echternkamp.